BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

RECUERDOS NO OLVIDADOS. MEMORIAS Y TESTIMONIOS PERIODÍSTICOS

Raúl Quintana Pérez




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LA GRAN PRENSA EN LA CUBA DE ANTES

¿Una prensa libre?

La descripción del papel que desempeñó la prensa, periodismo y periodistas, en la triste etapa de la tiranía de Batista (1952-1958), requeriría un meticuloso estudio y acopio de datos, que rebasaría los límites de un simple bosquejo histórico, que es el que ahora nos proponemos.

Y es que existían otras censuras, aparte de las ya formalmente oficializadas, y descritas en otros capítulos de estas memorias, que tenían un carácter permanente y que utilizaban formas mucho más sutiles y más ocultas para la gran masa de lectores. Nos referimos a:

 El soborno oficial.

 El chantaje de los anunciantes nacionales y extranjeros.

 La presión de la embajada de Estados Unidos, mediante el control estricto de las cuotas de papel periódico.

 Las obligaciones que contraían los dueños de periódicos, por la posesión de acciones y valores, en determinadas industrias y/o compañías anónimas.

 El soborno de las asociaciones de comerciantes e industriales, de los productores de azúcar (hacendados y grandes colonos) y otras organizaciones de medianos o grandes intereses coaligados.

 La presión ejercida por una sociedad capitalista, gobernada por una oligarquía sometida a los intereses foráneos, propia de un país tercermundista y dependiente, que enfilaban su agresividad, en la lucha de ideas, contra los trabajadores, campesinos, intelectuales progresistas, estudiantes más radicales y en general contra todos los sectores y capas conformadas por el pueblo más humilde, en eterno desamparo.

 El apoyo dado a esa gran prensa, de circulación nacional y notable influencia de opinión, por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) integrada por los grandes propietarios de diarios en el continente, que compartían invariablemente una ideología de derecha y en no pocas ocasiones, francamente reaccionaria.

 El papel desempeñado por las agencias de noticias extranjeras que en sus informaciones respondían a los dictados de las oligarquías imperantes en sus países de origen, como la AP y la UPI.

Es posible que no estén expuestas todas las causas determinantes que frustraban la ilusoria concepción de una prensa libre en Cuba, pero creemos que están las principales.

Resulta lógico pues, aún sin entrar en el análisis de cada una de esas causas y la valoración de sus consecuencias, llegar a una conclusión irrebatible: en una sociedad capitalista no existe ni podrá existir jamás una prensa legal, que pueda vanagloriarse de ser efectivamente libre. Tenemos la experiencia propia por haber ejercido el periodismo o estar vinculado a los medios de prensa, durante más de 40 años, en la Cuba capitalista, anterior al triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.

Nos referiremos en primer lugar al soborno oficial, que se materializaba en el empleo impune del dinero del estado, para sobornar a los empresarios periodísticos y en escasas ocasiones a periodistas faltos de ética profesional.

Cientos de miles de pesos (en la época analizada, equivalente al dólar estadounidense. N. del E.) salían cada mes del Palacio Presidencial hacia los bolsillos siempre abiertos de los Pepín Rivero, Jorge Zayas, Santiago Claret, Sergio Carbó, José López Vilavoy, Salas Amaro, Rolando Masferrer y otros tantos dueños de periódicos de mayor o menor prestigio.

Casi desde el propio triunfo de la Revolución, que se incrementaba gradualmente con la aplicación de las primeras leyes revolucionarias durante 1959 y 1960, los periódicos más importantes en Cuba, de circulación nacional, como "Avance", "Diario de la Marina", "Prensa Libre", "El Mundo", "Información" y otros menos importantes, iniciaron una sistemática campaña de desinformación e inclusive de difamación, contra el Gobierno Revolucionarios y sus dirigentes. Pudiéramos incrementar la lista con otros medios de prensa radial y televisiva que integraban esa gran "cofradía" de defensores de la prensa libre.

En la noche del 20 de enero de 1960, en comparecencia por la televisión, el Comandante en Jefe Fidel Castro, presentó públicamente las pruebas, apoyadas por documentos y fotos, de los sobornos recibidos por el propietario del diario "Avance", durante la tiranía- Este periódico se había convertido en un opositor furibundo contra toda medida del Gobierno Revolucionario.

Podemos enriquecer estos datos:

Jorge Zayas tenía en el Ministerio de Comercio, 5 puestos (llamados en Cuba "botellas", N. del E.); en el Ministerio de Comunicaciones, 7; en la Renta de Lotería, 5; en el Ministerio de Agricultura, 3; en el Ministerio de Gobernación, 2; en el Ministerio de Obras Públicas, 7; en el Ministerio de Educación, 11 etc. Este dinero formaba parte de los presupuestos asignados a cada dependencia oficial, para cubrir los gastos de servicios que debían ofrecerse al pueblo y que eran desviados fraudulentamente de sus legales objetivos.

Cada una de estas plazas, no bajaban de $100 como promedio, por lo que solo mediante este concepto, Jorge Zayas, propietario periodístico y defensor de la libertad de prensa y crítico furibundo de la Revolución triunfante, percibía más de 4 mil pesos mensuales, sin hacer más esfuerzo que mandar a buscar cada mes los cheques a cada organismo, con un testaferro.

A esto se agregaban cheques procedentes de las Asociación de Hacendados y Colonos, del sector industrial, del Congreso, de la Comisión de Defensa del Tabaco Habano, así como un cheque mensual, nunca menor de $ 5000, procedente del Palacio Presidencial, con la autorización del Secretario de la Presidencia, señor Andrés Domingo y Morales del Castillo, cercano colaborador del tirano, en sus felonías y negocios turbios. Ese cheque lo recibió puntualmente el señor Zayas desde el 3 de septiembre de 1955, (cuando Fidel se encontraba en el exilio mexicano en los preparativos finales de la organización de la expedición del Granma) hasta noviembre de 1958 (cuando ya las tropas rebeldes se encontraban en plena ofensiva victoriosa). El correspondiente al mes de diciembre de ese mismo año, no resultó posible cobrarlo, pues en enero de 1959 Batista se encontraba refugiado en República Dominicana, con su cohorte más íntima, en la que seguramente se encontraba el señor Morales del Castillo.

