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LA ANTIGUA RETÓRICA GRECOROMANA Y LA EDUCACIÓN: EN LA PERSPECTIVA DE LA TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN Y LA POSMODERNIDAD

Germán López Noreña



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7.3.4.1 Reseña De Las Escuelas Epicúrea y Estoica En Grecia y Roma

Pues bien, en un primer momento, veamos algunas generalidades de estas escuelas filosóficas en la perspectiva de la educación.

Epicuro (nacido en Samos, 341 a. de C. y muerto en Atenas, 270 a. de c.), uno de los grandes filósofos de la antigüedad, fue gestor de ideas poco comprendidas en su tiempo plasmadas ellas en una gran variedad de sus escritos, de los que apenas se han conservado tres cartas y algunos breves fragmentos de su prolija producción de más de 300 manuscritos .

Filósofo, nacido de padres pobres (Neocles, maestro de escuela y Querèstrates, su madre, adivina), del que según Demetrio de Magnesia, en palabras de Diógenes de Laercio, fue discípulo de Xenòcrates. La historiografía de la filosofía da cuenta de la creación de su escuela a la que llamó El Jardín, y de la que de su sitio de creación no existe un lugar definido: para unos fue creada en la ciudad de Làmpsaco y, para otros la ciudad de Lesbos; para finalmente trasladarla a Atenas.

En torno a una semblanza moderna del pensamiento de Epicuro, veamos lo que nos dice Javier Antolín Sánchez (2000), en la introducción y más específicamente en lo que corresponde al ítem de la motivación de la realización de su tesis doctoral:

“Dentro la historia del pensamiento Epicuro no destaca por ser un gran teórico o por ser el creador de un innovador sistema de pensamiento, pero hay algo que le hace especialmente atractivo. Según el, la reflexión filosófica sólo tiene sentido si nos ayuda a ser felices en el mundo en que vivimos, en medio de la sociedad que nos rodea. Lo esencial del saber es que reside en tranquilizar el ánimo y proporcionarnos la vida feliz. Y toda su filosofía es, precisamente una invitación, a la felicidad, por otra parte, Epicuro no se limitó sólo a teorizar sobre esto, sino que predico con ejemplo de su vida, supo dar testimonio de su vida feliz a pesar de distintos avatares, sufriendo múltiples dolores corporales e inmerso en un tiempo de crisis, de desastres políticos y económicos.

El camino hacia la felicidad abierto por Epicuro no es un camino individual, pues da importancia a la vida en compañía con los amigos, en comunidad. Aunque uno puede vivir sin necesitar de nadie, el sabio tendrá amigos. El filósofo de Samos se caracterizó también por ser una persona que cultivaba las amistades y que dejó una perenne huella en la memoria de sus seguidores después de su muerte. Epicuro no recomienda al sabio vivir aislado como un anacoreta. Conociendo bien la fragilidad humana, no cree que esta paz se pueda alcanzar en soledad. Exhorta en la Epístola a Meneceo a meditar con la compañía de algún amigo (Ep. Men. 135). Para él, la amistad no es solo un medio para conseguir la felicidad, sino la felicidad misma, pues sin amigos no existe vida feliz.

La filosofía Epicúrea está centrada básicamente en la realidad sensible y corporal, es una filosofía materialista que no desatiende el aspecto del cuidado del alma, nos dice que la preocupación fundamental, para los jóvenes como para los viejos , es el cuidado de nosotros mismos (Ep. Men. 132), es decir, una vuelta hacia el mundo interior. En su teoría del placer revindica el placer sensible, pero, por otro lado, nos dice que el placer superior es la ausencia del dolor. La felicidad, meta de su filosofía, se identifica con el placer en no sentir dolor en el cuerpo ni el espíritu.

