BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

RETOS Y PERSPECTIVAS DEL SISTEMA POLÍTICO CUBANO

Erick Néstor Paz Chaveco y José Augusto Ochoa del Río




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1.1.3 Rasgos del Sistema Político

No todos los entes de la sociedad de clases, y de hecho no todas las organizaciones que en ella existen, con mayor o menor influencia e incluso con mayor o menor legitimación, forman parte del sistema político de la sociedad. Si se ha admitido, que el concepto sistema político define aquel conjunto institucional y de normas y reglas que sirven a la toma de las decisiones políticas, queda claro que en la sociedad de clases moderna existen muchísimas organizaciones, entidades, asociaciones, fundaciones y en general entes sociales que nada tienen que ver con esa toma de decisiones.

Por lo tanto, de lo dicho está saliendo a la luz el primer rasgo de los elementos integrantes del sistema político de la sociedad de clases, y es que todos ellos deben tener un cierto contenido político, un cierto objetivo político, el cual puede ser mayor o menor, más directo o más indirecto, más inmediato o más mediato, pero siempre, en todos los casos, tiene que haber un cierto objetivo político y la voluntad de intervenir, de influir, de alguna manera, en la toma de las decisiones políticas.

Así, por ejemplo, no cabe dudas de que los partidos políticos, como su mismo nombre lo está proclamando, tienen fines políticos, objetivos, programas y propósitos políticos. Podría pensarse que todos los partidos aspiran a disponer del poder estatal, aspiran a adueñarse de la maquinaria estatal. Sin embargo, la experiencia revela que esto no es cierto. Sin embargo, siempre que haya el propósito de intervenir de alguna manera en la toma de las decisiones políticas e influir en ellas, podemos decir que estamos ante un elemento, ante una pieza del sistema político de la sociedad.

Pero unido a este rasgo está implícito otro que no siempre se toma en cuenta, sobre todo en la politología influida por el pensamiento liberal norteamericano. Nos referimos a que esos entes sociales, esas organizaciones, organismos, fundaciones etc. tienen que tener una cierta vertebración, una estructuración funcional independiente, una membresía apreciable y, con ello, un considerable nivel de influencia para poder hacer valer sus presiones y consideraciones en pos de determinadas decisiones políticas. Quizá la explicación esté en la concurrencia de los grupos de presión, en el sistema político de los países desarrollados fundamentalmente. Por cuanto estos no cuentan en su seno con una vertebración definida, y en ocasiones tampoco su membresía es la necesaria, como para que se constituyan en elementos del sistema. Incluso si bien influyen en la toma de decisiones políticas su móvil no es político, sino económico.

Lo antes dicho lleva de la mano a una polémica que se ha sostenido muchas veces, en distintas esferas, tanto en su contenido práctico, cuanto en su traducción teórica, ¿pueden considerarse parte del sistema político de una sociedad clasista también los entes y organizaciones que están opuestos al sistema, que constituyen su oposición política o, por el contrario, el sistema político se ciñe exclusivamente a los entes e instituciones que apoyan al sistema y al poder establecido?

Para algunos, la perspectiva de visión y definición del sistema político es sólo considerable desde el poder, de forma tal que se entenderían parte de ese sistema exclusivamente los entes, organizaciones, organismos, asociaciones etc. que contribuyen al ejercicio de ese poder, que coadyuvan con el mismo, que lo refuerzan y sostienen o amplían sus proyectos de consenso social.

Otros, por el contrario, afirman que esa visión es fraccionaria, mutilada, en cuanto que sólo aprecia un ángulo de la dinámica social y política, uno de sus polos de contradicción, y excluye cualquier consideración sobre el otro, pero más aun, afirman que en realidad las decisiones políticas se toman no sólo con los que siguen al poder, con los que lo apoyan y sostienen, sino también, y en importante medida, con la oposición, con la resistencia que se hace a ese poder, la cual matiza muchas veces las soluciones, obliga a determinadas conciliaciones, exige concesiones y, en definitiva, interviene y da forma a la toma de las decisiones políticas.

Por esas razones nos inclinamos a sostener que el sistema político de la sociedad de clases incluye a todos los entes políticos, sociales y económicos que tienen que ver con la toma de las decisiones políticas, de manera inmediata o mediata, en mayor o menor proporción, desde posiciones de colaboración y apoyo al régimen y al Estado o en la oposición a éstos.

Un concepto limitado del sistema político no permitiría entender el tejido político de la sociedad clasista, contradictoria, dinámica, llena de luchas y tensiones y, peor aún, no permitiría entender las razones de determinadas acciones políticas, de determinados vuelcos del poder incluso, que sólo se explican por la acción o la influencia de las fuerzas de oposición. Por ello, no han faltado personas que cuando han oído estas ideas enseguida se alarman y advierten que al ampliar de ese modo, como lo hacía Marx, el concepto de sistema político de la sociedad, se pudiera estar legitimando a los grupúsculos de oposición al sistema socialista cubano, podría estar dando carta de naturalización a esos pequeños grupos que se muestran como “defensores de los derechos humanos” o bajo cualquier otra forma de encubrimiento y de ahí que ellos pudieran afirmar entonces que en buena teoría, ellos también son elementos integrantes del sistema político cubano.

En esas oportunidades la respuesta contundente es que estas ideas al respecto son orgánicas y no pueden ser fragmentadas. Que cuando se habla de los requisitos exigibles a un ente de la sociedad para considerarlo dentro del sistema político y se admite que pueden ser tanto los que apoyan al sistema como los que se oponen al mismo, se ha agregado siempre que eso es inseparable de que esos entes deben tener organicidad, vertebración, membresía y fuerza de movilización, capacidad de consensuar a determinadas fuerzas con influencias visibles como para alterar la toma de las decisiones políticas. Sin ningún temor se puede afirmar que esos grupos antes aludidos carecen de este segundo rasgo: no tienen organicidad, no tienen membresía, no son movilizadores, no tienen consenso social y político, no arrastran masas ni fuerzas nacionales como para alterar determinadas decisiones políticas. Por ello es que no se consideran fuerzas válidas dentro de la vida política de la sociedad y, por tanto, fuerzas integrantes del sistema político de nuestra sociedad.


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