Un simple cálculo:

De agosto a diciembre de 1955………………………………… $ 25 000

De enero a diciembre de 1956…………………………………. $60 000

De enero a diciembre de 1957…………………………………. $60 000

De enero a noviembre de 1958………………………………… $ 55 000

Total…………………………………………………………………. $200 000

Naturalmente que en estas cifras no están incluidas el dinero recibido por chantajes a las empresas de todo tipo que existían en el país, que pagaban muy bien el silencio por omisión de sus andanzas aventureras por los predios del contrabando, las burlas al fisco, las violaciones a las leyes aduaneras y hasta por escándalos personales y familiares.

Y denunciaba Fidel en la ya citada comparecencia:

"Y todo esto ocurría en los años más sangrientos de la tiranía, cuando los estudiantes, la gente joven, aparecía asesinada a diario en los arrabales de La Habana".

Si uno de los "falderillos", como era Jorge Zayas, recibía tan jugosa tajada de la dictadura, que no recibirían los "mastines" de la prensa cubana como los propietarios del "Diario de la Marina", "Información", "El País", "El Mundo", "Prensa Libre", que no recibirían los libelos, públicamente incondicionales a la tiranía de "Tiempo en Cuba", de Rolando Masferrer; "Ataja", de Salas Amaro y otros de poca monta, en las provincias.

No podemos excluir de esas empresas periodísticas "libres y democráticas" a los consorcios periodísticos de las revistas "Bohemia" y "Carteles"

Una prueba del sometimiento de aquellos dueños de periódicos lo constituyó la fotografía encontrada en los archivos de "Avance", de una foto tomada por uno de sus reporteros gráficos, donde aparecía el veterano luchador revolucionario, Armando Hernández. En la misma se le veía golpeado y con las plantas de los pies quemadas por sus torturadores policíacos. Y prendida de la fotografía, una nota escrita de puño y letra del dueño del diario que decía: "Estas fotos no pueden publicarse para complacer al señor Ministro".

El "señor ministro" era por supuesto, el secretario de la Presidencia Andrés Domingo y Morales del Castillo, ex magistrado, quien avalaba los cheques que llegaban mensualmente de Palacio.

Otro aspecto a considerar en la autocensura de la prensa en Cuba, antes de 1959, era la ejercida por los anunciantes, grandes firmas industriales y compañías importadoras y exportadoras, que invertían cientos de miles de pesos en publicidad, mensualmente, en todos los medios de comunicación, incluida la radio y la televisión.

Los "mastines" de la radio y televisión eran Goar y Abel Mestre, Manolo Fernández, los hermanos Salas, Amadeo Barletta y su hijo de igual nombre y otros, sin olvidar a aquel talentoso publicitario, pero carente de escrúpulos, para engañar a las oyentes de sus programas, llamado Gaspar Pumarejo.

El hecho de la existencia de contratos publicitarios de los grandes anunciantes era la mejor mordaza, para la tan proclamada Libertad de prensa.

Recuerdo el caso de la tienda por departamento "El Encanto", cuyos propietarios practicaban el contrabando a gran escala, burlando al fisco. Si por casualidad se llegaba a abrir una causa criminal, por una denuncia, que nunca prosperaría, los jefes de Redacción o Información, recibían una nota bien explícita de la dirección: "Del asunto de El Encanto nada". Desde luego que esto podía funcionar como un propio chantaje patronal al anunciante, forzándolo a ampliar el contrato publicitario,, bajo la amenaza de publicación de cualquier escabroso asunto.

Es conocida la forma en que los hermanos Mestre actuaban al respecto. Si un anunciante manifestaba su interés en anunciar su producto por el Canal 6 de la TV, se les hacía saber que para aspirar a ello, debían firmar contratos publicitarios similares con CMQ Radio, Radio Reloj y con la emisora radial CMBF, pertenecientes todas al gran monopolios. El canal 2 de la TV, propiedad de los Barletta, procedía exactamente igual.

El dominio del gobierno norteamericano sobre la prensa impresa en Cuba, se manifestaba por el control que ejercía sobre las cuotas de papel periódico, con la tolerancia de los gobiernos de turno. Era una espada de Damocles siempre pendiente sobre la cabeza de los propietarios de periódicos, Las empresas bajo esa presión se veían forzadas, aunque en algunos casos no conviniera a sus intereses, el secundar campañas favorables a los intereses imperialistas, o simplemente acallar justas denuncias populares contra las felonías de las filiales de sus monopolios, establecidas en Cuba.

No en pocas ocasiones, arrendaban sus talleres, a gusto o a disgusto, para imprimir literatura que loaba la política norteamericana o deformaba la realidad política y social, no solo de Cuba, sino de otras naciones latinoamericanas, y particularmente de la obra de gobiernos progresistas.

No deben olvidarse aquellas "monumentales ediciones" del diario "Información", propiedad de Santiago y Joaquín Claret, que aparecían como suplemento de las ediciones dominicales, con más de cien páginas, bajo la supuesta fachada de una Cooperativa de Suscriptores, destinada supuestamente a divulgar lo mejor de la literatura universal y que en realidad se guiaba por un criterio selectivo favorable a aquella que favoreciera la propaganda imperialista, dirigida por los servicios de Información de Estados Unidos

Muchos empresarios de periódicos no limitaban sus actividades mercantilistas a las propias de su oficio de editores. Ampliaban su esfera de acción, favorecidos por sus estrechas relaciones oficiales y en el mundo de las finanzas e invertían parte de sus grandes ganancias en otros lucrativos negocios. En muchas ocasiones se ligaban a personeros del gobierno o se convertían en "pantalla" de los mismos, como testaferros, para obtener jugosas ganancias adicionales.

