BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

LAS PARTICULARIDADES COMUNICATIVAS EN LA IDENTIDAD DEL TUNERO

Yelenis María Fernández García y otros




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1.2 El Lenguaje: expresión de la cultural popular de una comunidad.

La cultura ha sido y es objeto de estudio de numerosas ciencias y disciplinas, como la Antropología, la Sociología, la Filosofía y la Ética.

Estas múltiples miradas son el reflejo de la complejidad de su contenido que se manifiesta también en su definición. Las diferentes maneras de abordar el concepto están probadas a través de sus más de 300 definiciones.

La Antropología Cultural ha contribuido de forma significativa al esclarecimiento del término. Para ella la cultura es un fenómeno particular, y sostiene la idea del pluralismo, considerándolo la cultura como algo exclusivo de una determinada colectividad que la asume a través de la tradición y educación. (Cubas: 2001)

Desde esta ciencia, la cultura incluye todas las formas de la actividad humana y constituye un mecanismo de control de comportamiento ético. Hay tres aspectos esenciales que contempla esta orientación: los límites territoriales, la historia y la psicología de la comunidad y sus miembros, lo que imprime un carácter único e irrepetible a la cultura. La Antropología Social, por su parte, estudia más que la cultura, sus efectos en la estructura social (Cubas: 2001)

Los acontecimientos económicos, políticos y sociales que ocurrieron en la segunda mitad del siglo pasado repercutieron en el desarrollo de las Ciencias Sociales y en la concepción que se desarrolla sobre la cultura, vinculándola mucho más con el concepto de sociedad, e incluyendo la comunicación, el lenguaje y la literatura, entre otros aspectos. Se afianza el concepto amplio de cultura que incluye los aspectos espirituales y materiales de la actividad del hombre.

Para América Latina, el siglo XX trae relacionado con el concepto de cultura otro concepto de gran significación para el continente: la identidad, que quiere ser diluida, marginada, borrada por la globalización cultural capitalista. La reflexión hecha en Latinoamérica sobre la cultura coloca en el centro del debate dos ideas: la de la originalidad de la cultura y la de la contraposición de la cultura popular con respecto a la cultura de masas, considerada esta como un subproducto cultural que tiende a homogeneizar el gusto estético. Sin embargo, no hay que olvidar que lo masivo no es la deformación de lo culto sino de lo popular

En lo masivo se encuentran las matrices culturales de nuestros pueblos, que han sido sometidas a un proceso de homogeneización, lo que equivale a decir que son neutralizadas y sacadas de contexto, mistificadas, diluidos sus márgenes, y abocadas a un proceso de estilización, lo que las convierte en aceptables para todos los públicos con el empleo de un discurso común, donde pueden reconocerse todos. En esto consiste el placer de la recepción de estos productos de la cultura de masas que Martín Barbero llama “complicidad” y “seducción”, pero que encarnan también otra lógica de la acción y réplica a la cultura de dominación. (Martín Barbero: 1991, 124)

En ese contexto emerge otro elemento clave para entender el fenómeno cultural latinoamericano: la cultura de la resistencia, de impugnación contra el poder hegemónico que imponen las clases dominantes en detrimento de los derechos del pueblo. Desde aquí se promueven las alternativas para la conservación y desarrollo de lo nacional y la incorporación de lo foráneo a través del prisma de lo autóctono.

Las culturas latinoamericanas son el producto de un proceso de transculturación ocurrido a lo largo de la historia que se ha venido cristalizando en una cultura que integra de manera original todas sus fuentes, que continua hoy enriqueciéndose, incorporando lo foráneo sin perder su esencia. Culturas híbridas donde se mezclan lo culto, lo masivo y lo popular. Según Néstor García Canclini (26), asumir la hibridación no significa borrar el conflicto de nuestra realidad latinoamericana. Para él “se entiende por cultura popular cuando hace referencia a aquello que define como pertenecientes a una nación o territorio, dándole cierto tipo de identidad hacia un grupo”. (Canclini: 1989, 34),

En el presente siglo se oye cada vez con más fuerza la necesidad del desarrollo de una cultura popular, de la oralidad, de una cultura del diálogo y para el diálogo y de una cultura que permita la armonía entre el pensar, sentir y actuar.

