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MORIN Y EL “MÉTODO” CONSOLIDACIÓN DE SU CORPUS TEORICO: UNA LECTURA DESDE EL PARADIGMA ECOLÓGICO

Germán López Noreña




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4.3 De La Parte Tres: Las Grandes Identidades

Morin erige como Las Grandes Identidades a La Identidad Social, La Identidad Histórica, La Identidad Planetaria, y La Identidad Futura. Cada una de ellas con sus características específicas y paradójicamente articuladas en cierta manera por la Triada –o “Trinidad” en términos de Morin-, individuo/especie/sociedad.

La Identidad Social, es tratada en un primer momento por el gran pensador francés, desde lo arcaico, pero no en la concepción tradicional del concepto como lo viejo e inservible, sino desde su acepción, el Arché, concebido como “el origen, el principio y lo primordial”. (Morin 2003, pág. 92) Dicho de otra manera, para Morin desde lo arcaico es posible develar, visibilizar; y construir.

La sociedad arcaica, se caracterizaba en su economía por un tipo de recolección y caza cooperativa para la satisfacción de las necesidades básicas, por cierto hoy existente en algunas tribus en el globo terráqueo, mal llamadas por la cultura occidental “incivilizadas”. Trascendiendo luego a la producción- consumo, permeada con los matices antes mencionados y no con la voracidad del mercado y la economía de los tiempos posmodernos.

Identidad Social

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Anterior situación, que al decir de Morin, se percibió en los hechos en que:

[…] una sociedad arcaica no posee Estado: comporta algunas centenas de miembros que viven de la caza y la recolección; éstos disponen de saberes-haceres múltiples, obedecen a reglas y a normas de reparto, parentesco, practican ritos, magia, ceremonias de la vida y de la muerte, artes, danzas, cantos, fiestas. Magia, mito y rito sacralizan las reglas de la organización de la sociedad. Sus conminaciones y sus prohibiciones están dotadas de tal fuerza, están interiorizadas tan profundamente, que hacen accesorio incluso inútil la coerción y el castigo. El poder es ejercido en ocasiones de manera colegial por los ancianos, y en ocasiones alternativamente por los jefes según las misiones.

(Morin 2003, pág. 182).

Ahora, cabe preguntarnos ¿Qué hacia posible el nivel de cohesión e integración en las sociedades arcaicas? La respuesta lo es la cultura, la que como patrimonio del la identidad social y con la movilización de sus múltiples variables, adquiere el status de agente autoorganizador de las antiguas sociedades; y uno de sus elementos fundantes lo constituyó la familia.

Capitulo especial en el entramado teórico de la Identidad Social, presentado por Morin en este volumen del Método, lo merece el de Estado-Nación. Sobre los orígenes del mismo, remitámonos a un estudioso del tema Dallanegra Pedraza (2000), quien nos ilustra de la siguiente manera sobre la gestación de él y algunos elementos subyacentes en su desarrollo en el siglo XX:

Con el surgimiento del Estado-Nación, cuya aparición se da con la paz de Westfalia en 1648, se inician dos características centrales, la de la “nacionalidad”-identidad-y la soberanía –el imperium- por un lado, y la “internacionalidad” por el otro. EL “derecho de gentes” de la etapa feudal, se transforma en “derecho internacional”, intentando regular el funcionamiento del sistema ínter-estatal.

El siglo XX agrega nuevas características. Con el surgimiento y la proliferación de los organismos internacionales gubernamentales a la internacionalidad se le agrega la “supranacionalidad”. Esto implica generación de reglas adoptadas por organismos internacionales o como resultado de acuerdos multilaterales, que están por encima de de las normas internas del Estado.

Estos organismos internacionales son de carácter mundial, como […] la ONU, de carácter regional como la OEA o la OUA. De tipo político, como los mencionados anteriormente; económico, como CEPAL o los sistemas de integración; o de seguridad, como OTAN, TIAR, Pacto de Varsovia, etc.

En la segunda mitad del siglo XX se agrega una nueva tendencia dominante. La “transnacionalidad” […] Los actores transnacionales empiezan a cumplir roles y a tener funciones que anteriormente eran exclusividad del Estado-Nación […] De este modo, nos encontramos con que la novedad del siglo XX tiene que ver con las nuevas características del funcionamiento del sistema mundial a partir del surgimiento de una “supranacionalidad” emergente de la “internacionalidad” y, paralelamente, una “transnacionalidad” independiente de la internacionalidad. Algunos elementos característicos del siglo XX tiene que ver con la multiplicación de los Estados-Nación […].

