BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

PROGRESO Y BIENESTAR

Hugo Salinas




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D. LA PRUEBA DE MADUREZ

Hemos dejado para el último tratar este tema bastante espinoso pero cuán importante en la solución de la pobreza y del desempleo. Abordar el tema de las fuerzas encargadas de cautelar el “orden establecido” es como exponerse a situaciones inexplicables: accidentes de ruta, mal funcionamiento de la aeronave, confusión con un venado de color rojo, parecido con un narcotraficante en fuga. Pero, no tenemos otra alternativa. Si queremos tratar el problema de la pobreza y del desempleo en toda su amplitud y profundidad no podemos escamotear de referirnos a la fuerza, como un elemento insoslayable en toda Gran Transformación y en su duración en el tiempo.

Es muy cierto lo que Maurice Godolier expresa: “La fuerza armada no ha sido jamás suficiente para engendrar sistemas sociales estables. […] Esta fuerza, la más fuerte, nace del consentimiento de los dominados a su dominación.” Pero, ¿qué tienen que ver las fuerzas armadas y policiales con la pobreza y el desempleo? La relación, aparentemente inexistente entre ambos, viene desde el día de su creación. Por decirlo de otra manera, los dos nacen juntos. Son uña y carne. Son parte de un fenómeno que transforma el grupo social en sociedad y la armonía en paz social vigilada.

Comencemos por precisar que durante los primeros 190 mil años de existencia de los seres humanos, muy probablemente no ha existido jamás algo parecido a lo que hoy conocemos por las fuerzas armadas y policiales. Y sin embargo, ahí estuvo presente la fuerza y con todo el vigor que la caracteriza.

Es cierto, no existió algo parecido a lo que hoy existe como cuerpo organizado, pero la fuerza necesaria para mantener el orden sí estuvo presente en el grupo social. Una fuerza mucho más convincente pero únicamente de carácter persuasivo. No se requirió de un cuerpo especializado para imponer el orden.

Viviendo en armonía, sobre la base de una repartición más o menos igualitaria del resultado de su actividad económica, el grupo social no necesitó una fuerza impositiva, coercitiva. El hecho de satisfacer sus necesidades en condiciones de igualdad, y utilizando a ese objeto la totalidad del resultado de la actividad económica, favorecía un clima de paz social. El “orden establecido” convenía a cada individuo y, por consiguiente, al grupo social.

Pero esto cambia brutalmente hace unos diez mil años aproximadamente, cuando el nuevo “orden establecido” debe ser mantenido necesariamente por la fuerza de un cuerpo organizado. Se trata precisamente de mantener el orden de sistemas sociales y económicos producto del esclavismo y del feudalismo.

a. El uso de la fuerza como un cuerpo organizado

Bajo la nueva regla de repartición del Resultado Neto de la actividad económica, no había otra alternativa que emplear la fuerza si se quería mantener el nuevo orden establecido. Ella favorece solamente a una minoría de la población.

Perder su tierra cultivable, sustento de su vida y el de su familia, no es nada agradable a soportar. Trabajar de sol a sol en nuestra propia tierra cultivable para que otros se apropien de la totalidad del Resultado Neto de su esfuerzo, requiere que exista otra fuerza más poderosa capaz de doblegar mis ansias de libertad y de usufructo del resultado de mi trabajo, de mis familiares y de mis antepasados.

Este fue el rol del brazo armado del invasor y del colonizador que muy púdicamente fueron encubiertos por el manto sagrado de la guerra de religiones o de expansión de la civilización. Doblegar el alma de un espíritu libre exige ponerlo en una situación tal que acepte morir en aras de la libertad o vivir en la ignominia y oprobio del vencido.

El tiempo y la continuidad del sistema hicieron que ese molde de vida ingresara dentro de las costumbres de los pobladores. Diez mil años de práctica cotidiana fueron suficientes para que ese modo de vida se convierta en modelo de sociedad a respetar y valorar. El cuerpo especializado encargado de imponer el nuevo orden establecido de ricos y pobres ingresó a formar parte de la vida cotidiana y a ser aceptado como un elemento más de las instituciones de gobierno.

Sin embargo, la dura realidad de la pobreza y del desempleo despertó y despierta constantemente el ánimo de revuelta. Ejemplos legendarios existen como el de Espartacus, el de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, el de Cahuide o el de Atusparia y Uchcu Pedro. Manifestaciones callejeras, bloqueos de rutas y huelgas, son solamente la expresión cotidiana de pueblos enardecidos por el hambre, la desocupación y el olvido.

Para borrar muy rápidamente de la memoria de los vencidos, el cambio brutal del “orden establecido”, se han utilizado diferentes técnicas de persuasión. Así por ejemplo, los Incas desparramaron por todos los rincones del imperio a los vencidos, a fin de desvincularlos con el recuerdo cotidiano de la tierra cultivable que les pertenecía y que había sido legado por sus ancestros.

