BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

RECUERDOS NO OLVIDADOS. MEMORIAS Y TESTIMONIOS PERIODÍSTICOS

Raúl Quintana Pérez




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ORIGEN DE DOS FOTOGRAFÍAS HOY HISTÓRICAS

Aquel viernes 11 de marzo de 1949, en el Parque Central de La Habana, era un día como otro cualquiera. Una noche de luna esplendente y los habituales viejos jubilados conversando, sentados en los bancos de hierro, así como ciudadanos de todas las categorías sociales, incluyendo muchos desempleados, decursando su aburrimiento en la plazoleta que bordea la modesta estatua de José Martí, emplazada allí en 1905, a inicios del siglo.

La escena la completaban paseantes de caminar apresurado y algunos turistas yanquis, casi todos alojados en el ya viejo hotel Plaza, de Neptuno y Zulueta o en el entonces deteriorado Hotel Inglaterra, frente al Parque Central. Pero algunos más rondaban el céntrico lugar capitalino. Eran varios tripulantes del destróyer norteamericano "Rodman", fondeado en el puerto capitalino, que disfrutaban de permiso, tiempo que aprovechaban para hacer escandalosas escalas en bares y prostíbulos. Para "encharcarse" de drogas y ginebra.

Algunos "banqueteros" se disputaban a los escasos turistas que por allí exhibían su indumentaria típica. Se les llamaba así a estos fotógrafos ambulantes (de antiguas cámaras de cajón. N. del E.), porque se presentaban en cuanto banquete, de los tantos que se efectuaban sin razón aparente por esa época, y sin pedir permiso la mayoría de las veces, tomaban fotos a los comensales y a los pocos minutos regresaban con las copias aún húmedas para ofertárselas a los comensales, que aún no habían comenzado a ingerir sus los postres.

Uno de estos "banqueteros", cazadores de clientes, iba a transformar ese viernes en una noche distinta, al darle categoría de escándalo internacional.

Todo ocurrió de forma sorpresiva, inesperada cuando alguien próximo a la estatua del Apóstol, José Martí, gritó:

- ¡Miren eso!... ¡Miren eso!...

Y su índice apuntaba hacia la cercana escultura….Todos los allí presentes pudieron entonces compartir algo insólito, increíble, indignante: un marine yanqui cabalgaba sobre los hombros de nuestro Héroe Nacional y allí daba saltos simiescos, a la vez que hacía aguas, en acción inconcebible.

Mientras tanto, otro marine, tan borracho como su compinche de aventura, trataba a su vez de escalar el grupo escultórico, haciendo piruetas.---Y un tercero les reía la gracia desde abajo, quizás si faltándole valor, aunque no impudicia, para imitarlos. En ese momento una botella, disparada no se sabe de donde, ni porque manos vindicativas, voló por los aires con rumbo al sujeto que se había atrevido a profanar la memoria y el símbolo de la figura más señera de nuestras luchas patrias. El proyectil se hizo añicos en la frente de la marmórea frente del prócer, a escasas pulgadas del primer sujeto, representativo del menosprecio con que miraban-y aún miran- los gobernantes yanquis y a los hijos de otros pueblos y sus tradiciones patrias.

Sudando pánico, bajaron precipitadamente los marines y pretendieron protegerse en una fuga sin rumbo fijo. Aquella escena que alcanzaría luego tamaña repercusión, apenas si habría consumido un minuto. El intento de escapatoria se frustró ante el cerco amurallado de la multitud que les cerró el paso y hasta algunos, más audaces, propusieron hacer justicia allí mismo. Afortunadamente para ellos, algunos agentes policíacos acudieron presurosos a rescatarlo de la avalancha humana que los cubría de insultos. Pero un jovencito, más atrevido, se abalanzó sobre el primer marinero, a la vez que lo cubría de puñetazos, mientras gritaba, en fuerte estado de excitación:

- ¡Déjenmelo a mí…!... ¡Déjenmelo a mí!

