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BAHÍAS, DEVENIRES Y HORIZONTES. LOS PERFILES DE MARX, Tomo II

Edgardo Adrián López




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NOTAS

(1) Arno Peters, elogiado por Dieterich Steffan como historiador, economista y matemático de envergadura, se apropia de asertos del oriundo de Germania y tergiversa los que le corresponden a quien ataca de forma desleal, según los parámetros por los que nos regimos en el ámbito científico de la polémica de ideas.

Primero, ofrece una versión de la dialéctica base/superestructura que no sólo acabaría rechazada por un leninista de la década de 1930 sino que es intelectualmente ridícula (1998: 36).

Luego pergeña una “economía de la equivalencia” (op. cit.: 66/69), apoyada en el valor de uso, en las necesidades y en los deseos (olvidándose de agregar la disposición creciente de tiempo libre y una cualificación polimorfa de las facultades del espíritu humano), que la asocia a una larga fase que va de los 800.000 años hasta los 3.000 (loc. cit.: 26, 28, 37, 66). Desde el 3.000 a la actualidad capitalista, lo económico se afincó en lo no equivalente (op. cit.: 27–29, 37).

A su vez, desde hace 800.000 años hasta el 3.000, la economía fue “local”; desde allí en adelante, la economía fue “regional” o “nacional” (loc. cit.: 18). Los pobres, marginados, “vulnerables”, explotados, excluidos, etc. del mundo pueden construir una economía “global” apoyada en la equivalencia (op. cit.: 20).

Según los razonamientos que hemos articulado a lo largo de una investigación de lentísimo desarrollo, si fuese viable hablar de una “economía de la equivalencia” en la que los hombres extrajeran del total de riqueza gestada lo que aportaron para constituir ese compendio, sería antes de la emergencia de obreros improductivos diferenciados del resto de los individuos que integran el comunitarismo arcaico. Probablemente, estaríamos refiriéndonos a una fecha previa a los 800.000 años, cuando la ley del valor no tenía hegemonía y debía competir con la norma que tasaba los objetos de goce por su necesidad.

Luego del asomo de trabajadores improductivos con funciones de mando, simbolización, “conexión” de lo terrenal con el “más allá”, etc., y del nacimiento de los sectores independientes como los guerreros, entre otros, esa economía de la equivalencia dejó de respirar para ceder al imperio del tiempo de tarea, calibrado con la luz diurna como recurso escaso.

Con la eclosión de los obreros improductivos y/o de los sectores independientes, los agentes miembros de dichos segmentos extraían del total de lo disponible más de lo que aportaban, agrandándose las diferencias tenues introducidas por la división sexual del trabajo y por el reparto de labores de acuerdo a las edades.

Sin embargo, el amigo de Dieterich Steffan (que parece un estudioso funcional al Pensamiento Único antes que un soñador de un nuevo Proyecto Histórico) encuentra aliento para sorprender a quienes les falta información detallada de la teoría crítica, y decir que la economía de la equivalencia no es idéntica a la economía regulada por la norma valor (loc. cit.: 47, 55-56); Marx confundió ambas cuestiones (op. cit.: 47, 53). Id est, no tuvo la fortuna de ser Arno Peters.

Otra de las críticas que podemos efectuar contra el glosador del “filósofo” engelsiano, consiste en que no fue capaz de ubicar con corrección a sectores intermedios que no son clases (loc. cit.: 48, 53, 56/57 –argumento que lo hemos visto repetido y al que se le dio una respuesta con la teoría de los grupos).

Por su lado, en la periodización de los modos de producción Peters acusa al suegro de Aveling de enredarse con el eurocentrismo de la época (op. cit.: 48). Se dejó atrapar por el economicismo que gobierna la vida de los individuos en el capitalismo, al otorgarle excesiva importancia a la economía como factor para tipificar etapas históricas (loc. cit.: 36/37). Veía leyes naturales inexorables y un desarrollo inevitable hacia el socialismo (op. cit.: 47, 50).