Cuando se habla de cultura oral se trata de algo que no puede ser en modo alguno confundido con el analfabetismo pues constituye el idioma de una cultura. Walter Ong en sus textos sobre oralidad y escritura, aporta criterios a partir de la configuración del mundo urbano popular, y en el que se entremezclan tres universos identitarios: “el de los cuentos de miedo y de misterio que desde el campo se han desplazado a la ciudad -que es el de la narración, el chiste y el refrán- el de los relatos de la radio, el cine y la televisión, y el mundo de la música popular que va del reggeton, hasta al rap pasando por el rock”. (W. Ong: 1987, 78)

El mundo popular se inserta en la dinámica urbana a través de las transformaciones de la vida laboral, de la identificación de las ofertas culturales con los medios masivos y del progreso con los servicios públicos. También desde su relación con el Estado y su distancia del desarrollo tecnológico, de la persistencia de elementos que vienen de la cultura oral y del mantenimiento de las formas populares de transmisión del saber, así como de la refuncionalización del machismo como clave de supervivencia y de los usos prácticos de la religión.

Rogelio Martínez Furé en un análisis del mapa cultural de nuestro país valora su diseño y expresa:

se trata de una proyección hecha de continuidades y destiempos, de secretas vecindades e intercambios entre modernidad y tradiciones. Barrios que son el ámbito donde sobreviven entremezclados autoritarismos feudales con la horizontalidad tejida en el rebusque y la informalidad urbana. Cuya centralidad aun está asociada a la religión mientras vive cambios que afectan no sólo el mundo del trabajo o la vivienda; sino la subjetividad, la afectividad y la sensualidad.

El trabajo con la cultura popular tradicional adquiere cada día dimensiones múltiples en el discurso y la praxis de los entendidos en este campo del saber, así lo manifiestan antropólogos, etnólogos, historiadores, promotores culturales, entre otros técnicos y especialistas, que tienen dentro de sus perfiles ocupacionales la atención a esta materia. La misma se relaciona y entrecruza con ciencias no tan jóvenes, como la historia, psicología, e incluso la comulación social.

Es por ello que en nuestro país se estableció la política cultural, desde los incipientes momentos de la Revolución en el poder, siendo perceptibles los siguientes principios:

1. Carácter popular en la intención de acercamiento entre los creadores y el resto de la población. Se fomenta tanto la labor de artistas y profesionales, como de portadores de la cultura popular tradicional.

2. Propicia la reafirmación y surgimiento de valores nacionales en la creación y difusión cultural en las expresiones de la cultura tradicional y en las manifestaciones contemporáneas del arte y la literatura mediante la investigación, la revitalización de tradiciones y la experimentación artística.

Los valores patrimoniales de la cultura popular tradicional han sido colocados en el debate internacional de la UNESCO, organización que ha promovido esfuerzos por inducir en las políticas gubernamentales destinadas a la preservación del patrimonio mundial, esa significativa parte de la creación humana no limitada a los valores patrimoniales objetuales, que abarca desde la conciencia identitaria y diferenciadora de unos pueblos respecto de otros, basado en la tradición oral y gestual, hasta las diversas formas de comunicación artística cuya percepción no sólo depende de los órganos de los sentidos como la vista y el tacto.

Su labor constante le permitió crear una Convención el 17 de octubre de 2003, para la protección y salvaguarda de la cultura popular tradicional. Aunque todo este esfuerzo ha sido continuo y creciente, existen insuficiencias conceptuales y terminológicas que, lejos de ayudar y aclarar, confunden y enturbian el desenvolvimiento de tan loable y necesario trabajo.

Dado los diversos conceptos existentes, varias acepciones ha recibido este vocablo tal es el caso de: folclore, patrimonio inmaterial, patrimonio intangible, patrimonio oral. Sin embargo, cada palabra expresa puntos comunes, pero también divergentes desde sus propios contenidos.

En 1989 se adopta la Recomendación sobre la Salvaguardia de la Cultura Tradicional y Popular se define aquí el patrimonio oral y el llamado desde entonces" patrimonio inmaterial" en franca sinonimia con el de cultura tradicional y popular como:

El conjunto de creaciones que emana de una comunidad cultural fundada en la tradición, expresada por un grupo o por individuos y que reconocidamente responden a las expectativas de la comunidad en cuanto a expresión de su identidad cultural y social; las normas y los valores se trasmiten oralmente, por imitación o de otras maneras. Sus formas comprenden, la lengua, la literatura, la música, la danza, los juegos, la mitología, los ritos, las costumbres, la artesanía, la arquitectura y otras artes.

