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BAHÍAS, DEVENIRES Y HORIZONTES. LOS PERFILES DE MARX, Tomo II

Edgardo Adrián López




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NOTAS

(1) El emigrado de todas las naciones reconocía en los economistas (f. e., McCulloch) la capacidad de hallar “perlas” escondidas en los escritos de Ricardo (1975 b: 154); ¿por qué no habríamos de utilizar un “método” de lectura afincado en débiles indicios, huellas, rastros, fragmentos, etc., si es practicado por Marx con los que deshilvana y con él mismo? [recomendaciones científicas]

(2) Cuando el socialista engelsiano postula que la producción capitalista mitiga sus desgarros a través de mecanismos de adaptación (1975 b: 100), propaga que la base en su globalidad es un “esqueleto” (1971 b: 31) que absorbe los movimientos sísmicos de lo social (1971 c: 45), inducidos por las tensiones ciclópeas que fisuran la superestructura y su correlato.

Pero a fin de cuentas, como la “infraestructura” no es capaz de suscitar ella misma todas las justificaciones que requiere desde su propio seno, demanda de una esfera separada las legitimaciones del caso. La “… base ... no se auto-estructura; (para lograrlo, lo superestructural fija) las condiciones de retroalimentación y reproducción de las formas económicas de vida …” (Marí 1994 b: 72). Lo hiperestructurado en semióticas e instituciones es premisa para la continuidad de moldes orientados a la riqueza; es reproducción de la producción.

(3) El intercambio entre capital y trabajo es una apariencia, dado que el valor autónomo se apropia de un plus de manera gratuita. No obstante, dicha “mascarada” es una fachada necesaria (1971 e: 472, 478). Es decir, fenómenos de la “basis” inducen efectos superestructurales.

Quizá sea posible razonar que innumerables elementos de la hiperestructura no son una “sobreestructura”, en el sentido de un exceso respecto a la base. De aquí acaso sea legítimo especular que la superestructura en sus múltiples niveles, aun en aquellos que necesitan de “eslabones intermedios” para su explicación, no está “distanciada” de la “basis”. Por ello, la idea gramsciana de “bloque histórico” es acertada (1986: 116).

(4) De donde es creíble proferir que en los colectivos que advinieron hasta ahora, influyó el sinsentido del aniquilamiento de los hombres mismos como principal fuerza creativa (ir a Apéndice II). Si la economía habría de repercutir con sus miserias en el resto de la base y de lo social, es porque la absurda existencia que se autoasignan los agentes proviene de la incoherencia que habita en lo económico (sobre la noción de que el capitalismo es irracional, cf. Pla 1994 r: 147).

El ejemplo del orden burgués patentiza lo ilógico e inhumano, puesto que las guerras funcionan como un negocio que estimula la producción de valores (Marx 1972 a: 332).

(5) Enfocando la osificación de los nexos intersubjetivos que acaecen en el capitalismo (1975 b: 390, 396, 398, 407), el agonizante de la vieja Londres pincela que la religión es una forma de “conciencia religiosa” e implica vínculos religiosos aquitinados entre los individuos (op. cit.: 409). Aguarda que tal conciencia y dichos contactos se disuelvan cuando los hombres retomen el control de su proceso de vida. Al mismo tiempo, el trabajo de los sacerdotes o administradores de los bienes de “salvación” (Weber) dejará de integrarse a los ritmos de la creación de valores de uso (ibíd.).

Con lo último, la imagen arquitectónica es desplazada en beneficio de una “textil” en la que los ambientes exhaustivamente abocetados interfieren sus “tramas”.

(6) Au fond y tal como lo estipulamos en pp. 253/254, al lado del trabajo en cuanto praxis Marx ponderó en calidad de “modelo” de acción al lenguaje y arte, por el vuelo que alcanzan los sueños del corazón humano. [especulaciones críticas matizadas con enunciados científicos]

En efecto, cuando recuerda que para Smith y Fourier la tarea que existió desde la hominización hasta el presente fue labor enajenada so far que trabajo penoso (1972 a: 119–120), elogia la composición musical como paradigma de la libertad, creatividad, auto “disciplina” emancipatoria, etc. (op. cit.: 120). Es este modelo el que lleva al proscrito de Occidente a intuir que la tarea es, aun en medio de condiciones que no garantizaban la potenciación de los individuos, la autorrealización (distorsionada) de varones y mujeres (loc. cit.: 119/120, 237). Y es por asunciones de ese tenor que pincelará que lo que explicitan las labores es que, incluso en el capitalismo (en el que el dominio de la economía es innegable), el trabajo es la reproducción de sí mismo y de los agentes (op. cit.: 272).

