BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

ECONOMÍA, SOCIEDAD Y EDUCACIÓN

Marcelo Fabián Vitarelli




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EL DESARROLLO LOCAL COMO POTENCIALIDAD EN DOS CASOS DE ESTUDIO.

• La experiencia TITRAYJU

El vocablo TITRAYJU surgió de la Mesa Nacional de Organizaciones de Productores Familiares , donde el Movimiento Agrario de Misiones (M.A.M.) participaba; la consigna de “Tierra, trabajo y justicia para los excluidos del campo” es la forma bajo la cual llegaba hace unos años el reclamo de los productores de materia prima minifundista en el marco de las pérdidas ocasionadas en razón de la liberalización del mercado yerbatero durante el menemato de consecuencias irreversibles.

Este proyecto de economía social es una experiencia que tiene su inicio en el 2003 y continúa, constituyéndose en una propuesta de comercio justo y solidario que congrega en su momento inicial a 50 familias que integran el M.A.M. nucleadas en la Cooperativa de Consumo para Minifundistas y Tabacaleros Río Paraná Limitada . Las familias productoras asumen el desafío de comenzar a comercializar sus productos, el primero de ellos es la yerba mate, con nombre propio desarrollando circuitos alternativos a la economía de mercado al evitar intermediarios y llegando directamente al consumidor.

Cabe aclarar que entre 1995 y el 2001 ante sucesivas crisis del sector campesino y su universo de producción, la Cooperativa y sus asociados en el marco de los reclamos del M.A.M., deciden implementar estrategias alternativas para lograr ampliar su calidad de vida incorporando nuevos actores y diferenciando políticas estratégicas de alianzas sectoriales. Representantes del Programa Social Agropecuario, de Municipios de la provincia de Misiones, de Programas Nacionales como el Pro Huerta y el Cambio Rural, ambos del INTA van a impulsar, con asistencia técnica y financiera externa, el establecimiento de Centrales Cooperativas de Servicio y la realización de Ferias Francas , tomando como modelos las organizadas en el sur de Brasil.

La capacitación y articulación a nivel nacional de los dirigentes de las organizaciones de los productores minifundistas, de la mano de la comercialización son los ejes en torno a los cuales gira el proyecto cooperativo que se gestiona con financiamiento externo y se pone en marcha a partir del 2001. En ese marco se desarrolla la reflexión sobre la comercialización de los productos que vincula directa y de una forma solidaria el productor con el consumidor impulsado bajo el mecanismo de un comercio justo y solidario al ser propiciado por el Centro de Comercialización Campesina e Indígena (Ce.Co.Ca.I) creado en Buenos Aires.

La llegada a un mercado de gran envergadura como lo es el de Buenos Aires de la Yerba Mate “Titrayju” es el coronamiento de un plan diseñado a principios del año 2000 por las organizaciones de pequeños productores que integraban la “Mesa Nacional de Organizaciones de Productores Familiares” y que implicó un importante esfuerzo económico y socio-organizativo. Se comercializó inicialmente en forma directa (entregas a domicilio y ferias) y luego asociando en la distribución a una red de organizaciones sociales e instituciones públicas y privadas.

En la actualidad la comercialización del producto yerbatero insume en casi un 80% de su producción al gran mercado compuesto por el comercio directo (que no incluye las cadenas de supermercados) y la venta asociativa de red que potencia un comercio justo (precio justo) y solidario (con la toma de conciencia de la crisis que atraviesan los pequeños productores yerbateros). De 50 familias productoras implicadas originariamente, hoy se nutren 1100 familias que trabajan y viven principalmente de este emprendimiento de economía social. Muchos son los desafíos a asumir y dar cuenta en el presente pero creemos que conociendo y dando cuenta del caso podemos entender y apreciar sus características dando sentido y pertenencia social.

La revisión crítica que a continuación se presenta sucintamente, tiene como fuente primaria de información lo detallado en la Web oficial del proyecto http://www.titrayju.com.ar visualizada a partir del link de experiencias de la Red de investigadores latinoamericanos de economía social y solidaria http://www.riless.org . De igual manera una serie de fuentes secundarias de autores nos acercan información significativa y complementan la mirada del espacio, hacemos referencia a los trabajos de “Cadena alimentaria de Yerba Mate, diagnóstico de la región yerbatera, 2001 ”; “Misiones, relevamiento yerbatero, 2002 ”, estos trabajos arrojan información contextual que permite analizar la condición socio histórico en que la propuesta Titrayju se va a gestar; “Evolución del comercio justo en Argentina: el caso de la yerba mate Titrayju, Vázquez, 2002 ” y “Tecnología e institucionalidad para la seguridad alimentaria de los pequeños productores familiares, Carballo Gonzalez, 2003 estas investigaciones nos posicionan en algunos elementos evaluativos de la propuesta.

