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FIDEL CASTRO Y LA PRENSA ESCRITA: LEGADO Y CONTEMPORANEIDAD

Raúl Quintana Suárez




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SEGUNDA PARTE

2.- La primera ocupación norteamericana (1899-1901) como antesala de la República Neocolonial. (1902-1952). Hasta el golpe de estado del 10 de marzo de 1952

La creciente complejidad del nuevo marco político, económico, social e ideo-cultural con que se inicia el siglo XIX cubano, signado por el enfrentamiento clasista y que se expresa entre otras esferas en el plano de las ideas, exige como única forma de preservar nuestra identidad cultural y nacional, la pervivencia de las fecundas tradiciones del pensamiento progresista cubano, entre las cuales podemos considerar la utilización de la prensa escrita como medio de difusión masiva más idóneos de su ideario, a la que se incorporarán en décadas sucesivas la radio (1922) y la televisión (1950).

La corrupción administrativa, la dependencia política y económica, la pérdida de la eticidad en no pocos funcionarios públicos y dirigentes políticos y el atentado permanente a nuestros valores culturales, constituyen sólo algunas de las lacras que caracterizarán a la naciente República, contra las que se enfrenta nuestro pueblo, nucleado alrededor de las ideas de personalidades progresistas, que surgidas de su seno, expresarían sus más legítimos intereses.

Las deplorables consecuencias de la primera ocupación norteamericana, para la naciente Republica neocolonial y su tormentoso devenir histórico, preñada de acontecimientos, contradicciones, enfrentamientos, crisis y conmociones sociales quedan reflejadas en los periódicos y revistas de la época, como reflejo de del desarrollo y consolidación del pensamiento progresista cubano frente a sus antípodas permanentes: el entreguismo, la politiquería, el lacayismo y la inmoralidad pública y privada.

2,1.- Desde el inicio de la primera ocupación norteamericana hasta comienzos del gobiernos de Alfredo Zayas. Etapa de 1899 A 1920.

No pocos periódicos, ya existentes desde la última década del siglo XIX, prolongan su existencia ya iniciada la nueva centuria como “El Nuevo País”, “La Lucha”, “La Discusión” y el “Diario de la Marina”, entre otros, cada uno expresando específicos intereses de clase o de sectores sociales específicos. Otros nacen en los primeros lustros de la República como “El Mundo”, “El Comercio”, “La Voz Obrera” (Órgano Oficial del Partido Obrero fundado por Carlos Baliño); el semanario “Alerta”, bajo la dirección de José F. Hernández (miembros de la Liga General de los Trabajadores Cubanos) y que junto a los diarios “El Reconcentrado” y “Tierra” de tendencia anarquista, muy en boga entre el sector obrero de la época, apoyaron la llamada “Huelga de los Aprendices”, protagonizada por los tabacaleros en 1912; así como “La República” fundado por Juan Gualberto Gómez, en 1903, quien fuera anteriormente redactor de “La Discusión”, cargo al que renunció al asumir la dirección de este posiciones pro-plattistas

En 1906 aparecen “El Partido Liberal” y “La Nación; en 1907 “El Imparcial” y en 1909, “Previsión”, defensor del programa del Partido de los Independientes de Color (creado en 1908) y lidereado por Evaristo Estenoz, dirigente obrero y Pedro Ivonet, antiguo Coronel del Ejército Libertador, ambos asesinados, con no pocos de sus seguidores, en el frustrado alzamiento de 1912, durante el mandato de José Miguel Gómez, por tropas del eufemísticamente llamado Ejército Constitucional creado durante la Segunda Ocupación Norteamericana (1906-1909), por el corrupto general Magoon. (1). Igualmente se edita por primera vez en 1910, “Liborio”; en 1911, “El Día”; en 1913, “La Noche” y “El Heraldo de Cuba”, este último bajo la dirección de Manuel Márquez Sterling; en 1914 nace “La Prensa”; “El Diario de Cuba” en 1917 y en 1920 “El Cuarto Poder”, bajo la dirección de Ramón Vasconcelos

Entre las revistas se destacan “Bohemia” (1908), que desempeñaría un lugar importante en la prensa nacional durante República neocolonial. En 1905 ve la luz como semanario de sátira política “La política Cómica”. No se puede dejar de mencionar la revista “Social”, por iniciativa del destacado intelectual progresista y prestigioso historiador, Emilio Roig de Leuchsenring, de meritoria actividad en años posteriores como Historiador de Ciudad de La Habana y en la que se divulgaron importantes escritos del llamado “Grupo Minorista” (2).

Incluso ya desde los oprobiosos tiempos de la Primera Ocupación Norteamericana (1899-1902), periódicos como “La Lucha” y “La Discusión” publican en sus páginas discursos y pronunciamientos de destacados representantes del pensamiento progresista cubano y partícipes activos en las luchas independentistas como Manuel Sanguily, Juan Gualberto Gómez, Enrique José Varona, Enrique Collazo y Eusebio Hernández. “La Lucha” en sus ediciones del 20 de enero y 5 de mayo de 1899 divulgan criterios de destacados representantes del pensamiento progresista cubano, contra las medidas tomadas por las autoridades interventoras como el licenciamiento del Ejército Libertador y el desconocimiento de la autoridad de la Asamblea del Cerro, premisas condicionantes de la futura imposición de la Enmienda Platt (3).

