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PENSAR EL TERRITORIO: LOS CONCEPTOS DE CIUDAD-GLOBAL Y REGIÓN EN SUS ORÍGENES Y EVOLUCIÓN

Luis Mauricio Cuervo González




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C. La globalización urbana como norma y como dato

En el medio académico es corriente encontrar ejercicios de investigación que toman las conclusiones de Sassen (1991) como su punto de partida, utilizándolas como norma. En estos casos se examina entonces si la economía urbana estudiada se asemeja o distancia de los modelos de referencia:

¿Su estructura social se polariza?

¿La composición de sus actividades se terciarizan mientras el sector manufacturero se contrae y desplaza a otras localizaciones?

¿Las brechas con el territorio nacional se incrementan?

¿Surgen nuevos símbolos urbanos como los centros comerciales, la gentrificación, el estilo de vida cosmopolita, el centro de negocios basado en la provisión de servicios a las empresas, el mall,5 el country,6 el loft,7 etc.?

De la constatación de convergencias o divergencias con estos fenómenos propios de la ciudad-global surgen variadas interpretaciones que van desde la afirmación de la ciudad-global como fenómeno generalizado y concepto casi universal, propio de la ciudad contemporánea, hasta la contraposición al empleo del término y la afirmación de una muy restringida validez geográfica.

Por otra parte, en otras tradiciones se le toma como mero descriptor o dato, entendiendo la globalización como la dimensión internacional del desarrollo o de la evolución urbana reciente. Más que explorar si las ciudades examinadas convergen con la categoría de ciudad-global o no, se preocupan por cuantificar los grados y tipos de internacionalización de la vida urbana, especialmente en lo funcional y económico. Parte del hecho reconocido, reconocible y aceptable, de la creciente importancia de la articulación local-mundial y se interesa en categorizarlo, medirlo e interpretarlo. Adicionalmente, suelen contener un esfuerzo interpretativo en el sentido de intentar explicar la razón de las semejanzas y diferencias con respecto al patrón esperado y, a partir de ellas, proponer ampliaciones, matices y posibles contradicciones de la teoría examinada.

1. La ciudad-global como norma en Preteceille (1995)

En sus trabajos sobre París adopta un enfoque representativo de lo que hemos llamado la ciudad-global como norma pues a partir de las conclusiones obtenidas por Sassen (1991) para Nueva York, Londres y Tokio, examina el grado de convergencia o divergencia de la capital francesa y deriva una serie de conclusiones teóricas generales y específicas al caso parisino.

Su punto de partida es explícitamente el trabajo de Sassen (1991) y sus referentes centrales son aquellos identificados como sus principales conclusiones.

“La teorización más elaborada (Sassen, 1991) sitúa en efecto, entre sus hipótesis centrales, la existencia de un lazo estructural entre las transformaciones económicas típicas de tales ciudades y la intensificación de su dualización social y urbana” (Preteceille, 1995, p. 118).

A partir de estos referentes, la contrastación empírica específica del caso parisino le permite derivar conclusiones en términos de semejanzas y divergencias con respecto al patrón teórico de orientación. La conclusión central se presenta en términos de la indiscutible presencia de la globalización como factor explicativo de las transformaciones urbanas parisinas. No obstante, la constatación empírica central pone de manifiesto las peculiaridades del caso parisino: hay una conformidad apenas parcial al modelo de ciudad-global propuesto por Sassen.

“Si las transformaciones recientes de la estructura económica de la metrópolis parisina están sin dudas marcadas por la globalización, el conjunto de la evolución económica y social de la región se ajusta sólo parcialmente a las tres hipótesis que definen el modelo teórico de la ciudad-global” (Preteceille, 1995, p. 150).

Las principales semejanzas se presentan en el campo de los cambios en la estructura económica urbana de París, donde la presencia de las funciones terciarias superiores y de comando es significativa y tendencialmente creciente. No obstante, este crecimiento está explicado no solamente por los factores propuestos por Sassen (1991) sino también por otros específicos a este caso como es su naturaleza de capital política de la nación y su importancia como polo industrial de alta tecnología, hecho muy poco presente en Londres o Nueva York.