Bien, ya retroalimentados brevemente sobre la historia del surgimiento del Estado-Nación moderno, remitámonos a la concepción de Morin sobre este elemento tan fundamental en el escenario de la geopolítica del hombre y del mundo.

La participación de Morin en la defensa de la ocupación alemana de Francia y el proceso de Reorganización Conceptual, generó e hizo fecundo en él, un tipo de pensamiento muy singular en lo concerniente al Estado-Nación; fundado en la concepción de la complejidad y revestido de un espíritu altamente critico –sosteniendo la necesidad evolutiva de esta institución de la geopolítica-, en pos de la dignificación del ser humano como ser social:

Los desarrollos de los primeros grandes Estados-naciones, en Europa Occidental, van unidos a los de las ciudades, el capitalismo, la técnica, después la industria. El capitalismo crece bajo la protección del Estado-nación, pero se emancipa de él, va a desarrollar su propia megamáquina, bancaria, comercial, industrial, integrada pero autónoma en el seno de la nación. Las naciones continúan su destino de poder, que aumenta su desarrollo económico. Nuevas categorias de la población entran en el circuito de la moneda, la ganancia, el bienestar, mientras que capas muy vastas son arrojadas de la tierra, arrojadas a los arrabales, abocadas a la condición proletaria. Con el desarrollo económico y social, el destino de los individuos deviene un destino individualista. Es toda una nueva civilización lo que se desarrolla en el marco del Estado-nación hasta mediados del siglo XX. Hoy todas las mejoras que aportó esta civilización provocan nuevas carencias.

(Morin 2003, pág. 218).

La Identidad Histórica argumentada por Morin, en este apartado del Método V reafirma a la humanidad como histórica y por ende al hombre, pese a su individualidad el corresponder a un ser histórico-social, en detrimento de aquellos apologistas del fin de la historia. En este sentido nuestro autor, concibe la historia en analogía al caos con orden-desorden-organización en una dialógica de génesis y aniquilación (Morin 2003, pág 231), situación observable en el barrido histórico del apartado de esta obra, titulado El Desencadenamiento Histórico.

Morin vehementemente plantea la necesidad de una nueva historia, con matices historiográficos develadores de humanidad, en oposición y yendo más allá a los planteamientos de Francis Fukuyama ; dicho de otro modo, coherente con las exigencias de la teoría de la complejidad:

Francis Fukuyama.

http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Fukuyama

La historia humana está confrontada a problemas nuevos: no tanto a su propio fin en tanto que agotamiento de las capacidades creadoras de lo político, como ha anunciado Fukuyama, sino sobre todo la aceleración y la transformación bajo el empuje del cuatrimotor que se ha puesto en acción a finales del siglo XX.

Quizá no estemos más que en el comienzo de un comienzo, es decir, todavía no estamos en el fin de un fin. El destino individuo/sociedad, autonomía/consciencia, se juega y se vuelve a jugar sin cesar. La historia desafía toda predicción. Su devenir es aleatorio, su aventura siempre ha sido, sin que se sepa, y ahora se debería saber, una aventura desconocida.

(Morin 2003, pág. 251)

La Identidad Planetaria, presenta una serie de componentes alrededor de un espectro amplio del fenómeno denominado por la sociología como mundialización, iniciada en la prehistoria y con continuidad en nuestros días. Evento en el que hace presencia guerras, dominación, barbarie, deculturación, enculturación, exclusión,….Acontecimientos sintomaticos de nuestras características por antonomasia: ¡¿Nuestra Humanidad?!

Morin con suma certeza y haciendo gala de su competencia historiográfica: en un recorrido enunciativo por diferentes fases de la historia, desde la prehistoria misma, pasando por los otomanos dominadores de la Europa Occidental; el traste del imperio Romano; la conquista -perdón el vasallaje y sometimiento militar- de los continentes americano, asiático, africano; el colonialismo como consecuencia aberrante del anterior evento en la geopolítica del mundo; las dos deplorables y siempre detestables guerras mundiales; la posguerra y su acentuada intencionalidad de hegemonía en el globo terráqueo; la globalización y sus secuelas económicas y políticas en lo que a la exclusión y sus consecuencias de miseria y pobreza concierne; son entre otros síntomas de fácil percepción en el fenómeno de la mundialización.

