BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

PLURICULTURALIDAD Y EDUCACIÓN. Tomo I

Gunther Dietz y otros




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Educación y Diversidad Cultural en el contexto de las políticas sociales para América Latina.

Mtra. Mariana del Rocío Aguilar Bobadilla

Resumen

La educación en sociedades diversas culturalmente, ha transitado de la asimilación a la tolerancia y luego al reconocimiento de la diferencia; la coexistencia en la diversidad ha llevado, con base en la resistencia y organización de los pueblos indios, al reconocimiento de sus derechos civiles, políticos y sociales y educativos; sin embargo, la institución escolar continúa siendo el medio por excelencia para la asimilación, la discriminación y la exclusión. Con base en esta premisa se identifican tres ejes para el análisis:

1) Ubicar a los pueblos indios en la configuración de la diversidad cultural latinoamericana en su devenir histórico.

2) Identificar las categorías de análisis en el debate actual para analizar los fenómenos y procesos sociales en los que la diversidad determina las relaciones entre grupos culturalmente diferentes.

3) El análisis de las políticas sociales, culturales y educativas, para explicar el proyecto de la educación intercultural.

En este contexto, la noción de diversidad cultural como plataforma para caracterizar, explicar el fenómeno y aproximarse a proyectos de educación intercultural.

Palabras Clave: Educación, Diversidad Cultural, Multiculturalidad, Interculturalidad.

La diversidad en América Latina.

La diversidad cultural latinoamericana con atención al referente indígena, implica adoptar una perspectiva histórica que contribuya a contextualizar la reflexión en sociedades plurales, en las cuales coexisten distintas culturas en una “comunidad nacional”. Esta pluralidad deriva en relaciones asimétricas entre las diferentes culturas que conforman la sociedad. En este sentido “…las clases dominantes han construido su hegemonía y dominación controlando la producción de democracia desde su noción de ‘sociedad nacional’” (Roitman, 1996, p. 58). Las democracias representativas establecen un marco normativo del cual derivan los derechos civiles, políticos y sociales desde los cuales se establecen reglas de convivencia de la sociedad bajo la hegemonía de la cultura dominante. Así los derechos y sus respectivas obligaciones se hacen extensivos hacia las llamadas minorías propiciando marginación y exclusión. En la actualidad las notas del debate están en el reconocimiento de la diversidad sociocultural existente; en el sentido que las sociedades han desarrollado procesos simultáneos de asimilación– segregación en la tendencia de conformar una cultura homogénea, para la “integración” nacional a través de cultura, historia, lengua, creencias, valores, identidad y pautas de conducta comunes. La historia social refiere que ciertas minorías quedaron al margen del proceso, ya sea por estrategias excluyentes o aislacionistas, atravesadas por diferencias culturales a las cuales se suma la condición socioeconómica; a su vez, la marginación se asocia a la reducción o ausencia de los derechos ciudadanos para las “minorías”.

El análisis teórico de esta situación considera las siguientes premisas: la apertura al contexto; explorar otras fórmulas para la interacción social, donde las viejas ya han fracasado; identificar los puntos de tensión en la convivencia entre culturas minoritarias con la cultura mayoritaria, dominante y hegemónica porque las tensiones no se han resuelto con el mantenimiento de los vínculos con la cultura de origen, ni solamente con un orden legal que considera a los derechos sobre la diversidad cultural.

Desde Nuestramérica cómo explicar los vínculos entre los binomios diversidad / globalización; homogeneización / diversidad cultural; y, la contradicción entre homogeneización / derecho a la diversidad. Ha quedado claro que la atención a la diversidad no resuelve la desigualdad tanto de los sujetos individuales como colectivos porque ha prevalecido una tendencia de politizar la cultura y despolitizar la economía.

