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MÉTODOS PARA GESTIONAR LA LIQUIDEZ EN UN CONJUNTO DE EMPRESAS COMERCIALES CUBANAS

Marta Gisela Santander Suástegui




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CAPITULO I- Acerca de la teoría sobre la Administración Financiera Empresarial.

I.1- Reflexiones sobre conceptos de liquidez y otros relativos a la administración financiera.

Para iniciar un trabajo investigativo acerca de la liquidez, es preciso remontarnos a los clásicos de la Economía por cuanto dejaron profundas huellas en los economistas que les sucedieron.

En este sentido, la autora desea destacar el estudio del británico John Maynard Keynes, quien lo utilizó para analizar el comportamiento de la demanda monetaria.

Keynes desarrolló en su marco conceptual la liquidez como “tendencia que muestran las personas a escoger activos líquidos frente a otros de más difícil realización”.

La demanda monetaria está conectada con dos funciones principales que cumple el dinero: la de ser un medio de pago y la de servir como depósito de valor. De este estudio se derivó tres razones que estimulan la conservación del dinero y que explican la preferencia por la liquidez. Estas son: transacciones, precaución y especulación.

El interés de la investigación se centró en el motivo “precaución”. La cantidad de dinero necesaria dependerá del valor global de las transacciones que se realicen y este estará influido, a su vez, por el nivel de la actividad económica en general. La “precaución” lleva a conservar dinero para necesidades futuras y contingencias imprevistas, también depende en gran medida, de la renta nacional.

Si vemos este motivo desde una sola cara podemos pensar que en la actualidad se elevaría el costo de oportunidad por la retención de efectivo. Sin embargo, no debemos descuidar que la teoría de Keynes surge en plena Crisis General del Capitalismo y este economista emerge entonces como “salvador” de la economía político burguesa en los marcos del Capitalismo Monopolista de Estado.

Keynes dedicó sus estudios al nivel global, es decir, a la macroeconomía y refleja los fenómenos solamente en la esfera de la circulación, reduciendo todos los fenómenos a la correlación que existe entre la Oferta y la Demanda.

Pero dicho enfoque se realiza en una época de dominio total del capital financiero, donde se sustituye el análisis microeconómico por el macroeconómico debido a las contradicciones del mecanismo de reproducción del capital social en la época del capitalismo monopolista.

Por eso, el modelo keynesiano, ya desde su origen es pragmático como consecuencia del papel que asume el Estado burgués como agente económico directo. El Estado debe responder a los intereses de los monopolios en su conjunto.

Sin profundizar en los criterios de Keynes acerca de la demanda efectiva y oferta global, podemos citar que para él “el capital solo se acumula cuando están presentes los rendimientos esperados y por esta razón, el movimiento del nivel de empleo y los salarios son resultantes del movimiento de la acumulación del capital” y con ello, justifica un sistema de medidas de regulación económica estatal.

Keynes aboga también por la participación del Estado, cuando los ingresos aumentan por cuanto disminuye la propensión marginal al consumo (obsérvese los nexos con la escuela subjetiva) y por tanto se hace necesario incrementar las inversiones y con esto elevar el nivel de empleo.

En resumen, las ideas de Keynes fueron las primeras en representar el capitalismo monopolista de Estado, aún cuando no se extiende a la distribución de la renta nacional y estar diseñado únicamente para el corto plazo sin tener en cuenta el factor tiempo. No obstante, sería imposible interpretar cualquier modelo económico, si desconocemos su teoría pues tiene la exclusividad por excelencia de haber transfigurado las relaciones capitalistas monopolistas.

Hasta aquí lo principal de la teoría de Keynes y su incidencia en el sistema de regulación monopolista estatal. La autora pone énfasis en el modelo keynesiano por requerir de la participación del Estado en la economía de un país cuya pretensión es minimizar el efecto catastrófico que provocan las crisis, las cuales son inevitables y forman parte del desarrollo cíclico.

El Estado es sin dudas, el tema piedra angular en el estudio de la Economía Política. Su comprensión va desde la magnificación hegeliana hasta la consideración marxista como instrumento de dominio de una clase sobre otra.

Para los países subdesarrollados es necesaria la participación del estado en la economía, de lo contrario, la ausencia de regulaciones en las fuerzas del mercado daría lugar a desigualdades regionales y anarquías institucionales pues no siempre las indicaciones que ofrece el mercado implican “desarrollo” y entonces el país se alejaría de un crecimiento económico.

