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IMPLEMENTACIÓN DE POLÍTICAS HABITACIONALES SIN COMPONENTES SOCIALES. EL ANÁLISIS DE UN CASO TESTIGO

Walter Fernando Brites




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3.2. De la exclusión a la organización. La constitución de nuevas organizaciones vecinales en el complejo habitacional.

Las experiencias, gestadas en Itaembé Miní señalan que en los últimos años la construcción de este tipo precario de hábitat gradualmente viene siendo objeto de reivindicaciones por parte de quienes progresivamente lo habitan, conformando modalidades de organizaciones vecinales que tienen alcances más allá de cada barrio o sector particular de viviendas y, cuyo objetivo es (entre otros) minimizar y corregir el impacto negativo de las políticas, en la línea de acción en que originalmente fueron concebidas e implementadas.

Los problemas necesidades y conflictos que paulatinamente se materializan en el nuevo complejo habitacional encuentran su tratamiento y resolución por medio de los apropiados acuerdos, transacciones y relaciones de los actores sociales en articulación con los poderes gubernamentales. Modificar la decisión oficial de las políticas o generar nuevos programas/políticas, serían en este sentido, el resultado del análisis y discusión de los diversos actores sociales, y políticos involucrados en su formulación, aceptación y puesta en marcha. En este sentido, analizar los procesos organizativos activados en Itaembé Miní donde se desarrollaron amplias demandas y luchas sociales por servicios e introducción de componentes sociales en las políticas habitacionales implementadas, serían tareas significativas a dilucidar: ¿Cuáles son los resultados de esas experiencias a nivel de cambios en las políticas, de fortalecimiento de las organizaciones sociales comunitarias, de ampliación de espacios de deliberación? ¿Los procesos de la legitimidad de las organizaciones para incidir en las políticas, el papel del capital social, y logros para la gente del barrio? Estas son algunas de las reflexiones que intentamos esclarecer en el presente trabajo.

La importancia creciente de las organizaciones vecinales se explica en parte, por la agudización de los problemas socios urbanos existentes en el complejo habitacional, pero también por una mayor conciencia vecinal, que considera tener derecho a intervenir en el destino de sus lugares de vida. Así, frente a problemas complejos a la población le interesa opinar, decidir e intervenir sobre el entorno barrial.

A partir de la vivencia cotidiana en un nuevo complejo habitacional, las familias que ocupan cada vivienda se pueden interrelacionar a diario y frecuentemente incorporar a las luchas por la dotación de bienes y servicios de consumo colectivo. Como acertadamente señala Feijoo (1984: 12) “Cuando la provisión colectiva es deficiente es poco lo que puede hacerse desde cada unidad doméstica individual, excepto adaptarse a ellas; sin embargo, desde el conjunto de las unidades domésticas de un mismo barrio afectadas por similares carencias pueden intentarse acciones reivindicativas a través de organizaciones colectivas voluntarias, como las organizaciones barriales o sociedades de fomento…”.

En este sentido, las organizaciones vecinales se han convertido en un espacio de participación social (Zicardi; 1994: 356). Sus acciones colectivas son variadas, y emergen de un conjunto de manifestaciones de descontento social y de revitalización de la sociedad civil generados a partir de procesos participativos orientados hacia la toma de decisiones. Su importancia además se incrementa, por un lado, en un contexto en que el Estado planifica políticas divorciadamente de las necesidades de la población y por otro, en la medida en que busca en la autogestión una salida a los problemas habitacionales y socio urbanos en general.

A lo largo de Itaembé Miní, la conformación de las distintas comisiones vecinales constituyeron desde el primer momento de su gestación mecanismos organizativos orientados no solo a reorganizar el complejo socio-habitacional sino a mejorar la calidad del hábitat por medio de demandas y reivindicaciones ante el Iprodha, el gobierno municipal y otras dependencias del Estado.

Las largas luchas sociales por la obtención de infraestructura y servicios básicos protagonizada por los vecinos señalarían que el conjunto de las políticas implementadas por el Iprodha y el Municipio no conformaron un conjunto de decisiones monopolizadas por éstos organismos gubernamentales, sino más bien obedecieron a un dinámico proceso de discusión y redefinición de los componentes del habitar. Los casos analizados señalarían que las relaciones entre las organizaciones barriales y el gobierno más allá de las tradicionales relaciones clientelares también se ha canalizado entre la confrontación y la negociación.