En el actual momento de la globalización existen dos problemas para abordar la diversidad:

1. Cómo superar universalismo vigente; y,

2. Cómo dar fundamento vigente e independiente a la diversidad.

La noción de diversidad tiene sustento en el contexto de la democracia liberal, ubicado en el ámbito de los derechos individuales (Kymlicka y Straehle, 2003). La diversidad se reconoce y se valora porque permite el ejercicio de los derechos individuales basados en principios universales, tal argumento refuerza su carácter individual. La diversidad solo se justifica en términos de los derechos individuales, esta concepción supone principios universales derivados de la razón y plasmados en un sociedad “bien ordenada” la cual establece una oposición entre lo individual y colectivo. En cambio, la diversidad tiene su base en lo colectivo; para construir un edificio que sustente la diversidad colectiva coincidente con el carácter plural de la sociedad ha de estar al margen de la perspectiva liberal que soslaya la tensión y el conflicto, lo cual resulta peligroso políticamente: si el conflicto se erradica, se produce al infinito y el cambio no tiene lugar.

No puede construirse como legítimo ningún principio al excluir cualquier particularidad; en el marco del derecho liberal se reivindican particularidades propias y opciones de conversión como principios universales; la particularidad se presenta como universalidad y excluye otras opciones candidatas a la universalidad. Cuando los principios han sido universalizados posteriormente son impuestos y tienden a su “naturalización” e influencia en el mundo del pensamiento y de las instituciones, sin embargo, hoy las perspectivas universalistas manifiestan dificultad para adaptarse a la pluralidad de nuestras sociedades.

Las nociones en debate

En el binomio diversidad / globalización, inicialmente hay que considerarlos como conceptos en debate con un carácter de lo más elusivo, polisémico, retórico e ideológico; y usado para definir una variedad de fenómenos con diferentes conceptualizaciones con la idea de construcción del concepto ligada a un significado que no existe por sí mismo, se emplea para asociarse a un contexto y situación específicos como sustantivo en términos de acciones, o adjetivo para calificar las mismas. ¿Hasta qué grado sedimentación de estas nociones permiten significarlas ya sea de manera parcial, en el sentido común o como parte del complejo lenguaje término de la ciencia social? que está en permanente construcción

Las predicciones sobre la fase acelerada de homogeneización sociocultural y de las identidades en fase de colapso en el contexto global fueron falsas, y refleja la poca comprensión de la naturaleza misma de la globalización, como proceso pasajero para acomodar los modelos culturales; confundida con globalidad y mundialización, éstas últimas admiten formas precapitalistas, la globalización como forma unidimensional (neoliberalismo) no admite otro molde que el capitalista. Sin embargo, identificar globalización con mundialización resultó "inevitable", ganó título de permanencia (Díaz-Polanco, 2006).

El nudo de comprensión de la globalización se trabajó de manera profusa a través del concepto multiculturalismo convertido en un “cajón de sastre” en donde cabe todo y nada. Como concepto hace referencia a las características que conforman cada cultura en una dimensión de coexistencia de las mismas, significa reconocer e identificar diferencias y similitudes culturales desde una visión estática, dejando de lado la dinámica de la relación entre culturas. Establece cuatro premisas que son importantes de considerar la primera que reconoce la diversidad cultural, la segunda reconoce la interacción entre diversos grupos, la tercera señala la necesidad de la equidad de oportunidades y la cuarta plantea la valoración de la diversidad cultural (Barnach-Calbó, 1997). Como discurso se ubica en aquellas constituciones y normativas que reconocen la diversidad étnica y cultural pero soslayan la interrelación entre grupos y culturas diversas lo cual da pie a la situación de subordinación en donde la educación representa un mecanismo de sometimiento y negación de la diversidad cultural. En el marco de las políticas públicas se establece como una concesión llevada a la práctica mediante las políticas sociales, culturales y educativas de corte asistencialista y compensatorio. Es decir, multiculturalismo se usa como: un enfoque político – filosófico; noción teórica y normativa; o una meta de política pública, de cualquier forma es sistémico, asociado a un contexto perfil y teórico que cumplir - mediante el cual se ha politizado la cultura y culturizado la política - congruente con globalización, se hace una instrumentación globalizada para el tratamiento de la diversidad cuyo impacto está documentado en los balances de la política pública de nuestros países.

