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MULTIPLICIDADES SEMIÓSICAS Y CHORROS DECONSTRUCTIVOS. UNA MÚSICA CONTRASIGNIFICANTE

Edgardo Adrián López




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I.3. La Semiótica en Estados Unidos

Tal como lo anticipamos, proseguiremos ahora con los avances en Norteamérica.

El más destacado semiólogo fue sin duda Charles Sanders Peirce(13), quien nació en Cambridge, Massachussets. Aunque fue marginado por las instituciones académicas, dejó una voluminosa serie de escritos que se terminó de editar en ocho tomos recién hacia 1958.

Realiza una clasificación de las ciencias, a partir de la que deducirá la “Primeridad”, “Segundidad” y “Terceridad” o categorías faneroscópicas (del griego “fanerón” o “fenómeno” –Sini, 1985: 37):

La Fenomenología es la base de todas las ciencias porque todo aparece, en un primer momento, como fenómeno. A su vez, el análisis de lo fenoménico se debe realizar mediante un razonamiento riguroso, es decir, empleando la Lógica Matemática.

Como la Lógica opera con signos abstractos, la Fenomenología es también una Semiótica o Sígnica (la Lógica es en el fondo, una Semiótica).

En otro plano de especulaciones, sostiene que el pensamiento de lo fenoménico tiene que partir de una tabla rigurosa y acotada de categorías que engloban a todos los acontecimientos posibles:

Las categorías universales, al hacer referencia a los rasgos que se repiten en cualquier fenómeno, son “modos de ser” o formas de existencia, las cuales son tres.

La “Primeridad” es la Posibilidad (Sini, 1985: 45) o la cualidad pura (por ejemplo, la rojez de lo rojo), completamente indeterminada (Restrepo, 1983). La “Secundidad” es lo Existente (Sini, 1985: 45) o lo que aconteció, lo mediato, el pasado, lo real, lo ya significado; es el esfuerzo por significar, el esfuerzo o lucha entre fuerzas; la acción y reacción (Restrepo 1983). Algunas Díadas principales son: correspondencia–diferencia, poiesis/producción, etc.

La Segundidad tiene a su vez, dos grados: uno “genuino”, en que se alude a acciones reales de algo sobre algo; otro “aberrante”, en el cual se establecen relaciones intelectuales entre los objetos, tales como los vínculos de semejanza, contraste o comparación.

Por su parte, la “Terceridad” es la Ley (Sini, 1985: 45) o el Sentido, lo que en el plano temporal da consistencia a lo que ya ocurrió y a lo que sucede; es el futuro (Restrepo, 1983). Como tercero es siempre un medio, un enlace; la Terceridad es composición y complejidad. En virtud de que es lo no lineal, pertenece al orden del pensamiento porque elucubrar implica concebir el mundo y el concepto ricamente.

La Terceridad es también del plano del Signo, porque en él hay tres elementos: el “Representamen” o imagen del “Objeto”, aquello del cual el signo habla, y el “Interpretante” de la imagen y del objeto. Dado que el Interpretante es una “Representación”, existe la posibilidad de que haya una representación más o un Interpretante de la Primera Representación. Existe en consecuencia, la alternativa de una significación o semiosis infinita (Lozano, 1979b: 12–13).

La teoría triádica de los modos de ser concluye que:

• Las tres formas de ser son categorías universales para estudiar la naturaleza de lo dado.

• En virtud de que la “realidad” cultural nos sumerge ya en un universo de signos, sólo existe la Terceridad. Sin embargo, desde ella podemos abordar los otros modos de ser.

• Si bien la Primeridad, la Secundidad y la Terceridad son categorías que mantienen sus diferencias, no operan como realidades en sí mismas, de manera que se pudiera entender que cada concepto se corresponde con un sólo aspecto de lo real.