Erró en que la clase obrera sería la facción popular revolucionaria y que los países capitalistas adelantados del siglo XIX serían los que propagarían la revolución socialista (loc. cit.: 48). Acto seguido se pregunta “¿Cómo fue que Marx se (equivocó) tanto?” (ibíd.). Poco después, considera que es adecuado hablar de capitalismo (!!!) para resumir los perfiles de algunas zonas de la Antigüedad clásica (op. cit.: 49-50 –ese inaudito parecer, lo encontramos explanado con lujo de detalles en Weber, 1961: 236/237, 296).

En otro registro de axiomas, Peters enfatiza que la piedra toscamente tallada inicia la historia de la economía; esto ocurrió hace 800.000 años (loc. cit.: 15), lo que nos parece una opinión conservadora. Luego sostiene que la cría de animales y la agricultura nacen hace 12.000 (op. cit.: 16).

El paso del trueque al comercio ocurrió hace 7.000 años (loc. cit.: 17).

(2) El prolífico semiólogo de la cultura Iurij Lotman, entiende que quizá sea propio del universo en lo global, y de la cultura en lo puntual, regirse por enormes oposiciones que inducen diferenciaciones estructurales (1996 c: 36, 40), visión que no sacrifica una postura n dimensional frente a los acontecimientos.

Uno de esos ejes es el par “simetría vs. asimetría” que f. e., da origen a “torbellinos” en el cosmos, en la vida y en la cultura que conducen a la dicotomía entrópica “orden–desorden”. El plano “conservación vs. disolución”, completa el “tríptico” que v. g. en el hojaldre de lo social, destinará los niveles que se encargarán de la reproducción de las constelaciones humanas en el tiempo, para contrarrestar los efectos disolventes de las innovaciones e incluso, de la repetición.

Creemos que la hipótesis de Lotman es tan amplia que su confirmación o descarte, acaso insumiría el esfuerzo de grupos de investigación en vastas áreas del conocimiento por décadas o por siglos.

Sin embargo, la idea de que lo colectivo deba fisurarse en esferas, instancias o estructuras, para que esa duplicación garantice la estabilidad de lo semiótico al codificarse en el registro de lo simbólico y en el de lo material (que Lotman denomina “espacial”), es una apuesta sugestiva.

Por supuesto, la idea no se halla motivada por una metafísica de la Unidad ni por una Antropología filosófica que ya habrían desmantelado, no sólo Nietzsche o Foucault sino el suegro de Lafargue. Contra el Habermas que, creyendo que Parsons inventa una teoría más sutil que la de quien asedia sin respiro, acepta de buena gana que las fuerzas de producción son las determinantes en el modelo “ortodoxo” (1989 c: 237).

Mas por lo anterior, estamos convencidos de que la Semiótica cuenta con la suficiente independencia como para conservarse aparte y fuera de determinado marxismo, sin menoscabo para ninguno de los saberes. No obstante, ello no tacha que se pueda hablar de la “semiótica de Marx” tal como lo subrayamos en López, 2010 a, ítem II.3., nota 4.

Y es que no suscribimos, “amparados” en no sé qué exégesis “sacralizante” de las palabras del amigo de Engels, un alucinado “Paradigma”* marxista que obligaría a “engullir”, al estilo de Habermas, los aforismos y sentencias de las otras vertientes de las Ciencias Sociales. Bien dijimos en otro contexto, que las teorías de Marx son operativas allí donde mejor funcionan, en particular, en el discutido campo de la dialéctica repudiada entre “infra” y sobreestructura. En los demás ámbitos, habrá que ir elucubrando las respuestas provisorias, acompañados de lo que pueda sugerirnos la casi infinita escritura del “fundador” de la tradición y/o en perspectivas inéditas. Únicamente un dogmatismo a toda prueba, sería “capaz” de argüir que sólo Marx es necesario y suficiente para los individuos, para las ciencias y para las prácticas...