El multiculturalismo también es un término descriptivo para contextos con población inmigrante que considera el reconocimiento y tolerancia de las minorías o culturas minorizadas. El pluriculturalismo hace referencia a grupos históricos; reconocer a éstos en el marco de las sociedades nacionales, implica que para formar parte de la nación deben “aproximarse” mediante la educación multicultural para ser competentes en ambos sistemas culturales sin cambiar la estructura. Estos paradigmas no consideran a la diversidad como condición humana. Era previsible que grupos identitarios se opusieran a la globalización. Comprendiendo a ésta por lo que es, no tienen que ser antagonistas, en mucho, la globalización es favorable a sus propósitos, la identidad no se opone necesariamente a la globalización o al desarrollo tecnológico. Esto es, las diversidades no son contradictorias al sentido histórico de la humanidad, no se oponen a la individualidad sino al individualismo, rechazan la imposición de derechos predefinidos para expresar y ejercer los derechos desde una concepción progresista, pero los principios como expresión de progreso se oponen a diversidad. Ante ausencia de alternativas no había otra opción que ser multiculturalistas en la lógica de una diversidad diversificadora y localizadora, la llamada glocalización (Santos, 2005).

La articulación de la diversidad con las sociedades contemporáneas se expresa al emerger distintos grupos identitarios y plantear reivindicaciones del presente con vista al futuro, el tema central está en el paso de la identidad colectiva a realidades individuales y privadas. Se rechazan los proyectos sociales bajo estereotipos reduccionistas que ceden el paso a otros semejantes, se manifiesta la reducción en la teoría y en la ideología. Los grupos identitarios desde su diversidad se ubican en una plataforma para abordar nuevos desafíos, para resistir y trascender la prisión universalista ante toda pretensión de pluralidad más allá de lo establecido en cuyo marco la diversidad es vista como un problema, “el otro” se concibe como un peligro porque ataca cualquier principio universalista (Santos y Rodríguez, 2007).

En América Latina se gesta una profunda transformación en el seno de fenómenos identitarios, a partir de núcleos de identidad (Bolivia, Ecuador, Colombia, Paraguay, Guatemala, México) grupos que están extrayendo propuestas desde su propia identidad haciendo eco en las sociedades de la región causando impacto en el debate teórico (Santos y Rodríguez, 2007). Se hace necesario reconocerlos y estar a la vanguardia o no estaremos en condiciones de hacer teoría desde la marginalidad.

Trascendiendo la noción clásica de cultura y la visión esencialista asociada a la civilización o del enfoque racionalista de la antropología como concepción descriptiva y simbólica, que conducen a la oposición entre cultura y sociedad, cuando se piensa a la cultura como lo creado por el hombre de lo simplemente dado, se impone distinguir lo natural de lo biológico, porque toda sociedad tiene cultura y todas son legítimas, incomparables e inconmensurables. La noción de cultura en la construcción de una identidad nacional étnica comprende al sujeto y las posiciones del sujeto en términos de la emergencia y procedencia, concebir al sujeto en el marco de las identidades colectivas. Todas las prácticas sociales tienen una dimensión cultural pero no toda práctica es cultura, esto depende de los procesos de significación, situación que es distinta en cada cultura y sociedad (Giménez, 1994). La cultura y la identidad tienen una imbricación compleja con implicaciones en lo social, la cultura no es repertorio homogéneo, estático e inmutable de significados, la identidad se mantiene aún cuando se modifican los rasgos, exhibe zonas de resistencia, movilidad y cambio; así, la identidad resulta en un proceso identitario en específico.