Para entender la cultura popular tradicional es importante profundizar en los aspectos esenciales que la caracterizan: historicidad, continuidad, transmisión, empirismo, anonimato, habilidad, destreza, espontaneidad y vigencia por extensos períodos de tiempo. La transmisión y difusión de una generación a otra, fundamentalmente por vía oral o por imitación, constituye un proceso dinámico.

El cometido de preservar y aumentar la herencia de nuestros antecesores va, en efecto, mucho más allá, de la simple conservación de paisajes grandiosos y monumentos sublimes. El mundo necesita hoy una visión extensa, ampliada de lo que significa este término. Así lo expresa el contenido de la Recomendación sobre la Salvaguardia de la Cultura Tradicional y Popular.

En el artículo de Roberto Manzano: Apostillas sobre cultura popular, en su tercera parte, el autor destaca que la misma constituye una fuente primaria:

su espíritu trabaja en lo numeroso y próximo, y con desprendida y eficiente ergonomía. Derramada por la amplitud de la tierra, ella es silencio, acopio y entrega. Así deviene como escudo de las naciones. Las creaciones se inspiran en ella, ganan a través de ella la perdurabilidad y la dinámica de la vida. La cultura popular es un manantial que siempre fresco, construido con la cooperación impalpable de todos, las figuras y atributos de los dioses, las increíbles mixturas de los semidioses, las limitaciones y grandezas de los mortales. (Manzano: 2008, 2)

En la Revista Temas No 20-21, enero-junio en el artículo Cultura Popular, identidad y comunidad se realiza una controversia sobre estos términos entre varios intelectuales cubanos. Yolanda Word refiere que la cultura popular “tiene una función activa, funciona de una modo procesual; es cierto que es acumulativa, que funciona con una rango de actividad propia, pero hay medios de legitimación de esa cultura popular”. En estas reflexiones la profesora de la Universidad de La Habana aporta elementos básicos para la definición de este término que toca todo un conjunto de formas de la identidad. De igual forma refiere que el léxico, la palabra, el refranero y la tradición popular constituyen expresiones cotidianas de la cultura popular.

Las reflexiones compartidas por los diversos autores conllevan a delimitar como definición para trabajar en la presente investigación la elaborada a partir de esas premisas y que reconoce el conjunto de expresiones y manifestaciones generadas, creadas y preservadas en una sociedad o grupo humano específico, con un condicionamiento histórico dado, que se transmiten y difunden de una generación a otra, fundamentalmente por vía oral o por imitación. Constituye un proceso dinámico y la caracterizan: historicidad, continuidad, transmisión, empirismo, anonimato, habilidad, destreza, espontaneidad y vigencia por extensos períodos de tiempo.

También las tradiciones orales y comunitarias, en su relación con la historia, los condicionamientos sociales y grupales, forman parte de la cultura popular, teniendo en cuenta que estas manifestaciones son susceptibles a cambios, por sus propios protagonistas. El repentismo, la décima, los cuenteros populares y otros exponentes son testimoniantes de historias vividas o trasmitidas de manera generacional.

En nuestro país se realizan acciones con carácter interinstitucional con el objetivo de salvaguardar esta parte del patrimonio cultural. Tal es el caso del Consejo Nacional de Casas de Cultura (CNCC) y sus instituciones ubicadas en cada municipio, que han venido desarrollando un trabajo destacado en este sentido, desde las especialidades del arte que en ellas se atienden: música, danza, teatro, artes plásticas y literatura; además de todas las expresiones y manifestaciones distintivas en cada territorio, en una comunidad determinada, desde el punto de vista identitario.

La cultura popular se reproduce en función de la satisfacción de las necesidades sociales de los sectores populares, expresadas en un marco de creación social que le adjudican autenticidad, y que la identifican del resto de las culturas; llámese cultura urbana, cultura masiva, cultura global, y cultura rural.

En la actualidad, la generación de nuevas necesidades sociales, que se salen de los marcos de la reproducción cultural de lo popular, han incitado a investigar la especificidad de las transformaciones que ocurren en la cultura popular en la comunidad.

En la comunidad, lo popular ocupa un significado social en el sistema interpretativo de sus miembros; ésta se representa y reestructura en el accionar social que le da vida a lo comunitario.

De este modo, en la cultura popular se encuentra lo tradicional y autóctono de una localidad, su razón de ser en el tiempo. Cada uno de los grupos sociales que en ella interactúan contribuye a su desarrollo, en función de sus motivaciones e intereses, de las apropiaciones y expropiaciones del sistema simbólico de lo popular.

