BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

NOTAS SOBRE TEORÍA GENERAL DEL ESTADO

Carlos J. Bruzón Viltres




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3. El Estado: posiciones doctrinales en torno a su origen y definición. Las concepciones marxistas y no marxistas acerca del fenómeno estatal. Naturaleza y esencia del Estado. El Estado como instrumento de dominación clasista: dictadura y hegemonía en Lenin y Gramsci. Las concepciones modernas en torno al Estado.

Siendo el estudio del Estado el elemento fundamental del que se nutre esta disciplina, conviene deslindar algunas cuestiones elementales respecto a su origen y definición, tal que nos permita comprender además su esencia y naturaleza y, en definitiva, la orientación de la teoría marxista en torno a estos particulares. Como ha sido el estilo de sistematización de esta asignatura se abordarán de manera general los postulados más distintivos desde la perspectiva teórica y se hará referencia a la bibliografía disponible, de tal forma que sea posible recurrir a estas fuentes y profundizar en los contenidos propuestos.

Prima facie, debe observarse que en torno a la identificación del Estado se han seguido tradicionalmente dos posiciones: la que parte de estimar al Estado como Estado-nacional y en consecuencia como resultado de la modernidad, y otra postura que se acerca a la idea del Estado como organización política de la sociedad, que remite obligatoriamente al análisis del fenómeno estatal desde sus manifestaciones en la Antigüedad. A pesar de que, como ha advertido FERNÁNDEZ BULTÉ, “ningún concepto o noción social ha sido tan tremendamente contradictorio, inaprensible y definido de maneras tan opuestas” , como el Estado, debemos tempranamente tomar ciertos partidos, y en consecuencia, dado que el fenómeno estatal ha estado presente en la vida de la sociedad desde su división clasista, como tendremos oportunidad de precisar, me inclino por la idea de identificar al Estado desde épocas remotas en la historia de la humanidad, lo que ayuda también a entender en su intríngulis algunas de las concepciones que desde Grecia o Roma, por solo poner dos ejemplos, nos han llegado, o incluso desde el devenir histórico de formaciones socio-económicas como el feudalismo, donde no pueden obviarse elementos teóricos de relevancia respecto a la noción del Estado, al menos, para esa convulsa etapa.

También se explica el por qué de las innumerables teorías y concepciones no solo sobre su definición, sino sobre su propio origen, naturaleza e incluso justificación, que de manera muy general presentaremos a continuación . Dentro de esta amplia gama de formulaciones teóricas, podrían resumirse algunas siguiendo el compás de algunos de nuestros profesores, como CAÑIZARES ABELEDO y FERNÁNDEZ BULTÉ, aunque sin obviar la riqueza teórica que sobre estos temas aparece en toda la literatura de consulta sobre Teoría General del Estado. Estas vueltas teóricas servirán de premisa imprescindible para arribar a la conclusión marxista-leninista, como colofón científico.

Desglosemos entonces algunas de estas teorías, con su breve referencia, y con la tarea independiente de profundizar en su contenido e importancia doctrinal:

1. En cuanto a las concepciones no marxistas sobre el Estado (que comprenden básicamente las definiciones sobre este fenómeno):

I. Teorías Teológicas

II. Psicológicas

III. Biológicas

a) Biosociológicas: entre las que pueden citarse las tendencias genetistas de GOUBINEAU y GALTON, asimilando al Estado en la fórmula constitución biológica + raza+ herencia= fenómenos socioculturales, incluido el estatal; la tendencia antropometrista de AMMON y LAPOUGE, sobre la base de la superioridad estatal equivalente a la superioridad racial y la tendencia darwineana de VACCARO y GUMPLOWICZ aplicando las leyes de la competencia y la selección natural.

b) Organicistas: que encontrando una asimilación entre el Estado y el organismo humano, pretenden definir al primero como un “hombre grande” (PLATÓN); un “ser superior” (el Leviatán de HOBBES); una “realidad orgánica” (COMTE); el producto de la ley natural (SPENCER, y no puramente una concepción iusnaturalista) y la asimilación sexual expuesta en BLUNTSCHLI, al identificar al Estado con el sexo masculino y la Iglesia con el femenino, etc.

IV. Sociológicas: que no debe obviar la idea de Estado como conciencia colectiva de grupo, expuesta por DUGUIT.

V. Historicistas: que en la trama iusfilosófica tropieza con los postulados de la Escuela Histórica del Derecho, en particular SAVIGNY y del historicismo romántico, BURKE, que entienden al Estado como el “espíritu del pueblo” (el volksgeit), como el producto de la tradición.