Empero, una de las sendas indirectas para demostrar convincentemente que la tarea no es central en la teoría crítica, sino en las comunas que advinieron hasta hoy y que, at all events, ello debe subvertirse para recuperar la multiplicidad humana (ver una toma de partido similar en Pla, 1982: 65), es la observación sobre el trabajo asalariado en comparación con otros tipos de tareas: a diferencia de las labores del esclavo, el obrero que valoriza capital posee la alternativa de significar algo para él. Cuando se encuentra desocupado, se halla al margen del trabajo y entonces sus expresiones vitales no se reducen a ese universo (Marx 1971 d: 232). Aunque con dolor y angustia, detenta un mayor grado de albedrío.

En la II obra, dirá que todos los recursos del arte y la ciencia pueden estimular las potencias subjetivas (1972 a: 231). Las figuras del no trabajo condicionan las labores.

De lo que se trata pues, es que las polifacéticas capacidades humanas no sean engastadas en el pobre registro de las tareas encaminadas a gestar objetos de placer, y que los individuos sean hombres porque se comunican, gozan de actividades cualitativas como el arte y tienen grados aireados de libertad y no en virtud de que laboran hasta ser animales de tiro.

Por lo demás, en una conjunción en la que el desenvolverse de las fuerzas genéticas sea imponente cabrá esperar que el proceso de tarea ya ni siquiera sea tal; en consecuencia, las labores tampoco serán trabajo. La autogestión de lo comunitario se presenta “... como desarrollo (absoluto) de la actividad misma, en la cual ha desaparecido (la intervención de lo urgente) ...” (loc. cit.: 267).

Insistimos en que la labor asume un rol central, porque imperó hasta el momento una economía de la escasez y un contexto en que lo “superfluo”, el lujo para todos, no fueron primera necesidad (no obstante, los avances en la producción hacen que lo que era lujo –1972 a: 17– se vuelva inaplazable –a partir de ello, afloran “críticos” que si no ventilan que el socialismo será a lo sumo una redistribución de la miseria, profieren que será un sistema en que nada acabará por satisfacer; es decir, hay que desbaratar a Marx con cualquier motivo). Y es que la autoconformación del obrero universal, su autocreación es más amplia, intrincada, polivalente, flexible que el trabajo (cf. una postura análoga en Pla 1982: 65, a pesar de tener con el ya citado historiador innumerables diferencias). Éste no es sino un índice que emerge como tal en el marco avanzado de una sociedad sin clases (ir a Capítulo V).

(7) Elucubrando cómo opera el trueque, sostiene (tal como lo explanamos en López, 2010 a) que en el que ya cuenta con moneda, la pieza que asume ese rol es aquel producto que es demandado con mayor asiduidad (1971 c: 93, 95; 1972 a: 340) [luces y sombras de la ciencia]. Surge una diferencia entre el resto de los valores de goce y el objeto que hace de dinero, y una distinción entre ellos. La diferencia y el proceso de distinción aludidos, pasan a ser oposición y contradicción (op. cit.: 72).

Lo que cincelamos a partir de lo antedicho es que uno de los tantos ejes vinculados con temas más vastos que los de la dialéctica deshilvanada, se enlaza con la idea de que acaso haya que imaginar procesos por los que interacciones “blandas” y con múltiples gradientes de libertad, se endurecen progresivamente hasta arribar a contradicciones y binarismos: [hipótesis arriesgadamente imaginativas]

a- ¿Podríamos plantear que existen distintas dialécticas: una que sería propia de los desdoblamientos (1), otra de las diferencias (2), otra de las oposiciones (3), otra de las contradicciones (4), y otra de los binarismos (5)? En parte, la esperanza está justificada en la distinción entre dialécticas constituidas y constituyentes, y dialécticas del clinamen orientadas hacia la “peste” (Serres) y las totalidades, e interacciones de los desvíos que van hacia lo libertario (cf. López, 2010 a).

b- ¿Sería factible sostener que las sociedades pueden “clasificarse” según el tipo de dialécticas históricas en lid? Así, las comunidades más simples probablemente serían asociaciones con dialécticas de los desdoblamientos; luego, “continuarían” las de las diferencias (se comprende que lo sencillo no necesariamente es anterior en el tiempo y que el empleo de dichos lexemas no supone asumir ninguna Filosofía del Progreso).

c- Es factible que en tales colectividades, las dialécticas en escena se desarrollen hacia los binarismos. De esa suerte, las interacciones citadas (oposiciones, contradicciones, binarismos) serían también “estados dialécticos” de una misma dialéctica anquilosada: v. g., la interacción de los desdoblamientos tendría a cada uno de aquellos “estados” como sus distintas “fases”.

