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ESTUDIO ETNOHISTÓRICO SOBRE UNA UNIVERSIDAD NEW AGE, SUS PROCESOS DE EDUCACIÓN, SEDUCCIÓN, CONFUSIÓN E INICIACIÓN Y SU RELACIÓN CON EL CONTEXTO

José Luis Montero Badillo



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Conclusiones

Si la exposición del presente capítulo se inició “como si siguiéramos el camino que suelen recorrer las personas que llegan”, entonces, después de pasar por lo denotado e introducirnos en lo connotado, este sería el momento de la graduación. Al respecto, las primeras preguntas que tendríamos que plantearnos serían: ¿se logra el perfil de egreso deseado? ¿Con qué herramientas los egresados se integrarán a la vida laboral? Las respuestas pueden ser variadas, dependiendo la perspectiva desde la cual queremos contestar estas preguntas: la de la universidad, la del mismo egresado o la del científico social que los observa a ambos.

a) Con respecto a la perspectiva de la universidad, ésta dice, en su misión, que “se establece con el propósito de constituirse en un vector de desarrollo social a través de la investigación [...] para promover un desarrollo social ampliamente incluyente [...] privilegiando aquellos estudios que expandan la consciencia” .

Pero éste sería el perfil deseado denotado -aunque eso de la “expansión de la conciencia” tenga varios significados-, porque el connotado consistiría en saber cuántas de las “creencias” de este sistema religioso se lleva cada uno de los egresados para difundir entre su círculo familiar, laboral y social con el membrete de “vanguardia científica”, que es el que los alumnos se creen, porque eso fue lo que les contaron y uno de los principios de esta tesis es que “somos lo que nos hemos contado que somos”, es decir, se adscriben identitariamente a lo que, durante el tiempo que hayan durado sus estudios, les dijeron que son, de tal forma que la universidad está creando identidad, una identidad de tipo novoerista tomando en cuenta el papel iniciático de alienación que juegan los planes de estudio y por lo cual la universidad aparece en la lista de instituciones de la red GFU. El perfil y las herramientas son las adecuadas para integrarse más a otro grupo de corte newager que a un trabajo en alguna dependencia gubernamental o de cierta empresa particular, aunque aquí está otra de las astucias de la Nueva Era: permear cualquier ámbito, siempre disfrazado de “algo más”. Puede ser de ecologista, de capacitador, de humanista, de terapeuta, de naturista o de un sin fin de cosas más que dependen del contexto y que hacen brotar las capacidades de adaptación y versatilidad de la New Age.

b) Con respecto a la perspectiva del mismo egresado, éste se considera realmente portador de un conocimiento diferente al de cualquier otra institución de educación superior. La diferencia la “siente” en su “desarrollo humano”, en su preocupación por la gente, por la naturaleza y por los valores. Se percibe a sí mismo como una persona más consciente de los problemas que aquejan a la humanidad y con las herramientas suficientes para poder ser un “vector de desarrollo”. Algunas opiniones de los alumnos son que, cuando han tenido la oportunidad de convivir con estudiantes de otras instituciones y les hablan sobre el “ser”, el “yo interior” o la “Ley Cíclica de la Evolución”, aquellos, los de otras instituciones, no saben qué decir al respecto y eso hace creer, a los de la Universidad Albert Einstein, que saben -o creen- algo que los demás ignoran.

c) Y con respecto a la perspectiva del observador, claro que se logró el perfil deseado por parte del sistema religioso, es decir, el perfil connotado, el de iniciados en la Nueva Era . La cuestión es que, al tratarse de una institución joven, con menos de una década operando, los objetivos que persigue para sus egresados aún no son claros. Se podría decir que, en esta primera etapa -que equivaldría a las primeras tres o cuatro generaciones de estudiantes, tanto de licenciatura como de maestría-, la universidad ha ensayado lo que paulatinamente ha ido afinando: aumentar, de un alumno por grupo captado por el sistema religioso, a varios, hasta donde les sea posible. Esas posibilidades son todavía pequeñas porque sus estrategias son aún poco eficaces. Por tanto, las herramientas con las que los egresados se integran a la vida laboral son, también, poco eficaces. Es decir, ¿propondrán los egresados de la Licenciatura en Pedagogía una solución para combatir la deserción escolar a partir de trabajar con el “yo interno” de los niños?

