BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL Y SUSTENTABILIDAD. TOMO I

Coordinadores: Nicasio García Melchor y Gloria Miranda Zambrano




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Las comunidades periféricas

El desarrollo de la conquista en el territorio que hoy es Colombia tuvo tres efectos sobre las comunidades indígenas. Una parte de las comunidades indígenas fue exterminada y sustituida por esclavos africanos. Otra parte como se mencionó, se asimiló a la formación de los campesinos y otra parte se aisló en la periferia de las actividades coloniales.

En el proceso conquistador los indígenas fueron sometidos prácticamente a su desaparición, pues el precio que se pagó por los esclavos llevó a hacerlos objeto de mayor consideración sobre los indígenas, que luego de ser vistos como un “regalo de la naturaleza” fueron dejados a su suerte cuando los agobiantes trabajos los diezmaron. De esta forma se vio minimizado el aporte cultural sobre el conocimiento de la naturaleza que estos grupos habrían dado posteriormente en la formación de la sociedad colombiana.

La devastación de los grupos indígenas redujo su autonomía cultural que cosmológicamente los sustentaba a las condiciones del trabajo esclavo en las minas o en la agricultura. Se asimilaron a la cultura peninsular sustituyendo sus creencias en procesos de sincretismo, como sobreposición de las creencias, para someterse a la simplificación de las relaciones de trabajo en los resguardos y haciendas hasta convertirse gradualmente en campesinos.

Las comunidades indígenas que sobrevivieron sin someterse al régimen español se mantuvieron en la periferia del mundo colonial, protegidas por un característico nomadismo ancestral que les permitió mantener sus formas de vida con el medio natural.

Por otra parte, a los grupos de origen africano se impusieron las condiciones de vida de los indígenas asimilados sometiendo el vínculo con la naturaleza a la actividad agrícola y a la extracción minera, con la prohibición expresa de rehacer sus vínculos por medio de contenidos sagrados que anteriormente poseían en sus culturas.

Para las comunidades descendientes de los africanos el proceso de dilución cultural causado por los traficantes fue más acentuado al mezclar los miembros de todas las comunidades de las que provenían para debilitar todos los vínculos culturales que pudieran restituirse para impedir la organización y los alzamientos. Esto conllevó a que durante la colonia algunos grupos de negros se fugaran y formaran palenques en los que construyeron nuevas formas de organización social asimiladas a las coloniales, como los cabildos y no a las formas ya desvirtuadas originarias de África.

El aislamiento geográfico de los grupos periféricos en las relaciones con los demás grupos hizo que no requirieran del soporte tecnológico utilizado por los campesinos, lo que mantuvo la relación primitiva con la naturaleza y su independencia del grupo hegemónico fuera mayor.

Las comunidades indígenas ubicadas en la periferia y las comunidades de negros se encontraron en el periodo analizado compartiendo un medio natural que les permitió establecer una relación directa con la naturaleza. De esta manera lograron mantener por un largo periodo su forma de vida hasta que el acceso de los colonos y la institucionalidad del Estado transformo su relación con el medio haciendo evidente la mayor fragilidad en la defensa de su forma de vida por las dificultades en el acceso a la comunicación y al manejo del conocimiento científico. En el sentido conceptual y metodológico con que seguimos la lectura sobre las éticas del mundo viviente de Gilbert Hottois, encontramos esta expresión cultural como defensora de la conservación de la naturaleza primitiva, constitutiva de una postura ética particular junto a la ética antropocéntrica.

Estas tres posturas éticas que identificamos en la relación con la naturaleza están orientadas de manera divergente demostrando valoraciones y actitudes que entran cada una en conflicto con la forma de vida de los otros grupos sociales descritos.

Las relaciones del grupo hegemónico con los otros grupos se establecieron como relaciones de dominación que segregaron y marginaron en el ejercicio de derechos impidiendo el acercamiento de los campesinos y las comunidades periféricas en procesos de integración a la sociedad con participación en la política y en la economía de manera que vincularan las concepciones éticas desde cada grupo social construyendo una sociedad con mayor consolidación cultural, con mayor idoneidad para mayor desarrollo del conocimiento, de la educación y las transformaciones promovidas por la economía y la política.

Pero en este aspecto incidió el desarrollo ético con el que el grupo hegemónico actuó frente a los otros grupos sociales, como en la forma que intervino el medio natural. El interés por este dominio se verificó en la dimensión de las tareas científicas y las empresas económicas, pero que luego se emprendieron con desbordado impulso desde iniciativas extranjeras con franco desinterés de las responsabilidades éticas que implicaban para los grupos sociales que se afectaron y con el medio natural como es de clara comprensión en la perspectiva actual. Al comienzo del periodo la actuación del grupo hegemónico se hizo tangible en el interés por reconocer la geografía y en la medida en que avanzo el siglo XIX se plasmó en las guerras, la construcción de carreteras, puentes, ferrocarriles, canales y la apertura de tierras para actividades extensivas.

