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CIUDAD Y GLOBALIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA: ESTADO DEL ARTE

Luis Mauricio Cuervo González




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C. El tipo de relaciones establecidas entre globalización y territorio, y entre globalización y ciudad

De Mattos (1999, 2001), propone un tipo de causalidad e interrelación entre globalización y expansión metropolitana para Santiago de Chile que posteriormente reproduce para aportar una mirada general a la experiencia de las diversas metrópolis latinoamericanas (De Mattos, 2002). Se parte del entendido de que la globalización tiene un impacto territorial, cuyas características fueron: “Este proceso —la reestructuración y globalización— que afectó profundamente al conjunto de la sociedad, tuvo importantes impactos territoriales y urbanos. Si bien en los momentos iniciales de este período se observó un mayor despliegue territorial de las actividades productivas y de la población, lo que pareció validar las previsiones de convergencia del discurso teórico¬ideológico neoliberal, una vez procesadas las transformaciones básicas de la reestructuración, se pudo comprobar una progresiva recuperación de la tendencia a la concentración metropolitana y al crecimiento desigual entre regiones y localidades” (De Mattos, 1999, p.1).

A la escala metropolitana, este proceso se habría traducido en una intensificación de la suburbanización y una configuración policéntrica de su estructura, además de la irrupción de nuevos fenómenos urbanos: “Si bien muchos de estos fenómenos se habían originado y ya tenían importante presencia en el período anterior, habida cuenta tanto da las transformaciones de orden cuantitativo como cualitativo que ahora los han afectado, pueden ser considerados como verdaderos artefactos de la globalización. Tal es el caso de: distintos tipos de malls y shopping centres, grandes superficies comerciales (super e hipermercados diversificados y especializados), de condominios y barrios cerrados, centros empresariales descentralizados (fundamentalmente para funciones back office), equipamientos especializados para congresos, conferencias y exposiciones, complejos hoteleros cinco estrellas, complejos gastronómico-culturales, múltiplex y nuevos espacios para el esparcimiento, etc. cuyo impacto en la organización y la vida social del AMS8 todavía no ha sido completamente evaluada” (De Mattos, 1999, p.1-2).

En primer lugar, las tendencias a la concentración de la actividad económica metropolitana derivan de la preferencia por una localización de “aquellas actividades que cumplen las funciones centrales de enlace y articulación” (De Mattos, 1999, p.9), en donde la mayor capacidad de atracción del área metropolitana de Santiago se explicaría por: la mejor dotación en sistemas de comunicaciones, la presencia de actores de alto nivel o rango jerárquico, una oferta diversificada y eficiente de servicios especializados de punta y el contacto cotidiano con actividades y agentes de innovación (De Mattos, 1999, p.9). En estas condiciones, Santiago habría adquirido, a su propia escala, las funciones de las ciudades mundiales: “En conclusión, luego de la crisis de 1982-1983, el AMS reafirmó e intensificó su condición de área principal de localización del comando de las principales actividades productivas radicadas en el país, con lo que pasó a encabezar las funciones de articulación y operación de las relaciones entre el aparato productivo nacional y la economía¬mundo y, con ello, afirmó su condición de nodo principal en Chile de la red global de ciudades. De esta manera, el AMS pasó a cumplir, a su escala, un papel equivalente al de una ciudad global” (De Mattos, 1999, p.10).

Esta tendencia en Santiago haría parte de una tendencia más general, presente en los países en desarrollo: “En este nuevo escenario, en la mayoría de estos países se produjo una revalorización del papel de las áreas metropolitanas principales (AMP) y una recuperación de su crecimiento y expansión, acompañada por una transformación que parece seguir la misma dirección que se observa en las grandes ciudades de los países desarrollados” (De Mattos, 2002, p.1; los subrayados son nuestros). A pesar de la existencia de “esta misma dirección” habría cambios metropolitanos atribuibles a la globalización y otros relativamente independientes de ella y por tanto, “parece importante discernir cuales de estas transformaciones son atribuibles al avance de la globalización y cuales una evolución inherente a la particular y específica dinámica interna de cada ciudad” (De Mattos, 2002, p.1).

