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LAS REFLEXIONES DE FIDEL CASTRO: EXPRESIÓN DE UNA ÉTICA REVOLUCIONARIA

Raúl O. Quintana Suárez




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“Se trata, entiéndase bien, de un problema elemental de ética política: << El fin no justifica los medios>>”.

Si lo que entendemos como humanidad está conformada por hombres racionales, activos, protagónicos y transformadores de la realidad natural, social y espiritual, al referirnos a sociedad, en sentido genérico, la concebimos como conjunto de las relaciones sociales (familiares, productivas, ideológicas, etc.…) que se establecen entre ellos en su convivencia en este planeta, que nos sirve de hábitat.

Esa convivencia tiene necesariamente que estar regida por determinadas normas de conducta, que guiada por un conjunto de valores universales, (históricamente consensuadas bajo el prisma de las diferentes culturas) nos diferencie de la conducta de los animales irracionales. Desde el propio surgimiento de las clases sociales, con la sociedad esclavista, el grupo dominante, dueño de los medios de producción, por métodos generalmente tortuosos, al imponer de obligatorio cumplimiento para todos, como regla sacrosanta, el derecho a la propiedad privada, decretó por la violencia, a través de todo un complejo cuerpo legal de normas, obligaciones, derechos y deberes, la privatización de los valores, acorde a sus conveniencias.

Las raíces de nuestra identidad se asientan en una eticidad política que adquiere por su trascendencia un carácter fundacional, para la Ideología de la Revolución Cubana, que se conforma en el decursar de más de dos siglos, en una batalla conjunta de acción y pensamiento.

Félix Varela (1788-1853), una de sus principales figuras, sacerdote, teólogo, maestro y filósofo, el primero que formula un ideario independentista, en tiempos en que los criollos ricos en nuestra patria, priorizaban sus intereses económicos ligados a la entonces pujante industria azucarera, a la obtención de la soberanía nacional, ya lograda por las los restantes países latinoamericanos. resulta incuestionable que …“…el fundamento religioso de la vida moral no debe ser sin embargo, la causa que impida el desarrollo de la libertad de conciencia anulando el hermoso principio de la libre determinación de los pueblos en el orden político...pues el más cruel despotismo es el que se ejerce bajo la máscara de la libertad ”. Para este sacerdote y teólogo, la conjunción de fe religiosa y política, lejos de constituir una contradicción, resultaría acicate a la acción ciudadana dado que...“... un trono envilecido y un altar profanado sólo pueden hacer liga para esparcir tinieblas, propagando el crimen” (238).

Resulta a todas luces evidente el reto que significa para la educación ético-ciudadana y la propia supervivencia como nación, en este nuevo siglo y milenio, el enfrentamiento de la humanidad a un mundo signado por las crecientes desigualdades, y el imperio de la unipolaridad con sus pretensiones hegemónicas. Fundamentado todo ello en un sistema de supuestos valores universales que le sirven de sustrato ideológico.

Para José Martí, el Apóstol de nuestras luchas independentistas, portador de un pensamiento ético que trasciende incluso la convulsa época que le tocó vivir y que llega a nosotros con sus esencias revitalizadas, proclama en su discurso en el Liceo Cubano en Tampa, el 26 de noviembre de 1891 que…“…o la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con las manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás, en fin la pasión por el decoro del hombre…o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos”. (239)

Ningún momento más apropiado para culminar este modesto empeño, que tiene como objetivo valorar las reflexiones de Fidel Castro como expresión de su profundo pensamiento ético, que su escrito “El fin no justifica los medios”, redactada el 2 de septiembre del 2009.

En la misma éste analiza la carencia de ética política en las acciones del gobierno de Estados Unidos, en el decursar de varias administraciones, tanto republicanas como demócratas, pero particularmente en la referida a la etapa presidencial de George W. Bush.

Después de referirse a los conocidos ejemplos de política aventurera, guerrerista e irracional impuesta por éste, durante su nefasto mandato, valora como…“…después de usurpar el poder, W. Bush no solo arrastró al país a una política de guerra, sino que dejó de suscribir el Protocolo de Kyoto, negando al mundo durante 10 años, en la lucha por el medio ambiente, el apoyo de la nación que consume el 25% del combustible fósil, lo que puede ocasionar a la especie humana un daño irreparable”. (240)

Después de reseñar las trágicas consecuencias que ocasionó esa torpe actitud ante la preservación del medio ambiente, que mantuvo el ex presidente recalca que…“…mi punto de vista acerca de la responsabilidad que cae sobre Bush, lo sostuve en reciente encuentro con el cineasta norteamericano Oliver Stone al comentarle su filme <<W>>, referido al penúltimo Presidente de Estados Unidos.