Mostremos varios ejemplos:

a) Los hermanos Goar y Abel Mestre, invirtieron fuertes sumas en la construcción y explotación del edificio de apartamentos FOCSA, de 35 pisos, el mayor bloque habitacional de Cuba.

b) Cristóbal Díaz y Guillermo Martínez Márquez- éste último luego "prestigioso" presidente de la SIP- propietarios del periódico "El País", invirtieron fuertes sumas como accionistas y ejecutivos de una fábrica de papel bagazo en la provincia de Matanzas,

c) Amadeo Barletta y su hijo "Barlettita", propietarios de la emisora de televisión Canal 2 Telemundo, poseían fuertes inversiones en una compañía importadora de automóviles, en una fábrica ensambladora de vehículos y en otros múltiples negocios, incluso en otros países.

d) Alfredo Hornedo, con fuertes inversiones en empresas periodísticas, invirtió cuantiosas sumas en la construcción del Mercado Único. Molesto cuando le fue negada la entrada al aristocrático "Yacht Club and Country Club" no obstante ser senador de la república, por ser mulato, construyó el balneario Casino Deportivo, aún hoy existente con el nombre de "Cristino Naranjo", en Miramar. Además, anexo al mismo, invirtió en la edificación del teatro "Blanquita"- en honor a su hija- el actual "Karl Marx" y el complejo residencial "Rosita de Hornedo"- en homenaje a su esposa- actualmente "Sierra Maestra".

Sin embargo esos mismos aristócratas amillonados no tuvieron el valor de negarle ese derecho a Fulgencio Batista. Conocido en su juventud como "El mulato lindo"- y lo recibieron con altos honores.

Esos vínculos de intereses entre empresarios periodísticos y otros sectores de la economía y la política, establecían obligaciones que sin duda fronteras de limitaciones a esa libertad de prensa de que tanto alardeaban.

Otro aspecto del soborno de la llamada "prensa libre" de la Cuba de entonces, se manifestaba a través de los perniciosos vínculos establecidos con las llamadas asociaciones de las "clases vivas". Un ejemplo evidente lo era las asociaciones de Hacendados y de Colonos, las cuales en sus presupuestos de gastos secretos incluían a la mayoría de los grandes periódicos y revistas. Y esos sobornos se aumentaban cuando se hacía necesario el combatir o apoyar una ley, acorde a sus intereses, o desarrollar una campaña determinada en relación las campañas azucareras, que constituían su mayor fuente de ganancias.

Los espurios intereses monopolistas yanquis y de la oligarquía criolla, que coincidían plenamente, desembolsaban enormes sumas para crear estados de opinión favorables a sus planes o designios. Se daba el caso reiterado de que hasta los editoriales, las informaciones y las entrevistas a sus personeros, venían ya redactadas desde los despachos de los especialistas a sueldo de esas instituciones. Su poder era de tal magnitud que hasta fijaban a los directores de los diarios, la fecha, página y número de columnas donde debía salir el material publicado.

Por otro lado, si era bien conocido que si las más poderosas firmas, nacionales y extranjeras, tenían el poder financiero para "elegir" a senadores y representantes a la Cámara, para que defendieran sus intereses, ¿cómo no lo iban a tener para supeditar a una prensa tan presta a dejarse sobornar, como lo era la que existía en Cuba, hasta que con el triunfo de la Revolución, se produjese la emigración de sus magnates?

Es fácil de comprender el por qué la " prensa libre" de aquella época no podía en forma alguna defender o preocuparse por las necesidades e intereses del pueblo. A veces claro, había que hacer algunos aportes demagógicos para hacer creer a los lectores que tal o cual periódico, sino progresista, era al menos de ligeras tendencias liberales. Y para ello buscaba un tema que no les comprometiera a ellos, ni a sus cómplices, y durante varios días simulaban, con hipocresía estar al lado de algún sector de las clases desposeídas. Así se publicaban reportajes sobre los llamados "barrios de indigentes, relatando los dolores y tragedias de sus habitantes, con la certeza de que con ello, no iban a afectar los intereses de la SHELL, la ESSO, de la tienda "El Encanto" o a la "Coca Cola". En definitiva ninguno de los habitantes de esas zonas marginales, abandonadas a su suerte, tenía dinero para alquilar un departamento en el FOCSA, comprar en "El Encanto" o comprar un "Buick". Y quedaban bien con su conciencia y sus bolsillos.

En no pocas ocasiones se prestaban a la farsa que montaba la esposa del Tirano, Marta Fernández, calificada de "bondadosa primera dama de la república" cuando repartía jabas con 2 o 3 libras de frijoles negros y unas libras de papa, entre familias hambreadas o cheques con ridículas sumas a los asilos de ancianos, que en definitiva eran sufragados por las ganancias obtenidas de la Renta de la Lotería Nacional, verdadera sentina de corrupción y latrocinio.

Crónica social y crónica roja

Otra fuente de lucrativas ganancias para las empresas periodísticas de entonces era la llamada crónica social, en franca competencia para explotar el lujo, fatuidad y pomposa vanidad de una sociedad condenada a desaparecer. El cronista social era un reportero vestido de etiqueta, un agente publicitario con smoking. Éste tampoco tenía libertad pata determinar lo que debía o no publicarse, con dos supervisores implacables: el director, que la utilizaba para dar cumplimiento a los compromisos que debía atender acorde a sus relaciones sociales o de negocios; y el administrador, con estampa de caja contadora, que cobraba a tanto por pulgada, las fotos o reseñas de bodas, canasta party, onomásticos, fiestas de quince o incluso actos religiosos. Cómo olvidar su lenguaje cursi y rocambolesco, como los adjetivos de bellísima, elegante, atractiva, respetable, ilustre, talentoso, etc. Con su correspondiente tarifa, en correspondencia de las posibilidades económicas del cliente, su posición social o política o el importe contratado.

No recordamos que se publicaran en alguna de esas crónicas sociales, nacidas en las páginas interiores de los diarios y llevadas luego a suplementos de rotograbados, particularmente en el Diario de la Marina, Información y Avance, fotografías de obreros destacados, macheteros esforzados en la zafra o laboriosos campesinos o talentosos estudiantes, a menos que estos últimos pertenecieran a encumbradas familias.

