BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

CIUDAD Y GLOBALIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA: ESTADO DEL ARTE

Luis Mauricio Cuervo González




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D. La caracterización general y particular de los cambios experimentados por la ciudad y el territorio

1. Caracas:

Las transformaciones de Caracas son puestas en perspectiva y en el contexto de las características de la red urbana y el sistema productivo territorial venezolaN° Las características generales de este sistema son resumidas por Cariola y Lacabana así: en la región central se ubica la industria más competitiva de productos no tradicionales de exportación y las ciudades con mayor capacidad para atraer inversiones dentro del contexto nacional (Valencia y Maracay); los estados petroleros de Oriente y Zulia ha recibido inversiones atraídas por la apertura petrolera, desencadenando atracción poblacional por encima de las posibilidades reales de creación de empresas y empleos; en el sur, especialmente en el Estado de Guayana, la dinámica regional está marcada por la privatización de las industrias básicas; finalmente, el área metropolitana de Caracas (AMC) “sigue manifestando una tendencia a la reconcentración económica pero, al igual que en otras metrópolis latinoamericanas, este proceso no se centra en las actividades industriales sino tiende a especializarse en actividades del llamado terciario superior y en funciones de dirección. Caracas, además de ser la capital política del país, tiende a asegurar con mayor definición su carácter de capital económica y principal centro de negocios (Barrios, 1998). Este rol de Caracas es dinamizado por visiones e iniciativas institucionales que buscan transformarla en un centro regional de negocios para el área del Caribe” (Cariola y Lacabana, 1999, p.5).

Por otro lado, a la escala propiamente metropolitana, se estarían dando las siguientes tendencias emergentes: cambio del carácter económico de la centralidad metropolitana; expansión funcional del ámbito territorial del área metropolitana; fragmentación territorial e institucional y consolidación del patrón de segregación socio-territorial preexistente (Cariola y Lacabana, 1999, p.6). Como parte de estos procesos, la industria se está desconcentrando hacia la periferia metropolitana, el resto del país y otros países presentando una caída en la participación del empleo manufacturero en el total metropolitano de un 20% en 1987 a un 15% en 1998, mientras las actividades de terciario superior y comunicaciones se concentran en su mayoría en esta misma área que detenta entre el 43% y el 50% de estas actividades en el total nacional. Esto último se ha acompañado de una expansión del comercio de importación, la construcción de grandes centros comerciales y la ampliación del sector informal (Cariola y Lacabana, 1999, p.6).

En términos de la configuración espacial del AM se estaría presentando tendencias semejantes a las constatadas en las otras grandes ciudades latinoamericanas: “El AMC ha desbordado sus límites y se ha articulado funcionalmente con las sub-regiones periféricas en un área mayor que conforma hoy la Región Metropolitana de Caracas (…) —la cual— ha estado asociada al desarrollo de sistemas de transporte y de infraestructuras de vialidad, —al lado de— la ampliación y modernización de distritos de negocios desplazadores de actividades y de población residente y a las lógicas de localización del capital comercial y de recreación que contribuyen a generar nuevas centralidades sub-urbanas” (Cariola y Lacabana, 1999, p.7).

Las diferencias sociales en la ocupación del territorio metropolitano se habrían acentuado, siguiendo los patrones preexistentes: “La diferenciación socio-territorial está claramente definida en la RMC. Mientras el Valle de Caracas, particularmente hacia el sur-este, constituye el área residencial de los sectores de más altos ingresos, Garenas-Guatire y los Valles del Tuy representan la alternativa residencial para los sectores medios empobrecidos” (Cariola y Lacabana, 1999, p.8).

Esta expansión se conjugó con los procesos de descentralización y privatización y estaría contribuyendo a generar situaciones de fragmentación de la gestión metropolitana, ya mencionados para el casos de otras grandes ciudades latinoamericanas: “la expansión metropolitana basada en la incorporación de nuevos municipios y los efectos de la descentralización en cuanto a crear nuevos protagonismos locales han estimulado la fragmentación de los ámbitos de gobierno en la capital” (Cariola y Lacabana, 1999, p.8).

Tal vez uno de los fenómenos más específicos de Caracas y de sus cambios recientes deriva de la intensidad del proceso de empobrecimiento social. Un primer efecto del empobrecimiento ha sido el incremento significativo del número de trabajadores de la familia, estrategia de supervivencia y mitigación de la caída de los ingresos individuales: “Estos procesos se ligan estrechamente a lo que se ha dado en llamar el fenómeno del trabajador adicional y que responde claramente a la necesidad de generar mayores ingresos en la familia como estrategia de sobrevivencia para hacer frente a la caída de los mismos (…) la tasa de cuentapropismo se incrementó del 14% al 29% mientras que, paralelamente, la tasa de salarización disminuyó del 89,4 al 67,2%” (Cariola y Lacabana, 1999, p.11). Es así como entre 1987 y 1998, la tasa de actividad creció del 59% al 66% y la participación laboral femenina pasó del 41% al 53%. Adicionalmente, los índices de precariedad laboral, entendida como insuficiencia del ingreso familiar para suplir las necesidades de consumo normales, alcanzó al 87% del empleo informal, el 29% del empleo público y el 31% del empleo privado (Cariola y Lacabana, 1999, p.12). La participación del empleo informal se amplió durante el mismo período al pasar de 25% al 34% (p.13). El empobrecimiento generalizado de la población es visible tanto a nivel relativo como absoluto: relativo porque los ingresos medios de los distintos sectores tendieron a distanciarse del nivel más bajo, el informal, y segundo, porque los valores reales de los ingresos cayeron en todos los casos: “En 1998 los ingresos promedio del conjunto de ocupados son mayores a los del SIU —sistema informal urbano— en 46% frente al 19% en 1987” (Cariola y Lacabana, 1999, p.14). “Mientras que en 1987 el ingreso promedio de los hogares del decil más alto era 17 veces mayor que el correspondiente al primer decil, en 1998 esta relación aumentó a 123 veces” (Cariola y Lacabana, 1999, p.15). Por otro lado, la caída de los ingresos reales en el AMC durante el mismo período fue del 36% (Cariola y Lacabana, 1999, p.15). Por todo lo anterior, no es extraño constatar que los niveles de pobreza hayan aumentado significativamente, pues pasaron del 40 al 60% (Cariola y Lacabana, 1999, p.16), justamente en un período en donde en la mayor parte de los países latinoamericanos el crecimiento económico había permitido reducciones importantes en las tasas de desempleo y pobreza.