A) Diagnóstico y Relevamiento.

Estas presentaciones de índole exhaustiva y profundas del sector llevadas adelante por organismos gubernamentales tanto nacionales como provinciales nos permiten en el “ciclo de proyecto” descubrir los condicionantes socio – históricos y la emergencia de fenómenos como el empobrecimiento y quiebra económica de los productores minifundistas de la yerba mate, procesos de abandono y/o emigración de la ruralidad en la provincia de Misiones por parte de los colonos y un flujo de regulaciones del capital mercantil que se apoya en la liberalización del precio de la yerba mate cuando desaparece la CRYM y el impacto que produce.

• Estamos antes un diagnóstico referencial y un relevamiento del sector yerbatero que denuncia encubiertamente una situación de crisis aguda que las políticas neoliberales de los 90 exacerbaron al despersonalizar y descontextualizar.

• De igual modo estos estudios nos permiten conocer y tomar conciencia de la importancia como fuente de vida del papel que ocupa la producción de yerba mate misionera en el contexto nacional y de la composición de los emprendimientos industriales en el sector.

• Un dato significativo para la posterior evaluación de aspectos del proyecto Titrayju es el alto porcentaje de propietarios minifundistas en la producción de la mercancía y el escaso impacto en la construcción de un capital financiero que responda a ello y vuelva a su calidad de vida.

• Aparecen las grandes marcas conocidas a partir de mecanismos de comercialización, cuya góndola de súper e hiper mercados son la expresión de acuerdos económicos entre los intermediarios, el marketing comercial y el monopolio que ejercen casi solamente cuatro establecimientos yerbateros, además de la producción específica de empaquetado de yerba mate para estas mismas cadenas de distribución comercial, situación que agrava aún más lo ya expresado.

• Los estudios declaran una situación inercial y lineal inicial del sector yerbatero específicamente y también dan lugar a mirar las instituciones sociales campesinas como ámbitos de producción cultural en donde se posibilitan desde las necesidades sociales de las poblaciones afectadas la instauración de una cultura compartida que avanza en la innovación flexible con participación y articulación intersectorial (Hintze, 2007).

• El endeudamiento producido por factores tales como: la caída del precio unitario, el aumento de los costos a partir de la suba de valor en los insumos dibujaron un complejo cuadro de situación para el sector que tras veinte años de crisis llega al 2000 bajo condiciones de empobrecimiento extremo y de imposibilidad de sostenimiento de las condiciones de producción como reaseguro de la subsistencia de las familias implicadas en los mismos.

• El desarrollo socio-histórico–político de los estudios nos permite valorar la iniciativa de autogestión en un doble proceso que emancipa a las personas política y económicamente. La estrategia de conformación de espacios solidarios entre productores y consumidores promueve entonces la ampliación de los espacios de lo público, no necesariamente vinculados a nivel institucional con el Estado (Kapron y Fialho, 2004).

Estos estudios técnico – políticos permiten visualizar desde la gestión de los espacios públicos al 2000 (tengamos en cuenta que son estudios aparecidos entre el 2001 y el 2002) la necesidad de intervenir con una estrategia innovadora que permita recuperar la forma de vida y su calidad ampliada, del tejido social rural de una provincia argentina. Entendemos que desde ellos se abre un camino también para pensar la Economía Social como un proceso de incipiente construcción que requiere ser sometido a investigación en un largo proceso en donde tengan lugar los consensos y la “fuga y salto hacia delante” (Hintze, 2007).

B) Las investigaciones evaluativas

Los trabajos de Vázquez (2002) y Carballo Gonzalez (2003) desde la investigación académica nos ayudan a comprender cómo el proyecto Titrayju pertenece al movimiento de la Economía social al trascender la índole mercantil y referir a aspectos del mejoramiento de la calidad de vida, del empoderamiento de las personas en los procesos de asunción de responsabilidades, de la ampliación del conocimiento, la libertad y la ciudadanía, consolidando lazos sociales solidarios y recuperando el sentido de la vida en torno a la recreación del vínculo social, a través de la ejecución conjunta de una actividad sostenible (Robert, 2004).

