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ELEMENTOS FUNDAMENTALES PARA LA TEORÍA Y ESTRATEGIA DE LA TRANSICIÓN SOCIALISTA LATINOAMERICANA Y MUNDIAL

Antonio Romero Reyes



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Lenin y la revolución mundial.

El advenimiento político del socialismo no presupone el cumplimiento perfecto y exacto de la etapa económica liberal, según un itinerario universal. (Mariátegui 1977: 273).

[...] la crisis del «socialismo realmente existente», es decir, del estalinismo, es una indudable, si no irrevocable, clarificación de las perspectivas revolucionarias de los explotados y de los dominados del planeta. Pero la mistificación de esa crisis como si fuera la victoria y la plena legitimación del poder del capitalismo y de sus imperios, es un contrabando intelectual y político. (Quijano 1988: 5).

La visión inicialmente eurocentrista y “unilineal” de Marx, acerca del desarrollo histórico, tuvo como correlato la concepción sobre la revolución proletaria en los países centrales (Inglaterra, Francia, Alemania) y de allí hacia el resto de Europa, lo cual fue sinónimo de «revolución mundial». Una y otra –visión del desarrollo histórico y concepción del proceso revolucionario— fueron incorporadas y consagradas, por Engels y la II Internacional, en los cánones de la ortodoxia marxista. Posteriormente derivaron en algunos de los tantos «mitos» (v. gr. el mito de la revolución) de la izquierda occidental, a los que se refieren Heller y Feher (1985: 57-116).

Aquel fue entonces el contexto en que el joven Lenin recibió y acogió de su maestro Plejánov –y luego de Kautsky— “lo más eurocentrista” de la herencia intelectual de Marx, influencia que se reflejó en su propia concepción de la revolución rusa y a nivel mundial, al menos hasta 1920 como se verá más adelante. A fin de ubicar al lector vamos a proporcionar un recuento histórico sobre los orígenes de la socialdemocracia rusa y el bolchevismo.

El movimiento revolucionario en Rusia se remonta a los años 40 del s. XIX. Hasta los años 60 se diferenciaban en dos grandes corrientes: «occidentalistas» y «eslavófilos». Se trataba sobre todo de movimientos intelectuales sin asidero social de ningún tipo. En los 70 se produce el “descubrimiento” del campesinado ruso como potencial revolucionario, y hacia el final de esta década (1879) el movimiento populista representado por Tierra y Libertad se fracciona entre «anarquistas» y naródniks. Los primeros fueron influidos por las doctrinas de Bakunin y se agruparon con el nombre de Reparto Negro (Cherny Perediel); los segundos estaban a favor de la lucha política directa mediante atentados contra el zarismo y formaron el partido Naródnaya Volia (La Voluntad del Pueblo). Descendientes directos de este segundo grupo fueron los socialistas-revolucionarios, organización creada en 1902.

A fines de la década de 1870 Plejánov se distancia políticamente de la corriente anarquista, se marchó a Europa y creó en Suiza (1883) el Grupo Emancipación del Trabajo (Osvobozhdénie Trudá), del que formaron parte Piotr Axelrod y Vera Zasúlich (camaradas de Plejánov en Reparto Negro), dedicando sus esfuerzos a combatir ideológicamente y durante 15 años a los naródniks «desde dentro del populismo» (Clarke 2003: 100-101). A mediados de la década de los 90 irrumpieron los «marxistas legales», quienes junto a otros grupos participaron del primer intento por fundar el «Partido Obrero Socialdemócrata Ruso», en el Congreso de Minsk (1 al 3 de marzo de 1898); antes de este evento, en 1895, se había formado en San Petersburgo la «Liga para la lucha por la emancipación de la clase obrera» entre cuyos integrantes se hallaba Lenin, «un joven y entusiasta discípulo de Plejánov» (Carr 1985: 19). La corriente de los «economistas» constituyó otra de las expresiones de la socialdemocracia rusa contra las que Lenin se enfrentó antes del segundo congreso (el fundacional) del POSDR (Bruselas y Londres, julio y agosto de 1903, respectivamente). El propio Lenin dividió la historia de la socialdemocracia rusa en tres periodos: 1884-1894, 1894-1898 y 1898 en adelante (Lenin 1974: 233-236). Esta periodización fue actualizada por él mismo a la luz de los acontecimientos posteriores a 1898 (Lenin 1915: 42-50): 1883-1894 (la socialdemocracia rusa como tendencia ideológica), 1894-1903 (primera escisión: «economistas e iskristas»), 1903-1908 («menchevismo y bolchevismo»), 1908-1914 («marxismo y liquidacionismo»), 1914-1915 («marxismo y socialchovinismo»). Es interesante notar que, antes de consagrarse como el creador de la teoría y práctica del «bolchevismo», Lenin compartió algunas cuestiones fundamentales que habían sido expuestas por sus rivales ideológicos y políticos. Así, con relación a los «marxistas legales»:

