BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

ADOLESCENTES DE SECUNDARIA URBANA CON BAJA PERCEPCIÓN DEL RIESGO DE ITS. PERFIL SOCIOPSICOLÓGICO - SEXUAL MOA 2009

Sandris Batista Anache



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Capítulo 3. Análisis de los Resultados.

El cuadro No.1 (Anexo 7) responde a la distribución de la muestra según el indicador relaciones sexuales inestables, donde 7 de los encuestados, el 13.73%, en su opinión revela haber tenido relaciones sexuales con más de una persona en un período menor en 6 meses (relación sexual inestable identificada); este mismo porciento se autopercibe como inestable en sus relaciones sexuales, (relación sexual inestable autopercibida), mientras que 37 de los miembros de la muestra, el 72.54% no habían tenido relaciones sexuales hasta el momento de ser encuestados.

Al analizar este indicador puede observarse una razón de no relaciones sexuales de tres a uno, lo que significa que del total de los encuestados por cada tres con baja percepción del riesgo a las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) que no han tenido relaciones sexuales hay uno que mantiene relaciones sexuales inestables. Debe resaltarse que la investigación se enmarca en el período de adolescencia temprana, por lo que a medida que los adolescentes avanzan en su desarrollo dentro de esta etapa estos resultados tienden a aumentar significativamente.

El comportamiento de este indicador es igual a las referencias aportadas por la bibliografía consultada de Heinrich Brückner, donde se destaca que en esta etapa del desarrollo es muy usual las relaciones de pareja inestables, pues los adolescentes carecen aún de madurez psíquica, entendida como la capacidad para mantener uniones estables y duraderas. Esto se hace evidente pues en esta etapa los adolescentes, al sus relaciones de pareja ser de corta duración, esta inmadurez psíquica no les permite establecer un vínculo empático con fuerte componente afectivo que consolide una relación íntima perdurable, están en la etapa de probarse a sí mismos, lo que los lleva a experimentar de forma sistemática.

El cuadro No.2 (Anexo 7) muestra el empleo del preservativo durante las relaciones sexuales, donde 37, el 72.54% no ha tenido relaciones sexuales, mientras que de los 14 que tuvieron relaciones sexuales del total, el 15.7% afirma que siempre usa el preservativo durante el encuentro sexual, el 7.84% afirma usarlo algunas veces y el 3.92% no lo usa nunca. Resultados similares se encontraron en la investigación realizada por Coralia Zayas Torres en su trabajo “Patrones de comportamiento sexual de riesgo para adquirir VIH en juveniles” en 2008, donde el 77.8% de la muestra no siempre usa el condón en sus relaciones sexuales, lo que evidencia que este comportamiento inadecuado, que tiene su comienzo en la adolescencia, se mantiene e incluso se agrava en la juventud.

Al analizarse este indicador se constató que el pobre uso del condón estaba relacionado con la insatisfacción que generaba el mismo, pues los encuestados argumentaban que este les quedaba grande y era molesto y además no se sentía igual. Al respecto la Especialista en Infecciones de Transmisión Sexual Digna Toirack González del Departamento de ITS de la Policlínica Rolando Monterrey de nuestro municipio, en su opinión como experta plantea: “cuando se les regalan los preservativos en la consulta se les explica la importancia de su uso… que es para que se protejan, no solo de las ITS y el VIH/SIDA, sino también de los riesgos asociados a un embarazo precoz, pero ellos no los usan… expresan “yo así no me siento bien”, “así no se siente igual” y cosas por el estilo”. Hay que destacar que este comportamiento responde, en parte, a los tabúes y conceptos herrados que se esgrimen alrededor del preservativo, y que son trasmitidos de padres a hijos con un componente subjetivo que varía muy poco de lo aprendido de sus padres con anterioridad, al pasar de una generación a otra. Por esta razón todas las instancias relacionadas con el tema deben prestar más atención a este aspecto y favorecer e influir en que se expendan preservativos que se ajusten a los requerimientos de los adolescentes, ya que estos constituyen una parte importante de la población, que por sus características específicas, durante este período se muestran más vulnerables a contagiarse con alguna ITS.

