BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

RECUERDOS NO OLVIDADOS. MEMORIAS Y TESTIMONIOS PERIODÍSTICOS

Raúl Quintana Pérez




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EL 9 DE ABRIL: UN DISCO SUBVERSIVO

Esta breve conversación se produjo alrededor de las 10 de la mañana o poco después con el compañero Paquito Villalta. Militante del Movimiento 26 de Julio y operador de audio de la emisora Circuito Nacional Cubano, en la que yo laboraba como director de los noticieros, el 9 de abril de 1958

- Quintana, tengo que comunicarte algo muy importante y cuento con tu ayuda para cumplir la misión que me ha encomendado el Movimiento 26 de Julio, ¿estás dispuesto a colaborar con todos los riesgos que pueda representar?

- Habla. Si es una acción del 26 cuenta conmigo.

- Tengo la misión de poner en el aire un disco con un llamamiento a la huelga general, hoy, a las 11 de la mañana. La exhortación al pueblo es precedida por la pieza musical “Marcelino pan y vino” que tu conoces. Eso me dará tiempo a cerrar la cabina, desaparecer la llave y marcharme. El resto corre de tu cuenta.

- ¿Y Eddy Martin que es el locutor de cabina?

- Está de acuerdo y se marchará conmigo. Ya sabes, cuando sean las 11 en punto y oigas los compases musicales, ya sabes que detrás viene el llamamiento a la huelga y Eddy y yo nos marchamos, ¿convenido?

- Convenido.

Ante esa eventualidad me tracé un plan para tratar de despistar a la policía de la dictadura. Yo simularía un asalto a la emisora, entonces ubicada en el sótano del edificio de dos plantas sito en la calle O entre 23 y Humboldt, Vedado.

Efectivamente, tal como fue planeado, a las once la mañana Paquito colocó el disco, cerró la cabina con llave y junto con Eddy Martín, salieron precipitadamente de la emisora, haciéndome ambos un ligero saludo con la mano.

Alrededor de unos segundos estuvo en el aire la música señalada y a continuación, en la vibrante voz del compañero Wilfredo Rodríguez Cárdenas, se escuchaba el siguiente llamamiento a la huelga general contra la tiranía de Batista:

“¡Atención cubanos…!¡Atención cubanos…! ¡Es el 26 de Julio llamando a la huelga general revolucionaria. Hoy es el día de la libertad: el día de la huelga general revolucionaria.

¡Adelante cubanos…! Desde este momento comienza en toda Cuba la lucha final, que solo terminara con el derrocamiento de la dictadura.

¡Obreros…estudiantes…profesionales….patronos…a la huelga general desde este momento….! Soldados…policías…marinos…a luchar junto al pueblo, a conquistar la libertad!

¡Pueblo, a la calle! Lanza cocteles molotov, obstruye el tránsito, celebra mítines relámpago.

¡A la huelga general desde este momento!¡Seis años de lucha culminan ya en victoria!¡A la calle pueblo de Cuba, a conquistar la libertad!

Cuando el monitor interno de la emisora comenzó a reproducir el histórico llamado a la rebeldía popular, que ya estaba llegando a todo el país por la cadena nacional de la planta y sus repetidores provinciales, se produjo entre los empleados una tremenda agitación y una inquietud muy lógica, pues ignoraban lo que estaba pasando.

Habían observado además con evidente sorpresa, segundos antes, la salida precipitada de Paquito Villalta y Eddy Martín con rumbo a la calle. Inmediatamente reuní al personal y les comuniqué lo que debían informar a la policía que no tardaría mucho.

- Es preciso para el bien de todos y para salvar a Paquito y Eddy - les dije - que todos coincidan en afirmar que 3 o 4 jóvenes, desconocidos para nosotros y armados, se presentaron aquí. Mientras uno amenazaba con una pistola ametralladora a cuantos se hallaban en el lobby. Los otros pasaron al interior a poner el disco.

- ¿Y si preguntasen por Paquito y Eddy que decimos? - preguntó la recepcionista Teresita González.

- Digan que se los llevaron con ellos secuestrados, cuando se retiraron. ¡No puede haber contradicciones!, ¿estamos?

