BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

NOTAS SOBRE TEORÍA GENERAL DEL ESTADO

Carlos J. Bruzón Viltres




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7. La organización y participación política de la sociedad. Partidos políticos: noción histórica y conceptual. Los elementos conformadores de los partidos políticos. Sistemas de partidos: breve examen comparado. La concepción marxista del partido del proletariado.

Continuamos con el examen de los principales elementos estructurales del sistema político. Si bien se ha indicado la importancia del Estado como parte de este sistema y su posición fundamental entre sus elementos, no menos relevante resulta el estudio de uno de los componentes, que a juicio de una buena parte de la doctrina, esencialmente burguesa, reconoce como imprescindible para llevar a vías de hecho el principio democrático, identificado, como hemos analizado, en la categoría de representación política.

La temática relativa a los partidos políticos se convierte entonces en un agudo tema, que parte de puntos controversiales, ora dentro de la sociedad burguesa en sí misma, ora respecto a nuestra sociedad socialista, sobre la que incorporaremos algunas referencias acerca del partido del proletariado, partido de nuevo tipo, fruto del marxismo-leninismo. Por tanto, me limitaré a exponer algunas cuestiones históricas, conceptuales, probablemente algunos criterios de clasificación de estas estructuras políticas y algunas reflexiones en torno a los fenómenos de la participación popular en la vida política y otros conceptos afines.

En el desarrollo de los contenidos anteriores ofrecíamos un acercamiento conceptual acerca de los partidos políticos y apuntábamos que podía entenderse por tal aquella “asociación de personas jerárquicamente organizada, cuyo fin es la toma del poder político, que se estructura en torno a un programa e ideologías comunes y que generalmente se financia con las contribuciones de sus propios miembros”. Sobre el universo conceptual de esta categoría existen múltiples referencias. Pero, como señala FERNÁNDEZ BAEZA, “prácticamente no existen definiciones globales de ellos, sino conceptualizaciones referidas a problemas acotados (representación, articulación de intereses, legitimidad, ideologías, etc.). Pero, por otra parte, la variedad de los sistemas políticos dificultan los paradigmas y las comparaciones, obligando a la utilización de enfoques alternativos para su análisis” .

Como puede observarse, este planteamiento resume la complejidad del tratamiento conceptual de esta categoría, y nos indica el camino hacia la determinación de sus funciones en la sociedad, que se desarrollará más adelante. Pero esta complejidad deriva de la propia evolución histórica de los partidos políticos. Ya señalaba DUVERGER que hasta 1850, en el sentido político de la palabra, no se conocían estos partidos, a excepción de los Estados Unidos de Norteamérica. Podía hablarse en su lugar de tendencias de opiniones, clubes populares, asociaciones de pensamiento o grupos parlamentarios. Para otros, estos partidos políticos resultan del proceso de formación de los Estados nacionales, aunque obsérvese la fecha de la Paz de Westfalia y se tendrá una idea que antecede dos siglos a la ubicación que en esta idea nos ofrece DUVERGER. De todas maneras, la determinación del momento de surgimiento de los partidos políticos resultaría tan inexacta como irrelevante. Conste además, que como sucede con otras tantas categorías en el Derecho, muchos de los períodos en su evolución están marcados por determinados acontecimientos dentro de la práctica jurídica. Así, por ejemplo, si deseara seguirse un espíritu constitucionalista, que al parecer domina en importante medida el estudio del fenómeno partidista, se arribaría probablemente a la conclusión, con TORRES DEL MORAL, de que “el reconocimiento constitucional de los partidos políticos es un hecho relativamente reciente, de mediados de nuestro siglo [el siglo XX]” , existiendo anteriormente solo fuerzas “de hecho”, y algún que otro precedente aislado.