La comunidad constituye una de las categorías fundamentales en los estudios culturales, si se tiene en cuenta, que es precisamente en ella donde el trabajo cultural alcanza su máxima expresión. Ellas son muy útiles para entender los vínculos entre lo micro y lo macro, la acción y la estructura, lo individual y lo colectivo.

Ciertamente como el ser humanos vive en comunidad, es en este marco donde realiza sus acciones fundamentales, por lo que se propone un análisis del concepto de comunidad, entendido desde estos últimos criterios de José Juan Arrom.

El hombre surge precisamente, gracias a la vida en común , que facilita el desarrollo de una actividad conjunta para la satisfacción de las necesidades , en la cual se crean las condiciones para que aparezcan las primeras formas de trabajo y de comunicación humana, que como señalara Engels, fueron las que le dieron origen al hombre: “Primero el trabajo, luego y con él la palabra articulada, fueron los dos estímulos principales bajo cuya influencia el cerebro del mono se fue transformando gradualmente en cerebro humano”.

El vinculo comunidad – desarrollo humano es tan fuerte, que a medida que se daban pasos en la formación del hombre, se iba desarrollando también la vida en común.

Puede decirse que el vínculo comunidad – desarrollo humano tiene un carácter genético. Sin embargo, las relaciones del hombre con la comunidad no se han mantenido estables a lo largo de la historia de la humanidad, ni desde el punto de vista popular – del hombre mismo- , ni político, ni científico, aunque estos elementos se encuentran estrechamente vinculados.

En este trabajo se valoran varias ideas y definiciones, para lo cual se tiene en cuenta los criterios más utilizados precisamente en el trabajo comunitario y en la literatura hasta el momento disponible.

Otra categoría básica con la que se opera en la presente investigación es la de comunidad. Según Ezequiel Ander-Egg (1997)

“La comunidad es una agrupación organizada de personas que se perciben como unidad social, cuyos miembros participan de algún rasgo, interés, elemento, objetivo o función común, con conciencia de pertenencia, situados en una misma área geográfica en la cual la pluralidad de personas interaccionan más intensamente entre sí que en otro contexto”.

Este enfoque social incluye rasgos e intereses que hacen pensar que se toma en consideración el aspecto cultural sin expresarlo básicamente. Le da un papel importante a la interacción, y delimita a la comunidad a un espacio físico, donde se presenta la diversidad. Sus aportes son valiosos y se considera que han sido ampliamente aceptados entre los trabajadores sociales, sin embargo para la animación sociocultural la comunidad tiene un dinamismo tal que puede considerarse como organismo social que, como totalidad, se caracteriza por su manera de hacer. Ander-Egg afronta importantes elementos que visualizan la relevancia que adquiere hoy los estudios en las comunidades partiendo desde la cultura popular, es decir, sus hábitos, costumbres, el habla, las peculiaridades comunicativas.

conciencia de pertenencia, de una cohesión social y mutuo reconocimiento, que implica un sentimiento de aceptación de lo propio y de los otros que encamine a la agrupación a una vida común, con conciencia de coparticipación y al disfrute del espacio de la superficie terrestre, desplegándose en las diferentes esferas de la vida social, como la comunicación, las necesidades y problemas y sus objetivos que se tienden a alcanzar colectivamente, así como los roles y status que cada uno desempeña, por lo que brinda los elementos dirigidos a ser enmarcado dentro de un enfoque sociológico.

Estas cuestiones, quedan muy bien enmarcadas, en la definición que hace Alicia Martínez Tenas, en relación con la comunidad: “Un asentamiento humano con homogeneidad de interés político, económico, cultural, religiosos y, éticos. Se distingue de los pequeños poblados en que responde a divisiones políticas- administrativas y requiere de una atención diferenciada debido a sus características y personalidad propias”. (Martínez, 1999:5).

En la anterior referencia, es evidente el modo en que se analiza la comunidad desde sus aristas político-social; se hace referencia también al aspecto económico, sin embargo, queda al margen un elemento esencial en la propia existencia humana, que radica en la correlación que se establece entre el hombre y la naturaleza.

