BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

RETOS Y PERSPECTIVAS DEL SISTEMA POLÍTICO CUBANO

Erick Néstor Paz Chaveco y José Augusto Ochoa del Río




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1.3 La Sociedad Civil. Concepto

En la literatura política actual, con mucha frecuencia, se emplea el término sociedad civil por dirigentes políticos, sociólogos, filósofos y periodistas, para hacer referencias a hechos sociales, intereses políticos y los más diversos objetivos, sobre todo a partir de las décadas del 80 y el 90 del siglo pasado, coincidiendo con el proceso de desmantelamiento del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS. En Cuba, en los últimos tiempos, también se aprecia un incremento del debate político filosófico en torno al binomio sociedad civil-Estado.

Posiblemente existan pocas expresiones en el lenguaje filosófico y político que se empleen con más frecuencia en la actualidad que este término, quizás en pugna con la idea de Democracia. Sin embargo, ocurre que no en todos los casos tiene idéntica significación. En dependencia de la corriente política que defiende el autor o sustenta sus puntos de vistas, así será la interpretación que se le de a este concepto.

Al igual que Miguel Limia, los autores comparten con Isabel Monal que el término sociedad civil “(…) se presenta en la historia de las ideas hasta nuestros días como ambiguo, de fronteras imprecisas y hasta nebulosas; una ambigüedad inadecuada, además por el hecho de que en alemán sociedad civil y sociedad burguesa se escriben de la misma manera y las traducciones no siempre saben hacer la mejor selección”.

En la diversidad de interpretaciones acerca de este término aparecen diferentes enfoques, pudiéndose agrupar en tres posiciones teóricas al respecto: la burguesa, que defiende sus puntos de vistas y concepciones filosóficas; la marxista leninista, que a partir de las posiciones científicas de los postulados de Marx, Engels y Lenin y de otros pensadores revolucionarios contemporáneos, analizan este fenómeno como algo consustancial al modo de producción y a su sistema de valores; y, por último, la de los traidores y vende patrias, neoliberales servidores a sueldo del imperio que con sus interpretaciones tergiversadas y mal intencionadas se esfuerzan por internacionalizar sus puntos de vista y concepciones al respecto.

En particular, en el discurso de los más diversos representantes de la ultraderecha norteamericana, el término de sociedad civil nada tiene que ver con la concepción que en sus inicios tuvo el concepto ni mucho menos con la desarrollada por Gramsci en los años treinta del siglo pasado. De modo tal que resulta, para el lector común, un poco complejo, encontrar la verdad cuando se encuentra con el citado término.

El concepto sociedad civil tiene ya una larga historia. Algunos autores han rastreado el origen de esta expresión en la teoría política medieval, e incluso en la de la Antigüedad. Junto con el pensamiento liberal aparece en la modernidad la idea de sociedad civil, constituyendo uno de sus elementos básicos.

En el siglo XVI la lucha antifeudal se presentaba como el enfrentamiento de la ciudad contra el campo. La ‘’sociedad’’ de la ciudad (civitus, en latín) se denominaba ‘’sociedad civil”. La burguesía era la clase predominante en ella. Carlos Marx decía que el proletariado se encontraba en la ‘’sociedad civil’’, pero no pertenecía como tal a ella, ya que no decidía nada en aquella ‘’sociedad de la ciudad’’ o ‘’sociedad civil’’. Además, al ser la clase burguesa la protagónica en esta, y como en idioma alemán ‘’ciudad’’ se dice con la palabra ‘’burgo’’, también para referirse a la ‘’sociedad de la ciudad’’ se empleaba la expresión de ‘’sociedad burguesa’’.

Estas son las raíces etimológicas del término. No obstante, en su larga trayectoria ha sido utilizado por diferentes personalidades históricas y no siempre con la misma significación.

