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LA INGENIERÍA AMBIENTAL COMO EJE DEFENSOR DE LA SOSTENIBILIDAD ECONÓMICA AGROINDUSTRIAL

José Rafael Ramos Chunga




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Monitoreo ambiental

El Sistema Integral de Monitoreo Ambiental (SIMA) inició su operación en noviembre de 1992 con la finalidad de contar con información continua y fidedigna de los niveles de contaminación ambiental en el AMM. Cuenta con una red formada por cinco estaciones de monitoreo ambiental fijas situadas en las zonas sureste, noreste, centro, noroeste y suroeste del área metropolitana, cinco muestreadores de alto volumen y dos unidades de monitoreo ambiental móvil.

Con esta infraestructura es posible reportar diariamente las condiciones de contaminación atmosférica mediante el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire (IMECA), que es una función de transformación de las concentraciones de los contaminantes. Asimismo dos unidades móviles de monitoreo ambiental permiten llevar a cabo actividades de inspección, vigilancia y diagnóstico.

Actualmente es posible monitorear Partículas Menores a 2.5 y 10 Micras (PM-2.5 y PM-10), Óxidos de Nitrógeno (NOx), Ozono (O3), Dióxido de Azufre (SO2) y Monóxido de Carbono (CO).

Los parámetros meteorológicos medidos son: dirección y velocidad de viento, temperatura, radiación solar, presión atmosférica y precipitación.

Para poder interpretar los datos de calidad del aire en el AMM, es necesario realizar análisis en donde se presenten las violaciones a las normas ambientales. El estudio de la distribución de los diferentes contaminantes por zonas y por periodos, así como su evolución diaria, es primordial para conocer su comportamiento. En la tabla se muestran los valores límite de los contaminantes arriba mencionados de acuerdo a las normas de calidad del aire vigentes.

Las partículas menores a 10 micras han presentado más días sobre la norma ambiental que cualquier otro contaminante. Las zonas donde las frecuencias de violaciones a la norma por partículas son mayores, son las localizadas al poniente del área metropolitana. En el periodo de 1993 a 2004 la zona suroeste presentó 508 días sobre la norma, seguida por la zona noroeste con 422 días con violación a la norma de las PM-10. En la grafica se muestra el número total de días sobre la norma de PM-10 por zona.

Las partículas menores a 10 micras se presentan con mayores índices de contaminación en los meses de invierno debido a que las condiciones meteorológicas favorecen el acumulamiento de los contaminantes. Los episodios de altas concentraciones de este contaminante ocurren especialmente cuando la dirección del viento cambia de su habitual este-oeste, a una dirección norte-sur, lo que sucede comúnmente durante los meses fríos. Además de las condiciones meteorológicas, el impacto de las fuentes de partículas localizadas al poniente del área metropolitana y el impacto de la erosión del viento en el área norte (que se caracteriza por ser una zona más árida) contribuyen al aumento en las concentraciones. En el transcurso del día las mayores concentraciones de PM-10 ocurren entre las 8:00 y las 16:00 horas, periodo de mayor actividad en la ciudad.

El ozono es el segundo contaminante en frecuencias de violaciones a la norma ambiental con 225 días sobre la norma ambiental durante el periodo comprendido entre 1993 y 2004. Los meses de verano y de otoño son los propicios para la formación de este contaminante en la atmósfera el cual ha presentado valores sobre la norma ambiental principalmente en la zona suroeste, debido a la transportación de los contaminantes hacia el Oeste. La siguiente Figura muestra el número total de días sobre la norma de ozono por zona.

Número de Días Totales sobre la Norma de Ozono

El monóxido de carbono ha presentado dos días sobre la norma en el periodo 1993-2002. En la zona centro los índices de este contaminante son los más altos debido a que es un área de elevado tráfico vehicular, sin embargo no se han detectado en esta zona concentraciones por encima de la norma ambiental.

