BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

ESTUDIO ETNOHISTÓRICO SOBRE UNA UNIVERSIDAD NEW AGE, SUS PROCESOS DE EDUCACIÓN, SEDUCCIÓN, CONFUSIÓN E INICIACIÓN Y SU RELACIÓN CON EL CONTEXTO

José Luis Montero Badillo



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La historia de José

Ésta es la historia de un hombre que actualmente tiene poco menos de cuarenta años. José se integró al grupo alrededor del año de 1990, en una ocasión en la que el primer vice-rector andaba dando pláticas por Centroamérica.

En charlas informales, José cuenta que tuvo una infancia poco grata debido a los problemas de alcoholismo de su padre. Dice que, cuando llegaba por las noches en estado de ebriedad, la opción era golpear a su madre, a su hermana menor o golpearlo a él, y lo que José hacía era provocarlo para evitar que el abuso se cometiera en contra de su madre o de su hermana. “Me daba patadas en las espinillas. Mira, todavía tengo cicatrices” -me contaba José, levantándose la valenciana del pantalón-. Para cuando el vice-rector dio la plática a la que José asistió por casualidad, cuando tenía poco más, poco menos de veinte años y ya presentaba serios problemas de dipsomanía, también él quedó “prendado” a las palabras pronunciadas por ese hombre. José se acercó a él y le comentó que quería integrarse al grupo al cual este hombre representaba. Desde ese entonces y hasta el año dos mil cuatro, aproximadamente, José fungió como asistente personal del primer vice-rector.

Para cuando se abre la universidad, él fue una de las primeras personas que llegó a vivir al poblado próximo al plantel porque llegó acompañando y asistiendo al vice-rector. Incluso, durante un buen tiempo, compartieron el mismo lugar de residencia. Se trataba de una de las cabañas vecinas a la de Isis, en la que cohabitaron hasta que el vice-rector llevó a vivir a una mujer.

Durante ese tiempo en el que fueron vecinos, Isis cuenta que por las mañanas ella salía a recoger basuras que pudiera haber en el jardín de las cabañas y a caminar, aprovechando la extensión de campo con la que contaban, que era un área dos mil metros cuadrados, aproximadamente, en la que había un huerto de manzanos y un área como para día de campo casi hasta el otro extremo del terreno, conformada por dos bancas con su mesa de cemento y un techo de palma.

Cuenta Isis que en este lugar solía encontrar, al menos dos veces por semana, botellas vacías de alguna bebida alcohólica o envases de cerveza esparcidos por ahí. Ella pensaba que se trataba de jóvenes del pueblo que se iban a pasar el rato a ese lugar, aprovechando lo oscuro e intransitado del sitio. Pero para su sorpresa, un día en el que ella regresaba de una reunión con algunas de sus compañeras de escuela, alrededor de la una de la mañana, notó que había alguien en el lugar en donde solía encontrar basuras y productos que se quedaban esparcidos por ahí y que ella recogía: era José, el asistente personal del vice-rector. Al principio le costó trabajo creerlo porque ella sabía de los hábitos del grupo, porque para ese entonces ella ya había asistido a alguna reunión y había participado en uno de los Institutos de Desarrollo Humano.

Describe Isis que lo que hizo para estar segura de lo que había visto, fue observar durante varias noches seguidas los movimientos que sucedían en el jardín y, en efecto, logró corroborar el dato. Se trataba de una doble vida: de día el asistente del vice-rector, especialista del feng-shui, que se encargaba de ir a promocionar la universidad a las escuelas de nivel bachillerato de la región y que contactaba instituciones públicas y privadas para venderle cursos de algún asunto relacionado con el desarrollo humano, vegetariano, abstemio, saludable y siempre cargando algún libro, usualmente el de Los Grandes Mensajes, y de noche el que regresaba a su pasado dipsómano.

En cuanto a su condición de inmigrante, de la cual he de mencionar que no tengo la certeza debido a que se trata de dos personas muy parecidas físicamente, José y un muchacho de nombre Luis Carlos, y las referencias que me dio mi informante hacían alusión a uno de ellos, pero no sé exactamente a cuál de los dos se refería, pero para el caso la situación es prácticamente la misma, sucede que la misma universidad tiene a una persona que parece que se encarga del manejo de toda la documentación de los extranjeros que trabajan para la misma organización debido a que son varios los que se hallan en esa situación. Es decir, cabe la posibilidad de que la residencia en México de los extranjeros que trabajan en la organización y son miembros del sistema religioso dependa de la misma organización debido a que puede ser que su estancia sea de tipo laboral y por lo tanto ellos deben comprobar periódicamente que están trabajando en una institución. De no ser así, serían deportados o su estancia sería ilegal.

El otro dato de interés en esta historia trata de una ocasión en la que, por parte de la universidad, mandaron a José y se comunicaron conmigo para que, entre ambos, impartiéramos un curso de capacitación acerca de estrategias didácticas y valores en el aula a alumnos y profesores de la Universidad Autónoma Metropolitana, plantel Azcapotzalco (UAM-A) .