Respecto a la problemática económica y en particular la reclamación de aranceles equitativos en el comercio con Estados Unidos, este concita criterios y reflexiones publicados por los diarios “La Lucha”(20 de enero de 1901); “La Discusión” (15 de enero de 1901); “El Comercio” (16 de enero de 1901) y “El Nuevo País” (18 de febrero de 1901), esfuerzos que se vieron frustrados por la imposición del oneroso y mal llamado Tratado de Reciprocidad Comercial de 1903 (4).

Igualmente la prensa escrita de la época sirvió de marco propicio para que se hicieran públicas las discrepancias en el seno de la Asamblea Constituyente encargada, por mandato espurio del gobierno norteamericano, de aprobar la Enmienda Platt y la instalación de bases navales carboneras en el país, bajo la amenaza de permanencia indefinida de las tropas de ocupación(5).

“La Lucha” en su edición del 31 de octubre de 1901 publica el “Manifiesto de Bartolomé Masó para el país” donde éste expone su programa de gobierno, como candidato a la presidencia, en que condena la Enmienda Platt y argumenta la necesidad de una política conducente al logro de una verdadera soberanía. Razones por las cuales las autoridades interventoras, siguiendo las directrices del Departamento de Estado estadounidense, en contubernio con la oligarquía criolla siempre sumisa y dependiente, apoyan por todos los medios la candidatura del dócil y pro-norteamericano, Tomás Estrada Palma.

En el semanario obrero “Alerta”, en su edición del 16 de marzo de 1902, aparece el editorial “Salvemos la República” donde se expresa como…“…contados son los elementos cubanos que a las órdenes del gobierno interventor han escalado puestos en las esferas gubernamentales o administrativas, que hayan cumplido como era su deber, con el programa perfectamente explícito de la Revolución, (de la) que pomposamente se titulan adictos teniendo por objetivo principalísimo mantenerse en la gloria del dominador sin cuidarse para nada de la independencia” (6).

Las fatales contradicciones entre posiciones políticas, intereses económicos y criterios sobre las posibles soluciones a la problemática nacional entre las personalidades que tan denodadamente lucharon por la independencia nacional, frustrada por la ocupación norteamericana, hacían resurgir en los umbrales de la República, los factores de desunión, que en otra época condujeron a las Lagunas de Varona y en definitiva, al Zanjón. La nefasta dispersión de fuerzas, inexiste ya el Partido fundado por Martí, entre diversas organizaciones políticas muy distantes de representar los verdaderos intereses populares, así lo propiciaban.

Expresión de lo anterior es la carta enviada por el Generalísimo Máximo Gómez a Manuel Sanguily, que publica el diario “La Lucha”, en su edición del 13 de diciembre de 1904, donde éste expresa que…“….yo me guardaría muy bien de aconsejarle absolutamente nada que fuese perturbador; lo que yo quiero decir-y ahora noto que fue un atrevimiento-que todos los cubanos nos agrupásemos bajo la bandera de la República, no importa que allí mismo, bajo su nombre de Vd., nos afiliásemos a este u otros partido”(7). Evidentemente la ingenuidad política y la incapacidad de prever se convertían en nefastos promotores de la desunión.

Hasta que punto se desvirtúa en la época, salvo honrosas excepciones, el espíritu antiimperialista que alcanza su más alta cima en José Martí, se expresa en los elogios que le prodigan en 1919, en ocasión de su muerte, al personaje más representativo del intervencionismo yanqui, Mr. Theodore Roosvelt, por parte de destacadas personalidades del pensamiento progresista cubano y de los que se hace eco la prensa. Para Enrique José Varona éste…“….arriesgó su vida por defender la libertad de Cuba; abrevió como presidente el plazo de la completa emancipación de nuestra República, nos dio su consejo serio y desapasionado en momentos de prueba para la nueva nación” (“El Heraldo de Cuba, edición del 7 de enero de 1919) (8).

Para Manuel Sanguily es de destacar las diferencias entre el presidente Mac´Kinley y Roosvelt, dado que éste último…“… desde el puesto casi oscuro de vicepresidente, donde pensaron aminorarlo sus rivales, comenzó a actuar con tanta resolución como rapidez para que surgiera a la vida internacional esta nueva República” (“El Heraldo de Cuba”, de igual fecha) (9).

Ese tan apologetizado Teddy Roosvelt es el mismo, que siendo ya presidente de los Estados Unidos, en su “Mensaje Anual al Congreso” en 1902, valorara que…“…Cuba en esencia ha entrado a formar parte de nuestro sistema político internacional” (10) y que reitera en igual ocasión, pero en 1904, al afirmar…“…que si todos los países bañados por el Mar Caribe revelaran su progreso en una justa y estable civilización como lo ha revelado Cuba con el auxilio de la Enmienda Platt, desde que nuestras tropas abandonaran la Isla….habrían terminado todas las cuestiones de injerencia de esta nación en sus asuntos” (11).