“En el plano económico, las actividades más ligadas directamente a las funciones financieras, de comando y de control y de innovación en los servicios avanzados a las empresas, propuestas por Sassen (1991), como dominantes en el proceso de globalización, son las que crecen más rápido, pero este crecimiento no depende exclusivamente del crecimiento de otras actividades, ligadas a la función política o de consumo colectivo, o al polo industrial de alta tecnología” (Preteceille, 1995, p. 150).

La hipótesis del distanciamiento socioterritorial de la ciudad-global con respecto a su región y país, parece descartable en el caso parisino.

“Además, la globalización no pareciera separar a la metrópolis del resto del país sino más bien estrechar los lazos de una dependencia jerárquica y de una complementariedad transformada” (Preteceille, 1995, p. 150).

Finalmente, la pretendida polarización social y creciente segregación socioespacial tampoco serían características de la evolución reciente de la metrópolis parisina.

“En el plano sociológico, no se observa la dualización social de conjunto planteada por el modelo como hipótesis, sino más bien un crecimiento muy fuerte de categorías superiores y menor pero no desdeñable de categorías medias, el retroceso del proletariado industrial no está acompañado del fuerte crecimiento del nuevo proletariado terciario planteado por el modelo como hipótesis. Y si ciertas tendencias a la dualización de la estructura socioespacial se manifiestan, no caracterizan por sí solas la evolución de la morfología de la región urbana” (Preteceille, 1995, p. 150).

La expresión más convincente del carácter normativo que se le asigna al concepto de ciudad¬

global surge al momento de proponer una interpretación de estas divergencias con respecto al

modelo de referencia. Se exploran varias alternativas:

a) El modelo mismo no se cuestiona sino que esta divergencia sería la muestra de una “imperfecta” o aún “insuficiente” globalización.8

“Una primera respuesta sería que el modelo no está puesto en cuestión, pero que la metrópolis parisina está todavía imperfecta, y aún insuficientemente inserta en la lógica de la globalización, para así llegar a ajustarse correctamente” (Preteceille, 1995, p. 151).

b) Una variante de la primera interpretación haría recaer la explicación de las diferencias en la naturaleza apenas incipiente de la globalización parisina, de ser una ciudad en “vías de globalización”.9

“Una variante de esta interpretación sería entonces que la globalización es un proceso en curso, con avance desigual e incompleto, caracterizado por la diferencia con respecto al modelo, variable por ciudad, y proporcional a la resistencia de una estructura económica y social previa a este proceso emergente.” (Preteceille, 1995, p. 151).

c) Una interpretación más crítica de estas diferencias se expresaría en pensar estas divergencias como resultado de la naturaleza misma del proceso, no simplemente desviación o atraso.

“Otra respuesta posible es, a la inversa, considerar que la complejidad de estructuras y de evoluciones observadas es en sí misma una característica de la globalización” (Preteceille, 1995, p. 152).

En este sentido, las características del modelo de Sassen (1991), se explicarían por el hecho de tomar un caso como punto de partida, no necesariamente ni obligatoriamente generalizable al resto de ciudades. En estas condiciones, la universalidad y generalidad del concepto sería cuestionable.

“Para ir en este sentido, podemos considerar que el modelo de Sassen (1991), le otorga un lugar excesivo —demasiado central, demasiado dominante— a la globalización financiera, y que esto es el resultado de la identificación, sin razón, de una amplificación coyuntural —el boom financiero de los años ochenta— como una tendencia estructural. (...) La subestimación de las funciones políticas de las ciudades globales, y de la dimensión política de la estructuración del proceso de globalización, sería el efecto de un punto de vista americano-centrista, que subestima el papel de los estados y de una confusión excesiva entre globalización y políticas neoliberales” (Preteceille, 1995, p. 152).