Observemos(14) el Cuadro 3:

La citada teoría se complementa con una Teoría General del Signo. En este punto, cabe aclarar que en los primeros tiempos Peirce concibió una diferencia entre la Lógica y la Semiótica, considerando a ésta como más amplia. Luego, la Semiótica es entendida como Lógica. Así, la Teoría del Signo es una LógicaSemiótica.

Aunque el campo de la Lógica/Semiótica es vasto, Peirce inicia una clasificación de las ciencias que la integrarían:

• La Gramática Formal, Gramática Especulativa o Pura: estudia cómo el Representamen es capaz de tener significado.

• La Lógica en sentido restringido, la Lógica Crítica o Crítica: se refiere a las condiciones formales de verdad de los signos.

• La Metodéutica, Retórica, Retórica Especulativa o Retórica Pura: analiza cómo los Interpretantes “vehiculan” los significados.

Como lo anticipamos, para Peirce un signo es una relación Triádica(15) entre él mismo, su Objeto y su Interpretante. No obstante, lleva a cabo una distinción entre Signo y Representamen. Éste último es el “poder ser representante de un Objeto” que tiene todo signo. Por el Representamen se comprende que el signo se refiere a un Objeto “exterior” a él, pero que termina constituyéndose en el signo mismo.

En el Objeto existe una doble estructura: por un lado, el signo alude a una cosa exterior (“Objeto dinámico” o “Dinamoide”) y por otro, el signo lo absorbe en su seno (“Objeto Inmediato”). Con el Objeto Inmediato el signo se vuelve casi el Objeto, pero sin llegar a serlo nunca.

Pero como un signo es interpretado con otro signo, el tercer elemento es el Interpretante. Éste es una especie de “consecuencia”, “gesto”, “resultado”, “efecto de sentido” o “semema”; ante el representamen “ventana” un destinatario puede observar en la dirección en la que se halla una ventana concreta. En suma, un signo induce otros signos en una semiosis ilimitada.

Al igual que en el caso del Objeto, existe más de un Interpretante. Por ejemplo, el “Inmediato” manifiesta una correcta comprensión de lo mentado en el signo. El “Interpretante Dinámico” es el producto directo del signo: en el ejemplo del lexema “ventana”, la mirada que busca una ventana particular. Por último, un “Interpretante Final” que es relativamente inusual dado que exige que f. i., la aprehensión del signo “Lucero” tenga por correlato la ubicación concreta del planeta Venus.

En una primera etapa, Peirce obtiene diez clases de signos al combinar las nociones “Posibilidad”, “Existente” y “Ley” (cf. cuadro 4 –Sini, 1985: 45):

1) Posibilidad Posibilidad Posibilidad

2) Existencia Posibilidad Posibilidad

3) ...

10) Ley Ley Ley

Después, sostiene que si son combinados los categoremas de “Primeridad” (Representamen), “Segundidad” (Objeto) y “Terceridad” (Interpretante), y de Cualidad/Forma, Hechos–Existencia y Ley/Valor se obtienen nueve grandes clases de signos:

Luego modificó su clasificación para distinguir 66 signos, que se “ampliaron” hasta alcanzar 59.049. Pero lo importante es la lógica subyacente de la combinatoria; de ahí que definamos sólo los que afloran en el esquema adjunto.

El Cualisigno es un Representamen que es una cualidad. El Sinsigno es un Representamen integrado por una realidad física (v. g., una señal de ascensor para personas con capacidades desiguales). Un Legisigno es un Representamen que es una Ley (f. e., el cartel que prohíbe fumar).

En el plano de lo Segundo y del Objeto, tenemos que un Ícono es un signo que se relaciona con su “referente” por detentar cierta semejanza con el designado. Un Símbolo es un signo que se enlaza con su “ente” por una convención que es arbitraria. Un Índice es un signo que remite a su objeto en términos de causalidad.

En el orden del Interpretante, encontramos el Rema el cual es una posibilidad. El Decisigno emerge como un hecho (e. g., una descripción). Por último, el Argumento es un signo que es una razón (por ejemplo, un axioma).