Estas ideas forman parte también de otras políticas neokeynesianas.

No obstante, el pensamiento de Keynes en contraposición al neoliberalismo económico, tiene un punto de partida en el aumento de la masa de dinero y las consideraciones expuestas al inicio de este capítulo.

Podemos hacer referencia a varios economistas clásicos, sin embargo, sin negar la legitimidad y vigencia del pensamiento de Carlos Marx, la autora prefiere citar antes a otros economistas, como por ejemplo Jean Baptiste Colbert quien tuvo la máxima de que “siempre es mejor vender mercancías a los demás que comprárselas, pues lo primero otorga ciertas ventajas, mientras que lo segundo acarrea inevitables perjuicios” o Adam Smith que abogaba por la libertad total del comercio entre las naciones tomando en cuenta el principio de las ventajas comparativas, reafirmado después por el también gran economista David Ricardo “nunca producir en casa lo que nos cueste menos traer de afuera”.

Pero estos pensamientos han sido siempre calificados por muchos autores como “la tradición clásica”.

Quien concibió la verdadera ruptura con la tradición clásica fue Carlos Marx cuando editó su primer tomo de El Capital que describe la apropiación por parte de los capitalistas de una parte del valor creado por la fuerza de trabajo y que no había sido retribuido a los obreros.

De ahí que otra categoría asumida por los economistas clásicos y modernos es el “excedente económico”. Un sistema funciona mientras continúe creciendo este excedente fruto del exceso del valor proveniente de la productividad que no se distribuye entre la fuerza de trabajo y queda en manos de los dueños productivos para satisfacer las necesidades de acumulación y consumo.

Este excedente, según Raúl Prebisch, está sometido a una doble presión. Por un lado, la fuerza de trabajo en el mercado y por otro, el Estado para poder absorber una cantidad mayor de fuerza de trabajo.

“….si esa presión alcanza gran intensidad, comprime en tal forma el excedente que termina por resentirse la acumulación y también el desenvolvimiento de la sociedad privilegiada de consumo”, dice Prebisch.

Y más adelante expone:

“La causa fundamental de la crisis radica en que el potencial de acumulación de excedente se desperdicia en la sociedad privilegiada de consumo y en la succión externa”.

Este autor concluye que es mejor socializar el “excedente” a través del “establecimiento de una disciplina de acumulación mediante la cual todas las empresas debieran acrecentar la cuantía del excedente que se dedica a la acumulación a expensas del consumo de los propietarios de los medios productivos”.

“Todas las empresas deberán acrecentar su acumulación, pero solamente tendrían responsabilidades redistributivas aquellas que derivan la mayor parte del excedente por concentrar una fuerte proporción de los medios productivos.”

Prebisch es también partidario de que el Estado debe encargarse y velar por la administración y distribución del “excedente” cuando dice:

“….el Estado tiene que determinar en que forma deberá emplearse el excedente para cumplir los objetivos económicos y sociales…”

Más adelante sobre este mismo tema, en el año 2006, Heinz Dieterich, publica un artículo donde habla del “tema decisivo” que es la propiedad y el excedente económico.

Con relación a este último, se define el surplus o excedente económico como algo decisivo en la economía ya que no solo es clave quién lo recibe sino quién decide sobre él y en qué forma.

En la práctica internacional vemos las relaciones de la empresa con el Estado y viceversa a través de los impuestos sobre la Renta y al Valor Agregado.

Un país que aspire al desarrollo debe apoyarse en su Estado para regular la competencia tecnológica y financiera que asume hoy un carácter global.

Marx también en su Tercer Tomo trata al capital en su dualidad como propiedad y función y dentro de la primera, logró establecer los vínculos esenciales y causales entre todas las categorías económicas para distinguir la propiedad económica de la propiedad legal. Esto es algo que todavía no se toma en cuenta en la empresa cubana.

Hasta aquí hemos mostrado un enfoque desde el punto de vista de los clásicos antes de que las finanzas empresariales comenzaran a tomar un papel estratégico a nivel mundial.

En la segunda mitad del pasado siglo Weston plantea que el análisis financiero tradicional se ha centrado en cifras. No obstante, el mundo cada vez adquiere mayor dinamismo y frecuentemente se encuentra sujeto a cambios rápidos. Es por ello que el análisis financiero también debe considerar las tendencias estratégicas y económicas que la empresa debe conocer para lograr éxito a largo plazo.

