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PENSAR EL TERRITORIO: LOS CONCEPTOS DE CIUDAD-GLOBAL Y REGIÓN EN SUS ORÍGENES Y EVOLUCIÓN

Luis Mauricio Cuervo González




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F. Polisemia, polivalencia y multi-escalaridad del concepto de región

El seguimiento en paralelo de la evolución del concepto de región en la economía y la geografía del siglo XX permite derivar algunas conclusiones interesantes en términos del debate de validez y pertinencia. Como se planteó en la introducción de este capítulo, la observación más gruesa y notable que se debe hacer de este recorrido tiene que ver con las variaciones experimentadas por el concepto a lo largo de los años, llamando entonces a la reflexión sobre los factores que las explican y, eventualmente, la función que pueden llegar a desempeñar en cada momento.

Una primera dimensión explicativa de estas variaciones es el contexto histórico en el cual el concepto se formula. Esta relación con el contexto sugiere que el concepto es una suerte de testigo o huella de las preocupaciones del momento, además de convertirse en herramienta de confrontación de las mismas. En efecto, varias de las épocas y de las tendencias fuertes de definición del término están marcadas por estas preocupaciones:

1 A finales del siglo XIX en Alemania y Francia, por ejemplo, se muestra su relación con los particulares procesos de formación de estados nacionales y la peculiar problemática territorial en cada uno. La identidad territorial y el naturalismo, en Alemania, como expresión de una necesidad de reafirmar una identidad nacional y de buscar una delimitación territorial adecuada despojada de alguna contaminación subjetiva. Fórmula de conciliación de la unidad en la diversidad en un territorio aún muy plural en lo cultural y lo social para el caso francés.

2 La gran ruptura provocada por el advenimiento de la ciencia regional, sumada a la preocupación políticamente legitimada por las disparidades económicas territoriales provocadas por la urbanización y la industrialización, traduce la presencia de un fuerte voluntarismo nacional, impregnado de un proyecto modernista en donde la igualdad al acceso a las condiciones de progreso material es fundamental.

3 Los años posteriores a 1970 dan testimonio de la confluencia de varios procesos de cambio social: un mayor protagonismo territorial derivado del debilitamiento del estado central y de la necesidad creciente de autonomía local, la revalorización de la diversidad y de la pluralidad cultural y social como contraparte al previo proceso de homogeneización, el nacimiento de un voluntarismo de naturaleza y escala diferente, local y endógeno principalmente.

Aunque esta coincidencia o convergencia entre el tipo de problemática histórica y la noción específica de región es relativamente fácil de apreciar, contando con la concomitancia como única prueba de esta conexión, el impacto social de estas nociones es obviamente más difícil de establecer, imposible con el tipo de información acá considerada.

Un segundo gran factor determinante de estas variaciones es más propio de la actividad científica y se relaciona con las oleadas y ondas de transformación de los enfoques epistemológicos empleados por los académicos en sus debates e investigaciones. La manera como se produce conocimiento en cada época está marcada por la presencia de enfoques dominantes que no sólo tienen repercusión sobre lo que se investiga sino también sobre la manera como los actores colectivos intervienen para manejar sus problemas. Estos cambios de enfoque y énfasis están intervenidos por la problemática de cada momento pero también poseen una dinámica propia, relacionada con debates no solamente disciplinarios, sino también filosóficos y transdisciplinarios. Aunque es difícil establecer un orden de causalidad entre lo social y lo epistemológico, es evidente que las nociones de región se van trasformando al ritmo de la confrontación entre estas dimensiones autónomas pero estrechamente interdependientes. Los criterios de validez científica se transforman a medida que las herramientas de observación cambian, que se producen descubrimientos en otros campos del saber y que se ponen a prueba políticas inspiradas en enfoques determinados, revelando sus flaquezas y fortalezas. No obstante, estos cambios de enfoque y orientación teórica no son simultáneos en todas las disciplinas, ni tampoco son adoptados con la misma fuerza en las distintas comunidades académicas, probablemente por razón de las peculiares mentalidades y situaciones.

