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ESTUDIOS DE LA CUENCA DEL RÍO SANTIAGO: UN ENFOQUE MULTIDISCIPLINARIO

Salvador Peniche Camps y Manuel Guzmán Arroyo




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Distribución del agua potable en la zona metropolitana de Guadalajara. Desigualdad y perturbación ecológica.

Porfirio Castañeda Huizar
Carmen Venegas Herrera

i) Resumen

A pesar del poderío económico que muestra la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG), en su interior se presentan serios desequilibrios que se reflejan nítidamente en algunas zonas de su territorio. Estas desigualdades se pueden observar en la distribución del agua potable entre las distintas áreas geoestadísticas básicas (AGEBS) que la integran; a la vez, el desabasto de este líquido se relaciona con las características de marginación de la población que habita esos espacios. Con relación a lo expuesto, en este artículo se presentan tres apartados a través de los cuales será posible: 1) plantear una descripción teórica sobre la relación que existe entre el crecimiento urbano, el abastecimiento y la distribución del agua potable en las ciudades; 2) revisar y analizar desde un enfoque espacial, a través del empleo de sistemas de información geográfica (SIG), las disparidades que existen en la distribución del agua entre las distintas zonas del interior de la ZMG, identificando cuáles son las áreas que sufren de desabasto y que requerirían de una atención inmediata por parte de las administraciones públicas municipales que integran esta mancha urbana; y, 3) correlacionar las áreas marginadas y el desabasto de agua potable de la ciudad. A partir de estos elementos, relacionados con aspectos de ecología, crecimiento urbano, desabasto y pobreza, se identifican y se definen las prioridades y necesidades urgentes para la población que subsiste en esas áreas de la ciudad.

ii) Sustentabilidad, expansión urbana y distribución del agua potable.

Nuestro primer razonamiento en este análisis tiene que ver con el concepto de sustentabilidad, dada la naturaleza del recurso hídrico. Tradicionalmente, la sustentabilidad se ha definido como la “satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (Brundtlant, 1988). Al respecto, Martínez y Roca (2000: 364-417) establecen que “la definición parece en principio muy clara, pero lo es menos si profundizamos en el concepto”. Estos autores indican que “la idea central de este concepto es la de mantener el patrimonio natural, considerar a la naturaleza como un legado que hay que conservar, que hay que usufructuar de modo que mantenga la capacidad de cumplir sus diferentes funciones”. Siendo así, ellos identifican una primera objeción. “Si se tratase de mantener el patrimonio natural en todos sus elementos, cualquier uso de recursos no renovables, por pequeño que fuera, sería incompatible con la sustentabilidad”.

Al definir criterios más prácticos, estos autores afirman que “podríamos fijarnos en la conservación del patrimonio natural como proveedor de recursos de las actividades económicas” (Ídem: 366). En el caso de los recursos renovables, “aunque potencialmente agotables, puede definirse un criterio claro de uso sustentable: usarlos sólo al ritmo de su renovación. Ello no resuelve, sin embargo, cuál ha de ser el stock óptimo de recursos y, además, se plantea el problema del nivel de agregación y espacial de referencia. No se trataría, por ejemplo, de mantener inalterable cualquier bosque (aunque alguna área determinada sí puede tener un valor especial único que haga prioritaria su conservación) o campo de cultivo, sino de no disminuir en conjunto la superficie forestal (no se trata sólo de número de árboles) o el área fértil”. Estos mismos especialistas afirman que “la sustentabilidad requeriría, desde luego, cuidar los servicios que directamente proporciona la naturaleza. Se trata, en primer lugar, de no producir alteraciones en los ecosistemas que afecten a servicios esenciales como la vida o que puedan conducir a situaciones potencialmente catastróficas. Pero se trata también de tener el máximo respeto por la conservación de espacios naturales, que en el futuro pueden ser cada vez más valorados para la calidad de vida” (Ídem: 370).

Acorde con lo anterior, cuando hacemos referencia sobre el crecimiento y el desarrollo de las localidades consideradas como urbanas, se hace indispensable relacionar la expansión territorial que ello genera, con la conservación o, en todo caso, la destrucción que este fenómeno pudiera producir en los espacios naturales que se ven afectados. Siguiendo con los mismos autores, éstos plantean dos preguntas interesantes que nos hacen reflexionar sobre esta relación: “¿cabe hablar realmente de ciudades sustentables? o ¿hay que ver a las ciudades como “parásitos” que chupan energía y materiales, y excretan residuos? (Ídem: 399). Desde este punto de vista, cabría entonces esperar que, las externalidades positivas que trae consigo la aglomeración , se transformen en externalidades negativas, y a partir de ese momento, rompan con el equilibrio que la propia naturaleza ha establecido, y por lo tanto, los conglomerados urbanos se conviertan, precisamente en parásitos cuyo crecimiento genera destrucción sobre el medio ambiente.

