BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

PROGRESO Y BIENESTAR

Hugo Salinas




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E. EQUILIBRIO ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO COLECTIVO

El pasaje de una Repartición Igualitaria hacia otra en donde un reducidísimo número de personas se apropia la totalidad de ese Resultado Neto, ha desquiciado el comportamiento humano y el tejido social. Y todo ello dentro del cuadro de una evolución de los procesos de trabajo que ha facilitado una economía de abundancia en bienes materiales, y una acumulación de riquezas cada vez más creciente. Vivimos “una época en que lo individual es antepuesto a lo colectivo, en que cada persona agita su interés y su egoísmo como bandera,” anota Luis Felipe Alarco.

Estas son contradicciones y taras que la Humanidad actualmente se esfuerza por resolver. Ya no se trata de una lucha contra la Naturaleza para supervivir, sino entre los seres humanos por alcanzar un mínimo de armonía y un mejor aprovechamiento de sus capacidades, competencias y de los recursos naturales en donde vive. Es una lucha entre la afirmación de la individualidad y el rechazo del individualismo por un lado y, la búsqueda de un equilibrio entre el desarrollo individual y el desarrollo colectivo por otro lado.

a. Un equilibrio perfecto en las primeras economías de autoconsumo

En los albores de la Humanidad, el número de personas que conforma un grupo social es reducido en comparación a las inmensas riquezas ofrecidas por la Madre Naturaleza. Los bienes alimenticios se encuentran al alcance de la mano de quienes desean disfrutarla y, ellos, en su momento y de una manera sabia, supieron ajustar el tamaño del grupo social con relación al stock de alimentos ofrecidos por la Naturaleza. Y bajo esta regla, ellos vivieron una economía de abundancia. Dentro de las limitaciones impuestas por la Naturaleza, fue un acto consciente de gestión económica y social. ¿Es el mismo caso actualmente?

Algo más. Dentro de ese marco social y económico supieron regular el desarrollo individual dentro de un desarrollo colectivo, supieron armonizar los egoísmos personales con los objetivos del grupo social, supieron ensamblar el desarrollo del Capital Humano con los requerimientos del Capital Social. ¿Es el mismo caso actualmente? No, el egoísmo personal se ha impuesto sobre el bienestar colectivo.

b. Las fracturas

Los estudiosos de la materia estiman que el Homo Sapiens tiene una existencia de 200 mil años aproximadamente. Durante este lapso de tiempo ha desarrollado procesos de trabajo que, cada vez más eficientes, le han brindado nuevas y mejores formas de vida. Pero, desgraciadamente, uno de ellos ha abierto el camino a que los propios seres humanos generen fracturas dentro de su propia comunidad, dando paso a un espíritu egocéntrico y perverso.

Señalaremos tres momentos, tres fracturas, en el desarrollo de la actividad económica y social. Una, cuando se pasa de la Repartición Igualitaria hacia una Repartición Individualista. Otra en donde, la Repartición Individualista empuja hacia límites execrables el egoísmo de las personas. Una tercera fractura proviene de la intervención del Gobierno como ente regulador de la economía.

i. La apropiación individualista del resultado de la actividad económica

Luego de estar sometido a los vaivenes de la Naturaleza, el ser humano logra crear la tierra cultivable. A partir de ese momento es él quien decidirá el volumen de producción de sus bienes alimenticios. El grupo social se afinca en un lugar determinado por la bondad de la tierra cultivable. Cada uno de sus miembros construye su morada y, en conjunto, delimitan los linderos de su hábitat. Es un gran salto en sus condiciones materiales de existencia.

No obstante, la tierra cultivable que se encuentra en el origen de esta gran transformación, será, a corto plazo, el medio que algunos miembros del grupo social usarán para dominar y esclavizar al resto del grupo social. De esta forma nacerá una sociedad con un increíble progreso económico, pero dividida en clases sociales. Muy pocos serán los beneficiados y, la mayoría será convertida en mano de obra solamente. La totalidad del resultado de la actividad económica, e incluso los medios e instrumentos de producción, pasan a ser propiedad del amo. Esta es la primera fractura entre el esfuerzo personal y el beneficio del resultado de la actividad económica.

Además, esta fractura tiene otro aspecto mucho más negativo: la masa trabajadora, comprometida directamente en la producción agrícola, pierde todo contacto e iniciativa en la dirección del acto económico. Se convierte en una bestia de carga. Su única preocupación será trabajar, y trabajar en las tareas indicadas por el amo. Ha perdido la noción de crear el mañana. Se convierte en un ser pasivo y dispuesto a recibir órdenes del patrón.

Y el paso de más de diez mil años, en esas condiciones, han sido suficientes para que todos los miembros de la clase social-fuerza de trabajo internalice este comportamiento. El trabajo realizado en medio de la música y de la danza se convierte en un mito de los tiempos gloriosos.

ii. Desarrollo individual versus desarrollo colectivo

La segunda fractura es facilitada por el proceso artificial de producción. Y es, como consecuencia de la Repartición Individualista, que el universo de los asalariados queda reducido a los linderos de su centro de trabajo. Ya ni siquiera tienen el menor interés en observar el conjunto de la actividad económica, como lo hacían sus ancestros. No tiene objeto. Ya no son ellos quienes deciden lo que se ha producir y en qué cantidades. En adelante, todo su esfuerzo se concentra en obtener un aumento salarial. Ya no discute el poder de decisión sobre el acto económico. Su único esfuerzo es llegar a vivir, él y su familia, al día siguiente.