Porque, por lo mismo de que los objetivos de la universidad aún no son claros, es consecuente pensar que los de sus egresados tampoco lo serán, al menos no en la mayoría de ellos. Entonces, si se trata de una escuela de estudios iniciáticos, de un grupo religioso que está llevando a cabo un proceso de aculturación sobre una sociedad, para los alumnos que desconocen esto, ¿realmente egresan iniciados en la New Age, con indicios de la New Age o adoctrinados por la New Age?

En un ejercicio con el grupo de séptimo semestre sabatino de la Licenciatura en Pedagogía generación 2003-2007, revisamos el temario del examen que el Centro Nacional de Evaluación (CENEVAL) aplica a los egresados de las Licenciaturas en Educación Pedagógica y el promedio grupal de conocimientos de los temas del examen osciló por debajo del cuarenta por ciento. Entonces, ni especialistas en su carrera profesional ni tampoco en la Nueva Era, sino con indicios en ambas. No es el caso general, claro, pero sí el de la mayoría.

Con respecto a las preguntas planteadas en la introducción de este capítulo, lo que este sistema religioso parece que está proponiendo es, en efecto, una suerte de “cambio de mentalidad”, pero un cambio que favorezca al mismo sistema, no a la sociedad ni al individuo, como lo menciona en su misión. Esta propuesta la está haciendo a través de la educación, de forma tal que utiliza el puesto de avanzada que es la universidad para este sistema religioso, como una ingeniosa tramoya que, de muchas formas, refleja y contiene su ideología y se sirve de ésta, de la universidad, para procurar su reproducción y su supervivencia. Pero es en este punto en donde se refuerza el planteamiento de Freire acerca de que se falsea el carácter político de la educación cuando se oculta la realidad. Si la realidad fuese un documento, un plan de estudios por ejemplo, en el caso de la universidad lo que se oculta -o más bien se le cambia de nombre- es el título, porque el contenido New Age sí se muestra, pero disfrazado de “algo más”.

El origen del movimiento de la Nueva Era está en todas partes y en ninguna. Es decir, la idea de dividir a su dios en dos partes: la inmanente y la trascendente, nos hace pensar en Plotino, en los neo-platónicos y en la antigua Grecia, por un lado, y en los movimientos del potencial humano que nacieron en California hacia los años sesenta, por el otro lado. Las reiteradas referencias al número siete, como son sus siete ceremonias cósmicas al año y sus siete niveles de iniciación, sus siete valores (tolerancia, fraternidad y paz, más los que se encuentran en los extremos de la cruz acuariana: querer, osar, callar y saber) nos dan indicios de un origen esotérico, aparentemente masónico, luego trastocado en teosófico. Esta forma de funcionamiento en la que los mismos adeptos tienen que pagar por los servicios que su propio sistema ofrece, de pronto puede parecerse a la relación medieval servus-dominus, como si trabajaran para el señor feudal, quien a su vez les da los insumos para que le consuman a él mismo. Los valores que supuestamente retoman de la propuesta para la paz de la UNESCO y su supuesta filiación a la red PEA, podría hacernos creer que se trata de una organización cuyo origen se relaciona con el de la ONU, tomando en cuenta que Raynaud de la Ferrière fundó la GFU alrededor de los mismos años en los que fue creada la Organización de las Naciones Unidas. Y así podríamos continuar enlistando una inacabable serie de características y cada una de ellas haciendo referencia a un punto de origen diferente al de las demás, porque parece que la Nueva Era tiene su origen dependiendo del lugar en el que se establezca.