Lo significativo es que para el “autor” del volumen I de los Borradores, la dialéctica no es siempre ni en cualquier lugar interacción de contradictorios. Quizá tengamos aquí un indicio que apunte a una dialéctica (de las diferencias, de las oposiciones y del clinamen) que no sería constantemente dialéctica de los contrarios –ver una posición divergente en Politzer 1997: 247/248, 253.

(8) Lo estético, que en la mirada tradicional del marxismo se incluiría en la superestructura y que in fact integra ambos registros (f. i., al igual que la ciencia), es producción inmaterial o espiritual (sobre estos últimos conceptos, ir a 1974: 240-241, 346/347) [cosmos de lo científico]. En cuanto tal, se engarza con el devenir de la génesis concreta para formar la producción-totalidad o la reproducción que se automultiplica. El detalle es que lo hace a través de lo “granular” y de lo abstracto o simbólico de manera simultánea; las dos formas globales (base y superestructura) son esenciales para la reproducción.

En cierta escala, la importancia de lo hiperestructural en la continuación de la “basis” y del orden en su conjunto, se observa en las descripciones de Sismondi respecto a cómo las costumbres, leyes, etc. pueden mitigar las borrascas y huracanes asociados a las tempestades del capitalismo (1971 d: 363 –en virtud de que las crisis son desequilibrios, cf. op. cit.: 365/366, Marx deviene un teórico de los estados apartados del equilibrio, a pesar de las resistencias de algunas líneas trotskistas en relación con la palabra “desequilibrio”).

(9) Aunque acabe por ser redundante (tuvimos que serlo a raíz de lo “pesado” del discurso científico), “zurfilamos” que como posibilidad existe la retroinfluencia entre proceso vital y conciencia colectiva. La citada retroacción aflora curvada, declinada respecto a “infra” y sobreestructura. Capturada por dichos atractores, la deforman e intentan constreñir el proceso de vida social en la “basis”, y la conciencia comunitaria en la superestructura (Enguita, 1985: 94).

(10) Si el consumo condiciona la producción, el condicionante acaba dialécticamente acotado y, tal cual lo advierte Althusser, no actúa en el “resto” si no es mediado por los determinantes “difusos” de la totalidad en su conjunto (1998 f: 107, 192, 195, 203).

También se halla la idea de que no es la producción-producción la que asoma “determinante” en última instancia; lo que es condicionante es el devenir global de la sociedad auto/influyéndose a través de estratos diferenciados. En ese sentido, obtenemos un vuelco inesperado para lo que “resonaría” en la producción-totalidad: es la reproducción completa de lo colectivo, a partir de lo comunitario hojaldrado en grandes esferas (subestructura e hiperestructura).

En otro orden de razones y excepto cuestiones de estilo, se perfila conveniente advertir que “determinante” y “condicionante” no cuentan con iguales significados: el primero es más mecanicista, inflexible, lineal y excluye la posibilidad de que el factorcausa sea a su vez modificado. Bajo ciertas restricciones, puede ser asociado con el materialismo vulgar, empobrecido, áspero de los colectivos que imperaron hasta hoy.

El segundo es más abierto, plural, estocástico y obliga a otra concepción de lo causal. En cierta medida, puede enunciarse que si la teoría crítica es hábil para explicitar los mecanismos que se instauraron en lo humano y que no son percibidos con frecuencia por los agentes se debe a que, tal como lo hemos contorneado en otros locus, el expulsado de Bélgica, adopta una postura intrincada (que resultaría “ambigua” o “equívoca” para intelectuales a lo Merton o Parsons), en conexión con los “impactos” entre los distintos ambientes sociales.

(11) Acerca del categorema sobre que los agentes se autointerconectan por medio de un “desvío” alienado y alienante (“representado” por base y superestructura), anticipada en el Capítulo III, el admirador de Wolff ofrece un “puerto” a la atesis: con el consumo el “... individuo ... retorna a sí mismo ... (porque) se (autorreproduce)” (1971 b: 14). Un Foucault o un Sartre verían en la afirmación las brasas no extintas de un hegelianismo indeconstruible; preferimos la idea de que los hombres se autocrean a través de estrategias como la génesis de tesoro y por extensión, a partir de “niveles” como los ambientes aludidos. No obstante, tales esferas son un “desvío” extrañado respecto a una autoinfluencia libertaria y por lo tanto, son alienantes.

(12) Empero, si un crítico con los perfiles de los pos/modernos o un discípulo con las sombras de los dogmas consagrados, insistiera en que la legislación tiene que ser supraestructural “porque” así lo indica el paradigma “primario” (que en realidad, es una lectura “primaria” de Marx), responderíamos que el estrato del orden jurídico más “alejado” de la esfera material podría contemplarse como miembro “tradicional” de la sobreestructura. Of course, tanto si aquel orden es un “segundo” grado de los nexos de distribución cuanto si no lo es, interrogarse aquí por los “eslabones” que conducen los efectos “desde” la base a la hiperestructura y viceversa es un desatino.

