BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL Y SUSTENTABILIDAD. TOMO I

Coordinadores: Nicasio García Melchor y Gloria Miranda Zambrano




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Contribuciones del conocimiento tradicional a la propuesta de sustentabilidad

Gloria Miranda Zambrano

 

Introducción

El presente ensayo tiene como objetivo explicar los términos de la contribución que brinda el conocimiento tradicional (CT) a la propuesta del desarrollo sustentable (DS), misma que encarnada en la etapa de la mundialización neoliberal se propone como una de las últimas salidas o alternativas para el problema del deterioro alarmante de la Naturaleza y la misma humanidad en la presente etapa histórica.

Cómo el ‘corpus cognoscitivo’ de las sociedades no occidentales llámese de los pueblos originarios, campesinos, ejidales o etnias al ser reconocido, revalorado, re-significado y adoptado-adaptado a los diferentes espacios y procesos productivos y no productivos, alcanza alternativas en la búsqueda de soluciones para mejorar la calidad de vida y la conservación de los recursos naturales de la humanidad. Empero,

¿Porque en siglos esta contribución estuvo y está en exclusión y dominio por parte de la cultura occidental?

¿Que hizo que las sociedades tradicionales y con ella sus saberes salten hoy en día a la palestra de las discusiones para crear alternativas sustentables?

¿Cuales son las contribuciones a la recuperación del medio ambiente y las sociedades en el enfoque del DS?

El tema de DS se inicia formalmente cuando la ONU en su propuesta “Nuestro futuro común” (o Informe Bruntland) señala que la disminución de los recursos naturales y el deterioro de los ecosistemas es debido al modelo de desarrollo prevaleciente; el balance a la fecha sostiene que el problema ha empeorado y mayormente las reuniones y documentos de concertación son declarativos (Guimaraes y Bárcenas, 2002; Leff et al, 2002 y 2005, Altieri (2002). Estamos “ante un problema de ‘congestión de tratados’ multilaterales de medio ambiente a partir de más de 500 instrumentos legales frecuentemente no conectados entre sí” (Guimaraes y Bárcenas, 2002: 27)

Hay mayor pobreza económica, puesto que hay menos oportunidades de subsistencia para los actores sociales del medio rural, entrándose a un círculo perverso, donde los sectores más pobres de la población emplean como estrategia de sobrevivencia la sobreexplotación de los recursos naturales. Por ello se los señala como culpables del deterioro ambiental, excusando identificar los estragos que hace el mundo capitalista. El DS sostiene que para llegar a un desarrollo sostenible hay que romper este ciclo. Es en ese marco de interés, se ha visto por conveniente integrar diferentes contribuciones entre ellas las que viene desarrollando las culturas originarias del mundo, especialmente de los países del sur quienes al mantener una cultura sustentable por tradición, tienen ‘algo que decir’ en la disputa por recuperar el medio ambiente.

En el afán de mostrar e identificar cuales y donde están las contribuciones y atributos de estas culturas presentamos el presente documento, aclarando que haremos énfasis en aquellas concernientes al medio ambiente y al desarrollo humano, pues el CT por propia naturaleza encierra complejas aristas por lo cual es muy amplio de abordarlo.

El camino del CT hacia el escenario actual: Una historia de desencuentros y encuentros

Al CT lo entendemos como el resultado de un proceso socialmente estructurado por un pueblo para construir aprendizajes y representaciones significativas, orientado “por el sentido común” (Geertz, 1994) para hacer posible la preservación de su medio ambiente, identidad y cultura. El CT, tiene como escenario y pilares que lo sustentan y retroalimentan a: la diversidad geográfica y ambiental, cosmovisión, cultura, identidad, organizaciones naturales (familia y comunidad), espiritualidad, historia, lengua, producción y tecnologías. Mismas que se exteriorizan y convergen a través de las actividades productivas como son la agricultura, ganadería, forestería, horticultura, artesanía, arquitectura, medicina, etc. Lo sustenta toda una filosofía, ideología y práctica de vida histórica pública, privada y cotidiana, que se fundamenta en un virtual compromiso entre el ser humano y la Naturaleza, articuladas a prácticas organizativas y productivas determinadas y de servicio (Miranda, 2008: 52).