La filosofía de Epicuro está enmarcada en la Grecia del siglo IV a. C. y es una respuesta a la caída de la Polis. Epicuro vive unos años marcados por una crisis política, interna y externa. Descubre que el hombre no puede encontrar la felicidad en aquellas violencias e intrigas sanguinarias que generaba el poder; por eso considera que la política era una actividad despreciable para el filósofo.”

Vemos pues, un acentuado alejamiento en Epicuro del pensamiento Platónico, para quien el político y el gobernante ideal, lo era, el filosofo. Veamos entonces los fundamentos teóricos y características del Epicureismo:

La Física epicúrea se inspira en Demócrito. Siendo los dos principios en esta física: “nada nace de la nada” y “el Todo consiste en átomos y vacío, y es infinito” y “Los cuerpos son sistemas de átomo”. Aspecto que colige a pensar, en razón de ser la existencia de los átomos infinita, el poder existir también infinitos mundos analógicamente al nuestro que nace, se desarrolla y a la vez perece.

La existencia de los dioses en Epicuro es aceptada; considerándolos inmortales y con forma de hombres antropomorfos, viviendo en los espacios intermundanos totalmente felices y sin tener ninguna ingerencia en la vida de los mortales y en los sucesos propios de la naturaleza, de los que no hay nada que temer. Distanciándose del pensamiento de Platón en lo concerniente a su religión popular y la teología astral. Decía que los fenómenos naturales debían tener explicaciones más cercanas a la naturaleza misma, y no a los mitos. La concepción, de blasfemar para Epicuro, no es negar la existencia de los dioses, sino la aceptación popular de las características que el pueblo le atribuye.

• Del conocimiento, consideraba como cosas reales únicamente aquellas factibles de ser captadas por los sentidos. Alrededor de esta concepción, argumentó sus tres criterios de la verdad: La sensación, la anticipación y la afección.

• La Ética en Epicuro, hedonista por naturaleza, para el mundo griego fue algo novedoso, dando ruptura al paradigma vigente hasta ese entonces. Distingue dos tipos de deseos en el ser humano, los naturales y los por él llamados vanos deseos, de los que los primeros son necesarios y los segundos no. Para finalmente concluir que la salud del cuerpo y el bienestar del alma, estaba directamente ligada en una buena elección y selección de ellos.

Muy probablemente, la procedencia humilde y su acentuada deficitaria salud en sus aproximadamente nueve últimos años de vida, marcó el pensamiento Epicúreano. Centrémonos entonces en lo relacionado con el Epicureismo y la educación, es decir su incidencia en la Paideia griega. “Los del Jardín” como se le solían llamar a los discípulos de Epicuro, se encontraban en un lugar lejano de la ciudad, alejados del ruido y los avatares de la misma, persiguiendo lograr la felicidad espiritual:

“Los epicúreos fueron filósofos que optaron completamente por vivir fuera de la ciudad, fundaron comunidades “alternativas” y tuvieron los bienes materiales necesarios para vivir plenamente la autosuficiencia, con el cuidado espiritual de las enseñanzas de su maestro. No sabemos mucho sobre lo que sucedió en el Jardín original y sobre otras comunidades epicúreas. Pero podemos pensar que el Jardín simbolizó, y hasta cierto punto satisfizo, la provisión de las necesidades externas que la felicidad epicúrea requería para el individuo” .

El Jardín se distancia enormemente en cuanto a la metódica de enseñanza, contenidos y objetivos del Liceo Aristotélico y la Academia Platónica. Epicuro, busca una enseñanza más íntima, a diferencia del elevado numero de estudiantes del Liceo y la Academia. Y no propicia la formación investigativa de la escuela de Aristóteles, ni persigue la instrucción para la política, presentada en sus inicios por la Academia.