La prominencia y la supervivencia de determinados conceptos y nociones de región se deciden y se juegan, además de en el campo de la confrontación científica propiamente dicha, en los campos de la comunicación y del poder. Un campo de confrontación inevitable y fundamental es obviamente la crítica científica operada a través de los medios con los que se cuenta para realizarla: revistas especializadas, coloquios, encuentros, seminarios y publicaciones. No obstante, la suerte de cada una de estas nociones o conceptos depende también de los medios con los que cuente para su difusión, y de la efectividad de los canales empleados. Obviamente también el poder político cuenta como factor decisivo en la medida en que las nociones puestas a prueba a través de experiencias concretas y resultados visibles cuentan también con mejores condiciones de difusión y adopción masiva.

Teniendo en cuenta las anteriores observaciones se debe sugerir que el debate en torno de los conceptos de región debe acompañarse muy especialmente de una discusión acerca del entorno social en el cual se ubica y del impacto esperado de su proposición y utilización. No se trata, por tanto, de una decisión meramente, ni tampoco principalmente, técnica. Al parecer, decidirse sobre un determinado concepto o enfoque de región debe contar con el suficiente respaldo académico y técnico pero considerando muy especialmente el contexto socioeconómico en el cual se ubica que permite manifestarse acerca tanto de su conveniencia, como de su viabilidad. Por otra parte, la discusión filosófica y epistemológica reviste una importancia estratégica en la medida en que a través de ella se hace posible, o bien se desautoriza, la utilización de determinados enfoques y nociones. Su papel es especialmente importante en períodos de crisis paradigmática y de búsqueda de alternativas, en la medida en que desarrolla la capacidad autocrítica y de reformulación de la manera de enfrentar los problemas. Finalmente, el intercambio de experiencias a través de estudios de caso y sistematización de experiencias es tan importante como la evaluación de políticas o procesos en marcha, en la medida en que ponen en evidencia dimensiones desconocidas y repercusiones inesperadas de la aplicación de determinadas políticas inspiradas en enfoques específicos.

Como se anunció en la introducción, la fórmula o contenido específico otorgado al concepto de región es polisémico, polivalente y multiescalar:

a) En cuanto a su significado, las diferentes salidas adoptadas giran en torno de la manera específica de entender los procesos de unidad en la diversidad, de diferenciación y semejanza. Alrededor de esta preocupación en común, las diferencias abundan pues en unos casos es el punto de referencia es el sistema natural (áreas homogéneas entendidas como síntesis particular de múltiples y diversos elementos), los procesos de poblamiento (unidades de densidad), las formas de funcionamiento (nodos y redes), o los procesos de crecimiento económico (disparidades).

b) La escala, por su parte, es considerada en dos sentidos, para nada resueltos en términos de tamaño físico y de delimitación territorial. En el primer sentido se hace referencia a las posibles escalas o niveles de distinción de los que hacen parte las regiones: diferencia, diferenciación y heterogeneidad. La primera entendida como especificidad, la segunda como distanciamiento persistente o creciente, la tercera como separación de naturaleza, fundamental, de universo, podría decirse. En el segundo, tiene que ver con la relación entre escala e identidad. Aunque no se define en términos de tamaño ni delimitación, la escala, en este caso inferior a algo que es la referencia y de lo cual se hace parte, es el origen y la fuente de la identidad propia de lo regional. Se trata de un tamaño y una forma indefinidos pero asociados con la existencia de algún medio de cohesión que la hace única y distinta.

c) El valor, finalmente, está relacionado con el sentido ético y el papel político que le es asignado. En cuanto a este papel político, o bien se considera la región como mera depositaria de fuerzas planetarias, expresión fiel y pasiva de ellas, o bien como agente con posibilidad de juego y capacidad de innovación, bien sea económica, cultural o social. El sentido ético se halla íntimamente asociado a la primera acepción de escala arriba mencionada, o bien como simple distinción (parte del todo), como distanciamiento creciente (entendido como separado y excluido), o como radicalmente diferente (por fuera de la unidad en consideración, de otra naturaleza). Los posibles valores asociados a cada una de estas situaciones serían, de forma correspondiente, los de justicia, injusticia y reivindicación de la diferencia (rebelión).


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