En el cuadro No.3 (Anexo 8) se evalúa la edad de comienzo de las relaciones sexuales, donde 8 de los 14 encuestados que tuvieron relaciones sexuales, lo que representa el 15.7% del total de la muestra comenzaron las relaciones sexuales entre los 11-12 años, mientras que el 11.76% inició las relaciones sexuales entre los 13-14 años, con una media aritmética de 12 y una desviación estándar de más menos uno, lo cual significa que estos adolescentes iniciaron las relaciones sexuales coitales entre los 11-13 años de edad. Este indicador coincide con la información aportada por Alicia Gonzáles Hernández en su trabajo “La sexualidad del adolescente” publicado en la revista Sexología y Sociedad de abril de 2001, que llama la atención sobre este aspecto. En esta etapa del desarrollo en ellos y ellas, como consecuencia de un aumento de la libido, comienza a formarse la necesidad de pareja, comprendiendo que la casi totalidad de las zonas de su cuerpo, y en especial los genitales, responden a estímulos erógenos somáticos o psicógenos, entrando en una fase de experimentación sexual, caracterizada por el deseo intenso de disfrutar de las más amplias variedades de vivencias eróticas y espirituales, lo que desencadena una búsqueda activa de experiencias eróticas que los motivan al ejercicio progresivo de su sexualidad.

El cuadro No.4 (Anexo 8) investiga los antecedentes de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Solo uno de los miembros de la muestra, el 1.96% refirió antecedentes, mientras que el 98.04% no los refirió.

El comportamiento de este indicador está muy relacionado con el pobre uso del preservativo y el déficit cognitivo acerca de las vías de transmisión de las ITS de estos adolescentes, pues solo 17 de los encuestados, el 33.3% conoce las vías de transmisión de las ITS, el resto de la muestra conoce vagamente o tiene un conocimiento erróneo sobre este aspecto. Este resultado difiere del obtenido por Damaris E. Sánchez Feria en su Trabajo de Diploma “Comunicación padre-adolescente para la sexualidad responsable” en el 2008, la misma plantea que los adolescentes, de forma general, sí tienen conocimientos de las ITS y sus vías de transmisión, aunque debe resaltarse que su trabajo fue realizado solo con los adolescentes de 9no. grado; no así en esta investigación, la que involucra a estudiantes de 7mo., 8vo. y 9no. grados, lo que evidencia que, a pesar de que esta temática es tratada con frecuencia a través de los diferentes medios de difusión, no se está logrando el efecto deseado, porque a la hora de elaborar las informaciones que se emiten no se tienen en cuenta determinados aspectos que favorecen que las personas a quienes van dirigidas las informaciones se conviertan en receptores pasivos, al no sentirse identificados.

En el cuadro No.5 (Anexo 9) se identifican las diferentes prácticas sexuales empleadas por los miembros de la muestra, donde el 43.13% emplea el beso francés, el 27.4% la penetración vaginal con el pene, el 25.4% la masturbación en parejas, el 19.6% frota el glande del pene contra la vulva sin penetración, mientras que el 15.7% emplea la penetración anal con el pene, el cunnilingus y la eyaculación sobre el cuerpo de la pareja. Un comportamiento similar se puede apreciar en el trabajo de la Lic. Coralia Zayas Torres, donde el mayor por ciento de la muestra emplea prácticas de riesgos (todas aquellas prácticas que involucran el contacto con semen, fluidos vaginales y sangre, así como las practicas orogenitales sin protección)

Al analizar estos resultados contrastados con los del cuadro referido a la frecuencia del uso del preservativo, sumado al carente conocimiento sobre las principales vías de transmisión de las ITS, se aprecia que este déficit cognitivo y el pobre empleo del condón durante las relaciones sexuales favorece el contagio con alguna ITS, al ser estas practicas, en su mayoría, de riesgo.