Le pertenece a la escuela Epicúreana en la historia de la educación, la alta distinción, de el haber sido pionera en dar posibilidades educativas a las mujeres y esclavos aceptándoles como estudiantes del Jardín, lo que hoy por hoy en los tiempos de la posmodernidad se enuncia como las necesidades educativas de inclusión y de género. De este avance en la Paideia griega, Javier Antolín Sánchez, en su tesis doctoral ya referenciada, citando a R Happiness, nos argumenta:

El esclavo Mys junto con otros esclavos eran miembros de la escuela; también estaba abierta a las mujeres, otro contraste entre la escuela epicúrea y las otras instituciones filosóficas de la Grecia antigua. Los investigadores generalmente creen que el Jardín de Epicuro fue la única de las escuelas de filosofía en Grecia que admitía esclavos.

Pero, volvamos una vez más a la posible vigencia y las diversas actualizaciones del Epicureismo en el transito de la crisis de la modernidad a la posmodernidad. Iniciemos diciendo con Jesús i Hernández Dobon de la Universidad de Valencia, como:

En la ciencia de la naturaleza, Prigogine y Stengers (1986) han replanteado la hipótesis del clinamen de Epicuro, el momento de imprevisibilidad que se opone al determinismo. Según ellos, los procesos irreversibles de la naturaleza –asociados a la flecha del tiempo cosmológico, determinada por la segunda ley de la termodinámica, a saber, la ley de la entropía son tan «reales» como los procesos reversibles –descritos por las leyes tradicionales de la física, desempeñan un papel «constructivo» en la naturaleza y plantean una reformulación de la dinámica. Por cierto que la desconsideración de este tema –el clinamen de Epicuro en las Lecciones de historia de la filosofía de Hegel fue el tema de la disertación doctoral de Karl Marx, en la tradición del hegelianismo de izquierda. Aunque tal vez sin advertir el precedente marxiano, I. Wallerstein recupera este tópico, destacando que la crítica de Prigogine y Stengers a la distinción entre sociedad y naturaleza produce un cierto «reencantamiento del mundo» (cit. Teodoro 2003: 20). Prigogine (1997), que reclama también un cierto escepticismo, ha continuado esa teorización criticando la interpretación probabilistica de la ley de la entropía, un teorema de Boltzmann que ya había sido duramente cuestionado por Nicholas Georgescu-Roegen (1971) en sus derivaciones para la economía.

El Estoicismo , uno de los movimientos de mayor difusión en el Helenismo, fue fundado por Zenón de Kitión (Chipre, 336-264 a.C. llamado muchas veces Zenón el estoico, para diferenciarlo del matemático Zenón de Elea) , iniciándose con la apertura en el 306 a. de C. de su escuela en Atenas. Ubicada en un lugar llamado Stóa poikilé (Pórtico pintado), del que de acuerdo a la tradición de dárseles el nombre a las escuelas, dependiendo del lugar de ubicación, tomó el nombre la escuela.

La escuela estoica, en su filosofía proclamó el ser posible alcanzar la libertad y la tranquilidad condenando al ostracismo las comodidades materiales, la fortuna externa; dedicándose por completo a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud (tal es la idea de la imperturbabilidad o ataraxia). Esta escuela asumió desde una perspectiva conceptual materialista de la naturaleza, siguiendo a Heráclito en la creencia de que la sustancia primera se halla en el fuego y en la veneración del logos, identificándolas con la energía, la ley, la razón y la providencia encontradas en la naturaleza.

La doctrina estoica consideraba esencial cada persona como una parte de un todo Universal. En este sentido, dio apertura a ruptura de barreras regionales, sociales y raciales, preparando así las posibilidades de la emergencia y propagación de una religión universal. La concepción de los estoicos de la ley natural, en la que convierte la naturaleza humana en un canon insalvable para la evaluación de las leyes e instituciones sociales. Doctrina de inusitada influencia en Roma y en las legislaciones posteriores de Occidente, como también fue de gran importancia en corrientes y filósofos posteriores como Descartes y Kant; Siendo hoy en día utilizado el término estoico como sinónimo de actitud de resignación y fortaleza ante las adversidades de la vida.

