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FIDEL CASTRO Y LA PRENSA ESCRITA: LEGADO Y CONTEMPORANEIDAD

Raúl Quintana Suárez




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1,2.- Félix Varela y “El Habanero”: promotor del independentismo

El 18 de abril aparece publicada en el “Diario del Gobierno Constitucional de La Habana” la carta de despedida a sus conciudadanos del sacerdote Félix Varela y Morales 1787-1853) en vísperas de su viaje como diputado a Cortes (1822-1823). Poco menos de dos años después arribará a los Estados Unidos a iniciar su largo exilio de 30 años.

Su profundo amor por la patria lejana lo lleva, ya próxima la hora de su muerte, a viajar a San Agustín, en la Florida, para permanecer sus últimos días lo más cercano posible a su amada Cuba.

Hombre de profundas convicciones religiosas y éticas, teólogo, profesor del Seminario de San Carlos y San Ambrosio, hombre de avanzadas ideas liberales y patrióticas, constituyó, en palabras de José de la Luz y Caballero, el primero que nos enseñó en pensar y proclamase la necesidad para Cuba de obtener su independencia de España, al ver agotadas las posibilidades de sus anteriores concepciones reformistas.

Aún sin cumplirse el primer año de su arribo al exilio, se publican los dos primeros números de “El Habanero” (1824), periódico fundado por él, acertadamente denominado por Emilio Roig de Leuchsenring…“…la primera manifestación revolucionaria de carácter periodístico entre nosotros” (9). En 1825 aparecen sus números (3 y 4) y en 1826, sus dos últimas ediciones en cuyas páginas expone Varela su ideario independentista ya que…..“…lo que más debe desearse, sea cual fuese su situación, es que los hombres de provecho, los verdaderos patriotas se persuadan de que ahora más que nunca estamos en estrecha obligación de ser útiles a la patria” (10).

En su artículo “Consideraciones sobre el estado actual de la Isla de Cuba”, éste argumenta como…“… es preciso no equivocarse. En la Isla de Cuba no hay amor a España, ni a Colombia, ni a México, ni a nadie más que a las cajas de azúcar y a los sacos de café” (11). En su número 6, en 1825, bajo el título de “Reflexiones sobre los motivos que suelen abogarse para no entender un cambio político en la Isla de Cuba”, el sacerdote patriota valora como…“…contribuyen con sus luces unos, otros con su influjo y otros con su dinero a salvar a la patria y con ella a los intereses individuales, y este corto sacrificio removerá ese grande obstáculo que tanto se pondera. Repítese de mil modos que es imposible efectuar la independencia sin auxilio extranjero, y yo pregunto: ¿qué se ha hecho para conseguirla? ¿sobre que prueba descansa la aserción de su imposibilidad?” (12).

En esta época se expresan los recelos del Padre Varela por la intervención en Cuba, en apoyo de su independencia, de países como Venezuela, Colombia y México, cuyos gobiernos se mostraban entonces preocupados por los planes de la monarquía española, con apoyo de la reaccionaria Santa Alianza europea, para la reconquista de sus antiguas colonias americanas, utilizando a Cuba como base para las operaciones militares. Proyecto en definitiva abandonado a partir de los fallidos resultados del Congreso Anfictiónico patrocinado por Bolívar y efectuado en Panamá, en 1826, con la abierta oposición de Estados Unidos, temeroso de la presencia europea en el continente, que ponía en peligro sus crecientes afanes expansionistas.

Con la colaboración de su amigo José Antonio Saco, que aparentemente le convence de atemperar el tono beligerante de “El Habanero”, que atemorizaba a los ricos hacendados criollos, Varela publica un nuevo diario titulado “El Mensajero Semanal”, de un contenido más literario que político, sin renunciar a su carácter independentista, con la colaboración del prestigioso intelectual Domingo del Monte.

Durante las décadas del 30, 40 y 50 del siglo XIX van a descollar entre las figuras más representativas del reformismo: José A. Saco (1797-1879), José de la Luz y Caballero (1800-1862) y Domingo del Monte (1809-1853).

José A. Saco se destacó por su tenaz enfrentamiento a las tendencias anexionistas tan en boga en las décadas del 40 y 50 de de este siglo, su apego a los valores de la cubana y su oposición a la esclavitud. Éste fundó en 1831 la “Revista Bimestre Cubana” de gran prestigio en la época y escribió importantes obras y artículos donde expuso sus ideas, no obstante su incomprensión de los afanes independentistas (13).

