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TEORÍA DEL DESENVOLVIMIENTO GLOBAL CAPITALISTA Y SUS IMPLICACIONES PARA LA TRANSICIÓN SOCIALISTA EN LA PERIFERIA

Yoandris Sierra Lara



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6.2. Comportamiento histórico de las variables funcionales del sistema y conformación de los Modelos Globales de Acumulación Capitalista

La existencia alternativa de dos variantes específicas de Modelos Globales de Acumulación Capitalista, se sustenta en el carácter recurrente, periódico y cíclico que describen en el plano histórico las variables funcionales que constituyen dichos Modelos Globales. Este epígrafe tiene como objetivo analizar el comportamiento histórico de estas variables, lo que argumenta la existencia de las dos variantes típicas de Modelos Globales que hemos identificado.

Para este propósito hemos empleado los tres estadios de desarrollo capitalista en la fase monopolista. Estadio I: 1900 – 1930; Estadio II: 1945 - 1970; Estadio III: 1970 -¿?, y hemos analizado cómo se han comportado las distintas variables funcionales en dichos estadios.

 Variable Funcional 1. Patrón de Acumulación del Capital Social.

Estadio I: 1900 – 1930. Con el arribo del capitalismo monopolista el sistema despliega una de sus más impresionantes espirales financieras especulativas. Varios de los principales teóricos de inicios del siglo XX (Lenin, Hilferding, Keynes) observaron este proceso de caída en la cuota de ganancia y el auge simultáneo de la actividad especulativa – financiera. La figura 2. 1 muestra como desde 1880 hasta 1920 la cuota de ganancia sufre una fuerte caída tendencial. La respuesta del capital fue asumir un patrón de acumulación especulativo – financiero que va a durar hasta los años treinta. Si se observa la gráfica se verá que a partir de ese momento la cuota de ganancia del capital social describe un claro movimiento al alza sostenida.

Precisamente, en el estadio II (1945 - 1970) el sistema en su conjunto comienza a abandonar el paradigma de acumulación capitalista previo e inicia un desarrollo sobre la base de la acumulación productivo – comercial.

Este estadio II registra el proceso de industrialización de las principales economías capitalistas del mundo. Abriga además los procesos de industrialización en América Latina. Se potencia por todas las vías la expansión y profundización del mercado interno como motor del crecimiento económico, las propias economías periféricas son asumidas como demanda global en un intento del sistema de integrar a su lógica productiva a todo el planeta. Las economías centrales muestran potentes niveles sostenidos de crecimiento del producto nacional y de la productividad del trabajo. Todos estos son claros signos de que el capitalismo había asumido por casi treinta años un patrón de acumulación productivo – comercial.

Observando en la misma gráfica 2.1., en el estadio III se evidencia claramente una tendencia decreciente sostenida en la cuota de ganancia que alcanza hasta mediado de la década de los noventa. Todo el paradigma económico – institucional creado alrededor de la acumulación productiva – comercial se debilita ostensiblemente y el sistema se dirige decididamente a un patrón de acumulación especulativo – financiero. Las siguientes valoraciones y estadísticas demuestran el despliegue de la actividad especulativo financiera como principal vía para la valorización del capital a partir de la década de los setenta del siglo XX:

 “Si en el pasado las finanzas internacionales se movían en función de los procesos productivos o de comercio, a partir de los años 70 la autonomía creciente de los flujos financieros con relación a los flujos económicos reales fue considerable. [ … ] Desde la crisis del sistema de Bretton Woods, el 88% de todas las transacciones financieras a escala mundial han sido de tipo especulativo, contrastando con la correspondiente a las anteriores, las cuales en un 90% correspondieron a transacciones comerciales y de inversiones productivas”.

 “La dimensión de la especulación es impresionante y ofrece el más vertiginoso cambio en la economía mundial en los últimos 20 años al compás de la toma del poder por la contrarrevolución monetarista en esencia neoliberal.