La explicación de las especificidades de cada caso pasan a un segundo plano y se propone interesarse por los procesos semejantes: “Aun cuando las ciudades no estén convergiendo hacia un modelo único, hay determinados cambios que tienden a producirse en todas ellas como consecuencia de los impactos de la globalización, siendo estos cambios los que interesa identificar.” (De Mattos, 2002, p.2). La línea de causalidad propuesta es entonces: “bajo el influjo simultáneo e intensamente interrelacionado de la reestructuración productiva, la difusión e internalización de las NTIC9 y la globalización, ha transformado la organización y el funcionamiento de las principales aglomeraciones metropolitanas latinoamericanas”. Esta causalidad lleva a De Mattos (2002, p.2), a pensar en la manera como los nodos de las empresas red afectan el desarrollo metropolitano a través de su preferencia por la localización en las AMP, el impulso que esto ofrece a los cambios en la base económica de éstas, de sus mercados de trabajo y de la dispersión intra metropolitana de las actividades productivas, sumado todo esto a cambios en los enfoques de la gestión de la ciudad, “se concluye que la evolución que se está observando actualmente muestra, por una parte, una mayor polarización y segregación social y, por otra parte, una fuerte intensificación de la expansión o dilatación metropolitana, con incontrolables tendencias a la suburbanización, periurbanización y policentrismo, que si bien ya habían comenzado a esbozarse en el período anterior, ahora adquieren rasgos diferenciales, inherentes a este nuevo período de modernización capitalista” (De Mattos, 2002, p.2).

Con base en estas tendencias, la nueva organización productiva desató la tendencia a la concentración de las funciones de comando y dispersión de las otras funciones hacia los nodos con condiciones favorables en cuanto a sistemas de comunicación, servicios avanzados, recursos humanos, tejido productivo, redefiniendo el papel de cada ciudad en una organización tipo hubs & networks y con una preferencia mayor hacia las grandes aglomeraciones metropolitanas (De Mattos, 2002, p.4). Con todo esto, cambia la naturaleza misma de la ciudad pues “las metrópolis modernas dejan de ser sistemas autocentrados, para transformarse en potentes entrecruzamientos de redes múltiples” (De Mattos, 2002, p.5). Las AMP adquirieron entonces condiciones para constituirse en sitios estratégicos para las operaciones económicas globales, sin ser ciudades globales, y mejorar progresivamente “en la jerarquía mundial de ciudades en vías de globalización” (De Mattos, 2002, p.6).

En la síntesis aparece nuevamente la mirada evolucionista de De Mattos (2002, p.18), al hablar de la metrópoli emergente latinoamericana: “aparece como producto de la consolidación de una dinámica reticulada, que le impone un nuevo papel en una red mundial de ciudades en competencia y establece las bases para la recuperación de su crecimiento económico y para la persistencia de su expansión territorial. De esa dinámica, emerge una aglomeración que sin haber perdido totalmente sus raíces ni su identidad específica, resulta invadida por un conjunto de tendencias, artefactos, monumentos, símbolos, etc. que pueden considerarse como congénitos a esta nueva fase de desarrollo y modernización capitalista, que redundan en profundos cambios que afectan tanto a su funcionamiento y organización, como a su apariencia e imagen”.

Otras de las modificaciones fundamentales de la ciudad operaron y se pusieron en movimiento a través de la aplicación de nuevos conceptos de política y regulación urbana, los cuales entendieron al sector privado como principal encargado de materializar las iniciativas de desarrollo urbano y restringieron la función de la política a reconocer las tendencias del mercado. “Como resultado de ellos se ha impuesto un proceso fragmentario de producción de ciudad, donde las principales nuevas intervenciones urbanas han surgido de iniciativas privadas aisladas, decididas en función de la rentabilidad esperada para cada uno de los emprendimientos respectivos” (De Mattos, 1999, p.15). “Lo que la desregulación ha estimulado y hecho posible es una forma de metropolización expandida o ampliada, de morfología policéntrica tipo archipiélago (…). Bajo esta dinámica, el modelo de ciudad de corte europeo, que en el pasado se había constituido en el principal referente de buena parte de ciudades latinoamericanas y de Santiago en particular, deja paso a otro del que Los Angeles parece suministrar el modelo más acabado” (De Mattos, 1999, p.17).

En tercer lugar, el impacto de la globalización sobre la expansión metropolitana se experimentó a través de la construcción y puesta en funcionamiento de los llamados artefactos de la globalización que “ya tenían un desarrollo relevante en el período de apogeo fordista” (De Mattos, 1999, p.19), pero proliferaron durante el período reciente. “Sin embaro, en el caso chileno, estos artefactos surgieron bajo el alero de la reestructuración y proliferaron a medida que este proceso se intensificó, por lo que su irrupción y desarrollo en este ámbito geográfico puede ser asociada a las condiciones que ofrecieron los avances de la globalización” (De Mattos, 1999, p.20). Entre los factores que explican su irrupción y generalización se pueden mencionar: la modernización del aparato productivo, las nuevas pautas de consumo, el aumento de los ingresos y el desarrollo del sector inmobiliario (De Mattos, 1999, p.20).