Esta crítica de Preteceille (1995), abre perspectivas muy interesantes, especialmente en dos sentidos. Por una parte, en términos epistemológicos, refuerza las dudas y dificultades de abstracción y generalización presentes en el ámbito de la investigación urbana, con aplicación específica a las ambigüedades e imprecisiones de la manera como Sassen (1991), emplea el término de ejemplos líderes, cuando alude a la situación específica de Nueva York, Londres y Tokio:

¿El estado y características de estas ciudades es representativo del universo urbano?

¿Lo es como realidad o simplemente como proyección?

¿O bien, al contrario, un término como el de ciudad-global está atado al contexto específico en el que nace y se aplica y cualquier pretensión de generalización cae en el peligro del etnocentrismo, en este caso americano-centrismo?

Por la otra, en sentido etimológico, abre la perspectiva de la utilización del término de ciudad-global como argumento, es decir, como modelo resultante de la conjunción de una serie de condiciones y requisitos a partir de la variación de los cuales pueden obtenerse múltiples resultados, algunos convergentes y otros contradictorios con el modelo de referencia. Es esta acepción la que será trabajada en una sección posterior.

2. La ciudad-global como dato en Smith y Timberlake (1995)

Sassen (1991) supone que las tres ciudades por ella analizadas, Londres, Tokio y N. York, constituyen un subsistema urbano global integrado, específicamente a nivel de las actividades financieras. Desde este punto de vista, Smith y Timberlake, intentan medir estas interconexiones y establecer su intensidad y su estructura. Por esta razón representan un caso de lo que hemos entendido la ciudad-global como dato.

“En este documento, nuestra principal preocupación es esto —las redes de las ciudades del mundo, definidas por los intercambios que las unen” (Smith y Timberlake, 1995, p. 288).

“La conceptualización de las ciudades del mundo como nodos en las múltiples interconexiones económicas, sociales, políticas y culturales que constituyen el sistema mundial ha llevado a preguntarnos cómo podríamos comenzar a poner en el mapa las relaciones estructurales constituidas por las interrelaciones entre las ciudades del sistema mundial” (Smith y Timberlake, 1995, p. 289).

Las mediciones realizadas han puesto el énfasis en la observación de los atributos y características de las llamadas ciudades globales y de los procesos de internacionalización de las ciudades en general. La originalidad del trabajo de Smith y Timberlake (1995, p. 292), consiste en intentar una medición de los flujos e interrelaciones internacionales, constitutivas de los procesos de globalización urbana:

“Sin embargo, el punto que estamos enfatizando aquí, es que si bien las teorías empleadas se refieren a relaciones entre lugares geográficos, sólo los atributos fueron directamente observados”.

El principal aporte de este artículo consiste entonces en la medición de las interconexiones globales y su discusión teórica y metodológica previa. Por restricciones de información, la variable finalmente utilizada es la de las interconexiones aéreas. Los resultados reafirman algunas de las conclusiones y supuestos de Sassen y de Friedman (1986 y 1993) y ponen en evidencia algunos hechos pasados por alto por estos mismos autores.

Del procesamiento de la información utilizada, Smith y Timberlake (1995, p. 298, tabla 1), establecen una jerarquía de ciudades globales cuyos dos primeros escalones están constituidos, en orden descendente por: (a) Londres, París, N. York y Tokio, y (b) Hong Kong, Ámsterdam, Singapur, Frankfurt y Los Ángeles. La primera sorpresa es la presencia de París en el grupo de las cuatro ciudades globales:

“Londres, Nueva York, y Tokio, en orden descendente, son las ciudades globales más centrales, lo que confirma el estudio cualitativo de Friedman (1986) y Sassen (1991). Pero también hay una sorpresa cerca del tope. París está justo debajo de Londres y sobre Nueva York en la dimensión del sistema de ciudad-global.” (Smith y Timberlake, 1995, pp. 297-298).


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