Es por ello que los cuerpos armados y policiales siempre estuvieron alerta y en constante preparación para aniquilar cualquier subversión del “orden establecido”. Más grandes son las poblaciones, más numeroso es el cuerpo armado y policial. Más concentradas se encuentran las poblaciones, más diversificado y especializado son los cuerpos de las fuerzas armadas y policiales. Hasta ahora, su rol de mantener el orden de la Repartición Individualista del Resultado Neto de la actividad económica ha sido eficaz.

Pero, ¿a qué precio? “Este estado de cosas continuó siendo normal para la mayoría de los países de América Latina […]. Los que resultaron victoriosos gobernaron al país con el ejército, y al ejército con el soborno y el peculado,” nos dice el profesor John Johnson.

b. El desquiciamiento de las fuerzas armadas y policiales

Un permanente contacto con el poder facilita para que los miembros de las fuerzas armadas y policiales se impregnen de sus normas de conducta. No son impermeables. Y ellos adquieren, como todos los miembros de los otros poderes del Estado, el comportamiento de los dirigentes políticos y económicos del país. Nada anormal, si no fuera por sus efectos perversos.

Que defiendan el orden establecido de la Repartición Individualista del Resultado Neto de la actividad económica es parte de su naturaleza de creación. Para eso ellos fueron formados: impedir que los pobres retomen por asalto sus pertenencias. Pero tanto va el cántaro al agua que termina por romperse.

En el contacto diario con los dirigentes del país observan, por ejemplo, que los nuevos millonarios y empresarios del país son en su mayor parte los amigos de los hombres del poder. Las nuevas leyes y decretos que se promulgan y publican les convierten, de la noche a la mañana, en los nuevos dirigentes del país. Las concesiones mineras y petroleras llenan las cuentas bancarias del presidente, de sus ministros y el de sus allegados. Reciben “pequeños regalitos” como una hacienda ganadera en un país vecino o fábricas llave en mano.

Desde los oficiales de más alta graduación hasta el último de los gendarmes son formados por la doble influencia del medio ambiente. Por un lado se encuentran en contacto directo con el dinero fácil del vicio y de la corrupción y, por otro, de la dinámica que engendra la Repartición Individualista en donde basta tener el dominio de la economía para apropiarse de la totalidad del Resultado Neto.

A ello debemos agregar que dentro de esta dinámica, según la cual es más poderoso aquel que acumula más riquezas, la búsqueda del enriquecimiento licito e ilícito deviene una pasión permanente. El rol de mantenimiento del orden establecido es una tarea viciada. Y la única moral resulta ser el del dinero, en una economía en donde se mide a la persona por la cantidad de riquezas y de poder que posee.

En un principio son invitados muy cordialmente a participar del saqueo del erario nacional, de la extorsión de los ciudadanos, de las empresas que caen en desgracia y, de las grandes comisiones de las empresas extranjeras que se dedican a esquilmar los recursos naturales del país. Luego, los regalos no se hacen esperar, sus cuentas corrientes en el interior y exterior del país crecen en cifras astronómicas, se convierten en propietarios de inmuebles a diestra y siniestra. Pero el asunto no termina ahí. De invitados se convierten en gestores. “Tanto los oficiales como los hombres reclutados en las milicias, tenían derecho a los privilegios del fuero militar que, […] era interpretado en Nueva España (México) de tal modo que permitía a los oficiales ‘hacer de la justicia una burla, eludir el pago de sus deudas, instalar casas de juego y llevar una vida disoluta bajo la protección de las charreteras’. (Lyle N. McAlister, en The Fuero Militar in New Spain, Gainesville, Fla., 1957).”

Además, su trabajo de mantenimiento del orden les permite estar en contacto con todas las organizaciones criminales. Y el provecho es mutuo. Es el crimen organizado que pasan a conducir bajo la cobertura de instituciones tan respetadas por la población como el de las fuerzas armadas y policiales. Es esto lo que hace exclamar con amargura y desilusión a los jueces anticorrupción de Europa: “es comprensible entonces por qué la lucha contra el crimen organizado y el dinero sucio es tan ineficaz en todos los rincones del mundo.”

El juez vende su dictamen a la mejor oferta, el periodista vende su pluma al mejor postor, ¿y por qué no los jefes policiales y militares al gobierno de turno y a los clanes mafiosos? Ellos llegan al colmo de utilizar o fomentar las guerras entre países para desviar una buena parte de los gastos militares en la compra de armamento militar hacia sus cuentas bancarias protegidas por el secreto de países que viven de la corrupción a nivel mundial.