Entre estas especies pueden darse combinaciones, como la de un Argumento que es Símbolo y Legisigno (por ello, el modelo se expande de manera continua en una semiosis sin barreras).

Ahora bien, ¿cómo se puede explicar la acción del hombre sobre el mundo si la semiosis descrita parece ser puramente “mental”? Peirce responde que en el Interpretante cabe la posibilidad de que irrumpa un cambio de hábito, id est, la praxis. Por ello, la semiosis no iría desde un Representamen/signo a un Interpretante–signo, sino que en la Terceridad podría aparecer una acción que modificara el Interpretante anterior asociado a un signo. La cadena sería Representamen/signo, Objeto e Interpretante–signo (praxis –Restrepo, 1983).

Con lo anterior, se concluye que la acción es la expresión práctica de la semiosis: si existe una oposición dialéctica entre semiosis y praxis, ésta no es exterior a la primera.

La acción como Segundidad era un mero efecto físico sobre el mundo; la acción como Terceridad es una acción que, a pesar de ser una fuerza, es una praxis con significado. La acción significada es lo que permite, en Peirce, articular el signo (la Terceridad) con el mundo u Objeto dinámico (Secundidad que tiene como referencia a la Primeridad del Representamen).

Pero si el Representamen/signo es una Primeridad, el Objeto una Segundidad y el Interpretante una Terceridad, el signo es la concreción de los modos de ser categoriales. El signo deja de ser un concepto para ser el fenómeno general en que se realizan las categorías del ser.

Sin embargo, con las categorías del ser no llegamos al Ser o a la Esencia ya que todo objeto debe ser dicho y por consiguiente, significado. En consecuencia, el ser es signo.

Ahora bien, si los hombres son alteridades que se entienden con signos, el agente es por igual signos, semiosis. Los individuos están atravesados por significaciones.

En los apartados anteriores sostuvimos que semiosis y praxis tienen una relación dialéctica, dado que los efectos de un signo se registran en el plano de la acción: un signo produce hábitos y los hábitos condicionan a su vez, al signo.

Por ello, el Pragmatismo intentará bordar el problema de cómo el signo genera efectos prácticos y de cómo el significado de un signo se da por tales consecuencias. No obstante, como esos efectos prácticos ya están significados no se trata en realidad, de consecuencias prácticas puras, sino de la forma en que están significados los posibles efectos. En virtud de que las consecuencias prácticas de un signo están significadas, la acción humana es ya un signo; por lo tanto, el Pragmatismo estudiará la praxis en cuanto signo (Restrepo, 1983).

Luego de la muerte de Peirce, hubo que aguardar hasta la aparición de un pensador de la talla de Charles Morris. Éste fue discípulo de G. H. Mead, el que a su vez fue colaborador de William James, amigo de Peirce.

A principios del siglo XX, Estados Unidos estaba influido por el conductismo derivado de los estudios del fisiólogo ruso I. P. Pavlov. Debido a esto es que se desarrolla incluso, una lingüística conductista de la mano de Leonard Bloomfield (Kristeva, 1988: 244/245), tal como lo anticipamos en los “Antecedentes”. En 1938 y con sus Fundamentos de la teoría de los signos, Morris articula una noción que se inscribe en los resultados de aquélla que parecían promisorios. Así, el “signo” es un estímulo preparatorio (Magariños, 1983: 117) y es análogo al Representamen de Peirce. Hay un “intérprete” que es el ser vivo(18) para el cual el signo comunica algo. A la par, comprobamos que existe un “objeto” que es el que contribuye a que se complete la respuesta al estímulo (op. cit.: 137), llamado “Denotátum”. El “Significátum” son las condiciones para que funcione el “Denotátum” y por ello, se asemeja al “Fundamento” de Peirce. El “Interpretante” es la disposición a ingresar en el esquema estímulo–respuesta. De lo que resulta que el signo es un proceso que dirige la conducta con respecto a un “ente” (loc. cit.: 117).