Aquel viernes cualquiera, estaba dejando de serlo, en tanto la plazoleta y sus alrededores se vestían cada vez más de pueblo que profería voces condenatorias. La multitud, incontenible en sus deseos reivindicativos, trató de tomar venganza en otros marines, que en torno a la mesa del café "El Dorado", en Prado y Teniente Rey, bebían cerveza... Simultáneamente un grupo de turistas norteamericanos se perdía a todo correr por el lobby del Hotel Plaza, protegidos por algunos transeúntes. Minutos más tarde, el hotel quedaba acordonado por agentes uniformados que irrumpieron, en varios carros perseguidores (conocidos popularmente en Cuba como "perseguidoras" .N. del E.). En tanto, otros esbirros uniformados, enarbolando "bichos de buey" (cachiporras N. del E.), con su maestría característica y haciendo disparos al aire, atacaron al pueblo, obligándolo a desalojar el Parque Central y sus alrededores.

En la unidad policial ubicada en Dragones y Zulueta, a donde fueron conducidos los marines, se redacto un acta amañada acerca de los hechos, que nunca llegó a ningún juez o tribunal cubano. En definitiva los marines fueron entregaos a un comando de la policía militar del destróyer, que avisados por la embajada norteamericana, acudieron presurosos invocando su clásica prepotencia. Con la complicidad tolerante de las autoridades cubanas de la época-¡y qué época!- los marines regresaron al navío norteamericano surto en puerto. Simultáneamente, por una orden de la embajada, se recogieron al instante todos los tripulantes del mismo, diseminados por la capital y restituidos al navío militar, que a las pocas horas, zarpó de regreso a su país.

Muchos penaron que aquel episodio había terminado, cuando lo cierto es que apenas comenzaba. Y es aquí cuando la figura del "banquetero" cobra caracteres singulares, de protagonista privilegiado. La voz del pueblo, atenta y siempre vigilante, comenzó a escucharse:

- ¡Un fotógrafo del parque retrató al marinero sobre la estatua de martí…!

- ¡Fue un "banquetero" de los que siempre están por aquí! - comentó otro.

La redacción del diario "Alerta" se encontraba entonces en un ala del edificio del "Diario de la Marina", en Prado y Teniente Rey, frente al Capitolio y apenas a dos cuadras del escenario de los acontecimientos. Hacía sólo unos meses que el periódico había sido adquirido por Ramón Vasconcelos e iniciaba una nueva etapa bajo su dirección

El autor de estas memorias era entonces jefe de información de "Alerta". Y la noticia de aquella injuria al prócer le llegó rápidamente y en forma simultánea el rumor de que alguien, posiblemente un fotógrafo ambulante, había tomado fotos del hecho. Nos dimos entonces a la tarea de obtenerlas. Poco después llegó a la redacción el compañero Isaac Astudillo, reportero gráfico del periódico (Quien posteriormente acumulará un significativo aval en su larga trayectoria profesional. N. del E.) para iniciar su jornada de trabajo nocturna, quien recibió la orden de conseguir esos negativos.

He aquí su testimonio textual:

"El turno en el periódico era de diez de la noche a cuatro de la madrugada. Pasadas las nueve de la noche salí de la Asociación de Reporters situada entonces en Zulueta y Ánimas, a una cuadra del Parque Central. Fui a buscar mi viejo "cacharro" que tenía parqueado cerca, para dirigirme al hotel New York, a tomar unas fotos para la página deportiva. Pero comenzó a fallar el motor y decidí dejarlo allí y entonces saqué del maletero mi cámara fotográfica. Tomé a pie por Zulueta hasta donde estaba el diario".

Refiriéndose a los marines, agrega Astudillo:

"Para mí no estaban solo borrachos. Por la expresión de su cara parecía que estaban drogados, que habían fumado marihuana, pues tenían gran excitación. Entonces sube el americano y uno llega hasta la misma cabeza del Apóstol. Se produjo inmediatamente una reacción de repulsa y le tiraron una botella de cerveza que reventó precisamente contra la frente de Martí. Y comenzó a circular la versión de que se habían tomado fotografías de ese hecho"

Y añade Astudillo:

"Efectivamente yo había tomado fotografías y también un fotógrafo de los que llamábamos "banqueteros". Había uno de ellos por ese lugar que hizo las fotos…yo, ante mis dudas, no pensando comercialmente sino como periodista, y de que iba a tener una foto tan exclusiva, le dije:

- Te doy cincuenta pesos por el "chasis" que tú has tomado, estén buenas o no las fotos.