A partir del siglo XVII, producto del ciclo de revoluciones sociales iniciadas por la Revolución Inglesa y continuado por la de las Trece Colonias y la Francesa, en Europa surge una crisis en el orden social, que da origen al surgimiento de la idea de la sociedad civil, como expresión del intento de resolver la crisis ideológica provocada por la quiebra de los modelos de la idea de orden. Estos procesos sociales condujeron al cuestionamiento de los modelos de orden social y de autoridad hasta entonces existentes, dando lugar a disímiles interpretaciones y concepciones acerca de la relación Estado – sociedad civil.

Aunque el término fue empleado en el discurso político desde el siglo XVII, como se ha señalado con anterioridad, cayó en desuso en el pensamiento occidental a mediados del siglo XIX, y no es hasta finales de la década del 70 del siglo XX, que vuelve a ser utilizado. A partir de entonces aparece en el debate actual en forma tan recurrente como semánticamente imprecisa, aplicándose en toda una pluralidad de contextos con una variedad aun mayor de significados y connotaciones ideológicas: como slogan político, como concepto sociológico analítico y como concepto filosófico.

Como slogan político se emplea ampliamente en diferentes partes del universo, tanto por la derecha como por la izquierda, proclamando a viva voz que hay que “salvar a la sociedad civil”, “recuperar la sociedad civil”, reconstruir la sociedad civil”, o simplemente como la consigna de un movimiento revolucionario. En las actuales sociedades burguesas las fuerzas progresistas han enarbolado la bandera de la sociedad civil.

En Febrero del 2001 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en México, cuando anunció su decisión de abandonar su refugio en la selva Lacandona y encabezar una marcha a través de doce estados mexicanos hasta la capital, con el objetivo de exigir del nuevo gobierno del PAN y el descongelamiento del proceso de diálogo político, el vehículo en que se trasladaba el Subcomandante Marcos portaba sólo una consigna que se reproducía en los tres carteles colocados a ambos lados y en la parte trasera del coche: “Sociedad civil’’.

Como concepto sociológico analítico se emplea para describir formas de organización social muy vinculadas a las ideas de democracia y ciudadanía participativa y, por último, la sociedad civil, como concepto filosófico, expresa un carácter normativo vinculado a la formación, desarrollo y funcionamiento de las creencias y los valores.

De otro lado, se aprecian otras tendencias respecto al concepto y contenido de la sociedad civil, no compartidas por los autores, debido a que contienen ambigüedades e imprecisiones y tienden a justificar la posición de determinadas organizaciones, grupúsculos o asociaciones que, contribuyen a enmascarar sus verdaderas esencias. Por otra parte, la aceptación de ellas, implicaría de hecho, proporcionar determinado marco de legalidad a organizaciones o asociaciones que, en un momento dado, puedan actuar en contra del Estado. Una de las que mayor presencia tiene en la literatura política actual es la que la define como aquella esfera social de determinado país o región, agrupada en diversas organizaciones con finalidades variadas y que actúan con independencia de la actividad gubernamental, en medio de determinadas relaciones sociales y las relaciones que se establecen entre individuos, grupos, clases, en esa sociedad, al margen de las relaciones de poder institucional características del Estado.

Otros autores, siguiendo la misma línea de pensamiento neoliberal, conciben la sociedad civil como el “espacio social en que tienen lugar los conflictos económicos, ideológicos, socio religiosos con respecto a los cuales el Estado actúa en sentido de su regulación o solución por vía de su mediación o de su eliminación, como zona social muy dinámica de la que emanan fermentos y demandas hacia el sistema político, donde se fragua el consenso y se legitima o deslegitima el poder estatal, como zona de organización, asociación y movilización de fuerzas sociales.” Se aprecian aún escuelas de pensamiento político, tanto en Europa como fuera de ella, que mantienen la posición marxista: esfera social diferente al Estado pero que sostiene vínculos con éste y lo complementa.

En Norteamérica, algunos estudiosos del tema, consideran que la sociedad civil es un subsistema que coexiste con los subsistemas político y económico. Este enfoque ve la sociedad civil como sinónimo de sociedad (burguesa) de modo tal que la sociedad civil es la mitad de un par opuesto cuya otra mitad es el Estado.