El cuadro No.6 (Anexo 9) muestra las prácticas de orientación sexual de la muestra estudiada, evidenciándose que el 98.04% se identifica con las prácticas sexuales con orientación heterosexual, mientras que solo uno de los encuestados, el 1.96% refiere ser bisexual.

En esta etapa del desarrollo no se puede hablar de una orientación sexual consolidada, pues la misma se consolida de manera más estable y definitiva en la juventud, por lo que este comportamiento de la muestra es considerado normal. Al respecto Alicia Gonzáles Hernández plantea que durante la etapa de la adolescencia es donde el sujeto comienza a orientarse sexualmente a través de las vivencias, posturas que asume y que les generan placer y disfrute sexual, marcando su orientación sexual definitiva más adelante, en la etapa de la juventud. Estos comportamientos sexuales solo llegan a ser generadores de conflictos si son mal manejados por los adultos cercanos a los adolescentes, provocando con su actitud y las posturas que asumen que estos vivencien el sexo como algo sucio, obsceno y poco placentero, que más adelante puede favorecer la aparición de problemas en esta área, que dificulten el ejercicio de una sexualidad plena, gratificante y responsable.

En el cuadro No.7 (Anexo 10) se investiga acerca de la comunicación familiar sobre temas sexuales, donde el 43.13% refiere que en ocasiones los padres conversan con ellos sobre estos temas, mientras que el 35.29% refirió que la comunicación era muy frecuente. Los resultados de este indicador tienen un comportamiento similar a los resultados obtenidos por Damaris E. Sánchez Feria en su investigación, quien sita a la Dra. Liset Pérez Bouza, Especialista en 1er grado de Ginecología y Obstetricia y Profesora Auxiliar de la Facultad de Ciencias Médicas del Municipio de Moa, la cual plantea: “la comunicación padre-hijo a mejorado, dado el nivel cultural de muchos padres, por demás jóvenes también, además del volumen de información que se recibe a través de los medios como la radio, la TV, y otros; que conllevan necesariamente al debate familiar. Sin embargo, creo que pudiera contribuir a mejorar con la preparación de los padres en “La escuela de padres”, trabajando estos temas o programas establecidos por el MINED y no funcionan, quienes pudieran ser asesorados por especialistas de la comunidad (psicólogos, sociólogos, ginecólogos) sin embargo, no se explotan las potencialidades y fortalezas con que contamos”.

En el análisis de estos resultados se hace evidente que se ha logrado un incremento en el diálogo de los padres con los adolescentes sobre la temática de la sexualidad, aunque pudo apreciarse que todavía persisten muchos tabúes, prejuicios y conceptos herrados sobre esta temática y, que sobre la base de estos los adultos basan sus enseñanzas, logrando el efecto contrario en la mayoría de los casos, a pesar de las buenas intenciones, pues los padres siguen intentando persuadir a sus hijos para que no tengan relaciones sexuales durante esta etapa, en lugar de prepararlos para asumir responsablemente, y con toda la protección requerida, este momento. Por esta razón debe seguirse insistiendo en la socialización de estos temas y hablar desinhibidamente de padres a hijos, con franqueza; de igual modo los medios de enseñanza tienen un rol fundamental en este sentido, porque la realidad es que los adolescentes no se van a detener, van a continuar teniendo relaciones sexuales en esta etapa de su desarrollo y todos debemos de sentirnos comprometidos en enseñarlos a asumir su sexualidad responsablemente.