La arquitectura, al igual que cualquiera de sus producciones tanto materiales como no materiales, constituye parte de su cultura y, por lo tanto, refleja su historia y sus creencias. Lo que resulta interesante para la investigación, es que el alumnado en general conoce parte de esta historia que ellos mismos, los newagers, se han ido inventando y al paso del tiempo puede suceder que hasta los mismos alumnos se identifican con algunas de sus creencias hasta llevarlas a la práctica, como el pensar contundentemente que la reencarnación es un hecho irrefutable porque es parte de la “Ley de Evolución” que les contaron, aunque tal creencia choque con las de aquellos que se dicen católicos. El ardid que soluciona este conflicto consiste en que esto, la reencarnación, lo asumen no como creencia parte de un sistema religioso, sino como una porción del cuerpo de conocimientos como los que seguramente se enseñan en cualquier otra institución de educación superior, sin críticas ni cuestionamientos porque la misma universidad no promueve esas prácticas, obedeciendo a una de sus cuatro máximas: la de callar.

Creen que saben que la Era de Acuario es un hecho absoluto. Lo que parece que ignoran es que la astrología, al igual que el resto de las “teorías” en las que se fundamentan, se basa en la interpretación, para así pretender conocer y predecir el destino de los hombres y de los sucesos terrestres, lo que la hace cuestión no de verdad, es decir, de falso o verdadero, sino de creencia. No de saber, sino de creer.

Y lo mismo con la mayoría, si no es que con todos los “conocimientos” que les son enseñados en la materia de Desarrollo Humano, misma que también ocupan de “laboratorio” para observar de qué manera reaccionan los alumnos ante los diferentes “experimentos” que se les aplican -entre técnicas psicofísicas, dietas y recetas-, como si se tratase de un “aparato de rayos equis” que deja ver la “radiografía situacional” del individuo, su estado emocional, sus relaciones familiares, su situación económica y laboral para así conocer la vulnerabilidad de cada persona, lo que representa una de las primeras justificaciones que pueden dar pie a un acercamiento de algún miembro del sistema religioso hacia el individuo, aunque falten muchos otros requisitos más por cubrir. Uno de estos requisitos es el del determinismo biológico que el mismo sistema religioso maneja y la creencia en las reencarnaciones, situación que se ve reflejada en el nivel de iniciación al que cada persona puede aspirar dentro del mismo sistema. Es decir, que después del voluntariamente obligatorio requisito que el aspirante a novicio debe hacer a la persona que se encarga de lo astrológico -uno de los tres integrantes del sistema que ostenta el grado de pregetuls (el sexto de los siete niveles jerárquicos) conocido como “el ingeniero José Luis”- para que le haga su carta astral, misma que le costará por lo menos quinientos pesos, -porque no puede ser una carta cualquiera hecha en cualquier lugar, sino que tiene que ser hecha por un “especialista” y quién más confiable que uno de ellos mismos-, se sabrá hasta qué nivel puede aspirar.

Por ejemplo, quinientas vidas o reencarnaciones dan la oportunidad de ser novicio, que es el primer nivel. Seiscientas vidas dan acceso al nivel de yami. Y así sucesivamente en sus cuatro primeros niveles que ellos llaman pre-iniciáticos, pero para pasar del cuarto al quinto nivel, a los llamados niveles iniciáticos, ahí sí que el individuo tendrá que probar -a través de su carta astral y de la cantidad galletitas de yogurt que logre vender mensualmente para recaudar fondos para la gran organización - al menos mil vidas o reencarnaciones, como la flor, la de los mil pétalos.

Entonces, ¿cuáles son esos puntos de cohesión a partir de los cuales un individuo puede comenzar su proceso de adscripción al sistema religioso novoerista en cuestión? La respuesta es todos aquellos elementos materiales y no materiales con los que la persona tiene contacto a partir de que cruza el umbral de la puerta, pero sobre todo del contenido curricular de cualquiera de las carreras, que pasa a ser un proceso de aculturación para que los alumnos se identifiquen con lo New Age, vulnerables por la débil identidad nominal de la región y apoyado, el sistema religioso, por el bombardeo de imágenes fijas y no fijas.

Pero estos aspectos se esclarecerán a partir de las historias de vida que se narran en el siguiente capítulo.


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