Otro enfoque respecto al contenido de la sociedad civil es el que considera que incluye también a un grupo de instituciones que contribuyen a mermar y restringir las libertades individuales de los ciudadanos y no como un escudo que enfrente las políticas estatales, que le formulen exigencias al gobierno. Tal posición ataca a determinadas asociaciones corporativas, medios de difusión masiva, estructuras gubernamentales y grupos de poder que de una u otra forma, contribuyen a limitar la conducta de los sujetos sociales y el carácter democrático de su participación en los procesos sociales.

El uso del concepto de sociedad civil en Brasil, por ejemplo, data de la segunda mitad de los años setenta, acentuado posteriormente en los ochenta y noventa. Con ese término se identificó todo lo que en el contexto de la lucha contra la dictadura se contraponía al Estado dictatorial.

Una característica que está presente en Latinoamérica es la pluralidad ideológica que se aprecia en el contenido de la sociedad civil en estos países, agrupados temporalmente para alcanzar determinados objetivos. De igual modo se aprecia una composición muy heterogénea, de desiguales en la red de actores sociales, identidades y sujetos sociales, que agudizan las desigualdades por la diversidad de intereses, objetivos, composición social y posibilidades económicas.

Otra característica que se aprecia con nitidez en muchos países latinoamericanos es el protagonismo de actores vinculados a los sectores más pobres, humillados y explotados de la sociedad, como la propone, desde posiciones de la Teología de la Liberación, el teólogo chileno Pablo Richard. Tal hecho ha provocado la inserción en las sociedades civiles de estos países de un amplio y variado abanico de nuevos actores sociales: movimientos de liberación de la mujer, juveniles, ecológicos y ambientalistas, de solidaridad, de defensa de los derechos humanos, de educación popular, de cultura y arte popular, movimientos de pobladores y barriales, de indígenas, sindicatos y partidos políticos populares y de izquierda, a los que se suman también los movimientos progresistas, movimientos populares de génesis religiosa, las acciones de la prensa, que como parte de una cultura contestataria han participado en la lucha de clases contra regímenes militares y dictatoriales, quienes encaminan sus esfuerzos a la creación y el fortalecimiento de poderes alternativos, revolucionarios y democrático-populares, a la educación política e ideológica de las masas, la formación de nuevos valores éticos y humanistas, y su movilización para transformar la realidad ideológica cotidiana en esos países.

Como se aprecia, en estos países, la sociedad se encuentra muy dividida, fraccionada, con intereses y posiciones teóricas e ideológicas muy disímiles entre las diversas organizaciones que promueven el cambio y el modo de lograrlo, sin liderazgo, lo que hace que la lucha se prolongue por muchos años, que las contradicciones internas de los actores de la sociedad civil les reste fuerzas y capacidad de lucha, objetivo solo alcanzable con la unidad y la dirección política de una fuerza, llámese partido, movimiento u organización, con capacidad de convocatoria y liderazgo probado, capaz de aglutinar a todos los actores en un plan de acción revolucionaria.

Los ideólogos burgueses han manipulado el concepto de sociedad civil, siendo objeto de una ideologización tal, que hoy lo emplean con finalidades ideopolíticas, dirigidas a socavar el socialismo y el orden legalmente constituido en los países socialistas, fundamentalmente en Cuba, fomentar la oposición al Estado y proponer el modo de vida capitalista e imperial como la mejor opción de desarrollo para cualquier pueblo. En ese contexto, para ellos la sociedad civil es la suma de mercenarios pagados y de todos aquellos que se oponen al socialismo.