El análisis financiero es un arte que se adquiere con la práctica, este hecho fue confirmado así por los autores Emery, Fimerty y Stowe y con la experiencia después de muchas horas de “hacer números” y del uso de dichos números para tomar decisiones en la línea de fuego. El buen administrador financiero se hace y no nace, se desarrolla a partir de un gran cúmulo de experiencias. La sabiduría viene con la experiencia, a partir de los errores que se haya cometido a lo largo del camino.

“El analista no debe dejarse anestesiar por aquellas razones financieras que parezcan ajustarse a la normalidad.”

Ya que ellas por sí mismas no proporcionan respuestas completas para las preguntas sobre el desempeño de una empresa.

El análisis financiero debe estar asociado a los análisis de tendencia, el cual es altamente útil a nivel mundial, porque analiza los patrones en forma visual a lo largo del tiempo, cuestionándose la política financiera de la empresa.

Para el cálculo de la liquidez que es el tema principal de este libro, como es ampliamente conocido existen diferentes criterios, incluyendo la llamada “prueba ácida”.

Muchos autores calculan la liquidez de la siguiente forma:

Liquidez = Activo Circulante Pasivo Circulante

Otros descuentan del numerador el importe correspondiente a inventarios.

Liquidez = Activo Circulante - Inventarios Pasivo Circulante

Sin embargo, Meigs & Meigs representan la razón de liquidez inmediata (prueba ácida), en su numerador, con los activos de liquidez inmediatos, rompiendo el esquema tradicional de descontar del Activo Circulante solamente los inventarios.

Esos criterios en los que coinciden muchos autores y que difieren de otros como Meigs&Meigs y Bernstein están sujetos a ciertas limitaciones también teóricas pero que la práctica de igual forma ha manifestado.

Estas limitantes no son más que las propias desventajas de este indicador, las cuales pueden explicarse mejor cuando analizamos cada una de las partidas que se incluyen en el mismo.

Empezamos con el activo más líquido de una entidad: el efectivo.

El efectivo debe representar el importe mínimo para saldar las deudas a corto plazo, incluso muchos empresarios prefieren sustituir parte de este activo con líneas de crédito y/o valores negociables. De alguna u otra forma, una insuficiencia monetaria, más que ningún otro factor, es el elemento que puede decidir la insolvencia de una empresa.

Por orden de liquidez, se establece que la próxima partida a analizar sea las cuentas por cobrar.

El determinante principal de este elemento lo constituye el nivel de ventas y se rige por las condiciones de la política de crédito comercial y la calidad de la gestión de cobros. Los cambios en una se corresponden con la otra aunque no necesariamente como una relación directamente proporcional.

Al decir que las cuentas por cobrar incrementan la tesorería, se debe tener en consideración la naturaleza auto renovable de este activo ya que el cobro de una cuenta es sustituido inmediatamente por la concesión de un nuevo crédito a otro cliente.

El resto de las partidas disponibles o realizables se enmarca perfectamente entre el conjunto de cuentas por cobrar y el resto del activo circulante. Por tanto, podemos analizar ya el pasivo circulante.

Este grupo de financiamiento ajeno también está determinado por las ventas puesto que las compras están siempre en función del nivel de actividad. Por consiguiente, el pago del pasivo circulante es esencialmente una operación de reembolso.

Entonces, de acuerdo con lo anterior podemos asegurar las siguientes limitaciones y consideraciones que encierra el cálculo de la liquidez:

-
Depende en cierta medida de los saldos de tesorería y sus equivalentes (efectos, cuentas por cobrar e inversiones temporales).

-
Dado el carácter estático del Estado de Situación, no existe una relación directa entre el capital de trabajo actual y la probable estructura de flujos futuros de tesorería.

-
En ocasiones, los inventarios resultan más líquidos que las propias cuentas por cobrar y sin embargo, estos quedan excluidos de dicho cálculo.

-
Las políticas gerenciales dirigidas a optimizar los niveles de venta, se orientan fundamentalmente hacia la utilización más racional de ciertos activos (cuentas por cobrar, documentos, etc) y solo de manera secundaria hacia la liquidez.

Centrémonos pues en el total de efectivo presente en la entidad tanto en caja como en banco, el cual es sin dudas, el activo más líquido cuyo importe también se conoce internacionalmente como “tesorería”.

