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DIVERSIDAD CULTURAL Y SALUD

Ma. Guadalupe Ojeda Vargas y otras




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La higiene en los espacios públicos abiertos de Aguascalientes, de la Colonia a la Revolución

Emma G. Gutiérrez de Velasco Ramo
Doctorado en Ciencias de los Ámbitos Antrópicos
Universidad Autónoma de Aguascalientes

Introducción.

Ángel Guardián de la entrada de los panteones. Fondo: Boletín AGM, No., 130 Octubre-Noviembre p.2.

A propósito de la epidemia de la Influenza del 2009… La higiene puede ser una condicionante que influya, para que los espacios públicos, sean trasformados…

En múltiples ocasiones en el transcurso de la historia de Aguascalientes, como en la de México, las enfermedades, epidemias y pandemias han sido reveladoras, para reflexionar y transformar nuestros hábitos y entornos.

Períodos, que van desde la colonia, pasando por la Independencia, la autonomía del estado, la monarquía, la reforma, hasta la llegada de la revolución mexicana, se han visto azotadas por epidemias como la del Matlazahuatl (1576), y en los años siguientes, entre 1737 y 1738, a consecuencia de las epidemias y pestes que azotaron la Nueva Galicia, hambrunas (1779-1786), guerras sucesivas y matanzas o fusilamientos continuos; todas estos acontecimientos tenían atestados “los camposantos”, atrios y templos, donde se enterraban a los feligreses, según la bondad y cuantía de sus limosnas.

Período colonial.

En estas tempranas épocas, entre los siglos XVI, XVII y XVIII, y parte del XIX, se desconocía la existencia de los micro-organismos, que provocaban tantos desastres, y enfermedades… pero se intuía la maligna acción de “los miamas…” por ello, los Virreyes como Antonio Ma. Bucareli, preocupados por tantos decesos, impusieron nuevas ordenanzas y bandos.

Épocas en que la muerte acechaba, sin importar la clase. En un principio los muertos eran enterrados, en los templos y en los atrios, según las costumbres europeas. Tenía el lugar asegurado y más cercano al “cielo”, aquél que hubiese sido más generoso con la santa Iglesia.

Con el paso del tiempo, tantas epidemias, fusilamientos y luchas armadas, tenían atestados los “camposantos”, que habían extendido sus límites hacia el espacio público. Las propiedades eclesiásticas y conventuales, a menudo, transformaron también la morfología de la ciudad, que originalmente fue concebida con un trazo ortogonal.

Catedral de Aguascalientes, Fondo: Boletín AGM, No. 13 Octubre-Noviembre, p. 3.

Los Virreyes externaron su preocupación, al ver como disminuía la población, con tantas epidemias y pandemias; alarmados se dieron a la tarea de examinar, con sus más destacados pensadores, cuáles eran las causas de tan frecuentes sucesos. Una de las razones por la que éstos nobles, pensaron que gran parte del problema se debía a tener cuantiosos entierros que se llevaban a cabo en los camposantos de las villas, -tan cercanos a las propias viviendas- y que la falta de espacio en los camposantos, obligaba en ocasiones a los enterradores a exhumar los cuerpos, antes del tiempo aconsejable para hacerlo; así que se dispuso, crear cementerios adecuados con mayor terreno, para que pudiesen albergar a una mayor capacidad de sepulcros cristianos; con estos propósitos se crearon cementerios a las afueras de las ciudades.

La putrefacción de los cadáveres, enterrados dentro de las villas, pudo ser la causante de que algunas enfermedades se propagaran rápidamente, por la acción del viento.

Fue hacia principios el siglo XIX, cuando se prohíben bajo mandato, los entierros en los templos, y que se disponen los sepulcros como ordenanza en los cementerios, y esta “orden”, es acatada hasta finales del siglo XIX.

Se procuró establecer un nuevo tipo de orden que regulaba sobre todo la higiene en las villas. En dicha época, se tenía la concepción de que los métodos “circulacionistas” eran, los que proveían la salud. Estos métodos se basaban en el flujo continuo del movimiento; que eran similares a los que mantenía la circulación de la sangre, siempre activa, eran ,según sus ideologías, las productoras de esta limpieza que otorga la higiene misma; así que todo aquello, que tenía movimiento, era sinónimo de salud. El aire y el viento fueron considerados los principales proveedores de salud, por tener movimiento.

La Litografía realizada por Tomás Egerton, nos muestra las condiciones en que se enontraba la ciudad en el siglo XIX, y la realidad social de su época. “El paso del Viático”.

Sin embargo, los espacios públicos en la ciudad, eran los sitios más estáticos, por ello, fueron considerados como los sitios más insalubres, y como primera orden que dictó el virrey, fue que el espacio público debía estar libre de inmundicias; y no estaban faltos de razón, pues dentro de sus argumentos: las calles eran de tierra, que se levantaba con el viento, por donde fluían los desechos humanos y los de los animales que corrían por “los paraderos”, que iban a media vía y a cielo abierto. Al llover, todos estos materiales eran arrastrados por efecto mismo de la gravedad, pues las calles contaban con las pendientes hacia las corrientes de los ríos y arroyos; y estas vías se convertían en lodazales perennes.

