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FIDEL CASTRO Y LA PRENSA ESCRITA: LEGADO Y CONTEMPORANEIDAD

Raúl Quintana Suárez




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1,5.- José Martí y la utilización de la prensa escrita como instrumento de divulgación de sus ideas revolucionarias

José Martí, figura cimera, resumen y síntesis del pensamiento progresista cubano en el siglo XIX, y que trasciende a la actualidad por la vigencia de un ideario fundacional de la Ideología de la Revolución Cubana, se destacó en su fecunda trayectoria revolucionaria, por su intensa y sistemática labor periodística y su definida concepción del papel a desempeñar por la prensa escrita como medio de divulgación ideológica.

En fecha tan temprana como el 19 de enero de 1869, publica en colaboración con su amigo Fermín Valdés Domínguez, un diario estudiantil titulado “El Diablo Cojuelo”, en el que, con lenguaje mordaz, se burla de las autoridades españolas. Aunque sin firma, todas las evidencias apuntan que Martí, su redactor principal. Contaba entonces tan sólo 16 años. Habían transcurrido apenas unos días, cuando aparece el 23 del propio mes y año, “La Patria Libre”, bajo la autoría del maestro y destacado intelectual patriota, Rafael María de Mendive, con la entusiasta colaboración de su alumno más cercano. En el aparece por vez primera en letra impresa el poema “Abdala”. La publicación, que se proclama democrática y cosmopolita, sólo logra la publicación de un número, al igual que el “Diablo Cojuelo”.

Durante su exilio en España, Martí colabora en periódicos liberales como “La Soberanía Nacional”, en el que aparecen fragmentos de su obra “El Presidio Político en Cuba”, así como en los periódicos “La Discusión”, “La Cuestión Cubana” y otros. A partir de 1875, en que se inicia su estancia en México, se convierte en asiduo colaborador de la “Revista Universal”, bajo la dirección de José Vicente Villada, hasta ocupar la plaza de redactor en plantilla, hasta el cese de la publicación el 19 de noviembre de 1876. Esta etapa es sumamente prolífica en la actividad periodística de Martí, que redacta numerosos artículos y crónicas, el primero de los cuales dedicado a la festividad patria mexicana del 5 de mayo, aparece publicado en la edición del 7 de mayo de 1875 y el último titulado “La Academia de San Carlos” aparecido en el número del 24 de octubre de 1876.

En su escrito “La polémica económica” (23 de septiembre de 1875), muestra con sólo 22 años, su lucidez intelectual, cuando afirma como…“…la prensa está haciendo algo digno de ella: el país pregunta a sus hombres inteligentes, por qué se muere de hambre sobre su tierra riquísima, por qué la industria extranjera vive en México mejor que la industria mexicana…”…para agregar que…“…la imitación servil extravía, en economía como en la literatura y en política. ¿Un principio debe ser bueno en México porque se aplicó con buen éxito en Francia? ¿es la situación financiera de México igual a la francesa? ¿se producen las mismas cosas?¿están los dos países en iguales condiciones industriales?...”…para arribar a la sabia conclusión de que…“…a conflictos propios, soluciones propias” (44).

En esa propia revista aparecen publicados por vez primera sus juicios sobre José de la Luz y Caballero, en dos párrafos de hermosa prosa, inserto en un artículo más extenso sobre otros tópicos afines. En el mismo expresa como…“….murió hace algunos años en La Habana, un hombre augusto. Él había dado a su Patria toda la paciencia de su mansedumbre, todo el vigor de su raciocinio, toda la resignación de su esperanza. También iba allí un pueblo a consagrar un cadáver. Los niños se agruparon a las puertas de aquel colegio inolvidable; (se refiere a “El Salvador” N. del A.) los hombres lloraron sobre el cadáver del maestro, la generación que ha nacido siente en su frente el beso paternal del sabio José de la Luz y Caballero” (45).

Son notables, aunque menos numerosos, sus escritos en el periódico “El Federalista”, iniciados el 7 de diciembre de 1876, con su artículo “Alea Jacta Est”, en el cual critica el derrocamiento por el caudillo Porfirio Díaz, del Presidente Lerdo de Tejada (1823-1889), estrecho colaborador de Benito Juárez (1806-1872) y su sucesor en la presidencia de la República en el período de 1872 a 1876, donde expresa...“…¿ con qué el fin es verdad?¿ con qué se vuelven a matar los mexicanos?¿con qué se ha violado una tradición, derrocado un gobierno, ensangrentando un año a la patria, para volver de nuevo a ensangrentarla, para desacreditarnos más, para ahogar en germen el adelanto que alcanzábamos y el respeto que se nos iba teniendo, para hacernos más imposibles a nosotros mismos todavía?” (46).