“Diametralmente opuestos a los naródniks, los marxistas legales aceptaban sin matización alguna la teoría marxista [AR: la ortodoxia preconizada por Engels] de que el desarrollo del capitalismo burgués es una etapa previa y necesaria para la realización final del socialismo; y a este respecto creían que Rusia tenía que aprender de Occidente y recorrer la senda por la que habían caminado ya los occidentales. Hasta aquí Lenin se hallaba en total acuerdo con ellos.” (Carr 1985: 24).

Y con relación a Plejánov, su maestro y mentor intelectual:

“El status privilegiado de la intelectualidad que fue establecido por la filosofía de Plejánov se realiza en la concepción de Lenin del partido, que no representa a la clase trabajadora por ser la forma política por medio de la cual la masa de la clase trabajadora representa sus intereses, sino porque es la forma institucional en la que la ideología revolucionaria se moviliza como una fuerza histórica. [...] Pero la transformación de Lenin de la teoría política de Plejánov no fue en la dirección del marxismo sino que más bien asimiló nuevamente el marxismo de Plejánov a las tradiciones populistas de las que había surgido.” (Clarke 2003: 103).

En agosto de 1914, y tras conocerse la votación en el Reichstag (parlamento alemán) a favor de los créditos de guerra, Kautsky aun no era denunciado ni estigmatizado por Lenin. Este hablaba de “traición” refiriéndose de manera más amplia a la II Internacional, a los “Jefes de la Internacional”, a la socialdemocracia alemana y en particular a la mayoría socialdemócrata que se pasó al campo del chovinismo y la “defensa de la patria”. La alusión a Kautsky es más bien indirecta: «[...] quien más flaco servicio presta al proletariado son las gentes que (como el “centro” del Partido Socialdemócrata Alemán) vacilan entre el oportunismo y la socialdemocracia revolucionaria y procuran silenciar o encubrir con frases diplomáticas la bancarrota de la II Internacional.» (Lenin 1914). En este mismo año, antes del hecho, la valoración que Lenin hacía de la socialdemocracia alemana seguía siendo inestimable:

“Prácticamente los alemanes tienen dos partidos –escribía Lenin en abril de 1914— y se debe tener cuenta de ello sin proteger en lo más mínimo a los oportunistas (como lo hacen ahora la Neue Zeit y Kautsky). Pero, decir que el partido alemán es el más oportunista de Europa, no es exacto. Él es, de todas maneras, el mejor, y nuestra tarea es asimilar todo lo que de bueno tienen los alemanes (el gran número de periódicos, la masa de afiliados al partido y de miembros que militan en los sindicatos, las suscripciones sistemáticas a los periódicos, el control riguroso a los parlamentarios; este último es el mejor, y no como entre los franceses y los italianos, para no hablar de Inglaterra, etc.); de asimilar todo esto sin alentar a los oportunistas.” (Lenin citado por Ragionieri (1981: XIV-XV).

Recién en 1915 Kautsky es denunciado por “traición”, rompiendo Lenin definitivamente con él en 1918.

Un año antes de octubre de 1917 Lenin ya tenía perfectamente en claro, desde su óptica, como se daría la revolución a escala «mundial», lo cual estaba directamente conectado con su pensamiento de 1905-1915 sobre la revolución en Rusia (Carr 1985: 70-78), concepción con la que romperá al día siguiente de su llegada a la Estación de Finlandia en Petrogrado, el 3 de abril de 1917, retornando del exilio en el tren que lo trajo desde Alemania. La expresión de esa ruptura quedó plasmada en las famosas Tesis de Abril (Carr 1985: 94-105), pero cuyo preanuncio fueron las 5 Cartas desde lejos escritas en Suiza, especialmente la primera que llegó a publicarse en “Pravda” (periódico oficial del partido bolchevique) el 21 y 22 de marzo (Carr 1985: 102).