En aquel estado de confusión ideológica es de destacar la posición progresista mantenida por determinados dirigentes, organizaciones y medios obreros, no exentos de desviaciones lamentables, que se adherían a una posición crítica desde sus tendencias anarco-sindicalista; los que profesaban las diversas corrientes del socialismo utópico, como Diego Vicente Tejeda, hasta aquellos que practicaban la ideología marxista-leninista, con sus inevitables limitaciones, que tenía desde fecha temprana a su representante más destacado en la etapa a Carlos Baliño, que se mantuvo leal hasta su muerte al ideario ético-político del Apóstol.

Éste funda el 18 de noviembre de 1903 en La Habana el Club de Propaganda Socialista de la Isla de Cuba, dedicado exclusivamente a divulgar las ideas esenciales del Marxismo. En 1905 surge bajo su patrocinio el Partido Obrero Socialista en sustitución del Partido Obrero (1904) de posiciones de carácter reformista. El 14 de mayo de 1905, Baliño escribe en el diario “La Voz Obrera” su artículo “Adelante” donde expresa que…“…si el programa íntegro del Partido Obrero se realizase mañana mismo, el sistema de explotación capitalista quedaría en pie….Todo lo que no sea socialización de los medios de producción, contenida en el programa máximo del Partido Socialista Internacional, deja al obrero a merced de la explotación burguesa más o menos atenuada” (12).

En el propio diario escribe el dirigente comunista su artículo “Verdades socialistas” en el que proclama que…“…lo que quieren los socialistas es que esas conquistas de la ciencia, que esos goces intelectuales que proporcionan al hombre el arte y la literatura, que esas comodidades y satisfacciones, que esos refinamientos de que hoy disfruta un corto número de privilegiados, sea patrimonio de todos los seres humanos. Y con lógica incontrovertible demostrar que puede y debe ser así” (13).

En 1905, coincidente con las importantes conmociones sociales que tenían lugar en la Rusia Zarista, premisas de la Revolución de Octubre de 1917, aparecen en las páginas de “La Voz Obrera”, los artículos de Baliño: “Las huelgas de Rusia” (17 de febrero) y “La fiesta del trabajo” (Primero de mayo) y el 19 de agosto de 1906, su escrito “La Revolución Rusa” (14).

Las dos primeras décadas del nuevo siglo abundarían en dirigentes políticos e intelectuales con un pensamiento carente de valores éticos. En las altas esferas oficiales, Martí parecía olvidado y Maceo definitivamente sepultado bajo demagógicas celebraciones onomásticas de oropeles y banderas, en una República que nacía como mera caricatura de nación independiente y soberana. Sólo en contados lugares y ocasiones, salvo en la labor abnegada de los modestos maestros de la desatendida escuela pública, se hacía vergonzosa omisión del legado del pensamiento progresista cubano del siglo XIX.

Ya Cuba se proyectaba como el modelo ideal de neocolonia en América Latina. ¿Cuál era en realidad el mencionado progreso, promotor de una “estable y justa civilización” como se ufanase Teddy Roosvelt? Para Luís Marino Pérez en su artículo “Los problemas cubanos” publicado en la revista “Reforma Social”, en 1914…“…el comercio, las industrias y la banca se hallaban en 1902 en manos extranjeras y estas fueron adquiriendo también la tierra, sin que hasta la fecha haya conquistado para sí el cubano ninguna de estas fuentes de bienestar” (15).

A su vez, Miguel de Carrión, destacado escritor cubano, publica en la revista “Cuba Contemporánea”, en 1921, un artículo bajo el título “El desenvolvimiento social de Cuba en los últimos 20 años” donde valora como…“…la verdadera clase media, la poseedora del dinero y los bienes de la República, no era cubana y no fue ni sería nunca nacionalista. Tuvimos que seguir pues el camino anormal: en vez de llevar al poder público una representación proporcional a la riqueza, llevamos la riqueza a los nuevos representantes del poder público” (16)

La frustrante experiencia de los gobiernos de Estrada Palma, José Miguel Gómez y Mario García Menocal, dejaron en el pueblo cubano el sabor amargo de las expectativas frustradas por mandatarios, que aunque surgidos de de la oficialidad del Ejército Libertador, traicionaron en aras de sus mezquinos intereses, los ideales de nuestros próceres y la sangre de nuestros mártires. Parecían proféticas las palabras de Diego Vicente Tejeda (1848-1903), fundador del primer Partido Socialista Cubano, en 1899, quien escribía en “Patria”, el 27 de julio del mismo año que…“….acaso el Partido Socialista surja mañana con justísimo razón y con vigor extraordinarios. Cuba, según indicios harto elocuentes, por desgracia, va a ser sometida a una explotación de distintos género, pero más dura para el cubano que la del pasado. El capitalismo-¡Y un capitalismo extranjero!- se organizará en esta rica y virgen tierra de la manera más incontrastable y odiosa: la del trust” (17).


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