El problema de los “puentes” que comunican los dos universos es real, cuando no nos hallamos inmersos en situaciones “anómalas” del tono de las que hemos descrito en el Capítulo III. Curiosamente, los que se oponen al “mecanicismo” del “fundador” del materialismo deconstructivo se enredan en otro determinismo, al insistir en que se les señale dónde “están” los “eslabones” ya mencionados.

Disconformes con la respuesta, aconsejan abandonar la tesis en virtud de que e. g., mal se podría explicar la obra de Beethoven por una dialéctica tan “lineal”. “Ingenuo” sería formular tal solicitud si, en el caso de los valores culturales, comprobamos que la música de Wagner se inscribe en una dinámica en la que, por una parte, una cultura se autocalifica de “culta” y se asocia a los conjuntos privilegiados, y por la otra, los subalternos son negados como productores de cultura y son obligados (a través de innumerables situaciones) a no acceder a objetos simbólicos de cualificación de las potencias subjetivas (bienes que son monopolizados en su consumo por los grupos dirigentes, como formas de autodistinción –Bourdieu, 1988). Esa vía “indirecta”, contextual permite dar cuenta de la obra de Picasso sin incurrir en la arbitrariedad de un causacionismo rígido, pero sin abandonar las herramientas de una teoría oportuna.

Por lo demás, los enlaces de distribución son catalogados por el fallecido en 1883 como contactos de producción (1971 c: 80; 1972 a: 395). Aclara además que los nexos de distribución y los entablados para la génesis de tesoro, son momentos que pertenecen a procesos históricos, no a devenires económicos (1972 a: 396).

Pero si en los primeros vínculos y bajo determinadas circunstancias, es justificado incluir a lo legal entonces lo jurídico es una clase de relación intersubjetiva para la génesis de tesoro. Y si lo jurídico implica una semiotización del mundo, acaso las relaciones comunitarias para suscitar riqueza sean instancias de semiosis. La sospecha es confirmada: los metales preciosos expresan, en la escala en que funcionan como dinero, determinados nexos humanos que a su vez son significaciones o procesos de significación (1971 d: 210). Tales significaciones son determinaciones sociales extrañas (1972 a: 355).

(13) Ciertos items enceguecedores fueron comentados en López, 2010 a, I.3., de manera que no los tipearemos para eludir las redundancias agobiantes (que lamentablemente, afloran una y otra vez en el curso de la investigación).

(14) Apunta una imagen que relevamos en otros libros: una sociedad como la burguesa puede tener vestigios de conjunciones previas, incluso en los elementos de la base (op. cit.: 26/27). Por lo tanto, los cambios de un modo de producción a otro no implican alteraciones automáticas y absolutas de la superestructura y/o de la “basis”.

En efecto, las formas religiosas son heredadas desde hace unos 6.000 años a. C. aproximadamente (González Wagner, 1993 a: 40), mientras que los tipos colectivos de propiedad (que pueden registrarse en pleno orden capitalista –Marx 1971 b: 26) vienen desde las etapas en las que reinaban los colectivismos tribales o de bandas (datables en los linderos del Paleolítico Superior, ya que por lo que los datos actuales arrojan, las jefaturas –que son posteriores a las tribus– son propias del Neolítico).

Por otro lado, el latifundio terrateniente en el capitalismo es una “rémora” medieval que se autoperpetúa, mas en tanto cabal negación de un feudalismo típico (1971 d: 221). Lo que muestra en definitiva que la “infraestructura” puede reproducir condiciones previas, pero en virtud de que las recrea en un ambiente desigual al que nacieron. Análogas observaciones caben para la superbase.

En suma, apreciamos una dialéctica “retorcida” por la que lo “viejo”, lo heredado, se continúa en lo “nuevo” bajo el formato de un “arlequín” de lo antiguo/reciente, híbrido que emerge a raíz de que se autoconstituye en un marco desigual al que corresponde a lo “caduco”.

(15) Porque la “basis” y su “acompañante” son universos en los que imperan el azar, el caos y el desorden, se los abocetó con la expresión “caosmos” (Guattari).

El problema que surge es de hasta dónde será viable el control que supone la “utopía” marxiana, con el objetivo de disolver los motivos que convirtieron determinadas clases de interacciones en axiomas plus ou moins déspotas, si nos topamos con hechos frente a los que la estadística se revela casi impotente. Al menos, quizá se pueda evitar que esa polifonía de las realidades golpee el rostro de los hombres con el carácter de Amo.