En el cuadro No.8 (Anexo 10) se expone la distribución de la muestra según principales áreas de conflicto, donde el 96.07% refirió dificultades en el área que investiga acerca de su persona, predominando la distracción y la tendencia a pensar en cosas lindas que no existen (fantasías), el arrepentimiento y sentimiento de culpa constante por cosas que hacen, la imposibilidad de ventilar sus problemas personales con alguna persona, así como la preocupación por la fealdad o defecto de alguna parte de su cuerpo; el 92.1% asume tener dificultades en el área que responde a su estado físico o salud, predominando dentro de esta área la preocupación por la salud, por el modo de mejorar su figura y el desconocimiento de si su energía física y resistencia son normales; el 90.1% refiere dificultades en el área que indaga las relaciones con otros muchachos o muchachas, donde predominan la necesidades de tener más amigos o, por lo menos, un buen amigo, así como la preocupación relacionada con la normalidad o no de su desarrollo sexual.

Al analizar estos resultados podemos apreciar a unos adolescentes preocupados por su salud, su apariencia física y la normalidad de su desarrollo sexual, que muestran una marcada necesidad de interacción social, evidenciada por el interés que muestra por las relaciones con sus coetáneos, aspectos estos considerados normales para la edad y etapa del desarrollo en que se encuentran, y que se corresponden con lo expuesto por Alicia Gonzáles Hernández. Muestran además dificultades en la concentración durante la actividad escolar, así como en el desarrollo adecuado de la misma. Por otra parte pudo inferirse dificultades en la comunicación de sus problemas personales a sus padres, a su vez exigen un nivel de independencia a la hora de tomar decisiones que los padres no les permiten, sintiéndose impotentes e incapaces de poder corresponder con las expectativas de lo que sus padres esperan de ellos.

En esta etapa, el y la adolescente comienzan a desarrollar las capacidades superiores de la personalidad, que se caracterizan por la construcción de la autoestima, la autoconfianza, la autoafirmación, etc. y, que en el caso específico de estos adolescentes, existe una fuerte demanda de atención por parte de los especialistas a través de la intervención, para que estos puedan incorporar estos contenidos de la personalidad de forma adecuada y saludable, de manera tal que posteriormente su desarrollo personológico sea normal, con un alcance del potencial de bienestar y desarrollo social adecuados.

El cuadro No.9 (Anexo 11) muestra los principales rasgos de la personalidad de estos adolescentes con baja percepción de riesgo a las ITS, donde el 37.25% muestra rasgos obsesivos y un 23.52% rasgos esquizoides e inmaduros.

Estos resultados muestran a unos adolescentes desconfiados, con inmadurez psíquica y emocional, que muestran preocupación excesiva por aspectos poco significativos, desinterés, labilidad emocional, fatiga y, además, tendientes al juego tanto verbal como físico, No se encontró ninguna investigación con la que pudiera contrastarse los resultados obtenidos.

El cuadro No.10 (Anexo 11) evalúa las principales motivaciones de estos adolescentes con una baja percepción del riesgo a las ITS, entre los que predominan la motivación hacia la interacción social en un 80.39%, hacia la autorrealización en un 72.54%, hacia los estudios con un 62.74%, hacia la familia en un 54.9% y en las relaciones con los profesores en un 52.94%, mientras que el 37.25% se encuentra motivado hacia la pareja y las relaciones sexuales y el 25.49% hacia las actividades lúdicas.

Al analizar estos resultados encontramos a unos adolescentes con una fuerte motivación hacia la interacción social, lo que está muy relacionado con esta etapa. Sobre este aspecto Alicia Gonzáles Hernández, hace alusión a la importancia que adquieren los coetáneos durante este período de su desarrollo y la afinidad que existe entre los miembros que integran los grupos informales que se originan. De igual modo predomina la motivación por la autorrealización y los estudios, y hay que precisar que, aunque la mayoría vivencia el estudio como una actividad aburrida y poco placentera, si comprenden la importancia que reviste para su desarrollo futuro; muestran también una motivación acentuada hacia la pareja y las relaciones sexuales, lo que es considerado normal en esta etapa del desarrollo, guardando una relación con el aumento de la libido que se produce en este período y, por otra parte, aún persiste el juego como consecuencia de su inmadurez psíquica y emocional.


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