Me limito a señalar que después de los errores y horrores políticos de George W. Bush, el ex vicepresidente Cheney, que fue su consejero, enarbola la idea de que las torturas ordenadas a la CIA para obtener información estaban justificadas por cuanto salvaron vidas norteamericanas gracias a la información obtenida por esa vía.

Desde luego que no salvó las vidas de los miles de norteamericanos que murieron en Iraq, ni las de casi un millón de iraquíes, ni los que en número creciente mueren en Afganistán. Tampoco se sabe cuáles serán las consecuencias del odio acumulado por los genocidios que se están cometiendo o pueden cometerse por esas vías.

Se trata, entiéndase bien, de un problema elemental de ética política; <<El fin no justifica los medios>>.

Tal principio se debatió y se sostuvo durante siglos. En virtud de él la humanidad ha condenado todas las guerras de conquista y todos los crímenes cometidos”. (241)

El 25 de marzo de 1889 aparece publicada en el diario norteamericano “The Evening Post” la carta enviada por Martí, conocida como “Vindicación de Cuba” y que luego recogería éste en un folleto denominado “Cuba y los Estados Unidos”. En la misma expresa el sentimiento de los cubanos patriotas de la época, que…“…admiran esta nación, la más grande de cuantas erigió jamás la libertad; pero desconfían de los elementos funestos que como gusanos en la sangre, han comenzado en esta República portentosa su obra de destrucción. Han hecho de los héroes de este país sus propios héroes, y anhelan el éxito definitivo de la Unión Norteamericana, como la gloria mayor de la humanidad; pero no pueden creer honradamente que el individualismo excesivo, la adoración a la riqueza, y el júbilo prolongado de una victoria terrible, estén preparando a los Estados Unidos para ser la nación típica de la libertad, donde no ha de haber opinión basada en el apetito inmoderado de poder, ni adquisición o triunfos contrarios a la bondad y a la justicia. Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”. (242)

A la par que el propio pensamiento filosófico, nace en las más antiguas culturas orientales, la necesidad por el hombre de valorar las normas de conducta, que en su criterio, eran las más convenientes para la normal convivencia humana, nunca al margen de los propios intereses clasistas y las propias necesidades individuales y colectivas. El contenido ético que varía en el propio decursar del desarrollo histórico de la sociedad, mantiene como esencia determinados valores, que por su acepción universal, nos trascienden.

Entre ellas va a descollar la filosofía china, donde la ética alcanzó un gran desarrollo. Uno de cuyos representantes más notables, a la vez que justamente conocido, es Confucio, creador del confucianismo y una de las figuras más influyentes de la historia china. Las enseñanzas de Confucio han llegado a nuestros días gracias a las Analectas, que contienen algunas de las discusiones que mantuvo con sus discípulos.

Entre sus Máximas morales más conocidas podemos citar, entre otras muchas, las siguientes:

Leer sin meditar es una ocupación inútil; transporta un puñado de tierra todos los días y construirás una montaña y nuestra mayor gloria no está en no caer jamás, sino en levantarnos cada vez que caigamos.

Al respecto, ahondando en la importancia de la ética política en las relaciones internacionales, se expresa en la reflexión como…“…es de suma gravedad que el más poderoso imperio y la más colosal superpotencia que haya existido nunca proclame tal política. Más preocupante aún no es solo que el ex vicepresidente y principal inspirador de tan pérfida política la proclame abiertamente, sino que un elevado número de ciudadanos de ese país, tal vez más de la mitad, la apoye. En ese caso, sería una prueba del abismo moral al que puede conducir el capitalismo desarrollado, el consumismo y el imperialismo. De ser así, debe proclamarse abiertamente y pedir opinión al resto del mundo.

Pienso, sin embargo, que los ciudadanos más conscientes de Estados Unidos serán capaces de librar y ganar esa batalla moral a medida que compréndanla dolorosa realidad. Ninguna persona honesta en el mundo desea para ellos, o cualquier otro país, la muerte de personas inocentes, víctimas de cualquier forma de terror, venga de donde venga”. (243)


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