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FIDEL CASTRO Y LA PRENSA ESCRITA: LEGADO Y CONTEMPORANEIDAD

Raúl Quintana Suárez




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1.4.- La etapa entre-guerras (1878-1895). Papel de la prensa en la divulgación de las corrientes políticas imperantes en la época: autonomismo e independentismo

La etapa de entre-guerras es reflejada en la prensa de la época en toda su complejidad y contradicciones. Por un lado la incansable actividad de los veteranos de la pasada guerra en aras del logro de su ideario independentista, frustrado temporalmente en el Zanjón, a los que se suman las nuevas generaciones de patriotas o “pinos nuevos” como los denominase Martí, y por el otro, el auge de las tendencias autonomistas, como nueva versión del reformismo, en su versión más retrógrada, estimuladas por el eventual fracaso de la acción armada. En la etapa va a descollar la actividad periodística del Apóstol, forjador de las condiciones imprescindibles para iniciar la Guerra Necesaria. Súmese a lo anterior, en su momento inicial, los intentos independistas nuevamente frustrados en la denominada Guerra Chiquita.

El autonomismo encuentra sus principales voceros en “El Triunfo”, “El País”, “La Lucha” y el “Diario de la Marina”. Esta tendencia o corriente política asumió diferentes matices, desde el más liberal, el conservador hasta el más reaccionario. “El Triunfo”, como vocero del Partido Liberal Autonomista inicia su publicación el 3 de agosto de 1878, bajo la dirección del abogado andaluz, Manuel Pérez de Molina, el que se proclama como…“…..político, literario y de intereses generales” (33). A partir del 17 de septiembre del propio año es designado como su director, Ricardo del Monte. Este diario dejó de publicarse el 3 de junio de 1885.

A partir de ese año figura como órgano de prensa del denominado Partido Liberal Democrático Autonomista, el periódico “La Lucha”, bajo la dirección del catalán Antonio de San Miguel. El 14 de junio de 1885 inicia su publicación “El País”, órgano oficioso del Partido Liberal Autonomista. Este cesa su publicación sólo con el fin del dominio colonial español, en 1898, y resurge durante la primera ocupación norteamericana con el nombre de “El Nuevo País”, autoproclamándose ahora como republicano.

Otros diarios de igual tendencia, con diferentes matices ideológicos, que tanto proliferaron en la etapa fueron “La Legalidad”, vocero del Partido Liberal Nacional; “La libertad”, dirigido por Manuel Márquez Sterling, representante del Partido Liberal Democrático y que en febrero de 1879 comienza a titularse “La Discusión”. A su vez el “Diario de la Marina”, ya existente desde 1844 y vocero de los sectores más recalcitrantes del colonialismo español, se convierte a partir de 1878 en órgano oficial del Partido Unión Constitucional Autonomista, que agrupa a sus representantes más conservadores, bajo la dirección de Francisco Montaos. Otros diarios de igual tendencia que se publican en la época son “La Voz de Cuba”, “La Patria”, “La Iberia”, “El Asimilista”, “El Español” y “El Adalid”.

El resurgimiento del reformismo, ahora bajo la vestimenta más reaccionaria del autonomismo; las nunca desaparecidas ansias independentistas, gradualmente recuperadas tras el letargo patriótico provocado por el Zanjón y la supervivencia incluso de sectores minoritarios partidarios del anexionismo, deslumbrados por el paradigma político y económico de la sociedad norteamericana, coexisten en estos años tumultuosos y complejos, antesala de trascendentes definiciones de futuro, en los cuales la prédica martiana, unitaria y patriótica, y el prestigio indiscutibles de los veteranos de la guerra pasada, crean las condiciones favorables para nuevos intentos armados.

Prueba de tales contradicciones en aquella batalla de ideas, siempre presente en la historia de Cuba, es la publicación por el diario “La Tarde”, en su edición del 28 de febrero de 1895, a unos días de reiniciada la gesta independentista, de un anuncio convocando a un mitin de carácter anexionista, que tuvo como saldo el secuestro de la edición y el arresto temporal de su director, por las autoridades españolas.

