BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

INTEGRACIÓN. TEORÍA Y PROCESOS. BOLIVIA Y LA INTEGRACIÓN

Alberto Solares Gaite




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3. CLASIFICACIONES O MODALIDADES

La integración puede revestir formas y características diversas, no existe un solo patrón de procesos integradores, puede más bien obedecer a clasificaciones desde diferentes puntos de vista como: las relaciones de poder; los objetivos o naturaleza del proceso: su ámbito o alcance; sus países participantes; o su estructura institucional. He aquí, algunas de estas variantes:

Clasificaciones de la Integración

Desde el punto de vista de las relaciones de poder, se pueden distinguir dos tipos de esquemas de integración, la integración hegemónica y la integración consensual. La primera se da entre un país que se sitúa como el centro del poder decisorio respecto a la conformación, orientación y marcha del proceso y que mantiene un nivel de predominio respecto a países subordinados a sus políticas. En cambio, la integración consensual se da entre un grupo de países que concurren en forma soberana y voluntaria a conformar un esquema de acción conjunta en procura de la satisfacción de necesidades, objetivos o intereses comunes y que aportan, en forma igualitaria y solidaria, a la construcción de un proyecto de desarrollo conjunto y de beneficio para todos.

La integración consensual es, indudablemente, el tipo de proceso deseado y el que será el objeto de nuestro análisis.

En función de su naturaleza, campos de aplicación o contenido, la integración puede ser: económica, política, social, jurídica, cultural o física.

Los procesos de integración, en la experiencia histórica, siempre han tenido una base económica y ésta es, sin duda, una de sus principales manifestaciones, es más, se conoce al moderno fenómeno de la integración en esta su principal dimensión, incluso se la denomina genéricamente como integración económica, asignándole casi con exclusividad el sesgo económico a sus motivaciones y a su desarrollo. En la mayor parte de los procesos, así como en la doctrina que se ha derivado del desarrollo de los mismos, se parte casi ineludiblemente de la teoría económica y básicamente de la teoría del comercio exterior para explicar la problemática integracionista entre países. En consecuencia, hay que aceptar que lo económico es el primer sustento de la integración, especialmente en su fase comercial y dentro de ella incluso hay algún tipo de corrientes y autores que la limitan solo a aspectos de carácter arancelario.

Sin embargo, hoy en día está totalmente superado el criterio del absolutismo comercial arancelario para caracterizar al fenómeno de la integración, la realidad de los procesos ha demostrado que no solamente que se ha superado el concepto comercialista de la integración, sino que su concepción actual abarca a todos las dimensiones de la economía. Incluso se ha superado la visión únicamente economicista, para concebir la integración como un fenómeno multidimensional, comprensivo de todos los sectores y campos de acción de la sociedad y de los estados.

En la misma línea de pensamiento, no se podría concebir la integración sino se combina la dimensión económica con la dimensión política. Se equivocan los que creen que puede haber una exclusiva integración económica, o simplemente comercial, sin el marco político que siempre acompaña a estos procesos. Existe una naturaleza política desde el mismo momento de la decisión que cada país soberano toma para participar en un esquema integrador, existe política en el juego del relacionamiento recíproco, en la combinación de intereses particulares frente a la determinación de objetivos comunes, en las relaciones con terceros, y finalmente en la proyección que adquieren estos procesos en sus fases avanzadas, que no es otra que la posibilidad de una integración plenamente política.

La integración, igualmente, va adquiriendo connotaciones sociales no sólo en el sentido general que considera que el objetivo mayor que se proponen los países es el conseguir, a través de la integración, el desarrollo económico y social, que en el caso de nuestros países es superar el drama común del subdesarrollo con todas sus secuelas de carencia social, sino que en el curso del avance de estos procesos se impone la necesidad de la libre circulación de los factores económicos, siendo la libre circulación de los trabajadores y su problemática uno de los aspectos sociales que caracterizan a la integración Cuando los procesos integradores llegan a etapas en las cuales es también necesaria la armonización de políticas, las de carácter social serán seguramente uno de los sectores en los que actúe la dinámica integradora.