La comunidad no se limita solo al espacio físico. Por ejemplo: las comunidades indígenas en México se mueven cíclicamente por cuestiones culturales y laborales pero conservan la cohesión grupal, sus valores, ritos y costumbres, sostienen la economía de sus pueblos enviando parte de su salario para los festejos tradicionales y para el sostenimiento de sus familias. Se hace necesario resaltar que actualmente el concepto de comunidad se ha visto transformado, ya que las condiciones del mundo global tan en boga, han llevado a crear comunidades multiculturales y ciudadanos universales que por necesidades económicas se trasladan de un lugar a otro. Pero además otro elemento en estas nuevas concepciones es el consumo cultural, a lo que García Canclini en “Consumidores y ciudadanos” denomina comunidades transnacionales de consumo:

Vivimos en tiempos de fractura y heterogeneidad, desegmentaciones dentro de cada nación y de comunicaciones fluidas con los órdenes transnacionales de la información, de la moda y del saber. En medio de esta heterogeneidad encontramos códigos que nos unifican o al menos permiten que nos entendamos. Pero esos códigos compartidos son cada vez menos los de la etnia, la clase o la nación en la que nacimos... sobrevivimos como una comunidad interpretativa de consumidores... al mismo tiempo hallamos comunidades internacionales de consumidores... la de los jóvenes y televidentes que dan sentido de pertenencia donde se diluyen las lealtades nacionales. (Canclini: 2000,16).

Hasta no hace muchos años el mapa cultural de los países de Latinoamérica era el de miles de comunidades culturalmente homogéneas, fuertemente mezcladas, pero aisladas, dispersas, casi incomunicadas entre sí y muy débilmente vinculadas a la nación.

Hoy Jesús Martín expresa que este mapa es otro: América Latina vive un desplazamiento del peso poblacional del campo a la ciudad que no es meramente cuantitativo -en menos de cuarenta años el 70 % que antes habitaba el campo está hoy en ciudad es formada por una densa multiculturalidad que es heterogeneidad de formas de vivir y de pensar, de estructuras del sentir y de narrar, pero muy fuertemente comunicada, al menos en el sentido de la exposición de cada cultura a todas las demás. Se trata de una multiculturalidad que desafía las nociones de cultura y de nación, los marcos de referencia y comprensión forjados sobre la base de identidades nítidas, de arraigos fuertes y deslindes claros. Pues los países son hoy el ambiguo y opaco escenario de algo no representable ni desde la diferencia excluyente y excluida de lo étnico-autóctono, ni desde la inclusión uniformante y disolvente de lo moderno.

Desde dentro de las comunidades los procesos de comunicación son percibidos a la vez como otra forma de amenaza a la supervivencia de sus culturas –la larga y densa experiencia de las trampas a través de las cuales han sido dominadas carga de recelo cualquier exposición al otro- pero al mismo tiempo la comunicación es vivida como una posibilidad de romper la exclusión, como experiencia de interacción que si comporta riesgos también abre nuevas figuras de futuro.

Todo ello está posibilitando que la dinámica de las propias comunidades tradicionales desborde los marcos de comprensión elaborados por los folcloristas: hay en esas comunidades menos complacencia nostálgica con las tradiciones y una mayor conciencia de la indispensable reelaboración simbólica que exige la construcción del futuro.

Otras ideas también ayudan a comprender el significado y el alcance del término comunidad, por ejemplo, lo planteado por Carlos Núñez, en su artículo: Sentí pensando, hace referencia a que: “La comunidad es pues, historia, pertenencia, cultura, realidad espiritual, costumbres, intereses, hábitos, normas, símbolos y códigos (...), es una demarcación política o administrativa habitado por un conglomerado de personas, con rasgos que los identifican”. (1998, 23)

En estas ideas, Carlos Núñez, trata de definir a través de la mención de algunos de los elementos que desde la dimensión u óptica cultural, están contenidos en el ámbito comunitario.

Al tomar como referencia los materiales teóricos estudiados, y en sentido general, se explica que la comunidad está conformada objetivamente; el elemento central de la vida comunitaria es la actividad económica y las relaciones socioculturales que en relación a ella se establecen, fundamentalmente en su proyección más vinculada a la vida cotidiana; todo ello condicionado, por las características climatológicas y geográficas, del medio en que se desenvuelven.