El 12 de julio de 1887 aparece el primer número de “El Productor”, el que cesa su publicación el 23 de noviembre de 1890. Este diario se proclama a partir de 1888, como órgano de la Junta Central de Artesanos de La Habana. Su principal promotor, Enrique Roig de San Martín, uno de los primeros dirigentes de los trabajadores en nuestra patria, ya había desarrollado una activa colaboración en el diario “El Obrero” de Saturnino Martínez.

En éste imperaban las ideas del anarco-sindicalismo, entonces muy en boga en España, entre los sectores obreros. Los partidarios de esta tendencia en Cuba, aunque reconocían y hasta criticaban las inconsecuencias del sistema capitalista y su carácter explotador, no eran capaces de comprender que la principal contradicción entonces en nuestra patria, era el logro de la independencia y no meras mejoras salariales y el peligro que representaba para nuestra futura soberanía, las pretensiones expansionistas y neocoloniales del naciente imperialismo norteamericano. Ello no desmerita los aportes de Roig de San Martín al pensamiento progresista en la época. En su edición del 22 de diciembre de 1887 aparece publicado en las páginas de “El Productor”, un artículo de éste donde plantea:

“Dime trabajador, que riegas la tierra con el sudor de tu tostada frente, ¿has pensado alguna vez en lo que eres y en lo que debías ser? Esa tierra que labras y cuyo fruto no recoges, ¿has analizado a quien pertenece?” (34).

A su vez el diario “El Trabajo”, en su edición del 27 de marzo de 1892, como Órgano Oficial de la Junta de Trabajadores de la Región Cubana, publicó los resultados del Congreso Regional Cubano efectuado los días 15 al 19 de enero de 1892, donde predominaban en sus 75 delegados las ideas anarco-sindicalistas y cuyas principales demandas son la jornada de 8 horas, la libertad de asociación de los obreros y sus críticas al sistema capitalista (35).

A inicios de la década de los 80 aparecen las revistas “El Fígaro”, promotora de la práctica del base-ball en Cuba, introducido por estudiantes cubanos radicados temporalmente en Estados Unidos y “La Habana Elegante”. Ya en 1877 aparece la “Revista de Cuba”, literaria y de tendencia autonomista y en 1885, Enrique José Varona, edita “La Revista Cubana” mientras que Manuel Sanguily, sólo un año antes, funda la revista “Hojas Literarias”, de contenido político y literario, cuyo último número ve la luz el 3 de diciembre de 1894.

Entre los partidarios del ideario independentista, siempre latente, va a descollar Juan Gualberto Gómez, el amigo de Martí, periodista y patriota, quien funda en 1879 el periódico “Fraternidad”. Éste publica, en su edición del 24 de septiembre de 1890 su antológico artículo “Por qué somos separatistas” en el cual expresa que…“…somos sí, separatistas. Pero no odiamos (a España N. del A.) ni siquiera dejamos de amarla y apreciarla. Lo que hay es que donde quiera que fijemos la mirada, tropezamos con antagonismos y oposiciones entre Cuba y España. Y siendo esto así nuestra razón nos dice que para que haya armonía entre ambos países es indispensable que cada uno de ellos rija a su antojo sus destinos” (36).

Ello le costó la airada reacción de las autoridades coloniales que ordenaron el secuestro de la edición y el encarcelamiento de su autor, quien sólo pudo librarse del encierro por un fallo favorable a su apelación, ante el Tribunal Supremo de España. Decisión realmente excepcional que provocó gran malestar en los sectores más reaccionarios de la colonia. Así mismo en la década de los 90 funda el diario “La Igualdad”, con el propósito de convertirlo en el órgano representativo de las capas medias negras y mulatas, que intenta concienciar con vistas a su adhesión a la causa revolucionaria.