La degradación ambiental propiciada por el crecimiento de los centros urbanos puede llegar al extremo y generar escasez. En el caso que nos ocupa, relacionado con la dotación de agua potable a las comunidades, es posible mencionar algunas cifras preocupantes que se presentan a nivel mundial ligadas con este fenómeno: 1) “existen más de mil millones de personas que no disponen de instalaciones para abastecerse de agua…”; 2) se calcula que “cada día mueren en el mundo 6,000 personas, en su mayoría niños menores de cinco años, a consecuencia de enfermedades diarreicas causadas por el problema del agua”; y, 3) desde 1900, han desaparecido el 50 por ciento de los humedales del mundo” (Friers, 2007). Este fenómeno se puede explicar a través del crecimiento económico “que se ha multiplicado por siete, en los últimos 50 años del siglo XX, condicionando en forma decisiva la vida de muchas personas del siglo XXI”, y contribuye también a este problema la “explosión demográfica de las últimas décadas, y sobre todo, en gran medida el crecimiento de las ciudades o el proceso de urbanización generalizada a nivel mundial” (Ídem, 2007).

Siguiendo con el tema del agua, existe un punto de vista, cada vez más creciente entre los interesados en la conservación del medio ambiente y sus recursos, de que “el ambiente juega un papel esencial en la renovación y depuración de los recursos hídricos. Por lo cual, para cumplir con este papel, el ambiente requiere parte del recurso como cualquier otro sector” (Frers, 2007). Al respecto, Martínez y Roca establecen lo siguiente, “domeñar los ríos, evitar que se pierda el agua, ha sido el sueño de muchos ingenieros hidráulicos, pero, desde el punto de vista ecológico, el agua de los ríos no se pierde, sino que desempeña funciones ecológicas en las riberas, proporciona sedimentos en los deltas (que ayudan a compensar su subsistencia natural más el previsto aumento del nivel del mar por el efecto invernadero), se depura así mismo al oxigenarse, y lleva nutrientes al mar; contribuyendo así a la prosperidad de las zonas pesqueras litorales. Esas ideas de gestión ecosistémicas de los ríos, según las cuales el agua que no se usa para la economía tiene sin embargo importantes funciones ecológicas que el mercado olvida, no han llegado aún a la conciencia pública. Aquí, el uso del mercado no es ciertamente una solución sino un problema para una gestión ecositémica del agua” (Martínez y Roca, 2000:359-360).

De acuerdo con este enfoque, la escasez del agua debería tratarse con una perspectiva orientada hacia la gestión de la demanda y no hacia el incremento del suministro, como tradicionalmente se ha tratado. Las políticas orientadas hacia el incremento del abasto de este líquido, hacen pensar que el problema es sólo de cantidad, es decir, “se hace una proyección de la futura demanda del agua con base en el aumento de población y del ingreso, y entonces se prepara un plan de abastecimiento, acudiendo a nuevas fuentes o mediante embalses”. Este último caso, “ha sido un procedimiento muy importante para aumentar el abastecimiento del agua, y en la segunda mitad del siglo XX han abundado como fuente de hidroelectricidad, pero también de agua para regadíos agrícolas, trasvases entre cuencas y zonas urbanas” (Martínez y Roca, 2000: 358-359). Al respecto, se calcula que en el mundo, “el número de grandes embalses se ha incrementado vertiginosamente de poco más de 5 000 en 1950 a cerca de 38 000 en la actualidad” (Sommer, 2002). Dicha situación, es la que ha facilitado en gran medida los desequilibrios del medio ambiente y escasez de los recursos naturales; situación que perjudica directamente a las clases sociales más desfavorecidas. Por mencionar un ejemplo, se calcula que el consumo de agua “para usos domésticos, oscila entre los mil litros por persona al día entre la gente más rica en California y los veinte litros por persona al día en la gente muy pobre de zonas urbanas. Más allá de esos mil litros por persona al día, o incluso antes, la elasticidad-ingreso de la demanda doméstica de agua se torna cero, pero como ocurre en otros casos de desmaterialización relativa, llegar al punto en el que el uso de agua ya no aumenta, supone un gasto tan alto que difícilmente podrá conseguirse con generalidad si hay que mantener, además, los otros usos de agua para la industria y la agricultura” (Martínez y Roca, 2000: 358).