Fuimos testigo del hecho que cuando era inevitable establecer el compromiso de publicar alguna foto de un hecho social, donde los personajes eran gente humilde, se le daba "refugio" en las páginas de provincia, en ediciones que solo circulaban en determinadas provincias del interior y que nunca circulaban en las ediciones distribuidas en la capital.

Aún recuerdo como se propiciaba, con tintes sensacionalistas, el desajuste moral y la pérdida de los valores, en la llamada "crónica roja", que fomentaba un estado morboso y dañino en las mentes impresionables. En una oportunidad una jovencita descubrió que la "tinta rápida" (usada para teñir los zapatos) contenía altos poderes tóxicos. Tuvo gran éxito en su desafortunado propósito. Cada mes varias docenas de hogares se enlutaron gracias a la divulgación de tales suicidios. Resultó de tal magnitud el fenómeno que el Ministerio de Salubridad de entonces se vio obligado a prohibir la venta libre del producto.

El clásico harakiri era algo poco conocido en Cuba hasta que un día se publicitó como un agricultor japonés radicado en Cuba lo practicó, al enterarse de que toda su familia había muerto en su tierra natal por un catastrófico terremoto. El método se sumó a la ingestión de cianuro, darse candela rociándose gasolina o kerosén, el lanzamiento desde altos edificios o puentes o el ahorcamiento. Eran ciclos que respondían al modo de suicidio más de moda, publicitado inconscientemente por los reporteros policíacos..

Recuerdo ahora, al escribir estas memorias, como hace más de 50 años, siendo yo jefe de la crónica de sucesos del periódico "Avance" (recordar que este escrito data de 1989.N. del E.) escribí un artículo, que por cierto se publicó porque no fue consultado previamente, donde proponía suprimir la publicación de todo tipo de suicidios, ofrecer los relatos de hechos criminosos sin ribetes sensacionalistas, no insertar fotografías macabras o que despertaran sentimientos morbosos o repugnancia emocional. En fin, atenuar las consecuencias negativas de aquella marejada de sangre que desbordaban las páginas de sucesos. Milagrosamente no fui expulsado del sector en que me desenvolvía. Lo único que logré- lo considero un triunfo- fue llevar a la práctica en solitario, aquel plan que nació con buenos propósitos y tan mala fortuna.

La SIP: la OEA del periodismo continental.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) alberga en su seno a los propietarios de periódicos más reaccionarios del hemisferio o a sus incondicionales directores. Baste decir que por la década de los cincuenta era su presidente el doctor Guillermo Martínez Márquez y posteriormente, su vicepresidente, Jorge Zayas, antiguo dueño del periódico "Avance". Martínez Márquez representaba entonces al diario "El País", propiedad de Alfredo Hornedo.

Uno de los jerarcas de la SIP era Jules Dubois, presidente de la llamada Comisión o Comité de Libertad de prensa de ese organismo. Éste visitaba frecuentemente a Cuba para participar en las opíparas comilonas y francachelas con los dueños de los periódicos criollos. En múltiples oportunidades su fotografía y declaraciones aparecieron en la primera plana de diarios y revistan que lo presentaban como el paladín y abanderado supremo de la libertad de expresión. Cada vez que se reunía la SIP, en los conciliábulos de su Comité Ejecutivo o Asambleas Generales, el afamado Jules Dubois presentaba sus informes sobre el cumplimiento o no por la prensa hemisférica de la libertad de prensa.

Es interesante señalar que en el informe que rindió Jules Dubois a la XIII Asamblea General de la SIP, efectuada en Washington, del 16 al 18 de octubre de 1957, aparezcan de forma reiterada, las veces que Batista impuso la censura de prensa, por demás arbitraria e ilegal, a la prensa cubana, radio y televisión; se hace mención de las diversas ocasiones en que Martínez Márquez, visitó al dictador, para pedirle que aboliera la llamada "Ley de Prensa", llamada "Ley Mordaza" que le dejara como herencia nefasta, pero oportuna para él, el derrocado presidente Carlos Prío Socarrás y de las reiteradas veces que Batista le ofreció su "palabra de honor" de que eliminaría la censura.

Sin embargo, nunca se preocupó Jules Dubois de realizar las investigaciones necesarias sobre las cuantiosas sumas que recibían los dueños de periódicos para aplicarse la "autocensura", más efectiva que la oficial. ¿Qué fuerza moral amparaba a los propietarios editores de periódicos en Cuba para demandar del gobierno, a quien servían, a que eliminara la censura impuesta por un decreto, si mantenían la otra, impuesta por el soborno? El tirano conocía muy bien que a ellos solo les interesaba que les taparan la boca con cheques. Y Jules Dubois se prestaba a toda esa farsa impúdica y demagógica.

Dubois tenía su propia historia y no muy limpia por cierto. Se decía coronel del Ejército de Estados Unidos y periodista del "Chicago Tribune", uno de los diarios más reaccionarios de ese país. Pero nadie conocía de sus artículos y colaboraciones en ese diario. Y pocas veces se encontraba en Chicago. Le faltaba tiempo para viajar por todas las naciones del continente, pernoctando en los más costosos hoteles, a costa de sus amos, los propietarios de la gran prensa. Pero además llegó a conocerse que también trabajaba para la CIA de los Estados Unidos,. Y esta era su más diáfana credencial para saber quién era y su condición moral. Jules Dubois resultó hallado muerto en su residencia hará unos 5 años (por la fecha de escrito el libro calculamos que fuese aproximadamente entre 1984 y 1985. N. del E,) Vivió u murió entre sombras.

De la lectura del informe que presentó Jules Dubois al Comité Ejecutivo de la SIP, reunido en New York, el 3 de septiembre de 1957, previo a la XIII Asamblea General, obtenemos una prueba fehaciente de la más rampante hipocresía de ese organismo.