Veamos mediante un ejemplo lo que pensaba Lenin acerca de la revolución mundial, en 1916 y en el contexto de su debate con P. Kíevski al interior del partido bolchevique:

«La revolución social no puede ser una acción unida de los proletarios de todos los países, por la sencilla razón de que la mayoría de los países y la mayoría de la población de la Tierra no se encuentran todavía en la fase capitalista o se hallan apenas en la fase inicial del desarrollo capitalista. [...] Únicamente los países avanzados de Occidente y de América del Norte han madurado para el socialismo, y P. Kíevski puede encontrar en la carta de Engels a Kautsky (Sbórnik Sotsial-Demokrata), una ilustración concreta del “pensamiento” –real y no sólo prometido— de que soñar con la “acción unida de los proletarios de todos los países” significa aplazar el socialismo hasta las calendas griegas, es decir, hasta “nunca”.» (Lenin 1916b: 35).

La mencionada carta es del 12 de septiembre de 1882. Más adelante, sobre el mismo asunto:

“La revolución social sólo puede producirse bajo la forma de una época que una la guerra civil del proletariado contra la burguesía en los países avanzados con toda una serie de movimientos democráticos y revolucionarios, comprendidos los movimientos de liberación nacional, en las naciones poco desarrolladas, atrasadas y oprimidas.

“¿Por qué? Porque el capitalismo se desarrolla de manera desigual, y la realidad objetiva nos muestra, a la par con las naciones capitalistas altamente desarrolladas, toda una serie de naciones muy poco desarrolladas o no desarrolladas en absoluto en el aspecto económico. P. Kíevski no ha pensado para nada en las condiciones objetivas de la revolución social desde el punto de vista de la madurez económica de los distintos países.” (Lenin 1916b: 36).

Esto que pudo ser cierto un año antes de octubre de 1917, definitivamente perdió vigencia en la actualidad (2010). El capitalismo es hoy en día, mucho más que antaño, global y planetario, y el desarrollo desigual tiene que ser apreciado en este nuevo contexto ya que todos los países sin excepción, aun las “naciones muy poco desarrolladas o no desarrolladas en absoluto” han sido incorporadas dentro del engranaje de la ley del valor mundializada. Téngase en cuenta que en la polémica contra Kíevski, Lenin recurre a argumentos ya expuestos en 1914-1915 (así lo reconoce en las primeras páginas de su folleto), contenidos principalmente en los siguientes documentos: el manifiesto del Comité Central que establece la actitud del POSDR frente a la guerra (Lenin 1914), las resoluciones de la Conferencia de Berna (27 de febrero al 4 de marzo de 1915), así como el folleto divulgativo El socialismo y la guerra escrito con Zinóviev (Lenin 1915), que descansa en las mismas resoluciones. La Conferencia de Berna había sido convocada por iniciativa suya –de Lenin— para definir la táctica del POSDR en la «guerra imperialista» que se estaba escenificando en toda Europa.

Los tres párrafos arriba citados de Lenin condensan, pues, su concepción de revolución en el plano internacional. En primer lugar, nótese el énfasis (Únicamente) así como la dirección implícita del proceso que precede a este énfasis (primero hay que desarrollarse en el sentido capitalista, requisito sin el cual es imposible plantearse el socialismo). En segundo lugar, habla de «revolución social» («guerra civil» entre burguesía y proletariado) considerando los diferentes niveles de desarrollo económico en cada país y en tal sentido, primerísimamente, de la revolución social en los «países avanzados», la cual se iría generalizando alrededor del mundo deviniendo de esta manera en revolución mundial, entendiendo esta última como una «época» de revoluciones sociales donde se encuentren o «unan» las del norte con las luchas de liberación nacional que se libren en el sur. Desde este punto de vista, el escenario privilegiado de la revolución es el estado-nación, haciendo de la revolución mundial un escenario derivado, una consecuencia de la generalización de las revoluciones en los estados-nación.