iii) Disparidades en la distribución del agua potable al interior de la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG)

La zona metropolitana de la ciudad de Guadalajara, hasta el año 2000, se delimitaba geográficamente por seis localidades urbanas de los municipios centrales del estado de Jalisco que presentan conurbación física, tales como: Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, El Salto y Tlajomulco de Zúñiga (mapa número 1). Entre las características generales de esta mancha urbana, y de acuerdo a los datos estadísticos del X Censo de población y vivienda en México proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), encontramos una población total en la ZMG mayor a los 3 millones y medio de habitantes (SCINSE, 2000), todos ellos distribuidos en una superficie aproximada de 46 576 hectáreas. Asimismo, presenta una tasa elevada de crecimiento poblacional de 2 por ciento entre 1990 y el año 2000, lo que quiere decir que en este periodo de tiempo hubo un incremento de 633 422 habitantes y 17 576 hectáreas respectivamente, en esta conurbación. En este estudio se identificaron un total de 1 264 áreas geoestadísticas básicas (AGEBS), y más de 30 localidades pertenecientes a los municipios ya mencionados.

El crecimiento territorial de esta ciudad ha sido importante con el paso de los años. Más recientemente, las nuevas áreas incorporadas a esta mancha urbana se agrupan alrededor de un círculo periférico cuyas condiciones de vida son aún más difíciles que las zonas más tradicionales de la ciudad. En el mapa número 2 se muestra la expansión urbana de 1990 al año 2000. Este ensanchamiento se reparte proporcionalmente hacia el norte y oeste, en el municipio de Zapopan (32.53 por ciento); al este en Tonalá (10.83 por ciento) y Tlaquepaque (14.31 por ciento); y, al sur en Tlajomulco de Zúñiga (8.09 por ciento) y El Salto (5.62 por ciento) respectivamente. Además, se muestran algunas localidades cuya integración a la mancha urbana en el mediano plazo es inminente , como: Tesistán, La Venta del Astillero, San Esteban, Puente Grande, Juanacatlán, San José del Castillo, La Alameda, Cajititlán, Atequiza, Atotonilquillo, Zapote del Valle, San Miguel Cuyutlán, San Sebastián el Grande, Jardines de San Sebastián, y Santa Cruz de las Flores. Resulta claro que el avance de la ciudad sobre el anillo periférico, ha abarcado zonas de tipo rural, algunas de las cuales representaban un alto valor agrícola, tales como el valle de Tesistán o Toluquilla; o un valor ecológico, como el bosque La Primavera. Dicha situación no termina de impactar a las autoridades municipales, involucradas en esta situación, las cuales no han sabido reaccionar ante el crecimiento desordenado de esta ciudad, y como consecuencia no han planteado aún, en la agenda pública para esta zona urbana, las políticas públicas necesarias que frenen u ordenen dicho crecimiento.

Con relación a la disposición del agua potable en la ZMG, debemos partir de la descripción general de sus fuentes de abastecimiento, y las condiciones en las que éstas se encuentran actualmente, dado el alto nivel de explotación a las que se han visto sometidas. De acuerdo al plan de desarrollo para la región 12 Centro del estado de Jalisco, esta ciudad “se localiza principalmente en dos cuencas hidrológicas: la del Valle de Atemajac, la cual abarca casi 45 por ciento de la superficie total metropolitana, y comprende las subcuencas: Coyula, Arroyo Hondo y el Caballito; y, la cuenca del Ahogado, cuya extensión representa el restante 55 por ciento, incluida la subcuenca de Puente Grande”. En la tabla número 1, se pueden observar las cantidades de agua potable que abastecen a los seis municipios de la zona metropolitana, así como las distintas fuentes que las generan.

De esta tabla, se pueden obtener algunas conclusiones interesantes como las siguientes:

1. la ZMG se abastece de agua potable a través de 268 fuentes, las cuales son clasificadas en pozos profundos, manantiales y otras –se especifica que en este último rango se encuentra el Lago de Chapala y la presa Elías González Chávez;

2. con relación a la extracción media diaria en litros por segundo (lps), destaca el empleo de las fuentes superficiales, cuya extracción promedio total es de 9 305 lps al día, cantidad que representa casi 70 por ciento del abasto total a la ZMG;

3. se puede observar otro hecho importante: ese 69.56 por ciento de extracción media diaria, proveniente de fuentes superficiales, se destina prácticamente en su totalidad (99.94 por ciento) al municipio ciudad de Guadalajara, cuya abasto respecto del total de agua destinada a la ZMG (13,376.91 lps) es de 79.16 por ciento, en el año de 1998;

4. con relación a este último punto se tiene que hacer hincapié en que Guadalajara es el municipio que posee una mayor cantidad de habitantes en la ZMG. De acuerdo al censo poblacional del año 2000, dicha cantidad representó un alto porcentaje del total.