Poco después llegó Sotolongo, jefe de Publicidad y Programación de la emisora y junto con otros empleados, se dirigió al control maestro para retirar el disco que seguía lanzando al éter su mensaje. Pero la cabina estaba cerrada.

- ¿Quién tiene la llave?- gritó en medio de un gran revuelo.

- Parece que se la llevaron los asaltantes - dijo uno.

- Yo creo que la tiraron por ahí - apuntó otro.

Búsqueda inútil. Y en tanto el llamamiento seguía difundiéndose por toda la isla.

Al fin se decidió romper la cerradura y se detuvo la transmisión. La misión dispuesta por el 26 de Julio se había cumplido.

No habían transcurrido 15 o 20 minutos cuando irrumpió en la emisora, con cara hosca, gestos violentos y agitando una fusta en la mano derecha, el capitán Peñate, jefe de la Novena Estación de Policía y subordinado directo al connotado asesino, coronel Esteban Ventura Novo. Lo escoltaban un sargento y varios uniformados portando ametralladoras.

- ¿Quién es aquí el responsable?- gritaba con voz alterada el jefe policiaco.

- Soy yo, capitán. El director de los noticieros- le respondí.

¿Dónde están los que hablaron por aquí llamando a la huelga?

- Se marcharon enseguida que pusieron el disco. Eran varios jóvenes, a los que no conozco, que portaban pistolas y amenazaron a los empleados. Puede usted preguntar a los compañeros que se encontraban aquí en ese momento.

- Y el operador y el locutor, ¿que hicieron y dónde están?

- Se los llevaron con ellos, al parecer bajo amenaza de sus armas. No sabemos que han hecho con ellos.

Todos los presentes asintieron sin vacilación.

No estoy seguro si aquel oficial policiaco de larga trayectoria criminal, creyó o no mi relato. No puedo precisar a cuantos argumentos apelamos, tratando todos de mantenernos lo más serenos posibles. Pero alfil pareció aceptar nuestra versión y se retiró mascullando maldiciones junto con su escolta de uniformados.

Como la situación de Paquito era la más comprometida recibió la orden de ir al exilio y marchó a Venezuela.

Pero dejemos que sea el propio Paco Villalta quien nos relate sus angustias de aquellos días.

“Mis primeros pasos en el proceso insurreccional fueron en la Triple A (grupo de acción de tendencia auténtica que respondía al ex presidente Carlos Prío Socarrás, derrocado por Batista. N. del E.), en el empeño de contribuir a organizar al personal de la radio en las actividades contra la tiranía de Batista. Al surgir el Movimiento 26 de Julio pasé a sus filas y me dispuse a organizar con Armando León Acosta, una célula en la emisora Circuito Nacional Cubano, de cuyos noticieros tú eras, Quintana, el director. En Radio Cadena Habana organizamos otra célula más pequeña.

Ya en lo que se refiere a los preparativos para la huelga revolucionaria del 9 de abril de 1958, celebramos numerosas reuniones. Yo actuaba directamente con Sergio González, El Curita, Manif, Calzadilla, Montenegro, Astiazarraín y otros compañeros.

Al ser asesinado El Curita y caer presos todos los compañeros de nuestra célula, yo trabajaba directamente con Wilfredo Rodríguez Cárdenas, de la Dirección Nacional del Movimiento y nos reunimos en distintas ocasiones en el edificio de 23 y N, en el Vedado, donde existe un banco.

El 8 de abril nos reunimos nuevamente en la Cibeles, para conocer la hora en que debía iniciarse la huelga, ya señalada para el día 9 de abril. En horas de la noche, ya en la víspera, me llamaron, me llevaron el disco con la arenga al pueblo en la voz de Wilfredo y me dijeron que debía lanzarse al aire por el Circuito Nacional Cubano a las 11 en punto de la mañana de ese día. Llevé el disco para mi casa y como yo abría a las 5 de la mañana las transmisiones, lo llevé conmigo y lo oculté en un testero de la cabina, En un chequeo que hice, pude percatarme que en el parqueo aledaño a la planta, estaba parqueado un carro del Servicio de la Inteligencia Militar *SIM (de la dictadura. Y en el piso superior habían situado un policía, en las oficinas de un personero del gobierno: Rafael Díaz Balart. Estábamos pues cercados y era necesario extremar las precauciones”.