En la época se editaron no pocas publicaciones independentistas en el exilio, como “El Avisador Americano” y “El Porvenir”, en New York, por iniciativa de Enrique Trujillo y el periódico “Yara” de José Dolores Poyo, en Cayo Hueso, importante comunidad de obreros tabacaleros inmigrantes. “El Porvenir” inició su publicación el 12 de marzo de 1890 y resultó continuación del “Avisador Americano” que dejó de editarse, en aras de poder radicalizar su mensaje. Algunos de los artículos escritos por el infatigable Enrique Trujillo fueron reproducidos por el periódico cienfueguero “La Verdad”, para gran escándalo de los sectores más conservadores locales.

El 14 de marzo de 1892 publica su primer número el emblemático periódico “Patria”, en New York, por iniciativa de José Martí y que precede en escasas semanas a la fundación por el mismo del Partido Revolucionario Cubana, el 10 de abril del propio año. A su vez, en Tampa, Florida, Eligio Carbonell publica el periódico “El Mosquito”. Por gestión de Néstor Carbonell, presidente del Club “Ignacio Agramonte”, que radica en esa propia localidad, se recolectaron los fondos necesarios, entre la patriótica inmigración allí residente, los fondos necesarios para sufragar los gastos del viaje de Martí a la misma, donde éste pronunciará su famoso discurso “Los Pinos Nuevos”.

En Cuba, en la década del 90, anterior al inicio de la última gesta independentista, Antonio Zambrana publicó “El Cubano” con activa colaboración de Fermín Valdés Domínguez, que tuvo su continuidad en “El Criollo”, como parte de los múltiples ardides necesarios para burlas la férrea censura y la acción punitiva del Cuerpo de Voluntarios. En esos mismos años previos a la contienda bélica iniciada el 24 de febrero de 1895, se editan sencillas publicaciones clandestinas, divulgadoras del ideario independista, de aparición esporádica como “La Tribuna”, “La Protesta”, “La Verdad” y “El Machete”. En tanto que en Santiago de Cuba el periodista patriota Antonio Yero, bajo la apariencia de partidario del autonomismo, divulgaba ideas favorables para crear el ambiente ideológico favorable a la cercana insurrección armada, como en su artículo “El Dilema” (1890). En la propia provincia oriental, José Miró, muy vinculado a Martí, publica “El Laboral” y “La Doctrina”.

Resulta ilustrativo el texto de la orden de alzamiento para el 24 de febrero de 1895 en la provincia de Oriente, enviada por Juan Gualberto Gómez, al propio Miró:

“Diga Vd. Al Liberal (realmente al propio Miró N. del A.) publique el artículo en la fecha indicada” (37). Mensaje que guarda gran similitud, por su vinculación a las letras impresas, que la enviada por Fidel Castro desde México a Frank País, en Cuba, para anunciar la salida del Granma, a fines de noviembre de 1956: “Edición agotada”

Manuel Sanguily, destacado representante del pensamiento progresista y veterano de la anterior contienda (1868-1878), siempre estuvo muy vinculado a la prensa, como instrumento idóneo de divulgación de sus ideas independentistas. En la etapa colaboró activamente en la “Revista Cuba”, dirigida por José Antonio Cortina así como en la “Revista Cubana” fundada por Enrique José Varona. No es posible dejar de mencionar entre las personalidades de la época, a Antonio Maceo, quien se destacase como estratega militar, hombre de profundos valores patrióticos y éticos y lúcido pensamiento. Éste, posterior a su histórica Protesta de Baraguá, marcha al exilio en espera de la ocasión propicia para el retorno a Cuba a reiniciar la lucha armada. Éste en su relativamente breve visita a Cuba, a su arribo a La Habana, el 5 de febrero de 1889, es recibido entre otros, por tres periodistas del diario “La Lucha”, encabezados por Arturo Mora.

Se conoce que durante su estancia en la capital, éste concurrió con frecuencia a las tertulias efectuadas en el local que ocupaba la revista “El Fígaro”, a la que eran asiduos Ramón A. Catalá y Manuel Sanguily, muy vinculados a la práctica periodística. Maceo tuvo la deferencia de visitar en su propio domicilio a Juan Gualberto Gómez, en su modesta vivienda enclavada en Empedrado No 29 entre Habana y Compostela, en momentos en que éste estaba enfrascado en la tarea de editar el diario “Fraternidad”, ya mencionado, que se plantea…“…defender el derecho que tiene el pueblo cubano para regir sus destinos procurando llegar a una solución por cuantos medios están a su alcance” (38).