En 1975 la compra – venta de monedas extranjeras para pagos de bienes o servicios, esto es, como parte normal del comercio internacional de bienes y servicios representaba el 80% del total de monedas extranjeras transadas. El restante 20% era la especulación cambiaria que tradicionalmente era una parte minoritaria en el comercio de divisas.

Veinte años después el escenario había cambiado de forma radical. Ya entonces el 97.5% del total del comercio de divisas se hacía con fines especulativos y sólo el 2.5% cubría transacciones reales en bienes y servicios. La burbuja financiera alimentada por la especulación se ha transformado de socio menor en dueña aplastante del escenario económico. La economía especulativa decide y dicta las tendencias por encima y en desmedro de la economía real. (...) El movimiento diario del monstruo es alucinante: en 1973 las transacciones diarias en el mercado financiero eran de unos 15000 millones de dólares. En 1986 eran ya de 200000 millones y actualmente alcanzan aproximadamente la cifra de hasta 2 millones de millones”.

 En un interesante artículo a propósito de la crisis inmobiliaria, la revista The Economist (2008), aporta un conjunto de datos sobre la economía estadounidense, que ponen en evidencia el grado de “financiarización” alcanzado en esa economía.

 Las ganancias financieras como porcentaje de las ganancias corporativas pasaron del 10% en 1980 al 40% en 2007.

 La participación de las acciones de sociedades financieras en el valor total del mercado accionario pasó en el mismo periodo del 6% al 19%.

 Un portafolio de acciones, bonos y otros instrumentos rendía, antes de la crisis inmobiliaria, 14% anual, casi cuatro veces más que en el régimen financiero anterior.

 El valor de los activos controlados por los fondos de cobertura (hedge funds) se quintuplicó desde el 2000.

 En 1980 la deuda del sector financiero era sólo el 10% de la deuda corporativa no financiera. Ahora representa la mitad.

Según Carlos Walter Porto Goncalves “…, las transacciones cambiarias del mundo, que eran más o menos de 20 millardos de dólares en 1970, eran ya de 1.3 billones de dólares en 1999. Solamente en los Estados Unidos, en 1980, los fondos de pensión, los fondos comunes, las compañías de seguro y los seguros de vida constituían activos financieros de 1.6 billones de dólares, cerca del 60 % del PIB del país. En 1990, esos activos eran ya de 5.2 billones de dólares, 95 % del PIB y, en 1993, eran más de ocho billones de dólares, o sea, 125% del PIB del país”.

Debe resaltarse que el fenómeno de la especulación financiera se expresó también en la periferia con gran fuerza, aunque los datos sean mucho menos publicitados. Según el mismo Carlos Walter: “En 1983, las ganancias en bolsa en la periferia llegaron a 100 millardos de dólares. Sin embargo, en 1993, esa cifra era ya de un billón 500 millardos ”. [ …] “El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo – PNUD- nos informa que el promedio de los intereses en los años ochenta fue del 4% anual en los países industrializados, y del 17% en los subdesarrollados”.

Toda esta vorágine especulativa financiera se desarrolla al tiempo que la economía real, expresada en la dinámica del PIB se deprime:

 “Los datos confirman que en los últimos años conforme aumentan las cifras que se mueven en el Sistema Financiero Internacional la evolución del PIB de los países capitalistas desarrollados entre 1950 y 1996 ha ido decreciendo.

“Realmente, la economía real, productora de bienes y servicios que satisfacen necesidades humanas, se ha convertido en un enano insignificante frente a la economía de casino. Más que en ningún otro momento en la historia del Capitalismo, la palabra mágica es especular”.

Según uno de los más recientes trabajos de Samir Amin: “El volumen de las transacciones financieras es el orden de 2 mil millones de millones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de 44 millones de millones de dólares. Una múltiple y gigantesca diferencia”.

La interacción del comportamiento de la economía real y la economía virtual se representa con alta claridad en la siguiente tabla que analiza el comportamiento de los principales índices de la economía real y la economía virtual en los principales países capitalistas.

Más recientemente la denominada burbuja financiera se ha desplazado por diferentes ramas de la economía capitalista en un tipo de movimiento que indica a las claras la naturaleza parasitaria y auto destructiva de este proceso. Los sectores inmobiliarios, de los alimentos y del petróleo han sido los más afectados en esta espiral.