A través de esos datos, es posible reafirmar la importancia del lago de Chapala para la vida de los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara, dado que es el embalse natural que aporta la mayor cantidad de agua para el desarrollo de diversas actividades, a pesar de algunos inconvenientes, como la distancia, los costos, y la calidad del agua. Habrá que recordar que existen dos caminos para llevar este líquido a la ZMG: el más antiguo mide aproximadamente 90 kilómetros de longitud, mientras que el acueducto Chapala-Guadalajara , de más reciente creación, 42 kilómetros. Pero además, existe otra fuente superficial de abastecimiento para la zona metropolitana de Guadalajara: la presa Elías González Chávez , a una distancia de 31 kilómetros. Estos sistemas se presentan en el mapa número 3. Asimismo, se calcula que los costos son elevados y el precio de este líquido no corresponde a la realidad, además de que las aguas superficiales presentan signos alarmantes de contaminación. El abasto de agua potable se complementa con la operación de seis sistemas de pozos profundos ubicados en las cuencas de Tesistán, Río Blanco, Atemajac, El Ahogado, San Juan de Dios y Colimilla.

El abastecimiento de agua potable en la ZMG se caracteriza por las siguientes condiciones:

1. cada una de las distintas fuentes de abastecimiento presenta signos de agotamiento debido a la excesiva e irracional manera de explotarlas, al descuido y a la distribución. El caso más preocupante es la agonía del lago de Chapala, cuyo impacto ecológico se empieza a sentir a través del cambio climático en la región y el deterioro de su propio ecosistema. Si bien es cierto que la zona metropolitana no es el único culpable, si contribuye al ecocidio que se presenta en esa región del estado;

2. con relación a lo anterior, se calcula que aproximadamente 43 por ciento de las aguas provenientes del lago de Chapala se pierden en el camino; pero además, están contaminadas y una vez utilizadas el tratamiento es prácticamente nulo;

3. el crecimiento urbano se sigue manifestando con más pobladores y más hectáreas incorporadas a la mancha citadina, y por lo tanto, la demanda por los servicios de agua potable y saneamiento van en aumento;

4. en la tabla número 2 se observa que durante el último año reportado (1998), el consumo del agua en la ZMG disminuyó de 207 441.6 a 181 800.6 miles de litros; de estos últimos, 92.5% se utiliza en predios privados; y de esta cantidad, 81 por ciento se destina al uso habitacional; 11.24 a comercio y servicios; y 4.41 por ciento a la industria, por lo tanto, el problema del abasto a la población es mayúsculo.

5. es manifiesta además, la disminución del consumo per cápita de agua potable en la ZMG, tal como se muestra en la gráfica 1 durante el periodo 1992-1999. Conforme a estos datos, éste disminuyó de 262 a 143 litros por habitante al día.

6. se continúan aplicando las políticas públicas orientadas al consumo del agua sin implantar los controles que se deben ejercer para disminuir el peligro de un colapso en el abasto y sin tomar en cuenta a la naturaleza. Un ejemplo de ello, es la construcción de la presa de Arcediano, la cual será eficiente hasta el año 2020;

7. el desequilibrio sobre el medio ecológico afecta directamente la oferta de agua a la ciudad; esto se traduce en escasez y desabasto de este líquido, principalmente en zonas rezagadas, tal como se analizará más adelante.