* En las certezas, en las seguridades, anida una tendencia al fascismo, el autoritarismo y el totalitarismo**.

** De acuerdo a lo que puede inferirse de Kristeva, en la alocución de de Certau, las instituciones*** frenan los derrames, los flujos, los chorros y son por eso, potencialmente, autoritarias, fascistas (1985: 391). La lucidez es lo contrario, es lo anti fazio; entonces, la estupidez, elogiada o no –Glucksman–, disculpada o no, intencional o no, inevitable o no es síntoma de lo autoritario, de lo fascista.

*** Hay una pulsión anti flujo en lo institucional, instituido, institucionalizante, institucionalizador y en los aparatos institucionales****, que son un poco de mala locura, que son deliremas peligrosos (Chávez Díaz, 2010 b).

**** De las instituciones, la que más proclive es a domesticar las corrientes, los derrames es el Estado, conglomerado de aparatos que es autoritario*****.

***** Las democracias formales actuales, parlamentarias, al ser democracias de Estado, son democracias fascistas, que germinan y se reproducen en el seno de una enorme institución autoritaria******.

****** Desde la emergencia del Estado moderno, el Estado******* no cesó de expandirse y en consecuencia, se amplió el autoritarismo, infestando el planeta (Certau, 1985: 392).

******* Casi siempre, los Estados, sean pre clasistas y originados por algunos elementos de los grupos hegemónicos, sean ya de clases pero anteriores al orden burgués o sean Estados capitalistas, reaccionaron a los ciclos en sus fases difíciles, con estrategias autoritarias y angustiosas. El ejemplo extremo es el de la crisis de 1929, que acentuó el totalitarismo en la ex URSS y que indujo el falangismo, el nazismo y el fascismo (1985: 392).

(3) Tal cual lo hemos indicado en más de una circunstancia, los seguidores contemporáneos de Bakunin, como él mismo en su época, identifican, homologan, igualan, etc., el marxismo anarcomunista de Marx, con la dictadura del Partido, entre otros aspectos (García Moriyón, 1985: 183).

(4) A partir del desmotamiento que realiza Freud de la omnipotencia* de las ideas (y por extensión, de lo abstracto y simbólico) que habita en las disímiles facetas del animismo (2008 bxlix: 1806), es viable colegir que la retro influencia entre estructura y sobreestructura, fue articulada por el maltratado por Derrida, para no caer en una interpretación animista y mitológica de la Historia, según la cual lo esencial son las ideas y por ende, la Historia es un derrotero de entes espirituales.

* Allende lo áspero que fue aprender que los procesos sociales son resistentes y que la Historia, al igual que el resto de lo que conforma el “mundo”, le da una bofetada al narcisismo humano (Freud, 2008 bxlix: 1806), lo que inferimos es que el socialismo no debiera ser entonces, narcisista** y omnipotente. Tampoco tendría que ser místico, ya que en cualquier materialismo y en todo anti teísmo puede habitar, tal cual lo indica la intervención de Ribettes en la disertación de de Certau, el misticismo (1985: 391).

However, habría que exclamar como Surin, un místico considerado “loco” e internado en Loudon, Francia, en la época del Gran Encierro:

“… De los males no hago más que reír,

(por cuanto se tendrá necesariamente) …

lo bueno y lo peor.

Me es suficiente si el amor me queda …”

** El tonto de Nietzsche, glorificado como genial cuando es un pensador mediano, no únicamente es un ejemplo de narcisismo estúpido, cuando se pregunta muy en serio por qué y cómo es que cincela tan “buenos” libros***, sino que es un “representante” genuino de la neurosis de la omnipotencia de las ideas o de la neurosis animista.

*** Se escribe como un doloroso aprendizaje respecto al inescrutable destino de morir, pero en el mismo instante, en una doble sesión y con/cesión, se escribe para no fenecer, para no asesinarnos con la resignación “sabia” ante la Muerte, en las figuras de Atropos o del Arcángel caído Samuel y sus huestes de negros devoradores.


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