En cuanto a las implicaciones de la política, es necesario reconocer el carácter excluyente de los sectores campesinos, indígenas y afroamericanos en las diferentes constituciones que se redactaron a través del periodo analizado. Se desconocieron las circunstancias culturales de los grupos que conformaron la sociedad colombiana, se invisibilizaron, no se reconoce el lugar de estos grupos de campesinos y de grupos periféricos, se centró la visión antropocéntrica en las sucesivas constituciones desconociendo las características del mundo de los campesinos y las comunidades periféricas con sus realidades regionales y locales, con los problemas del conocimiento, de la geografía. Los constituyentes suponen una realidad conocida susceptible de manejar con los parámetros de las doctrinas que los inspiraban. En esa concepción se quedó por fuera el peso material de la realidad de las comunidades con su historia y sus necesidades en el reconocimiento y el derecho a la inclusión como sociedad.

Correspondía al grupo hegemónico dar una mayor dinámica por ejemplo a la educación y a la difusión de la tecnología entre los grupos subordinados y no mantenerse con el marasmo fundado en el periodo colonial. Esta inmovilidad política y económica no propuso alternativas al comportamiento de las comunidades campesinas y periféricas en el desarrollo de sus posibilidades en el ejercicio de sus derechos. Al no promover la capacidad productiva, el conocimiento y el ejercicio de los derechos políticos los debilitó como seres libres y los marginó de la posibilidad de contribuir al fortalecimiento de la sociedad.

Como argumentos determinantes del proceso hegemónico de apropiación de la tierra se identifica la posesión como instrumento de dominación que el Estado en formación reconoce. En lo económico los recursos naturales abrieron esta vía en la medida que permitió la posesión directa .

En lo político, el significado como dominación de jurisdicciones cada vez más amplias constituyeron formas de posesión contradictorias con la forma incipiente del Estado. La fuerza de cada forma de posesión se define con su actuación. La posesión por apropiación corporal y la designación se median en la elaboración. Esta elaboración se represento de diferente manera para los reclamantes. De una parte los campesinos que hicieron de la posesión su forma de vida. De otra parte, los terratenientes lo hicieron como una designación respaldada por titulación sin que se apropiara corporalmente ni a través de su utilización económica. Es claro que estas formas de apropiación representaron conflictos en la forma que adquiría la sociedad en ese periodo.

Por una parte, la necesidad de sobrevivencia de los campesinos de disponer del medio en la medida de su capacidad productiva que contribuyó a la formación de comunidades relativamente independientes, enfrentada a la visión del territorio como posesión, presente desde la Colonia como la base de un estatus social, político, económico y cultural que establecía el dominio de las relaciones en el conjunto social.

El proceso seguido en la toma del territorio se dio a partir de la apropiación de los recursos naturales como la quina que aportó un significado particular en el reconocimiento de los terrenos baldíos a reclamar al Estado, así como en la forma en que se reorganizó la fuerza de trabajo. La quina representó en el siglo XIX un importante recurso para la exportación por el valor como medicamento en el desarrollo de las actividades económicas de Inglaterra en las regiones tropicales, en Asia y en África. La valoración cultural de este elemento representó un ideal en el que el grupo hegemónico vio a Inglaterra como nueva metrópoli para el desarrollo de actividades comerciales.

Conclusiones

Las conclusiones a que se puede llegar con este análisis se puntualizan de la siguiente manera para explicar la situación presente de la sociedad colombiana: el discurso del desarrollo que planteó el grupo hegemónico se comprende como la propuesta para un país pequeño, sin diversidad, dirigido a los grandes propietarios y su concepción de creación de riqueza, que emprendió actividades agrícolas con niveles bajos de tecnología dirigida posteriormente a actividades agroindustriales que respondieron a las necesidades de la urbanización a que se sometió la sociedad por el despoblamiento del campo sin que se constituyeran las ciudades en polos de atracción laboral.

La economía de los campesinos se recompuso sobre las tradiciones indígenas en la solución de sus necesidades básicas con la recursividad que les propuso la naturaleza, con conocimientos basados en la experiencia, sin la posibilidad de constituir un conocimiento apoyado en principios científicos que les permitiera confrontar la imposición del conocimiento oficial promovido desde las instituciones y los programas desarrollistas, que terminaron por suplantar el aprendizaje construido en su experiencia con la naturaleza.

A esta situación se llegó por la unificación que impuso la ciencia, el Estado y la religión como representaciones de poder centralizadas en una concepción ideológica, repetida sucesivamente hasta reducir la diversidad, simplificando la naturaleza en el perverso objetivo de sustraer la población a su tierra, a su geografía, en el afán hegemónico de poseer la tierra como monopolio político y económico.

Para el tema que nos acoge, sobre diversidad cultural y sustentabilidad, podemos señalar tres grandes conclusiones que comprometen el interés de las disciplinas de las ciencias sociales con relación a la manera en que asumimos la relación con la naturaleza.

En primer lugar la desocupación de la tierra como negación de la posibilidad de existencia a una gran parte de la población colombiana en el derecho a la propiedad y como participación en la productividad, en el consumo y en la política.

Una segunda conclusión advierte sobre la anulación de la posibilidad de garantizar la seguridad alimentaria para la población colombiana.

Y una tercera conclusión, referida a la destrucción sistemática de los ecosistemas y su significado en la sustentabilidad ambiental y económica desde el desconocimiento de los vínculos culturales de las comunidades rurales y su experiencia ambiental, con las consecuencias para el conjunto de la sociedad colombiana.


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