BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

INTEGRACIÓN. TEORÍA Y PROCESOS. BOLIVIA Y LA INTEGRACIÓN

Alberto Solares Gaite




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SEGUNDA PARTE. PROCESOS DE INTEGRACIÓN

CAPÍTULO VIII. INTEGRACIÓN EUROPEA

Antecedentes.- Proceso de formación.- Tratado de Roma.- Desarrollo del proceso.- Ampliación de la Comunidad.- Tratados Constitutivos y Complementarios.- Estructura Institucional.- Relaciones externas.- Situación actual y proyecciones.

1. ANTECEDENTES

Durante siglos una constante en la historia europea fueron los conflictos bélicos. Pese a la formación y consolidación de los estados nacionales en la edad moderna, las guerras de conquista o agresiones mantuvieron la geografía política de Europa con una impresionante volatilidad, que cambiaba con una dinámica inusitada los mapas políticos y las fronteras entre los estados, al margen de considerar las grandes pérdidas humanas que se tuvieron que soportar por generaciones a consecuencia del flagelo de las guerras. Sin embargo, siempre estuvieron presentes las ideas de paz y unificación, inspiradas por la conciencia histórica del rol que debía jugar Europa en el concierto internacional.

Estas tendencias de paneuropeismo se fueron cristalizando en propuestas concretas en la primera mitad del siglo XX, ante el horror de las dos conflagraciones mundiales que tuvieron en Europa uno de sus principales escenarios. A la finalización de la Segunda Guerra Mundial, muchos líderes europeos propugnaban con claridad que la única forma de asegurar una paz duradera entre sus países era unirlos económica y políticamente. Es precursora, por ejemplo, la propuesta de Churchill sobre la necesidad de la creación de los Estados Unidos de Europa, proclamada en uno de sus famosos discursos a la finalización del conflicto bélico.

En 1945, el problema europeo era fundamentalmente una cuestión de recursos, con industrias destruidas, sin stocks de materias primas, deudas importantes de guerra (Alemania e Italia) y las inmensas necesidades de la reconstrucción. Políticamente, por otro lado, los partidos socialistas y comunistas presionaban hacia la socialización. Se enfrentaba, en realidad, el fenómeno de un capitalismo descapitalizado, casi agonizante.

Los siguientes años (1946-1947) fueron difíciles para todos los países, cada país buscaba sus propias soluciones, el Reino Unido enfrentaba el problema de la inconvertibilidad de la libra esterlina y fuertes presiones de socialización; Francia, pese al Plan “Monnet” de modernización, enfrentaba un programa intenso de nacionalizaciones y, Alemania, dividida en cuatro zonas ocupadas, tenía sus fábricas desmanteladas y pesaba sobre ella la carga de las reparaciones de guerra. Fueron años de un rígido bilateralismo, más de doscientos acuerdos de Clearing regían todo el comercio intraeuropeo y mundial.

Ante esta situación, se empezaron a perfilar dos salidas:

1ª La ayuda externa. Para esta posibilidad losEstados Unidos eran el único país con posibilidades de concederla.

2ª La planificación socialista. Mediante el sacrificio temporal del consumo para generar tasas de ahorro e inversión a mediano plazo.

La primera salida fue adoptada por la Europa Occidental y la segunda por los países del Este, optando estos últimos por una alineación con el bloque soviético.

En cuanto a la ayuda externa, los Estados Unidos tenián importantes razones para concederla, la primera surgía de las necesidades de expansión de su propia economía, indemne como resultado del conflicto bélico, pero además preocupaba sobremanera el mantenimiento del sistema capitalista en las depauperadas economías europeas, amenazadas también en lo político y militar por la recién inaugurada guerra fría.

Estas fueron las principales motivaciones del Plan Marshall, a través del cual se transfirieron un estimado de unos 35.000 millones en 4 años, destinados a la recuperación de los países de Europa Occidental. Pero la característica importante del Plan Marshall fue su enfoque y aplicación conjunta, es decir que no se operó individualmente respecto a cada país receptor de la ayuda sino en forma colectiva, para lo cual fue creado en 1948 un organismo multilateral, la Organización Europea de Cooperación Económica, OECE, con el encargo de coordinar la aplicación de la ayuda americana, así como para promover la liberación del comercio y una unión europea de pagos, con el propósito de superar así las principales distorsiones del bilateralismo de los años anteriores.

La OECE, pese a sus logros en materia de recuperación, no pudo superar la fase de la simple cooperación, sin haber llegado realmente a figuras de integración. De manera coincidente, las reglas del GATT, ya vigentes, sólo hacían posible la creación de zonas de libre comercio y de uniones aduaneras, en cuyo marco se empezaron a dar los primeros intentos de uniones aduaneras, registrándose entre estos el BENELUX (Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo); el FRANCITAL (Francia e Italia) y el FINEBEL (Finlandia, Holanda y Países Bajos), estos dos últimos fracasados.


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