En lo que a la lógica concierne, a nivel de síntesis, desarrollaron la lógica inductiva, dividiendo la lógica en Retórica (ciencia del recto decir) y Dialéctica. La lógica de Zenón o mejor dicho de los estoicos —en oposición a la canónica de Epicuro y su escuela— establece la obtención del conocimiento a partir de los sentidos —de esta manera negando la concepción platónica de las existencia de las ideas innatas. Dándose consecutivamente después de lograr esta primera fase del conocimiento, la percepción del hombre de los conceptos comunes, es decir los conceptos morales universales. Por ende, para los estoicos los conocimientos lógicos en ningún momento no son innatos, sino, simplemente comunes a todos los seres humanos; es decir son el resultado de hechos particulares y no de intuiciones divinas, como en Sócrates y Platón.

Los estoicos en la física enseñan a conocer la naturaleza. En la física retrospectivamente vuelven a Parménides –en la unidad del ser-, y a Heráclito. La física para el estoicismo es el estudio de la naturaleza como un ente integral, en el que tiene importancia cada uno de los elementos que lo componen, incluyéndose lo divino, lo humano y lo animal. Algo parecido por lo que en los siglos XX y XXI han propendido, inicialmente los movimientos ecológico, la teoría de la nueva concepción de la vida, y la de la complejidad.

El universo, desde la concepción estoicista, es un todo armonioso, articulado (lo que en tiempos actuales se concebiría como un complexus de redes), regido por un principio activo, el Lógos cósmico (también llamado Pneuma, equivalente a soplo, fatum en latín). El aliento ígneo, ley natural, naturaleza (physis), necesidad y moira (destino, Fatum en latín), nombres de referentes todos ellos a un poder que crea, cohesiona y aglutina todas las cosas y que no es simplemente un poder físico: el pneuma o lógos universal es una entidad fundamentalmente racional: es Dios.

La Ética, en esta escuela fue el núcleo fundamental de su doctrina. De la misma manera que la física enseña a conocer la naturaleza, la ética estoica se concibe como una didáctica para vivir en armonía con la naturaleza. A decir de los mismos estoicos, la ética de Zenón se constituye en “la recompensa de la doctrina del pórtico”.

La ética del Estoicismo, en contraste a la del Epicureismo, es una ética de la adversidad. La lógica, nos lleva a comprender y en cierta manera hacer inteligible la normatividad intrínseca, la física realiza una descripción de lo divino de la materia y la ética nos hace acordes a la divinidad, oponiéndose con una resistente y constante fuerza a las pasiones o sentimientos nocivos a la felicidad y el bien estar del hombre.

Pero ¿Para el logro de la tan anhelada felicidad estoica, basta los preceptos teóricos? ¡Claro que no! Para ello, se es necesario instrumentos, técnicas y maneras concretas de luchar con ellas; en razón de lo anterior, se puede afirmar el ser la naturaleza de la ética estoica fundamentalmente práctica. Por lo tanto, todo su andamiaje didáctico se centra en dotar a las personas de recursos y herramientas para enfrentarse con probable éxito a sus conflictos y problemas. No en vano para la ética estoica, su creador, Zenón, solía explicar que la vida es un escenario continuo de aprendizaje y los seres siempre seremos aprendices en el transito por ella.

El Estoicismo, vivió después de su fundación varios períodos matizados ellos con características especiales. A la muerte de Zenón en el 261 a. de C., le es encargada la escuela a Creantes y Crisipo, comentando Laercio del último, el haber hecho posible que el Estoicismo no se extinguiera. Crisipo quien dirigió la Stoa del 232 a. de C. hasta su muerte en el 208 a, d C., fijó el canon del Estoicismo, cualificó y le dio rigor a las investigaciones lógicas y sistematizó las enseñanzas de su maestro. Con la muerte de Crisipo se da por terminado el período del estoicismo llamado Estoicismo Antiguo.

