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BAHÍAS, DEVENIRES Y HORIZONTES. LOS PERFILES DE MARX, Tomo II

Edgardo Adrián López




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SECCIÓN III

“De forma ... tácita ... condenamos a muerte, simplemente de vivir como vivimos, a ... miles de personas todos los meses en los países pobres”

Cornelius Castoriadis

“(No estoy dispuesto) a dejar (este) mundo peor de (lo que lo he) encontrado”

Timothy Bennett, zapatero del poblado Richmond Park de la Inglaterra de 1790  

Capítulo VI

Con el objeto de efectuar una síntesis(1) del contenido de la Sección II, reseñamos ahora sus partes internas. Entonces podremos sistematizar en una enumeración(2) que se justifica casi por sí misma, debido a la lentitud con la que hemos expuesto los argumentos a lo largo de estos volúmenes que se desplegaron a un ritmo desigual aunque no caprichoso, los múltiples componentes de “infra” e hiperestructura (al interior de la serie de cuatro, existen dos “bloques” de pares: el I y el II, desde un flanco, y el III y el IV, desde otro costado… –Chávez Díaz, 2010 c).

El Capítulo III se inicia estableciendo que la sociedad es, para un Engels verdaderamente lúcido, un conglomerado de fuerzas casi infinitas que retroimpactan a través de causas y azares. Por su lado, base y superestructura diseminan sus efectos por doquier y en consecuencia, los debilitan. En el proceso, ellas son las que terminan socavadas; por ende, no tienen un poder omnímodo a pesar de extender hondas repercusiones.

Nos posamos en una frase de Lukács que estipula que la preponderancia de la economía no se constata de forma directa ni ése es el mejor camino, sino que se comprueba por la resistencia de las relaciones humanas a empantanarse en lo económico. Y si bien las interacciones entre las numerosas potencias que circulan por lo social son estocásticas, tal cual lo esculpe el admirado por Marx, el causalismo estrecho que impera en las comunas del reino de la Necesidad, remarca que una “región” peculiar de la sociedad asuma el papel de “esparcidora” de impactos, poseyendo un subconjunto (la economía) de gran fuerza (ibíd.). Hence que tal vez la “eidola” apropiada para conceptuar el fenómeno sea el del “tumor” que, encapsulado, hace “metástasis” en tejidos distantes.

Por eso es que, a partir de sintagmas “mínimos” provenientes de la nota 29 del Capítulo II, podemos imaginar que la sobreestructura es un re/pliegue de la base, es decir, un plegar de nuevo lo material.

Lo que sucede también es que muchos elementos de lo colectivo, de manera directa o a través de innumerables mediaciones, tienen “lugares” de “amarre” con la economía por lo cual ésta se convierte en un factor “omnipresente” en lo humano.

En un plano coincidente–divergente de lo anterior, se acuerda que la dialéctica “lineal”/no lineal entre basis y sobreestructura es todavía más árida en los momentos de retracciones, crisis y de transición a formas de economía y sociedad nuevas.

Uno de los tempranos resultados del semanálisis del libro I de El capital, es que existen integrantes de la base y de la supraestructura que perduran en varios modos de producción (religiosidad, determinado tipo de propiedad del suelo, etc.). A la “maqueta” del “edificio” podría contraponérsele el de la “avalancha” que, por su movimiento, arrastra algunos componentes y deja a otros casi inalterados.

De lo que se infiere que la supuesta “adecuación” de “infra” y superestructura es una inadecuación. E. g., los innumerables miembros de la base repercuten de forma desigual en los de la hiperestructura. O los elementos que debieran asociarse con los que los condicionan desde la “basis”, no se encuentran históricamente formados. Por lo que si los “eslabones” no pueden encontrarse es porque quizá todavía no se constituyeron. En este caso, la necia pregunta sobre dónde están los “puentes” que deben conducir las retroacciones de la base a la súper/estructura y viceversa, inquiere acerca de algo que históricamente no se conformó y que exige sus pausas. Of course, se entiende que aun cuando muchos componentes pueden estar en proceso de nacimiento ello no obsta para negar la dialéctica estudiada, puesto que (tal cual lo comprobamos en la Sección II) la retroinfluencia en juego no acaece sólo por medio de los cuestionados “puentes”.

En el volumen I de los Bprradores, su redactor profundiza en la idea de la inadecuación, al establecer que elementos supraestructurales como el Derecho Romano anticipaban el futuro, puesto que guardaban una mejor correspondencia con la basis del capitalismo que con las últimas centurias de la esclavitud. Lo que nos permite imaginar que la crítica deconstructiva guarda una relación similar con la base contemporánea: como forma de conciencia encajará mejor con el socialismo (aunque en él no sea viable predicar la dialéctica estudiada –cf. infra). La crítica libertaria se manifiesta como una respuesta racional a las formas de violencia, dominio, explotación, poder, etc.

Todavía más: el arribo de un segmento de las clases dominadas y/o de los grupos dirigidos a una conciencia política que las motive para abrazar la teoría deconstructora, ocasiona que sea factible enunciar que el capitalismo ha llegado virtualmente a su fin. Por lo tanto, un componente de la sobreestructura se ubica si se quiere, allende la dialéctica que tendría que condicionarlo.

Otro ejemplo de no concordancia es la “anomalía” de que teorías que, situadas en el reino de la superestructura, tendrían que “reproducir” los mandatos de la “basis”, no sólo divergen sino que anticipan el ocaso del orden al que debieran afirmar. En contados pensamientos pro statu quo, anida un Inconsciente político que viabiliza atisbar la finitud de un modo de producción que se autoproclama eterno.