En resumen, es apreciable una trayectoria a lo largo del siglo XX que sugiere la existencia de un proceso recurrente en cuanto a la práctica de la acumulación capitalista, que va conformando períodos de predominio especulativo – financiero, a períodos de predominio productivo – comercial. Las formas históricas – concretas en que esto ocurre no son idénticas obviamente, pero de manera general se practican claramente estos dos comportamientos.

 Variable Funcional 2. Dimensión económica del Estado – Nación.

El cambio de fase en el desarrollo del capitalismo suscitado en los inicios del siglo XX no encontró en el Estado una respuesta rápida. De hecho, el liberalismo – consolidado desde la segunda mitad del siglo XIX- prevaleció aún en medio del dominio de los monopolios y sólo vino a replantearse su condición tras la crisis de 1929 – 1945.

El “New Deal” en los Estados Unidos, la aparición de la teoría keynesiana, la base objetiva material que significa la imbricación de los monopolios con la actividad estatal, e incluso la II Guerra Mundial fueron los elementos necesarios y suficientes para que el Estado tomara una posición clave y central en la vida económica de las naciones capitalistas.

El Estado se hacía imprescindible para la economía capitalista en su nivel funcional, dado que debía comenzar a participar activamente de la reproducción del sistema para garantizar su funcionamiento progresivo. Para mediados del siglo XX los economistas y políticos burgueses eran conscientes de la tendencia hacia la superproducción y la desocupación que caracterizaba al régimen capitalista. Prevaleció el tratamiento del sistema económico desde el lado de la demanda, lo que se traduce en la práctica en un potenciamiento de la misma en el afán de acercar su volumen al nivel de oferta existente. Es en esta lógica donde aparece la intervención del Estado como palanca de la propia reproducción del sistema. El Estado tendrá por fuerza que actuar sobre un incremento de la demanda total del sistema. Esto lo haría a través de cuatro vías fundamentales: incremento de los gastos gubernamentales en consumo, incremento de las inversiones estatales, mediante la política redistributiva del ingreso nacional tendiendo a potenciar la demanda sobre todo de los grupos de bajos ingresos creando un amplio mercado interno, y sumando un neto positivo en el sector externo de la economía lo que se lograría favoreciendo la penetración de los capitales propios en el extranjero y practicando una balanza comercial favorable vía instrumentos proteccionistas.

En la tabla 2.3. puede observarse la clara tendencia a incrementar la participación del Estado en los asuntos económicos seguida por la economía norteamericana desde 1900 hasta 1960.

Por otra parte, el Estado se convierte en un importante propietario que invierte en las ramas que se consideran poco rentables o demasiado riesgosas para el capital privado pero que son claves en el funcionamiento de la economía. Se despliega también el uso de las políticas macroeconómicas para regular el sistema.

Esta exposición caracteriza la participación activa y reguladora del Estado en los asuntos económicos del capitalismo en el estadio II. Es un contraste evidente con el estadio I, donde se caracterizó por ser una participación pasiva y poco reguladora del sistema.

El estadio III aparece como una reacción frente al papel económico asumido por el Estado en la posguerra. De la mano de la crisis estructural, de la caída en la cuota de ganancias, de la estanflación, de la caída en los niveles de productividad social del trabajo y de la reacción política, entre otros factores, los economistas neoclásicos vuelven a enarbolar su tesis de que el mercado por sí solo es capaz de garantizar la armonía del sistema económico.

Tanto los Programas de Ajuste Estructural aplicados por los Organismos Financieros Internacionales (OFIs), como la propia doctrina y práctica económica establecida con base en el denominado Consenso de Washington, hacen un gran énfasis en el desmantelamiento de la capacidad económica del Estado.