En este trabajo señalamos que las organizaciones vecinales resultan el eje que articula varias demandas de la población, como son mejorar o cambiar el entorno barrial; luchar para resolver los problemas cotidianos (salud, educación, alimentación, incorporación de bienes y servicios, entre otros), aspectos que han puesto en entredicho a un modelo de diseño e implementación de políticas de viviendas que ha generado un hábitat precario.

En Itaembé Miní, las primeras organizaciones articuladas y estructuradas en el plano barrial, aparecieron para paliar los efectos más críticos de la pobreza, a través de los lazos de solidaridad y redes de ayuda mutuas; muchas veces orientadas por ONG’s que actuaron de forma pionera en el complejo habitacional. En este contexto, las asistencias sociales en el barrio fueron las primeras reivindicaciones. Estas organizaciones tuvieron un carácter inédito: nacieron en el marco de los programas de acompañamiento social que el Iprodha coordinadamente con otros organismos gubernamentales realizaban en el asentamiento. Organizaciones vinculadas al deporte, a las realizaciones de huertas familiares, especialmente a los talleres de cocina, y asociaciones vinculadas a las actividades de autoproducción de alimentos. Tales reuniones constituyeron desde sus inicios un escenario, un espacio público para la realización de nucleamiento y conocimientos entre vecinos que procedían de diferentes sectores de la ciudad. Por otro lado, estos ámbitos sociales próximos: el vecindario y el barrio, comenzaron a visualizarse como el intersticio de nuevos lugares de vida en donde se materializan un conjunto de adversidades y nuevos desafíos para afrontar colectivamente en el plano barrial.

Resulta difícil concebir el desarrollo ordenado y lineal de un conjunto de acciones y logros obtenidos a nivel barrial, debido a la compleja naturaleza de las cuestiones dirimidas en un nuevo espacio socio-barrial, constituido por agregación barrios adjudicados. Por ello es importante concebir a las necesidades colectivas, demandas y las organizaciones vecinales desde un punto de vista procesual, que posibilite analizar la simultaneidad de situaciones y problemáticas manifestadas en relación con los intentos puntuales, esporádicos y, organizativos por resolverlos en el continuo camino de marchas y contramarchas por los que frecuentemente han transitado la acción colectiva vecinal. Contexto, en el que sin duda, ha cobrado significativa importancia la estructuración de nuevas organizaciones en el plano colectivo del barrio.

Muchas organizaciones desestructuradas y fragmentadas por los procesos de traslados y adjudicación comenzaron a articularse en el nuevo medio. El compartir el mismo complejo habitacional, las mismas carencias y, la necesidad de mejorar el nuevo hábitat, han incidido en la generación de mecanismos organizativos. Vecinos que se conocían previamente de otros barrios junto a aquellos no conocidos hasta el momento comenzaron a interactuar, estableciendo una tramada de relaciones que se fue anclando en el nuevo barrio. Las organizaciones de actividades festivas, los torneos de fútbol, la construcción de canchas y espacios recreativos, son actividades que inicialmente no solo contribuyeron al conocimiento entre los habitantes-vecinos, sino que motivó la participación y organización, fortaleciendo nuevas identidades, reconstruyendo y complejizando la “sociabilidad barrial”.

A partir del trabajo cotidiano de gestión y organización de la comunidad, se ha planteado la búsqueda permanente de prácticas alternativas que conlleven a un hábitat más sustentable, como así también, a niveles de organización y participación comunitaria a incorporar en todo emprendimiento barrial. Sin embargo antes de producirse algún tipo de organización vecinal formal, los habitantes de los barrios se encauzaron en la creación de asociaciones circunstanciales de corte inmediatista.

“Acá nosotros los relocalizados de la costanera y otros barrios fuimos casi los que más sufrimos necesidades porque cuando vinimos a las viviendas en el barrio no había nada, solamente monte. Nos teníamos que juntar para hacer algo”. “Cuando vinimos muchos vecinos no tenían trabajo, la forma de subsistir de la familias pasaba por gestionar los recursos para hacer comedores. Lo vecinos les pedíamos mercadería de seguido a la gente de la municipalidad y del ministerio ellos nos ayudaban cuando podían...” (Notas de campo).

Los intentos de construcción-reconstrucción de las primeras Comisiones Vecinales legalmente constituidas dieron origen al surgimiento de importantes partidas de conflictos entre los vecinos. El desconfío de muchos vecinos ante la percepción de algunos emprendedores-dirigentes del asentamiento como potenciales punteros barriales con afán de liderazgo derivaron en focos de disputas y fragmentación, inherente a todo proceso socio-organizativo como el emprendido en Itaembé Miní.