Identidad Planetaria que al decir de Morin, ha sido impulsada gracias a dos hélices: la primera, ya mencionada como la conquista devastadora de occidente; y la segunda el humanismo. Del humanismo es menester mencionar de sus orígenes estar centradas en el Renacimiento, en la perspectiva teórica del volver a los clásicos .

Segunda hélice que retoma y repiensa los fundamentos epistémicos del humanismo en sus orígenes y los inserta a en tanto a la mundialización compete, en pos de lograr el imaginario de Sociedad-Estado. Traducidos en la búsqueda de los derechos humanos, el principio de libertad-igualdad-fraternidad para todos los habitantes del planeta, y la idea de solidaridad humana.

En conjunción dialógica al humanismo, como elemento opositor a la mundialización actual, saturada por las múltiples variables explicitas e implícitas en el fenómeno de la Globalización, han emergido en el escenario posmoderno los movimientos ecológicos por el desarrollo de una vida sostenible , emergiendo en el panorama mundial con inusitada fuerza el Paradigma Ecológico –el que trata de dar cuenta de todas las viscitudes de tipo socio-económicos-políticos-ambientales que aquejan a la humanidad-, y el lograrse la consolidación de la Sociedad Civil.

La Identidad Futura, o mejor ¿Qué será de la humanidad actual en el devenir de los tiempos? Compleja indagación para inciertas y probabilísticas respuestas. Morin advierte y nos dice el futuro del planeta estar en las manos del cuatrimotor ya mencionado e impulsor de la mundialización. Pero a su vez nos ilustra del papel protagónico de la segunda mundialización, como entidad rectora y consciencia de los desmanes de la primera, es decir el movimiento humanista en todas sus variables de su amplio espectro.

La Biotecnología, la Inteligencia Artificial, Los Hidrocarburos a la vez que avances de la ciencia, se mimetizan en una escabrosa danza de peligros para la humanidad. En la perspectiva de una dialógica conceptual con otros autores diferentes a Morin, veamos pues que escribe Capra, en Las Conexiones Ocultas.

Socialización cumbre de su proyecto de investigación y dejándonos guiar por su obra, encontramos unas certeras aproximaciones a los aspectos negativos de la Biotecnología. Capra, apoyado en Simss (1999) y Altieri (2000), ubica a la biotecnología ante un necesario encuentro dialógico disciplinar:

[…] el argumento de que la biotecnología es necesaria para erradicar el hambre es muy poco imaginativo. Las causas del hambre en el mundo no tienen nada que ver con la producción de alimentos, sino con la pobreza, con las desigualdades y con la falta de acceso a los alimentos y a la tierra. La gente pasa hambre porque los medios de producción y distribución de alimentos están controlados por los ricos y los poderosos: el problema del hambre en el mundo no es técnico, sino político. Cuando los ejecutivos del agronegocio aseguran que el hambre va a persistir hasta que sean aplicadas sus biotecnologías más novedosas, Miguel Altieri señala que ignoran las realidades sociales y políticas. “Si no se tratan las causas fundamentales”, les responde, “el hambre persistirá, sean cuales fueren las tecnologías empleadas.

En conclusión, cada vez es más patente que la biotecnología está llegando a una encrucijada que es a un tiempo científica, filosófica y política.

(Capra, 2003; pp. 242-263).

No obstante, criticar Morin en algunos aspectos al pensamiento Capriano, concuerda en muchos de ellos con el gestor del Paradigma Ecologico. Finalmente en este apartado de su obra, nuestro investigador de turno, hace referencia a la metamorfosis necesaria de la especie humana, potenciada en su máxima expresión la mente. Mente propiciadora de la inteligibilidad de la realidad que le circunda, trascendiendo del ser una mente omnipotente en lo que a la manipulación concierne, a una mente que de cuenta del déficit en tanto a lo que la comprensión del mundo corresponde. Una nueva ejercitación de la mente es vital para afrontar y comprender el cúmulo de eventos a devenir en la existencia de la humanidad.


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