Participó con Varela en “El Mensajero Semanal”, editado en el exilio y que se publicase desde el 18 de octubre de 1828 al 29 de enero de 1831. En carta íntima a su amigo José Luís Alfonso, en sus últimos años de vida, se expresan los sentimientos de un hombre decepcionado, pero donde se atisba la presencia, incluso en momentos personales tan aciagos, de una profunda eticidad. Éste escribe como…“…ya no tengo ojos con que leer, ni mano con que escribir; por consiguiente ya no puedo ser abogado ni médico, ni casi nada de lo que pudiera proporcionarme un modo de subsistir en esta tierra…..Cometí el error de ser patriota donde no hay patria. Por Cuba perdí mi poca fortuna y por ella todo mi porvenir. Yo debí haber hecho lo que hacen mis paisanos, que es enterrar el patriotismo y tratar de labrarse una posición pecuniaria. Si yo hubiera seguido este camino, yo no viviría del modo que estoy viviendo, ni moriría del modo que moriré” (14).

Para Luz y Caballero la prensa siempre constituyó un medio propicio para divulgar sus ideas encaminadas a mejorar el obsoleto sistema educativo colonial, sus ideas filosóficas y sus conceptos ético-pedagógicos en búsqueda del perfeccionamiento de la conducta humana que lo llevaron a afirmar que…“…para que Cuba sea libre soy yo maestro de escuela” (15).

Sus polémicos artículos bajo el título “Sobre educación secundaria” fueron publicados en el “Diario de La Habana” en diversas ediciones, entre septiembre y noviembre de 1832, en los que propugnó por una más adecuada formación en niños y jóvenes, pues al respecto…..“…..no hay medio, o satisfacer las dudas de los discípulos o ridiculizarse ante sus ojos….lo que vale tanto como no ser maestro” (16). Respecto al alumnado el ilustrado educador rechaza toda teoría pedagógica que conciba a éste como mero receptor de conocimientos, carente de creatividad o ente pasivo en el proceso de enseñaza-aprendizaje, convencido de que…“…no sé como hay todavía quien dude de las fuerzas intelectuales de los niños” (17).

Su lucha sistemática contra el escolasticismo, tanto en la filosofía como en los métodos educativos, lo llevó a enfrascarse en una aguda polémica, de amplia divulgación en la prensa de la época, que tiene su origen al dar respuesta a un escrito aparecido 12 de mayo de 1838 en el diario “La Gazeta de Puerto Príncipe”, firmado bajo el seudónimo de Rumilio, en el que se argumenta la necesidad de iniciar los estudios por la Lógica (aristotélica) y no por la Física (Ciencias Naturales), en abierta contradicción con los criterios de Luz y Caballero. Éste nos muestra en su argumentación, su vasta cultura y agudeza de criterios, como polemista. Para éste…“…y que de los Pitágoras y de Tales Milhesio, los cuales florecieron antes de Platón y Aristóteles, que fueron los primeros entre los griegos en acometer la obra de la fundación de la Psicología y de la Lógica….pues hay mucha distancia entre los fundadores de la Filosofía griega y los campeones del escolasticismo en cuyas manos degeneró hasta la buena semilla que en sí llevaba la ciencia griega” (18).

El 2 de marzo de 1840 se publica en la “Gazeta de Puerto Príncipe” su artículo “Identificación filosófica con mi maestro Varela”, reproducido por “El Correo de Trinidad” el 14 de mayo y por el “Diario de La Habana” con fecha 29 del propio mes y año. En el mismo Luz expresa como…“…Varela derrocó el escolasticismo en nuestro suelo y yo aplaudo y aplaudiré su ruina. Varela fue nuestro legítimo Cartesio, en más de un sentido, ya por haber destruido el principio de autoridad con el consejo y el ejemplo de palabra y obra, por haber introducido en su consecuencia la libertad filosófica de pensar” (19).