En este tiempo yo había solicitado una “licencia sin goce de sueldo” ante la SEP porque fue la época en la que se abrieron las licenciaturas e inicialmente comenzaron sólo en turno matutino, de lunes a viernes. El asunto era que, de seguir trabajando en la SEP como profesor de primaria, no habría podido trabajar en la universidad. Tenía que dejar de trabajar al menos durante un semestre en la SEP. Para el siguiente semestre que se abrió la modalidad sabatina, cambié mis horas de clase del matutino al sabatino y regresé a trabajar a la primaria. Pero durante este período, mi situación económica fue difícil debido a que sólo contaba con los ingresos de la universidad (que eran de cien pesos por hora y sólo trabajaba cuatro horas a la semana) y en esa ocasión en la que ambos, José y yo, trabajamos impartiendo ese taller, un día al finalizar la jornada, le comenté que necesitaba buscar otros ingresos porque me hallaba en apuros económicos, a lo que José me hizo una amable sugerencia: me contestó que hacía algún tiempo que él se encontraba en una situación similar y lo que hizo fue ir a decirle al vice-rector que necesitaba un aumento de sueldo porque lo que percibía en ese momento ya no le alcanzaba para cubrir sus gastos, pero lo que el vice-rector le dijo -según José- fue que lo que le hacía falta era saber administrar su dinero y le enseñó cómo hacerlo, de tal forma que José se dio cuenta de cuánto estaba “despilfarrando” en “banalidades”.

La sugerencia de José fue que me acercara al vice-rector para que él me “ayudara” a administrar mis dineros haciéndome saber mis “gastos excesivos” y mis “banalidades”. También me dijo que ésa era una de las razones por las cuales él admiraba tanto al vice-rector, porque el papel que había tomado era el de un verdadero líder -según él- que le enseñaba a hacer las cosas y no sólo una simple actitud paternalista en la que le satisfacía la necesidad y ya, como Ghandi -según dijo José- que le enseñó a su pueblo a producir su propia sal y a hacerse su propia ropa .

Si bien podríamos decir que había algunos gastos extra en la dieta de José, según las observaciones de Isis, desde otra perspectiva podríamos llegar a la conclusión de que el buen vice-rector estaba instruyendo a José en la administración de sus dineros a la vez que se libraba de aumentarle el sueldo a su fiel asistente personal.

Durante este mismo curso que nos tocó impartir, hubo algunas diferencias entre José y yo. La primera consistía en los autores que cada uno citábamos para apoyar nuestros argumentos. En mi caso, me remitía a los que había conocido en la Escuela Nacional de Maestros a través de clases y lecturas, y que son los que suelen citarse en el ámbito de la Educación. En su caso, citaba sólo a tres autores: a Stephen Covey y sus “maravillosos” siete hábitos para cualquier ocasión: para ser líder, para ser feliz, para ser saludable, etcétera; a Richard Bach y sus obras de “superación personal”: Nada es Azar, El Don de Volar; Juan Salvador Gaviota, etcétera; y al “Cordero de Dios” y sus Enseñanzas de la Nueva Era, a quien aludía y acudía con una frecuencia casi “empalagosa”.

Lo interesante fue que debido a su insistencia y sobre todo a la forma en la que lo citaba, es decir, al tono “sublime” de su voz, los participantes del curso solían acercarse al final de la sesión para preguntar quién era ese hombre. La respuesta que José les daba era que se trataba de un filántropo mexicano de gran reconocimiento internacional.

La última sesión se programó para que, con el transporte de la universidad, los participantes se trasladaran, de la UAM-A, en donde habían sido las demás clases, al plantel de la Universidad Albert Einstein. Cabe mencionar que, de los veinticinco asistentes, dos de ellos se metieron a la Maestría en Educación para la Paz y una joven se integró al cuerpo docente de las licenciaturas.

Actualmente, José sigue haciéndose cargo de la promoción de la universidad en escuelas de nivel bachillerato. Él es quien se ocupa de la oficina que se encuentra en el centro de la ciudad de Nicolás Romero y su trabajo como asistente personal se ha quedado atrás debido a que el vice-rector se ha ido a ocupar otro puesto dentro de la misma gran organización y el cargo lo ocupa, actualmente, otra persona. Con respecto a su “doble vida”, es un asunto de difícil observación continua porque Isis se cambió de domicilio y dejó de ser una informante clave en esta historia. Y también porque José se ha cambiado de lugar de residencia al menos dos veces. Parece que a la ciudad de Nicolás Romero primero y luego de regreso a Santa Ana Jilotzingo en donde vive con una mujer que ocupa el cargo de Coordinadora de la Licenciatura en Administración de Empresas a la que se le conoce entre el alumnado como la licenciada Perla. Cabe mencionar una muy breve anécdota acerca de ella. Se trata de una ocasión en la que me encontraba charlando con el encargado de Control Escolar, el “ingeniero”, acerca de los requerimientos para tramitar un certificado de bachillerato. Él me respondió que se trataba de un trámite sencillo porque apenas hacía dos semanas que habían ido a recoger el certificado de bachillerato de Perla y fue cosa fácil. Esta conversación sucedió en octubre, un mes antes de que presentara mi renuncia a la universidad y para entonces ella ya tenía al menos un semestre trabajando en el puesto antes mencionado. Es decir, ¿una persona con bachillerato coordinando una carrera universitaria?

Pero algunas de las preguntas que nos saltan a la vista con respecto a la historia de José son: ¿se está jugando una doble moral entre algunos integrantes del sistema religioso? Y de ser así, ¿esto implica identidades simultáneas? Y por otro lado, ¿qué tanto se manipula a la gente evadiendo responsabilidades y derechos como el aumento de sueldo con un discurso moral de desapego?


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