(16) Páginas atrás había agregado una coda que hemos intuido de enormes consecuencias: en polémica con sus adversarios, Darimon no busca entenderse sino que hace de la crítica una cuestión de confrontación destructiva (1971 c: 47). Todos se aporrean y ni bien se trasladan a un terreno, inmediatamente se desplazan a otro. Se ve adonde se anhela llegar: una ética “menor” de la enunciación implica escuchar con respeto al disidente, evitar la retórica y no emplear estrategias asociadas a la violencia en el lenguaje. Por igual, supone cultivar un decir elegante o emplear expresiones bellas (Marx 1972 a: 417). En paralelo, hay que evitar una suavidad que puede ser autoritaria en su amabilidad (Proust, 1998 a: 252).

Sin embargo, la retórica no es sólo la sofística sino que puede ser la lógica misma y of course, su empleo: el economista vulgar Bastiat apela a la lógica formal, pero no cae sino en pulidos lugares comunes ocultados con silogismos (Marx, 1972 a: 289).

(17) Es esto lo que puede apreciarse en Krúpskaya, 1984: 91, a pesar que amonesta contra una lectura risible de la dialéctica en escena, cuando refiere los intentos forzados de un militante por analizar las disidencias en un partido, Congreso, etc. con arreglo a los supuestos condicionamientos materiales.

(18) Pero en virtud de que tales formas, a causa de su multiplicidad, son propias de las comunas anteriores al nacimiento de las clases, el rol de los intereses, con las impostergables desaceleraciones, es válido en ellas.

(19) Por consiguiente, base y superestructura son el conjunto de “axiomas” que pautan las condiciones universales de existencia y de los medios generales disponibles para la realización de los intereses.

Por la amplitud semántica de los lexemas esgrimidos, se comprende que “medios” no alude sólo a “instrumentos de producción”, ni que las “condiciones” en escena únicamente se orienten a las liadas con el proceso de trabajo. En consecuencia, la subestructura es más vasta que el mundo de las tareas, de la economía y de los movimientos de producción, y la hiperestructura incluye por igual condiciones de vida y medios.

Bien podría afirmarse que una dialéctica intrincada entre dichas condiciones universales y tales medios generales, acaba empequeñecida a un retroimpacto entre base y superestructura.

(20) El aserto es uno de los pilares que fundamentan por qué ciertos aspectos de la propuesta de Pierre Bourdieu (a pesar de responder a la tradición conservadora de Weber, de practicar en algunas circunstancias una sociología obvia de lo ofrecido por el sentido común y de impugnar a Marx), son compatibles con la teoría materialista crítica.

(21) En el primer estadio y en algunos modos de producción, es viable dar con un desarrollo más o menos pleno de los hombres (ése es el caso del contexto social esclavista). El segundo estadio, del cual el paradigma es el capitalismo, implica un despliegue polifacético de las aptitudes de los agentes.

De los razonamientos citados o de otros parecidos, Gouldner arguye maliciosamente que el ayudado por Engels era partidario de la esclavitud (1983: 412) y que tenía una actitud de admiración, resentimiento y odio hacia la burguesía (op. cit.: 412-413) [valoraciones políticas]. Lo que ocurre es que en el fondo, era un burgués (loc. cit.: 413, 417), algo rebelde, sí, pero para quien el socialismo no era sino una variante “extrema” de capitalismo (!!!) (op. cit.: 415, 417) so far que “Destino Manifiesto” del Oeste (loc. cit.: 417/418).

(22) Descontando la esclavitud antigua, el resto de las comunas tensionadas en clases integran el segundo estadio [expresiones autoavaladas de científicas]. En ellas, la dependencia se aprecia en el hecho de que existan las clases en sí puesto que, como grandes aglomerados, subsumen a cada uno de sus miembros. Es decir, las clases suponen que los hombres están sometidos a esos conjuntos (1971 c: 91/92).

Hinc la conciencia (entendida como una intelección crítica de las condiciones de dominio, poder, hegemonía y explotación) no es una garantía absoluta para escapar de la clase en tanto que grupo coercitivo: cabe la alternativa de que sea funcional a ella como “horizonte” de relaciones y significaciones posibles.

(23) Sin embargo, si no pudiera justificarse lo que axiomatizamos, salvo amparándonos en “saltos mortales” hermenéuticos, filológicos, semióticos y especulativos, razonaríamos que la teoría crítica nos otorga el derecho de extenderla en una línea que sus fundadores no contemplaron. Es el argumento que respalda las aseveraciones sobre la ley del valor en etapas previas al trueque, acerca de la dialéctica del clinamen, de los momentos “iniciales” a partir de los que se “basifican” los fenómenos y se “superestructuran” las percepciones, entre otras mesetas.