Sin embargo, a pesar de los conflictos desatados, durante los primeros tiempos de conformación del asentamiento, el carácter movilizado de las primeras Comisiones Vecinales generadas tuvo un rol protagónico en la gestión y obtención de los primeros centros de salud, escuelas, y comedores comunitarios. De modo que estas organizaciones lograron introducir exitosamente sus demandas en las instituciones gubernamentales locales. En este marco, los primeros conflictos marcaron el pasaje desde una situación de disgregación de la población (como resultado del vivir en un nuevo medio) a su estructuración en barrios con límites definidos y organizados a través de comisiones vecinales que representaban a sus habitantes .

La creación de Comisiones Vecinales deriva de un proceso formal, producto de la Ley Orgánica que rige la Municipalidad de Posadas. De modo que las mismas aparecerían como el resultado de la legalización de las iniciativas asociativas para gestionar la solución de los problemas de equipamientos de los barrios ante el Estado. Sin embargo, aún antes de su formalización en algunos barrios del Itaembé Miní, han existido iniciativas asociativas (juntas vecinales, asambleas, talleres asociativos) que tenían como objetivo central la consolidación del barrio a fin de dotarlo de servicios.

En términos generales, las Comisiones Vecinales, se fueron constituyendo progresivamente como organizaciones que ejercieron el liderazgo político y comúnmente adquirieron un gran nivel de representatividad en los barrios del Itaembé Miní. El conjunto de estas organizaciones tienen su propia norma o estatuto que la rige. Las autoridades se eligen participativamente por medio de la votación de determinados grupos o listas, a su vez cada una de ellas está integrada por candidatos que cubren los diversos cargos y funciones: presidente, vicepresidente, tesoreros, secretarios, colaboradores, etc.

La gestión de vecinos en cada comisión es renovada anualmente. Al concluir un periodo determinado se realiza una convocatoria y se procede a conformar una Junta Electoral. Con el objetivo de prevenir fraudes que deriven en conflictos, el proceso eleccionario es acompañado y supervisado por funcionarios del área de Asuntos Barriales de la municipalidad, así como asesores y representantes de ONG’s que trabajan en el barrio. El involucramiento y participación de la población en los procesos electivos, varían de acuerdo a las propuestas de acción delineadas, así como de los problemas a solucionar en el barrio. Los líderes barriales oportunamente suelen contar con el apoyo exógeno de partidos políticos y organizaciones para captar recursos hacia el interior de los barrios.

En algunos casos, más allá de los logros obtenidos, la constitución formal de comisiones vecinales ha despertado (con cierto altibajo) algunos procesos negativos o limitantes para la participación vecinal en los procesos decisionales; así en función de una anhelada operatividad el actuar de delegados y representantes barriales de cierto modo ha excluido la participación involucrada de los vecinos. Al funcionar las comisiones vecinales como el canal idóneo para la canalización de las demandas, el procedimiento implicó delegar en los representantes, las acciones pertinentes a la obtención de objetivos reivindicatorios. De modo que, en oportunidades la gestión de soluciones quedó supeditada a la decisión de los vecinos con cargos en la comisión y, solo llegó a adquirir una participación vecinal más abierta en el caso en que estuviera en juego una problemática que requiera de una solución urgente y efectiva por parte del Estado.

“Para las gestiones el vecino al frente de la comisión era muy operativo y voluntarioso… el solo y casi sin ayuda se encargaba de hacer las notas y mandar a Iprodha y la municipalidad…” “A veces nosotros firmábamos y listo. En el calor cuando no había agua en el barrio enseguida nos juntábamos para ver que íbamos hacer para tener agua más pronto” (Notas de campo).

Más allá de algunos focos de antagonismo desatados en los barrios durante las primeras etapas de constitución de comisiones vecinales formales, los vecinos mediante el apoyo de ONG’s, con grandes iniciativas y considerables esfuerzos, han levantado de manera colectiva y efectiva, un conjunto de organizaciones vecinales que han brindado alternativas de mejoramiento a lo construido en el barrio, como consecuencia de políticas que no contemplaron la dimensión del habitar. Políticas deficientemente planificadas e implementadas por organismos del Estado (Iprodha- Municipio).