El supuesto economicismo de la teoría, refutación que no atempera el economicismo real que aplana a los colectivos humanos, se cuestiona al percatarnos que Marx habla de “modo social de producción”. A su vez, el problema de los “eslabones” que “trasladan” los efectos de la base hacia la hiper/estructura y viceversa se resuelve en parte, sopesando que la basis es una especie de marco semántico epocal que dona los objetos que tematizará la supraestructura y que por ende, limita lo que puede ser articulado por ella.

A partir de lo sostenido respecto a que “regiones” de lo social ignoran lo que acaece en el resto, se puede articular un modelo de dialéctica basesuperestructura afincado en la circulación de “paquetes” de información. Esa metáfora adquiere otros rasgos, si entendemos que estos datos guardan una interacción “a distancia” y casi instantánea, de manera que el bloque es similar al espacio–tiempo cuántico.

A partir de las reflexiones en torno a unas citas, se aboceta a la sobreestructura como un “estados de cosas” moral, político, jurídico, intelectual, etc., i. e., un estado retórico, semiótico y de pasiones. Por analogía, la estructura también es un “conglomerado” de cosas significadas.

El regreso al tomo I de la serie que enfoca al valor autocrático demuestra que, como lo delineamos en el Capítulo II, no hay una “ecuación” entre “modo de producción”, “economía” y “base”. Se establece por igual que la superestructura es una mediación que interviene activamente en la reproducción de la basis, de la dialéctica entre ella y su correlato, y en la autoconservación de la sociedad-globalidad.

Por añadidura, la sugestiva hipótesis de la base asociada al universo que la influye anhela explicar por qué existen tales y cuales instituciones, ideologías, etc. Por qué se aprecian enlaces entre los procesos vitales subjetivos, inmateriales, semióticos, y los procesos vitales objetivos, materiales, rudamente concretos (ver la inquietud de Morton Eden). Au fond, es una apuesta esencial para explanar fenómenos en las Ciencias Sociales y en las Humanidades. Y eso remite a cuestiones de mayor alcance, tales como en qué organización se despliega con eficacia la riqueza, por qué las dialécticas colectivas se estrechan en estructurasupraestructura, etc.

Así, es oportuno imaginar que “proceso vital” y “ser social” no son equivalentes a “basis”, y que “conciencia social” e “inteligencia colectiva” no son sinónimos de “superestructura”, pero quizá las dialécticas pluridimensionales entre proceso vital y ser social (a), entre proceso de vida y conciencia general (b) y entre ser social e inteligencia comunitaria (c), acaban encofradas en el feedback entre base y sobreestructura (d).

Por lo demás y en virtud de que las condiciones generales de vida y los medios empleados por los agentes para autoproducirse son definidos de una forma amplia, acaso haya que imaginar que la dialéctica abstracta entre condiciones y medios resulta empequeñecida a una “simple” dialéctica entre basis e hiperestructura.

En la misma línea de isotopías, es dable afirmar que las fuerzas colectivas en general y las fuerzas de producción en particular son tan pluridimensionales, que no resultan aptas para agostarse en base y sobreestructura (ibíd.).

El “modelo” alterno a la metáfora del “edificio” es el de dos “cámaras” que “aumentan” la violencia de las interacciones entre los elementos “comprimidos” (éstos serían “gases”). En él, lo importante no es qué “recinto” está por debajo de cuál sino cómo encajonan lo etéreo, flexible, blando, “gaseoso”, etc. en formatos brutalmente simplificados.

No obstante, los hojaldres en juego son esenciales para la reproducción del colectivo. Pero lo que es “determinante” en última instancia, es la sociedad autoinfluyéndose a través de desiguales terraplenes con funciones distintas.

En la segunda obra de El capital axiomatizamos que el materialismo, causacionismo y economicismo violentos que rigen la existencia de los individuos, ocasionan que el relato histórico deba escribirse teniendo en cuenta las épocas económicas por las que atravesó una sociedad. Y en virtud de que los usos del trabajo poseen un rol central, se convierten en medulares para sintetizar en palabras una “fase” compleja. A pesar de lo enunciado, Marx no deja de subrayar que es Adam Smith el que cree casi ciegamente en lo dicho, por lo que se debe ser cauteloso en la aplicación de esa premisa.

Después, profiere que la economía, que es uno de los numerosos miembros de la basis, es acentuadamente mecanicista por lo que su torpeza y linealidad intrincadamente constituida, acciona en el resto de los segmentos remisibles a la base y a la superestructura. En una coda del volumen III, expresa que a través de la mediación de la economía lo social se “convierte” en social.

La cuestión es que su causacionismo interfiere a tal extremo en la dinámica comunitaria, que acaba por “contagiar” de mecanicismo a buena parte de sus devenires. Sin embargo, la colectividad es un “tipo histórico” y no sólo una “clase económica” de orden.

Pero el materialismo grosero de la economía y de la basis, lleva a suponer que en una comuna libertaria no tendría que haber ni economía ni base ni sobreestructura (empero, lo concluido no se ubica en el registro de las sentencias firmes). Hinc no tenemos porqué creer que los hombres vivirán “basificados” en sus prácticas y “supraestructurados” en las intelecciones de sí, de los otros y del mundo. Por lo demás, existen procesos de totalización por los que la “basificación” y la “superestructuración” suman grosor a sus murallas.

