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LAS REFLEXIONES DE FIDEL CASTRO: EXPRESIÓN DE UNA ÉTICA REVOLUCIONARIA

Raúl O. Quintana Suárez




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“La sangre común derramada en nuestras luchas por la independencia y en las décadas del 50 y del 60 unió para siempre a nuestros pueblos”

En sus reflexiones tituladas “Mi encuentro con Leonel Fernández, Presidente de la República Dominicana” y “Lo que conté sobre Pichirilo”, escritas respectivamente el 4 y 6 de marzo del 2009, Fidel Castro aborda con relativa extensión, aspectos que lo vinculan personalmente con la República Dominicana, en diferentes etapas de su vida. En las propias raíces históricas de nuestra identidad como nación, ya se vislumbran esos estrechos vínculos en nuestros pueblos hermanos, descollando, aunque no el único, la figura del dominicano insigne, Máximo Gómez, uno de las principales figuras de nuestras gestas independentistas, estrechamente vinculado en la lucha y por lazos de amistad y respecto, con nuestro Apóstol.

Esos aspectos acontecidos en la larga trayectoria revolucionaria del Comandante en Jefe fueron su participación en la expedición antitrujillista conocida como “Cayo Confites”, en 1947; su amistad con el prestigioso dirigente político dominicano Juan Bosch, y el decoroso militar de igual nacionalidad Francisco Caamaño, quien combatió al frente de su pueblo contra la oprobiosa intervención norteamericana en República Dominica, en 1965 y su posterior muerte en combate, en la lucha guerrillera, en su suelo natal; al igual que lo hiciera, unos años antes, en 1959, el dominicano Jiménez Moya, integrado al Ejercito Rebelde en su etapa final y que se incorporó, por voluntad personal, junto otros compatriotas, a la lucha contra el tirano Rafael Leónidas Trujillo, alias “Chapitas”, donde perdió la vida en desigual enfrentamiento.

Respecto al Presidente Leonel Fernández expresa, entre otros muchos detalles del encuentro, como…“…lo conocí en República Dominicana cuando lo eligieron por primera vez como Presidente. Fue particularmente deferente conmigo. Habló de sus primeros esfuerzos por incrementar la capacidad de generar electricidad con mucho menos consumo de fuel oíl, cuyos precios crecían rápidamente.

Nadie le regaló el cargo; llegó a el a través de una especie de selección natural en virtud de la cual ascendió políticamente a medida que los acontecimientos históricos se desarrollaban”. (146)

Agrega posteriormente que…“…conocí a Juan Bosch, historiador e ilustre personalidad dominicana en 1946, cuando aún no había cumplido aun 20 años, era estudiante de segundo año de Derecho y líder de los estudiantes de esa Facultad, presidente por añadidura de la organización de solidaridad con la democracia dominicana, en la lucha de ese valiente pueblo contra la tiranía trujillista, erigida por las fuerzas norteamericanas que habían intervenido la isla en 1928.

Bosch y yo estábamos en el batallón Sandino, héroe nicaragüense que luchó contra los interventores yanquis y fue asesinado por esto (147), a raíz de otra intervención imperialista en aquel país centroamericano.

El prestigioso intelectual dominicano no era el jefe de aquella expedición. La dirigían otros políticos dominicanos. Casi todos actuando de buena fe, pero movidos por ideas e intereses de clase, e incluso oligarcas y burgueses…”. (148)

Otro dominicano estrechamente vinculado a la Revolución Cubana lo fue….“…Jiménez Moya, que junto a otros revolucionarios dominicanos aterrizó en las inmediaciones de la Sierra Maestra en un avión civil venezolano, conduciendo 150 fusiles semiautomáticos Garand…que personalmente me envió el Almirante Larrazábal, quien presidia el Gobierno Provisional Venezolano, a la caída del dictador pro yanqui Pérez Jiménez...”…y que…“...se incorporó a nuestras fuerzas en unión de otros compatriotas suyos, cuando librábamos los últimos combates en la región oriental de Cuba.

En el cerco de un batallón enemigo de tropas especiales bien entrenadas fue herido de gravedad. Atendido por nuestros médicos de campaña se recuperó y estuvo listo para la operación el 14 de junio en Santo Domingo, en el año 1959.

Ese día a las 6 y 20 de la tarde, 56 combatientes dominicanos aterrizaron en el aeropuerto militar trujillista de Constanza, sin que les quedara otra alternativa que hacerlo en ese punto y no en el sitio escogido. Casi en su totalidad murieron después de heroica lucha. Otros 169 llegaron días después y corrieron la misma suerte”. (149)

Los gobiernos norteamericanos que se autoproclamaban “defensores de los derechos humanos”, se consideraban autorizados a intervenir en las empobrecidas e incapaces de autogobernarse naciones del sur del Rio Grande, cuando lo estimasen conveniente.

México, Cuba, Haití, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Granada, son algunos ejemplos de esa actividad depredadora del imperialismo durante más de 150 años y que aún perdura como siniestra tradición. En todas ellas dejaron a personajes fabulescos, generalmente sangrientos tiranuelos, cuyo único merito era responder dócilmente a sus intereses.