En el barrio se generaron entonces situaciones en las cuales los vecinos comenzaron a constituirse y manifestarse como agentes de cambio: la construcción de las obras de interés comunitario tales como obras de infraestructura, la construcción de la iglesia, la guardería comunitaria, los espacios recreativos; tinglados para comedores comunitarios, la construcción de veredas en el espacio colectivo del vecindario, etc. En este proceso, emerge además, la condición de agentes, en eventos especiales de carácter organizativo, participativo, de congregación comunitaria, como construcción de espacios de deliberación pública: la realización de numerosas asambleas, reuniones y mitines son casos testigo de ello. Todo este conjunto de emprendimiento permite sostener que los vecinos no desempeñan simplemente un papel diseñado o condicionado en el marco de las políticas que marcaron al barrio, sino que internalizan un repertorio, una matriz de predisposiciones que se va construyendo gradualmente desde dentro de su propio lugar de vida mediante procesos organizativos constructivos.

“A mi me gusta relacionarme en el barrio. Lo que pasa es que trabaje muchos años con los jóvenes de la iglesia en mi anterior barrio, desde ahí tengo eso de hacer cosas por la gente y es por eso que me cuesta dejar de dedicarme a la comisión vecinal...” (Presidente Comisión Vecinal 90 viviendas). “Nosotros desde la comisión tenemos muchas propuestas y ganas de trabajar... estamos fomentando la participación vecinal, porque tenemos que mejorar la iluminación, seguridad, plaza para toda la familias, playón deportivo organizar un botiquín, conseguir teléfonos públicos y crear una bolsa de trabajo y poner nombre al barrio”. (Miembro del una Comisión Vecinal).

El hecho de ser vecinos en un barrio con múltiples factores de hostilidad y carencias socio-urbanas que caracterizan el contexto de su hábitat y, a su vez el interés vecinal en transformarlo reviste de gran importancia . Los vecinos comienzan a ser estructuradores de sus barrios por medio de sus prácticas. En este sentido, en el marco de las condiciones generadas o establecidas por un conjunto de políticas, las prácticas organizativas-reivindicativas de los vecinos dependen de los esquemas reflexivos interpretativos aplicados al análisis y evaluación de la situación del barrio. Por otro lado, todo este conjunto de procesos nos permite visualizar tanto a las comisiones vecinales, como las redes sociales activadas, y las organizaciones barriales en su dimensión de “actor social” con marcado protagonismo en el devenir barrial . Así desde las organizaciones se plantean prácticas inéditas y canales de participación de la comunidad en función de las inquietudes y creatividades despertadas en grupos de vecinos. Como sostienen muchos autores (Cohen, 1985; Sollors, 1989) las identidades vecinales adquieren gran importancia debido a que una vez constituida no solo se revitaliza, sino que en ocasión es utilizada para organizar la lucha política y defender un estilo de vida.

En líneas generales, durante los primeros tiempos todo proceso organizativo generado dentro del complejo habitacional fue desarrollando dos funciones de suma importancia para mejorar la calidad de vida dentro del hábitat barrial. En primer lugar las organizaciones desarrollan una precaria pero importante tarea de provisión de servicios, es decir la realización por parte de los mismos vecinos de las actividades que ellos consideran que se necesitan hacer en el contexto del barrio en tanto hábitat. En un segundo plano, las organizaciones realizan una función de movilización social a fin de reclamar e incidir en las políticas (en términos de formulación de propuestas escuchadas o no), en otros términos significa promover que el gobierno “realice” lo que las organizaciones consideran correcto o justo hacer a través de la participación directa en el planteamiento y formulación de las políticas. En general, la construcción de la demanda generada a escala barrial, con marcado protagonismo de las organizaciones vecinales, son producto de la socialización de la reflexión en torno a los problemas emergentes en el barrio.

“Acá frente a las necesidades que pasamos los vecinos, nos veíamos con la obligación de juntarnos para hacer algo, para salir adelante, de la situación mala por la que pasábamos”... “En el barrio no había nada, nos trajeron y nos dejaron acá, y si nosotros no nos juntábamos para hacer o pedir algo, no tendríamos nada en el barrio. Así fue como nos empezamos a juntar para trabajar”.

Durante el año 2001, con el correr de los meses y, en la medida en que se iba expandiendo el complejo, con la construcción de más viviendas y la llegada de nuevos pobladores a la zona, las carencias y los problemas relacionados al hábitat comenzaron a incrementarse, con ello surgieron demandas específicamente vinculadas a reivindicaciones sociales relacionadas al hábitat. En ese marco, al reclamar acciones que requirieron de la intervención de alguna institución del Estado, la dinámica de las organizaciones vecinales, estuvo fuertemente condicionada por su relación con los organismos públicos. En ese sentido, el Iprodha reconoció la legitimidad de las demandas vecinales comenzó a desarrollar “únicamente” acciones asistenciales de diversos alcances, coordinando acciones con el Ministerio de Bienestar y el Programa Fopar , a los fines de canalizar recursos para abastecer a los numerosos comedores comunitarios existentes en los barrios. No obstante, los recursos de subsistencia fueron solo una dimensión de las necesidades y los vecinos acentuaron sus reclamos en el mejoramiento del barrio.