La hiperestructura es abocetada como una “máquina” para significar y construir tiempo e historicidad. Por su lado, idéntica proposición es atribuible a la “basis”. Sería legítimo entender que las dos esferas son instrumentos para capturar tiempo y colocarlo al servicio de la complejización del tesoro. Sin embargo, también son desvíos que desaprovechan los ritornelos temporales. Son formas que apuntalan la “esencia” corrosiva del tiempo y que impiden que los individuos puedan resistirla.

Ahora bien, el retroimpacto es disímil según los ritmos de los que se trate (detallamos las cadencias históricas que pueden concebirse; son útiles a la hora de pensar la dialéctica en lid).

En un terreno similar, es legítimo enunciar que el conjunto analizado genera un “efecto de sociedad” típico. El “modelo” para pensar la “propagación” del efecto es la del encendido de un fósforo, el cual puede ser elongado para interpretar la dialéctica desgranada.

Pero si es factible creer que existe un “efecto de sociedad” diseminado por el bloque histórico en juego, entonces (por una serie de inferencias) constatamos una génesis extraeconómica de la economía (que es un elemento de la “infraestructura”).

En el tomo III, quien abandonara el Partido Comunista es prístino acerca de que si podemos conceder que, para compartir un punto de vista ampliado respecto a la recomendación metodológica de Smith (cf. supra), la base “determina” a la sobreestructura, ésta golpea en quien la impacta (impide el levantamiento de los oprimidos porque los “domestica” y los hace asumir acontecimientos que son insoportables). Ambas esferas se condicionan y refuerzan su “determinismo”. En especial, la supraestructura afirma dogmáticamente a la basis.

Sospechamos que ese mecanicismo en la hiperestructura, puesto que es el cosmos de lo exquisitamente semiótico o espiritual, torna viable cuestionar que en lo simbólico, en el hojaldre del ejercicio de las capacidades superiores, etc., lo causal sea tan recio como en la subestructura. El “sociólogo” engelsiano no se alegra por el diagnóstico; al contrario, demanda una nueva sociedad en la que no haya causas diseminadas por doquier, en particular, en el nivel de lo subjetivo. Porque si aquéllas son hasta cierto punto “ineludibles” en el estrato de lo concreto, tendrían que esquivarse en el de lo espiritual.

A partir de la constatación de que existen elementos/base causalistas y componentes-base “contextuales”, podemos inferir que:

i- la basis cuenta con segmentos que son superestructurales con relación a los dos elementos/base citados (f. e., la ostentación que surge de la posesión de dinero);

ii- la infraestructura posee devenires de significación (el capital se comporta como un amo);

iii- muchos de esos miembros sobreestructurales y de las semiotizaciones aludidas, son integrantes de la superestructura invaginados en la “basis” (v. g., el Estado);

iv- a su vez, la hiperestructura posee elementos que son la base de otros (las leyes de oficios medievales que fuerzan una determinada socialización);

v- por ende, algunos juegan el papel de componentes supraestructurales en relación con los del ítem iv);

vi- como en iii), encontramos miembros de la basis que son parte de la hiperestructura (f. i., la mercancía en la etapa del trueque desarrollado);

vii- por fin, existen segmentos de lo humano que no son atribuibles a ninguna de las dos instancias y que son una “amalgama” que las cohesiona, lo que depende no de su “en sí” sino de la función que cumplan según la época (e. g., los mass/media, las ciencias).

En el libro 1 de las Teorías... la superestructura es caracterizada a manera de un “archivo” y epistème foucaultianos que limita lo que puede ser dicho, observado, pensado, etc. (es un Metainterpretante). De lo que intuimos que el bloque histórico de base/supraestructura es una frontera que constriñe(3) a varones y mujeres; supone grados de libertad empobrecidos. Por lo que, al tiempo que son estrategias para desplegar la economía, las fuerzas genéticas, una biosfera humanizada, el pensamiento, etc., son enormes obstáculos para el libre desenrollarse de las aptitudes de los agentes.

Incluso, están articuladas para proteger el dominio de los privilegiados. Aún más, en cuanto esferas son poder en sí. However, es casi un alivio que las potencias de la acción se hayan desenvuelto de manera mediocre; bien podría alucinarse lo que habría ocurrido si sus fuerzas hubieran sido de mayor envergadura.

Hablando de la división del trabajo, el amigo de Engels nos mueve a imaginar que quizá basis y superestructura sean el resultado de un gran reparto de funciones: a partir de ella, el sistema legal, las artes, las ciencias, estimulan la génesis material de tesoro y a los individuos. Sin embargo, de lo que se trata es de la autoproducción de los hombres a través de las labores y de sí mismos. At all events, el problema consiste en que se autoinfluyen por un desvío irracional, por la injerencia de la base e hiperestructura.

Empero, aun cuando los agentes no puedan autocrearse sino por las mediaciones que representan los dos caosmos, en la Historia distorsionada de la especie se explicita que los individuos son la “basis” de todo lo social. La importancia de mujeres y varones es de tal magnitud para el esposo de Jenny, que ni siquiera el arte es el paradigma último de la productividad: son los hombres policromos el modelo de cualquier tipo de praxis, incluido el trabajo. Por donde las tareas devienen nucleares debido al materialismo torpe del que no pudimos emanciparnos. Sirva lo que razonamos para impugnar una acusación de Habermas, consistente en reconocer que el joven Marx acepta que el arte es la “estrella polar” de las facultades creadoras de los individuos (1989 c: 482): si con ello nos ahorramos la demostración de que el trabajo no es central, perdemos cuando el epígono de la Escuela de Frankfurt critica el supuesto romanticismo metafísico que pulsa en esa imagen del hombre.

