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LA ANTIGUA RETÓRICA GRECOROMANA Y LA EDUCACIÓN: EN LA PERSPECTIVA DE LA TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN Y LA POSMODERNIDAD

Germán López Noreña



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5.1.3 Sócrates, Los Sofistas y La Retórica

En rigor a la historiografía de la Retórica –además de en lo filosófico y lo educativo, ambas sumamente interrelacionadas-, se es necesario plasmar en este libro algunos elementos de la magna personalidad de Sócrates. Pues bien en este sentido se presentan las siguientes páginas, en las que se realiza una semblanza de Sócrates como ser humano, filósofo, pedagogo y pensador, y su relación con la Retórica y los Sofistas.

Concebido por los estudiosos del proceso educativo en la Grecia Antigua el siglo IV a. De C., como el siglo de mayor auge en lo educacional, hasta denominarse como el Periodo Clásico de la Paideia, nos incita a preguntar sobre quien o quienes fueron sus más ilustres representantes y, en que consistieron sus aportes. En verdad, en el primer cuarto del siglo en mención, asumió la educación griega su forma definitiva, gracias a dos grandes pensadores: Platón (437 a. C. al 348 a. de C.) e Isócrates (436 a. de C. 338 a. de C.). No obstante ser necesario el estudio de la evolución de la paideia en estos dos grandes exponentes del pensamiento griego, existe un personaje de igual o mayor importancia que los anteriormente citados, en el intermedio de esta trama histórica de la educación griega y de obligado estudio, como lo es el caso de Sócrates (469 a. de C. 399 a. de C.).

Ahora bien, para entender a Sócrates como educador, se es necesario, de entre sus muchas facetas tales como La Ironía socrática y La Mayéutica , incursionar en profundidad en la herencia socrática y el problema socrático. Alrededor de esta cuestión, es menester acotar, el ser conocido, la ausencia de producción del discurso escrito en él, se recurre con frecuencia a algunas fuentes documentales y bibliografía secundaria alrededor de su obra, y su legado a la humanidad.

Aspecto, aun de más complejidad, lo reviste el determinar con certeza en lo que a su personalidad y su pensamiento corresponde, pues no se sabe, que tan cierto sean lo que sostienen las fuentes contrapuestas de ello.

Platón, lo describe como un hombre virtuoso e inteligente; Jenofonte coincide en el Sócrates de Platón en su entereza ética, con diferencias en lo relacionado a lo de la capacidad de razonamiento; Aristófanes, en la comedia Las Nubes lo describe como una persona de gran inteligencia e inescrupulosa en extremo, y le concede despectivamente el rotulo de sofista , como uno de los tantos embaucadores que se lucran de sus conocimientos . Situación argumentada por Sócrates en su defensa, según Platón, en los siguientes términos

Retomemos entonces desde el principio qué acusación es la que ha originado la imagen de mí, confiando en la cual, al parecer, Meleto me ha demandado con semejante cargo. Bien. Pero, ¿qué decían los que forjaron esa imagen falsa? Como si se tratara de acusadores judiciales hay que leer su testimonio: ‘Sócrates es culpable de indagar impertinentemente las cosas subterráneas y celestiales, y de hacer pasar por más fuerte el argumento más débil, y enseñar a otros estas mismas cosas’. Tal es, aproximadamente su testimonio; y, en efecto, ustedes mismos han visto estas cosas en la comedia de Aristófanes: allí un tal Sócrates da vueltas diciendo que anda por los aires y declarando muchas otras tonterías, de las cuales yo no sé nada, ni mucho ni poco.

(Platón; Apología de Sócrates)

En síntesis, se es posible argumentar sobre el asunto aun no esclarecido, en lo relacionado a determinar la personalidad y el pensamiento de Sócrates, que no se sabe “[...] ¿hasta qué punto es Platón una fuente utilizable, qué crédito podemos otorgar al Sócrates de Jenofonte, al de los socráticos menores, al de Aristóteles, etc.? ¿Qué es lo que en los escritos de éstos (cuando queda alguno) representa el pensamiento propio de Sócrates? Es ésta una cuestión que opiniones autorizadas han declarado insoluble” (Sauvage, 1963).

Siguiendo este recorrido de la vida y el pensamiento socrático, veamos al Sócrates educador, incursionando, a manera de prologo en algunas de sus trazas teóricas legadas a la humanidad y el pensamiento. En realidad, es pertinente mencionar la dificultad de lograr establecer un solo tipo de pensamiento socrático. Prueba de esto, lo plantea la diversidad de caminos transitados por sus discípulos después de las enseñanzas y la muerte del maestro.