El proceso de colonización puso en tensión el nosotros frente a los otros, la disociación de cultura y territorio en la cual las colectividades se concibieron como foráneas de sus territorio en el proceso de naturalización de la etnicidad, de la naturaleza humana (Ribeiro, 1971, García de León, 2002). Frente a la conformación de la identidad nacional como invención de los Estado modernos y la presencia indígena como la negación de la modernidad, manifestando diferencias irreconciliables (el caso de la propiedad de la tierra). Es decir, la cultura se vincula con la construcción y papel de las identidades en los procesos constitución de los sujetos, de sujeción y subordinación, las cuales se transforman en lugares de subalternidad y dan origen a nuevas actuaciones desde la posición de los sujetos. El binomio cultura / civilización derivado de una postura ahistórica ha propiciado desigualdad, racismo y discriminación, en tanto las identidades posicionales y relacionales toman distancia del paradigama esencialista y su sistema de jerarquización que analiza la cultura en la modernidad destacando el carácter simbólico de fenómenos culturales en un contexto social estructurado con base en una noción de cultura descriptiva y simbólica que localiza las tramas significativas de origen diverso pero soslaya las relaciones de poder y conflicto.

En el contexto actual ¿qué tanto podemos reflexionar en las dinámicas e influencia de la perspectiva hegemónica hacia los pueblos indios? ¿Cuáles son las posibilidades no sólo de interlocución sino de diálogo? En una mirada a ras de tierra se observa que se mantienen el racismo, la discriminación y la exclusión como obstáculos heredados de la vida colonial y se advierten diferentes maneras de su expresión. Esta situación hace necesario desmontar la discursividad hegemónica para explicar y entender a los pueblos indígenas en el marco de los fenómenos culturales y su extraordinaria dinámica como entidades marginales de supervivencia en constante reinvención y resistencia. Desde un enfoque histórico de totalidad sobre los procesos, más allá de la caracterización mediada por lo obvio, como el caso de la lengua, no agota esta posibilidad de cultura, la lengua es sólo la puerta de entrada para perfilar la enorme complejidad de pueblos indios.

Los pueblos indios y su diversidad cultural se convierten en un potencial y riqueza en la conformación de lo nacional; en cuanto a su matriz de tiempo y espacio en el marco del tiempo vivo derivado de la parte de noción del tiempo en el trabajo, como referente de los ciclos ceremoniales y mecanismo de organización social. Esta tradición comunitaria contribuye a mantener por un lado una red de reciprocidades que tiene referentes comunes y una doble ciudadanía: con su comunidad y con la nación. La comunidad se reproduce, se actualiza y se construye en la noción de tiempo y se articula con la nación. Se manifiesta la diversidad y la unidad con una tradición histórica en elaboración constante a través de las relaciones sociales, participación política, etc., en donde el referente simbólico articula relaciones espaciales y temporales, se asumen los elementos de su cultura e incorporan nuevos para reelaborarla de manera constante.

Esto lleva a poner en el centro de la discusión al Estado en la perspectiva de colonialidad, del poder y la imposición basado en una estructura de jerarquía. El sustento del Estado se basa dos principios: la desclasificación y la descolonización, esto es, en una ambigüedad. La fundación del Estado nación tuvo como base el mestizaje, el discurso del nacionalismo y el poder se conectaron con el modelo civilizatorio del Estado de carácter uninacional en el cual subyace una noción monocultural. Este sustento tiene implicaciones en la colonialidad de los hábitos institucionales y la manifestación del racismo en todos los ámbitos de la vida cotidiana, los procesos de discriminación se expresan mediante la inferiorización de los indios y los negros, categorías impuestas como homogéneas, respecto a “la gente de razón” (Bartolomé, 2004) . Hoy, la organización, movilización, insurgencia y resistencia tienen un doble origen: estructural y por la diversidad cultural, ésta última articula la diferencia colonial desde abajo, desde la gente, desde la subalternidad (Walsh y Schiwy, 2006).


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