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ELEMENTOS FUNDAMENTALES PARA LA TEORÍA Y ESTRATEGIA DE LA TRANSICIÓN SOCIALISTA LATINOAMERICANA Y MUNDIAL

Antonio Romero Reyes



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El debate sobre el porvenir de la comuna rural en Rusia.

En el Manifiesto Comunista de 1848 Marx y Engels postularon que la revolución proletaria o socialista se irradiaría desde Europa hacia el resto del mundo, a partir de un centro que -por constituir la cuna y principal sede del capitalismo— en su época le correspondía a Inglaterra. Explicado de mejor manera:

“No hace falta decir que Marx concibió la revolución proletaria como una revolución dentro de Occidente. Cuando examinó la necesidad y las posibilidades de una revolución mundial simultánea, para él «mundial» quería decir en Inglaterra, Francia y Alemania. Rusia o América, en la perspectiva de Marx y sus contemporáneos, sólo eran apéndices del «mundo» que seguirían el ejemplo una vez desencadenada la acción de los «proletarios de todos los países», que quiere decir de Europa occidental, y en última instancia también de los de Europa central.” (Heller y Feher 1985: 73).

En los años 40 del s. XIX Rusia y EEUU (“América”) constituían la periferia de Europa (“Occidente”) como países proveedores de materias primas, así como, en la Antigüedad, Europa fue periferia de China, la India y el mundo islámico entre 1200 y 1500 (Amin 2001: 16). La condición periférica de Rusia está reconocida en el Prefacio a la edición rusa de 1882 del Manifiesto Comunista, reproducido por Engels en el correspondiente a la edición alemana de 1890 (Marx y Engels 1848). De 1848 hasta la publicación del Libro primero de El Capital (1867), Marx había manejado “una visión unilateral de la historia universal” (Dussel 1990: 243) que se originaba en «occidente» y, dentro de este, desde alguna “centralidad” (un estado-nación «moderno»). Con posterioridad a dicha publicación, y a raíz de la cuarta redacción de su inmensa e inacabada obra, Marx fue descubriendo elementos que le llevaron a replantear su visión “unilineal” y eurocéntrica, anclada en occidente y la cultura occidental, situación que en cambio no ocurrió con Engels.

Marx, pues, fue adquiriendo plena conciencia del problema campesino en general y de la cuestión rural rusa en particular, espoleado por el material que le enviaba Nikolái F. Danielsón, con quien además mantuvo correspondencia desde 1868 hasta 1882; la lectura que hizo de los teóricos populistas rusos (Flerovski; Chernishevski; Mijailovsky; Herzen), reflejándolo en sus escritos del último periodo como La guerra civil en Francia (escrito en 1871 y publicado en alemán en 1891), Crítica del programa de Gotha (1875) y la edición francesa de 1875 de El Capital. Meritorio había sido también el tránsito previamente realizado sobre los casos de Polonia, Irlanda y Turquía. (Para mayores detalles cf. Dussel 1990: 243-255). Melotti (1974: 188 ss) fecha el interés de Marx hacia el estudio de la realidad social rusa en 1861, aunque esta parte de su libro (esp. 188-195) proyecta sobre todo una defensa de la postura de Engels ante la misma cuestión. Sobre la importancia del colonialismo inglés en la India y China, así como de la lucha de «liberación nacional» en Irlanda, para el «viraje» de perspectiva histórica operado por Marx, véase Aricó (1980a: 63-68). Para Quijano, en cambio, el «viraje» de Marx no implicó necesariamente una ruptura completa con su eurocentrismo (sus continuadores y herederos tampoco lo hicieron):

«[...] al irse familiarizando con las investigaciones históricas y con el debate político de los “populistas” rusos, se dio cuenta de que esas unidireccionalidad y unilinearidad dejaban fuera de la historia otras decisivas experiencias históricas. Llegó así a ser consciente del eurocentrismo de su perspectiva histórica. Pero no llegó a dar el salto epistemológico correspondiente. El materialismo histórico posterior eligió condenar y omitir ese tramo de la indagación de Marx y se aferró dogmáticamente a lo más eurocentrista de su herencia.» (Quijano 2000a: 360).

Marx, entonces, ya se hallaba inmerso en sus investigaciones sobre Rusia antes de la famosa carta que Vera Ivánovna Zasúlich le dirigió desde Ginebra, a mediados de febrero de 1881. Cuando escribía sus borradores de respuesta (el texto definitivo apareció publicado en 1924), Marx ya tenía diferencias de criterio con Engels, aunque sin explicitarlas, respecto del futuro de la comuna rural rusa (la obschina) y las posibilidades de la revolución socialista en ese país. En este sentido, para Dussel el prólogo a la edición rusa del Manifiesto Comunista (21 de enero 1882) fue “un texto de compromiso” (1990: 262), corroborando la apreciación que Aricó había sostenido 10 años antes (1980a: 153).