Para adentrarnos en el tema de la distribución del agua potable, debemos considerar que los gobiernos municipales son los principales responsables de este proceso, ya que están obligados a garantizar el abasto de dicho líquido en favor de la población, a través del artículo 115 constitucional. Sin embargo, la eficiencia de los municipios en la administración de los recursos locales no siempre es la óptima. Se aduce, como pretexto, la carencia de recursos suficientes para cumplir con las responsabilidades definidas en las leyes. Ello se refleja en la acumulación permanente de rezagos en cada una de las localidades. Las estadísticas lo demuestran: “sólo una de cada cuatro ciudades mexicanas de 50 mil habitantes o más registra índices altos de cobertura de la infraestructura básica; poco más de ocho de cada diez ciudades mexicanas de ese tamaño tienen una cobertura de pavimentación inferior a la mitad de su red vial; la gran mayoría de los núcleos urbanos del Sistema Urbano Principal no brinda al grueso de las aguas residuales algún tipo de tratamiento primario o secundario o bien disponen de la mayoría de los desechos en tiraderos a suelo abierto; cuatro de cada diez ciudades experimentaron entre 1990 y 2000 un incremento en el número absoluto de viviendas sin agua entubada en el predio o conectadas a la red de drenaje; la falta de infraestructura y servicios, que a menudo tiene su origen en procesos desordenados de crecimiento”. Sin lugar a dudas, estas limitantes plantean un reto fundamental para la administración y operación de las ciudades.

Para abastecer de agua potable la zona metropolitana de Guadalajara, existe el Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) , que agrupa a cuatro de los seis municipios integrados físicamente en esta ciudad: Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá; en cuanto a las áreas urbanas de Tlajomulco de Zúñiga y El Salto, cada uno de estos ayuntamientos ejerce de manera individual dicha función. Con relación al aspecto administrativo de la distribución del agua potable en la ciudad se pueden identificar algunas deficiencias importantes, como las siguientes:

1. la desvinculación que existe entre los municipios tradicionales de la zona metropolitana de Guadalajara con los de más reciente incorporación, para resolver el problema de una manera solidaria, considerando que la tendencia del crecimiento físico de esta ciudad se dirige hacia los territorios de estos últimos;

2. en cuanto al SIAPA, se trata de un organismo que no genera recursos suficientes para mantener en buenas condiciones técnicas la red de distribución de agua potable y que esta llegue en forma equitativa entre la población; y,

3. nuevamente se observa el dominio de una visión tradicional para definir las soluciones al desabasto de agua potable en la ciudad metropolitana, a través de la búsqueda de nuevas fuentes que complementen el suministro.

Sin lugar a dudas, cada uno de los factores mencionados afecta en forma negativa la distribución del agua potable en la zona metropolitana de Guadalajara. Para iniciar con este análisis, se considera necesario identificar cuáles son los sitios de la gran mancha urbana que no disponen de este servicio público. Conforme a la información que el INEGI genera, la disponibilidad de agua entubada se define como “la accesibilidad de los ocupantes de la vivienda al uso de agua entubada, así como la forma de abastecimiento cuando no disponen de ella”. Conforme a lo anterior, “las viviendas se clasifican de acuerdo con el acceso que sus ocupantes tienen al agua entubada” (INEGI, 2000):

1) Disponen de agua entubada en el ámbito de la vivienda, ya sea dentro o fuera de la vivienda pero dentro del terreno;

2) Disponen de agua entubada por acarreo, de la llave pública o hidrante y de otra vivienda; y,

3) No disponen de agua entubada; por lo cual, las personas tienen que recurrir al uso de agua en pipa, o de algún pozo, río, lago, arroyo u otra fuente (Ídem, 2000).

Al procesar los datos en un sistema de información geográfica (SIG), fue factible concretar los mapas 4, 5 y 6, en los cuales se georreferencían los dos primeros casos. A partir de éstos se obtuvieron algunas observaciones importantes, las cuales se presentan a continuación:

a) Se observa que el desorden en el crecimiento urbano de la zona metropolitana de Guadalajara, ha generado una diferencia en la calidad de las viviendas en cuanto a la dotación de servicios públicos municipales que ahí se ofrecen. De esta manera, podemos identificar áreas consolidadas en las cuales se concentran una mayor cantidad de servicios, infraestructura y equipamiento urbano. Por el contrario, las áreas menos favorecidas, que se localizan en las periferias, se caracterizan principalmente por el grado elevado de insuficiencia en la recepción de servicios públicos, y otra serie de problemas relacionados con los grados de marginación urbana. Al observar los tres mapas, la graduación de colores permite identificar estas diferencias para el caso de la disponibilidad de agua potable.