La tesorería, dice Bernstein, “incluye su propio coeficiente que junto a las inversiones temporales (consideradas también como equivalentes de tesorería) mide cuanto dinero efectivo está disponible para pagar las obligaciones corrientes. Es una comprobación estricta y mide la capacidad de pago desde un punto de vista ligeramente diferente al de la prueba ácida.”

Tesorería = Efectivo + Inversiones temporales Pasivo Circulante

Más allá plantea, que este coeficiente debería ser una extensión del índice de liquidez del que ya hemos hablado. Sin embargo, dice el autor, “estaríamos ante una comprobación demasiado rígida para resultar significativa al no tener en cuenta el carácter reembolsable del resto de las partidas del activo circulante.”

No obstante este criterio, no debemos excluir el hecho de que el coeficiente de tesorería mide realmente la disponibilidad real del activo líquido, si se quiere conocer objetivamente cuánto es posible pagar en efectivo por cada peso de deuda contraída.

Para Ricardo Pascale la liquidez es una cualidad que refleja la forma en que se concretan la velocidad, la facilidad y el grado de incertidumbre con los cuales un activo puede ser intercambiado por efectivo a un precio tal que el rendimiento del activo sea tan alto como el esperado en un período corto.

Y de este carácter de “cualidad” de la liquidez es que resulta muy difícil cuantificarla en magnitudes absolutas.

Este profesor con una experiencia de más de 6 años dirigiendo el Banco Central de Uruguay además de ser asesor de empresas en casi todos los países de América Latina, Europa y Estados Unidos, combina en el año 1999 su teoría docente de más de 30 años con la experiencia práctica del último decenio.

Sin embargo, ya Emery había propuesto en el año 1982, un ratio que corregía las desventajas que encierra el índice de liquidez, las cuales ya fueron mencionadas en este capítulo y crea un modelo suponiendo que los flujos de caja de la empresa pueden ser caracterizados estadísticamente por su significado y por su desviación estándar.

A este ratio lo denominó Lambda (λ), el cual se calcula de la siguiente forma:

λ = reserva líquida inicial + flujos de caja totales anticipados incertidumbre de flujos de caja

donde:

reserva líquida inicial = promedio de los flujos de caja durante un período determinado

flujos de caja totales anticipados = caja, papeles negociables y líneas de crédito

incertidumbre de caja = desviación estándar del conjunto de datos

Por otro lado, Shulman y Cox desarrollaron el Balance Líquido Neto como otra aproximación al índice de liquidez.

Pero este se basa en que los Activos Circulantes o Corrientes son financiados por fuentes permanentes o a largo plazo y consiste en dividir el siguiente cociente:

Caja + Papeles negociables - Cuentas por pagar Activo Total

Sin embargo, el resultado que se obtiene con esta razón es contradictorio con el ratio λ de Emery puesto que a diferencia con esta última, no considera la volatilidad de los flujos de caja ni la diferencia de los accesos a crédito de la empresa.

Estudiando más de la literatura sobre administración financiera, podemos advertir dentro de la administración del capital de trabajo y de ello, en la administración del efectivo que W. Baumol fue el primero en proveer un modelo de administración de caja en 1952, reconociendo la similitud entre los problemas de inventarios y los de tesorería desde el punto de vista financiero.

Su objetivo era encontrar el punto óptimo. El costo de mantener esa tesorería era el interés que se estaba dejando de ganar. Por eso el volumen óptimo de cada transacción de fondos invertidos a caja sería aquel que minimizara los costos.

C ( T/Q) + i (Q/2)

donde:

Q = volumen óptimo C = costo fijo de cada transacción T = demanda total de caja en el período involucrado i = tasa de interés Q/2 = promedio de caja

Si derivamos con relación a Q, haciéndola 0, logramos la expresión del modelo de Baumol:

Q = √ 2cT i

Esta fórmula indica la cantidad de valores negociables que la empresa necesita vender para mantener un saldo promedio de caja.

Posteriormente, el modelo Miller – Orr por su parte, considera solo los activos relativos a las disponibilidades, propiamente efectivo, y un portafolio de inversiones temporales, estableciendo dos límites, uno superior y otro inferior, cuya intersección del costo de oportunidad de retener efectivo y la inversión en valores negociables, lo consideran el punto óptimo para administrar el saldo en caja.

En 1976 surge el modelo Pascale – Khoury que toma como atributos la media y la varianza. Analiza el concepto riesgo – rendimiento, introduciendo el primero como una restricción para minimizar el costo total esperado en un nivel dado de reserva.

