BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

MULTIPLICIDADES SEMIÓSICAS Y CHORROS DECONSTRUCTIVOS. UNA MÚSICA CONTRASIGNIFICANTE

Edgardo Adrián López




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II. “Aporías”. Fuera de(l) libro

Como* para que lo esculpido en esta obra guarde algunos flexibles vínculos con la serie de cuatro de Los perfiles de Marx y a riesgo de ser reiterativos, se efectúa una “coda” acerca de las “peticiones de principio” que zurfilaron lo que fue un antiguo Apéndice de mi Tesis Doctoral de diciembre de 2004 y de su proyecto de edición de 2007.

Tal como lo anticipamos en la Sección I, Introducción de López, 2010e, constatamos paradojas que deben ser explicitadas y contra argumentadas a los fines que el decurso de lo que fue la aludida Tesis “no sea” objetable. Algunas de ellas, las más serias, las de profundo alcance y mayor generalidad, las discutimos (López, 2010a, 2010b, 2010c, 2010d); nos toca enfrentar las que se vinculan con la estructura de lo que entonces fueron los citados Apéndices.

A diferencia del tratamiento que les dimos en la “Introducción” ahora, por razones meramente expositivas, deconstruiremos las “aporías” referidas a tales Apéndices por orden.

Respecto a lo que fue el I, hay dos; en el II no se detectaron nuevas, puesto que las que se encontraron ya fueron anuladas al reducirse las pocas existentes, básicamente a la de emplear los categoremas de la teoría/objeto para explicitarla. Al Apéndice III es viable adjudicarle una que será desmadejada en la ocasión propicia (López, 2010d).

La primera paradoja se enlaza con el hecho de que, si bien partimos de la Semiótica y del Materialismo Histórico, nuestro léxico es un entrecruce de varias disciplinas. Por ende, no sólo contamos con los términos provenientes de las áreas que deseábamos utilizar como herramientas, sino de las que nos proveen otros saberes.

La “aporía” así formulada se disuelve ella misma, puesto que nada impide que en la aclaración de cómo habrá de usarse un conjunto de herramientas, sean funcionales otros lexemas que ayuden a tal fin. Hemos apreciado que la Semiótica puede ser un “método” general para las Humanidades y las Ciencias Sociales y que el Materialismo Histórico también ocupa ese rol, en la medida en que no es una ciencia en particular, sino su crítica desbordante. Of course, siempre que se evite caer en una Metodéutica al estilo de Peirce y de innumerables pensadores.

Sin embargo, el empleo de ambas puede ser más efectivo si contamos tanto con las deconstrucciones que acercan Semiótica y Materialismo Histórico respecto a sí mismos, como si nos servimos de los aportes provenientes de un Pierre-Felix Bourdieu (que no era marxista) o Foucault (que prefería la Hermenéutica y minusvaloraba la Semiótica –1970: 40/42).

La segunda paradoja invaginada en el Apéndice I, consiste en que nuestro diccionario es un importante eslabón en el “método” de investigación pero se encuentra “relegado” a un apartado, a causa de lo que exige el “registro” de exposición. En realidad, más que una paradoja procedimental señala una incomodidad para el investigador y para el lector “in fabula” (Eco, 1981). Acaso habría una “aporía” si el “método” de exposición fuese también un “método” de comprensión y/o intelección, de manera que nos encontrásemos en la situación difícil de colocar el carro delante de los caballos. Pero la aclaración de los conceptos es una empresa previa, aun cuando se difiera su aparición en el corpus.

Por último, tenemos la paradoja de la elaboración del semanálisis: el “índice analítico de isotopías”, similar al empleado por el suegro de Longuet en el tomo III de los Grundrisse al comentar a Ricardo y cuando Marx resume sus propios cuadernos, hace un relevo de categorías pero utilizando la teoría–objeto. En sustancia, esta “aporía” no se distingue de la involucrada en reflexionar en torno de la razón empleándola, en especular sobre el Sentido inmersos en él o en hablar del significado del Significado, apelando a su “intuición” previa. Vimos en teóricos como Greimas y Courtés salvar tales paradojas “simplemente” denunciándolas (Greimas, 1973), o avanzando en el proyecto (Greimas y Courtés, 1982; 1991). Pero si eso no resultara satisfactorio, podría argüirse que la dialéctica ínsita en el Materialismo Histórico supone un grado de recursividad tal que le permite autotematizarse, autorreferencialidad que sería casi improbable de justificar si se desechara la dialéctica. Ahora bien, ¿a partir de qué confiamos que la interacción curva del Materialismo Histórico puede auto discutirse, autoaclararse y auto legitimarse?

El problema no es menor y una solución de fondo implicaría la redacción de un apartado voluminoso, lo que es prohibitivo. However, si demostráramos que la dialéctica marxista se autoobjetiva y, en ese auto ponerse como tema de reflexión, es apta para autojustificarse, el razonamiento estaría coronado. Precisamente, existe un aspecto de la dialéctica revolucionaria y anti/sistema (sin necesidad de discutir si se trata de una ajustada al “canon” o de una que responda a Lucrecio), que permite arribar a destino. El padre de Jenny es consciente, tal como lo comprobaremos en el Volumen I, Segunda Parte, Apéndice I, “B”, de que la crítica dialéctica y que la dialéctica crítica permiten explicar la interferencia de la lucha de clases en la constitución de un conocimiento científico. Sostiene incluso, que la deconstrucción de la Economía Política ha sido posible cuando el dominio del capital comenzó a ser evidente para amplios sectores de la población. Por lo tanto, la dialéctica y la crítica materialista se proponen explicarse a sí mismas a partir de un diagnóstico acerca de su contexto histórico. Entre otros elementos, tienen a mano la interacción base–superestructura y qué es lo que una crítica deconstructiva debiera lograr para huir de sus condicionamientos plus ou moins, mecanicisistas, economicistas, lineales, deterministas, simplificadores, etc. Quod demonstrandum erat.

** Extravíos (agregados allende el co(n)texto…):

***Freud sopesaba que la génesis de la Consciencia es la repulsa contra algunos anhelos por lo que en el estrato de lo Consciente existe una “región” que es inconsciente y que esconde los motivos, razones o causas de aquello que se olvida, elude, reprime, elide, sustituye, etc. Cotejemos:

“... (La) Psicología de las neurosis ... (demostró) ... que en la Consciencia hay también algo desconocido ... : ... las razones de la represión o de la (oposición) a determinados deseos” (Freud, 2008bxlix: 1791).

Incluso, la Consciencia**** es obsesivamente dominante (ídem.).

****Para el fundador del Psicoanálisis, que era conservador y reaccionario pero indudablemente, genial, se comprueba que lo Consciente tiene “... una gran afinidad con la angustia, hasta el punto de que podemos describirla sin vacilar como una ‘Consciencia (angustiada)’” (Freud, 2008bxlix: 1791). Aunque el vienés no lo haya subrayado, las resonancias, confluencias, invaginaciones, compromisos, acercamientos con el planteo de Hegel son casi obvias.


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