b) Espacialmente, existe una mayor cantidad de viviendas particulares con agua potable entubada en su interior, en los municipios de Guadalajara y buena parte de Zapopan, con rangos porcentuales que oscilan entre 89.54 y 100 por ciento. Las zonas con un color más oscuro del mapa 4 muestra esta situación. Para el caso de la ciudad municipio de Guadalajara, la cobertura en el año 2000 fue de 97.39 por ciento (Durán, 2002: 92), la más alta, si comparamos las coberturas de los otros municipios que integran la ZMG. Le sigue Zapopan con 86 por ciento,solamente (Ídem, 2002: 92);

c) En cuanto a las viviendas que cuentan con agua potable entubada en el predio (fuera de la vivienda pero dentro del terreno) encontramos que entre 43.02 y 100 por ciento de éstas se localizan en zonas periféricas de la ciudad, en los municipios de Zapopan, Tonalá, Tlaquepaque, El Salto y Tlajomulco de Zúñiga;

d) Igualmente, el mayor porcentaje (de 24 a 100 por ciento) de las viviendas particulares que acceden al agua a través de acarreo (de la llave pública o hidrante o de otra vivienda) se localiza en los AGEBS periféricos de la zona metropolitana en estudio. Se comprueba entonces la problemática que espacialmente se presenta hacia las orillas de esta ciudad.

e) En el mapa 7 se muestra lo anterior así como una ZMG en la cual la mayor parte de sus AGEBS contiene entre 91.69 y 100 por ciento de viviendas con agua potable en su interior, en el predio o por acarreo , durante el año 2000. Pero además, se identifica claramente una periferia con una cantidad de viviendas cuyo abastecimiento de agua potable es de un rango mucho menor que el anterior.

En el mapa 8 se muestra la distribución espacial de las áreas que no disponen de agua entubada en su vivienda.

1. Un tipo de abastecimiento del servicio de agua potable entubada desde el centro hacia las orillas, cuya mayor deficiencia se muestra en la periferia;

2. El desabasto medio (que oscila entre 27.03 y 52.66 por ciento) hasta el muy elevado (entre 79.51 y el 100 por ciento) en la ZMG, se presenta en la periferia de la mancha urbana, y se hace más notable hacia el este, sur, oeste y noroeste, específicamente en los municipios de Tonalá, Tlaquepaque, El Salto, Tlajomulco de Zúñiga y Zapopan. Aquí se localizan entre el 27.03 y el 100 por ciento de los hogares que no cuentan con dicho servicio.

3. Se observa que todas ellas son áreas de más reciente incorporación a la mancha urbana; además, esta situación involucra principalmente a los municipios cuya c.pacidad financiera, tanto de captación de recursos como de gasto, es menor.

4. Al analizar las cifras socioeconómicas de estas zonas se encuentran rasgos de pobreza considerables:

a. Para el año 2000, en la zona metropolitana de Guadalajara existían aproximadamente 1 118 751 personas en condiciones de pobreza elevada, en más de 400 áreas geoestadísticas básicas;

b. En materia educativa, encontramos casi medio millón de personas, mayores de 6 años, analfabetas.

c. De los habitantes de estas áreas, más de 140 mil no eran nativos de esta entidad.

d. Con relación al aspecto económico, más de 350 mil personas se clasificaban como población económicamente activa (PEA), de las cuales 222 589 eran empleados u obreros. De éstos, aproximadamente 11 por ciento ganaba menos de un salario mínimo.

5. Como se analizará en el siguiente apartado, estas áreas se relacionan directamente con las zonas de mayor marginación urbana de la ciudad, lo cual hace pensar en un olvido sistemático temporal por parte de las autoridades cuya capacidad de gasto es altamente limitada.

iv) Desigualdades y contradicciones sociales en la distribución del agua potable en la zona metropolitana de Guadalajara.

Una vez identificadas las áreas con mayor desbasto de agua potable en la zona metropolitana de Guadalajara, en este apartado se muestra la relación que guardan éstas con la marginación social al interior de la mancha urbana. Para este caso, se considera el índice de marginación urbana por AGEBS, calculado por el Consejo Nacional de Población (CONAPO) para el año 2000. Este índice se define como “una medida resumen que permite diferenciar las Áreas Geoestadísticas Básicas (AGEBS) urbanas del país según el impacto global de las carencias que posee la población residente en las mismas”. Según el Consejo Nacional de Población, “tales medidas pueden ser sumamente útiles para el diseño y la puesta en práctica de políticas sociales, pues permiten diferenciar pequeñas unidades territoriales al interior de las localidades según la intensidad de las privaciones que padece su población, así como establecer órdenes de prioridad en los programas y proyectos orientados a mejorar la calidad de vida de la población en áreas urbanas y así fortalecer la justicia distributiva en el ámbito local y regional” (CONAPO, 2000).