Un orden jurídico para las relaciones, procesos y mecanismos que emergen de un proceso integrador, es un requisito indispensable para la viabilidad del mismo. Desde su nacimiento un proceso de esta naturaleza se halla normado por las reglas consensuadas por las voluntades soberanas de los estados participantes, contenidas en el respectivo tratado que da origen al proceso, aunque en este nivel estemos en presencia de un simple orden de derecho internacional. Pero lo que caracteriza más a la integración es el establecimiento de una capacidad normativa autónoma – autorizada por el propio Tratado – que hace, desde las fases más tempranas de un proceso, que surjan normas comunitarias que van acompañando el desarrollo del mismo y que van institucionalizando todo un ordenamiento jurídico que llega a alcanzar una personalidad propia bajo verdaderos atributos de supranacionalidad. Estas normas comunitarias son producto de la delegación de competencias soberanas que cada país realiza en favor de órganos comunes, tanto legislativos como jurisdiccionales, que han permitido desarrollar toda una nueva disciplina jurídica, más evolucionada que el Derecho Internacional, el llamado Derecho Comunitario o Derecho de Integración.

La integración, en su multidimensionalidad, deriva también en procesos de complementariedad cultural. Muchos procesos, como el de Centroamérica, se han iniciado en el campo de la educación y la mayor parte de procesos, además de los objetivos económicos, políticos, sociales, y normativos, buscan también una aproximación, un mayor y recíproco reconocimiento de sus culturas, sus costumbres, sus tradiciones, su historia, en un afán de buscar aspectos de unidad que motiven una conciencia colectiva que vaya construyendo una identidad socio-cultural común, proyectada a un destino compartido.

Finalmente, desde el punto de vista de su naturaleza o campo de aplicación, la integración muchas veces puede reducir su acción a un aspecto singular, pero que en su dimensión alcanza la complejidad de todas las dimensiones anteriores, hablamos de la denominada integración física, es decir aquella que tiene como objetivo central el desarrollo conjunto a través de obras de infraestructura que integren sus espacios territoriales (caminos, comunicaciones, energía, medioambiente, etc.). La integración física, es un componente necesario de todos los procesos regionales entre países con vecindad o pertenencia a un mismo sistema geográfico, que puede ser encarada dentro de un proceso integral pero con abstracción de componentes de liberalización comercial (Cuenca del Plata, Pacto Amazónico).

En relación a su ámbito o alcance, se pueden distinguir dos niveles diferentes, el espacial y el estructural:

De acuerdo a su ámbito espacial, más específicamente a su alcance territorial, la integración entre países puede ser: fronteriza, bilateral, subregional, regional y mundial.

La integración fronteriza se da mediante acuerdos entre dos o tres países cuyos territorios concurren a una misma frontera, acuerdos entre los que se establecen regímenes especiales sobre circulación de personas, bienes o servicios, pero limitados a las zonas de frontera. Se puede dar también el caso de proyectos concurrentes para la realización de obras que tengan un impacto de desarrollo conjunto en sus áreas fronterizas.

La integración bilateral, se puede dar entre dos países que deciden integrar sus economías o algún sector de las mismas con un alcance nacional y ya no sólo limitado al de sus fronteras. Esta modalidad es poco usual ya que los procesos de integración generalmente se han dado en ámbitos subregionales o regionales.

La integración subregional, abarca a un grupo de países que tienen en común su pertenencia a un mismo sistema geográfico, ya sea orográfico o hidrográfico, y que se unen alrededor de objetivos y proyectos comunes que generalmente se orientan, especialmente en las primeras etapas, a la remoción de las barreras u obstáculos que dificultan su comercio o intercambio recíproco. La integración subregional ha sido la manifestación más frecuente en la experiencia europea, latinoamericana y quizá mundial, por cuanto reúne a países que por la proximidad geográfica encuentran mayor grado de afinidad política y económica y puede además servir de base de una posterior inserción conjunta en procesos regionales de mayor ámbito.