Para agregar:

"Entonces le di los cincuenta pesos por el "chasis". El jefe de información de "Alerta" era el compañero Raúl Quintana, a su vez Presidente de la Asociación de Reporters de La Habana (Círculo Nacional de Periodistas). Al llegar al diario le dije lo que tenía…ya él sabía lo que se había producido y me dijo:

- Revela eso a ver que hay.

Yo me dirigí al cuarto oscuro acto seguido para revelar los negativos, uní los dos chasis, el mío y el que había comprado al banquetero…Yo tenía mis temores…sospechaba que aquello no se iba a publicar…era un asunto muy riesgoso.

Luego de revelar los negativos y ver lo que había, me surgió un poco de confusión, pensando que en definitiva esto no lo van a publicar dadas las condiciones de sometimiento en que vivía el país, pues no se podían publicar cosas que representaran una ofensa para los norteamericanos. A pesar de ello le enseñé los negativos a Quintana y a Vasconcelos".

Interrumpí entonces a Astudillo para hacer una aclaración y aclarar algunas dudas:

- La versión que me llegó inicialmente, es que fue un "banquetero el que tomó esas fotos, sin comprobar seguramente la importancia que tenían.

"Ya te lo dije - me respondió - que un banquetero tomó las fotos del marine sobre la estatua, pero yo también tomé fotos. Al mezclar los negativos contenidos en los chasis, el del banquetero y el mío, me surgió la duda, ¿de quién eran las fotos? ¿Del chasis mío o el de él? No lo sé. Por eso Quintana, nunca me he atribuido la paternidad de esas fotos que causaron tanta sensación. Y por eso tampoco las presenté nunca a concurso. Tú sabes que me llevé once premios en el concurso "Juan Gualberto Gómez" que organizaba la Asociación de Reporters, entre primeros, segundos y terceros lugares. Nunca me he atribuido la paternidad de esas fotos, te repito".

Recordamos que las fotos y negativos quedaron bajo llave en mi buró de la redacción. Sobre su existencia se mantuvo un gran silencio. Ni los otros jefes y demás trabajadores, con excepción de los ya señalados, tenían noticias de lo ocurrido con los negativos... Pero algo trascendió, nunca he sabido cómo, pues durante la madrugada recibí varias llamadas telefónicas misteriosas, que coincidían en afirmar que ellos sabían que teníamos fotografías del hecho y que estaban dispuestos a pagar cualquier suma por obtenerlas y que no se publicaran. Mi respuesta fue siempre invariablemente la misma:

-Nosotros estamos en la misma situación, buscándolas si es que existen, pero para publicarlas. Si usted sabe quien las tiene, favor de avisarnos que estamos dispuestos también a pagar cualquier suma.

Luego de discutir con Vasconcelos los pro y los contra de los riesgos de la publicación de las fotografías, logramos convencerlo sin mucho trabajo, que se dieran a conocer como una denuncia pública de aquella acción de los marines del "Rodman".

Amaneciendo el sábado 12 de marzo ordené confeccionar los dos grabados al ancho de tres columnas, para insertarlos en la primera plana. Todo se hizo en la más absoluta discreción. Las llamadas telefónicos y otros rumores nos habían alertado y temíamos con sobradas razones, de que si las autoridades cubanas se enteraban de que poseíamos las copias, el riesgo de ser asaltados por la policía para despojarnos del preciado tesoro o que por presiones de la embajada yanqui, se nos prohibiera su publicación. Estábamos conscientes del escándalo que iba a producirse cuando el pueblo calibrara la injuria inferida y el peligro de los acontecimientos posteriores imprevisibles. Recordamos que alguien nos dijo en cierta ocasión:

- Vasconcelos no será un antiimperialista, pero tiene profundos sentimientos anti yanquis

Todo ello es posible que lo decidiera, aparte de su sentido periodístico, a autorizar la publicación con grandes titulares- letras de madera de poco menos de dos pulgadas- que expresaban como cintillo principal: INTENTARON LINCHAR A LOS MARINOS DE EE.UU. QUE PROFANARON LA ESTATUA DE MARTÍ. Y una nota editorial en recuadro, escrita por el propio Vasconcelos, titulada: "Al embajador de los Estados Unidos", donde se reflejaba la protesta del diario y de sus trabajadores, así como la indignación popular, que había provocado el incidente.