En el mismo se hace un relato, en siete hojas escritas a máquina, que pretendía ser una historia de una prensa cubana víctima de la tiranía, maltratada y perseguida…sin referencia claro está a los sobornos que ésta recibía del propio gobierno. La historia se inicia en el citado informe, el 10 de marzo de 1952, fecha del golpe de estado que derrocó el gobierno auténtico. Hace muy ligeras y tergiversadas referencias al asalto al Cuartel Moncada y a los asesinatos posteriores; al ataque por revolucionarios al Cuartel Goicuría, en Matanzas, donde resultaron los asaltantes, previamente delatados al gobierno, cruelmente masacrados; al ataque al Palacio Presidencial, por miembros del Directorio Revolucionario; a la prisión del doctor Fidel Castro y sus compañeros en Isla de Pinos; la marcha al exilio de éste a México, en julio de 1955, a organizar la expedición del Granma; nada de la posterior lucha en la Sierra Maestra, y por supuesto, mucho menos al asalto y clausura del periódico La Calle, en julio de 1955.

¿Acaso Jules Dubois ignoraba todo eso? Ningún propietario de los grandes diarios representados en la SIP, había formulado crítica alguna al hecho vandálico perpetrado contra un órgano de prensa, cuyos directivos y periodistas, no recibían cheques de la dictadura.

Antes de esa reunión, Luis Orlando Rodríguez, director de La Calle y el que esto relata su jefe de información, se entrevistaron con Jules Dubois, en el Hotel Nacional. Éste simulador, como buen agente de la CIA, se mostró sorprendido. Afirmó no estar enterado de lo ocurrió y actuar inmediatamente. ¿Acaso lo hizo?. Resultó aquella la entrevista inútil

No obstante Luis Orlando persistió y presentó su denuncia en la reunión de la SIP en La Habana. Por supuesto sin ningún resultado. No obstante logró que la revista Bohemia, en su popular sección " En Cuba", publicara una información sobre esa entrevista, eludiendo describir hechos criminales cometidos por la policía al destruir los locales y golpear al personal y vendedores allí presentes. No era posible, pues no se le hubiera permitido.

Decía la información publicada en Bohemia:

"En la sesión de la tarde, tras un almuerzo en el penthouse de El Mundo, se insertó un conflicto perteneciente a la Comisión: el del diario cubano La Calle. Su empresario, Luis Orlando Rodríguez, narró la historia que sus compañeros conocían de sobra, nueva para los extranjeros, pero antes hubo diálogos de sumo interés (observen como se eludía la narración de los hechos. N. del A.)"

Y continuaba el texto:

"LOR (Luis Orlando Rodríguez) presentado a Dubois por RAG (Raúl Alfonso Gonsé) dirigió una pregunta al periodista chicagoense:

- ¿Es cierto señor Dubois, como afirmó ayer el Ministro de Gobernación, Santiago Rey, refiriéndose a su persona, que usted, como presidente del Comité de Libertad de Prensa de la SIP, encontró buena la clausura de La Calle?.

- No es cierto. Aquí están las actas de Nueva Orleans, donde consta que el Comité tuvo conocimiento de la clausura (sin referirse al asalto policiaco, ni al destrozo material ni a la existencia de una orden judicial ordenando la devolución de los talleres. N. del A.) Consideramos que el caso había sido resuelto.

- Pues no solo no quedó resuelto- respondió LOR- sino que aún permanece clausurado ese diario. La policía continúa en el taller. Ahora mismo acabo de hablar con el que hace la guardia y me informó que no tenía orden de retirarse.

Y se agrega en la información:

"Jules Dubois manifestó que antes de iniciar la SIP sus reuniones en Cuba, se le había informado que la policía sería retirada. Por propia declaración del interesado conocía ahora la SIP que dicha promesa no había sido cumplida. Quedaron en posesión del Comité los documentos probatorios del proceso de clausura, muchas de cuyas anécdotas evidenciaban la coacción de las autoridades y quedó comisionado Raúl Alfonso Gonsé para evacuar la gestión oportuna en el Ministerio del Interior"

Hasta aquí la reproducción de la información publicada en la revista Bohemia.

"La Calle no pudo publicarse más durante la tiranía. No era posible que la dictadura permitiera la circulación de ese vocero de los intereses populares, de las ideas revolucionarias y símbolo del periodismo honesto, limpio e insobornable.

La censura, a través de las variadas formas ya descritas se aplicaban cada vez que alguien con buenas intenciones, pero escasa fortuna, se aventuraba a la "aventura" de fundar un periódico, revista mensual o semanario. El que esto escribe pretendió-idealista ante aquellas duras y terribles realidades- editar periódicos y revistas independientes, si ayuda oficial, ni cheques de Palacio, como "Actualidades", Alfa", "Oye", etc. Y perdió energía, dinero y paciencia.

Como dijo Fidel en 1955, antes de partir para México, en su artículo que debía publicarse en La Calle, el propio día de su clausura, titulado: "En Cuba ya no se puede vivir"..

Nociva influencia de las agencias noticiosas AP y UPI

Con respecto a la nociva influencia que ejercían sobre el estado de opinión de nuestro pueblo, las agencias noticiosas norteamericanas AP y UPI, esta se expresaba en la tergiversación de las informaciones así como ignorar aquellas que afectaban los intereses imperiales. Y a esto contribuían los propietarios de los grandes medios de difusión de entonces, particularmente la gran prensa, para mejor servir los comunes intereses de la oligarquía nacional y extranjera, la dictadura batistiana y la embajada yanqui.

Dentro de esta amalgama de mentiras y desinformación, se hacía presente el veneno permanente y reiterado del anticomunismo, en todas sus formas y matices. Esto se expresaba que la visión panorámica del mundo, que tenía gran parte de nuestro pueblo, terminaba en las fronteras de Estados Unidos. De ese país procedía cuanto consumíamos a la par que las ideas "made in USA". Nos imponían lo peor de su cultura a través de los "comics", películas, revistas, documentales cinematográficos e incontables folletos que nos permeaban con la idea de la maldad del indio y la generosidad del "cowboy" rubio y de ojos azules; de la indolencia del latino y la laboriosas del anglo-sajón; de la inferioridad del negro, en su eterno papel de esclavo, criado o chofer.