El líder cubano agrega en su reflexión como…“…el coronel Francisco Caamaño Deñó se subleva contra la jefatura militar trujillista en el año 1965 y exige el regreso de Juan Bosch, que había sido electo Presidente por el pueblo en diciembre de 1961. A él y a sus oficiales y soldados se une un grupo de revolucionarios que se habían entrenado en Cuba. El Congreso Dominicano lo elige Presidente de ese país.

El gobierno imperialista de Estados Unidos, asustado por los acontecimientos, envía la 82 división aerotransportada y más de 40 000 hombres de la infantería de marina a ocupar la isla. Caamaño mantuvo a raya a aquellas poderosas fuerzas invasoras y los instigo sin descanso, obligándolos a negociar. Cuando aquellos habían suscrito un acuerdo, con garantías que nunca cumplieron, el coronel Caamaño abandonó el territorio nacional y fue designado como agregado militar en Londres.

Pero no era hombre que se resignara a esa tarea. Quería regresar a Santo Domingo para luchar contra los que oprimían al pueblo. Se dirigió a nosotros solicitando nuestra cooperación. Tampoco deseábamos que entregara su vida en cualquier momento habríamos deseado circunstancias más favorables, pero nuestra palabra era sagrada. Vivió entre nosotros un tiempo, apoyado en la promesa de facilitarle el regreso con las armas en la mano tan pronto lo decidiera.

Guardaremos siempre como un honor la confianza que depositó en nuestro pueblo”. (150)

Otro dominicano vinculado a la gesta revolucionaria cubana y a su dirigente histórico lo fue Ramón Emilio Mejías del Castillo, conocido por Pichirilo. A solicitud de una joven periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, Daily Sánchez Lemus, el Comandante en Jefe lo dedica la ya citada reflexión “Lo que conté sobre Pichirilo”.

Al respecto afirma como…“….lamentablemente lo que conozco sobre Pichirilo es de gran interés humano pero sumamente poco, lo cual demanda de quien escriba sobre él un especial esfuerzo para reunir los datos pertinentes sobre la personalidad que en un brevísimo periodo de su vida conocí. Por mi mente no paso nunca la idea de que algún día tendríamos que rendir cuenta de nuestra modesta existencia.

No sé de donde salió Pichirilo... Era un dominicano que se enrolo en la expedición convocada para derrocar a Trujillo en 1947. Cuando partí de la costa situada al noroeste de Antilla rumbo al distante Cayo Confites, al noroeste de Nuevitas y muy próximo a Cayo Lobo de Las Bahamas inglesas, a unas pocas millas de distancia, lo hice en una especie de embarcación patrullera pequeña, a cuyo mando estaba un hombre de mar, menudo, con el rostro curtido por los rayos de sol. Su nombre era Pichirilo. Después de navegar largas horas llegamos al Cayo.

Lo vi después cuando viaje unos días al Puerto de Nuevitas, por el mes de julio, para hacer contacto con la familia y darle noticias de mi vida. Regrese de nuevo al Cayo. En esos trayectos hice amistad con Pichirilo, era varios años mayor, yo no había cumplido 21 y era un simple enrolado en aquella expedición que reunió más de mil hombres…Diez años más tarde cuando el Granma zarpo de Méjico, Pichirilo se había unido a nosotros e iba, con toda su audacia y coraje, como segundo jefe de la embarcación. Ojala hubiese sido el primero, pero tal tarea correspondió a un Comandante de la Marina de Guerra de Cuba que se suponía experto en las costas y puertos de Cuba.

Ignoro realmente como Pichirilo pudo salvar su vida después del desembarco del Granma cuando nuestro destacamento fue prácticamente exterminado.

Supe por estos días que Pichirilo fue uno de los 19 expedicionarios del Granma que lograron escapar sin ser torturados, asesinados o enviados a prisión. La tarea de conocer más sobre el corresponderá a los que investiguen la vida del combatiente dominicano. Solo conozco que lucho, con el grado de Comandante, bajo las ordenes de Caamaño, contra los soldados de la 82 división aerotransportada, que sumados a mas de 40 mil infantes de marina, desembarcaron en Quisquilla. Fue atacado a tiros el 12 de agosto de 1966 por los órganos de inteligencia de República Dominicana, durante la Presidencia de Joaquín Balaguer, órganos que estaban bajo la egida de Estados Unidos. Murió horas después, el 13 de agosto, cuando yo cumplía 40 años. Su muerte provoco una ola de protestas en la Ciudad de Santo Domingo y su entierro devino una combativa manifestación de repudio al débil gobierno de Balaguer

Nadie agradecería más que yo una biografía de Ramón Emilio Mejías del Castillo, no importa cuán modesta sea. Vale la pena que hombres como él, Jiménez Moya y otros heroicos combatientes, sean conocidos por dominicanos y cubanos”. (151)


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