La constate oposición de Luz y Caballero, a una educación impuesta por las autoridades coloniales, lastrada de trabas e imperfecciones, lo convocó a utilizar la prensa como medio eficaz de divulgación de sus opiniones críticas. Al respecto, el 22 de diciembre de 1834 se publica en el “Noticioso y Lucero” la convocatoria de la Real Junta de Fomento de la Agricultura y el Comercio, a exámenes públicos y generales de las dos escuelas de enseñanza primaria en el ultramarino pueblo de Regla, que motiva la redacción por éste de una serie de artículos publicados en el “Diario de La Habana”, el 32 de diciembre de 1834 con el título “Sobre el método de enseñanza de las escuelas lancasterianas de Regla”, bajo varios seudónimos como Hila Delgado y Mismo. En criterio de Luz, la utilización del método lancasteriano para impartir enseñanza a los sectores más humildes, al ofrecer por su esencia, bajos costos y ahorro de tiempo, va en detrimento del método explicativo que él defiende, al garantizar una superior calidad al proceso docente educativo.

Domingo del Monte es otra personalidad descollante de la primera mitad del siglo XIX cubano que incursionó con asiduidad en la prensa escrita, como fiel abanderado en defensa de nuestra cultura y estrechamente vinculado a José A. Saco y Luz y Caballero, como destacados partícipes del reformismo progresista de la época. A finales de 1822, bajo el patrocinio de éste y su amigo José A. Cintra, se publica “El Americano Libre”. La publicación se plantea, según escrito del 22 de noviembre del propio año…“…..esparcir las luces y conocimientos….contribuyendo de esta manera a la ilustración de los pacíficos habitantes de este delicioso país, que es el blanco de todas las potencias ambiciosas” (20).

En su edición del 27 de noviembre se afirma en uno de sus artículos (presumiblemente no redactado por Del Monte, quien nunca llegó a compartir el ideario independentista) que…“…cuando un pueblo está oprimido y vejado por la injusta nación a la que pertenece….cada habitante del país es un abogado para reclamar la independencia y un fuerte guerrero para sostenerla” (21).

El tomo de tales ideas determinó la suspensión de la publicación a los escasos 4 meses de su fundación. Pocas semanas más tarde el propio Del Monte promueve la aparición de un nuevo diario, con un título más atemperado a los tiempos difíciles que corrían: “El Revisor Político y Literario”. En su edición del 31 de marzo de 1823, se publica en este un escrito de Del Monte dedicado a elogiar la obra de José María Heredia la que valora como…“…versos y no renglones rimados” con una crítica ostensible a la creación de otros autores de la época (22).

El 7 de noviembre de 1829, con el mismo Del Monte como editor, ven la luz pública las publicaciones “La Moda” y “Recreo Semanal del Bello Sexo”. Reiterando su inclinación por la prensa escrita, edita a partir a partir del 2 de enero de 1830, en colaboración con Antonio Bachiller y Morales: El puntero literario”. El 6 de diciembre de 1830 asume la dirección de la Sección de Educación de la Sociedad Económica de Amigos del País, donde logra, con el apoyo de José A. Saco y otros intelectuales progresistas, la publicación de la Revista Bimestre Cubana, que alcanza gran prestigio nacional e internacional, por la calidad de los trabajos de sus colaboradores, entre los que figuraba José de la Luz y Caballero.

La revista de tendencia liberal y antiesclavista concita prontamente el encono de Juan Bernardo O´Gaban, entonces presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País y del Intendente de Hacienda, Claudio Martínez de Espinillos, ambos de pensamiento marcadamente conservador y defensores de la esclavitud, apoyados por los ricos hacendados criollos. En medio de tales contradicciones, la Comisión Permanente de Literatura de la SEAP logra se autorice por Real Orden, la creación de la Academia de Literatura, marco más propicio para la divulgación de las ideas y proyectos culturales, por las personalidades más progresistas en el seno de la institución.

A partir de tan enconados criterios, se inicia una polémica a partir del artículo escrito por Antonio Zambrana, publicado por el reaccionario “Diario de la Marina” en su edición del 12 de abril de 1834, donde éste expone sus argumentos contrarios a la creación de la citada academia, al que José A. Saco refuta desde las páginas del propio diario, el 14 de abril y Domingo del Monte, el 229 del propio mes y año, desde las páginas de “La Aurora de Matanzas”. En definitiva, por no contar con el apoyo de Tacón, entonces Capitán General en la isla, el 18 de octubre del año en curso se obtiene por Real Orden, la revocación de la autorización dada anteriormente para la creación de la nueva institución. Incluso el mismo José A. Saco, enfrascado en aguda polémica con la máxima autoridad colonial, debe marchar al exilio, donde continua, en territorio norteamericano su colaboración periodística, con Félix Varela.

