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MULTIPLICIDADES SEMIÓSICAS Y CHORROS DECONSTRUCTIVOS. UNA MÚSICA CONTRASIGNIFICANTE

Edgardo Adrián López




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NOTAS

(15) Nace en 1839, Cambridge, Massachussets y muere en 1914 (Reale et al., 1995c: 434). En 1861 y en Harvard obtuvo un trabajo de verano en el Departamento de Estudios Geodésicos y Costeros, con el cual mantuvo una relación de 30 años. [nivel del comentario con efectos en la praxis política]

Hacia 1877 se separa de su esposa Zina Fay y en 1883 contrae segundas nupcias con Juliette Pourtalai. A la sazón, había conseguido un puesto de profesor en la Universidad Johns Hopkins (en la que Derrida “patentará” la deconstrucción con un artículo que criticaba en 1966 el lexema “estructura”), pero “a causa de” su divorcio y de su nuevo matrimonio, a lo que se añadía su espíritu intransigente y crítico, el Directorio de la universidad decidió expulsarlo y desacreditarlo en los planos moral, académico, personal, etc. En 1891 pierde el empleo que tenía en el Departamento citado, de manera que tuvo que ganarse el sustento escribiendo artículos para revistas populares (VVAA, 2001).

(16) El cuadro fue construido con lo que detallaba la semióloga colombiana, pero en algunos casos se emplearon lexemas ajenos al corpus para “llenar” los “huecos” que quedaban en algunas líneas. [registro de las apreciaciones que los juegos y redes de poder institucionales, sancionan en calidad de “ciencia”]

(17) En otro espacio hemos señalado que acaso haya que re/interpretar la apuesta de Peirce, empleando algunos fragmentos que nos emancipen del tópico de la tríada (ver Carrique y López, 2002b).

Por un lado, aparte del “Objeto”, del “Representamen” y del “Interpretante”, Peirce agrega las ideas de “Fundamento” y de “Precepto de Explicación” (op. cit.: 205–206, nota 3 de p. 206). Algunos, como el Lic. Juan Ángel Ignacio Magariños Velilla de Morentin, asimilan el Fundamento con el Representamen (1983: 82/84); para nosotros se trata de otro elemento. Hasta donde tenemos información, el Precepto ha pasado desapercibido; parte de ello se debe a que el mismo Peirce no utiliza con frecuencia esa categoría. De forma que tenemos cinco componentes y no tres.

Por el otro, se detecta más de una semiosis infinita (Carrique y López, 2002b: 206). Sin embargo, quizá haya que confrontar los originales en inglés antes de dar como sancionadas apreciaciones que pueden ser provisorias.

En otro orden de conceptos, como en la semiótica peirciana el “ente” es un signo, la “realidad” acaba por ser, en palabras de Lotman, una lengua–objeto (1996c: 65). Y es que una postura materialista implica asumir que lo que sea la “realidad” no se puede aprehender con la pobreza/complejidad de las ideas, en virtud de que percibimos a través de nociones forjadas en el lenguaje y dentro de los esquemas propios a nuestra especie y a los seres vivos que respiran en el planeta, con sistema nervioso central.

Respecto a lo que probablemente exista un margen mayor de verosimilitud es acerca de una “segunda realidad” que es la humana, aunque se halle diferida por las semiosis. Por una “ironía” de la historia de la ciencia, los saberes más propensos a alcanzar una verosimilitud menos endeble son las denostadas Ciencias Sociales, puesto que referencian procesos generados por humanos. En cambio, aquello de lo que hablan las Ciencias “duras” (el “átomo”, las “reacciones químicas”, etc.), cono–cimientos que fueron adoptados en tanto que patrón de racionalidad argumentantiva y que aparentan ser “objetivos”, es el terreno de lo epistemológicamente menos firme.

(18) La generalidad en la definición no es casual, dado que la Semiótica norteamericana, a diferencia de la europea, buscó aplicarse a todos los ámbitos, sin limitarse al análisis de las semiosis atribuibles al lenguaje: habría entonces, una “Zoosemiótica” y una “Antroposemiótica”. Existieron pioneros que propusieron el estudio de la proxemia (VVAA, 2001) o del lenguaje corporal hacia 1950 (David Efron y Ray Birdwhistell, entre otros).

(19) Habiendo arribado en 1937 a Estados Unidos, siguió estudios de post/grado en la Universidad de Princeton. En 1969, fundó la Asociación Internacional para Estudios Semióticos, con lo que el lexema “semiótica” desplazó al de “semiología”.

(20) Un fragmento olvidado de Dialéctica de la Naturaleza, establece sin embargo que existe una íntima solidaridad entre la cognición del mundo, la fabricación de herramientas, el trabajo, y el desarrollo de la mano y del cerebro (Engels, 1961b). Por ende, no se trata de que una variable predomine sobre otra sino de un círculo intrincado de influencias complejas. [ídem a nota 16]

En lo que cabe a los “tipos” de incidencias que acaecen en el mundo, podríamos agruparlas de acuerdo a las clases de “totalidad” que quizá se estructuran [plano de la crítica y de lo especulativo]. Cuando Lotman reflexiona sobre la obra de arte como texto (1996c: 70), deja espacio para inferir que: a- insiste una totalidad que “totaliza” las partes y que, sin embargo, está abierta e inserta en niveles más amplios; b- hay una parte/totalidad; c- existen influenciastotalidad que ocurren entre los planos/totalidad de una esfera; d- las relaciones/totalidad entre desiguales esferas (e. g., las que acontecen entre base y superestructura).

Ahora bien, parece ser cierto que cuando surgen una globalidad y los correspondientes universos de contactos, se sacrifica un tipo de complejidad para dar “origen” a otro orden de complejidad. Por ejemplo, el tallado artístico manifiesta que para suscitar un objeto estético o una nueva dimensionalidad, se requiere empobrecer y extraviar otra (el árbol, la madera, etc.).

Referencias bibliográficas

Carrique Ibáñez, A. y López, A. 2002b. “Imagen, infinitud y tiempo. Videosfera y capitalismo tardío” en VVAA. 2002a. Cuadernos de Humanidades N° 12. Magna Publicaciones, Tucumán (Argentina), pp. 205/214.

Deleuze, G. 1987. La imagen–tiempo. Estudios sobre cine II. Paidós, Barcelona (España).

Engels, F. 1961b. “El papel del trabajo en la evolución del mono al hombre” en 1961a. Dialéctica de la Naturaleza. Grijalbo, Barcelona (España).

Lotman, I. 1996a. Op. cit.

Lozano, J. 1979b. Op. cit. en Lotman, I. 1979a. Op. cit.

Magariños Velilla de Morentin, J. 1983. Las fuentes teóricas de la semiología: Saussure, Peirce y Morris. Hachette, Buenos Aires (España).

Pêcheux, M. et al. 1984. La lengua de nunca acabar. FCE, México (Méjico).

Pêcheux, M. 1978. Hacia el análisis automático del discurso. Gredos, Madrid (España).

Peirce, Ch. 1974. La ciencia de la Semiótica. Nueva Visión, Buenos Aires (Argentina).

- 1987. Obra lógico–semiótica. Taurus, Madrid (España).

Reale, G. et. al. 1988c. Op.

Restrepo, M. 1983. Ser/signo–Interpretante. Filosofía de la Representación de Charles S. Peirce. Significantes de Papel Ediciones, Bogotá (Colombia).

Rosa, N. 1978. Op. cit.

Sini, C. 1985. Op. cit.

VVAA. 2001. Op. cit.


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