Recordemos también, que en esta época, todavía no existían ni los sanitarios, ni los retretes, ni las letrinas, por lo que la vía pública era el sitio ordinario de despojos. El estiércol, era tan natural, como ordinario, junto con la materia orgánica que dejaban abandonada los comerciantes y mercaderes en las vías, que con la acción del calentamiento del sol, generaban la fermentación de la putrefacción orgánica, y la descomposición del estiércol que al secarse pululaba en el ambiente, propagando malos olores y bacterias. Seguramente éstas, eran características que acompañaron en la memoria a los personajes de estos tiempos.

Fuente del Obrador. Fuente: Foto de la Fuente del Obraje. Archivo fotográfico de la DMH del INAH.

Las acequias por donde corría el agua potable, se encontraba a cielo abierto, y por no dárseles mantenimiento frecuente, algunas veces se contaminaban con las aguas negras y aguas de lluvia. Estas aguas, abastecían las fuentes, que se encontraban en sitios estratégicos: algunas calles como la del Obrador o en la Plaza o los jardines. Los usuarios, ignorantes de los padecimientos que pudiesen adquirir, lavaban ropa, se bañaban e incluso, daban de beber al ganado o a las bestias en el mismo sitio donde bebían ellos mismos. Esta era el agua de la que se abastecía toda la villa.

El antiguo barrio de San Juan de Dios, nos muestra una calle ya empedrada. El actual Templo de San José, al fondo en el cambio de siglo XIX-XX. GÓMEZ, Serrano Jesús 1988, p.116.

Los gobernantes, estipularon ciertos lineamientos, que iban transformando las villas; poco a poco se fueron empedrando las calles, se ordenó construir letrinas en todas las viviendas, y se dispone organizar una zona en cada morada para contener la basura, se sugirió que ésta fuera organizada y que un servidor acarrearía la basura con un coche, que debía pasar a diario para recogerla, y debía transportarla al exterior de la villa; esta debía ser tirada lo más lejos posible de la ciudad.

El virrey de Croix, junto con el virrey y conde Bucareli, dispusieron a manera de Orden, fueran desalojados los mercaderes de las Plazas. En Aguascalientes, los mercaderes son desplazados de la Plaza hacia la zona del Parián hacia 1808.

Los Virreyes querían que las Plazas principales, lucieran limpias, con un aspecto agradable; que dieran la bienvenida a la ciudad y brindaran una buena imagen; además, de que con el aseo de la Plaza, se obtenía el desplazamiento de los mercaderes, y se obtenía una negociación económica fecunda, porque el espacio que se les iba a ofertar, tenía un precio de renta o venta; con ello se lograba también, rescatar el dominio de la territorialidad, del suelo central, el más valioso e importante en la ciudad: el espacio público abierto, que encerraba el más grande secreto guardado, el poderío absoluto, con el que se puede negociar y dominar al pueblo.

El antiguo Parián. Fuente: Fototeca, Fondo Alejandro Araiza.

Así, que en Aguascalientes, se transfirió el mercado a lo que todavía es (aunque remodelada tres veces), la actual zona del Parián; el pretexto o la verdadera razón: que los mercaderes, tenían la mala costumbre de tirar la basura al suelo, produciendo un aspecto desaseado del entorno, que mostraba un panorama en condiciones desastrosas; convirtiendo la zona del recibimiento y entrada de la ciudad, en “una auténtica pocilga”.

A veces, resulta difícil separar, el acto juicioso y desinteresado de la actitud que le debería corresponder a los gobiernos, el tomar decisiones sabias, en beneficio de la comunidad (por el bien de la mayoría); de aquellas alternativas ruines, ventajosas y premeditadas, provenientes de algunos grupos o sectores, que optan por lucrar, dominar y transigir con el único objetivo, de ver por sus propios intereses particulares, y el de los de su gremio. Este motivo, que generalmente es, el económico y/o el poder.

Los recursos naturales y la materia prima, son también parte del botín, por el que se debe de luchar, aún cuando se piensa que estos son derechos de la naturaleza accesibles a cualquiera. El agua, aunque algunas veces pareciera inagotable, es un recurso preciado, por el cual se discute y llega a ser un beneficio exclusivo, que se manipula estratégicamente, para el más fuerte: las clases sociales altas y para los poderosos. Ya desde tiempos de la fundación, la repartición de la dotación del agua, había sido planeada por los colonizadores, en un terreno con pendiente, donde fluyen los arroyos desde los manantiales y ojos de agua, se coloca también estratégicamente primero a la villa, por donde pasará primero el agua. El agua continúa su curso, dado por la pendiente del suelo natural, y más distante de la villa, se ubicará al pueblo indígena, pendiente abajo. Esto quiere decir, que por disposición de ubicación topográfica, (y por disposición de los conquistadores españoles) el uso del agua, sea bien por la cantidad del suministro (que en época de escasez, podría beneficiarles a las clases dominantes) o por calidad, limpieza e higiene, (además de ser una cuestión de segregación étnica), le correspondería al conquistador español, y a sus familias, usar de primera mano, el agua que circulaba por los arroyos y las acequias.


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