El enfoque y concepción leninista de la revolución se aprecia más concretamente en los documentos oficiales de la III Internacional. En el «Manifiesto de la Internacional Comunista a los proletarios de todo el mundo» con el que concluye el Primer Congreso celebrado en Moscú (2 al 6 de marzo 1919) podemos leer, con relación a la cuestión colonial, lo siguiente:

“ [...] La emancipación de las colonias sólo es concebible si se realiza al mismo tiempo que la de la clase obrera de las metrópolis. Los obreros y los campesinos no sólo de Anan, de Argelia o Bengala sino también de Persia y de Alemania nunca podrán gozar de una existencia independiente hasta el día en que los obreros de Inglaterra y de Francia, luego de derrotar a Lloyd George y Clemenceau, tomen en sus manos el poder gubernamental. Desde ahora, en las colonias más subdesarrolladas, la lucha no se lleva a cabo solamente bajo el estandarte de la emancipación nacional sino que inmediatamente adopta un carácter social más o menos evidente. Si la Europa capitalista arrastró a los sectores más atrasados del mundo, y contra su voluntad, en el torbellino de las relaciones capitalistas, la Europa socialista, por su parte, socorrerá a las colonias liberadas con su técnica, su organización, su influencia moral, a fin de lograr su tránsito a una vida económica regularmente organizada por el socialismo.

“ ¡Esclavos coloniales de África y Asia: la hora de la dictadura proletaria en Europa sonará para ustedes como la hora de vuestra liberación!” (Internacional Comunista 1981: 94).

Fue en el Segundo Congreso de la IC (17 de julio al 7 de agosto 1920) donde Lenin, luego de más de dos años de gobierno bolchevique y soviets, y tras dos años de guerra civil (1918-1919) exhibió un cambio de perspectiva frente a la cuestión de los países coloniales y atrasados, tomó distancia de su eurocentrismo previo y contribuyó a diferenciar políticamente a la III de la II Internacional. Su participación sobre el problema colonial fue decisiva para las tesis adoptadas en esta materia. Allí retoma la vieja pregunta del populismo revolucionario ruso a Marx, sobre el destino de la comuna rural ante el embate del capitalismo en la Rusia zarista, pero redimensionándola, esta vez para referirse a los “pueblos atrasados”. Extraemos el siguiente fragmento de su exposición donde, dirigiéndose a la sesión plenaria del congreso reunido el 26 de julio de 1920, resume el debate alrededor de sus tesis en la Comisión para los Problemas Nacional y Colonial:

“La cuestión ha sido planteada en los siguientes términos: ¿podemos considerar justa la afirmación de que la fase capitalista de desarrollo de la economía nacional es inevitable para los pueblos atrasados que se encuentran en proceso de liberación y entre los cuales ahora, después de la guerra, se observa un movimiento en dirección al progreso? Nuestra respuesta ha sido negativa. Si el proletariado revolucionario victorioso realiza entre esos pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. [...] la Internacional Comunista habrá de promulgar, dándole una base teórica, la tesis de que los países atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden pasar al régimen soviético y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al comunismo, soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista.” (Lenin 1976b: 56-57).

El párrafo completo pone énfasis en los “países atrasados”, aunque también menciona una sola vez (en la parte que hemos suprimido) a las “colonias”, y su pertinencia descansa en esta premisa: la lucha de liberación en los países atrasados acontece dentro del mismo tiempo histórico de la revolución mundial. Estamos persuadidos que Lenin estaba tomando en cuenta este escenario, al menos en sus potencialidades, por lo dicho en las partes previas de su discurso. Destacamos en particular:

“La segunda idea que orienta nuestras tesis es que, en la actual situación del mundo, después de la guerra imperialista, las relaciones entre los pueblos, así como todo el sistema mundial de los Estados vienen determinados por la lucha de un pequeño grupo de naciones imperialistas contra el movimiento soviético y contra los Estados soviéticos, a cuya cabeza figura la Rusia soviética. Si no tenemos en cuenta este hecho, no podremos plantear correctamente ningún problema nacional o colonial, aunque se trate del rincón más apartado del mundo. Sólo partiendo de este punto de vista es como los partidos comunistas de los países civilizados, lo mismo que los de los países atrasados, podrán plantear y resolver acertadamente los problemas políticos.” (Lenin 1976b: 53).