El dióxido de nitrógeno presenta violaciones a la norma ambiental principalmente en la zona centro. El dióxido de azufre no ha presentado concentraciones por encima de la norma ambiental, pero sí se ha identificado la zona noreste como la que registra los mayores índices de este contaminante. La zona centro le sigue en cuanto a los niveles de concentraciones.

Verificación Vehicular

El programa de verificación vehicular se estableció en 1991 con el objetivo de prevenir y controlar las emisiones contaminantes provenientes de vehículos automotores en circulación a fin de mejorar la calidad del aire del AMM. Se trataba básicamente de un sistema centralizado operado bajo contrato en el cual el Gobierno de Nuevo León otorgó –como resultado de la convocatoria pública realizada– la autorización a una empresa para realizar la medición y verificación de las emisiones contaminantes provenientes de los vehículos utomotores. Para ello se establecieron nueve centros de verificación vehicular ubicados estratégicamente, con un mínimo de cuatro módulos de analizadores de gases con capacidad para verificar hasta 800 vehículos por centro al día. Además se disponía de cuatro unidades móviles que eran enviadas a las terminales de rutas urbanas y empresas con flotilla vehicular. Desde el inicio del programa se estableció la obligatoriedad de dos verificaciones al año (una por semestre) para todo tipo de vehículos. En el año 1996 autoridades estatales y municipales celebraron un acuerdo para modificar y actualizar el programa de manera que se estableció una verificación anual para vehículos de uso particular y verificaciones semestrales para vehículos de uso intensivo. El acuerdo establecía que las autoridades municipales, a través de las Direcciones de Tránsito, solicitarían a los propietarios o poseedores de vehículos el cumplimiento de la verificación vehicular. Asimismo los municipios de García, Juárez y Cadereyta Jiménez se integraron al programa.

Sin embargo, el Programa de Verificación Vehicular concluyó en junio de 1998, a causa de problemas que iban desde lo operativo hasta lo político. Los centros de verificación dejaron de operar debido a la baja afluencia vehicular que registraron durante los últimos años de su funcionamiento. Hasta la fecha, aunque la verificación vehicular es un método habitual en gran parte de las ciudades de la República, para la prevención de la contaminación a la atmósfera,

Monterrey y su área metropolitana carecen de una acción concreta en dicho sentido.

Actualmente la Agencia opera una unidad de sensor remoto para el monitoreo de las emisiones provenientes del escape de los vehículos automotores. Este equipo consiste básicamente en dos sistemas instalados en una unidad móvil: uno para monitoreo de las emisiones de Monóxido de Carbono, Hidrocarburos, Óxidos de Nitrógeno y Opacidad de los vehículos en circulación, y otro que es un sistema de video que permite identificar al vehículo con una cámara sensora de tráfico para realizar aforos vehiculares.

Inventario de Emisiones

En 1995 la entonces Subsecretaría de Ecología inició las labores necesarias a fin de integrar un inventario preliminar de emisiones a la atmósfera para el AMM, como instrumento estratégico para el manejo de la cuenca atmosférica. Los estudios que condujeron a la confección de este inventario fueron desarrollados por expertos nacionales y extranjeros con fondos aportados por el Banco Mundial.

Los resultados del estudio estimaron que las emisiones de partículas suspendidas totales al año son de 36,080 a 61,110 toneladas, mientras que de partículas menores a 10 micras son de 5,330 a 8,980 toneladas. Las fuentes de emisiones que más aportan son la molienda y tamizado de la materia prima, la transportación, manejo del material y tránsito vehicular, las bandas transportadoras y las caídas de material.

Se concluyó que las fuentes industriales emiten por año 98,772 toneladas de partículas menores a 10 micras, 60,432 toneladas de óxidos de nitrógeno, 100,776 toneladas de bióxido de azufre, 28,836 toneladas de monóxido de carbono y 20,280 toneladas de hidrocarburos.