Se entiende que la marginación es un fenómeno multifactorial, por lo cual, en su cálculo se toman en cuenta cinco dimensiones relacionadas con el acceso a la salud, educación, vivienda, ingresos monetarios; y las desigualdades de género; de las cuales es posible “identificar once formas de rezago, cuya intensidad espacial es medida como el porcentaje de la población que no participa del disfrute de bienes y servicios esenciales para el desarrollo de sus capacidades básicas” (Ídem) . Conforme a los cálculos de esta dependencia gubernamental se identifican rangos que van de -1.893 a 11.015 para los grados de marginación medio a muy alto . Si georreferenciamos estos datos a través del empleo de sistemas de información geográfica (SIG) podemos agrupar esta información, de manera tal, que es posible establecer zonas de comportamiento de la variable utilizada, es decir, se pueden crear grupos de valores de un mismo tema, y observar cómo se distribuyen en el territorio. El resultado de este proceso se muestra en el mapa número 9.

El análisis de esta información genera las siguientes conclusiones:

se encuentra que la mayoría urbana marginada en la ZMG, con grado medio a muy alto, para el año que se analiza, se localiza en los AGEBS ubicados alrededor o en la periferia de la ciudad.

1) Encontramos que todos los municipios que integran esta mancha urbana contienen en su territorio una buena cantidad de zonas marginadas. Sin embargo este fenómenova aumentado a medida que se avanza hacia la periferia, aunque se pueden observar algunos lunares que no cumplen con dicha característica, ya que suelen ser lugares amurallados, cercanos a población marginal pero aislados;

2) Asimismo, se localizan las áreas más consolidadas al poniente de la zona metropolitana, donde se presentan las mejores condiciones de vida de toda esta ciudad;

3) Puede concluirse que, conforme ha venido creciendo la ciudad de Guadalajara, se observan los problemas en regiones bien definidas, sobre todo en áreas de reciente urbanización, hacia la periferia de la mancha urbana, como al norte de Zapopan; al oriente, en el municipio de Tonalá; al sur, en los municipios de Tlaquepaque, Tlajomulco de Zúñiga y El Salto; y, al poniente, en donde se encuentra la mayoría de los pobres.

4) Esta carencia o falta de acceso a la mayoría de los servicios públicos, en una parte importante de la ciudad, se conjuga con los niveles elevados de marginación, y plantea muy difícil el abatimiento de las desigualdades en la macrociudad.

Cuando hablábamos, en el apartado anterior, de la cantidad de viviendas particulares que disponían de agua entubada en su interior encontramos que solamente 75.34 por ciento de la totalidad de hogares en la ZMG disponían de este servicio. Sin embargo, la incomodidad de las personas se manifiesta si consideramos que aproximadamente 4.57 por ciento lo tiene en el mismo predio y 3.22 por ciento, por acarreo. Por otra parte, 16.87 por ciento no contaba con una gota de agua de los servicios públicos municipales. La mayoría de estas personas, la obtienen a través de la compra de pipas, y en muchas ocasiones su transporte y almacenamiento no reúnen las condiciones higiénicas para considerarlos limpios. De esta manera, y conforme a los mismos datos, aproximadamente un cuarto de la población presenta problemas para abastecerse de agua potable, ya sea que no cuente con el líquido o que tenga que acarrearlo hasta su vivienda. La contraparte se encuentra en aquellas colonias o fraccionamientos que administran, incluso, su propia dotación de agua potable y cuentan con el servicio las veinticuatro horas del día.

A través de la georreferenciación espacial, fue posible encontrar una correlación importante entre las zonas marginadas y las áreas que carecen de este servicio público. Dicha aseveración se muestra claramente en el mapa número 10. Para la integración de éste, en un primer momento, se seleccionaron únicamente los AGEBS cuya marginación abarca los grados medio hasta el muy alto. Luego, con relación al abastecimiento de agua potable se seleccionaron las áreas geoestadísticas básicas cuyo porcentaje de viviendas particulares habitadas y que no cuentan con el servicio es mayor a 21.3 por ciento. Al relacionar ambos espacios utilizando sistemas de información geográfica, es posible describir las siguientes situaciones de importancia:

1) Con relación a las zonas sin agua potable se obtuvieron los siguientes datos estadísticos: existe un total de 249 AGEBS en la zona metropolitana de Guadalajara con esta deficiencia, que va de 21.30 a 100 por ciento. Podemos afirmar que durante el año 2000, en cada una de las áreas geoestadísticas básicas, con un desabasto medio hasta muy alto de agua potable, aproximadamente 76.09 por ciento de las viviendas particulares habitadas se encontraban en esta situación.