Y más adelante:

“[...] Es indispensable que el proletariado de los países avanzados puede y debe ayudar a las masas trabajadoras atrasadas, y que el desarrollo de los países atrasados podrá salir de su etapa actual cuando el proletariado triunfante de las repúblicas soviéticas tienda la mano a esas masas y pueda prestarles apoyo.” (Lenin 1976b: 56).

De acuerdo con estas tesis leninistas, sostenemos entonces que “los problemas políticos” en los países atrasados solamente se pueden “plantear y resolver” correctamente en el marco de un proceso revolucionario a escala mundial.

Por “gobiernos soviéticos” o “repúblicas soviéticas” creemos que Lenin ha querido referirse a regímenes o Estados que surgen de “revoluciones victoriosas”, sea en países europeos o en “países no capitalistas”. Lo desprendemos de la atenta lectura de su «Informe sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista», del 19 de julio (Lenin 1976a: 39 y 45). A diferencia de las tesis sobre la «emancipación de las colonias», sancionadas por el primer congreso en 1919, se puede notar que los aliados de los “países atrasados” son dos grandes bloques que proporcionarán la “ayuda”: las “naciones adelantadas” y los “gobiernos soviéticos”. El protagonismo deja de descansar exclusivamente en Europa y esta tesis eurocentrista viene ahora matizada por la postulación de “gobiernos soviéticos” que Lenin asocia además con la de «régimen soviético», es decir, fundado en la organización de Soviets de campesinos, trabajadores y explotados en general; recomendando su adaptación “a las condiciones de un régimen social precapitalista” (Lenin 1976b: 57).

Esta última sugerencia hecha por Lenin se encuentra recogida en las tesis evacuadas por la comisión donde participó pero donde cobra otro sentido. Así, con relación a la Tesis Nº 11 inciso 4, mientras Lenin recomendaba la adaptación la tesis remarca en la aplicación (el subrayado es nuestro):

«[...] es indispensable, en particular, realizar todos los esfuerzos para aplicar los principios esenciales del régimen soviético en los países en que predominan las relaciones precapitalistas, por medio de la creación de “soviets de trabajadores”, etc.» (Internacional Comunista 1981: 155).

Evidentemente, una cosa significa adaptar y otra aplicar. Por su parte, la idea de “evitar” la fase capitalista en las condiciones señaladas por Lenin, no formaron parte del cuerpo de las tesis principales, sino en la última (la 9) de las Tesis suplementarias, lo cual nos llamó fuertemente la atención. Allí la revolución mundial tiene el alcance de “revolución en las colonias, en su primer estadio”. En otras palabras, se limita a la reproducción de la revolución rusa de 1917 (febrero y octubre) en todos los países que son “colonias”, como un formato de aplicación universal, y la marca registrada del eurocentrismo reaparece en el último párrafo.

En nuestros tiempos actuales resucitar poniendo parches a esa tesis o algo parecido conlleva la defensa de un desatino por inaplicable. Lo mismo cabe decir –aunque por insostenible— de la concepción estereotipada sobre el desarrollo histórico, en base a la cual se desprendió aquella tesis. Incluso la “cuestión agraria” se ha convertido en un tema tan sensible para la supervivencia de la humanidad que resulta inapropiado y desacertado mantener la misma mirada de los años 20, según países o zonas contiguas pertenecientes a varios países, si se quiere, al margen de que sean o no “colonias”. Esa cuestión u otras, hoy en día, tienen un alcance planetario y solo pueden ser resueltas “correctamente” a ese nivel.

La implicación política que vamos a desprender para el tema de la revolución, difiere sustancialmente del pensamiento de la III Internacional sobre el mismo asunto. Antes debemos indicar que las consecuencias de largo plazo de todo este “marxismo” solo pudieron ser detectadas y reveladas hasta hace poco. Así,

“El marxismo se basó en los mismos principios de Razón y de continuidad lineal de la historia, aunque modificó los contenidos. Por ello, el modelo europeo del marxismo tiene dificultades en pensar la raza como justificación y estructuración de la explotación del trabajo; y tiene dificultades en pensar la heterogeneidad estructural y la colonialidad del poder.” (Mignolo 2002b: 240).


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