Rememoro la revista "Selecciones del Reader Digest", que se imprimía en los talleres Omega del Cerro, en La Habana para ser distribuida por miles de ejemplares, no solo en nuestro país, sino para su exportación a América Latina, particularmente Centroamérica y el Caribe. Parecería imposible sintetizar en tan poco espacio, en cada ejemplar, tal cúmulo de engaños y mentiras. Y sin embargo, para muchos cubanos tanto esta, como las revistas "Visión", "Life" y tantas otras, de amplia circulación en Cuba, eran publicaciones serias, objetivas y bien informadas (Labor de zapa que se incrementó a partir del triunfo de la Revolución, en campañas infames, plagadas de infundios. N. del E.)

Otra fuente de ganancia y engaño: las rifas y premios

La implementación de sistemas manipulados de rifas y premios constituía otra fuente de ganancias de la "libre", "democrática" y "representativa" gran prensa en Cuba. Cada empresa periodística se convertía de una forma u otra, era cuestión de imaginación competitiva, en un garito con ribetes de aparente legalidad. Los que más se destacaron en ese sentido eran "Prensa Libre" y "El País". Sus propietarios, Sergio Carbó y Alfredo Hornedo, respectivamente, estrechamente ligados por su desmedido afán de ganancias entraron en franca competencia con las firmas productores de jabones y las emisoras de radio y televisión, en la explotación de ese promisorio recurso.

En la feroz competencia cada cual ofrecía más y mejor. Se empezaron a ofertar simples artículos de consumo, aunque fuera del alcance de los consumidores más humildes, hasta automóviles y casas amuebladas hasta giras turísticas por Estados Unidos y Europa. Ofrecer costaba poco. Además, la mayoría de los artículos que se ofertaban, los obtenían gratuitamente, las empresas periodísticas, mediante contratos de publicidad. La papeleta para la rifa lo constituían los números de la suscripción.

Llegó un momento, propio de la competencia anárquica capitalista, que los lectores, arrastrados por la vorágine del azar y la desbordada publicidad, comenzaron a optar por otros planes de regalos. A los empresarios periodísticos no les inquietó como se enviciaba el pueblo en el juego, el envilecimiento de la labor periodística o que se vieran los diarios, más que como medio de información, como un medio para obtener, mediante el azar, algunos bienes materiales. En cambio, les atemorizó grandemente la disminución del número de suscripciones, de anunciantes y por tanto de las ganancias.

Producto de ello, los propietarios de diarios acordaron armonizar sus intereses. Surgió entonces el monopolio de las rifas periodísticas, que mediante un precio único, permitía a los suscriptores recibir todos los diarios, además de optar por atractivos premios. Constituyó realmente la época más brillante de nuestra gran prensa que hubiera podido compilarse en un solo y único periódico denominado "El Garito Ilustrado".

No se piense, por otra parte, que en esta vorágine de rifas y premios, se mantuvieron alejados, ni la revista "Bohemia" de Miguel Ángel Quevedo, de tortuosa y cambiante línea editorial, ni incluso el circunspecto y monasterial "Diario de la Marina", de infame tradición anticubana. Ambos se apresuraron a incorporarse, ya sin antifaces clericales y demagógicos, en aquella común empresa, en aquel pantano preñado de anti valores, de una época que no volverá a repetirse jamás en nuestra patria.

Las llamadas "ediciones especiales": otra fuente de lucro.

Otra fuente alternativa de obtener más ganancias lo constituían las llamadas "ediciones especiales", tan utilizadas por los periódicos de entonces. Lo mismo servía un 20 de mayo, que un 10 de octubre o un 24 de febrero, dado que así tarifaba las fechas patrias, que las festividades de fin de año, o la propaganda de los organismos gubernamentales.

Regularmente cada Ministerio, con la autorización del Presidente de la República, contrataba 8 ó 10 páginas. En ellas los ministros de cada ramo, asesorados por sus especialistas, propagandizaban sus planes y proyectos, que en definitiva nunca cumplían. De dimensiones gigantescas, a toda plana, donde aparecía la fotografía del ministro en su despacho, atareado entre documentos y planos y aún en mayor tamaño, la del dictador Batista, sonriente y beatífico. Eran ediciones soporíferas que nadie leía, pero como otro medio de soborno, representaban cuantiosas ganancias para los periódicos y revistas. Constituía una genuina escenificación del "pacto de los bribones",

Este lucrativo y pernicioso sistema no era creación cubana. Era en realidad una copia de los empleados con regularidad en la mercantilizada prensa norteamericana, particularmente en momentos de campañas electorales propios o subvencionadas por gobiernos latinoamericanos. Los sátrapas latinoamericanos, necesitados de mejorar su imagen y en sus antológicos delirios de grandeza, invertían cuantiosas sumas en la prensa norteamericana para propagandizar su figura y su obra de gobierno. Ejemplos típicos:

Rafael Leónidas Trujillo, el dictador dominicano, invertía anualmente cientos de miles de dólares, utilizando ese sistema, al igual que el propio Fulgencio Batista, particularmente en 1937, cuando como jefe de Ejército, tras el movimiento del 4 de septiembre de 1933, era el poder real tras el trono, ocupado entonces por su testaferro Federico Laredo Brú, pero que aspiraba a ser candidato a la presidencia. Aspiración solo lograda en 1940, mediante "pucherazos" y "trapisondas".

El 21 de noviembre de 1937, el influyente "New York Herald Tribune" dedicó una sección, el número XII, de 40 páginas, pagadas por el gobierno cubano, con el dinero del pueblo, una apología a Batista. La sección la titularon cínicamente: "Cuba de hoy, tierra de paz y progreso". Y encabezaron el trabajo que había sido recopilado por un aventurero publicitario llamado Lawrence de Besault, con el siguiente dedicatoria:

"Esta sección, dedicada al gobierno y a la industria de Cuba, ha sido redactada y presentada por amigos de Cuba".