El CT tuvo una historia ligada al despojo e imposición de la cultura occidental, con su modelo económico, político, cultural, ideológico, y por supuesto cognoscitivo sobre las culturas “no occidentales”, “pre modernas” e “indígenas” (Toledo, 1996; y Concheiro y López, 2006; Leff, 2005, Geertz (1994), Levi Strauss (1988). Occidente fue cada vez haciéndose hegemónico, hasta llegar al capitalismo actual, basando su expansión y dominio en su enfoque cognoscitivo.

A lo largo de la historia siempre despertó interés sea desde una mirada peyorativa, de fustigación o de reconocimiento a su contribución en el mundo de los saberes, habilidades y destrezas que ha desarrollado el ser humano, siempre en relación a otro conocimiento que se mostraba cada vez con mayor credibilidad o oficialización como sucede con el conocimiento occidental. Debido al interés para saber cuales son esos ‘secretos milenarios’ que mantiene su sostenibilidad a pesar de siglos de dominio y despojo, hoy en día podemos reconocerlo por las denominaciones como “conocimiento campesino” “folklore”, “saberes locales”, “sabiduría popular”, “ciencia indígena”, “ciencia de los pobres”, “etnociencia”, “ciencias nativas” “ciencia del pueblo”, “saberes subyugados”, “tradición indígena no occidental”, “conocimiento popular”, “ciencia del pueblo” y “ “ciencia emergente”. Aunque todavía no ha dejado de tener una relativa carga peyorativa al denominarlo como “popular”, “común”, “atrasado”, “vulgar”, “profano” “acientífico”, “general”, “espontáneo”, “creencias”, “campesino”, “ancestral”, “primitivo” “vernáculo”, “marginal”, o “decadente”.

La desvalorización del CT se evidenció desde que países ahora con poder económico en el mundo, empezaron a tener conciencia de que existían sociedades y culturas diferentes a las suyas, a las que sometían con intenciones colonialistas para despojarlas de sus territorios. De allí se evidencia la supremacía y empoderamiento por hacer que se reconozca la ciencia, la tecnología, las relaciones de mercado, las artes, los conocimientos y los estilos de vida, entre otros aspectos que venían consolidando. Fue estableciéndose la idea de que los otros conocimientos, el de los pueblos originarios o de las culturas locales -siempre en franco proceso de sometimiento- eran retrógrados y pasadistas, es decir atrasados. Actualmente el objetivo homogenizador del mundo al estilo occidental persiste, basado en un discurso de poder, autoritarismo y negación de aquellas civilizaciones diferentes al modelo. “¡Todos al desarrollo!” pareciera que es aun el lema subyacente de expansión y conquista del mundo. Se viene trayendo abajo siglos históricos de evolución, negándose la tradición para ir ‘todos’ tras el ‘progreso’ y ‘la modernidad’, tras el sueño de mundializar los pueblos, la empresa, los productos, el capital, los cultivos, las medicinas, los recursos naturales, los genes, y por su puesto los conocimientos.

Ambos saberes se inscriben en diferentes maneras de concebir el mundo. El occidental se sustentan en un enfoque antropocéntrico de concebir el mundo; mismo que es el inicio del hilo de la madeja donde se anida la explicación de su lógica y racionalidad de vida asumiéndose como la figura superior de la creación del universo y, por tanto, para ejercer dominación sobre los demás seres. Allí se establece la supremacía de la mirada que tiene el ser humano donde pretende ‘dominar’, ‘explotar’ y ‘manejar’ a la Naturaleza y los seres que en ella habitan. Mirada (y acciones) que a la actualidad sostiene la cultura occidental y por ello vivimos un SOS. mundial referente al tema medioambiental y de degradación humana.

Por su parte las culturas campesinas e indígenas conciben a la Madre Naturaleza como sagrada y con condición humana –‘intersubjetividad’- (Leff; Toledo, García (1996), Miranda (2008), Lenkersdorf (1999), Levi-Straus (1988), Gertz (1994). Es decir que ella tiene emociones y sensaciones como los humanos, por ende se le respeta, protege y agradece en reciprocidad. Entre la Madre Tierra y los seres humanos se establece una ‘crianza mutua’ (García, 1996; Toledo, 2000; Leff, 2002, 2005). No queremos ver ‘románticamente’ esta relación ni caer en purismos, sino recuperar la mirada de los actores sociales sobre la Naturaleza, que justamente al presente se ofrece útil en el objetivo hacia la consolidación de la sustentabilidad que urge recuperar. La idea es buscar formas de interacción sustentables que redunden en el desarrollo económico y en la conservación ambiental.