Siguiendo a Susana Hintze en relación a la tipología de evaluación y teniendo como horizonte referencial el trabajo de Vázquez (2002) diremos:

¿Qué evaluar?

Proyecto Titrayju . Misiones - Argentina.

¿Cuándo evaluar?

Durante (concurrente) en el sentido de la evaluación en marcha del proceso mismo del proyecto.

¿Cómo evaluar?

Enfoque interdisciplinario en un diseño que combina lo cualitativo y lo cuantitativo.

¿Quién evalúa?

Combinación de autoevaluación y evaluación externa.

¿Para quién evaluar?

Nivel meso (gestores del proyecto, responsables de financiamiento y redes solidarias de comercialización).

¿Porqué evaluar?

Para producir teorías capaces de recrear relaciones de fuerza a favor de la economía social a partir de redes de comercio justo y solidario.

Diremos también que en la bibliografía que se ha producido en relación a la experiencia Titrayju no aparece con claridad identificado los planos tanto de las precondiciones como de los objetivos y/o de los efectos sinergéticos, como así también de los resultados a corto plazo. En su lugar se pueden apreciar (Bartolomé, 1990):

a) La performance que pone especial énfasis y cuidado en los factores que corresponden a la dinámica interna y al respecto nos preguntamos sobre: ¿Cuáles son los nudos de bifurcación en donde la trayectoria de Titrayju sufrió modificaciones significativas?, ¿Se hubiese desarrollado el proyecto si no existiera una situación de empobrecimiento de los propietarios minifundistas…?, ¿Era previsible la ocurrencia del fenómeno de comercialización de la casi totalidad de la producción de Yerba Mate Titrayju?, ¿Fue acertada la respuesta de los actores (propietarios-colonos) frente a la emergencia de ferias francas y/o redes de comercio solidario?, ¿ Es posible diseñar el proyecto Titrayju minimizando eventuales impactos por fuera de sólo un 0,30% de la producción de la que se asignan?

b) Resultados a largo plazo en tanto que la experiencia muestra el “éxito” o el “fracaso” que refiere a la compleja función que asumen los valores en torno al marco temporal, a la delimitación del campo, la escala, etc. Estamos frente a la evaluación de una política de desarrollo cuyo proceso nos conduce a la detección progresiva de tendencias consistentes.

c) Sustentabilidad tanto del proyecto como del desarrollo social en términos de posibilidad de lograr continuidad de los beneficios al ser interrumpido el apoyo y/o financiación de la o las agencias donantes. En tal sentido la sustentabilidad ecológica está delineada en este proyecto al tratarse de la recuperación de la producción yerbatera y a la preservación del nicho ecológico en donde emerge y se desarrolla; de igual manera la sustentabilidad económica alcanza un buen nivel al demostrar cómo sus premisas se ajustan a las reglas económicas vigentes tanto en el lugar como en las actividades involucradas, y finalmente las sustentabilidad organizacional en la que el proyecto esta aprendiendo a caminar y va construyendo sentidos.

Quisiera traer a la luz los postulados que expresan que “en lo referido a lo evaluativo, los universitarios pueden convertirse en aliados de organizaciones sociales en su legitimación por emprender un procedimiento evaluativo o por apropiarse culturalmente de esta herramienta de gestión. En otros términos, la definición del uso social de la innovación que presenta – el paradigma evaluativo de quinta generación- requiere de la movilización de actores entre los cuales se encuentran los investigadores universitarios” (Fontan, 2005). Los trabajos de Vázquez (2002) y Carballo Gonzalez (2003) dan cuenta inicialmente de este movimiento que nos desafía, nos motiva y nos compromete con un cambio de valores en las dinámicas evaluativas, las concepciones epistemológicas y las opciones y determinaciones de las prácticas sociales que ponemos en juego.

• Las Asociaciones Campesinas del Norte de San Luis.

Las políticas neoliberales implementadas en los `90 en Argentina fueron también produciendo su impacto en el sector campesino minifundista ya que los habitantes de las tierras fueron emigrando a las ciudades en búsqueda de un trabajo asalariado y desvinculando su origen de la tierra que los vio nacer y desarrollar. La tierra comienza a pasar a manos de latifundistas, los pequeños productores se empobrecen y con ello sus condiciones de vida. El colono queda desprotegido y sin defensas para poder hacer frente a una situación que lo va despojando de lo que posee, así como también de su producción. Este cuadro de situación que se repite en la argentina contemporánea, se observa también en la provincia de San Luis, en particular en el interior de la misma donde sus habitantes viven de lo que producen con sus manos en el ejercicio de amor y entendimiento con su tierra. Problemas comunes y situaciones similares hacen del campesino un habitante preocupado que comienza a dialogar con el otro y a defender sus derechos para una subsistencia digna.