VI. Filosóficas: de ineludible recurrencia a KANT y HEGEL, con sus identificaciones respectivas: el Estado como producto de la razón práctica, “organización racional de la vida para salvar y realizar el objetivo principal del derecho: la libertad” en el primero, y el Estado como elemento de racionalidad, como lo absoluto, “momento de realización de la dialéctica del espíritu absoluto” en el segundo.

VII. Jurídicas: surgidas en el siglo XX, con exponentes peculiares como W. E. ALBRECHT y FEDERICO von GERBER, para los cuales el Estado es sencillamente una persona jurídica colectiva; G. JELLINEK además, que asimila el Estado a la nación, siendo esta nación una persona jurídica colectiva, sin más necesidad de indagaciones políticas ni sociológicas y la teoría “unitaria” de KELSEN, sobre la base de asimilar los conceptos de Estado y Derecho, ofreciendo al primero, más que una explicación teórica desde posiciones estatalistas, un simple estudio normativo.

2. En cuanto a las teorías no marxistas relativas al origen del Estado:

I. Teoría de la sociabilidad: basada en el ejemplo de la organización política de la antigua Grecia, en esencia, la polis, de la cual entendieron PLATÓN y ARISTÓTELES que el Estado debía ser entendido como una organización política consustancial al ser humano, deviniendo que ubi societas ibi ius.

II. Teoría del “mal menor”: defendida entre otros, por AGUSTÍN DE HIPONA, donde el poder político debía entenderse como obra de Dios, en tanto se distinguen dos ciudades, una terrena, donde debía cumplirse lo que el aforismo popular ha llamado el deber para con el César (al César lo que es de César) y otra divina, la ciudad de Dios, para dar a Dios lo que a Dios pertenece. En realidad la explicación de esta teoría rebasa los marcos de estos simples aforismos, pero puede resumirse en el sentido de obediencia y sumisión al poder político, entendido como poder derivado de Dios mismo, creador no solo del universo humano y natural, sino del Estado además.

III. Teoría patriarcal: FILMER ha sintetizado los presupuestos fundamentales de esta teoría que sostiene la monarquía absoluta y el derecho divino de los reyes, patriarcas retentores del poder de Dios, a imagen y semejanza de un pater familiae. Ya veremos como esta teoría también se convierte en una justificación del Estado mismo.

IV. Teoría contractual: también conocida como teoría del pacto social encuentra en HOBBES, LOCKE y ROUSSEAU sus máximos exponentes. La idea del tránsito de una sociedad salvaje, en estado natural, a una sociedad civilizada, se materializa a través de un contrato entre poseedores y desposeídos en el que se conviene sobre las formas más favorables de gobierno. En cada exponente van impregnadas las huellas de las matizaciones propias de su tiempo y su régimen político: la defensa ora de la monarquía absoluta, ora del parlamentarismo y de la democracia republicana.

V. Teoría del conflicto: donde se ha intentado incluir la propia concepción marxista sobre la lucha de clases, pero donde OPPENHEIM trata al Estado como el resultado de la pura violencia; GUMPLOWICZ, de la conquista, y por ende de la imposición de un grupo racial sobre otro, ejemplos más cercanos de la teoría burguesa sobre el origen del fenómeno y proporcionalmente más distantes del verdadero carácter científico de la teoría marxista-leninista y de la concepción misma de la violencia organizada de clase.

3. Respecto a las teorías de justificación del Estado:

I. Teoría política clásica: cuyo fundamento reside en la idea de Estado como garante de la libertad y el desarrollo de la persona.

II. Teoría de la monarquía absoluta.

III. Teoría contractualista.

A partir de estas teorías pueden formularse una gran diversidad de conceptos sobre el Estado. De la misma manera, la Teoría General del Estado se ha nutrido de los elementos expuestos en cada corriente, que debe advertirse no se reduce ni remotamente a esta simple exposición, que se ha hecho con el principal objetivo de trazar un punto de partida para el estudio posterior de toda la doctrina en torno a la conceptualización del Estado y los fenómenos sociales particularmente relevantes. Igualmente se reducen las distancias para comprender cuáles son los puntos de contacto de todas las teorías no marxistas, luego de determinar en cada una la esencia y naturaleza del Estado y, por supuesto, se introduce el elemento de justificación que, a priori, no coincide con la idea de desaparición del aparato estatal que los teóricos marxistas acuñaron en sus obras, y que por supuesto merece ser analizado al calor del desarrollo y crisis paralela de la sociedad actual.