Las emisiones por suspensión de partículas ocurren cuando los vehículos transitan sobre calles pavimentadas o no pavimentadas. Para realizar la estimación de estas emisiones se tomaron en cuenta los datos existentes de los kilómetros viajados por automóviles y autobuses en calles pavimentadas y en las no pavimentadas, utilizando factores de emisión desarrollados por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos. De acuerdo a esto se concluyó que se emiten 23,353 toneladas al año de partículas menores a 10 micras por suspensión, siendo, después de la industria de minerales no-metálicos, la segunda fuente de partículas. Las emisiones por calles sin pavimentar aportan el 91% de las partículas, por lo que es determinante tener información concreta sobre los vehículos que transitan por estas calles. Es necesario mejorar estos estimados con estudios futuros de las características del suelo y de los kilómetros viajados por los vehículos.

En cuanto a fuentes fijas biogénicas, para realizar su análisis se tomaron en cuenta los tipos de usos de suelo, las características del suelo, la cubierta vegetal existente en el AMM así como factores climatológicos propios. Se estimó una emisión de 12,195 toneladas al año de partículas menores a 10 micras por la erosión del suelo y se concluyó que cubrir las áreas erosionables con vegetación disminuiría las emisiones de erosión por el viento. El 27.5% del total de las emisiones fueron en áreas donde se localizan asentamientos humanos irregulares, en áreas de construcción y pendientes pronunciadas se emite el 24.8% del total de las partículas, áreas agrícolas aportan el 23.8%, el matorral nativo el 11.4%, áreas planas sin cubierta el 10.9%, pasto inducido el 1.3% y minas abandonadas el 0.4%.

En cuanto a las fuentes móviles, un estudio de detección remota de emisiones a 24,000 vehículos en cuatro puntos distintos del AMM determinó factores de emisión de 149 gramos de monóxido de carbono por litro de combustible, 9 gramos de hidrocarburos por litro de combustible y 14 gramos de óxido nítrico por litro de combustible. Se concluyó además que la mayoría de las emisiones se deben a un pequeño porcentaje de vehículos. Así el 21% de las emisiones de hidrocarburos medidas en este estudio se debieron a sólo el 1% de la flota vehicular, por lo que una acción obligatoria de mantenimiento y verificación vehicular en estos lograría una manera efectiva de reducir las emisiones.

Para determinar las emisiones de fuentes móviles se aplicó el modelo de fuentes móviles MOBILE5, adaptado al AMM. En el año de 1995, la flota vehicular del AMM emitió 66,000 toneladas de hidrocarburos, 720,000 toneladas de monóxido de carbono, 27,000 toneladas de óxidos de nitrógeno y 3,300 toneladas de partículas menores a 10 micras en sus procesos de combustión. Para afinar estos resultados es necesario determinar factores de emisión y ciclos de manejo representativos.

En resumen, la información existente indica que el principal problema de contaminación que enfrenta el AMM son las altas concentraciones de partículas menores a 10 micras, por lo que este contaminante deberá tener la atención principal de los programas de control. Los óxidos de nitrógeno, el monóxido de carbono y el ozono han presentado concentraciones por encima de la norma ambiental, así que se deberán considerar acciones para limitar y controlar estos episodios de contaminación.

El notable crecimiento demográfico y económico del AMM ha provocado un aumento en la actividad industrial y el tráfico vehicular. Este hecho, sumado a la variación en el patrón del uso de combustibles, apuntan a un indudable cambio en las emisiones a la atmósfera en el AMM.

Por considerar tan sólo un dato el padrón vehicular estatal mantenido por la Secretaría de Finanzas y Tesorería General del Estado mostraba en los municipios del AMM más Cadereyta Jiménez un total de 592,783 vehículos, mientras que en 2001 esta cifra asciende a 941,066 (de un total de 1,065,974 en todo el Estado). La Tabla muestra la distribución de este parque vehicular por municipio y modelo de fabricación.