Paquito Villalta continúa su relato:

“El locutor de guardia era Eddy Martin que ya estaba avisado. Le informé que ya tenía en mi poner el disco. Faltaban algunos minutos para las once y me dijo de ir a verte. Y entonces discutimos contigo lo que iba a hacerse y en que forma, para garantizar el éxito de la acción. Le dije a Eddy que tan pronto yo me dispusiera a hacer el cambio de programa, el situara su carro frente a la emisora en la calle O, con el motor encendido... Te digo que la tensión era violenta. Él bajó y me esperó en el carro”.

Y arenga:

“Pero siempre ocurre lo imprevisto. En el mismo momento de colocar el disco en el plato, entró en la cabina inesperadamente otro operador de la planta, al que llamábamos el chino Wong. Le dije el pro que estaba allí si no era su turno. Y me respondió que estaba descansando. Entonces lo agarré por el brazo para llevármelo conmigo para que no se frustrara la acción. Previamente, con la idea de que no se pudiera abrir la puerta de la cabina con la llave maestra que estaba en la recepción, corté la cabeza a varios fósforos y los introduje en la cerradura. Eran las 11 en punto, puse el disco y salí corriendo con Wong de la mano y me introduje en el auto de Eddy y partimos a gran velocidad. En el radio del carro oímos la primera parte de la arenga. Yo me bajé en San Rafael e Infanta y Eddy Martín y Wong siguieron viaje”.

- ¿Conocías Paquito de algunos planes a desarrollar, posteriores a la transmisión del disco?

“Sí, teníamos orientaciones de que los compañeros del Movimiento iban a asaltar varias estaciones de policía, tomar a los guardias de rehenes y ocupar las armas disponibles para dirigirse a la Habana Vieja donde se proyectaba una operación”.

Y continúa su relato:

“De la Calzada de Infanta me encaminé a la Tercera Estación de policía, en Dragones y Zulueta, pero no vi. movimiento alguno de los revolucionarios y si a un grupo de esbirros de salían vestidos de civil y tripularon varios autos en zafarrancho de combate. No se producía acción alguna en esa hora 0- Me sentí un tanto defraudado, pues ignoraba las causas y lo que estaba ocurriendo. Di veinte vueltas por La Habana y no veían acción alguna revolucionaria, ni a los compañeros del 26, comprometidos. Después me enteré que Wilfredo y otros compañeros habían sido detenidos. Me refugié en casa de un amigo, Aurelio Rubí, que me había ofrecido su casa como refugio en caso de necesidad. En ella permanecí hasta el día 19 de abril, en que me trasladé a la Embajada del Paraguay, en calidad de exilado, por gestiones del doctor Manolo Fernández Sarzana. De Radio Cadena Habana”.

- No era esa embajada la más idónea para asilar aun revolucionario- le interrumpí.

“Cierto - me respondió - pero era lo único que tenía. En tanto mi casa fue registrada en múltiples ocasiones por las gentes del criminal coronel Esteban Ventura y mi esposa e hija, hostigadas día y noche, obligándolas a pernoctar en casas de amigos y parientes. Hay algo curioso que quiero contarte para que se comprenda la actuación de los politiqueros de entonces.

Polita, una sobrina del ex presidente Ramón Grau San Martín, trató de ayuda a mi esposa, utilizando la influencia de su tío. Sin embargo, poco después la propia Polita le dijo a mi esposa:

.- No te preocupes de mi tío, ni esperes nada de él. Es un farsante y te quiere usar para sus rejuegos políticos”

Posteriormente Paquito, comprendió que marchar a Paraguay era dejar una tiranía para entrar en otra, entonces regido ese país por el dictador Strossner, logró asilarse en la embajada de Venezuela, donde después de otras tantas dificultades económicas, logró que se le unieran su esposa e hija. Ya triunfante la Revolución arribó a Cuba, junto con otros compañeros, gracias a gestiones del doctor Alvarado, que tenía vínculos con un piloto de una empresa privada.