Otro de los criterios acerca de la relación sociedad civil - Estado es la que refleja el interés por encontrar y aplicar fórmulas que nutran la integración social sobre la base del individualismo, como sostén del modo de vida capitalista. Este es el caso de Steven DeLue, que siguiendo a Jean Bethke Elshtain, considera que la sociedad civil se refiere a muchas formas diferentes de asociaciones, con frecuencia llamados grupos voluntarios o instituciones secundarias, tales como familias, organizaciones religiosas, sindicatos, grupos de ayuda mutua, asociaciones caritativas de ayuda a los menesterosos, las organizaciones de vecinos, y otras organizaciones de interés que promueven las finalidades de disímiles grupos sociales, tales como las asociaciones agrícolas, los grupos de consumidores. Los autores de este enfoque parten del supuesto criterio que esas organizaciones no tienen vínculos con las estructuras formales del poder gubernamental, que conforman una “esfera separada”, donde los individuos están en condiciones de vivenciar con libertad, sobre la base de la igualdad, experiencias vitales que propician las organizaciones en las que pueden integrarse, como si en la sociedad civil no existiese la división en clases ni la hegemonía de las clases dominantes, como si fuera una sociedad de iguales, como si estuvieran fuera de la sociedad en que viven. La desigualdad se remite a la sociedad política, donde es neutralizada mediante un régimen democrático que trata de igual modo a los diversos objetivos perseguidos en la sociedad.

El propio Limia continúa señalando que, “Steven De Lue apunta también, remitiéndose a Nancy Rosemblum, que los cientistas políticos norteamericanos tienden a enfatizar menos en el papel de estos grupos como amortiguadores frente al gobierno y más en la educación moral que ellos engendran con su actividad.

Se concibe a la sociedad civil como premisa para que la persona devenga moralmente autónoma, independiente, autogobernada, individuada, para hacerse responsable de la propia vida y no alguien dependiente del aparato estatal, de la sociedad, de los demás”

En el citado artículo, Limia refiere, que según Gray, la sociedad civil tiene los siguientes rasgos:

a) la tolerancia de diversos puntos de vista religiosos y políticos, y el no intento por el Estado de imponer una u otra teoría comprehensiva;

b) el gobierno y sus súbditos son restringidos en su conducta por el imperio de la ley;

c) la institución central de la sociedad civil es la existencia de la propiedad privada o de varios, pero no controlada por el Estado.

Los autores coinciden con Limia en que estos rasgos, sobre todo el último, constituyen la quintaesencia de las premisas económicas, sociales, políticas e ideológico-culturales de existencia y legitimación de la sociedad capitalista en la etapa del capitalismo transnacionalizado, bajo las condiciones del retroceso del socialismo y del movimiento revolucionario mundial. Algunos de ellos de aplicación universal, otros no.

Como puede apreciarse, existe una amplia y variada concepción acerca de la sociedad civil. A partir de estas concepciones, las fuerzas reaccionarias fomentan el fortalecimiento y la diversificación de aquellas organizaciones, asociaciones, grupos, partidos, que a su juicio tienen posibilidades inmediatas o futuras de desestabilizar el sistema socialista, (tal es el caso de Cuba, China, Vietnam, Corea) o procesos revolucionarios (Venezuela) mediante su legalización y reconocimiento oficial y con ello la actividad de los opositores y los “disidentes” del sistema. “A la sociedad civil, como señala el compañero Valdés Vivó, la despojan del contenido de relaciones económicas que apreció Marx y además la sitúan en la llamada superestructura, junto al Estado, pero opuesto a él (…) Para fomentar el fraccionamiento interno de los países del tercer Mundo y combatir todo papel progresista del Estado en el desarrollo social.

La sociedad civil, para quienes son en verdad servidores del Estado imperialista, complementa la privatización de todo, hasta los cementerios. Forma parte del neoliberalismo en sus dos variantes: la descarnada, que solo haya monopolios capitalistas, y la socialdemócrata: entregar migajas para evitar estallidos.

Los aspirantes a dominar y esclavizar a todo el planeta utilizan esa mítica sociedad civil en sus intentos por minar por dentro la sociedad socialista, que adquiere particularidades específicas en China, Viet Nam y Corea del Norte.

En este trabajo se han abordado determinados aspectos que demuestran o ponen al descubierto las diversas interpretaciones, que a través de la historia ha tenido el concepto a partir de la diversidad de opiniones, puntos de vista o posiciones filosóficas de quienes, de uno u otro modo, se interesan por este fenómeno social.


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