Min E ⎨C (X)⎬

Sujeto a : Var ⎨C (X)⎬ < α

donde:

Var ⎨C (X)⎬ = varianza de la función

C (X) = función para un valor considerado de X

α = valor superior de varianza que la empresa pueda tolerar

Los autores Emery, Fimerty y Stowe también midieron la liquidez como la suma de la rapidez y la eficiencia y también la relación de esta con las ventas a través de la razón de capital de trabajo.

Razón de capital de trabajo = Activo Circulante – Pasivo Circulante Ventas

Estos especialistas calcularon razones de cobertura para medir el riesgo de la deuda. Entre ellas se encuentra la razón de cobertura del flujo de efectivo (RCFE), la cual mide el número de veces en que pueden cubrirse las obligaciones financieras referentes al pago de intereses, del principal, de dividendos de acciones preferentes y renta de activos fijos.

RCFE = ____UAII + Pagos por renta + Depreciación de activos fijos______ Pagos Cargos Dividendos de acciones Amortización por renta + por intereses + preferentes + de la deuda 1 - T 1 - T

Donde T es la tasa marginal de impuestos sobre la renta.

Dado que el pago del dividendo y del principal se realiza después del impuesto sobre el ingreso neto, luego se realiza un cálculo equivalente al flujo de efectivo operacional para poder cumplir con estas obligaciones.

Se dice también que el análisis financiero es más arte que ciencia y así también será la decisión de financiamiento ya que ésta depende de la actitud del empresario ante el riesgo financiero.

La empresa puede modificar su estructura disminuyendo la proporción entre deuda y capital, sin alterar el valor de la empresa, teniendo en cuenta siempre que mientras mayor sea la proporción hacia el financiamiento ajeno mayor será el riesgo financiero pero mayor será también su rendimiento, cumpliéndose el principio financiero de la correlación directa entre riesgo y rendimiento.

Asimismo, la empresa deberá escoger su proporción entre el financiamiento a corto y largo plazo, como una forma más de administrar su capital operacional o razón corriente, es decir, su financiamiento, procurando maximizar también su rendimiento.

En este sentido, la literatura hace mención a tres enfoques básicos de financiamiento del capital de trabajo:

-
Enfoque de equiparación de vencimientos

-
Enfoque conservador

-
Enfoque agresivo

A continuación caracterizamos cada uno de ellos.

Enfoque de equiparación de vencimientos:

Protege contra el riesgo equiparando los vencimientos de sus activos y pasivos. Se recurre al financiamiento a largo plazo para el activo corriente permanente y activo fijo y, el financiamiento a corto para el activo corriente temporal.

Enfoque conservador:

Financiar solo una parte del activo corriente temporal con préstamos a corto plazo y el resto de los activos financiarlos con fuentes a largo plazo.

Enfoque agresivo:

Usar más financiamiento a corto plazo y menos a largo plazo. La meta consiste en elevar la rentabilidad por el principio de riesgo – rendimiento, donde el aumento de la rentabilidad solo puede alcanzarse asumiendo un mayor riesgo.

Otros autores como Zapico, son del criterio de que en la administración de negocios no debe cubrirse una necesidad temporal con un préstamo a largo plazo o, en cualquier forma, con la obtención de fondos permanentes, porque esto sería recargar el negocio con un lastre innecesario, entre intereses y dividendos, gravando las utilidades que deben percibir los verdaderos dueños de la empresa (capital gerencial). Pese a ello, trata también la insuficiencia y el exceso de capital, o sea, si el financiamiento es insuficiente la empresa no tendría garantizado el pago a sus acreedores y la súper capitalización como algo igualmente dañino para el negocio por la pérdida de costo de oportunidad del exceso de capital.

El riesgo financiero de la empresa puede minimizarse también a través de la diversificación de activos e inversiones.

Según Brealey existe una distinción entre el riesgo financiero y el riesgo de insolvencia. La insolvencia es insignificante si el endeudamiento es moderado y expone que para el cálculo de la prueba ácida debe reflejarse en el numerador solamente la tesorería, las inversiones financieras temporales y las facturas que los clientes no hayan pagado aún.

Los autores Horne y Wachowicz muestran varias políticas alternativas con relación al capital de trabajo, enfatizando la rentabilidad sobre la liquidez.