En otro eje de isotopías, base y sobreestructura son órdenes de materialidad por lo que la segunda no sería únicamente el reino de lo “mental”; sería el registro de un concreto espiritual, esto es, un concreto espiritualizado por significaciones. Inversamente, son mesetas de “inmaterialidad” de desigual consistencia: mientras la basis cuenta con integrantes que la significan, la hiperestructura en pleno transpira lenguajes.

En el volumen 2, reitera una noción que había anticipado: las clases dominadas y en general, los conglomerados dirigidos son el “piso” aplastado para que las clases apropiadoras y por extensión, los grupos hegemónicos se desarrollen en toda su plenitud. De lo que concluimos que la base es producto de un movimiento de “basificación” y por analogía, que la supraestructura es resultado de un proceso de superestructuración.

Idénticamente a Engels, su amigo concibe los fenómenos de la basis y por inferencia, los de la hiperestructura con apoyo en cadenas de retroimpactos; así, la metáfora conceptual que enriquecería a la del “edificio” sería la del interaccionismo y la del sistema.

En el Capítulo IV, finalizamos la exposición de la unidad previa con el estudio del tomo 3 de las Teorías sobre la plusvalía.

En ese volumen, podemos hallar una de las tantas alusiones a que la superestructura posee un papel legitimador y de eufemización de la inequidad. Pero eso no justificaría que se alucine que la hiperestructura es un “bulto” que se ubicaría “encima” de la base; por el contrario, palpamos razones esenciales que indican que la sobreestructura no está “distanciada” de su correlato, de manera que en más de una circunstancia la infructuosa búsqueda de los “eslabones” no sería ineludible.

El parágrafo anterior nos habilita para dibujar una hipótesis genealógica: hay superestructura en virtud de que los desgarros en el orden simbólico y material del dominio, explotación, poder y jerarquía no son disimulables por la basis misma; ésta requiere del auxilio de los signos.

En un estrato disímil, la sobreestructura se vuelve necesaria porque desde la base no es factible que los individuos atareados puedan comprender las dinámicas de lo humano y de la Historia. Las ciencias son un intento de codificar los logros alcanzados en ese terreno: vuelven consciente el nexo de los agentes con su devenir.

Situados en otro ángulo, que el trabajo improductivo de los sacerdotes se integre al seno de la producción (por ejemplo, a través de la conciencia de los fieles que son explotados y de los que apropian plusriqueza), nos trae como eco la imagen del “tejido” para metaforizar la dialéctica estudiada. Lo que puede completarse con el modelo de “pregnancia”.

Por añadidura la basis es lo objetivo que acaba objetivado y subjetivado; la superestructura, lo espiritual, también. Se comprueba una objetivación objetiva de lo subjetivo, y una espiritualización, afincada en el plano de lo subjetivo, de lo concreto. La estructura y su correlato son modos de objetivar, en el registro de lo “externo”, lo subjetivo, y de internalizar, en el estrato de lo espiritual, lo objetivo. Son formas objetivas/subjetivas de vida; base y sobreestructura son una viviente organización, i. e., procesos vitales. La basis es una asociación objetiva y su correlato es una asociación subjetiva.

Por otro lado, lo subjetivo es lo que está en proceso de objetivación y lo que cuenta con alternativas abiertas; al contrario, lo material es lo subjetivo que se cristalizó. A lo que se agrega que el obrero asalariado que acrecienta capital nos enseña que lo subjetivo es lo no–objetivo bajo aspecto objetivo; se infiere que lo concreto será lo no/subjetivo con forma subjetiva. Finalmente, en las comunas desgarradas en base y superestructura los individuos son lo subjetivo separado de su objetividad, y lo objetivo escindido de su subjetividad.

En síntesis, los agentes se duplican en el plano de lo concreto y de lo inmaterial. De lo que es justificado deducir que respira un desdoblamiento por el cual si la sobreestructura es un modo de producción inmaterial de lo abstracto, la basis es un modo de producción concreto de lo material.

Luego menciona que algunos movimientos asociados al capital acaecen con la dinámica de las olas, por lo que es dable inferir que al esquema rígido del “edificio” se le opone el acuoso de los fluidos. Este modelo es apuntalado con los lexemas “flujo” y “reflujo” que Marx emplea para el valor automático. Concluimos que la sociedad “ideal” tendría que ser un ambiente en el que sus elementos fueran capaces de transitar, como si se movieran en un líquido o en un gas de densidad escasa.

El paradigma “molecular” es enriquecido con el de los sedimentos: base e hiperestructura son precipitados.

Ahora bien, finalizado el lento análisis de los tres tomos de las Teorías... principiamos con los tres volúmenes de los Grundrisse.

F. e., en el libro I nos sale al cruce un modelo afincado en lo que sería acertado nombrar “interaccionismo simbólico”, puesto que el deconstructor de Proudhon, advierte que el funcionamiento del lenguaje es idóneo para aprehender la lógica de la sociedad, al menos para abordar algunas cuestiones “sociológicas”.

En un sintagma breve delinea que la superestructura es una instancia que desdobla su fuerza: tiene un elemento material y otro semiósico. Hinc la dialéctica entre los universos en escena no es una retroinfluencia entre dos grandes conjuntos, sino entre cuatro: lo material y espiritual que anida en la basis; lo inmaterial y concreto que palpita en la sobreestructura (de paso, la noción es coherente con el lucrecianismo del cercado por las instituciones). Por añadidura, el correlato de la estructura es caracterizado como una base elevada a una segunda potencia, por lo que es una hiper/base.