En tal sentido, paulatinamente comenzaron a entrar en escena otras instituciones que desplegaron acciones aisladas y sin planificación para actuar en aquellos ámbitos muy específicos que comenzaron a ser visualizados como necesidades, así la falta de agua potable, la recolección de residuos, el arreglo de calles, el alumbrado público, el trasporte de pasajeros, entre otros, incorporó al gobierno municipal como principal responsable en la prestación o regulación de servicios urbanos esenciales.

“Acá los vecinos teníamos que empezar a movernos y juntar firmas para pedir alguna solución o hacer algo… porque acá estábamos olvidados”… “A veces nos juntábamos entre los vecinos más comprometidos y nos íbamos a joder casi todas las mañanas a la municipalidad y asuntos barriales”.

En este contexto, los atributos que definen las características de toda organización (vecinal, barrial, socio-comunitaria, etc.) constituida en Itaembé Miní, es que tienen al gobierno-estado como principal interlocutor, en la medida en que son las instituciones u organismos estatales los que potencialmente darían soluciones a los planteamientos de la población, en términos de asistencias sociales y servicios urbanos básicos, gestionados o administrados por el sector público y/o privado. En este marco, el gobierno municipal, como resultado de las insistentes demandas, en ocasiones más acentuadas que otras, fue articulando acciones (en aquellas áreas ajenas a su competencia) con organismos públicos y privados, como el ministerio de Bienestar Social, Ministerio de Salud Pública, empresas de agua y trasporte de pasajeros. El desarrollo de acciones coordinadas demandó un continuo proceso de negociación interinstitucional alcanzando al menos coyunturalmente cierto grado de éxito.

En este marco, y en virtud de la continuidad del proyecto Itaembé Miní las distintas dependencias del gobierno involucrados en su ejecución (fundamentalmente Iprodha-Municipio) debieron preservar la cuota de legitimidad de sus decisiones por medio de abiertas negociaciones, conversaciones o concesiones a ciertas demandas, en articulación con otros organismos públicos responsables de los programas. De allí en más, el planteamiento de cada política (su programación, elaboración o re-elaboración) respondió a las demandas vecinales que se activaron, re-activaron en torno de cuestiones específicas y que por lo tanto, han ampliado o restringido el margen de decisión de la esfera gubernamental y por ende de la aplicabilidad de la capacidad coactiva del Estado.

En el ideario colectivo de la gente del barrio primaron visiones y concepciones acerca de las tareas de las organizaciones, como aquellos emprendimientos que articulan las demandas del conjunto de los habitantes y luchan por sus intereses desde una estrategia organizativa sostenible en el tiempo, y en la que la presencia del componente organizacional es fundamental. Sin embargo, la posibilidad de la población de constituir estas organizaciones, ha venido dependiendo de las condiciones generales en que se desarrollaron los movimientos reivindicatorios y las demandas sociales en el complejo habitacional y, de las características particulares que adoptaron los poderes políticos de turnos y sus gobiernos en cada coyuntura.

En líneas generales el surgimiento y agudización de los problemas socio-urbanos, obedeció en gran medida a la ausencia de un plan de desarrollo urbano, debido precisamente a una política habitacional “diseñada e implementada por el Iprodha”, que ha consistido en la simple y eficientista solución habitacional para familias individuales. Esta modalidad de encarar las políticas de viviendas (sin componentes sociales) ha desatado antes que solucionado una compleja gama de problemáticas que han afectado la calidad de vida de las familias. En tal sentido, como resultado de las deficientes políticas programadas e implementadas, la gente debió buscar progresivamente respuestas en otras instituciones para que resuelvan lo que el Iprodha no incorporó como políticas. Así por ejemplo, la progresiva relación de los vecinos (a través de demandas puntuales) con el gobierno municipal fue potenciada a partir de los resultados precarios de la implementación.

“A nosotros solo nos dieron la casa, acá lejos de todos, donde no hay nada y el Iprodha no se hace cargo de las cosas que faltan al barrio”. (Vecina del barrio)

“acá cuando vinimos apenas estaban construido las casas y un espacio libre para una plaza.” “no habían comedores, salitas de primeros auxilios y encima en la escuela ya no había casi lugar para las gurisadas” (Notas de campo).