Algunos autores nos indican que las raíces históricas de la formación de estas estructuras políticas devienen de la práctica antigua, y podían perfectamente constatarse en Roma en las disputas de Mario y Sila, o en la idea de “nuevos partidos democráticos” que ha dejado sentadas en uno de sus textos nuestro profesor FERNÁNDEZ BULTÉ , también el la época romana. Otros momentos de esta evolución deberían hallarse en las confrontaciones políticas de las Repúblicas italianas del Medioevo y, de manera más cercana a los procesos transformadores de la sociedad política inglesa, en medio de las disputas entre los York y Lancaster, durante la Guerra de las Dos Rosas, el germen de los cavadores (diggers) y niveladores (levellers), hasta la confrontación entre wighs y tories, liberales y conservadores. En Estados Unidos sobresale la formación de los Old Gran Parties, que derivaría prontamente en el bipartidismo clásico que ha llegado hasta nosotros, hoy, bajo las nomenclaturas de Partido Republicano y Partido Demócrata.

En todo caso habría que revisar las historias nacionales, que como han advertido los clásicos del marxismo, resultan de la historia, compleja y turbulenta, de la lucha de clases, por lo que la primera lección, que no podemos concluir al margen de los factores históricos, es que la noción de partido político posee esencialmente una naturaleza clasista. Por ello, dentro de ese decursar histórico, deben insertarse las tesis renovadoras y progresistas de los partidos comunistas del siglo XIX -y el Manifiesto de Marx y Engels antecede a la fecha de análisis comparativo propuesta por DUVERGER-, y del partido guiado por Lenin durante la Revolución de Octubre.

Este entramado de sucesos obliga primariamente a evaluar los contextos donde se producen los principales acontecimientos políticos, a través de algunas categorías que han variado en la medida que la historia social misma ha transcurrido. Actualmente, suele hablarse de pluralismo político, pluripartidismo, cooperativismo político, democracia representativa o de partidos, Estado de partidos. Cada una de estas categorías encierra interpretaciones que pueden variar según el contexto político y que además de corresponden con la visión de los protagonistas de la vida política según el escenario concreto donde se desarrollen. Al dominar en su esencia estos postulados, podrá advertirse por qué resulta tan complicado abordar la problemática de estas organizaciones políticas, sin escapar a posiciones que la propia filosofía ha determinado como partidistas.

Categorías como pluralismo político y pluripartidismo son frecuentemente confundidas. Suele ponerse en el mismo plano la diversidad de opciones e ideologías y la multiplicidad de partidos, elementos que no se corresponden necesariamente. Evidentemente, para una tradicional doctrina en muchos países capitalistas, la identificación de varios partidos u organizaciones con fines políticos constituyen el indicador más palpable de la “salud” del sistema democrático, algo que la experiencia histórica en la construcción del socialismo, especialmente en nuestro país, ha desmentido. Como resulta de la propia realidad, allí donde existen cientos de partidos políticos no han podido resolverse elementales problemas de la sociedad y ni siquiera se hace efectiva la plena participación de las masas en la selección de sus representantes. Inclusive, en una de las naciones donde se propugna y se interviene en el resto del mundo en aras de garantizar la democracia, no por gusto existe una “Escuela de la Democracia Mínima”, que tiene como sustento doctrinal que a menor participación popular en los asuntos de gobierno, más fluidez y efectividad tendrá el aparato de poder, evidentemente formado por los grupos de elite, lo que resulta contraproducente en relación al ánimo electoralista prevaleciente en las democracias burguesas. El caso de análisis es Estados Unidos, y los propios por cientos en la participación popular en las elecciones de aquel país son suficientes para validar este criterio.

Sobre la democracia representativa no abundaremos, so pretexto de su tratamiento anterior.