Cada ambiente se apropia el mundo con su lógica: la basis, de forma material; la supraestructura, a través de lo espiritual. Sin embargo, la base también puede asir lo “exterior” mediante intelecciones: bajo determinadas circunstancias, lo jurídico es una clase de relación intersubjetiva para la génesis de tesoro. Y si lo jurídico implica una semiotización del mundo, acaso las relaciones comunitarias para suscitar riqueza sean instancias de semiosis.

Pero si “infra” y superestructura eran el producto de una gran división de las tareas, resulta que dichos universos fijan a los hombres a funciones acotadas.

En otro terreno, base e hiperestructura pueden conceptuarse apelando a la “eidola” del arcoíris, i. e. del espectro electromagnético.

A partir del comentario sobre Alfred Darimon, Marx arriba a corolarios epistemológicos importantísimos: si la estadística es una herramienta eficaz para tratar con promedios y con el horizonte de encontrar un patrón entre cantidades y procesos manieristas, en simultáneo nos advierte que no todo lo complejo puede ser traducido a cadenas causales, a órdenes inteligibles, a leyes(4) uniformes, etc. No todo lo que es estocástico puede reducirse en significantes y/o cantidades que lo ordenen.

Frente a la naturaleza indómita de lo estadístico, el recurso que queda es el de las hipótesis de elevado nivel de abstracción, como la de la dialéctica basis/sobreestructura. Permitiría conceptuar los casi infinitos procesos de las formas de economía y sociedad, esquivando la multiplicidad ingobernable de los matices (ídem). Pero no sería más que orientadora; no tendría que hacernos olvidar que de cualquier manera, lo estocástico sigue “ahí”. Por añadidura, los claroscuros que complican lo colectivo posibilitan que sea viable fugar de estructuras comunitarias que reproducen sin cesar un materialismo poco refinado.

Continuando con la polémica de las innovaciones del francés en escena, el suegro de Aveling establece que no todos los cambios que ocurren en la superestructura se deben a alteraciones que suceden en la base. Por lo tanto, el causalismo que comunica las esferas no tiene lugar de elemento a elemento. Y si fuera poco lo antedicho, el lucreciano advierte que los componentes de la basis no necesitan ser de gran envergadura para suscitar enormes efectos.

Empero, lo que acaso haya que apreciar en estas elucidaciones no es el principio weberiano (1994) respecto a que los cambios pueden ser provocados por cualquier grupo de factores y que ninguna “zona” de lo social tiene preeminencia sobre el resto (en obvia crítica al supuesto economicismo de Marx –que siempre ha sido el mecanicismo de los que lo interpretaron), sino que los miembros de la economía v. g., puedan ejercer surcos tan hondos en lo colectivo siendo minoritarios.

Ahora bien, uno de los eslabones que diseminan los impactos de un cosmos a otro son los intereses, las alucinaciones por los que se mueven las clases y los aglomerados: las illusio en juego, les dificultan a los “pulsionados” apreciar los automatismos sociales e inconscientes que los condicionan (Bourdieu), y los hacen actuar de tal y cual manera(5). En la expansión de las influencias poseen un rol clave los procesos, mecanismos, etc. que llevan a coincidir las estructuras estructuradas con las estructuras que estructuran. F. i., es lo que realiza la división del trabajo al reproducir a los individuos en sus posiciones sociales.

A partir de un aserto sobre el capitalismo, es creíble deducir que la “infraestructura” y su correlato son ambientes que favorecen la subordinación de varones y mujeres a cualquier tipo de contingencias, que remarcan la sobredimensión de las cosas y que acicatean el crecimiento del poder de los entes que así devienen objetos/poder.

Después de pincelar que hallamos categorías igual de abstractas que “modo de producción” para demarcar épocas, expresa que hay una productividad humana. Hinc inferimos:

a. que “productividad” no es un concepto que se asocia a economía y labores;

b. que, por el contrario, el “índice” de productividad es un “indicador” de creatividad que absorbe innumerables aspectos subjetivos;

c. que la productividad anclada en el trabajo es apenas un pálido “reflejo” de creatividades más profundas y de valencias múltiples;

d. a su vez, si la productividad liada con las tareas es un miembro de la basis tanto más la creatividad multilateral. En el fondo, esa productividad sería, junto a los hombres en sí, la “archi”–base de cualquier extenderse.

e. Si pudiésemos sostener que los modos de producción que advinieron hasta hoy son “estadios de subordinación”, y si ponderamos que integran la basis, por una serie de deducciones podríamos argüir que los bloques de base-superestructura son también “estadios ser/viles de vida” ;

f. basis y sobreestructura son pues, condiciones que limitan la productividad humana en general y la creatividad de las labores en particular.

g. No obstante, si habrá que contemplar la posibilidad de un estadio que no sea la “misma vieja cosa” a los fines de no resignarnos a que sólo se vaya de una forma de dominación a otra, entonces ese tiempo será una etapa en la que la productividad humana, la creatividad de la que son capaces los individuos no encontrarán boundaries bajo las figuras de la base y de la hiperestructura. Id est, no habrá base y superestructura.

Encontramos un vuelco inesperado en el empleo del lexema “basis”, cuando afirma que el bloque histórico de la dupla analizada es en sí una base. De donde será sencillo justificar que la totalidad en su conjunto operará como una fuerza de producción.