El estadio III se sitúa en una posición bastante diferente a la existente en el estadio II en cuanto a la participación del Estado en los asuntos económicos. En estas nuevas condiciones el Estado transfiere poder económico, y grandes volúmenes de propiedad, transfiere su capacidad de regulación económica al mercado interno y externo, transfiere su poderío económico a las ETNs enclavadas en la propia nación, al tiempo que dirige sus limitadas políticas macroeconómicas a encauzar por sano rumbo la marcha del mercado.

Se llega así un estadio donde el Estado en el plano económico aparece debilitado, retraído de la reproducción del sistema económico, cercano a las posiciones de gendarme de la burguesía pero cediendo el funcionamiento económico del sistema en gran medida al mercado.

Existe claramente entonces una aproximación entre los estadios I y III, una especie de repetición de fase sólo interrumpida por el período de posguerra pero que enseña a las claras las huellas de un pasado ya vivido, ahora recreado bajo las nuevas condiciones de desarrollo que impone el despliegue de las fuerzas productivas y la internacionalización de las relaciones económicas, pero más allá de esas obvias y necesarias diferencias, en esencia se trata de un estadio que vuelve a alejar al Estado de los asuntos económicos, tal como la vivida entre 1900 y aproximadamente 1930.

 Variable Funcional 3. Naturaleza y rol del Sistema Monetario Financiero Internacional. (SMFI).

En esta variable funcional analizamos tres aspectos. El primero de ellos está asociado al papel que juega el dinero como mercancía universal en este sistema; en segundo lugar hacemos una síntesis de las características básicas de este sistema por cada estadio destacando sus rasgos principales, la forma de relación de las economías nacionales con el sistema, la lógica que se potencia en cuanto a acumulación del capital; en tercer lugar analizamos el mecanismo de corrección o equilibrio de la balanza de pagos. Estos tres elementos están asociados tanto a la esencia capitalista del SMFI como a su capacidad funcional.

En el estadio I el SMFI se apoya en el Sistema Patrón-Oro, viniendo desde el siglo XIX hasta 1914 y en un segundo momento Sistema Patrón Cambios-Oro que va desde 1918 – 1940.

En este estadio el SMFI se regulaba básicamente por las leyes del mercado mundial, sin importante participación del Estado, por lo que la regulación estatal sobre las variables de contacto con tal sistema era prácticamente nula. Se trataba de un sistema proespeculativo – financiero devenido materialmente del nuevo grado de desarrollo alcanzado por las bolsas de valores y las sociedades por acciones en el capitalismo, además obviamente de la influencia directa que significó la monopolización de la vida económica a inicios del siglo XX.

Las características de este sistema están muy entrelazadas con el mecanismo empleado para lograr el equilibrio de la balanza de pagos. Este se basaba en las transferencias de oro no organizadas de un país a otro por canales privados. El hecho principal es que se consideraba existía un mecanismo automático para la corrección de la balanza de pagos a través de las variaciones en los niveles de precios internos.

En el estadio II (1945 – 1970) se emplea el denominado sistema patrón – oro – dólar. Aquí se adopta el dólar como equivalente del oro en las operaciones de pago internacionales. Se empleó la paridad fija al dólar en el resto de los países integrantes del sistema. El cambio del dólar en oro constituía el nexo fundamental de todo el sistema monetario con este metal. Se desarrolló un amplio proceso de regulación monopolista estatal en el seno de este sistema con la anuencia del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional. (FMI).

Las características funcionales del SMFI en este estadio están asociadas con el mecanismo de corrección de la balanza de pagos. Este se asocia básicamente al comportamiento de las variables de la economía real, a diferencia del estadio I donde se partía del movimiento de los precios para corregir la balanza de pagos.

El SMFI de este estadio II se caracteriza en definitiva por ser un sistema proproductivo, favorecedor de la economía real, subordinado a la búsqueda del crecimiento económico y el nivel de ocupación. Un Sistema donde las economías nacionales se conectaban con un relativo dominio de sus variables de contacto dando un mayor grado de soberanía. Un Sistema regulado por el Estado y un sistema de tasas de cambio fijas.