En cuanto al término Estado de partidos, aparece una rica bibliografía de consulta. Señala GARCÍA PELAYO que esta categoría fue insertada en los estudios teóricos y constitucionales a partir, fundamentalmente, de la obra de THOMA, RADBRUCH y KOELLREUTER, y desde entonces se ha derramado en estas disciplinas, como puede constatarse entre nuestros textos de consulta en TORRES DEL MORAL, DE BLAS GUERRERO, A. y GARCÍA COTARELO, R., inter alia. Se traduce, concretamente, en la noción de que los partidos políticos “todavía articulan políticamente la sociedad desde fuera de los órganos estatales y la gobiernan desde dentro de ellos” , lo que equivale a decir que existe una profunda imbricación entre el componente partidista del Estado y su naturaleza social, determinando la cualidad actual de Estado social de partidos, que se le atribuye a los Estados burgueses (técnicamente llamados Estados sociales y democráticos de Derecho).

Como se ha manifestado con anterioridad, la propia naturaleza de este elemento del sistema político ha obligado a revisar algunas de sus características generales y principalmente sus funciones, con preferencia a cualquier intento de definición. En consecuencia plantearemos algunas de ellas y remitiremos a la bibliografía de consulta para sistematizarlas y ampliarlas.

Sobre las características, cabe recordar que se trata de una asociación de personas, con una jerarquía determinada, cuyo fin es la toma del poder político, que se desenvuelven en torno a un programa e ideología comunes, y que gozan de financiamiento (lo cual puede ser variable en función a si se trata de autofinanciamiento a partir de las donaciones de sus miembros o si reciben financiamiento propio del Estado). Estas características permitirían incluso un acercamiento conceptual, pero no son suficientes. Respecto a otros elementos de rigor, debe destacarse lo relativo a su naturaleza y carácter. Para algunos autores, como TORRES DEL MORAL, estamos frente a asociaciones, en términos jurídicos, lo que implica una cuota de voluntariedad en su composición. Para nuestra teoría marxista, así como lo han dejado establecido además nuestros profesores FERNÁNDEZ BULTÉ y CAÑIZARES ABELEDO, el carácter de los partidos no puede dejar de ser clasista, a pesar de aquellos que al ver en estas estructuras un elemento intermedio entre la sociedad civil y el Estado, pretenden enmascarar su verdadera esencia.

En relación a las funciones deben distinguirse algunos criterios básicos, entre ellos los contenidos en el texto de DE BLAS GUERRERO, A. y GARCÍA COTARELO, R., al que remitimos y en un cuadro de mucho interés que representa en la obra colectiva citada el profesor FERNÁNDEZ BAEZA (vid. p. 86). Entre ellas podemos destacar las funciones de socialización política; movilización de la opinión pública; representación de intereses y legitimación del sistema político, en las coordenadas sociales y, respecto a las funciones institucionales: el reclutamiento y selección de elites; la organización de las elecciones; organización y composición del gobierno y los órganos legislativos, entre otras. Revísese con carácter imprescindible nuestro artículo 5 constitucional y se tendrá una idea de la fundamental función de nuestro partido en la sociedad y el Estado (investido como fuerza dirigente y superior).

La clasificación de los partidos políticos es múltiple. Pueden obtenerse referencias en todos los materiales citados en esta conferencia y otros para las consultas. Se destacan algunos criterios de clasificación como los de WEBER (partidos como asociaciones legales formales; partidos carismáticos; tradicionales; doctrinales, etc.), o el de DUVERGER (partidos de cuadros; partidos de masas; totalitarios -donde se recurre al intencional error de clasificar los partidos comunistas como totalitarios-; partidos especializados, entre otros). Igualmente ha tenido eco la clasificación propuesta por DE ESTEBAN Y LÓPEZ GUERRA, que define los partidos de notables, de militantes y de votantes, como las manifestaciones más sobresalientes.

La teoría en torno a los partidos políticos es tan rica como compleja, como hemos insistido. Solo faltaría a este estudio introductorio sumar los elementos que desde nuestra perspectiva marxista nos permiten hablar del partido del proletariado, como partido de nuevo tipo.