Completa su intelección con las categorías de “presencia”, “ausencia” y “eficacia” del objeto/estímulo, en especial, y del signo en su conjunto, en general (op. cit.: 144–145). De allí que esa trilogía se asocie a la de “signo”, “conducta” y “objetivo” (loc. cit.: 150).

Sin definir “discurso”, lleva adelante una tipología que incluye los “modos” (“designativo”, “apreciativo”, “prescriptivo”, “formativo”) y los “usos” (“informativo”, “valorativo”, “iniciativo”, “sistémico”). F. i., un discurso formativo/sistémico es el de la metafísica (loc. cit.: 148). A su vez, el binomio “modos de significar” y “usos de los signos” se vincula con la trilogía “signo”, “discurso”, “contexto” (op. cit.: 150).

Luego de oscilar de un criterio a otro (loc. cit.: 166), realiza una separación entre Sintaxis, Pragmática y Semántica en la Semiótica, subdisciplinas que estudiarían las relaciones entre los enunciados, los usos del lenguaje y la variación en los significados (op. cit.: 170–174).

Hacia 1948, comienzan a tomar vuelo la teoría de la comunicación, la cibernética y la teoría de la información, que enriquecen los derroteros de la Semiótica norteamericana. V. g., el politólogo Harold Lasswell formuló una serie de preguntas que debían orientar la “disección” de un intercambio simbólico: a- ¿quién dice?, b- ¿qué dice?, c- por qué canal, d- ¿a quién?, e- con qué efectos (VVAA, 2001).

En 1949, Claude Shannon y Warren Weaver desplegaron el modelo sugerido por Jakobson (Rosa, 1978: 41/43; VVAA, 2001):

A pesar que el tiempo contribuyó a complejizar el esquema de Shannon y Weaver, con aportes de Norbert Wiener, Margaret Mead, Talcott Parsons, entre otros, no tenía la suficiente flexibilidad. Tal cual lo muestra la teoría de la enunciación de Michel Pêcheux, a la que luego comentaremos en detalle, las “distorsiones” en el “mensaje” no se deben a problemas de “ruido” o “interferencia” en el canal o vía de contacto, sino a fenómenos más complejos vinculados, f. e., con las imágenes que cada partícipe se hace de aquello por lo que procuran comunicarse.

Un emigrado discípulo de Morris, llamado Thomas Sebeok(19), impulsó la Semiótica en el plano internacional. Desbrozó el campo de la “Zoosemiótica” (Kristeva, 1988: 324), estableciendo que la semiosis en el reino animal acaece sin lenguaje. Los animales en cautiverio, como gorilas o equinos, pueden ser adiestrados para “aprender” un “lenguaje”; lo que ocurre es que el ser vivo asocia determinados gestos, ruidos, etc. que profiere su interlocutor humano con la acción esperada. No puede interpretar lo que responde.

Enunció que el género Homo posee, junto a lo no verbal zoosemiótico, lo verbal antroposemiótico. Es plausible que los primeros Homo no fueran aptos para hablar, aunque tuvieran capacidad para el lenguaje. Asimismo, es factible que la lengua surgiera para “modelizar” o expresar las “ideas” que los Homo se formaban acerca de su entorno o umwelt. Antes que una herramienta de comunicación con otros miembros de la especie, fue un instrumento para el procesamiento mental de lo real(20).

Desgranó los tipos de canales y las fuentes de signos posibles, con lo que sienta la premisa de que una teoría general de los procesos semióticos sería intrincada y amplia.

Pero estos proyectos universalistas sólo pueden construirse con la paciencia de un erudito que elabora poco a poco los nuevos objetos, temas y problemas que la Semiótica abarcará, luego de asentarse firme en un “terreno” previo. Los grandes efectos son estimulantes, mas acaso resultan inseguros.


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