(24) En la mayoría de los pueblos antiguos, en los que encontramos desiguales modos de producción, la acumulación de oro y plata asoma como privilegio de sacerdotes y reyes (1971 c: 165). Esos personajes pueden o no integrar clases: en el ejemplo de las ciudadestemplos sumerias, ambos eran clases dominantes que se dedicaban a funciones improductivas; en el inkanato eran obreros improductivos privilegiados.

(25) En apenas unas débiles e imperceptibles palabras, el abandonado al leninismo establece que lo subjetivo es lo que se está objetivando, lo que está en proceso de objetivarse (1971 d: 213). Y mientras nos habla de la fuerza viva de trabajo, remarca que lo subjetivo es lo que cuenta con posibilidades abiertas (ibíd.).

De lo que es deducible que las estructuras estructurantes se encuentran en un movimiento continuo de estructuración, con alternativas hacia esquematizaciones inusuales, y que las estructuras estructuradas son lo subjetivo cuya objetivación se cristalizó o casi se detuvo, por lo que las “vetas” de estructuración se hallan cuando menos en “reposo”. Sin embargo, el capital nos subraya que lo meramente existente o “muerto” (op. cit.: 238), estático (loc. cit.: 241) también puede hacerse proceso, acto, movimiento, devenir (op. cit.: 238).

Situándose en idéntico terreno, pincela que el obrero es lo subjetivo como lo no/objetivo en forma objetiva (loc. cit.: 235). Por ende, lo concreto o las estructuras estructuradas, que siempre están significadas, son lo no–subjetivo en forma subjetiva. De manera adicional, el capitalismo enseña que, por cuanto el trabajador se encuentra escindido de sus medios de producción, lo subjetivo está disociado de su propia objetividad.

Fieles en eso a Marx, sospechamos que el axioma es generalizable: si la práctica es lo objetivo para ella misma y si, en la proporción que autopone su desarrollo, lo dificulta, entonces los individuos son lo subjetivo disociado de su objetividad. En simultáneo, son lo objetivo escindido de su subjetividad.

Por último, lo subjetivo vivo es la no objetividad inmediata (op. cit.: 236), por lo que las estructuras estructuradas y estructurantes son lo mediato: objetividad y subjetividad mediatas, “declinadas”.

(26) Con este nivel de apreciaciones generales, sin particularizar, es inviable avanzar demasiado [objeciones críticas y posiciones políticas]: Bell y los suyos tendrían que haberse preguntado si las ideologías del “saber vivir”, provenían de obreros improductivos privilegiados, de sectores independientes con consumo diferencial y/o de agentes pertenecientes a las clases dominantes pero encargados de funciones de significación. Sin duda, las perspectivas que apoya un Henry Ford son disímiles de las que se propugna en la Mansión Playboy; mas el estilo de negocios también es diverso. Además, la dolorosa vida anti-sistema de los mendigos supone por igual una contra/cultura; la enorme y sustancial diferencia es que no encuentra publicidad en los media y en los intelectuales siervos, como para generar un “consenso” en redor de una existencia mutilada.

Por otro lado, el padre de “Jennychen” nunca negó que un marco de opresión careciera de efectos emancipatorios. Así las cosas, el snobismo hippie es asumible como una tendencia libertaria en el seno de una sociedad alienada en el consumismo. Sin embargo, tal como la socialdemocracia reemplazó la demanda revolucionaria de socialismo por la lucha en pos del voto, de igual suerte los movimientos de protesta de los años ‘60 cambiaron el proyecto de la insurgencia anti–capitalista por las ideologías del pacifismo.

(27) A pesar de lo cuestionable del concepto “falsa conciencia”, Politzer supo darle un giro productivo al enfatizar que es una conciencia distorsionada acerca de las condiciones que determinan la praxis de los agentes (1997: 159): [enunciaciones deconstructoras]

a. impidiéndoles entonces emprender una acción efectiva contra tales supuestos;

b. ocasionando que se desinteresen del fatum colectivo de los subalternos en general, de las clases dominadas y de la fracción a la que pertenezcan;

c. no traduciendo los temas cotidianos, incluso los más “insignificantes”, en cuestiones políticas decisivas;

d. asumiendo todo aquello que contribuye a reproducir el modo de vida en curso. En este punto, Marx estaba persuadido de que f. e., el capitalismo era mucho más que el dominio del capital ya que implica “… un nivel medio de temperamento y disposición de ánimo ...” (1975 b: 373).