Hablando de lo ilógico, el “sociólogo” engelsiano nos habilita para entender que basis y sobreestructura son concebidas en tanto que estrategias para normalizar las incoherencias sin perjuicio de alimentarlas.

Atentos al tiempo que se libra a medida que las fuerzas productivas crecen, se abre la alternativa de articular una hipótesis genética acerca de por qué existen las esferas que estudiamos. Si la creación de excedente y la disposición de tiempo libre, posibilita que mujeres y varones sean hábiles para abultar sus cualidades; si la inversión de una cuota menor de energía, materia, fuerzas, hombres, recursos, etc. en los sectores I, II, III y IV, ocasiona que los individuos puedan diversificar sus acciones, entonces base e hiperestructura surgieron porque los agentes contaron, en paralelo a ganarse el sustento, con la posibilidad de afanarse en suscitar semióticas, instituciones, lenguajes. [axiomas científicos]

A partir del concepto de que los valores de uso son aptos para donarse consistencia, inferimos que en algún incierto instante de los comunismos arcaicos los elementos capaces de otorgarse coherencia se aglutinaron en factores-causas; otros se encargaron de significarlos [hipótesis especulativas]. Por su lado, los componentes sociales que “ocuparían” el “lugar” de la “infraestructura” harían que ésta fuese una especie de “amortiguador” que absorbe las disrupciones sistémicas.

Si el categorema “base/superestructura” muestra su flexibilidad explicativa es cuando la noción canónica de “estilo para suscitar riqueza”, endiosada por los marxismos ortodoxos, no puede dar cuenta de fases de transición tan intrincadas que no son subsumibles en ella (empero, la idea no es una premisa que sea parte de las adquisiciones firmes). El bloque histórico es sinónimo de “formas de economía y sociedad”.

En el Capítulo V se analizan los tomos 2 y 3 de los Borradores.

El primer enunciado significativo del volumen 2 es el que estipula que basis e hiperestructura son un “ambiente” propicio para que se instauren, refuercen y multipliquen las causas [silogismos asignables a la ciencia]. Obviamente también para que, por medio de una “circularidad1”, las interacciones entre esos gigantescos universos se encajonen en causas [proposiciones osadamente especulativas]. A su vez, esta circularidad2 ocasiona que las causaciones alimenten su poder (figura 12):

Uno de los hechos que subraya el causacionismo entre los registros en escena, es que la superestructura consume tesoro sin suscitarlo por lo que depende para su conservación, de una base “proveedora”. [retomamos el estrato de lo canonizado por las instituciones, como científico]

Caracterizando la imprenta como fuerza de producción y en cuanto miembro de la supraestructura, extrajimos el corolario de que no es la basis sólo la que disuelve formas de economía y sociedad, sino que la hiper/estructura puede por sí misma corroer los “pilares” de un colectivo al extremo de incubar una transición hacia otra fase en la historia de la riqueza. Aspectos superestructurales pueden ejercer influencias que los asemejan a factores “basificados”.

Lo que quiere significar que los ritmos históricos dependen del “esqueleto” de la súper/estructura, de la estructura de la basis y de la naturaleza de la dialéctica entre ellas. Por eso es que son las investigaciones puntuales las que deben orientarnos para dilucidar en qué períodos la base, sobreestructura, los dos niveles tienen dominancia o algunos de sus integrantes en vez de otros.

De la concepción del Estado(6) como costos (innecesarios) de producción, es dable elucubrar que la basis e hiperestructura mismas son gastos superfluos para la autoconexión de los hombres consigo, autorrelación que se torna difícil por la interferencia de tales esferas. Pero a partir de aquí se nos presenta una torsión inaudita: análogamente a lo que sucede con el capital, cuando es definido por Marx como una fracción de la autorreproducción de los hombres, la base y por cadena de argumentos, la superestructura son apenas un segmento de la autogénesis de varones y mujeres.

A partir del concepto de que la ciencia es riqueza ideal y práctica, explanamos que (tal cual lo subrayamos) mientras la basis es tesoro concreto, la sobreestructura es riqueza inmaterial. In fact, base y supraestructura son modos de objetivar el espíritu social de los individuos. Indican en qué grado se desenvolvieron los agentes o hasta dónde fueron capaces de expresar sus cualidades.

Pero ¿en qué etapas observamos una distinción más tosca entre los dos hojaldres? El suegro de Longuet, opina que en el capitalismo las interacciones, e incluso las diferencias, entre basis e hiperestructura son menos contrastantes(7) que e. g., en los colectivos pre burgueses.

Luego establece algo que tradujimos en “jerga” psicoanalítica: lo que puede ser esencial para la lógica económica (como la competencia en el capitalismo), no es per se la verdad del resto de la base. Lo que implica que lo que marca las pausas en la economía no es sí o sí, principio estructurador en la basis(8). Mas los factores que fungen como puntos de partida organizadores, ocasionan que la base no sea sólo causa (si fuera ése el hecho), sino que es causa causada. En los términos de un olvidado Sartre, es una causa que es efecto de sus propios efectos (1968 fiii: 185).

En lo que cabe a la dialéctica tematizada, la basis condiciona a la sobreestructura porque es su verdad, i. e. es el principio que la vuelve inteligible. Pero en virtud de que la base era causa causada, la superestructura es la verdad de su correlato o lo que evidencia su naturaleza en tanto subestructura.