Maceo se entrevista asimismo con Enrique José Varona, que para esa fecha ya había renunciado a su cargo en el ejecutivo del Partido Autonomista y había sido ganado para la causa independentista. Ya en su discurso del 19 de julio de 1888, Varona insta a los cubanos…“…a una obra común que haga olvidar que en Cuba creció como una planta maldita la esclavitud de una raza y la servidumbre de otros muchos” (39) y que reitera el insigne educador, filósofo, sociólogo y patriota en otro discurso, un año más tarde, conocido como “Los cubanos en Cuba” (1889), donde denuncia como estos resultan…“…proscriptos de una nueva especie, pues nadie ha formulado la ley que nos prescribe llevarnos un estigma colectivo, más duro de sufrir que cualquiera marca individual ….que en los siglos sombríos señalaba la reprobación y excomuniones sociales a las razas malditas”(40).

Maceo se traslada a Santiago de Cuba en julio de 1889, en su continuo peregrinar en aras de apreciar, organizar, convencer y crear las condiciones favorables a una próxima insurrección. Como relata Emilio Bacardí, en sus conocidas “Crónicas”, éste se reúne el 29 de julio, en el Hotel Venus, con un nutrido grupo de personas simpatizantes en su gran mayoría de la causa independentista, en cena ofrecida por el Dr. Joaquín Castillo Duany. En la misma uno de los asistentes José R. Hernández se atreve a afirmar, en presencia del ilustre invitado que…“…Cuba llegará a ser fatalmente por las fuerzas de las circunstancias una estrella más en la constelación americana”, a lo que éste replica con su sentencia cargada de ética y patriotismo:

“Creo joven, aunque me parece imposible, que ese sería el único caso en que tal vez estaría yo al lado de los españoles” (41).

Maceo escribe a José A. Rodríguez, el primero de noviembre de 1886, entonces director de un periódico independentista en el exilio neoyorquino, acerca de su criterio sobre las virtudes personales que deben acompañar a un dirigente político pues…“…yo desearía para mi país un hombre que tenga la voluntad de redimir al pueblo cubano de la soberanía española, sin haber tiranizado a sus redimidos y que no mantiene otra fortuna, que la conquistada por ese medio. El que tal haga llegará a la completa gloria y completa dicha” (42). Precepto moral, tantas veces violado por los judas políticos que durante la república neocolonial traicionaron el ideario del más virtuoso mambisado.

La profundidad de su pensamiento se reitera una vez más en la carta enviada a José Dolores Poyo, director del diario “Yara”, editado en Cayo Hueso y publicada en su edición con fecha 13 de junio de 1889, donde le expresa como…“…la dominación española fue mengua y baldón para el mundo que la sufrió; pero para nosotros es vergüenza que nos deshonra. Pero quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la lucha. Cuba tiene muchos hijos que han renunciado a la familia y al bienestar por conservar el honor y la patria. Con ella pereceremos antes que ser dominados nuevamente...” (43).

La etapa entre-guerras, transcurridos los momentos iniciales de frustración y pesimismo posteriores al Zanjón con el consiguiente reavivamiento de los afanes autonomistas, que se reflejaba en la prensa de la época, se convierte pronto en fuente de nuevos bríos y acciones enérgicas, no sólo de carácter organizativo, sino particularmente en la esfera de las ideas, donde impera la convocatoria martiana a la unidad entre veteranos y pinos nuevos.

Aún en la nueva contienda, iniciada el 24 de febrero de 1895, la prensa continúa desempeñando su papel de instrumento de divulgación de la ideología revolucionaria y no es por casualidad que una de las primeras decisiones de Maceo, tras su desembarco en Cuba, por Duaba, es organizar la reaparición del “Cubano Libre”, que tiene su precedente en el fundado por Céspedes, con igual nombre, en el Bayamo insurrecto, en octubre de 1868.


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