Ya en ese entonces, Fulgencio Batista, como jefe del ejército, con el poder omnímodo de las armas, ponía y quitaba presidentes a su antojo, tenía un largo historial de abusos y crímenes contra la población, los sindicatos y sus opositores políticos; y había reprimido de forma brutal y sangrienta a los trabajadores participantes en la frustrada huelga de marzo de 1935.

Los periodistas

Inevitablemente, todo lo anteriormente reseñado, tuvo y es natural que así sucediese, su reflejo en la labor de los periodistas, su economía y en general su actitud de acomodo ante las circunstancias y el contexto histórico en que se insertaron.

Salvo algunos periodistas privilegiados por sus vínculos familiares, políticos o de lacayismo con los propietarios de diarios, la gran mayoría tenía que enfrentarse a un ambiente hostil y someterse a las condiciones que se les imponían.

En la época que valoramos (1952-1958. N. del E.) el salario promedio de un periodista de cualquier categoría, era, por Resolución del Ministerio de Trabajo, de solo 16 pesos semanales, aunque tuviese que desenvolverse en un ambiente de traje, cuello y corbata. Asimismo, como tantos otros sectores laborales, carecía de organismos con suficiente influencia para lograr una mejoría en su situación económica y condiciones de trabajo. Fueron entonces los propios dueños de periódicos los que propiciaron la corrupción de parte de este sector profesional, que apenas si ganaba para sobrevivir.

Para ahorrarse reclamaciones de aumentos salariales, y sin ruborizarse por ello, les proponían a los periodistas la siguiente fórmula:

"Te voy a destacar en tal ministerio. Consíguete dos puestos, uno para la empresa y otro para ti. Si necesitas una ayudita con el Ministro, me avisas".

Se había colocado el clásico y afilado cuchillo pirata entre los dientes del periodista. De su audacia o habilidad, dependía que los dos puestos o "botellas" se transformasen en cuatro o cinco plazas, o cheques. Lo que obligaba a aquel periodista, que comenzaba a dejar de serlo, a entrar en conciliábulo deshonesto con el propietario del diario en que trabajaba

¿Las noticias?. Quedaban relegadas a un segundo plano. En cada organismo había un local que ostentaba en la puerta el clásico cartelito: Buró de prensa. De allí salían elaborados oficialmente las informaciones elaboradas oficialmente y a conveniencia del ministro. Los mensajeros llevaban la información a las redacciones y los reporteros destacados en ese sector, a veces ni veían el contenido de los sobres. Existían naturalmente las lógicas excepciones. Pero ese periodista, que quería éticamente seguir siéndolo, no progresaba en dicho ambiente, ni llegaba nunca a tener automóvil ni una vida decorosa. De qué le valía obtener noticias de interés popular, que casi siempre iban contra los intereses de la empresa y que podían disgustar al ministro, si en definitiva el director las "engavetaba".

Enfrentados a esta situación, que lo presionaba diariamente, el verdadero periodista no tenía otro camino para subsistir, que aceptar todo aquello o cambiar de profesión. No debemos olvidar que a los dueños de diarios o noticieros radiales y de televisión, les interesaba más "el periodista de carné" que agenciaba cheques, que aquel que cumplía su deber buscando noticias.

Con el triunfo de la Revolución, la inmoralidad de las "botellas" se esfumó de los ministerios; los antiguos propietarios emigraron al paraíso imperialista, al amparo de la SIP; los aventureros se encontraron sin su base de sustentación, y los que ejercían la profesión, como incondicionales de los amos de la prensa, los siguieron al exilio o cambiaron de profesión discretamente. Porque en la nueva etapa que se iniciaba, había que saber escribir y esa disciplina académica, no la habían ejercido nunca.

El triste legado del "Diario de la Marina"

Hace algunos años la Sociedad Interamericana de Prensa otorgó el título de "Héroe de la prensa libre" a uno de los más caracterizados personajillos del periodismo continental, al que fuera el último director, por derecho de apellido y herencia, José Ignacio Rivero, hijo de "Pepín" Rivero y nieto de Nicolás Rivero, Conde Rivero, por orden y gracia de la corona española, en premio a sus altos servicios a la monarquía española, en la etapa colonial.

Este periódico ¿cubano? tiene una vasta historia, plena de ignominia. El mismo se convirtió, desde su aparición en 1832 (único mal que ha durado cien años) en el vocero, durante la colonia, de los traficantes de esclavos; de las firmas de monopolios ingleses y españoles que extorsionaban al pueblo cubano; de apoyo incondicional a los represivos capitanes generales que nos enviaba la metrópoli.

Cuando se produjo el alzamiento en La Demajagua, región de Manzanillo, el 10 de octubre de 1868, del rico hacendado y patriota, Carlos Manuel de Céspedes y un grupo de valerosos criollos, incluidos un grupo de esclavos recién liberados por éste, el Diario de la Marina, publicaba en sus páginas:

"…En relación con los sucesos ocurridos en la provincia oriental, hoy tenemos que agregar un hecho que merece la general aprobación. Los bandidos- desde ahora hay que llamarlos así- llegaron a un pequeño ingenio y lo redujeron a cenizas.. No hemos podido averiguar lo que pretenden los insurrectos de Yara, pero el salvaje acto que acabamos de referir, es bastante por sí para colocarlos entre los más peligrosos malhechores"

Así identificaba este diario a los mambises que ya estaban aportando su sangre a la independencia de Cuba, así sirvió desde entonces a los intereses del pueblo cubano.

Cuando nuestro bien llamado Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, cayó heroicamente en desigual enfrentamiento contra tropas españolas, en su obligado retiro de San Lorenzo, en plena Sierra Maestra, el Diario de la Marina publicaba:

"Carlos Manuel de Céspedes es el responsable ante Dios y ante la humanidad, de toda la sangre y de todas las lágrimas que se han derramado en esta tierra, desde el funesto 10 de octubre de 1868"

Nunca este diario calificó de funesta la Enmienda Platt, impuesta a nuestro pueblo por los interventores yanquis, desde 1901 y que origino el nacimiento el 20 de mayo de 1902, de una república dependiente y sometida a los intereses foráneos, como tampoco calificó así las dos etapas de desgobierno de Batista (1933-1944 y 1952.1958) durante las cuales se entronizó el asesinato de nuestra juventud, la corrupción y el lacayismo ante los intereses norteamericanos ¿cómo iba a hacerlo?.