Aquel sábado 12 de marzo, cuando aún el diario era voceado por las calles de La Habana y se difundía por toda la nación; cuando los acontecimientos y las protestas populares se precipitaban en toda la capital, se apareció en la redacción el "banquetero" Fernando Chaviano, a quien conocíamos. Dijo haber tomado las fotos. En más de una oportunidad le habíamos comprado otras de sucesos para publicarlas. Lamentamos no poder contar con su testimonio.

Al enfrentarse conmigo me dijo en tono airado:

- Quintana, me has hundido. Yo le hubiera podido sacar a esas fotos algunos cientos de pesos…

A lo que respondí:

- Te lo creo. También nosotros hubiéramos podido obtener miles de dólares, quizás. Pero, a diferencia tuya, lo que nos interesaba no era el dinero, sino publicarlas como denuncia de un hecho más que condenable…

Recuerdo que fuimos a ver a Vasconcelos y éste, a sugerencia mía, le extendió un vale para la caja del diario por cien pesos.

Y del mal el menos, lo aceptó más o menos satisfecho.

Alrededor de las 8 de la mañana de aquel sábado, con su denuncia pública, era voceado por toda la capital. La tirada de ejemplares de ese día se multiplicó varias veces. A iniciativa de la compañera Gloria Vasconcelos, secretaria de la dirección del periódico, finalizada la tirada, nos dirigimos todos los trabajadores hacia el Parque Central con una enorme corona de flores., y luego de colocarla al pie del monumento, en desagravio al Apóstol, iniciamos las guardias de honor que continuaron durante todo el día y hasta la madrugada por obreros, estudiantes, periodistas y pueblo en general.

Y comenzaron a arribar más y más coronas y más y más flores, hasta cubrir la base de la estatua, a nombre de organizaciones, la FEU, centros estudiantiles, sindicatos, clubes de recreo, deportistas, etc.… Incluso, una del Ministerio de Relaciones Exteriores, a nombre del gobierno y otra del embajador de los Estados, Mr. Butler.

Debe señalar que estas dos últimas tuvieron efímera existencia: el pueblo las destruyó en pocos minutos pues constituían realmente una afrenta.

Gloria Vasconcelos, en su oficina de la OSPAAL, en el Vedado, donde laboraba entonces, nos expuso:

"Recuerdo aquel día con orgullo ante la valiente actitud de nuestro pueblo, de su reacción plena de coraje y de espíritu patriótico y revolucionario. Me enteré de la existencia de las fotos por la mañana. Pero cuando las vi., no dudé nunca que tenían que publicarse…y las publicamos".

"Cuco Valdés" era el tipógrafo encargado de confeccionar la primera plana de "Alerta" y posteriormente, al triunfo de la Revolución, jefe de talleres de "Juventud Rebelde". Sobre su protagonismo en el mismo, rememora:

"Aún recuerdo como esa mañana montamos la primera plana solo con las bases de los grabados. No sabíamos ni habíamos visto las fotos ni los grabados que ocuparían esas bases y espacio, hasta unos minutos antes de ser entregada la plana a los matrizadores y a la fundición (técnicas tipográficas de entonces. N. del E.). Se había todo en un marco de total discreción…La rotativa tuvo trabajo ese día"

La protesta popular era motivo de gran preocupación del gobierno de turno que presidía Carlos Prío. Y prueba de ello lo constituyó la declaración de un vocero de la Cancillería cuando los periodistas le pidieron una respuesta acerca de aquel agravio a Martí. El diario "Alerta" la publicó entonces. Decía:

"El asunto es tan grave y puede tener implicaciones internacionales tan graves, que únicamente el Ministro de Estado, siguiendo instrucciones del Señor Presidente, puede opinar sobre ese asunto".