El “texto de compromiso” en la parte pertinente del prólogo a la edición rusa de 1882 del Manifiesto Comunista, expresaba lo siguiente:

« El “Manifiesto Comunista” se propuso como tarea proclamar la desaparición próxima e inevitable de la moderna propiedad burguesa. Pero en Rusia, al lado del florecimiento febril del fraude capitalista y de la propiedad territorial burguesa en vías de formación, más de la mitad de la tierra es poseída en común por los campesinos. Cabe, entonces, la pregunta: ¿podría la comunidad rural rusa –forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra— pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente?

« La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se complementen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida a una evolución comunista.»

Aricó ofrece una explicación de las diferencias entre Marx y Engels sobre la cuestión rusa:

«Más allá de los matices que puedan encontrarse en ambos discursos, lo que realmente interesa destacar es la diferente concepción del nexo entre teoría y movimiento social que los inspira. En su análisis, Marx no excluye la posibilidad del desarrollo capitalista en Rusia; simplemente lo considera como un hecho históricamente negativo que los hombres –es decir, el movimiento social— debe por todos los medios evitar. Dando por descontado la inevitabilidad histórica del proceso capitalista ruso, Engels, en cambio, considera a éste como una transformación históricamente progresiva. Aunque no está explícitamente dicho, sino apenas sugerido, el análisis de Marx nos hace pensar en que, según él, el socialismo ruso depende en gran parte de la posibilidad de evitar el capitalismo. El de Engels, en cambio, parte de la convicción de que el socialismo sólo es posible luego del capitalismo en Rusia. Para decirlo de un modo distinto, en los años noventa el “voluntarista” Marx ha cedido su lugar al “objetivista” Engels, y a través de éste, a la expansión en Rusia –pero no sólo en ella— de un marxismo instalado ideológicamente en el momento “legal”. Y por eso, durante los primeros años el joven marxismo ruso polemizó contra el populismo desde la perspectiva de Struve. Cuando se opera la diferenciación entre las dos alas del marxismo ruso, la ecuación leniniana de voluntarismo populista + objetivismo marxista está tan firmemente instalada en el interior de una teoría del partido y de la revolución, que queda fuera del análisis la hipótesis subyacente en el pensamiento de Marx y que infructuosamente trató de explicitar en la respuesta a sus amigos y discípulos populistas. La abrumadora presencia de masas rurales vinculadas por lazos comunitarios no podía dejar de tener profundas implicancias sobre el modelo “occidental” de proceso de transición ensayado en Rusia.» (Aricó 1980a: 153).

Indudablemente, en la última etapa de su existencia, Marx experimenta un cambio de perspectiva fundamental con respecto a la “visión unilineal de la historia” (el eurocentrismo) sin acarrear –cabe la aclaración— ninguna ruptura con su posición teórica. Como sostuvo el mismo Dussel:

«Este “viraje (Kehre)” -por llamarlo de alguna manera— sólo se sitúa en el nivel histórico, concreto; nivel de desarrollo del discurso dialéctico. El nivel esencial, en donde se encuentra abstractamente el discurso de El Capital, no es cuestionado en absoluto. En realidad, no hay en él argumentos en pro o en contra de la cuestión de la “comuna rural rusa”, porque ésta se sitúa en el nivel concreto o histórico de las condiciones de posibilidad de la aparición del capital.» (Dussel 1990: 260).

El cambio de perspectiva a ese nivel, el histórico, llevaba necesariamente hacia un vuelco (“viraje estratégico” en términos de Aricó) en la correspondiente perspectiva marxiana de la lucha revolucionaria. Como lo explicó José Aricó:

“Desde fines de la década del sesenta en adelante Marx ya no abandonó su tesis de que el desarrollo desigual de la acumulación capitalista desplazaba el centro de la revolución de los países de Europa occidental hacia los países dependientes y coloniales. Es por ello que estudia cada vez con mayor apasionamiento los procesos de proletarización que se operan en la India, Turquía, Europa oriental y finalmente Rusia. Si bien era el interés político el que motivaba el desplazamiento de su atención, en la medida en que fue precisamente en estos lugares donde se opera por esos años un extraordinario crecimiento del movimiento revolucionario, lo que realmente interesa es cómo intenta fundar científicamente las causas de las crisis y las convulsiones sociales. Y es con referencia a la cuestión rusa que elabora los apuntes más interesantes sobre las condiciones particulares en que debía operar la acumulación del capital en un país sumamente atrasado, aunque no “dependiente” como Irlanda o la India, y cuya estructura agraria se caracterizaba por la supervivencia de instituciones sociales precapitalistas que hacían de la tierra una propiedad común.” (Aricó 1980a: 69-70).


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