La lucha contra la droga ha servido solamente a incrementar la corrupción de policías, militares, políticos y jueces. Pero como la mayoría de flagelos, éste no se practica solo ni en forma desorganizada. La actividad legal-criminal es la mejor organizada si sabemos que cuenta con el apoyo de instituciones especializadas de “lucha contra el crimen” de los Estados Unidos.

c. El cordón umbilical entre los Estados Unidos y las fuerzas armadas y policiales

En el caso de los países americanos, actualmente, la cúspide de la estructura económica se encuentra en los Estados Unidos. Dicho país se beneficia, prácticamente sin costo alguno, de las riquezas creadas, de los recursos humanos y materiales de los pueblos ubicados al sur. La transferencia se efectúa por intermedio de ese mecanismo moderno, inodoro e incoloro, que lo llamamos Configuración Mundial. Así, todas las riquezas de los “países pobres”, en términos físicos y monetarios, alimentan los “países ricos”. Y en esta transferencia de riquezas juega un rol importante las fuerzas armadas y policiales de los dos países.

Que las fuerzas armadas y policiales de los Estados Unidos hagan todo lo que hacen para doblegar el espíritu rebelde de “países pobres”, podría ser comprensible. Pero, que las fuerzas armadas y policiales de los países pobres refuercen sus esfuerzos en brutalidad, sangre y muerte para colaborar en la transferencia de las riquezas de sus pueblos hacia la cúspide de poder de los Estados Unidos, es lamentable por decir lo menos.

Que el mismo nacional colabore en la exacción de su propio pueblo es, salvo muy raras excepciones, la constante de las fuerzas armadas y policiales a lo largo de toda la República. El incentivo pecuniario y las ansias de salir del montón, son las motivaciones que animan ese comportamiento artero, vil y mezquino. “No hay mejor cuña que la astilla del mismo palo” decía Manuel González Prada.

Nuestra historia de los dos últimos siglos son marcados por el dominio feroz de los Estados Unidos encubierto bajo el manto de la democracia, la libertad y contra el comunismo, el terrorismo y el narcotráfico. Y mientras la repartición de las riquezas creadas se efectúe bajo el principio de la Repartición Individualista del Resultado Neto de la actividad económica, las fuerzas armadas y policiales se encargarán de imponer el “orden establecido”.

No es un secreto para nadie que las fuerzas armadas y policiales del sur son entrenadas por los gorilas de los Estados Unidos y que los “mejores” elementos son asimilados a sus servicios de inteligencia civil y militar. Un ejemplo reciente lo tenemos en el célebre asesor de Fujimori entrenado por los americanos, contratado por la Central de inteligencia americana (CIA) y comanditario de la muerte de un gran número de civiles y militares de la oposición. Sus prácticas de aniquilamiento al servicio de los americanos, y el manejo sin control del erario nacional con fines de enriquecimiento personal, debería hacernos reflexionar sobre el espíritu domesticado y abyecto de nuestras fuerzas armadas y policiales durante toda la historia republicana. La dupla Fujimori-Montesinos pasará a la historia del Perú como el contrasentido de ciudadanía y gobierno de un país.

La pregunta que se impone es: ¿no han existido miembros de las fuerzas armadas y policiales que, conscientes de los hechos, han entregado sus vidas en defensa del interés general y por encima del mezquino interés personal?

d. Ejemplos nobles en el uso de la fuerza organizada

Aun cuando no hemos tenido todavía ejemplos de gobernantes que ofrenden sus vidas por el bienestar general, hemos tenido en cambio de aquellos que, en medio de una guerra, han cargado y desaparecido en el extranjero con todas las reservas de oro y plata del país. Ha habido igualmente aquellos que, en tiempo de paz, han utilizado la totalidad de las reservas en oro del país con fines de lucro personal. Ejemplos tristes que han quedado sin sanción para ofensa de la población y de las generaciones venideras. Gobernantes corruptos que se encargan de proteger a gobernantes corruptos.

Sancionar esos actos indignos hubiera significado enfrentarse al orden establecido que moldea una conducta y un estilo de vida generalizado. Y son pocos, por no decir nadie, que encontrándose en la cúspide del poder prefirieron sancionar en lugar de incrementar su riqueza personal.

Pero, felizmente, nuestra historia cuenta con ejemplos dignos de recordarlos, en todos los niveles de los cuerpos armados y policiales. Señalemos algunos ejemplos. Tenemos a un general que desafía su comando y se enfrenta al enemigo que, con el consentimiento de su cuerpo militar, había tomado como botín de guerra a su país. Es el general Charles de Gaulle. Otro militar que se enfrenta al enemigo vencedor en tierra es Miguel Grau. No podemos tampoco olvidar a un Bolognesi que prefiere quemar el último cartucho antes de entregar el símbolo patrio.