Pero claro, ninguno de ambos personajes, ni funcionario alguno, emitió jamás declaración de protesta oficial.

Lo que ocurrió después lo dejamos a los relatos de algunos de los protagonistas. En primer término, Alfredo Guevara (entonces estudiante universitario) y el Dr. Baudilio Castellanos, presidente en esa época de los alumnos de la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana. Para estos últimos testimonios contamos con la colaboración del autor radial, compañero Julio Batista.

Alfredo Guevara:

- No había alcanzado a cundir por toda la ciudad la noticia, cuando ya en la Universidad de La Habana había surgido la necesidad de una respuesta. A esa hora de la mañana del sábado, cuando nos enteramos por el diario "Alerta", había pocos estudiantes en el Alma Máter, pero algunos dirigentes decidimos y lo hicimos, trasladarnos a la Plaza de Armas, donde estaba entonces la embajada norteamericana".

Baudilio Castellanos:

- Efectivamente, nos enteramos del caso por "Alerta". Bajamos en manifestación por la calle de Obispo y se nos iban uniendo más personas al conocer nuestro propósito. Recuerdo que al cruzar frente a un edificio de gruesas columnas y muchos cristales, lo confundí con un banco yanqui representativo de los grandes monopolios, del Chase Bank, de los Morgan o de los Dupont…y comencé a pronunciar un discurso a tacando a los consorcios explotadores y los corruptos. "Señor, señor", me interrumpió un hombre del pueblo, esto no es un banco americano, es el Ministerio de Hacienda. Un poco mohíno, pero no abatido, continuamos (por la calle) Obispo abajo, hacia los muelles, con rumbo a la embajada norteamericana. Llegamos así frente al antiguo edificio de J.Z.Horter, donde radicaba la sede diplomática de EE.UU. Nos situamos en la Plaza de Armas y empezamos a dar grito de "Abajo el imperialismo" y de condenación a los profanadores de la memoria de Martí.

Alfredo Guevara:

- No recuerdo si allí estaban haciendo algunas reparaciones en un edificio cercano o en la calle. Lo cierto es que aparecieron piedras y adoquines por todos lados…y piedras y adoquines lanzamos contra el edificio de la embajada americana. Pero no se trataba solo de lanzar piedras al edificio, sino de dar gritos, demostrar de alguna manera la profunda indignación de nuestro pueblo. Debemos recordar que todos los gobiernos de entonces eran vendidos, entreguistas, que jamás representaron al pueblo, ni tenían vocación alguna por tomar la defensa de nuestro Apóstol, frente al amo imperialista yanqui. Entonces frente a esa impotencia, nos tocaba hacer algo…y lo hicimos.

Baudilio Castellanos:

- Recuerdo que un momento me encontré junto al compañero Lionel Soto, quien subido en los hombros de otro compañero trataba inútilmente de arrancar con las manos el escudo yanqui empotrado en la pared, a la entrada del edificio. En esos instantes bajó hacia la acera el embajador yanqui, que era Butler, rodeado por ocho o diez guardaespaldas y miembros del FBI. Butler quiso establecer diálogo con notros; quizás si pretendía ofrecer alguna disculpa, cuando asomó por el final de la calle una caravana de "perseguidoras". En una de las primeras, si mal no recuerdo, venía el jefe policiaco José Manuel Caramés, a quien dedicaron luego una música popular titulada "Ahí viene Caramés con su pelotón"; detrás Salas Cañizares y Casals y los otros esbirros que lo seguían, empuñando revólveres y pistolas en una mano y en la otra el inolvidable "bicho de buey", pronto para la golpiza…y pronto comenzaron a atacarnos, a repartir golpes a todo el mundo. Cuando yo me incliné para calzarme uno de los mocasines que en la trifulca había rodado por el asfalto, recibí un latigazo en la espalda que me dejó un profundo dolor y un escozor candente.