En el estadio III aparece un SMFI desmonetizado, con el dólar aún como principal divisa internacional pero sin un respaldo en oro como había prevalecido en el estadio anterior. Bajo estas circunstancias la paridad comienza a plantearse en términos de oferta y demanda en el mercado de divisas. Su mecanismo de corrección de la balanza de pagos se lleva a cabo mediante las modificaciones de los tipos de cambio.

Los tipos de cambios han de fluctuar sujetos a las fuerzas de oferta y demanda en el mercado mundial de divisas. Detrás de esta idea aparece la especulación monetaria como base para la regulación del equilibrio en la balanza de pagos y la oportunidad material para convertir el SMFI en una máquina de valorizar los capitales alejados de la producción.

El SMFI del estadio III en su dimensión funcional puede caracterizarse como regulado por las fuerzas del mercado mundial, un sistema dotado de leyes de auto reproducción interna que en cierto grado lo independizan de las condiciones de reproducción de la economía real, un Sistema que funciona acorde a los intereses de la reproducción del capital financiero – especulativo, un sistema ante el cual el Estado, sobre todo el periférico, tiene escasa capacidad de regulación de sus variables de contacto, un Sistema que se sitúa como centro del universo capitalista y no como afluyente de recursos, como un Sistema catalizador de la especulación monetaria, de la fuga de capitales y de la deuda externa.

 Variable Funcional 4. Cuerpo Social – Institucional – Político.

Esta es una variable más compleja que las demás toda vez que está condicionada por las variables de contenido económico, pero a nivel de superestructura cuenta con sus propias variables incidentes. Consideramos no obstante que aún bajo estas circunstancias especiales, el cuerpo socio – institucional –político progresa a largo plazo gobernado principalmente por las variables económicas y brinda, por lo tanto, caracteres acordes con esta dinámica económica, por lo que, aún siendo en grados diversos de desarrollo, reaparecerán algunos elementos importantes para garantizar la funcionalidad del sistema al nivel superestructural a las exigencias de la base económica.

Si esto es así, en los estadios analizados previamente encontraríamos cambios sustanciales también en la funcionalidad socio institucional política. De 1945 a 1970 prima la acumulación productiva – comercial en el capitalismo central, y en el caso del periférico se realiza incluso una práctica desarrollista basada sobre todo en la industrialización. En estas circunstancias, la que hemos denominado variable funcional cuerpo social - institucional, político muestra un comportamiento activo, orgánico. Esta tesis se puede ilustrar con la siguiente idea: “Dentro del modelo fordista la agregación social estaba “dada” (automáticamente creada por el sistema fabril) aunque era una agregación mecánica, coercitiva, forzada y, en ocasiones, despóticas. Era, repetimos, una comunidad terriblemente despótica, pero dentro de la cohesión fordista de cierto modo era un producto automático del sistema”.

Es decir, la acumulación productiva – comercial integra potencialmente a los trabajadores y a la sociedad en su conjunto, además, este tipo de acumulación exige de un desarrollo progresivo en la demanda efectiva para el país. Tal situación hace que el sector de los trabajadores gane en importancia económica, dado que serán los protagonistas del nuevo esquema de acumulación. En este sentido, el sector de los trabajadores gana en fuerza política al ganar en fuerza económica.

Una de las formas básicas de la organización de los trabajadores son los sindicatos. Estos sólo pueden asimilar trabajadores empleados, y en la medida que más potente se hace la base industrial y el proceso productivo como base de la sociedad más crece el empleo y con él la demanda de fuerza de trabajo, lo que ubica a los trabajadores en una posición privilegiada para negociar colectivamente sus intereses. Es obvio que industrialización y sindicalismo no son una misma cosa, pero la historia ha demostrado que desindustrialización sí se asemeja bastante a muerte del sindicalismo.

En cuanto a institución y expresión de poder político, el Estado Nación es una maquinaria potente, capaz de centralizar la gestión económica y con ella la actividad política de la nación. La expresión socio – institucional es la de un Estado capaz de lograr la legitimidad política y la funcionalidad de la sociedad civil. Hay que recordar que el enfoque cepalino puede adscribirse, sin mayores problemas, a la burguesía industrial nacionalista que encabezó las primeras fases del patrón de acumulación que propició la industrialización sustitutiva tradicional”. Puede creerse que el auge vivido por el pensamiento económico institucional en todos estos años está apoyado materialmente en el expansivo desarrollo de las instituciones burguesas periféricas.