Pero existe otra serie de ejemplos de oficiales que tuvieron el mérito de enfrentarse al orden establecido. Uno de ellos es el general Ramón Castilla que decreta la abolición de la esclavitud. Pero, el que recientemente ha querido darle una nueva fisonomía a nuestra sociedad es el general Juan Velasco Alvarado. Estos dos ejemplos merecen ser destacados porque precisamente cuestionan el orden establecido, cruel, antihumano, limitante del desarrollo personal y profesional de todos los individuos de una sociedad.

Castilla y Velasco son ejemplos nobles en el uso de la fuerza organizada al servicio del interés general. Ninguno de los dos salió del mando con cuentas bancarias llenas de dólares como Pinochet, ni con haciendas ganaderas como Bermudez. Ellos no han sido de aquellos que hacen la guerra para engordar sus cuentas bancarias con el dinero destinado a comprar armamentos como Hermoza, en la historia reciente.

e. Una prueba de Honor y Honradez

“Parece simple un proyecto de liberación nacional, casi como si pudiera resolverse en la mesa de negociaciones con acuerdo de partes. No es así. Hay 500 años de hábitos e intereses acumulados; la razón colonial no es una eterna fijación de la conciencia; hay quienes sin ella mueren y antes de que eso ocurra prefieren matar,” nos recuerda Luis Guillermo Lumbreras. En efecto, aun cuando los dos tipos de repartición, individualista e igualitaria, estarán presentes, ese cambio de actitud en el enfoque de la economía tendiente a favorecer el interés general sobre el interés individualista requiere del apoyo de la fuerza.

Ahora, que somos conscientes de la necesidad de desplazar a la Repartición Individualista en tanto que el tipo de repartición predominante, para ubicar en ese lugar a la Repartición Igualitaria del Resultado Neto, es indispensable contar con el brazo armado que haga factible su realización. Un brazo armado consciente de su misión histórica. ¿Nuestras fuerzas armadas y policiales estarán a la altura de tomar ese desafió histórico? ¿O quizás sea necesaria la intervención de otro cuerpo armado sano, consciente de su misión e imbuido de moral y honradez?

La historia nos habla con insistencia de la participación de otro cuerpo armado diferente al que se encuentra en plaza, corrupto, vil y abyecto. Tenemos, entre otros, tres ejemplos célebres al respecto: la columna de Mao Tsé Tung, el Movimiento de liberación nacional de Argelia y la guerrilla sandinista. Todas estas experiencias fracasaron en su intento de eliminar la pobreza y la desocupación, cierto; pero en tanto que brazo armado del ansiado cambio fueron sin lugar a dudas vencedores.

Igualmente fracasó aquel movimiento que supuso la no validez de esta tesis. La intervención americana a través de su mandatario, Pinochet, mostró la prueba de lo contrario. Allende se inmoló en defensa de su tesis: el cambio puede efectuarse de una manera pacífica y sin la participación consciente de las fuerzas armadas y policiales. Pero hubieron otros, como el de Barbados, en donde un gobierno elegido democráticamente y ferviente creyente de la vía pacífica, fue literalmente barrido del mapa por la fuerza invasora de los Estados Unidos bajo el pretexto tan manoseado de la invasión comunista.

Aparte de saber quién será el brazo armado, es necesario hacernos esta pregunta: ¿tenemos aún necesidad de la participación de una fuerza brutal y sanguinaria? El ejemplo de Velazco nos proporciona una respuesta clara. La Revolución no necesita forzosamente de ese brazo armado. Es suficiente contar con un cuerpo organizado dispuesto a apoyar y defender la puesta en práctica de una economía que brinde igualdad de oportunidades a todos los habitantes del país. O que estén dispuestos, en conocimientos y en energía suficiente, para dirigir el gran cambio. La enseñanza de Velazco es valiosa al respecto.

Sin embargo, lo que se requiere es salir airoso de la prueba de madurez cívica, priorizando el interés general sobre el interés personal, sentando las bases sólidas de la Repartición Igualitaria dentro de una economía mixta de interés general.

Después de todo, "Estoy seguro […] hasta que el triunfo de los trabajadores no sea completa; hasta que únicamente la industria productiva sea opulenta, hasta que solo la inactividad nos conduzca a la pobreza, hasta que la admirable máxima: 'el que siembra cosecha', sea sólidamente establecida, hasta que el derecho a la propiedad sea fundado en principios de justicia, y no en aquellos de esclavitud […]; no puede ni podrá haber paz en la tierra, o buena voluntad entre los hombres." (Hodskin, La defensa del trabajo contra las pretensiones del capital, Londres, 1825, pp. 7, 23 y 32)


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