Siendo el caso de los filósofos Platón, Antistenes (fundador del cinismo) o Aristipo (iniciador del Hedonismo), en donde cada uno de se atribuye lo esencial de la filosofía socrática. Además se dieron otras vertientes de comportamiento y de pensamiento en otros discípulos, como el militar e historiador Jenofonte, los políticos Alcibíades y Critias (siendo, el último uno de los treinta tiranos de Atenas y de nefasta recordación para la democracia griega), o Querefonte (demócrata convencido). De la Herencia Socrática, dejemos una vez más que sea Jaeger (2001) quien nos ilustre sobre su opacamiento por Aristóteles y el Escolasticismo en la Edad Media, y su resurgir en la Ilustración y las filosofías modernas:

En la Edad Media Sócrates no había pasado de ser un nombre famoso trasmitido a la posteridad por Aristóteles y Cicerón. A partir de ahora su estrella empieza a subir, al paso que la de Aristóteles, el príncipe del escolasticismo, comienza a declinar. Sócrates se convierte en guía de toda la Ilustración y la filosofía modernas; en el apóstol de la libertad moral, sustraído a todo dogma y a toda tradición, sin más gobierno que el de su propia persona y obediente sólo a los dictados de la voz interior de su conciencia; es el evangelista de la nueva religión terrenal y de un concepto de la bienaventuranza asequible en esta vida por obra de la fuerza interior del hombre y no basada en la gracia, sino en la tendencia incesante hacia el perfeccionamiento de nuestro propio ser. No es posible, sin embargo, reducir a estas fórmulas todo lo que Sócrates significó para los siglos que siguieron al fin de la Edad Media. Todas las nuevas ideas éticas o religiosas que surgían, todos los movimientos espirituales que se desarrollaban, invocaban su nombre.

(Jaeger, 2001; Tomo III: Pág. 20)

Del estudio de la vida y obra de Sócrates en las diferentes épocas, realizado en la historia de la filosofía, desde la antigüedad hasta los hoy tiempos contemporáneos, capitulo especial lo ha sido el juicio de Sócrates. Siendo las fuentes documentales primarias más cercanas a esta temática La Apología de Sócrates al Jurado de Jenofonte y La apología de Sócrates de Platón, siendo ambos autores, dos de sus alumnos de mayor connotación para la filosofía y la historia respectivamente. Obras que erigen el juicio a Sócrates, para la historiográfia en un suceso negativo para la Democracia griega, y en la más clara condena a la libre expresión .

Ahora, ya mencionados los anteriores aspectos sobre el problema y la herencia socrática, se nos presenta un marco propicio para incursionar, en la exuberante estela y el itinerario visionario para los tiempos posteriores del Sócrates educador. Educación realizada por él, a través del dialogo, la Mayéutica y la Ironía Socrática, con más que alumnos, amigos ávidos de enseñanzas sobre la moral y el hombre como centro de las reflexiones y las disquisiciones filosóficas.

Proceso educacional, motivado por el carisma espiritual y el origen popular del maestro que aglutina las masas –el hijo del cantero y la comadrona del demos de Kalopekè-, sin distingos de clases sociales; teniendo como escenarios predominantes el gimnasio y los simposios.

El gimnasio fue el epicentro cultural de Atenas, surgiendo “así una gimnasia del pensamiento que pronto tuvo tantos partidarios y admiradores como la del cuerpo y que no tardó en ser reconocida como lo que ésta venía siendo ya desde antiguo: como una nueva forma de la paideia. La "dialéctica" socrática era una planta indígena peculiar, la antítesis más completa del método educativo de los sofistas, que había aparecido simultáneamente con aquélla […]” Jaeger (2001. Tomo III; Pág. 46).

La faceta educadora del filósofo gestor de La Mayéutica , se establece como la antitesis de la filosofía natural , la que era especulativa y en la que no encontró respuestas para el hombre y las necesidades del mismo en el buen obrar.

Desde esta concepción Platón en la apología y en el Protágoras dedicados a Sócrates, sintetiza la esencia y razón de ser de la actitud y la tarea educativa de su maestro, siendo de fácil observación al tenor de estos textos el porqué de la enemistad lograda por Sócrates con prestantes personalidades de Atenas. Veamos lo escrito en La Apología de Sócrates por Platón:

