BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

PLURICULTURALIDAD Y EDUCACIÓN. Tomo III

Gunther Dietz y otros




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Conclusiones

El principio central sobre la modernización gestado por la cultura occidental, fue el de concebirla como un producto interno que propiciaba la movilización y la organización social, como sinónimo del desarrollo, con un "beneficio social". El cambio y el desarrollo incesante se concibieron como un ascenso lineal y progresivo. La modernización – según Wallerstein --, es inseparable del progreso, entendido como un despliegue de la razón en la historia como en la ciencia, la técnica y la producción. (Wallerstein, 1996) La modernización se caracteriza por su vocación universalista, puesta de manifiesto en la expansión de las fuerzas productivas y de la economía de mercado que disuelven modos tradicionales de producción. En nombre de los valores universales de la civilización occidental se trata de modernizar a viejas o extrañas civilizaciones, aunque esto signifique la disolución o destrucción de sus valores propios. (Sanchez, 1993, p.26)

El proceso modernizador, ha dado cabida a dos tipos de desarrollo contrapuestos que se manifiestan en el ámbito económico como:

Por un lado, la mutilación y la insatisfacción del sistema de necesidades de la población en regiones periféricas (…) siendo que, la expansión "sobre satisfactoria" del sistema de necesidades se da mediante un sacrificio sistemático de las grandes necesidades colectivas, en beneficio de una proliferación desbordada de necesidades puntuales inconexas y una hipertrofia del micro consumo masificado. Por el otro lado, junto a la destrucción incontenible de la Naturaleza, obligada a cumplir un papel, de simple "fuente de recursos", se da igualmente la ineficiencia real de un proceso técnico de producción de bienes sometido a los caprichos absurdos de un proceso económico de producción de rentas y valores especulativos. (Echeverría, 1995, pp. 18-19)

El desarrollo se manifestó en una ofensiva de opulencia y derroche, contrastando con la pobreza y la escasez. Este modelo, ha probado ser incapaz de generar abundancia permanente de bienes a la sociedad, sin disminuir la tasa de pobreza, miseria y marginación. La asignación universal de esta historia, resulta inaceptable para aquellos pueblos que guardan raíces diferenciadas, cuando se supone entran al "mundo moderno", se crea un conflicto de tipo intercultural. Por ello, para los fines de nuestra investigación, debemos establecer teóricamente, las diferentes concepciones sobre las estrategias para la modernización y los proyectos educativos en sociedades multiculturales.

El surgimiento de las sociedades industrializadas, identifica desde el punto de vista occidental, la transición de la sociedad tradicional a una sociedad moderna, siendo esta interpretación, una representación evolucionista que va de formas sociales simples muy indiferenciadas a sociedades complejas y muy bien diferenciadas. Para esta concepción, se promueve un tipo de proyecto educativo acorde a sus necesidades. (Berman, 1994)

Una de las críticas que podemos hacer a este modelo, es que en un principio se destaca la prioridad del crecimiento, en contra de la estabilidad, como si el primero fuese una fase provisional donde se sentaron las bases y con ello se rompiera la tradicionalidad, llevando con esto a una situación de equilibrio, al señalar que una vez superada esta prioridad se deberá pasar a restaurar otra necesidad. (Giddens, 1998)

El debate sobre la modernización y la globalización ofrecen elementos para la discusión teórica y adquieren significados determinados por los espacios y momentos en que se ubican para su análisis. (Melucci, 1996, pp. 291-293)La noción de globalización ha tenido que ser delimitada y definida como perspectiva de desarrollo, como proyecto de modernización, como política y como forma de constituir redes sociales y educativas. (Barth, 19997)

La práctica ciudadana en torno al desarrollo, es la participación en las esferas económica, política, social y cultural, con ello, necesariamente debe gestarse una política de la diferencia en la que se reconozca la diversidad cultural y las demandas que genera, dando paso al pluralismo. A partir de la participación de diversos grupos sociales con prácticas sociales y culturales diferentes, se contienen sus principios, conciencia de grupo e ideologías, en suma, su identidad, logrando legitimar el espacio como un espacio público de participación social. (Barth, 19997, pp.43-63)

En el debate para el logro del proyecto indígena, se plantea indispensable un escenario plural, de respeto a las diferencias y a la diversidad, pero sobre todo de participación con equidad que conduzca a la discusión, al diálogo y a consensos que tengan impacto en la justicia social para todos.

La lucha por el reconocimiento de los derechos colectivos, se desprendieron de la especificidad cultural de los diversos pueblos, etnias, regiones, y comunidades, constituyéndose en el eje del desarrollo, mostrando un avance notable. La estructuración de las demandas, como alternativas posibles y su nivel de crecimiento en torno a la organización de su cultura, permitió a los diversos grupos y a sus actores sociales, insertarse en los escenarios nacionales e internacionales. (Kymlicka, 2003, 100-128) Los movimientos estructurados en los últimos años, a partir del reconocimiento de la diversidad cultural y étnica provocaron respuestas en el ámbito internacional y nacional, los gobiernos, las instituciones y la sociedad en general, se vieron obligados a ampliar los espacios para el desarrollo, formación y consolidación de la diversidad, como característica prioritaria en la región de América Latina. Una de las expresiones más claras de estos procesos de profundización, materialización y objetivación de la diversidad, son los cambios que en materia de tradición constitucional y legal, promovieron el surgimiento, desarrollo y consolidación de los movimientos indígenas.

El desarrollo, comprendido como proceso de sustitución de prácticas y valores tradicionales, en torno a la construcción un destino nacional homogéneo, es por definición, incompatible con el fortalecimiento de las identidades particulares y con el mantenimiento de la diversidad. El carácter multiétnico y multicultural que se reconoce ahora en la estructura nacional, demanda una nueva concepción del desarrollo, como un impulso desde las culturas, los intereses y las maneras de hacer de las comunidades; una redefinición de los roles de los diferentes actores en los escenarios locales, nacionales e internacionales, así como, condición de seguridad sobre los recursos, democracia en las decisiones y justicia en la distribución.


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