No obstante sus esporádicas concesiones ideológicas, Del Monte se unió a Saco en sus posiciones anti-anexionistas, enfrentándose a parte significativa de la intelectualidad representativa de los ideales de los ricos hacendados criollos, a la que el mismo pertenecía, en las décadas 40 y 50 del siglo XIX, como José Luís Alfonso, Cirilo Villaverde, Gaspar Betancourt Cisneros y Miguel Aldama. Del Monte, hombre de vasta cultura, mantiene su estrecha colaboración con la prensa escrita, siendo frecuentes sus escritos aparecidos en los diarios “El Aguinaldo Habanero” (1838), “El Álbum” (1838) y en “La Revista Cubana” (1840).

En esos propios años, José de la Luz y Caballero se enfrasca en una larga e interesante polémica filosófica-educativa con los hermanos Manuel y Zacarías González del Valle, partidarios de la corriente filosófica promovida por el francés Víctor Cousin (1792-1867), una especie de eclecticismo de corte espiritualista, que en buena medida tiene como escenario la prensa de la época. Esta se inicia cuando Zacarías González del Valle (1820-1851) publica el 14 de octubre de 1839 en el “Diario de La Habana”, su escrito “Defensa del eclecticismo de Víctor Cousin”, que lleva a Luz a redactar su ejemplarmente argumentada réplica: “Impugnación a Cousin” (1840) (23).

Si ya en la década del 30 se publican entre otros “El Noticioso y Lucero de La Habana” (1832) y “La Prensa” (1839), ya en la siguiente se fundan “La Prensa de La Habana” (1843), “El Diario de la Marina” (1844) y “La Verdad” (1847”, y años después, “La Charanga” (1857) y “El Moro Muza” (1859). Estos constituyen una muestra de las publicaciones existentes entonces tan sólo en la capital, sin contar los numerosos órganos de prensa creados en las provincias (24).

Estos reflejan en sus páginas las luchas imperantes en su tiempo en el seno de la intelectualidad y personalidades representativas de los diversos sectores y clases sociales, tanto progresistas como reaccionarios, liberales y conservadores, reformistas, anexionistas e independentistas, limitadas estas últimas a una circulación clandestina. Tal fue el caso del diario “La Voz del Pueblo” fundado por el periodista Juan Bellido de Luna y el tipógrafo y patriota, Juan Faccioso. El 13 de junio de 1852 aparece su primer número quien se plantea representar…“….la opinión libre y franca de los criollos cubanos; propagar el noble sentimiento de la libertad de que debe estar poseído todo pueblo culto” (25). El tercer y último número se editó el 26 de julio del propio año, al ser detenido Faccioso cuando preparaba la edición del próximo número en su propia imprenta, el que juzgado bajo onerosas arbitrariedades, que permitían los poderes omnímodos concedidos a los Capitanes Generales, resultó condenado a muerte en “garrote vil” el 13 de septiembre de 1852.

No obstante, en las décadas del 40 y 50 del siglo XIX aún las aspiraciones independentistas sólo se muestran esporádicamente ante el predominio del reformismo y el auge del anexionismo, promovido por los ricos hacendados criollos, que ven en el la solución a la permanencia de la esclavitud, sin obviar la admiración por el supuesto paradigma que entonces representaba la democracia norteamericana, comparada con el burdo despotismo impuesto en Cuba por el colonialismo español.

Frente a las concepciones de José A. Saco, quien proclamase en sus “Ideas sobre la incorporación de Cuba en los Estados Unidos” (1848) que…“…yo desearía que Cuba no sólo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese cubana y no angloamericana” (26), encontramos la figura de Gaspar Betancourt Cisneros (El Lugareño) (1803-1866), una de las personalidades más descollantes de las ideas anexionistas, , aunque al final de su vida compartiese las aspiraciones independentistas, tras el triunfo de las ideas abolicionistas de Abraham Lincoln, al finalizar la cruenta guerra de Secesión norteamericana (1860-1865).