Jamás, mientras viva, dejaré de filosofar, de exhortaros a vosotros y de instruir a todo el que encuentre, diciéndole según mi modo habitual: Querido amigo, eres un ateniense, un ciudadano de la mayor y más famosa ciudad del mundo por su sabiduría y su poder, y ¿no te avergüenzas de velar por tu fortuna y por tu constante incremento, por tu prestigio y tu honor, sin que en cambio te preocupes para nada por conocer el bien y la verdad ni de hacer que tu alma sea lo mejor posible? Y si alguno de vosotros lo pone en duda y sostiene que sí se preocupa de eso, no le dejaré en paz ni seguiré tranquilamente mi camino, sino que le interrogaré, le examinaré y le refutaré, y si me parece que no tiene ateté alguna, sino que simplemente la aparenta, le increparé diciéndole que siente el menor de los respetos por lo más respetable y el respeto más alto por lo que menos respeto merece. Y esto lo haré con los jóvenes y los viejos, con todos los que encuentre, con los de fuera y los de dentro; pero sobre todo con los hombres de esta ciudad, puesto que son por su origen los más cercanos a mí. Pues sabed que así me lo ha ordenado Dios, y creo que en nuestra ciudad no ha habido hasta ahora ningún bien mayor para vosotros que este servicio que yo rindo a Dios. Pues todos mis manejos se reducen a moverme por ahí, persuadiendo a jóvenes y viejos de que no se preocupen tanto ni en primer término por su cuerpo y por su fortuna como por la perfección de su alma.

¡He aquí como hace presencia en este párrafo alusivo a la vida y el actuar de Sócrates, el término alma! Pero ¿Qué es el alma o la psychè en términos de Sócrates? Y más aun ¿Qué relaciones presenta con la evolución de la Paideia? Aclarando, el ser sumamente complejo, y el necesitarse correr mucha tinta en posibles informes de eventos investigativos alrededor de estos cuestionamientos, se es posible aseverar, que en razón de la novedosa concepción filosófica antropocéntrica de Sócrates, con él y desde él, hace presencia una arete circunscrita al valor espiritual, que redimensiona la Paideia, en las dimensiones del obrar del ateniense en la justicia, la ética y en la moral.

Finalmente se puede afirmar, al comparar el modo de vida Socrático y el de los Sofistas, que se observan en ellos notables diferencias. Veamos como Jenofonte en Recuerdos I. 6, nos explicita lo opuesto de estas dos formas de vida:

Sócrates -le dijo un día Antifón-, yo creía que la filosofía hacía feliz, así que lo que tú practicas, más me parece lo contrario. Comes y bebes mal y tienes un mismo y miserable manto para el verano y para el invierno. No vives elegante y libremente, y lo que yo creo que eres es maestro de mala suerte.

El maestro se dió cuenta del reto y contestó:

Tú crees que yo vivo mal, pero fíjate: como no cobro dinero, hago lo que me parece sin que nadie me pueda exigir ni obligar, y como me conformo con poco, no necesito más. Mi salsa es el hambre, lo que da sabor al agua que bebo es mi sed. Porque tú ingenuamente crees que la molicie y lo caro es la felicidad, mientras que yo ya sé que lo divino es no necesitar nada. Yo no quiero necesitar nada.

De nuevo Antifón se atrevió a desafiar al maestro:

Admito que eres justo, pero lo que no eres es sabio. Regalas tu enseñanza y no la aprecias en su valor, y como no estimas en nada lo que te podría valer dinero, pues no eres nada sabio.

Sócrates contesta que es hábil abogado:

Yo creo que la sabiduría y la flor de la edad son por el estilo: si llamamos prostituido a quien vende la flor de su edad, habrá que llamárselo también a quien vende la de su sabiduría. Y la gente les llama a los tales algo así: sofistas. Yo no quiero dinero - dice el maestro en un alarde de dialéctica sofística (porque lo sofístico para Sócrates es el manejar tal dialéctica por dinero, no en sí mismas estas argucias que los modernos llamamos sofísticas) - sino amigos, y con dar mi ciencia gano amigos, con lo que no pierdo nada.

El tema de la contraposición entre la codicia de los sofistas y el desinterés de Sócrates, que regala su ciencia (porque ya hemos visto que Sócrates no la consideraba suya, sino que la creía tan existente y tan real, tan estando ahí fuera, que le parecía que no tenía derecho a considerarla como de su propiedad particular), es uno de los puntos en que los discípulos insisten para salvar la memoria de Sócrates. Era un argumento que estaba al alcance de cualquiera y que explicaba bien palpablemente la diferencia entre Sócrates y los sofistas. Ganar dinero era un tosco símbolo de la ciencia entendida pragmáticamente, como medio de lucrarse al momento, mientras que el saber por sí mismo, el saber como satisfacción del apetito de saber, es decir, como felicidad, era el fín único que Sócrates buscaba.

(En: http://www.paginasobrefilosofia.com/html/sofisoc.html#Modos)

Ya tratadas las anteriores generalidades, en aras de una aprehensión conceptual de los orígenes de la Retórica, en esta instancia del tejido discursivo del libro y de la temática objeto del mismo –La Teoría De La Argumentación-, amable lector, nos centraremos en el estudio del nacimiento de la Retórica.


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