Un caso particular que ejemplifica la situación descripta es la conformación de tres asociaciones campesinas del Norte de San Luis . Más específicamente nos referimos: a) la Asociación de productores minifundistas de Ayacucho y Belgrano (1996); b) la Asociación de pequeños productores San Felipe-El Ceibo (2001) y c) la Asociación de Campesinos del Valle (2004). Estas asociaciones campesinas reúnen desde sus orígenes a la actualidad poblaciones pertenecientes a siete espacios geopolíticos del territorio sanluiseño: San Francisco; La Majada; Lujan; Pozo Cavado Norte; Sauce; Ojo del Río y Santa Martina. Estas personas reconocen su origen campesino, defienden los valores y cultura de su tierra y al presente desde hace ya 10 años se preguntan sobre el ser campesino, se preocupan por el intercambio de sus producciones entre los miembros de las asociaciones, desarrollan una cultura del campo y han creado ferias locales de reciprocidad de los productos.

En relación al presente ejemplo que produjo un alto impacto para nosotros cuando asistimos a su presentación y tuvimos oportunidad de preguntar y trabajar durante los tres días de seminario en la ciudad de san luis con sus actores directos, vemos actuar un sistema de instituciones, de valores y prácticas que se da una sociedad a si misma con el fin de resolver sus necesidades y deseos legítimos y los de todos sus miembros (inter-generaciones) en los términos de la producción, la distribución, la circulación y el consumo de los bienes y servicios. Ello se produce algo así a modo de un metabolismo natural que permite definir, distribuir y organizar recursos y capacidades, dando cuenta como las instituciones económicas son verdaderas construcciones sociales. El desarrollo local viene de la mano de una auténtica construcción social de significado y valor, como un “conjunto de políticas desarrolladas por los actores sociales reunidos en un sub-espacio dado, por voluntad propia, sin subordinarse a decisiones políticas externas y a partir de una dinámica decisional definida por la relación de fuerzas que vinculan a los diferentes sectores sociales que conviven en dicho sub-espacio” (Rofman, 2006:2).

En la voz de sus actores la experiencia aparece como un proyecto político alternativo que colaborativamente congrega a los campesinos, los une, les devuelve el valor de la tierra y su cultura. Un hecho significativo en esta experiencia de desarrollo local es el pasaje de lo micro económico a lo meso económico; ya que gran parte de la fuerza de este accionar radica en los juegos de relaciones y /o redes que construyen los mismos actores, tal es el caso de su participación en movimientos de reivindicación campesina de índole nacional, el trabajo mancomunado que realizan junto a los extensionistas rurales del INTA, la asistencia técnica del Pro-Huerta y aquellos programas de promoción del desarrollo local. La participación, la revisión permanente de su quehacer y la construcción de significado de estas experiencias muestran la posibilidad de un proyecto de desarrollo alternativo basado en la unidad doméstica que permite esperanzadamente el pasaje de la economía popular a la economía del trabajo, basada en “las relaciones de parentesco, de afinidad, o étnicas, que organiza recursos y capacidades y gestiona la resolución de necesidades y que caracterizamos por el objetivo de lograr la reproducción ampliada (en condiciones intergeneracionales siempre mejores) de la vida de sus miembros” (Coraggio, 2003:21).

EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN EN EL CAMBIO.

Contribuir en la construcción de un entramado social más justo, requiere, tal como lo demostró Durkheim (1997, reedición), de la educación como un instrumento clave en el proceso de construcción, conservación y cambio del orden social. Sin embargo, la educación per se no podrá superar tremenda inequidad sin producir un cambio en los marcos valorativos sobre los que se construye la vida comunitaria de la sociedad. En este sentido la construcción de una comunidad democrática tiene que ver con recuperar la capacidad del capital social a través del ejercicio basado en: la solidaridad, la confianza y la tolerancia entre los ciudadanos, lo que no implica de ninguna manera la desaparición del conflicto, este juega un rol dinamizador del cambio social. De esa forma, por medio de la confianza y la mancomunión de intereses, se reduce las probabilidades de que un número grande de individuos o grupos de una comunidad, siguiendo intereses meramente particulares, se desvíe de los objetivos colectivos (Vitarelli, 2007).


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