Una de esas políticas es incrementar la liquidez como garantía de poder cumplir con las obligaciones contraídas a corto plazo, pero desde el punto de vista del rendimiento esperado (utilidad neta / activo). Esto trae una disminución de la rentabilidad económica puesto que el denominador va creciendo en la misma medida en que aumenta la proporción de las partidas que forman el activo circulante.

Mientras, el otro extremo de la política alternativa, es aquella menos conservadora o más agresiva, la que trata de disminuir la liquidez manteniendo bajos niveles de efectivo y valores negociables que no garantizan el cumplimiento de las obligaciones, llevando una gestión de cobro severa lo que pudiera provocar la pérdida de clientes o reduciendo inventarios, incurriendo en bajos costos de almacenamiento y mermas pero, con el peligro de disminuir las ventas.

Quiere decir que una política más agresiva es más riesgosa pero reduciría el denominador del rendimiento esperado, lo cual implica evidentemente un aumento de la rentabilidad económica.

Entonces, Horne y Wachowicz llegan a la conclusión de que:

-
la rentabilidad es inversamente proporcional a la liquidez.

-
la rentabilidad es directamente proporcional al riesgo financiero.

Lo anterior debe ir unido al concepto de “valor agregado”, cuando como medida este debe incrementar el valor de la empresa y no precisamente la rentabilidad.

El importe del valor agregado conocido como EVA se obtiene a partir del resultado económico obtenido por la empresa, deduciendo el producto del costo promedio ponderado del Capital y el capital invertido. Entiéndase este último como capital operacional más activo no corriente.

Para Brealey y Myers “el verdadero costo del capital depende del uso que se hace del capital.”

Y tratan entonces la política de dividendos, en la cual exponen que, vale plantearse lo siguiente: “¿por qué pagar efectivo a los accionistas si esto requiere la emisión de nuevas acciones para recuperar la liquidez?”.

Anteriormente los mismos autores enmarcan “fijar un ratio objetivo de reparto que sea lo suficientemente bajo como para minimizar su dependencia de los recursos propios externos.”

La mayoría de los Estados prohíben a las empresas el pago de dividendos si haciéndolo llevara la empresa a la insolvencia. Además las regulaciones estatales impiden a la empresa que pague dividendos si los reparte de su capital social.

Aún si se distribuye todo el Activo como dividendos, los proveedores no cobrarían sus adeudos. De ahí que, estos últimos se protegen contra esto poniendo un límite a los pagos de los dividendos.

Seguidamente, estos dos autores abordan lo siguiente:

Algunas empresas pagan dividendos bajos porque los directivos son optimistas en cuanto al futuro de la empresa y desean retener utilidades para poder expandirse.

Entonces nos encontramos conque, el dividendo no es más que un subproducto de la decisión del presupuesto de capital. Pero si se decide financiar gran parte de los gastos y activos mediante el endeudamiento, entonces el dividendo es un subproducto de la decisión de endeudamiento.

En un mercado perfecto de capitales tenemos que, la rentabilidad esperada del Activo de una empresa (rA); es igual, al resultado operativo esperado dividido por el valor total de mercado de los títulos de la empresa.

Rentabilidad esperada = resultado operativo esperado de los activos (rA) valor de mercado de todos los títulos

Quiere decir que la decisión de endeudamiento de la empresa no influye en cada uno de los cocientes como tampoco en la rentabilidad esperada de los activos de la empresa (rA).

Y por otro lado, se demuestra que “la rentabilidad esperada de las acciones ordinarias de una empresa endeudada crece proporcionalmente al ratio de endeudamiento.”

De ahí que “la proporción deuda – capital propio no varía el riesgo en términos monetarios. Sin embargo, la elección entre deuda y capital propio amplifica el diferencial de rentabilidades porcentuales.”

Adentrándonos aún más en el tema de estructura financiera óptima de la empresa, toda disminución del capital gerencial (financiamiento propio) implica una cuota mayor de distribución para los dueños e incrementa el riesgo por la obtención de esa retribución. Lo anterior está basado en el principio financiero generalmente aceptado de la correlación entre retribución y riesgo.

Se considera una estructura financiera óptima aquella relación entre el financiamiento ajeno y el propio que maximiza el valor de la empresa para los dueños o que minimiza el costo medio ponderado de financiamiento. En cuanto a esto existen criterios basados en teorías tradicionales y otros supuestos que no es interés de la autora extender en detalles.


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