Después de Crisipo, la dirección de la escuela le correspondió a Diógenes de Babilonia y Antipater de Tarso, dándose inicio al período llamado Estoicismo Medio. En esta fase del Estoicismo se destaca la expansión de su doctrina, y muy especialmente en el Mediterráneo. Considerándose el hecho más importante de esta escuela filosófica, la introducción en la clase alta romana. Se erigen como las figuras más significativas de este periodo a Panecio de Rodas y, especialmente a su discípulo Posidonio de Apamea .

Los estudios historiográficos del estoicismo, nos dice que dicha escuela filosófica, con la ética de Zenón a bordo pero con notables modificaciones, perduró y tuvo vigencia durante varios siglos en la Roma imperial. La ética aprehendida y circulante en Roma, abandonó las connotaciones teóricas de la lógica y la física, haciéndose más pragmática, atemperándose a la naturaleza del imperio romano; convirtiéndose prácticamente en una ética del esfuerzo y la disciplina, allanando de manera especial el camino a la posterior victoria del cristianismo. El estoicismo de la época imperial tuvo como figuras destacadas al cordobés Séneca (4a.C.-65 d.C.), tutor de Nerón; Epicteto (50-130) y Marco Aurelio (121-180).

De ellos merece mención especial en el seno del estoicismo de la Roma Imperial, por sus repercusiones en la moral y la política de su era y los siglos venideros Lucio Anneo Séneca, llamado el cordobés . Son citas celebres de Séneca:

“Es feliz, por tanto, el que tiene un juicio recto; es feliz el que está contento con las circunstancias presentes, sean las que quieran, y es amigo de lo que tiene; es feliz aquel para quien la razón es quien da valor a todas las cosas de su vida.”

“Niego que las riquezas sean un bien: pues si lo fuesen, harían hombres buenos; ahora bien, como lo que se encuentra entre los malos no puede llamarse un bien, les niego ese nombre. Por lo demás, concedo que han de tenerse, que son útiles y proporcionan grandes comodidades a la vida.”

“Esto dirá aquél a quien ha sido dada la sabiduría, a quien su alma libre de vicios ordena reprender a los demás, no porque los odie, sino para curarlos: “Vuestra opinión me afecta, no por mí sino por vosotros: odiar y atacar la virtud es renunciar a la esperanza de enmienda” No me hacéis ninguna injuria, como no la hace a los dioses los que derriban sus altares.”

“Seguir la vida mejor, no la más agradable, de modo que el placer no sea el guía, sino el compañero de la voluntad recta y buena. Pues es la naturaleza quien tiene que guiarnos; la razón la observa y la consulta. Si conservamos con cuidado y sin temor nuestras dotes corporales y nuestras aptitudes naturales, como bienes fugaces y dados para un día, si no sufrimos su servidumbre y no nos dominan las cosas externas; si los placeres fortuitos del cuerpo tienen para nosotros el mismo puesto que en campaña los auxiliares y las tropas ligeras (sirven para servir, no mandar).”.

Loa autores antes mencionados, del período estoicista Nuevo o Romano, se centraron y sobresalieron en los temas morales. Es en las obras de ellos donde encontramos las doctrinas estoicas de toda la escuela, junto a la producción escrita de Cicerón, Plutarco, Diógenes Laercio y otros. Sin embargo, el estoicismo latino retoma pensamientos de filósofos anteriores (Heráclito, Platón, Aristóteles, los cínicos, etc.) y también tributa elementos originales.

En justicia, es necesario reconocerle a la escuela estoica, el gestar una síntesis nueva, muy sistemática y coherente, cuya influencia se mantuvo durante muchos siglos. Volviendo a ponerse de moda en los siglos XVI y XVII en Europa, influyendo en pensadores del talante como Descartes, Kant y Hegel, por ejemplo.