Cuando los, voluntarios españoles, embriagados de alcohol y odio, fusilaron en noviembre de 1871, a ocho inocentes estudiantes de medicina, acusados de profanar la tumba de un reaccionario periodista español (acusación más que probada históricamente de su falsedad) y crimen horrible que aún indigna a nuestro pueblo y que recuerda en cada nuevo aniversario, el Diario de la Marina valoraba:

"Con una indignación solo comparable a lo infame del atentado, hemos sabido de la sacrílega profanación que se ha efectuado en el antiguo cementerio: unos miserables han roto los cristales que cubrían las lápidas de los nichos que guardaban los restos de Don Gonzalo de Castañón. Ni valor ni nobleza pueden tener los que profanan las sepulturas, los que no respetan los inanimados restos del que asesinó un plomo traidor del que presentó su pecho al hierro enemigo en el combate (se refiere a que éste muere en duelo con una persona víctima de sus infamias. N. del E.). La justicia tiene el deber de castigar a los culpables. Y un Consejo de Guerra, compuesto del doble número de capitanes, mitad pertenecientes al ejército y mitad a los voluntarios, impondrá la pena que merecen, a los perpetradores del delito. La moral los condena, la historia los llamará asquerosas hienas".

¡Terrible epíteto que otorga el Diario de la Marina a los 8 inocentes víctimas!

Pero que pensar de este diario, que tantas infamias lanzó contra la Revolución Cubana en sus primeros años, cuando publica jubiloso, tras la caída en combate del Apóstol José Martí, gigante del pensamiento y la acción revolucionaria, que siempre proclamó la diferencia entre el pueblo español y su gobierno:

"Dios le perdone a Martí el mal que ha hecho a su país, las numerosas vidas inocentes que se han inmolado por su culpa, el luto que ha causado en innumerables familias y la miseria que han causado sus locas predicaciones y sus tenebrosos manejos. Séale la tierra tan ligera como él lo fue de cascos".

Así con esa desfachatez calificaba el periódico anticubano a nuestro Héroe Nacional, al igual que a los soldados del Ejército Libertador, que seguían las prédicas martianas y ofrendaban su sangre generosa, portadores de los ideales de Bolívar, Artigas, San Martín y de Hidalgo.

Al respecto el Diario de la Marina valoraba:

"…¿Cómo dejar de calificarlos de facinerosos, cuando todos los que en la Revolución figuran, así en la manigua como en los Estados Unidos, no son ya otra cosa sino criminales escapados de la vigilancia de las autoridades españolas?...La guerra de bandoleros que mantienen las hordas de la rebelión, no puede ser manifestación heroica de ningún ideal político".

Ejemplos como estos pudieran citarse muchos. Y si damos un salto en la historia y nos situamos en la república dependiente (1902-1958), nos encontramos al propio diario sirviendo siempre los intereses de las oligarquías nacionales y extranjeras; a los gobernantes yanquis que hollaron nuestro suelo en sus dos intervenciones (1899-1902 y 1906-1909); a los grandes bloques financieros que succionaban nuestras riquezas; a los hacendados azucareros que exprimían, junto con la caña, a los humildes trabajadores que la cosechaban, cortaban y procesaban en los centrales; a los latifundistas, expoliadores del trabajo de los campesinos arrendatarios, aparceros y precaristas; a los gobiernos corruptos que imperaron en la seudo república, y para colmo, a las sangrientas tiranías de Gerardo Machado (1925-1933) y de Fulgencio Batista (1033-1944 y 1952-1958).

Era el mismo diario que desde el propio triunfo de la Revolución, inició una campaña sistemática de descrédito contra toda medida que adoptase el proceso revolucionario en beneficio del pueblo, como la Primera Reforma Agraria, la Reforma Urbana, la Recuperación de Bienes Malversados, la nacionalización de industrias, la Rebaja de Alquileres,etc...

Pero este no era el único. En similares circunstancias desde el triunfo de la Revolución, lo acompañaron en sus diatribas y campañas de falsedades, "Avance", "Información", "El Mundo", "El País-Excélsior" y otros. A ninguna de estas publicaciones le fue aplicado decreto alguno de censura. Solo tras el abandono del país por sus propietarios, sus locales y talleres resultaron confiscados y desaparecieron como publicaciones, surgiendo otras nuevas.

En 1965 ve la luz pública el diario "Granma" producto de la fusión voluntaria de los periódicos "Hoy" (órgano del Partido Socialista Popular) y "Revolución" (órgano del movimiento 26 de Julio). El periódico "La Calle" que inicia su tercera etapa en julio de 1959, se transforma posteriormente en "La Tarde" y este a su vez en "Juventud Rebelde" La revista Bohemia, ya centenaria, mantiene su publicación, pero bajo nueva dirección, tras su marcha voluntaria al exilio de su impredecible director, Miguel Ángel Quevedo- El periódico "El Mundo", ya en manos de sus trabajadores, tras la marcha al exilio de su propietario, continuó editándose después de 1959, hasta su definitiva desaparición, tras medio siglo de existencia, tras la necesaria reestructuración de los medios de prensa.

No debemos concluir sin hacer referencia un párrafo de un discurso de Fidel Castro, en que éste expresa:

"La libertad burguesa de prensa es la libertad de los ricos a ser propietarios de la mayor parte de los medios de difusión del pensamiento, de los que se valen para defender sus intereses de clase frente a los explotados. Es en cambio, la falta de libertad de los pobres y desposeídos para disponer de tales instrumentos, que implican inversiones cada vez más fabulosas, como no sea dentro de límites muy estrechos y cuantitativamente inferior, sin comparación posible con los medios de que disponen sus ricos explotadores".


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