Adicionalmente, en relación con un esperado proceso de dualización y de polarización social metropolitana, De Mattos (2001, p.4), propone la necesidad de contextualizar y relativizar los resultados a la luz de los factores específicos de cada caso: “Ello indicaría que la intensificación de la dualización estaría condicionada por el grado de avance de los procesos de reestructuración y globalización y por la forma específica en que estos procesos se desarrollan en cada país, donde además el tipo de políticas sociales aplicado en cada caso parece tener real importancia”. Estas condiciones específicas explican que en el caso de Santiago no se haya presentado la dualización esperada y pronosticada por otros observadores de las relaciones entre ciudad y globalización: “Por otra parte, una de las principales consecuencias de este proceso de crecimiento, complementado por las políticas sociales aplicadas desde 1990, fue un importante aumento tanto del ingreso real, como del ingreso per cápita de los hogares, al mismo tiempo que un crecimiento real tanto en el gasto de los hogares como en el gasto por persona (…) también se verificó en el Gran Santiago una disminución en el grado de desigualdad de la distribución del ingreso y del gasto de los hogares (INE, 1999),10 pues mientras el 20% de los hogares más pobres incrementaron en términos reales su ingreso per cápita desde 4,8% a 6,3%, el quintil correspondiente a los sectores de mayores ingresos disminuyó su participación de un 56,1% a un 50,4% entre 1988 y 1997” (De Mattos, 2001, p.7).

La propuesta interpretativa de De Mattos (2001, p.10; los subrayados son nuestros), toma una deriva evolucionista pues propone como hipótesis que sería el aún incipiente o inexistente despliegue de la “nueva economía”, al estilo de las ciudades mundiales, lo que explicaría su situación atípica: “resulta discutible aplicar la tesis de la dualización a economías de la periferia capitalista donde todavía no se han procesado plenamente las transformaciones equivalentes que caracterizan a la economía postfordista (…) más que de una ciudad dual, sería apropiado hablar de una ciudad desigual”.

En el razonamiento de Carvalho y Porto (2002, p. 11-12), la nueva época del capitalismo, la globalización y su crisis estructural, conllevarían la aparición de resultados espaciales específicos: “Tais características trazem resultados espaciais distintos dos ciclos anteriores do capitalismo, (…) uma redução relativa dos lugares e dos caminos globais mais densos de produção (…) migrações estratégicas de algunas unidades espaciais de produção dos países ricos para os pobres (…) amplia as relações entre lugares interligados (…) A diferenciação importante passa a ser a capacidade instalada de elementos de infra-estrutura”. No obstante, los resultados e impactos específicos deben ser mirados a la luz de condiciones particulares de cada caso: “Os effeitos desse processo, no en tanto, se fazem sentir a escala global, mundial, mas eles têm repercussões diferenciadas em função do seu papel na hierarquia da rede de cidades mundiais e regionais, em função da configuração histórica, dado o perfil e o porta das suas atividades econômicas, etc.” (Carvalho y Porto, 2002, p.12).

A pesar de las diferencias y especificidades, de acuerdo con Carvalho y Porto (2002, p.15), los trabajos de los investigadores de la RII señalan la presencia de ciertos rasgos e impactos comunes: la desregulación y flexibilización del mercado de trabajo “tem como conseqüência a tendência a polarização social dentro das metrópole”. Adicionalmente, “os pobres se alojam de forma cada vez mais distante, na periferia (…) A fragmentação sócio-territorial parece ser um dos aspectos de mayor convergencia entre todos aqueles pesquisados nas metrópolis latino-americanas (…) há uma identificação clara da presenta de uma re-espacialização das atividades comerciais e de serviços nas metrópolis (…) uma proliferação de pequenos comércios, pautados em estratégias de subsistencia” (Carvalho y Porto, 2002, p.16-17).

En cuanto a la forma urbana y a sus modalidades de gestión, Carvalho y Porto (2002, p.18), obtienen conclusiones semejantes a las de De Mattos (2002): “Há uma constatação que permeia todas as análises (…) as metrópolis cresceram num movimento centrífugo, se expandiram na direção das vias estruturais que as ligavam a outras regiões do país e de outros países, estimulando uma sub-urbanização, tanto das atividades produtivas como das habitações, resultando numa cidade-região ou região-cidade, de morfología policêntrica e absorvedora de edades pequenas das suas periferias (…) uma fagmentação da gestão local e uma concentração do controle da grande parcela da economia mundial”.

10 Se refiere al Instituto Nacional de Estadísticas.

Finalmente, señala también la tendencia al doble movimiento espacial de la producción, concentración y dispersión, la periferización de la expansión metropolitana de las capas más pobres de la población, todo lo cual sumado aparece como la exacerbación e intensificación de las tendencias metropolitanas de épocas previas del capitalismo: “As cidades concentradas económicamente, desagregadas socialmente e fragmentadas espacialmente, constituen os efeitos da sociedade capitalista, cujos reflejos atuais são, nada mais, do que a exacerbação de traços herdados de formações passadas que a industrialização tardia incluiu” (Carvalho y Porto, 2002, p.21).


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