El desapego que muestran los individuos de los no acomodados se revela día a día, en la crudeza de los noticieros que informan de la existencia urbana de las grandes concentraciones: “patotas” que cobran “peaje” para que los que salieron de las villas a efectuar labores diversas, puedan regresar a sus domicilios; progenitores que trafican a sus retoños, los obligan a actividades ilegales, los asesinan, los abandonan o los explotan. Mujeres que se dedican a las “adopciones”; médicos que comercian órganos; policías de todos los rangos que se encuentran involucrados en el movimiento ínfimo de drogas, en el de armas, en el de la prostitución y en el de los “desarmaderos”; presos que salen a distintas horas para realizar, por encargo de sus “custodios”, increíbles delitos. Matones que les exigen a los comerciantes al menudeo, toda clase de valores de uso para “garantizarles” su “protección”; verdaderos “padrinos” que perciben una “cuota” semanal de cartoneros, vendedores ambulantes, limpiadores de parabrisas en las esquinas, etc. En realidad, una guerra de los miserables contra los excluidos (acerca de ese polémico lexema, ver el informado estudio de Villarreal, 1997) o de los “vulnerables” entre sí.

La cuestión es que estas barreras engrosadas en el seno del campo popular, exigen que la lucha contra el sistema, el capital, los grupos hegemónicos y las clases apropiadoras tenga que transitar por una fase de “desgaste” que consiste en derrocar a los “dominadores” del seno de los conjuntos subalternos, para luego recién efectuar alguna unificación contra los grandes objetivos enunciados.

(28) El ex prusiano observa que los economistas quedan atrapados por el universo respectivo (1971 d: 186) [asertos científicos]. De lo que inferimos que la postura deconstructiva tiene que curvarse, alejarse, declinar, etc. en relación con la economía.

Las aparentes obsesiones económicas del “filósofo” epicúreo no consistían en hacer de lo económico un tema, sino en “rodearlo” para pensar cuestiones que lo desbordaran y en último término, permitieran apostar por una sociedad falta de economía [autoconciencia deconstructiva]. Sin ese girar en torno a lo económico, la crítica podría sufrir lo que le ocurre a los economistas: extraviando las causas intrincadas y profundas por las cuales surgen en la Historia “entes” llamativos como el dinero, la mercancía, el capital, el trabajo asalariado que lo incrementa, etc., son condicionados en patrón análogo por aquello que suponen tematizar pero que en el fondo, los maneja (i. e., son condicionados por la economía).

(29) En la intrincada época de transición de los regímenes precapitalistas al orden comandado por el valor autócrata (de la que la transición de los diversos feudalismos al capitalismo es una de las “líneas” por las que acontece), la propiedad de la tierra es un “caldo de cultivo” para la formación de capital (op. cit.: 217/218) [aseveraciones científicas]. Luego éste transforma el suelo en propiedad adecuada a la explotación del capital, de tal suerte que la agricultura se convierte en agronomía industrial (1971 d: 218; 1972 a: 240). Todas las relaciones sociales se hallan impregnadas por el valor que se autovaloriza, a través de la explotación de labor asalariada (1971 d: 218).

Detengámonos en el lexema en cursiva: si el capital “baña” los nexos interindividuales, acaso la interacción entre los miembros de la base puedan caracterizarse por un “modelo” de “pregnancia”. A su vez, con la superestructura y con la dialéctica estudiada ocurriría lo mismo.

Para apuntalar mejor lo anterior, observemos que Marx pincela que en la fase del trabajo a domicilio e incluso de la manufactura, no es necesario que la concentración de obreros, materias brutas, materias primas, materiales auxiliares, instrumentos de tarea, etc. impregne el proceso de producción (1972 a: 92). Completa la idea diciendo que las diversas ramas del trabajo se interpenetran (op. cit.: 241).

La consecuencia es que causas y efectos en el seno de lo social se expanden de manera intrincada; por eso es que son ineludibles varias metáforas teóricas para ser capaces de dar cuenta de la complejidad con la que acaecen las retroacciones (sobre el uso del lexema, ir a 1971 d: 226).

(30) Según el amigo de Engels, desde esa centuria Polonia era el “granero” de la Europa occidental (op. cit.: 219) facilitando así el “despegue” de un sistema inédito, “curioso” que se abría paso con lentitud y de forma sinuosa.

(31) Y al contrario de la confianza miope de los contractualistas, hermeneutas, teóricos del consenso, etc., en la institucionalización, sabemos que ésta no garantiza que se coloquen los fundamentos para la explicitación de las formas de dominio y para la participación “general” de “todos” en su funcionamiento autoelogiado de “correcto”. [valoraciones políticas y oposiciones críticas]

V. g., la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, sostuvo en el programa periodístico El juego limpio de 14 de abril de 2000, emitido de 22 a 23 hs. por el canal de noticias TN y conducido por el Dr. Nelson Castro, que la institucionalización refuerza ciertos mecanismos de violencia. Es lo que apreciamos con los fundamentalismos, las religiones, etc., pero también en los cuerpos académicos como las universidades, en las que los concursos (que las más de las veces, son designaciones “directas”) no hacen sino legitimar las exclusiones y encubrirlas con procedimientos burocráticos “impecables”.