En cuanto a la odisea vivida por Eddy Martín, otro de los principales protagonistas del hecho que relatamos, este rememora:

“Preparando la fuga, yo salí antes de la emisora y sitúa el carro mío, que lo tenía en el parqueo contiguo, frente a la planta en la calle 0. Cuando se puso el disco salimos Paquito y yo con rumbo a mi auto. Allí estaba sentado ya el compañero Ruiz, conocido como el chino Wong y que debía sustituir a Paquito en el próximo turno”.

- ¿Tenías algo previsto para ocultarte en caso necesario? - le pregunté.

- En lo absoluto. Nada estaba previsto. Dejé el carro en un garaje, donde yo generalmente lo reparaba y le pedí al empleado me lo guardara por varios días. Durante dos días y sus noches permanecí en casas de algunos familiares, cambiando continuamente de un lugar a otro, pues me habían informado que agentes del Buró de Investigaciones, nos buscaban a Paquito y a mí como responsables de la acción. Es bueno admitir que la mayoría de los amigos a los que acudí, temerosos, cooperaban de momento, pero luego empezaban a oponer dificultades…”

- ¿No hubo posibilidades de asilarte en una embajada?

- Dos días después, carente de todo contacto, acudí a ver a Rubén Rodríguez, cronista y narrador deportivo, quien me ofreció de inmediato su casa. Allí tuve refugio tranquilizador Esa actitud de Rubén se la agradecí siempre. Respecto a tu pregunta, Quintana, si, se realizaron algunas gestiones para asilarme. Santiestebam el locutor, al que llamamos cordialmente “El Guajiro", se prestó a ello, pero sin resultado.

-En definitiva, ¿Cómo caíste en manos de la policía?

- La situación se me hacía insostenible. Mi esposa embarazada, temiendo represalias contra ella, la oculté en casa de unos parientes. Posteriormente se me acercaron familiares y amigos que me hicieron ver que en cualquier momento se podían detener los esbirros del Buró de Investigaciones o del SIM, y no se podía prever lo que ocurriría. Me garantizaron contactos oficiales que tenían, de que si me presentaba, al menos me garantizaban no recibir golpizas ni torturas. Al principio me opuse reiteradamente. Pero al final, sin los contactos necesarios tuve que transigir. Me llevaron el Buró de Investigaciones y posteriormente ala Octava y Novena Estación de Policía, feudo de Esteban Ventura. Debo reconocer que no resulté víctima de malos tratos, aunque si de insultos.

- Y del juicio, ¿qué puedes decirnos?

- Luego de ser interrogado personalmente por Ventura, teniendo a mis espaldas a su cohorte de asesinos, éste mandó levantar un acta y remitirme al Castillo del Príncipe. Allí permanecí más de dos meses en espera del juicio.

Al renunciar al abogado defensor que se me asignó, observó sentado entre los abogados al doctor Sergio Velásquez, a quien valoró además como periodista de reconocido prestigio y en quien depositó su confianza.

Y sin consultar con él, redijo a los magistrados:

- Me defenderá entonces el doctor José Ignacio Velásquez, aquí presente en la sala.

Éste acercándoseme me dijo:

- Eddy pero si yo no conozco nada de tu caso.

. No importa - le respondí - escucha mi declaración y actúa en consecuencia.

Y agrega:

- Y así fue. Él resultó testigo de la versión reiterada que ofrecí. Efectivamente, el tribunal luego de deliberar acordó mi absolución por falta de pruebas. Eso es todo, Quintana. Resta es la historia verdadera de aquel episodio en cuanto a mi juicio.

En definitiva por falta de coordinación y algunas órdenes contradictorias o mal entendidas, la huelga general del 9 de abril no logró sus objetivos fundamentales, aunque si representó un duro golpe para la tiranía, al mismo tiempo que una dolorosa lección para los revolucionarios que sufrieron sensibles bajas de valiosos y heroicos combatientes.

Pero el análisis de esta acción, que tuvo significativa repercusión en toda la isla, no corresponde al autor de estas memorias.


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