Siendo su salario el único argumento económico sobre el cual tiene pleno dominio, no piensa más allá que en su supervivencia o bienestar personal y familiar. Sueña con tener una casa propia, pero no más allá. Las pistas, las veredas, los jardines, los lugares públicos…, no son de su incumbencia.

La gestión de los bienes y servicios colectivos escapa completamente de su mente y de su accionar diario. Tiene el real sentimiento de que no le incumbe; menos aún, no les pertenece. Se crea un quiebre entre su desarrollo individual y su desarrollo colectivo. Y este comportamiento no se manifiesta solamente en la clase trabajadora, sino también en los patrones de las empresas. Ellos piensan solamente en el monto de las utilidades que generará su empresa. Ninguna preocupación por los parques, jardines, carreteras; por los bienes colectivos.

Como lo dice Jean-Louis Laville, “la emancipación permitida por una sociedad fundada en la dupla Estado-mercado se convierte ahora en una mutación del individualismo que puede ser definido como el ‘privatismo’, un proceso cultural que incita a se de-responsabilizar de las relaciones sociales, del reconocimiento mutuo, de la co-responsabilidad frente a los bienes comunes y a la reproducción del tejido social.”

iii. Los efectos nocivos del organismo regulador externo

Dado los innumerables y graves efectos perversos de la Repartición Individualista, el Gobierno promete a la población encargarse de la “educación pública”, de los servicios de salud pública, del transporte colectivo, de los parques y lugares de entretenimiento. Un rol que supera a su exiguo presupuesto. Pero, una actitud arrogante, y con tantas promesas no cumplidas, ha creado serias distorsiones en el comportamiento de las personas.

La casi totalidad de la población está convencida de que es el Gobierno quien se debe encargar, en su ejecución, mantenimiento y desarrollo, de todas estas funciones “de servicio público”. Genera una actitud de espera, de sumisión y de olvido en el desarrollo de los bienes colectivos. Mientras tanto, con un comportamiento individualista, las personas se interesan solamente en el desarrollo estrictamente individual y familiar. Es la fractura consumada entre el desarrollo individual y el desarrollo colectivo.

Por su parte, los empresarios, autónomos en la gestión de sus empresas, exigen del Gobierno mayor protección y subvenciones a cambio de menores tasas impositivas. Los que se apropian la totalidad del Resultado Neto de la actividad económica no sienten la menor preocupación ni por el resto de la sociedad ni por la infraestructura del país necesaria para un buen funcionamiento de la economía. Todos los gastos en bienes colectivos son imputados al Gobierno y todos los ingresos son de propiedad de ellos. La fractura al interior de la sociedad y de la economía es generalizada.

c. La regulación entre la actividad individual y la actividad colectiva

En una economía de mercado de interés general, la regulación entre la actividad individual y la actividad colectiva pasa, directa e integralmente, al manejo de todos y cada una de las personas.

i. Un tiempo para las decisiones colectivas

Indudablemente que el comportamiento de las personas tendrá que cambiar radicalmente. Pero no como consecuencia de un proceso de formación elitista, sino porque cada uno de ellos cuenta con todos los recursos financieros para abordar no solamente sus problemas personales sino también, y sobre todo, de aquellos que serán necesariamente ejecutados en coordinación con otros ciudadanos: los bienes colectivos.

La construcción de pistas y veredas de su ciudad, por ejemplo, ya no estará a cargo de la autoridad política del lugar. Esta será una tarea que le incumbirá directamente a él y a sus vecinos beneficiarios de la obra. De igual modo, los parques y jardines quedarán a la decisión y financiamiento de los ciudadanos beneficiarios de dichos espacios comunes. Asimismo los puentes y carreteras, los lugares de descanso y esparcimiento, las escuelas y los hospitales, las universidades, colegios y escuelas, etc. quedarán a la decisión y financiamiento de los beneficiarios directos de los servicios y de las obras.

De este modo, cada persona deberá necesariamente regular el tiempo dedicado a sus actividades personales y aquellos dedicados a los bienes y servicios comunes. Dos actividades que repercuten directamente en su bienestar personal y el de su comunidad.

ii. Un tiempo para la supervisión y control

En este mismo orden de cosas, cada persona tendrá sumo interés en la supervisión y control de todas las obras comunes que se ejecutan con su dinero y en beneficio de él y de su familia. Ya no será indiferente al maltrato de los bienes comunes, así como ya no será indiferente tampoco a los costos y calidad de las obras en ejecución.

iii. Equilibrio entre la acción individual y la acción colectiva

Una nueva economía que reinserta a la mayor parte de la población en la Participación Directa y Colectiva en la solución de sus problemas cotidianos, de sociedad y de su futuro. Cada persona volverá a ser un agente activo, dinámico, creador, en medio de una sociedad que lo reconoce plenamente. En estas nuevas condiciones, será él, y solamente él, quien tendrá el real manejo de su tiempo disponible.

Los profesores Thierry Baudassé y Adolfo Pérez Hinojosa nos recuerdan “el arte o la ciencia de la asociación” señalado por De Tocqueville, consistente en “la capacidad de unirse […], para el logro de fines y objetivos comunes, no obstante existir […] una alta cuota de individualismo o egoísmo.”


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