El estadio III evidencia la asimilación de un patrón de acumulación especulativo – financiero, que como ya planteamos arriba se acompaña de una regresión del poder y papel económico del Estado en pos del mercado interno y externo.

De alguna manera esto se expresa en la vida socioinstitucional – política del capitalismo, especialmente en las condiciones de organización de la clase obrera, el papel del sindicalismo y la fortaleza y dinámica de los vínculos sociales por un lado, y en cuanto a la dimensión sociopolítica – institucional del Estado burgués por el otro.

En cuanto al primer aspecto, los cambios en la base económica sucedidos en los últimos treinta años han provocado cosas como las siguientes: “..., en el modelo posfordista la cohesión social dejó de ser algo dado. La sociedad de nuestros días está dominada por el riesgo, por una absoluta falta de seguridad, por lo impredecible. ( ...) En esta sociedad el desarrollo industrial no puede seguir garantizando la reconstrucción de los vínculos sociales; estos vínculos, o se reconstruyen artificialmente de alguna manera o están ausentes”.

Estos sucesos de asocian a la asimilación de un nuevo paradigma en la acumulación capitalista y sobre todo, a la pérdida de importancia relativa de la economía real, la demanda efectiva y con ella de los trabajadores como clase social.

En esta misma lógica puede plantearse que “… los problemas de legitimidad política entran en franco conflicto con los problemas de la racionalidad económica” – al tiempo que “se privilegia la cuestión de los equilibrios macroeconómicos por encima de los mecanismos de integración social”.

La segunda dimensión conlleva un análisis más detenido. Está claro que aún en las condiciones de un retraimiento del Estado en los asuntos económicos como el sucedido en los últimos treinta años no debilita ni un ápice el carácter burgués de esta maquinaria y su naturaleza represiva de una clase social contra otra. El Estado sigue siendo burgués y sigue siendo represivo por naturaleza. Pero una pérdida real de poder económico, expresada en un debilitamiento de la capacidad reguladora, interventora y propietaria de esta institución, tiene por fuerza que afectar su dimensión política.

Esta debilidad en la dimensión política del Estado – sobre todo el periférico - no se hace evidente mientras prosiga dominando un gobierno burgués proimperialista, al que le bastará con aplicar la fuerza bruta para controlar la situación social; pero en cuanto un gobierno nacionalista llega al poder político, encuentra una estructura debilitada en lo económico y por tanto, limitada en lo político. Consideramos que la debilidad política del Estado Nación viene así a sumarse a la debilidad económica del mismo y a un tipo de acumulación especulativo – financiero.

Al menos desde la década de los cuarenta hacia acá, la estructura socioinstitucional y la dimensión política del Estado Nación han seguido una trayectoria condicionada en alto grado por las exigencias y necesidades de la acumulación capitalista. Apoyándose sobre tal base, la que consideramos con una naturaleza recurrente en el capitalismo, podemos deducir que la dimensión socioinstitucional y política del Estado Nación puede atravesar igualmente fases similares de existencia, en alto grado condicionadas al nuevo carácter de la acumulación capitalista.

A modo de síntesis, podemos plantear que las cuatro variables que conforman el Modelo Global de Acumulación Capitalista muestran a lo largo del siglo XX, un comportamiento recurrente, cíclico y periódico. La interacción orgánica, dialéctica, entre estas variables conforma el Modelo Global, que aparece en definitiva como la estructura sistémica donde todas estas variables se adecuan a un comportamiento específico. El Modelo Global es mucho más que la simple suma mecánica de sus variables funcionales. Es una estructura sistémica que propicia la valorización, acumulación y reproducción del capital social en su conjunto, cuestión esta que ninguna de las variables funcionales por sí solas y desconectada de las demás podría garantizar.


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