BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

FUNDAMENTOS DEL SERVICIO COMUNITARIO PRIVADO

Nelson de Vida Martincorena




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De esta nueva intensidad del servicio ¿Qué cabe esperar?

En todo lo que antecede, hemos postulado una nueva intensidad para el servicio, que sin distraerse de todas las tareas que ya se cumplen, puede producir logros muy importantes.

El propósito declarado de tender a la creación de una nueva herramienta de trabajo social, de la forma que hemos expuesto con un optimismo quizás exagerado, tiene en éste último aspecto de la función social, una solución más sencilla y simple que en las anteriores descripciones realizadas.

Si la nueva intensidad se logra, cumplidas las etapas preparatorias que proponemos, el efecto social será evidente: un problema social endémico y preocupante se habrá por fin solucionado, o al menos se habrá aminorado ostensiblemente el daño en el tejido social.

Se puede haber avanzado muy bien, tanto en la alianza de agentes y receptores, en la selección del problema y en la organización coordinada del esfuerzo, pero si todo ello no hace una clara eclosión en el terreno elegido, será una obra frustrada, todo el esfuerzo de autores, actores, auxiliares y director habrá sido vano y merecerá piadoso olvido.

Por el contrario si con esta nueva forma de actuar conseguimos un impacto directo y concluyente logrando la solución de uno de los «problemas sociales» cuya persistencia parece imbatible, sólo cabe esperar una verdadera cadena de efectos expansivos muy positivos.

Se percibirá «que es posible», que las enfermedades sociales no son una maldición bíblica y que así como se ha logrado mejorar la salud humana a un nivel inimaginable, la «salud social» que plantea problemas tan graves y de mayor complejidad, puede ser objeto de iguales progresos a poco se modifiquen los viejos trillos y se apliquen junto a los remedios «tradicionales», adecuadas dosis de nuevas medicinas...

Un éxito específico en el terreno que se elija, traerá una mejora del «tono» de los esfuerzos sociales, que es hoy imprescindible.

La situación social no está estabilizada, por el contrario estamos en plena crisis; no es tolerable contemplar su progresivo deterioro a riesgo de comprometer seriamente el futuro: los problemas sociales de las sociedad modernas se solucionan o se corre el riesgo que no haya en el porvenir cercano, sociedades como las que hemos conocido.

¿Imposible?

La marginalidad social hasta hora coexiste con la sociedad formal, como la enfermedad de un órgano puede transitoriamente ser tolerada por el resto del cuerpo.

Pero hay un punto donde la marginalidad que crece en forma exponencial, se convierte en otra cosa: una estructura perversa, donde cambian totalmente «las reglas del juego» y en demostración de ello basta recordar las «favelas» de Río de Janeiro, las «villas miseria» de Argentina o nuestros «cantegriles»...

¿Hasta cuando puede ser tolerable la creciente expansión de las «zonas rojas» en las ciudades modernas?

Hoy en día existe una notoria y creciente preocupación por el terrorismo internacional plenamente justificada sin duda, pero esta desintegración ¿no es igualmente letal? (*)

(*) Bien se ha dicho que no precaver los atentados del 11 de septiembre : «...no fue un fracaso de los servicios de inteligencia, fue un fracaso de la imaginación...» (Thomas L. Friedman. The New York Times. Traducción en El País de Montevideo, 31 de marzo de 2004.) Nunca se pensó que la maldad pudiera alcanzar un grado tal de inventiva, utilizando comunes aviones de pasajeros como bombas suicidas.

Como la situación de grave deterioro social en que mal viven millones de personas, no ocurre de repente, sino que es progresiva, va generando un adormecimiento general en el resto de las sociedades, que se conforman con soluciones parciales, verdaderos parches que en definitiva a poco conducen.

Atención no se trata sólo de promover la organización de la solidaridad humanitaria («por los otros») hay también un componente de racional egoísmo («por nosotros»): el grado de inseguridad de la convivencia en las sociedades actuales es contagioso y expansivo.

¿Quién está libre de ser rapiñado por una persona que hemos «preparado» desde la cuna con muchos años de ineficacia y desidia?.

Creemos posible de movilizar la inteligencia y la imaginación en sentido innovador y positivo, abordando organizadamente, efectivas soluciones para los problemas sociales .

La nueva intensidad del servicio, (vaya que es ambiciosa...) debe lograr producir un efecto de luz láser, donde todos los rayos se orientan simultáneamente de una determinada manera, adquiriendo una potencia desconocida.

Es posible imaginar que no se tratará de «más de lo mismo»; que contando con la misma masa original de recursos de todas las áreas que actualmente trabajan socialmente tanto públicas como privadas, podremos combatir con un nuevo instrumento, para aplicarlo deliberadamente con todo su potencial, en una parte especial de la muralla.

Abierta una brecha, habrá que persistir en la acción, pues la lucha no será ya tan desigual como la que hasta ahora se libra.

Cerramos estas reflexiones, reconociendo que es posible que todo lo anteriormente expuesto se juzgue de muy difícil realización y que la conjunción de múltiples esfuerzos coordinados no se pueda siquiera intentar; se dirá «en teoría estaría bien, pero en la práctica...».

Hemos lanzado una piedra en un lago cuya superficie ya de por sí está suficientemente agitada, y quizás las ondas no lleguen a la otra orilla...

En el fondo, deberíamos eludir el dilema que plantean el pesimismo y el optimismo extremos, de la forma que tan acertadamente marcaba a principios del siglo pasado, el filósofo norteamericano John Dewey; quien los consideraba igualmente nocivos para inhibir la acción.

Dewey postula lo que llama «mejorismo»: «...es la creencia que las condiciones específicamente existentes en un momento dado, por relativamente malas o relativamente buenas que sean, pueden siempre mejorarse...» «...estimula a la inteligencia para que estudie los medios positivos de realizar el bien y los obstáculos que impiden esa realización...» «...Despierta una confianza y esperanzas razonables...».

En su obra «La reconstrucción de la filosofía» y en directa conexión con la amplia asociación que proponemos, dice: «El gobierno, las actividades del negocio, el arte, la religión, todas las instituciones sociales tienen un sentido, una finalidad. Esa finalidad consiste en liberar y desarrollar las capacidades de los individuos humanos sin preocupaciones de raza, sexo, clase o situación económica... la prueba de su valor es el punto de desarrollo que alcanzan en la tarea de educar a cada individuo para que alcance la plenitud de sus posibilidades». (2)

Tenemos la esperanza que los atinados conceptos que venimos de glosar, sumados a todos los argumentos que hemos expuesto, nos den nuevos impulsos para dar vuelta entre todos, el reloj de arena de la solidaridad, logrando que sea hoy, el tiempo de la búsqueda de las verdaderas soluciones.


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