Terminamos el comentario del libro II de los Borradores, con las ideas relativas a los paradigmas alternativos al del “edificio”. Mientras el “político” epicúreo habla de los trastocamientos sucesivos que efectúan la superestructura y la base, concluimos que la nueva metáfora categorial es la de una serie de espejos dispuestos de tal modo que unos y otros subvierten las “eidolas” enviadas.

Puesto que los sintagmas aislados del tomo 3 son reiteraciones de axiomas ya transcriptos, los obviamos.

A los fines de redondear la síntesis, glosaremos algunas de las hipótesis genealógicas que señalarían razones por las cuales las asociaciones humanas se autopondrían en la Historia, apelando a hojaldres erosionados mutuamente.

Una de ellas fue adelantada a medida que desenrollábamos el presente capítulo. A partir de lo que redacta Maurice Godelier (1976 b) sobre Karl Polanyi (1976 a), sugerimos que las esferas recurrentemente citadas juegan roles en la reproducción/estabilización–disolución de las sociedades/sistemas. Son en simultáneo, “herramientas” por las que las diversas instancias de articulación de lo humano se engarzan unas con otras.

Otro eje es el que nos sale al cruce en el volumen I de los Grundrisse, cuando Marx aboceta que a medida que las totalidades colectivas abultan su complejidad y el número de planos conectados entre sí, la riqueza acaba intermediada por tal enmarañamiento. Desde cierto ángulo, puede idearse que basis y supraestructura son los grandes “cúmulos” por los que el tesoro se interrelaciona consigo. Incluso y sin exagerar, es viable concebir que los niveles por los que la riqueza se autoengarza son tesoro, por lo que la base y su correlato son riqueza.

Por otro lado, es legítimo creer que la aparición de nociones/ídolos que dominan a los hombres torna factible arriesgar el nacimiento de “sub” e hiperestructura por el costado de la hegemonía de lo abstracto. Así, la preponderancia de lo semiósico con el carácter de “anteojeras” se debe a un proceso general por el que las condiciones materiales de vida, al no ser controladas, se duplican en abstracciones/poder.

Segundo, halla su causa en que los sistemas de significación, de ser dependientes de los individuos, se alejan de su capacidad de recusación.

Tercero, porque los procesos no afloran de manera “cruda” sino significados.

Cuarto y tal como lo anticipamos, en virtud de que actúan mecanismos por los que las estructuras estructuradas u objetivas, tienen que ser convertidas en estructuras que estructuran, esto es, deben internalizarse y naturalizarse.

Quinto, los elementos de la sobreestructura (en particular, las ideologías y otros sistemas simbólicos) dominan a los individuos a raíz de que existen obreros improductivos, sectores independientes y/o miembros de las clases dominantes encargados de semiotizar el mundo.

Las clases apropiadoras de riqueza, tal como lo suscribimos, se ocupan de expandir sus versiones acerca de los planos que componen la sociedad, de los dilemas que se tienen que resolver, de las luchas entabladas, de los regímenes, sistemas y formas de gobierno “adecuadas”, etc. Por lo demás, los procesos semióticos influyen en las confrontaciones acaecidas porque les otorgan un “ropaje” ideal.

Por último, las potencias humanas se invisten de significaciones que las tornan axiomas cuasi divinos. De lo que inferimos que:

a) la superestructura se gesta a raíz de que los individuos son impotentes para evitar que sus condiciones de vida, se anquilosen en sistemas semiósicos;

b) de lo que a su vez argüimos que la “subestructura” aflora, porque los agentes no consensúan acerca de los objetivos orientadores para la génesis de tesoro;

c) en la basis acaecen procesos supraestructurales, en virtud de que la debilidad de los poderes humanos frente al automatismo de las condiciones de existencia, le impide eludir la “duplicación” de la crudeza de los fenómenos de la base en estructuras significantes.

Mas lo precedente, no hace lugar a lo que objetara Collingwood respecto al “modelo” marxista. Según el comentador de las líneas historiográficas

“(la) posición marxista ante la historia tiene ... la debilidad de la de Hegel(:) ... elegir un aspecto de la vida humana [el político en Hegel, el económico en Marx] como si este aspecto por sí solo fuese plenamente racional” (1984: 125-126). Aparte que lo que mostramos desmantela lo citado, no es exacto siquiera con relación al pensador germano puesto que el autor de la Fenomenología en sus escritos de juventud opina que

“... (las intolerancias) de todo tipo ... (son) irracionales artículos de fe y acciones inhumanas (que se valen) de la razón y el derecho” (1978 c: 43). Garaudy, antes de convertirse en posmoderno, sentenciaba que para Hegel “... todos los fenómenos históricos, desde la economía (hasta) ... la filosofía, son en profundidad independientes y constituyen manifestaciones de un desarrollo único, el del Espíritu Universal ...” (1973: 152). Obviamente, éste no es el caso del suegro de Lafargue.

Ahora bien, con las conclusiones así resumidas y tal cual lo anunciamos, estamos en condiciones de enumerar los desiguales integrantes de la “infra” y sobreestructura que fueron asomando (habrá otros que postularemos con la excusa de explicitar los asociados a los elementos más “clásicos” –Cuadros && y &&):

Componentes de la base

Partes vinculadas con aspectos sociales

1- Los hombres.

2- Su existencia social.

3- La oposición entre tiempo de vida y tiempo de producción (tensión “capturada” y “traducida” por la economía).

4- La contradicción entre trabajo y goce.

5- La norma valor.

6- La dialéctica sociedadNaturaleza.

7- La interacción hombre/otro.

8- La praxis (en especial, la tarea).