Preguntémonos entonces qué tipo de incidencia presentó para el siglo XX y para el comienzo del siglo XXI, en el desarrollo de la ciencia y la educación esta corriente filosófica. En verdad el Estoicismo no ha fenecido para los tiempos modernos y posmodernos; la actual Teoría Gaia de J. Lovelock Y Lin Margulis presenta su fundamentación biológica y epistemológica en esta corriente filosófica.

Siendo ingente el desarrollo de una pedagogía ecológica, la cual ya se inició con el trabajo de Fritjof Capra en el Center Literal Ecology, en aras de la socialización y aprehensión del Paradigma Ecológico en las y para las nuevas generaciones. Aspecto del cual hablo en los siguientes términos, en un ensayo sobre las Conexiones Ocultas de Fritjof Capra:

Para la educación de la humanidad en todos los niveles, el programa de investigación de Fritjof Capra, magistralmente sistematizado y sintetizado en Las Conexiones Ocultas marca un reto de magnas proporciones. Los procesos formativos y educacionales han sido para el gestor del paradigma ecológico una de sus mayores preocupaciones, en aras de consolidar comunidades sostenibles como valor agregado de la implementación de una pedagogía para la vida sostenible. Ya en el tema de la ecoalfabetización [refiriéndome a uno de los apartados del libro Las Conexiones Ocultas] nos hacia un breve bosquejo de la actividad didáctica de algunas instituciones que han empezado a desarrollar instancias curriculares, con claras directrices hacia la aprehensión por parte del estudiantado de los principios básicos de la ecología.

López Noreña (2010, Pág. 50)

Ya mencionadas, las anteriores generalidades de las escuelas Epicúrea y Estoica, articuladas a la educación de la antigua cultura Grecorromana, la posmoderna y el Paradigma Ecológico ; como elemento de retroalimentación conceptual para comprender la dimensión literario-filosófica de Cicerón, entonces me dedicaré al desarrollo de unas cuantas páginas al respecto, reconociendo que el abordaje de dicha cuestión da para muchas planas a redactar.

En este sentido, iniciemos preguntándonos ¿Fue Cicerón un estoico confeso? ¿Un seguidor de la corriente epicúrea? ¿Fue un eclectico en su pensamiento filosófico del cual impregnó sus obras literarias? Desde estos cuestionamientos abordemos el aspecto literario-filosófico en él. Pues bien, nuestro arpineta, en filosofia se adhirió en su edad madura a los preceptos filosoficos de la denominada por la historiografía de este campo como la Nueva Academia. Ahora de cuales fueron los fundamentos teóricos y el porqué de la adherencia de Cicerón a esta corriente, Farias escribe:

La nueva academia trae causa de la academia platónica, pero enfatiza la persuasión, «en lugar de afectar la certeza se aquieta con la opinión fundada en la verosimilitud, que es todo aquello a que un entendimiento racional puede asentir». Sigue la nueva academia «un camino medio entre el rigor de los estoicos y la indiferencia de los escépticos: Los estoicos abrazaban todas sus doctrinas como otras tantas verdades irrefragables... los escépticos, por otra parte, observaban perfecta neutralidad en todas las opiniones, sosteniendo que todas son igualmente ciertas... Los académicos adoptando lo probable en lugar de lo cierto, tenían la balanza entre los dos extremos, estableciendo por principio general observar una cierta moderación en todas sus opiniones; y, como dice Plutarco, que era de esta secta, apreciando siempre mucho aquella antigua máxima «nequid nimis»(ll). Estas ideas están presentes en sus grandes diálogos: La República y Las Leyes y en su obra los Oficios.