Regresa Martí a Cuba en 1878, pleno de nostalgias, tiempo en el que pronuncia discursos en diversos liceos y sociedades patrióticas, en una época poco propicia para ser escuchado y mucho menos comprendido, tras la firma del Pacto del Zanjón, lo que le cuesta nuevamente ser deportado, en septiembre de 1879.

Radicado a partir de 1880 en New York, Estados Unidos, inicia su colaboración, como crítico de arte, en la revista “Tour”. En 1881, durante su breve estancia en Venezuela, promueve la edición de la “Revista Venezolana”, de la que sólo llega a publicarse un número, el primero de julio del propio año. Algo similar a lo sucedido en México, con el autocrático caudillo Porfirio Díaz, le acontece en la tierra de Bolívar, con el dictador Guzmán Blanco. Al tornársele la situación insostenible, publica con fecha 20 de julio de 1881 su carta de despedida en el diario venezolano “La Opinión Nacional”, donde reitera su concepción latinoamericanista, que lo acompañará toda su vida. Pocos días antes, expresando su hondo amor por el país hermano, publicó en la Revista Venezolana su artículo “Venezuela heroica” (47).

Ya de regreso a New York, mantiene su colaboración con ese diario, donde aborda en crónicas y artículos, tópicos de asombrosa diversidad, con notable agudeza de análisis e ideas progresistas e incluso anticipadoras de su propia época. Estas colaboraciones se inician en septiembre de 1881 y cesan en mayo de 1882, por discrepancias surgidas con sus editores.

El 15 de julio de 1882 comienza su colaboración en el diario “La Nación” de Buenos Aires, con más de 200 crónicas y artículos, actividad que se mantuvo de forma ininterrumpida hasta 1892, en que su labor organizativa de la Guerra Necesaria, le reclamaba todo su tiempo y energía. En uno de esos escritos Martí reitera su valoración del papel a desempeñar por la prensa…“….que no puede ser en estos tiempos de creación, mero vehículo de noticias, ni mera sierva de intereses, ni mero desahogo de la exuberante y lujosa imaginación…” (48). El Apóstol colabora además, a partir de marzo de 1883, con la revista “La América”, bajo la dirección de Raúl Castro Palomino, de la que llega a integrar su cuerpo de redactores. Aún le alcanza el tiempo para colaboraciones esporádicas en los periódicos “La República” de Honduras; “El Partido Liberal” de México; “El Economista Americano”, editado este último en Estados Unidos bajo la dirección de Néstor Ponce de León; “La Estrella de Panamá” y en los diarios neoyorkinos “El Avisador Cubano” y “La Juventud”.

En 1889, a pesar del tiempo que le toma su intensa actividad revolucionaria, publica las conocidas tres ediciones de una revista dedicada a los niños: “La Edad de Oro”. Redactada en lenguaje asequible pero culto, de compleja simplicidad, en prosa incomparable, esta nos queda como legado de ética y patriotismo.

El 14 de marzo de 1892 aparece el primer número del periódico “Patria”, que precede en menos de un mes a la fundación del Partido Revolucionario Cubano, el 10 de abril. En el mismo sale su escrito titulado “Clubs nuevos”, referido a la creación de estas valiosas organizaciones revolucionarias en Filadelfia y Atlanta dado que…“…suele el patriotismo necesitar de espuela, sobre todo cuando ha visto una vez y otra la ineficacia de su abnegación, porque la abnegación es ineficaz y el genio mismo, cuando no se les conduce en acuerdo previsor, con las desdichas a cuyo alivio se consagran” (48).

“Patria” se dedicó a divulgar, por la pluma de Martí, del trabajo meritorio de los periódicos revolucionarios en el exilio o en la propia Isla, no obstante sus frecuentes conflictos y discrepancias dado que…“…. Patria se ve en muchas penas. Le sobra alma y le falta espacio. Le sobra asunto y todo en el es urgente” (49). En su edición del 16 de abril de 1892, Martí valora positivamente la labor del diario “La Igualdad”, fundado por Juan Gualberto Gómez en tierra cubana, en condiciones excepcionalmente difíciles y continuador de “La Fraternidad”, iniciativa asimismo del amigo cercano, periodista y patriota. El 28 de mayo del propio año el Apóstol escribe elogiosamente sobre la Revista de la Florida”, reiterando su criterio sobre la labor de la prensa cuando afirma que…“…un palacio está ahí, donde nadie lo ve. Un periódico sin generosidad es un azote. Un periódico generoso es una columna” (50).