La entonces Subsecretaría de Ecología instaló en la unidad móvil un sensor remoto en diferentes cruceros de los municipios del AMM, lo que logró medir las emisiones de 18,000 vehículos con fines estadísticos. Las estadísticas del monitoreo revelan que el 34.8% de los vehículos rebasan los estándares de emisión permitidos en las Normas Oficiales Mexicanas y que éstos contribuyen con el 77.1% del total de contaminantes que emiten los vehículos.

En cuanto al consumo de combustibles se estima que actualmente los vehículos que circulan en el AMM consumen un promedio de 160 millones de litros de combustible por mes, que se distribuyen en PEMEX MAGNA (59.62%), PEMEX PREMIUM (14.56 %) y PEMEX DIESEL (25.82 %). En la siguiente tabla se muestra una comparación del consumo de combustibles en el periodo 1991- 2001.

De los datos se desprende la desaparición del uso de combustibles con alto contenido de plomo (NOVA) que representaban en 1991 el 89% del total del consumo de gasolina. Además se ha incrementado el uso de los combustibles de bajo contenido de plomo (MAGNA y PREMIUM). El incremento del uso de gasolinas es de un 14% en el periodo comprendido entre 1991 y 2001 y el consumo del diesel se ha mantenido en el promedio mensual.

Aunque se cuenta con información de la calidad del aire en el AMM, se desconoce con exactitud las contribuciones de las fuentes de emisión, por lo que se deberán enfocar esfuerzos para poder confeccionar un inventario actualizado de emisiones con datos reales. A diferencia del AMM, el resto del Estado no cuenta con estudios sobre la calidad del aire. Estos deberán promoverse para conocer la situación que enfrenta el resto de los municipios.

En este sentido la Agencia se encuentra actualmente colaborando con el Instituto Nacional de Ecología, y otras instancias federales y locales en un proyecto de Inventario Nacional de Emisiones que incluirá la totalidad del Estado.

Agua

El agua siempre ha representado el mayor de los desafíos para Nuevo León. En cuanto al agua potable existen problemas de abasto, no por falta de capacidad instalada, sino por la escasez natural del vital liquido, dadas las características de la región, en la que conviven periodos de sequía, altas temperaturas y ciclos irregulares de precipitación.

El manejo integral del agua debe de incluir todas las variables del ciclo: desde los medios de obtención del liquido, hasta su almacenamiento, distribución, tratamiento, saneamiento y disposición final, previniendo en todas las partes del proceso cualquier distorsión que provoque su contaminación.

Para definir el diagnóstico en cuanto al manejo integral del agua de Nuevo León, se deben considerar tres vertientes: la situación de disponibilidad del recurso agua, la distribución del agua potable y los servicios de drenaje, y lo relativo al control de las aguas residuales.

Disponibilidad de agua

En el Estado, el recurso agua se destina a diferentes usos: público urbano, doméstico, de servicios, industrial, agrícola y pecuario. Para el abasto público urbano en todo el estado se requieren poco más de 13 m3/s. La demanda promedio para el AMM durante 2002 ha sido de 10.5

m3/s. De esta cantidad, el 60% proviene de fuentes superficiales a través de las presas Cerro Prieto, El Cuchillo y Rodrigo Gómez (La Boca). El 40% restante se extrae de los campos de pozos de Mina, Buenos Aires y AMM.

En cuanto a las cuencas de agua, se debe considerar que la disponibilidad del recurso depende del escurrimiento superficial y la existencia de agua en el subsuelo. Esta última se logra con la

recarga natural renovable y la inducida por la infiltración en zonas de riego principalmente. La temporalidad de la lluvia y los escurrimientos no permiten aprovechar el recurso de acuerdo a las demandas, por lo que se ha construido infraestructura para su almacenamiento y regulación.

A esta capacidad se agrega la de los cuerpos de agua naturales.