La integración regional tiene un alcance territorial y un numero de países generalmente mayor, por cuanto abarca a una región, que en lenguaje internacional representa un continente o un subcontinente. En el caso europeo el proceso de integración se inició con un alcance subregional y en el transcurso de su desarrollo abarca hoy a una verdadera región. En el caso latinoamericano han sido más frecuentes las experiencias subregionales, aunque no han faltado proyectos que aspiraron y aspiran a un nivel regional como la ALAC y la actual ALADI, que además de los países de Sud América cuentan con la participación de otros países del hemisferio, pero de otras latitudes como México y, en el caso de la ALADI también de Cuba.

También se puede mencionar como proyecto de integración regional, al ALCA que concebía un alcance hemisférico (34 países), proyecto que por diferentes visiones políticas no pudo concretarse.

Finalmente, desde el punto de vista del ámbito, la concepción de un proceso de integración a nivel mundial todavía es hoy una idea ilusoria, pero que muchos tratadistas creen posible en el largo plazo. Se considera que el actual proceso de globalización está acercando a las naciones a este propósito y que existen ya muchos organismos de alcance mundial como la ONU, el FMI, el BM, la OMC y otros. Sin embargo, una integración global, con las características de complementariedad y solidaridad que definen el perfil de los procesos regionales actuales, es a nuestro juicio aún una utopía, pero que en algún momento de la evolución humana quizá se presente como necesaria.

Desde el punto de vista de su ámbito o alcance estructural, la integración puede ser global o sectorial:

La integración global o integral es aquella que involucra a todos o a varios sectores de la economía de los países participantes buscando la complementariedad de sus estructuras económicas y la liberalización del intercambio de todo o de la mayor parte de su comercio recíproco. Esta es la modalidad más frecuente en el desarrollo de los procesos de integración. Sin embargo, han existido y existen procesos en los cuales se involucra en la integración únicamente a uno o determinados sectores de la economía, como lo hizo el proceso europeo en su primera etapa mediante la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), esquema que se formó y desarrolló exclusivamente a través de la gestión conjunta de dos productos considerados estratégicos en ese momento para la reconstrucción europea. En este último caso, así como en varios procesos de integración física, se pueden distinguir solo procesos de integración sectorial, por cuanto son uno o limitados sectores económicos el objeto de la acción integradora.

Desde la perspectiva de los países participantes, en la actualidad ya está superada la clásica diferenciación de la integración entre países de economía de mercado o capitalistas frente a los procesos de integración llevados adelante por países de economía centralmente planificada. Desde el derrumbe del sistema socialista esta clasificación ya no tiene vigencia.

En función de los participantes, hoy se halla plenamente vigente la clasificación que distingue los procesos de integración de países desarrollados o industrializados frente a los procesos de integración que se intentan por los países en desarrollo o del tercer mundo. En el primer caso se tendrán procesos que parten de la base de economías ya desarrolladas y cuyos objetivos, por tanto, serán los de mantener sus niveles de desarrollo e incrementar su presencia e influencia en el sistema económico internacional. En cambio, los procesos de integración que se dan en los países en desarrollo generalmente buscan un medio para lograr niveles adecuados de desarrollo - objetivo que es improbable que puedan lograrlo de manera aislada - así como mejorar su capacidad de negociación que les permita insertarse en forma más equitativa en el sistema internacional.

Desde el punto de vista institucional, por último, puede hablarse de integraciones con sistema y órganos supranacionales y de procesos con sistemas y órganos simplemente intergubernamentales.

Los procesos que logran constituir la dimensión supranacional mediante normas y órganos de esta naturaleza, son aquellos que generalmente han alcanzado las fases superiores de la integración y que se manejan con órganos con un nivel de representatividad cualitativamente diferente al nacional por cuanto tienen una representatividad comunitaria, representan el interés conjunto que predomina sobre el nacional y actúan en esa dimensión, generando normas y decisiones que son obligatorias, de aplicación inmediata y que tienen primacía respecto de las normas nacionales.

En cambio, los procesos que aún mantienen órganos intergubernamentales, especialmente en las primeras fases de la integración, preservan el sentido clásico de la soberanía estatal absoluta, manifestándose en sus órganos solo una sumatoria de potestades nacionales, lo que no les permitirá, por ejemplo, adoptar decisiones por mayoría, sólo podrán hacerlo por la regla de la unanimidad.


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