“Ahora de todos modos la gente de la municipalidad se anda dando vueltas por el barrio porque los representantes del barrio (delgados y presidentes de comisiones vecinales) va siempre a la municipalidad a pedir alguna solución, por el tema del agua, el colectivo, y la falta de luz por la noche… ellos por lo menos nos tienen que dar una solución” (Notas de campo).

En el marco de una creciente relación entre vecinos del complejo habitacional y el municipio, durante el transcurso del año 2001 desde el Departamento Ejecutivo Municipal (DEM) se reglamento el funcionamiento en el ámbito de la ciudad de Posadas de una serie de Delegaciones Municipales distribuidas por zonas o fracciones, con el objeto explícito de descentralizar la gestión municipal y acercar el gobierno del municipio a las necesidades de la población como una manera de solucionar de forma más eficientes los problemas urbano-vecinales .

En Itaembé Miní, la implementación de la delegación Municipal escondía de fondo un mecanismo de cooptación clientelar: la designación y el mandato del primer vecino en calidad de delegado municipal fue establecido por medio de un decreto firmado por el mismo intendente. A través de la figura del delegado se canalizaría toda línea de acción gubernamental en el complejo habitacional. Ello produjo coyunturalmente cambios significativos en las funciones de las comisiones vecinales de los barrios, que convergían piramidalmente hacia temas propuestos (cuando no deseables como tratables) por el gobierno municipal: como por ejemplo el cobro de las tasas municipales. Así desde el departamento de prensa de la municipalidad se informo que “... a los delegados municipales les corresponde que apoyen las distintas políticas a ejecutar por el Intendente, tendientes a mejorar la recaudación y lógicamente, a mejorar la calidad de vida de los vecinos de la ciudad ”.

El estilo de gestión de la delegación municipal era de corte autoritario, en la medida en que proponía (y anteponía) problemas a ser tratados y sus soluciones viables, involucrando un tipo de “participación formal”, (o desde arriba) de la población residente en el complejo habitacional. De modo que ante la formalización e institucionalización de la delegación, los diferentes barrios del Itaembé Miní deberían dar respuestas organizativas vinculadas al reconocimiento legal exigido por las autoridades, para tramitar en definitiva toda cuestión definida como problemática por la misma delegación municipal .

El carácter excesivamente burocrático de la delegación municipal y del desarrollo de continuas acciones totalmente divorciadas de las necesidades de la población, comenzó a implicar serios cuestionamientos por parte de los vecinos . En este marco las actividades de las comisiones vecinales directamente vinculadas con la delegación se vieron cuestionadas por su controlada autonomía por el gobierno y sus políticas hacia los barrios del Itaembé Miní. Así, a principios del año 2003 la delegación municipal de Itaembé Miní, con el objeto de tener una sede propia en el complejo habitacional, intentó “recuperar” el salón comunitario del Refugio para Inundados, lugar donde funcionaba un comedor a cargo de la Asociación Civil Virgen del Perpetuo Socorro, generando un conflicto no sólo con los encargados de la asociación, sino con un amplio grupo de vecinos; ya que en el lugar 140 niños concurrían diariamente a desayunar, almorzar y merendar, mientras que abuelos y discapacitados retiraban viandas del lugar.

En líneas generales, este accionar tendió a producir una pérdida de credibilidad de los dirigentes ante los vecinos, un desgaste de la participación y un constante debilitamiento de las organizaciones vinculadas a la delegación municipal. Cabe señalar, que entre muchas organizaciones barriales, este es uno de los momentos en los cuales la movilización de grupos de vecinos tiene claramente su adversario, el cual en primer término y de manera precisa se identifica con el gobierno municipal y el Iprodha. Cuestiones que ponen de relieve la constitución de nuevas tramas de relaciones, intereses y poderes activados en torno a las políticas.

“ Acá cuando vino el delegado prepotente a cerrar el lugar junto con la gente de la municipalidad nosotros al otro día entramos, nos encerramos todos los vecinos en el galpón, y no nos íbamos ni de noche ni con gendarmería no nos iban a sacar... Acá vienen muchos niños y familias a comer, por eso ahora los vecinos no les quieren a esa gente” (Vecino del barrio).