La variación de la lluvia a lo largo del año y su distribución espacial, aunada a la desigual distribución de la demanda, generan problemas de escasez que se agravan por la todavía baja eficiencia con que se maneja el recurso. Además, las sequías han impactado el abastecimiento de agua a las poblaciones, la agricultura y la generación de electricidad en toda la zona norte del país. Nuevo León no es la excepción dentro de este panorama general.

El sector con un requerimiento mayor de agua es el agrícola, que consume el 80% del recurso disponible. Le sigue el servicio de abasto para uso público y doméstico con un 15%, y los sectores industrial y de servicios, con un 5% en conjunto.

En cuanto al balance hidráulico correspondiente al Estado, de manera preliminar los cálculos realizados reflejan que la demanda supera notablemente a la oferta en prácticamente todos los sectores, sobre todo en el agrícola. De ahí que todas las corrientes de aguas superficiales contenidas en el Estado se encuentren vedadas y en déficit. Dada la escasez del recurso, en la actualidad, las unidades y distritos de riego utilizan únicamente el 30% de su superficie para el riego.

En lo relativo a las aguas subterráneas, existen 23 acuíferos en el estado. En la actualidad solamente existe información sobre 10 de ellos, calculándose que la disponibilidad es de apenas 90 millones de m3 de agua al año. En ocasiones no reúnen las condiciones de calidad para su uso en la agricultura ni en el sector público urbano.

De estos mismos 10 acuíferos se tiene un volumen concesionado de 321 millones de m3. Los 13 acuíferos restantes predominan como sub explotados. Sin embargo, las características físico químicas del agua, así como su profundidad –aun a pesar de encontrarse en el subsuelo– hacen que su explotación sea económicamente incosteable.

Se puede concluir que de todas las cuencas del estado, la que presenta un grado de contaminación mayor es la cuenca Río Bravo. Una de sus corrientes principales es el Río San Juan, segundo afluente en importancia del Río Bravo. Dada su magnitud y la importancia que tiene para Nuevo León, se han realizado estudios para determinar la calidad de sus aguas. Los resultados de los programas de muestreo y análisis realizados indican que los principales focos contaminantes, en orden de importancia, son: productos químicos, población, industria papelera, de bebidas alcohólicas, de productos lácteos, de alimentos y petrolera.

La calidad del agua de las corrientes superficiales en el estado están dadas por los Índices de la Calidad del Agua (ICA). Estos índices son determinados a partir de mediciones realizadas a través de 18 estaciones de monitoreo ubicadas en los colectores principales de cada uno de las regiones hidrológicas del Estado de Nuevo León. La variación en la calidad de agua de las cuencas se localiza en el rango que va desde los 50 hasta los 85 ICAS.

Distribución del agua potable

Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey, I.P.D., (en lo sucesivo, SADM) es uno de los organismos operadores de agua y drenaje más importante del país y del continente latinoamericano. En la actualidad, es el único prestador del servicio de agua y drenaje en Nuevo León, con algunas excepciones de organismos municipales que prestan este servicio a un muy reducido número de personas.

Los servicios de agua y drenaje en el estado, tienen sus primeros antecedentes cuando se encontraban bajo la tutela de la empresa canadiense “Monterrey Water Works and Sewage” de Toronto, Canadá, en 1906. Posteriormente, se creó Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey,

I.P.D. mediante decreto publicado en el Periódico Oficial del Estado el día 9 de mayo de 1956, como una Institución Pública Descentralizada para prestar el servicio público municipal de agua y drenaje para la ciudad de Monterrey. El 16 de junio de 1995, mediante un decreto expedido por el Ejecutivo del Estado, la cobertura de los servicios brindados por esta institución se amplía a toda la entidad. El 16 de agosto del año 2000, el Congreso del Estado expide un decreto, en el que se amplía la prestación de los servicios de agua potable, no potable, residual tratada y aguas negras, saneamiento de las aguas residuales, drenaje sanitario y pluvial a los habitantes del estado.


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