Teniendo en cuenta estos puntos preliminares resta el análisis de la doctrina marxista-leninista sobre el Estado, su origen y esencia. Esta ha sido el resultado del estudio científico que encabezaran MARX y ENGELS, posteriormente ampliado y sistematizado por LENIN , sobre la base de las conclusiones del materialismo dialéctico “aplicado a la inteligencia de la sociedad y la historia”. Como señala FERNÁNDEZ BULTÉ “el núcleo esencial de la doctrina marxista sobre el Estado consiste en descubrir y poner de relieve que este es una maquinaria funcional, un conjunto más o menos desarrollado y complejo de organismos, órganos, mecanismos y aparatos encaminados a imponer sobre la sociedad la voluntad política de la clase económicamente dominante o de los sectores dominantes dentro de las clases hegemónicas en la sociedad” . En consecuencia, esta concepción se completa con la idea del origen del fenómeno estatal, que se explica perfectamente a partir de la evolución misma de la sociedad y que encuentra en el momento en que esta se divide en clases antagónicas el punto de partida del ejercicio de la dominación de las clases económicamente más poderosas sobre los sectores desposeídos que, a la postre, serían sometidos al imperio de un aparato, situado aparentemente por encima de la sociedad, el cual, en palabras de LENIN, representaba “la forma organizada de vertebrar y llevar a cabo la llamada dictadura de la clase dominante”: el Estado.

No habrá de insistirse demasiado en estas cuestiones, puesto que en los manuales de la asignatura, como en las obras ya consultadas de los clásicos del marxismo, pueden completarse los argumentos de explicación de esta idea de surgimiento y evolución del fenómeno estatal, que además se complementará con el estudio de los tipos históricos de Estado y que paralelamente se explica en la asignatura Historia General del Estado y del Derecho, donde se vuelve sobre obras cumbres como la citada de ENGELS, con un genial formulación de la explicación científica de este fenómeno.

Acerca de la esencia de este fenómeno puede contraponerse a la diversidad de postulados en las teorías no marxistas, sobre la base de la unidad en la concepción marxista. Si para aquellas se tiene como punto común el no reconocer el carácter clasista del Estado, la formulación científica ofrecida por el marxismo-leninismo revela, precisamente, su esencia clasista. A esto debe sumarse el carácter histórico en la valoración del fenómeno estatal -recuérdense las dos formas empleadas para la explicación de su origen, en MARX y ENGELS, el modo de producción asiático y la llamada vía clásica, a través de la formación de los regímenes esclavistas de la antigua Grecia y Roma-, que debe inducir a una lógica sistematización dialéctica del devenir de la sociedad, los constantes cambios en el modo de producción y la aparición progresiva de estos sectores sociales que, apoderándose del excedente productivo, no tardarían en convertirse en las mencionadas clases económicamente dominantes, transformándose a la vez en las políticamente dominantes; y la naturaleza social, por qué no, de este fenómeno, además de su carácter superestructural.

Por ende, deslindados estos aspectos esenciales y concluyéndose efectivamente que el Estado ha de entenderse como un instrumento de dominación clasista, como el producto además de la propia naturaleza clasista de la sociedad, debe precisarse que en torno a estas cuestiones no ha existido una posición pacífica, sino todo lo contrario, han sido profundamente atacadas, especialmente por la teoría burguesa, e incluso por los propios “pos-marxistas”, en algunos casos particulares, que han llevado a la distorsión y el reduccionismo de sus fundamentos. Entre otras proposiciones han sido falsificadas y transformadas las relativas al rol social y económico del Estado, a las ideas sobre la extinción del aparato estatal y sobre el concepto de dictadura del proletariado. También estos contenidos pueden revisarse de forma independiente, fundamentalmente el relacionado con el concepto de dictadura del proletariado, que habrán de presentarnos MARX y ENGELS desde la perspectiva de que todo Estado es, en el fondo, una dictadura de clase, lo que no debe interpretarse como la existencia de una tiranía, como la permanencia de un dominio tiránico de clase en la sociedad. LENIN, en su análisis del proceso de transición del capitalismo hacia la sociedad socialista y al comunismo como fase superior revela la importancia de la formulación marxista del concepto de dictadura del proletariado , entendiendo su necesidad toda vez que “no hay otra fuerza ni otro camino para romper la resistencia de los explotadores capitalistas”. De esta manera queda concebida esta dictadura como “la organización de la vanguardia de los oprimidos en clase dominante para aplastar a los opresores” , cuya tarea va más allá de ampliar la democracia, va también a la aplicación de una serie de restricciones y de medidas contra los opresores, que habían advertido ya MARX y ENGELS en el Manifiesto Comunista, tendrían un carácter violento, incluso.