Tal vez uno de los aportes más interesantes del trabajo de Cariola y Lacabana sobre Caracas y el proceso de empobrecimiento de su población radica en el esfuerzo por mostrar que éste se presenta de forma muy variada y diferenciada y que más que hablar de dualización, exige reconocer la existencia de múltiples trayectorias. “Este somero análisis remite claramente a la heterogeneidad de la pobreza como una característica central que debe ser tomada en cuenta. La misma no se refiere sólo a los tres grupos de pobres, sino también, a cada uno de ellos por dentro y, aún, a los no pobres dado que una parte importante de ellos está claramente instalada en la zona de vulnerabilidad. Particularmente, dentro del conjunto que hemos dado en llamar nuevos pobres o empobrecidos, las diferencias no sólo se refieren a sus posiciones laborales anteriores, al acceso a los bienes y servicios básicos ya los niveles de ingreso sino, fundamentalmente, porque vienen de sectores sociales y experiencias distintas, resaltando las diferencias en capital cultural y social que les permite visiones y valoraciones diversas” (Cariola y Lacabana, 1999, p.19). Adicionalmente, de acuerdo con las conclusiones de Cariola y Lacabana para Caracas, vale resaltar que estas diferentes trayectorias y categorías de pobreza no tienen una expresión territorial nítida.

En síntesis, “Caracas se consolida como centro estratégico de apoyo a las transformaciones económicas nacionales en el marco del modelo abierto a la economía mundial. Se expande territorialmente en un ámbito regional a través de dinámicas fragmentadotas que originan segmentos urbanos especializados socialmente de acuerdo a su nivel de articulación con la red global de relaciones. Emergen segmentos urbanos competitivos y modernos, como los distritos de negocios y centros comerciales, que sustentan el rol de centro de servicios avanzados y de dirección asumida por la metrópoli. Junto a ésta, otros segmentos urbanos quedan totalmente excluidos y su dinámica está determinada por la necesidad de sobrevivencia de sus habitantes, diferenciándose de aquellos en los cuales los nuevos sectores empobrecidos combinan el limitado acceso a la modernidad con la exclusión y la pobreza. El tejido urbano se fragmenta, se especializa funcionalmente y la segregación urbana refuerza la desigualdad social en la metrópoli” (Cariola y Lacabana, 1999, p.10).

2. Santiago de Chile:

Una de las tendencias más interesantes del caso chileno es la ilustrada a través de los cambios territoriales en los distintos momentos del ciclo económico de la época de la globalización. Una primera fase recesiva se habría acompañado de un debilitamiento del papel económico de Santiago, mientras una segunda expansiva, se habría acompañado de una recuperación de este peso. De Mattos (1999, cuadro 5, p.8), muestra que el papel de la producción industrial de Santiago cayó de un 52% en 1970 a un 44% en 1985 y se recuperó nuevamente a un 50,5% en 1995. De la misma manera, el peso del PIB de Santiago en el nacional habría seguido esta tendencia, cayendo del 47,6% en 1970 al 42,1% en 1985 y recuperándose nuevamente al 47,4% en 1995.

En la época de crecimiento económico sostenido (1986-1996), en contraste con lo sucedido en otros países del Cono Sur, en Santiago se incrementa la participación del empleo manufacturero en el total metropolitano, del 19% al 21%, al lado de un más esperable crecimiento en el empleo bancario y financiero que pasó del 6,6% al 10,4% (De Mattos, 1999, cuadro 1, p.4). Adicionalmente, este crecimiento se ha acompañado de un incremento en los ingresos reales de la población y de una disminución de las tasas de desempleo y pobreza: “entre 1987 y 1998 se haya registrado una muy significativa reducción tanto de los niveles de pobreza como de indigencia, disminuyendo los primeros desde un 45,1% del total en 1987 a un 21,7% en 1998, en tanto que la población en situación de indigencia, se redujo en el mismo lapso, desde 17,4% a un 5,6%” (De Mattos, 1999, p.7). De manera convergente, la desigualdad en la distribución del ingreso también disminuyó: “mientras el 20% de los hogares más pobres incrementaron en términos reales su ingreso per cápita desde 4,8% a 6,3%, el quintil correspondiente a los sectores de mayores ingresos disminuyó su participación de un 56,1% a un 50,4% entre 1988 y 1997” (De Mattos, 2001, p.7).


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