Desde el punto de vista funcional, el aspecto afectivo de las relaciones sociales: los sentimientos, los valores, las convicciones que se forman en ellas y que participan en la autorregulación del comportamiento. En las comunidades resulta esencial el desarrollo de sentimientos de pertenencia, la identificación del individuo con su barrio, su zona de residencia, sus habitantes, sus normas, sus costumbres, sus traiciones, sus formas de relacionarse y su estilo de vida en general. Este es un factor poderoso para movilizar a los pobladores, para planearse metas comunes y trabajar de conjunto por el alcance de estas, la solución de problemas y el desarrollo de la comunidad: es la base de la cohesión y la cooperación entre los habitantes. Es ahí donde el grupo tiene un significado especial porque es el protagónico en las soluciones de las problemáticas que se generan en el interior de estas dinámicas.

Así lo refleja Graciela Bustillos, quien considera que la comunidad es:

Un grupo humano que habita un territorio determinado, con relaciones interpersonales, históricas, formas de expresión y tradiciones y sobre todo con intereses comunes. Es el espacio físico ambiental geográfico delimitado donde tiene lugar un sistema de interrelaciones sociopolíticas y económicas que producen un conjunto de relaciones interpersonales, sobre la base de las necesidades. (Bustillos, 1999:60)

En este caso se enfatiza en las características sociohistóricas que poseen las comunidades, lo que sin lugar a dudas, la hacen convertirse en un sistema portador de tradiciones, lenguaje, historia e identidad propia, que se expresan en identificación de intereses y sentido de pertenencia

En esta investigación se opera principalmente con características como el espacio físico ambiental y geográfico que las enmarca; el sistema de interrelaciones sociopolíticas, económicas, culturales, interpersonales, las necesidades e intereses comunes; y tradiciones.

La comunidad significa también:

congregación de personas, que viven unidas en un área delimitada geográficamente y bajo ciertas reglas, normas o constituciones, sustentadas en el respeto a la afectividad espontánea y la memoria colectiva, sobre la reflexión y la organización racional de las relaciones humanas en su amplio espectro, así como, en su constante intercambio con la naturaleza.

Este permite penetrar en el conocimiento de los imaginarios y mentalidades de los actores sociales y advertir la construcción de un mundo simbólico el cual explica el proceso de participación y socialización en determinados grupos y sectores sociales.

Cuando se desarrolla el sentimiento de pertenencia o de bien común y las actitudes sociales que genera, se aplican y extienden fuera del pequeño grupo, ha nacido realmente la comunidad.

Las comunidades se pueden diferenciar entre sí por el desarrollo de dicho sentimiento, el cual se manifiesta de manera diferente entre comunidades añejas, recientes, abiertas, cerradas, estables e inestables. El desarrollo de tal sentimiento contribuye a lograr una convivencia más próxima y duradera, sobre la base de la organización de determinado número de personas que están en constante interacción.

Todo ello propicia la coordinación de las actividades encaminadas a la solución de problemas comunes y la satisfacción de necesidades individuales y compartidas, configurando estructuras sociales que respondan a la vida comunitaria. En ella pueden influir los líderes, los dirigentes de la comunidad, en dependencia de la forma en que se desempeñe su labor.

Según toda la bibliografía especializada consultada podemos concluir que aparecen numerosas definiciones de comunidad, cada una de las cuales centran su atención o hace mayor o menor énfasis en determinados aspectos, en dependencia del objetivo fundamental del estudio y de la disciplina desde la cual se realiza dicho estudio.

Las conceptualizaciones de comunidad en sentido general, se pueden diferenciar por énfasis que se hace en elementos estructurales, en algunas y otras se centran en los funcionales, y las investigaciones que reflejan ambos tipos.

Las definiciones estructurales tienen un carácter más descriptivo y se denotan fundamentalmente entidades que responden a elementos muy precisos y específicos desde el punto de vista formal, sin reflejar interacciones y los móviles de cambio.

Así lo demuestran criterios como los de Pozas al expresar que “en un sentido amplio, el concepto de comunidad se utiliza para nombrar unidades sociales con ciertas características sociales que le dan una organización dentro de un área determinada”.

El concepto de comunidad en este sentido también se utiliza para referirse al sistema de relaciones sociopolíticas y económicas, físicamente determinadas y con una identidad definida. Donde el eje central son los comunitarios como protagonistas de la solución de sus problemas.

Es válido destacar la definición que hace F Violich que agrupa estas dos tendencias, según las cuales la comunidad es un grupo de personas que viven en un área geográfica específica y cuyos miembros comparten actividades e intereses comunes, donde pueden o no cooperar formal e informalmente para la solución de los problemas.