El 11 de junio de 1893 aparece en “Patria” su artículo “Nuestros periódicos” en el que aborda la labor ideológica y de cohesión revolucionaria realizada por publicaciones como “La Gaceta del Pueblo”, revista fundada por el puertorriqueño Antonio Vélez Alvarado que…“…con el mejor de su estilo y con el calor de su sano corazón, cuenta a los lectores de América los propósitos continentales” (51). En el propio escrito valora positivamente la labor de divulgación desplegada por el diario “Yara”.

El 28 de enero de 1893, día de su onomástico personal, publica en “Patria” sus criterios sobre el periódico “El Radical”, editado por el periodista cubano Pablo Rousseau que…“…hoy ya enriquece la prensa revolucionaria, con un periódico elegante y vivo, donde el reposo campea junto a la energía y tienen las ideas patrias defensor de altos vuelos” (52). El 17 de noviembre de 1894 dedica “Patria” un espacio para enjuiciar la labor del diario “La Verdad” de Rafael Guerra. En la misma afirma como…“…Patria saluda con orgullo de cubano al periódico nuevo, seguro de que en el la majestad de la razón, aún cuando haya de tundir y esclarecer, no honrará con la disputa innecesaria el crimen y desvergüenza que salen siempre al camino de las obras virtuosas” (53),

En su edición del 30 de abril de 1892, el Apóstol escribe en “Patria” su artículo “El alma cubana”, donde expresa como…“…otros propagarán vicios o los disimularán, a nosotros nos gusta propagar las virtudes, por lo que se oye y se ve entra en el corazón la confianza o la desconfianza. Quien lee los diarios dominantes de La Habana, creerá que todo en la ciudad es pobre de alma y reparto de robos y ambición de café y literatura celestina; pero es preciso leer con los ojos sagaces, el diario que no se publica, el de la virtud que espera, el de la virtud oscura. Las almas como las tierras de invierno necesitan de la nieve que las cubra, con muerte aparente, para brotar después, a las voces del sol, más enérgicas y primaverales” (54).

No podemos obviar que los más valiosos escritos martianos, que mantienen su plena vigencia, aparte de su invalorable epistolario, nos llegan a través de su publicación de la prensa escrita de la época. Mencionemos tan sólo la antológica “Nuestra América”, publicada por vez primera en el diario mexicano “El Partido Liberal”, el 30 de enero de 1891; “Respeto a nuestra América” en la revista “La América” de New York, en agosto de 1883; su crónica sobre “La Conferencia Americana”, enviadas al diario argentino “La Nación”, el 24 de enero de 1890; “La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América”, publicada en la “Revista Ilustrada” de New York en mayo de 1891 y otras tantas que harían la lista interminable.

Su elevado espíritu ético-patriótico le conmina a expresar en su escrito publicado el 25 de marzo de 1889 por el diario norteamericano “The Evening Post” titulado “Vindicación de Cuba”, como…“…nada piden los cubanos del mundo sino el conocimiento y respeto de sus sacrificios….Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting” (55).

Su caída en combate en “Dos Ríos”, el 19 de mayo de 1895, es celebrada con júbilo por el “Diario de la Marina”, en su edición del 17 de junio del mismo año. Su muerte y sólo un año después la caída en combate de Antonio Maceo, constituyeron sin lugar a dudas una pérdida irreparable para el ideario independentista cubano, que facilitó la primera ocupación norteamericana y la falta de unidad entre los patriotas, que matizó el devenir de la república neocolonial, plagada de incoherencias, traiciones, vacilaciones e inconsecuencias. Tan bien reflejadas en la prensa de la época.

El siglo XX cubano, si bien nos deparaba una supuesta independencia plagada de frustraciones, no obstante propició, sustentado en la conjunción del legado patriótico del siglo precedente, el ideario martiano y el Marxismo-leninismo, una nueva batalla de ideas, que nos permitía avizorar un futuro más promisorio


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