Desde el primer momento de su construcción el complejo habitacional ha significado un terreno propicio para la visualización y reclutamiento de líderes barriales consecuentes a partidos políticos y dependencias gubernamentales y, si bien ello ha incidido en una creciente tendencia hacia el desarrollo del dominio del clientelismo político, sin embargo tal proceso no ha coartado el funcionamiento de un conjunto de organizaciones barriales que desde el momento de su constitución han venido desarrollando de cara al gobierno protestas reivindicativas . Lo que sin duda señala la consolidación de tramas organizativas, la ampliación de intereses y luchas en relación a las políticas propuestas o implementadas.

“Acá cuando nosotros pedimos algo por las buenas, siempre vienen a prometernos cosas y tratan de convencernos, después se olvidan, nos solucionan a medio o no nos dan pelotas... parece que siempre hay que estar reclamando”. “Desde que vinimos ya hace dos años que tenemos problemas de agua. Queremos agua limpia y no sucia, después vamos a ir a enfrentar a aquellos que nos prometieron agua, centro de salud... (etc.) y con todo lo que nos merecemos porque somos gente no animales” “Acérquense vecinos a luchar por lo que es nuestro y a unir las fuerzas para conseguir el agua potable que tanto necesitamos...”. (A los gritos un representante barrial subió a un tanque de agua para convocar a los vecinos. Diario el territorio 25-04-2003).

Más allá de las fisuras en las instancias organizativas del barrio, también existieron nuevos e inéditos procesos de agrupamiento y solidaridad tejidos con fuerza, que sentaron las bases para un amplio abanico de posibilidades de planteamiento e incidencias en las políticas. Incidencias que se realizaron en el marco de un proceso dialéctico e interactivo entre las dependencias gubernamentales y las organizaciones de vecinos. La experiencia de Itaembé Miní señala que las presiones de las organizaciones de vecinos para introducir sus demandas en la agenda gubernamental y el acceso a circuitos decisionales significativos para solucionar los problemas, y el interés gubernamental en construir lazos clientelares (precarios o consolidadas) como estrategia de gobernabilidad, acabaron por converger en un mix para dar lugar al surgimiento de un espacio de negociación incremental. Una arena donde actores tuvieron que generar mecanismos organizativos que recurrentemente rompían con la inmovilidad y la ausencia de propuestas.

Resulta importante señalar que en el complejo habitacional, toda organización barrial o vecinal no se constituyó como una respuesta mecánica y lineal a carencias colectivas, sino que ha implicado un largo proceso de construcción hacia el interior del grupo o de los grupos vecinales. Así, con el correr de los años, en el ideario colectivo de los vecinos, las organizaciones vecinales más allá de ser vistas como el espacio de socialización más cercano entre las familias, comenzó a ser pensada como un espacio para la deliberación y la acción y, en donde el “involucramiento vecinal”, por medio del trabajo comunitario y la gestión ha significado de crucial importancia para lograr cambios y mejoras sustanciales en la incorporación de ciertos servicios.

En un contexto de poblamiento generalizado de Itaembé Miní, la constitución de comisiones vecinales se ha extendido progresivamente a lo largo y ancho del complejo habitacional. Comisiones vecinales que si bien actuaron localizadamente en sus barrios, no obstante, tuvieron como interlocutor común, no solo al Iprodha, sino al gobierno municipal, condición que en principio posibilitó la unificación de demandas, de gestiones y, eventualmente de organizaciones vecinales. En este sentido, en la medida en que la población se incrementaba, las actividades asociativas se diversificaban y la trama de organizaciones se volvía más densa y compleja, fue contribuyendo a la generación de procesos que posibilitaron la formación de alianzas para gestión y discusión de demandas específicas.

En este marco se ideó la Unión de Comisiones Vecinales, del complejo habitacional, constituida por presidentes y delegados de las distintas comisiones de los barrios que conforman tanto el complejo habitacional como otros barrios circundantes de la zona. Esta mega-organización tuvo como objetivo fundamental, no sólo reorganizar el vasto complejo habitacional, sino dar fuerzas a los reclamos/demandas del conjunto de la población que habita en Itaembé Miní. Acciones organizativas que indirectamente implicarían repensar, redefinir y/o transformar significativamente las políticas tal cual se concibieron e implementaron originariamente en el asentamiento.

“Acá nosotros cunado vinimos solo había viviendas, faltaban escuelas, salas de salud… y muchas cosas importante para las familias. Después cuando nos empezamos a juntar todos los vecinos de todos los barrios y mandar notas para todos lados, recién empezamos de a poco a obtener algunas respuestas importantes”. “… pero si no nos organizábamos para debatir que hacer, íbamos a estar todavía abandonados sin nada” (Juan presidente de la comisión vecinal B. Eva perón).