Son reveladoras las misivas intercambiadas entre Saco Betancourt Cisneros, amigos en el plano personal, particularmente las escritas por éste último, donde le expone sus argumentos a favor de la anexión. En su misiva con fecha 3 de abril de 1849, fechada en New York, éste le expone a Saco que…“…es penoso tener muy presente que para anexionar a Cuba basta una plumada y que para darla tiene España todo el estímulo, todo el apoyo y aprobación de la Europa entera, de casi toda la América Latina, incluso las islas, nuestros acusadores más que rivales. Y no hay que olvidar que para salvar a Cuba no queda otra puerta que la de los Estados Unidos, único pueblo, única gente que acá en América tiene vergüenza, saber, fuerza y unión como nación libre” (27).

En carta de fecha anterior, el 30 de agosto de 1848, Betancourt Cisneros le explica a Saco como…“…el periódico La Verdad, bueno o malo, le ha dado a conocer (se refiere al Capitán General en Cuba, Roncalli. N. del A.), que los cubanos no se andan con paños calientes, le van perdiendo el miedo, que tienen en los Estados Unidos fija la vista y puesta su esperanza” (28). El mencionado periódico, de tendencia anexionista, se publicó en New York de 1848 a 1853 y tuvo como sus principales promotores al propio Betancourt, a Miguel Teurbe Tolón, a Cirilo Villaverde, Lorenzo de Allo, Porfirio Valiente y Domingo de Goicuría.

En 1862 se edita el diario “El Siglo” por José Quintín Suzarte y bajo la dirección de Francisco Frías y Jacott, Conde de Pozos Dulces (1809-1877). Este periódico originalmente de criterios anexionistas y posteriormente reformista, desempeñó un importante papel en la época, en la divulgación de tales posiciones. Francisco Frías, un representante destacado de la intelectualidad defensora de los intereses de los más acaudalados hacendados criollos, era hombre de vasta cultura y colaborador habitual en la prensa de entonces, como el periódico “Correo de la Tarde”, donde expone sus proyectos para consolidar la riqueza y diversidad de la agricultura. No obstante su ideario anexionista, éste no era partidario de la esclavitud, en quien avizoraba una rémora al desarrollo capitalista más moderno.

En los años previos a la primera contienda independentista se edita “La Aurora” (1865-1868), dedicado a defender los intereses de los artesanos, embrión de nuestra futura clase obrera, integrados mayoritariamente por negros y mulatos libertos. Su primer número aparece el 22 de octubre de 1865, bajo el patrocinio de Saturnino Martínez y Manuel Sellén. De opiniones obrero-reformistas, se limitaba a luchar por mejoras salariales en el sector. Se contaban entre sus colaboradores José Fornaris, Felipe Poey y Antonio Bachiller y Morales. Este mismo Saturnino Martínez, asturiano de ideas liberales, fundaría años después los diarios “La Razón” y “La Unión”.

Otro español, José Moreno Fuentes, colaboró activamente en el periódico pinareño “El Ómnibus”, divulgador de ideas liberales, muy progresistas para su tiempo y muy cercanas al socialismo utópico del francés Charles Fourier. En la propia etapa se editan “La Discusión” por Augusto Martínez y Francisco Obregón Mayol; “Rigoletto” por Luís Victoriano Betancourt e Isaac Carrillo y “El Revoltoso” de carácter satírico-humorístico. Otra importante forma de divulgación de las ideas, estrechamente vinculado a la prensa escrita, resultó la práctica de utilizar lectores en las tabaquerías, a partir de la década del 60 del propio siglo XIX. Ello contribuyó no sólo a elevar el nivel cultural de los trabajadores de tan importante sector de la economía sino además a fortalecer su conciencia de clase. Según Ambrosio Fornet en su escrito “La lectura, proletariado y cultura nacional”, esta práctica en las tabaquerías se inicia en 1865 en la fábrica de torcidos “El Fígaro”, en la capital, y según otros, un año antes, en la “Fábrica Viñas”, en Bejucal, actual provincia de La Habana (30). La lectura en las tabaquerías encontró la oposición de las autoridades coloniales apoyada por una sistemática campaña difamatoria de su principal vocero, el “Diario de la Marina”, temerosos, no sin razón, a que contribuyese a la propagación de ideas progresistas y demasiado liberales.

El fracaso de los planes anexionistas y los fallidos intentos de conseguir concesiones de carácter reformista, por la metrópoli, contribuyeron, entre otros no menos importantes factores, al avivamiento del ideario independentista en un sector considerable del criollismo, ya finalizando la década de los 60.


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