Adoptó Cicerón la Academia por dos razones. La primera porque frente a la prepotencia de aquellas sectas filosóficas que se intitulaban propietarias de la verdad y únicas directoras de la vida humana, por una parte, y frente a la desconfianza de los escépticos de hallar alguna cosa cierta, por otra, se vio precisado después de muchas fatigas a hacer liga y unión con lo probable» ; segunda porque esta filosofía es «la más proporcionada conforme a la profesión de orador porque la costumbre de disputar a favor y en contra sobre las opiniones de las otras sectas, le daba gran oportunidad de perfeccionar su facultad oratoria y cierto hábito de hablar de todo sobre cualquier asunto; así la llama él «madre de la elegancia y de la copia» y declara que era deudor de toda la fama de su elocuencia, no a las reglas mecánicas de los retóricos, sino de los amplios y generosos principios de la academia »

El mismo autor nos dice que en Moral y Política, Cicerón se sustenta en el Estoicismo moderado, adecuado por Panecio para la forma de vida pragmática del pueblo romano; y fundamentado en ello el gran orador formuló a doctrina del Derecho Natural, en la forma que pasó a los jurisconsultos romanos en el Digesto, las Pandectas y La Instituía y posteriormente a los Padres de la Iglesia, se difundió en la Edad Media y ha sido universalmente conocida hasta el siglo XIX.

Entonces finalmente a manera de conclusión en este apartado sobre la faceta filosófica tratada de Cicerón, dejemos que sea Luis Rey Altuna (2001; país 805-806), quien nos determine lo ecléctico de su pensamiento en este campo del conocimiento humano:

La primitiva tradición filosófica en torno a la supervivencia del hombre es renovada por Posidonio (135-50), quien junto con su maestro Panecio determina el origen del estoicismo romano, en íntima dependencia del griego. Y es un hecho comprobado que el pueblo de Roma, aun cuando mejor se diera a las armas y a la administración pública que a la filosofia, pudo con todo asimilar los principios estoicos, afines a las virtudes castrenses y políticas.

Tal vez el discípulo más destacado de Posidonio fue Marco Tulio Cicerón […]; y sin embargo no suele considerársele simplemente como un estoico, sino más bien como el representante nato de un eclecticismo típico. La coincidencia de su vida con el final de un gran ciclo filosofico le brindaba, en efecto, ocasión para recoger y comentar las más variadas doctrinas, y a ello contribuyó sin duda lo polifacético de su genialidad, por lo que ha podido llamarse a Cicerón el primer orador, el mejor estilista y el más profundo conocedor de la filosofía de su tiempo.

Marco Tulio, en puridad, ha vivido los más distantes sistemas. En un principio se declara adscrito a la Academia nueva de Carnéades, a causa de su escepticismo probabilista en torno al conocimiento, para olvidar esta posición, o mejor rebasarla, cuando aborda los temas fundamentales de la antigua física y metafísica: El mundo, el alma, Dios. Aristotélico en la concepción teleológica de la naturaleza, y estoico en moral, se muestra platónico en psicología y teología. Hemos dicho estoico en ética, pero no falta, como veremos, quien extiende su dependencia de la estoa hasta algún problema psicológico, justamente el de la inmortalidad del alma.

Seguidamente, veamos a Cicerón como literato. En esta faceta hay que reconocer la prolijidad de la pluma Ciceroniana y la grandeza de su elocuencia, que lo ha hecho más conocido como el más prominente orador de Roma y hombre de letras, más que político, que como se ha visto le fue rebelde la fortuna.

Cicerón a través de sus obras de diversas temáticas –ya mencionadas en paginas anteriores-, creó un elaborado estilo prosístico que combina claridad y elocuencia, y que se ha convertido en uno de los modelos por medio de los que se juzga toda la demás prosa latina. Su obra contribuyó mucho al enriquecimiento del vocabulario de su propio lenguaje. «Su figura se yergue, pues, ante la posterioridad romana como lumen eloquentiae a la par que autoridad de crítica literaria: en efecto las generaciones siguientes no sólo ilustrarán sus enseñanzas literarias con ejemplos tomados de la producción literaria de Cicerón sino que además fundamentarán sus opiniones sobre los criterios estéticos de aquél» A. Alberte (1992: Pág. 3).