La comunidad es un organismo social que puede ocupar o no un espacio geográfico. La misma va ha estar influenciada por la sociedad, de la que forma parte, y a su vez funciona como un sistema, más o menos organizado, integrado por sistemas inferiores, como son las familias, los individuos, los grupos, y las organizaciones que interactúan y eso permite una definición de carácter subjetivo, sicológico de la comunidad, y a su vez influyen, de una manera u otra en el carácter material, teniendo en cuenta las condiciones materiales donde transcurre su vida y actividad.

El lenguaje; forma parte indisoluble del proceso comunicativo en una comunidad. Y es que en el fondo, se produce dentro de la mente humana y que en última instancia es independiente de cualquier sonido, imagen, o movimiento particular. Se puede expresar la misma construcción mental interior a través del lenguaje verbal, la escritura, o el lenguaje por señas, sin cambiar su naturaleza básica.

Sobre esta interrelación Alfonso Reyes plantea: “Todo pueblo tiene un alma y un cuerpo, modelado por un conjunto de fuerzas, ideales, normas e instituciones que determinan a lo largo de sus vicisitudes históricas, el cuadro de su cultura. El alma, el patrimonio espiritual, se conserva en el vehículo de la lengua…Sólo a través de la lengua tomamos posesión de nuestra parte del mundo”

Es necesario en esta investigación profundizar en el surgimiento de este término que forma parte de las expresiones comunicativas de un pueblo. Desde las épocas del hombre primitivo e incipientemente social, hasta nuestros tiempos, aparece el lenguaje como compañía indispensable para este durante toda su evolución histórica y antropológica. Gracias a él, el hombre conoce, función esencialmente vital para su desarrollo y especialización. Como se desprende aquí, es un elemento clave para la vida intelectual y cultural, pues cualquier tipo de conocimiento se encuentra coexistiendo en él.

Sergio Valdés Bernal, en su libro Lengua nacional e identidad cultural del cubano conceptualiza también que se considera lenguaje a los procedimientos realizados por cualquier animal con el fin de comunicarse. Esto incluye al ser humano, quien posee el lenguaje más preciso entre los animales. Sin embargo, hay escuelas lingüísticas que consideran al lenguaje como único del hombre. Lo importante, más allá de definiciones, es saber que hay importantes diferencias entre nuestro lenguaje y el de los demás animales. Estas diferencias son:

- Dos sistemas gramaticales: oral y gestual

- Tiene un objetivo

- El discurso puede hablar de otros tiempos: pasado, presente o futuro

- Se transmite de generación en generación

- Se integra por el contenido y su forma

- El discurso hablado, es intercambiable con lo que se escucha

- Advierte sucesos nuevos

Existen requisitos mínimos que debemos cumplir para que se dé el lenguaje; factores indispensables de tipo fisiológico, gramatical y semántico: debemos tener los medios físicos para emitir sonidos o gesticular lo que queremos decir, necesitamos generar una estructura donde se ampare nuestro discurso, y tenemos que ser capaces de entenderlo.

“El lenguaje es la forma de existencia y expresión del pensamiento, el sentimiento y la emoción. En el lenguaje solo puede expresarse el pensamiento pero no el conocimiento que este contiene, que permanece implícito. Es a través de la comunicación oral que el ser humano proyecta sus ideas, sus reflexiones, sus inquietudes sobre la realidad de su entorno”. (Valdés, 2006,7)

Valdés Bernal reafirma con estas ideas que el lenguaje es un todo, una forma lógica, aunque no así su intención, extensión ni su estructura que es gnoseológica, no lógica. De modo que el conocimiento es el contenido del pensamiento y este el contenido del lenguaje.

Daniel Cassany refleja que es vital para los estudios científicos conocer el leguaje que se utiliza tanto oral, como escrito. Así lo expone en el siguiente concepto: “... el lenguaje debe jugar un papel central – y no lateral o marginal – en el aprendizaje de las ciencias. Aprender ciencia significa aprender a hablar o escribir sobre ciencia...”

En síntesis, lengua es un sistema de signos, que permite interactuar con el hombre. Constituye un modelo de representación del mundo. Los signos son las entidades que permiten esta representación. El signo está en condición de alterarse porque se continúa.

Enrique Bernárdez realiza un extenso análisis del lenguaje desde un enfoque muy particular: Lo aborda como una herramienta y como un conocimiento propio (innato) del hombre. Lo delimita como objeto de estudio y cuáles son las herramientas para definirlo.