Alfredo Guevara:

- Los golpes menudeaban, no solo sobre nosotros los estudiantes, porque estudiantes no

Éramos muchos los que habíamos iniciado la protesta en horas de la mañana, sino contra el pueblo que se nos unía; trabajadores, transeúntes, vecinos de los alrededores….Ya aquello se iba convirtiendo en una concentración multitudinaria. Los policías no cesaban de repartir golpes en forma violenta. Yo viví un momento emociónate, pues acababa de salir de una grave enfermedad pulmonar y los golpes sobre los pulmones podrían ser fatales para mí. Fue entonces que el compañero Bilito Castellanos, que era Presidente de la Escuela de Derecho, se lanzó sobre mí, me cubrió con su cuerpo, conocedor de mi enfermedad y recibió en su espalda todos los "gomazos" que debieron ser para mí. Realmente "Bilito" fue muy golpeado.

Y agrega Guevara en su testimonio:

- En medio de todo aquel "molote" me encontré con el compañero Fidel (Castro), dirigente estudiantil entonces y líder del Movimiento Acción Caribe que él había fundado en la Universidad. La policía no había logrado romper aquella manifestación. Nosotros, el pueblo, resistíamos a pie firme. A veces la multitud se retiraba ante la violencia de la agresión, pero cuando la policía se replegaba, volvía. De pronto aparecieron otros grupos, no sabemos de donde salieron, pero presumimos que de la embajada, y entre ellos recuerdo a un tipo fornido, tan joven como nosotros, pero muy bien vestido; y empezó a hacer declaraciones como si fuera representante de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) ante un grupo de periodistas que ya había acudido a ese lugar. Empezó a decir que eso era obra de agitadores, que no era organizada por la FEU y que debían condenarse esos métodos, etc.… refiriéndose al mitin de protesta. Pero tuvo mala suerte pues se le ocurrió decir eso casi junto a Fidel y a mí. Ahí mismo lo desmentimos enérgicamente y proclamamos que si había sido iniciado por los estudiantes y la FEU, que era un acto consciente de condenación, que estábamos dispuestos a hacerlo mil veces y que nos sentíamos orgullosos de haber apedreado a la embajada norteamericana. Fidel, personalmente, se enfrentó a ese tipo desenmascarándolo ante los periodistas y el pueblo allí congregado, y el sujeto se escabulló rápidamente. Esto no era raro. En semejantes ocasiones siempre aparecían "bocones" tratando de desvirtuar los hechos… hasta que apareció Fidel y ante el enfrentamiento directo, se ponían en fuga.

Baudilio Castellanos:

- Viéndome lesionado, Fidel dijo: "Vamos a buscar una casa de socorros" (así se denominaban en la época los centros públicos de primeros auxilios. N. del E.). Corriendo por las calles, dando gritos de abajo el imperialismo y otros parecidos, llegamos a la casa de socorros de (la calle) San Lázaro, pegada (a las calles) Gervasio o Escobar. Luego que me atendieron, Fidel exigió un certificado médico detallando las lesiones. Un reportero grafico tomó algunas fotos allí y se publicaron en la revista "Bohemia". Fidel, que se había dado cuenta de la trascendencia política de aquella acción, dijo entonces: "Vamos al Ministerio de Gobernación a hacer una denuncia por todos los atropellos". Todo el grupo, portando en alto los certificados de los lesionados, entre ellos el mío, nos presentamos en esas oficinas y al policía que con arma larga custodiaba la entrada, le dijo Fidel: "Vengo a presentar una denuncia contra el Ministro de Gobernación" (El Ministro era entonces Rubén de León, traidor a la Revolución del año 30 y responsable de la Policía Nacional durante el gobierno de Carlos Prío. N. del A.). El oficial de carpeta, todo alarmado, pálido, se disculpó por no recibir la denuncia. "mira-le dijo- aquí no podemos levantar acta. Vayan a la Tercera Estación". Y allí "caímos" minutos después. Era la estación situada en Dragones y Monserrate. Al fin logramos que se levantara un acta. No quisieron consignar nombres, pusieron muchas dificultades…solo hicieron constar los números de las perseguidoras que habíamos copiado. En definitiva, nunca nos citaron a juicio. Aquella acta al parecer no salió jamás de la estación policíaca.