(32) Como es sabido, el experimento Einstein–Podolsky–Rosen apuntaba a refutar la posibilidad de una influencia “a distancia” entre dos corpúsculos que estuvieran a un lapso temporal mayor que el que podía recorrer la luz [postulados de la ciencia]. El asunto es que el mutuo condicionarse parece propagarse a una velocidad mayor a la de la luz, lo que es inadmisible para la Relatividad.

Esa clase de alteraciones “instantáneas” en los estados cuánticos de las partículas, condujo a algunos físicos (como Capra) a especular en torno a una “unidad difusa” del Universo. No contamos con datos suficientes para aceptar, rechazar o matizar tales principios pero nos sirven, en otro terreno, para amortiguar la hegemonía de la imagen del “edificio”.

(33) Pensamos que la “eidola” adecuada para detallar la propagación del “efecto de sociedad” involucrado en cada modo para inducir riqueza, es la de la combustión de un fósforo: la presión y fricción en una superficie diminuta, ocasiona un brusco cambio de temperatura y el micro/encendido en un lugar pequeño, luego de lo cual, por clinamen que amplía el desequilibrio respecto al anterior estado, el resto de la cabeza enciende por completo, en una “suma” de alteraciones “pausadas” e intempestivas.

(34) Esta exposición de la teoría crítica, no implica que la misma se debata entre un binarismo no explicitado que consistiría en el vaivén de ser “gradualista” o “catastrofista”. Contra Gouldner. [recuperamos la perspectiva deconstructora]

En otro registro de isotopías, el denigrado por Habermas axiomatiza que apunta a elaborar un pensar amplio de los complejos nexos entre reflexión y praxis que permita aprehender el pasado y el presente, con vistas a incidir en el futuro (1971 e: 422). Las elucubraciones sobre los modos de producción, las anticipaciones esquemáticas acerca del socialismo, los vaticinios en torno a las innumerables sendas de derrumbe del régimen burgués, los detalles agobiantes en derredor de las dialécticas sociales (una de las cuales es la desacreditada retroinfluencia entre sub e hiperestructura), etc. son temáticas subordinadas a intereses vastos.

(35) La insistencia tediosa en determinados tópicos se debe a que el grado de represión padecido por la teoría crítica en las academias, ha cristalizado determinados enunciados como indiscutibles y entonces nos vemos empujados a oponernos apelando a un engorroso aparato de citas [política y crítica].

Ahora bien, el plural referido a las instituciones es empleado en virtud de que, por el conocimiento práctico que poseemos de la enseñanza en los diferentes niveles educativos, sabemos por el comentario de una colega (efectuado en septiembre de 2004, en una intervención de las I Jornadas de Reflexión e Intercambio: ¿son los jóvenes protagonistas de su presente y de su futuro? y organizadas desde la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta) que una alumna de 16 años, por desear instrumentar en mayo de ese ciclo el Centro de Estudiantes argumentando su necesidad desde el maoísmo, fue recomendada por un grupo de profesores del colegio para asistencia psicopedagógica. Todo indicaría que la “normalidad” lleva a percibir la militancia por el marxismo como una locura.

En otro registro de luces y sombras, a nadie aliviaría más que al que suscribe prescindir de las referencias constantes; haber recorrido más de quince veces los textos que fueron desgranados, nos hubiera permitido otros usos del tiempo; acaso otros estados de esperanza. Proust se interrogaba, para inquietar a sus lectores y a los fines de motivarlos a que se autoobservaran, si una vida “sacrificada” al Arte (en su caso, a la literatura) no implicaba una existencia más humana, profunda, real (1998 a: 218/219).

(36) Aunque el silencio no nos permite demasiado, sería creíble imaginar que los segmentos “adelantados” de la clase obrera no asumen la teoría crítica y su complemento de praxis política únicamente a través del Partido. A su costado, existirían múltiples opciones organizativas sean éstas de la época del proscrito de Europa, propias de hoy o que nacerán gracias a la inventiva de las masas rebeldes.

Ahora bien, en ese punto es adecuado señalar que compartimos el análisis brillante que lleva a cabo Sartre (a pesar de que hable de “clases medias” –1968 fiii: 223/224) cuando indica que el capitalismo se las ingenia (en particular, a través de la democracia parlamentaria) para que las clases explotadas por el capital no se constituyan en clase combativa y se queden en un estado “informe” de masas (op. cit.: 229, 235, 237). Quizá cabría pensar que el peronismo y el radicalismo en la Argentina, fueron organizaciones “esculpidas” para conservar en un estado “inorgánico” a la clase obrera, retardando con ello su constitución como clase que lucha por una sociedad anti-capitalista o decididamente socialista.


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