Las definiciones de C. Baylon y X. Mignut sobre lenguaje parten desde una "mirada atomista", analizan el concepto de Lengua de Saussure, no solamente desde el signo, sino desde otros conceptos que hacen al lenguaje y a la comunicación. (Valdés, 2006,34)

Entienden por índice: la información que recibe el destinatario en el circuito de la comunicación, "toda marca que está normalmente disimulado". Muchas veces se confunde con signo y con otras acepciones. El índice no tiene una intención por parte del emisor.

Señal: "(…) Se trata de un índice intencional". Constituyen plenamente al acto de comunicación. Cuando se dice que es intencional se refiere a que da información "en sí" mientras que en el índice aparece ocasionalmente. El índice se transforma en señal, cuando es accesorio al ser humano, cuando es útil para él (proceso mental). El conjunto de señales constituye:

En comunicación: un mensaje. Forma oral

En lenguaje: un enunciado. Forma textual.

En el primer caso se visualiza en los diálogos, los intercambios que se desarrollan entre dos o más personas sobre un tema determinado. En ocasiones un relato, un chiste y hasta un refrán. Mientras en forma textual aparece el lenguaje, como vía para plasmar una información dar a conocer algún mensaje.

Por ejemplo: las onomatopeyas en un sentido aproximativo (es una arbitrariedad relativa, cada lengua lo expondrá en forma distinta). Otro ejemplo que da son las imágenes, porque éstas "no pueden portar cualquier sentido, sino solamente aquellos a los que se parece por naturaleza". Por ello la gran importancia de las imágenes en la comunicación y en la construcción de una identidad (Ej.: la televisión).

Los elementos que componen las expresiones populares a menudo identifican la nacionalidad del hablante mediante el empleo de léxicos característicos de su geografía, o hacen referencia a aspectos que permiten entrever detalles singulares de su cultura nacional.

A juicio del investigador Gerd Wotjak, el lenguaje popular se va impregnando de la cultura cotidiana durante el uso que hacen de él los sujetos en diferentes épocas, a fin de hacer frente a las disímiles situaciones comunicativas.

La lengua y la comunicación van de la mano hacia un camino sin fin (al menos que la humanidad deje de existir): el de construir el lenguaje. Pero a su vez este se implica en la comunicación, alegando que no es el único medio capaz de expresar; pues están las imágenes, el dibujo, como forma máxima de representación simbólica, que ha acompañado también a la historia del hombre.

Los autores que estudian esta temática, aún con diferentes concepciones, reconocen las posibilidades del lenguaje como vehículo de conexión entre los seres humanos, posibilitando el trabajo en equipo y la coordinación de los esfuerzos a través de acuerdos negociados que permitan la solución de los problemas que se plantean. Pinker (1995) señala que el lenguaje “… es la invención más importante que ha hecho el hombre...” (Ib. p. 18) y lo designa con el término de «instinto» porque considera que “…esta palabra transmite la idea de que las personas saben hablar en el mismo sentido en que las arañas saben tejer sus telas.”

Llegamos así a una definición propia del lenguaje como objeto de estudio de la lingüística que consiste en la capacidad humana de asociar significados a determinados conceptos, asociación de carácter convencional e intencional; elemento de la construcción del pensamiento humano y considerado uno de los principales medios de comunicación existentes.

Hoy es válido retomar las reflexiones de José Juan Arrom, quien sobre el tema, hace referencia a que”la defensa de la identidad cultural comienza por el propio idioma”. Preservar las características comunicacionales de una comunidad es primordial porque en ella ocurren sustanciales procesos en los que los comunitarios son los máximos protagonistas, lo que sin lugar a dudas contribuye en la consolidación de los sentimientos de pertenencia de arraigo hacia este espacio cultural.

En el proceso de formación de la cultura de un pueblo, el lenguaje y su uso ocupan un lugar de primera importancia. Es obra de todos que el lenguaje, sin desprenderse de las raíces populares, exprese las mejores aristas de la cultura y sitúe a las naciones para que se distingan por un uso idiomático correcto. El lenguaje es el alma de los pueblos y forma parte de su cultura popular.

En este tema asumimos el concepto de que la cultura popular es el reflejo de lo más profundo, significativo y sentido de un pueblo, sus modos de vida, costumbres, hábitos y tradiciones, que se convierten en comunes en una determinada localidad. Síntesis de las circunstancias que vive la gente y ante las cuales reacciona. Esta dimensión sirve de base al desarrollo de una comunidad y en el fortalecimiento de su identidad.


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