2) Asimismo, se definieron un total de 575 áreas geoestadísticas básicas con características de marginación media a muy alta, cuyos rangos oscilan entre -1.876820 y 5.8897. Cada AGEBS de este tipo, alcanza niveles promedios de marginación iguales a -0.09684;

3) Encontramos entre ambas regiones un coeficiente de determinación (R2) igual a 0.25 y un error típico de 28.63 para los 1 264 AGEBS contemplados en el análisis.

v) Conclusiones finales

Por medio del análisis realizado en este artículo, fue posible comprobar que a pesar de que la zona metropolitana de Guadalajara es la ciudad más grande y de mayor importancia, no solamente del estado de Jalisco, sino también del occidente del país, ello no garantiza que sus habitantes alcancen los niveles de bienestar óptimos y que, además, los desequilibrios socioculturales y espaciales se minimicen hasta donde sea posible. Lamentablemente, la pobreza generalizada y la mala distribución del ingreso en la ciudad limitan el alcance de la participación política de los grupos sociales en la solución de esta problemática y tienden a centrar la acción política en el alivio inmediato y local de la pobreza a costa de una utilización de los recursos sostenibles a largo plazo. La realidad indica que el crecimiento de la ciudad, solamente está generando una cantidad importante de áreas cuya característica común se relaciona con los indicadores de la marginación, la carencia de infraestructura básica y de servicios públicos, que son fundamentales para la vida de las personas, como el del agua potable.

El caso de la distribución de este recurso natural renovable en la zona metropolitana de Guadalajara es confuso. En cuanto a las fuentes naturales que proporcionan el agua a la ciudad, se definen como insuficientes. Incluso el lago de Chapala, que constituye la fuente superficial más importante para la metrópoli, se encuentra en peligro de colapso. Asimismo, el recurso que se sustrae de los mantos freáticos del subsuelo se clasifica como agotado. No obstante, el problema se sigue planteando y enfrentando de una manera altamente tradicional, orientado a resolver el cuestionamiento de cómo abastecer una mayor cantidad de agua a la población de esta localidad. Con relación a ello, podemos mencionar el proyecto de la construcción de la presa de Arcediano, en la barranca localizada al norte de la mancha urbana actual, a pesar del alto costo y la mala calidad del agua. Sin embargo, surge una pregunta básica, ¿qué pasará en el futuro inmediato cuando las cantidades de agua que genere este embalse ya no satisfaga las necesidades de la población? Desde esta óptica, simplemente se localizarán otras fuentes temporales de abastecimiento en perjuicio de otras regiones.

De esta manera, el concepto de sustentabilidad se sigue tratando solamente en el discurso político y demagógico, o en el léxico de los académicos. Pero en la práctica, sigue siendo nulo. Como se mencionó en este artículo, el medio ambiente también debe ser considerado como usuario del recurso agua. Conforme a ello, es necesario fijar cantidades máximas de uso humano y de uso ambiental, de tal manera que el reparto sea más equitativo. Al respecto existe una barrera, que se traduce en la siguiente pregunta ¿en este caso quién responde por la naturaleza? Un asunto relacionado a este tema, es la calidad de agua que se regresa al medio ambiente. Aunque no fue asunto de este análisis, la zona metropolitana de Guadalajara usa, desperdicia, contamina, y después vierte sus desechos a las corrientes de agua superficiales, sin el cuidado suficiente y los tratamientos necesarios. Esto nos hace reflexionar sobre la pregunta de Martínez y Roca: ¿la ciudad es un parásito solamente…?

Al interior de la ciudad, el reparto del agua potable se realiza también inequitativamente. Es claramente visible, la falta de planeación, organización, dirección y control que justifique el desempeño de las autoridades locales. Hasta el momento, no se ha planteado seriamente un límite al crecimiento de la zona metropolitana de Guadalajara y el aprovechamiento de los recursos regionales; tradicionalmente, su territorio ha crecido de una manera anárquica, lo cual se traduce en más áreas pobres y con pocos servicios públicos. De esta manera, se observa que buena parte de las zonas marginadas carecen de agua potable, en gran medida por la falta de planificación, por la carencia de fuentes de abastecimiento, de recursos económicos de los ayuntamientos y, sobre todo, de ingresos de la propia población. Asimismo, a través de la identificación de las áreas más necesitadas y que no cuentan con el servicio de agua potable, es posible plantear las zonas que deben considerar las agendas públicas municipales como prioritarias, de una manera urgente, alejados de cualquier intención política como tradicionalmente se lleva a la práctica.

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