Estos esquemas o modelos de vida son para nosotros la raíz y fondo para explicar las diferencias entre las sociedades y culturas originarias y las de corte occidental moderno. Por un lado una cultura que tiene en su raíz cultural identitaria la explotación de la Naturaleza y por otra la preservación de la misma.

No invalidamos que actualmente las sociedades tradicionales estén atravesando por problemas de erosión de sus conocimientos y habilidades producto del empobrecimiento económico, exclusión social, despojo de sus territorios, etc., pero queremos centrarnos en el reconocimiento del grueso de estas sus formas cosmovicionales de vida, que felizmente aun encierran contribuciones sustentables especialmente en diferentes líneas productivas y de preservación de los recursos naturales. Tampoco queremos irnos a posiciones extremistas de desconocer los valores y contribuciones del conocimiento occidental, valioso por cierto, basado en la ciencia y la tecnología diseminada por todo el mundo como universal y oficial.

La mayoría de estos pueblos que despliegan el CT están asentados en los sistemas de montañas denominados como países del sur (centros de mayor mega-biodiversidad del planeta) o “los denominados trópicos húmedos en referencia a la región americana” (Toledo, 1996: 7-8). México ocupa el segundo lugar de diversidad cultual y lingüística con 62 culturas. Hubo más de 1,600 culturas originarias al momento del contacto europeo, pero el genocidio y etnocidio desentrañado en la colonización, fue extinguiendo y sometiéndolas cada vez (Toledo 1996). A la actualidad México es el país con mayor población de pueblos originarios de Latinoamérica, los pueblos que más destacan en lenguas originarias y sus saberes tradicionales son los pueblos náhuatl, maya, zapoteco, mixteco, otomí, tzeltal, tzotzil y totonaca.

Aquí lo importante es que esta discusión pueda alcanzarnos luces para certificar que las culturas campesinas y los pueblos originarios -y en ella el CT-, son diferentes a la cultura occidental u otras, entendiendo que no son mejores ni peores que otras culturas, cosmovisiones, lenguas y/o racionalidades. En el interés de afrontar los complejos problemas sobre el medio ambiente y el futuro del planeta, cada aporte es importante, cada uno tiene sus identidades e intereses conformados por conocimientos y saberes diferenciados. Como vemos existen contribuciones de otras culturas que tienen miradas diferentes al tema, concluyendo que lo occidental no es la única vía para la construcción y alternativas para el desarrollo de las sociedades, como en siglos se vino pensando. Sabemos que no hay sociedades excluidas del todo de la intervención externa, por lo tanto no hay conocimientos puros, todos reciben contribuciones externas y son producto de las influencias o superposición de los más. Ello no quiere decir tampoco que invalidemos el papel protagónico de la cultura occidental con su racionalidad economista que ha traído e amenaza al mundo actual.

Lo importante es salir de la visión que aun mantiene en muchos casos la academia, (especialmente de las ciencias naturales), gobernantes, la cooperación internacional, organismos internacionales, entre otros, quienes diseñan políticas para el medio ambiente trascendentes para los ámbitos local, nacional e internacional. “(…) hoy en día (es un anacronismo) concebir a los pueblos y culturas originarias como inferiores fundamentalmente porque son incapaces de dominar el método científico, única manera e avanzar por las rutas del progreso humano y social” (Toledo, 1996: 11). En muchos casos lo más lamentable es la auto percepción y definición de los mismos pueblos originarios sobre sus saberes y conocimientos.

A la actualidad el CT vive una suerte de avances y retrocesos; supo -y sabe-, resistir, dialogar, incorporar, transmutarse, yuxtaponerse y hasta mimetizarse y dialogar con los aportes epistemológicos de occidente y otras culturas. Si bien ha tenido siglos de dominación, a veces persecución e ignominia, ¿porque hoy en día salta su presencia a la palestra de la discusión? ¿Cuál es el interés por destacar ahora su validez en plena mundialización neoliberal?


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