Alfredo Guevara:

- Yo no participé en la presentación de la denuncia, ni en el grandioso mitin de protesta que se originó después en el Parque Central en desagravio a José Martí. Tuve una inspiración e hice otra cosa. Se me ocurrió infiltrarme y lo logré, en el Ministerio de Estado, donde el embajador norteamericano, hipócritamente desde luego, presentaba disculpas al gobierno cubano por la vejación infligida por los marines yanquis a Cuba. Digo esto, porque es típico de los representantes aplicar la hipocresía cuando les conviene aplicarla. Cuando entré en el Ministerio, y lo logré gracias a la imbecilidad del Canciller, que era entonces Carlos Hevia, famoso por lo bruto que era. Este hombre no se dio cuenta que yo era un dirigente estudiantil, ni de mi posición política, ni del estado de indignación en que me encontraba, ni que pertenecía a un grupo de estudiantes antiimperialistas con conciencia revolucionaria. Por suerte, Hevia vivía en la luna y así pide situarme a su lado.

Y agrega en su testimonio:

- Allí pude ver que era un hermano de Hevia, funcionario del Ministerio y a quien no conocía, el que estaba contratando, comprando las flores que iba a depositar el embajador yanqui ante la estatua de Martí, es decir, que el gobierno cubano se encargaba de comprar y pagar la corona que debía llevar el embajador norteamericano. Eran tan miserables, tan vendidos, tan indignos. Que montaban toda aquella farsa como una escenografía, solo para cubrir las formas. Cuando el embajador yanqui comenzó a leer su mensaje presentando sus hipócritas disculpas…no recuerdo bien como era, pero decía más o menos que, si bien estos marinos habían hecho eso, también había que recordar que en la historia estaba el aporte que otros marines habían hecho a la independencia de Cuba. Yo me dije: esta es mi oportunidad. Y sorpresivamente le interrumpí, ante el asombro del embajador y el estupor de todos los presentes y dije fuerte para que me oyeran todos:

"Usted no tiene derecho a pronunciar esas palabras, mientras las tropas norteamericanas ocupen la base naval de Guantánamo, usurpada por el imperialismo durante su intervención frustradora de la independencia de Cuba…"

Alfredo Guevara culmina su relato así:

- Para nosotros, de todas maneras, constituyó una gran experiencia política, porque aunque todo aquel grupo lo formábamos estudiantes universitarios, conscientes antiimperialistas y algunos ya habíamos hecho la opción marxista-leninista, de todas maneras fue una vivencia personal inolvidable para cada uno de nosotros. Y pudimos constatar, en forma concreta, hasta que punto puede ser brutal el espíritu imperialista y colonialista y hasta que extremo puede rastrero el lacayismo de los burgueses que defendían sus intereses en nuestro país. Podemos afirmar que nuestra conciencia antiimperialista se ahondó mucho y creció la decisión de lucha, pues vejaciones como estas dejaron huellas muy profundas en el pueblo y en toda una generación que resultase protagonista de la acción liberadora encabezada por Fidel.

Baudilio Castellanos:

- Además de todo lo expuesto es bueno que se conozca que preparando la acusación para el juicio que no llegó a celebrarse nunca contra el Ministro de Gobernación, ni contra los marines, y para reforzar nuestra argumentación, acudimos a los libros y a los profesores. Confirmamos entonces como el gobierno y las autoridades policíacas y judiciales cubanas de la época se plegaron a los mandatos de la embajada yanqui. Esta violó una vez más las leyes cubanas y el derecho internacional, que establece que hechos de esa naturaleza, calificados como desorden público, deben ser juzgados por los tribunales del país donde se cometieron, cualesquiera que fuese la nacionalidad de sus ejecutores. Sin embargo, los marines culpables fueron entregados al comandante del barco de guerra norteamericano, que se los llevó de Cuba, burlando al pueblo que reclamaba para ellos un castigo ejemplar.

Decíamos que aquel pudo ser un viernes cualquiera. Sin embargo, un acontecimiento imprevisto lo dejó insertado en la historia, con caracteres indelebles y trascendencia futura. Resultó indudablemente la expresión de un sentimiento antiimperialista que había germinado y se desarrollaba en la conciencia de nuestro pueblo, a través de más de medio siglo de combates incesantes contra la opresora dominación foránea y las afrentas a la soberanía patria.


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