9- La separación entre praxis autocontrolada y condiciones materiales.

10- El obrero colectivo.

11- Los cuatro momentos de la vida social.

12- La compleja dialéctica entre fuerzas genéticas/modo de producción-relaciones humanas.

13- Las distintas relaciones de violencia con el otro (explotación, dominación, redes y juegos de poder, vínculos jerárquicos, etc. –Marx y Engels, 1975: 112).

14- La oposición entre los conocimientos, la inteligencia, y la voluntad de los obreros improductivos (en especial, de los creadores y reproductores de semióticas) y la capacidad intelectual de la producción.

15- Las fuerzas creativas humanas esenciales (la gracia, la alegría, el amor, etc.).

16- Los órganos/sentidos socializados.

17- La producción de la vida material.

18- Las condiciones de la producción.

19- El valor de uso.

20- El mundo material.

21- Las necesidades e intereses.

22- El grado de cooperación y solidaridad.

23- La población y su lógica demográfica.

24- El derroche de vidas humanas.

25- Las clases sociales.

26- Las luchas de clases (nota 26, p. 909).

27- Las relaciones de parentesco en general.

28- La familia.

29- Las características de la fuerza laboral.

30- Etc.

Elementos relacionados con aspectos subjetivos

1. La necesidad de necesitar al otro.

2. Los procesos de subjetivación.

3. Los deseos y las pasiones en general, y los deseos y las pasiones negativas en particular.

4. Las actividades de la fantasía, de la mente y del corazón humanos.

5. Las relaciones con el otro.

6. Las formas del “sí mismo”.

7. Los modos para el cuidado de sí (Foucault).

8. Los componentes de una “ecología afectiva” (aire, luz, espacio estetizado, entre otros).

9. La sexualidad.

10. Las relaciones entre los sexos.

Componentes conectados con un Real que se opone

1) La riqueza como tercer poder.

2) La Naturaleza.

3) La materia y la energía.

4) El azar y la necesidad.

5) Lo irracional.

6) Las miserias y calamidades.

7) La anarquía de la producción (acentuada en el régimen burgués).

8) Los desajustes que ponen en riesgo la continuidad de un sistema.

9) Las crisis cíclicas (predicables respecto del capitalismo).

Elementos referidos a lo “económico”(9)

1- Tiempo de faena necesario y tarea imprescindible (contradicción absorbida por el caosmos económico).

2- Plustarea y tiempo de labor por encima de lo imperativo (ídem).

3- Las relaciones entre el obrero y el producto, y entre el trabajador y la producción.

4- Con ciertas salvedades, los disímiles regímenes de propiedad.

5- Las oposiciones entre labor pasada, acumulada, objetivada y muerta, y entre tarea presente, viva y subjetiva.

6- Con determinadas restricciones, el trabajo.

7- La producción (ídem a lo anterior).

8- El proceso “metempsicótico” por el cual el valor de uso deviene valor de cambio.

9- La mercancía.

10- La tensión entre ambos.

11- Las distintas clases de divisiones de las tareas (ídem).

12- La industria.

13- El comercio.

14- El mercado mundial (en el caso del capitalismo).

15- Los medios de producción y/o sus combinaciones sociales.

16- Los “enclaves” imperialistas.

17- La fuerza laboral como mercancía.

18- El dinero.

19- El valor/capital.

20- Los sistemas de irrigación.

21- Etc.

Componentes de la superestructura

Elementos institucionales

1. Instituciones encargadas del gobierno social.

2. Instituciones que aseguran la reproducción de la sociedad.

3. Instituciones que aseguran la distribución de la riqueza.

4. El Estado.

5. La burocracia.

Componentes vinculados a relaciones de poder

1) La política.

2) El derecho.

3) Las formas de gobierno.

Elementos referidos a axiologías e ideologías

1- Religiones.

2- Sistemas morales.

3- Filosofías.

4- Arte canonizado.

5- Habitus (Bourdieu).

6- Tradiciones.

7- Costumbres.

8- Hábitos.

Elementos que son representaciones y objetos socialmente significados

1. El alma.

2. La muerte y el tiempo.

3. Los dioses.

4. El dinero.

5. Etc.

Componentes comunes a basis e hiperestructura

1) Los llamados “bienes internos” tales como la inteligencia, la voluntad, la creatividad, etc.

2) El lenguaje.

3) La educación.

4) Ciencia y técnica.

5) Las formas de arte que estimulan a los bienes internos.

6) Los medios de comunicación y transporte.

Como puede observarse, los miembros de la base son no únicamente más numerosos que los del microcosmos de la economía, sino por igual que los remisibles a la superestructura. Si fuese válido el criterio, podríamos argumentar que la masividad de los elementos acreditables a la infraestructura ocasiona que ésta adquiera dominancia (aunque sea estadística) sobre la segunda (empero, no hay que olvidar los incontables claroscuros subrayados).

No obstante, el listado ofrecido no agota lo que pueda haber en el “archivo” infinito de la Historia ni pretende cristalizar la basis y la supraestructura en los elementos enumerados. La finalidad es llenar el “vacío” que los distintos marxismos dejaron al tematizar la dialéctica en escena, pero no son operativos si no se los encuentra “en acción” en las formaciones de economía y sociedad particulares: el pedestre trabajo del historiador es el que determinará si habrá que desechar componentes o añadir algunos inesperados. Of course, podrá dictaminar si los que hasta el momento de la investigación de un caso concreto se evaluaban como pertenecientes a una esfera dada, funcionan en la opuesta.


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