Siguiendo a varios investigadores sobre la literatura latina y la necesidad de diferenciarla de la Retórica, veamos la siguiente cita –por cierto, un poco extensa-, la que nos aclara muchos aspectos de esta cuestión

Además del enunciado del contenido de la retórica, de repasar qué actividades quedaban englobadas bajo ese nombre, creemos que es necesario marcar un límite con otro concepto afín, con el que a veces se superpone la retórica, englobándolo o quedando englobada por él, según los casos. Y éste es, por supuesto, el de literatura, todavía más escurridizo que el de retórica. En efecto, una cuestión capital para situar adecuadamente a la retórica es precisar su relación con lo que llamamos literatura.

En todas las historias de la literatura latina se plantea lo problemático de que exista un corpus claramente delimitable que constituya el objeto de estudio de esa disciplina. Uno de los obstáculos en los que, con razón, más se repara es el del anacronismo que ello implica: los romanos no tenían un concepto de «literatura» como el actual, e historiar esa «literatura» conlleva reunir textos que sus autores y destinatarios originales concebían como pertenecientes a ámbitos, en muchos casos, considerablemente distintos. Paralelo a este hecho es que cualquier reflexión romana -o antigua- sobre los textos «literarios» pasa automáticamente, con el mismo anacronismo, a ser «crítica literaria»; y la reflexión más sistemática, compleja y rica sobre el lenguaje organizado en la antigüedad es, por supuesto, la retórica. Así, es frecuente encontrar resúmenes o visiones generales del conjunto de la retórica romana en obras que pretenden relatar una historia más o menos amplia de la crítica literaria o del discurso metaliterario (Fantham, 1989a y 1989b; Classen 1995).

Estudios como el de Alberte (1992) pertenecen a esta orientación casi estrictamente «literaria»: Cicerón tiene una enorme importancia como «creador del lenguaje de la crítica literaria en el mundo romano» (1992: 2) y el análisis de los autores posteriores se centra en su «actitud semejante o diferente ante las cuestiones estético-literarias» (1992: 2) con respecto a Cicerón. De modo semejante, y con una evidente inversión conceptual, Fantham (1989: 228) dice que «las primeras obras de crítica literaria en Roma tendrían que surgir de la retórica» o Kennedy (1994: 159) que «a lo largo de toda la antigüedad no hay una clara diferencia entre crítica literaria y teoría retórica», como si la crítica literaria fuera un universal fuera del tiempo, existente incluso antes de la retórica. Estudios más recientes como los de Nielsen (1995) o Dangel (1999) se acercan a la retórica insistiendo en esta perspectiva estético-literaria.

Si bien no negamos lo fructífero de estos enfoques, nos parecen más satisfactorias formulaciones como las de T. Eagleton, que observa (1998: 157) que la retórica clásica «no era «estética» en el sentido que nosotros damos a la palabra: era una forma de lo que ahora llamaríamos «teoría del discurso», dedicada a analizar los efectos reales de determinados usos del lenguaje en determinadas coyunturas sociales», y para quien la dimensión estética de un texto retóricamente organizado constituía un arma ideológica «cuya utilización práctica había que aprender» (1998: 158). En la misma línea, pero desde un punto de vista menos marxistamente obsesionado por la cuestión ideológica, Fernández Corte (1987: 267) observa que «los tratados de retórica ofrecen, más que nada, una teoría de los actos de habla. (...), la Retórica antigua no es una Teoría de la Literatura (...), es mucho más que eso: es una Teoría del Discurso (discours), entidad que engloba en su seno a la literatura», ya que «la definición de literariedad en sentido estricto es ajena a los antiguos» (1987: 271). Insistiendo en esta misma idea desde un acercamiento más lingüístico que literario a la retórica, D. Leith (1994: 212) considera que la retórica no se ocupa de «hacer de lo ‘estético’ una categoría especial.».

(Del Río Sanz y Fernández López; 2000)


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