Muchas de estas ideas de los clásicos marxistas fueron, como dice FERNÁNDEZ BULTÉ, esclarecidas e iluminadas por el pensamiento consecuente del político y revolucionario italiano Antonio GRAMSCI . Se debe a él el hecho de completar estas teorías marxistas toda vez que esclarecía que en todo Estado, toda clase que aspira a dominar políticamente la sociedad tiene que gozar de la hegemonía social, en otros términos dominar en el plano de las conciencias, espiritual y culturalmente. Esta idea de consenso social salva la reducción de la dictadura a violencia organizada, ampliándola a dominación cultural y espiritual, contenida bajo el término hegemonía, del cual no debe descuidarse, pues ha sido objeto también de vulgarizaciones teóricas y del establecimiento de concepciones voluntaristas e idealistas en torno al consenso político y social. Solo un riguroso examen capaz no de colocar en posiciones antitéticas a los conceptos dictadura y hegemonía, sino por el contrario asimilarlos en unidad dialéctica, donde se incorporen las categorías de democracia y Estado de Derecho, posibilitaría comprender el alcance de este fenómeno.

Por último, corresponde realizar un análisis somero de las llamadas teorías modernas acerca del Estado. Sobre este particular debo insistir que el mismo sentido de modernidad con que el pensamiento occidental valora la existencia del Estado debe, por lógica, impulsar teorías de naturaleza forzosamente moderna, de tal forma que serían los postulados nacidos al calor de la Revolución Francesa tan modernos como la teoría “unitaria” de KELSEN o como el institucionalismo de DUVERGER. Pero suelen explicarse en nuestras universidades tres teorías fundamentales, que cito a continuación:

I. Teoría jurídico-formal: propia del siglo XIX, que analiza al Estado en dos aristas fundamentales, como fenómeno jurídico y como fenómeno social, con sus correspondientes limitaciones.

II. Teorías político-sociológicas: el Estado como centro de la vida social, en ocasiones sin distinguirlo de esta.

III. Institucionalismo: que en una posición intermedia se encarga de explicar la esencia del Estado sin separar el concepto jurídico de lo social, mientras por otro lado suele repetirse la idea del Estado como personificación jurídica de la nación y como consecuencia de la centralización de su vida política.

En cada caso se encargará el estudiante de delimitar los aportes de sus máximos exponentes.

Estos pasos teóricos, tan naturales en una disciplina efectivamente teórica como esta, abren el camino para la determinación de los elementos estructurales y funcionales del complejo fenómeno que es el Estado. Si se tratara de hacer un resumen de los contenidos expuestos, y en los que debe, en todo momento profundizarse, pueden plantearse las siguientes ideas y cuestionamientos:

1) El pretendido carácter moderno del Estado versus el necesario enfoque histórico de su origen y evolución.

2) La diversidad de posiciones en las teorías no marxistas sobre el Estado, su esencia y definición, así como las que explican el origen y la justificación del fenómeno estatal frente a la unidad de la doctrina marxista y el revelado carácter clasista del Estado.

3) La explicación del origen y evolución del Estado, a partir de los elementos ofrecidos por el método dialéctico-materialista y los recursos históricos de los que se vale la teoría marxista. ¿Por qué puede entenderse que la historia del Estado es precisamente la historia de la lucha de clases?

4) Las tergiversaciones y falsificaciones de las doctrinas burguesas y del oportunismo filosófico dentro y posterior al marxismo, en cuanto al rol del Estado, la explicación de su extinción y el establecimiento de la dictadura del proletariado.

5) La dictadura del proletariado y la hegemonía en el pensamiento marxista. ¿Conformidad o contradicción con la democracia y el Estado de Derecho?

6) El papel de la revolución social en la transformación del Estado. (No estaría incluso desacertado introducir algunos aspectos sobre las nuevas corrientes progresistas, especialmente en el subcontinente latinoamericano, que aplican novedosamente los recursos teóricos del marxismo en la formación de sociedades democráticas a partir de las denominadas revoluciones sociales ciudadanas y de la implementación de conceptos, aún no examinados a fondo, como el de socialismo del siglo XXI, y más recientemente el de socialismo democrático -nunca he dudado del peculiar ejemplo que para la democracia burguesa ha brindado nuestra democracia socialista, por lo que no podrían desligarse jamás esos dos conceptos: socialismo y democracia-).


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