Establezcamos, primeramente, una idea válida. En su estructura, a los fines de la comprensión metodológica de este elemento del sistema político, el partido en las condiciones de la sociedad socialista no difiere respecto a la noción tradicional de estas organizaciones políticas. No deja de ser una asociación -organización, preferiblemente- de personas, con una jerarquía determinada, con autofinanciamiento, con una plataforma programática y una ideología común, así como con un carácter clasista. Pero los fines y funciones difieren sustancialmente. En esta ocasión prefiero dejar para el estudio individual las experiencias de los partidos socialistas y comunistas a lo largo de la historia, particularmente la transformación del Partido Bolchevique que fue la máxima expresión práctica de las ideas ya plasmadas por Marx y Engels en su Manifiesto Comunista, bajo la conducción de Lenin, a quien debemos una profunda interpretación y aplicación de la doctrina marxista, para concentrarnos en nuestra propia realidad, en el ejemplo de nuestro Partido Comunista, heredero del Partido Revolucionario Cubano de Martí y del Partido fundado por Mella y Baliño.

No se trata de un partido de elites, si bien sus miembros representan la vanguardia organizada de la clase obrera. No es su función primordial la mera movilización electoral de los ciudadanos para formar gobierno, por lo que ratifica la fórmula de que en nuestro país el Partido no postula ni elige. No es la labor propagandística unos de sus fines esenciales. No es un órgano de administración y gobierno. Su tarea principal es la dirección de las masas, es expresarse como fuerza dirigente superior de la sociedad, es organizar y en los marcos de su membresía establecer la disciplina partidista, cultivando el valor del respeto y defensa de la ideología revolucionaria, marxista-leninista y martiana. Es expresión de la cohesión política de nuestra sociedad socialista. Orienta y traza las líneas políticas a seguir, sin que ello presuponga que se desplace al Estado en su función y posición en el sistema político, como elemento estructural fundamental. Estas características pueden perfectamente resumir la esencia del partido de nuevo tipo que impulsaran los padres fundadores del comunismo científico, y que llevara a la práctica Lenin, hoy en una manifestación singular en nuestras condiciones, aunque no por ello debamos desconocer el papel de otras fuerzas dirigentes comunistas que desarrollan sus programas políticos como el Partido Comunista chino o el vietnamita y, con un nuevo matiz y grandes expectativas, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en otras circunstancias .

A partir de estos elementos, corresponde al estudiante profundizar de forma independiente sobre los elementos teóricos sobre los partidos políticos, tan ricos y en ocasiones contradictorios. Siempre con la premisa, muy útil para el futuro, de la importancia del dominio de las bases teóricas e históricas de nuestro Partido Comunista, que no escapa a cualquier análisis desde la perspectiva de la Teoría del Estado, amén su carácter general, por cuanto es, de las experiencias actuales, la representación más fiel de aquel partido de nuevo tipo castigado ideológicamente desde posiciones burguesas y tachado, como hemos expresado, incluso, de totalitario.

Otras cuestiones relativas a los sistemas de partidos y su lógica funcional serán sistematizados a la par del estudio de los sistemas electorales.

Por ende, no puede dejar de advertirse:

1. La importancia de los partidos políticos, como elemento estructural del sistema político; las imprecisiones en cuanto a su definición; la relevancia en la determinación de sus funciones y la diversidad de clasificaciones propuestas.

2. La necesidad de distinguir categorías fundamentales en la comprensión de la dinámica política de la sociedad: el pluralismo político, el pluripartidismo, el Estado de partidos, la democracia representativa, entre otros, así como nuestra postura y experiencia a partir de la concepción de un solo partido.

3. La relevancia del dominio de las experiencias históricas en nuestro contexto y en los escenarios internacionales, que han matizado la evolución de estos partidos políticos y que nos sirven como herramienta muy útil a la hora de realizar cualquier estudio comparado.

4. La importancia conceptual del partido del proletariado, partido de nuevo tipo, su transformación y realización práctica en nuestras condiciones históricas.


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