Las juntas vecinales realizadas en este marco, constituyen formas de agrupamiento más complejas que las anteriores y exigen cierto nivel previo de participación y organización de los pobladores. Con la Unión de Comisiones Vecinales, las juntas de vecinos comenzaron entonces a participar en una estructura organizativa superior, con lo que debieron ampliar sus cuadros dirigentes para hacerla sostenible. Como acertadamente señalan muchos autores (Najam; 1999; Villar, 2003) “las organizaciones establecen coaliciones y buscan el apoyo público para lograr promover sus acciones políticas o para oponerse a aquellas que consideran contrarias a su preferencia”.

Las protestas vecinales por el mejoramiento del servicio de transporte de pasajeros, la construcción de salas de atención médica, el abastecimiento de agua potable, recursos para comedores comunitarios etc. serian ejemplos de pedidos dirigidos hacia el gobierno y que suponen lo que las autoridades deben hacer a fin de gestionar e implementar políticas que solucionen los problemas de los barrios. Estos esfuerzos por incidir en las políticas, requieren de capacidades organizativas que puedan ser potenciadas a partir de estrategias participativas y deliberativas articuladas en un campo de arena.

En la actualidad, en el marco de la conformación de un mega conjunto habitacional, carentes de componentes sociales y urbano-ambiental y; como resultado de un desentendimiento implícito del Iprodha en sus competencias, la Unión de Comisiones Vecinales viene planteando insistentes demandas de servicios a la delegación municipal Itaembé Miní y, en los últimos tiempos ha desatado sucesivas discusiones y negociaciones en torno a la solución de los problemas barriales. En este contexto, a través del Consejo Consultivo Municipal se comenzaron a desarrollar diversas e innovadoras modalidades de gestión de políticas municipales, orientadas a la incorporación gradual de componentes sociales para el mejoramiento de los barrios en el complejo habitacional .

El Consejo Consultivo Municipal es el espacio de concertación y negociación en donde se condensan no sólo las demandas sino los problemas y conflictos que se generan a diario tanto en Itaembé Miní como en los restantes barrios de la ciudad. Regularmente se realizan las reuniones del consejo consultivo en la sede oficial de la municipalidad y, al mismo asisten tanto los delegados municipales como los representantes de la unión vecinal y otras asociaciones de vecinos. Como hecho positivo, es importante señalar que la conformación de la unión vecinal posibilitó la construcción de un colectivo unificado de vecinos a fin de reclamar y negociar en bloque las demandas vecinales en tales espacios deliberativos/consultivos.

A partir de la dinámica participativa del proceso consultivo y de la experiencia de trabajo surgen opiniones y propuestas emanadas de los propios actores involucrados en los Consejos, las cuales sirven como insumos para la elaboración de determinadas líneas de acción. En las reuniones efectuadas, la Unión de Comisión Vecinales lleva la impronta de un mecanismo de presión para la negociación y consecución de soluciones. De modo que se han conseguido significativas mejoras en los barrios como el arreglo de calles, frecuente desmalezamiento, recolección de residuos, alumbrado público, recursos para comedores comunitarios etc.

Más allá de una lectura simplista de la Unión Vecinal como una red clientelar establecida a nivel institucional/estatal, para cooptar a las organización más movilizadas y políticamente capaces de desarrollar antagonismos, la experiencia concreta señala el imprescindible aporte de las organizaciones vecinales como mecanismos movilizadores y correctivos en el mejoramiento e incorporación de componentes sociales en las políticas habitacionales. Un análisis más detallado de las funciones que adquirió la Unión de Comisiones Vecinales del complejo habitacional tiene que ver con los cambios relacionados con el aumento de los espacios públicos de deliberación y participación, así como el reconocimiento por parte del gobierno municipal, los vecinos y, las mismas organizaciones de la participación articulada en la generación e incidencias en las políticas/programas.

En este sentido, la conformación de la Unión Vecinal de Itaembé Miní contribuyó a la incorporación de temas en la agenda de los organismos gubernamentales. El tipo de relación que esta forma de organización mantiene o establece con el gobierno y con sus constituyentes, así como el proceso de legitimidad y de credibilidad de los diferentes actores involucrados en el proceso de negociación son algunos factores que están en juego para que la demanda/reivindicación/participación de las organizaciones comunitarias tengan o no efecto sobre el mejoramiento del barrio.


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