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EVOLUCIÓN RECIENTE DE LAS DISPARIDADES ECONÓMICAS TERRITORIALES EN AMÉRICA LATINA: ESTADO DEL ARTE, RECOMENDACIONES DE POLÍTICA Y PERSPECTIVAS DE INVESTIGACIÓN

Luis Mauricio Cuervo González




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III. La nueva geografía natural

Durante la década de los años 1990 se presenció un renacimiento del interés por comprender e investigar las relaciones entre geografía y desarrollo económico. Este interés se ha desenvuelto a través de dos líneas de trabajo complementarias y claramente diferenciables. La primera explora la relación haciendo énfasis en la investigación del papel de la geografía física sobre el desarrollo, mientras la segunda lo investiga subrayando la relación entre geografía humana, social y económica y desarrollo.

En este capítulo se hará énfasis en la revisión de los estudios correspondientes a la primera de estas líneas de trabajo. Se comenzará estableciendo los puntos de partida teóricos, en la primera sección. En la segunda se revisarán algunos de los resultados obtenidos por un equipo que realizó una investigación comparativa con este enfoque para varios países de América Latina.

A. Geografía física y desarrollo económico

Gallup et al. (1998) presentaron un estudio en donde se exploran las relaciones entre geografía física y desarrollo que tuvo gran impacto y fue retomado como fuente de inspiración en el BID (2000), desde donde se promovió una serie de investigaciones nacionales con este enfoque.

El trabajo parte de una motivación básica y de algunas constataciones iniciales. La motivación principal es entender el por qué de la permanencia de un grupo considerable de países y de población en estado de pobreza y subdesarrollo. La constatación inicial, por otra parte, pone de presente la existencia de algunos patrones geográficos mayores en la distribución de la riqueza (y pobreza) en el mundo:

“Dos correlaciones geográficas con los niveles de desarrollo son inevitables. Primero, prácticamente todos los países tropicales son pobres, mientras la mayoría de los países de alto ingreso están en latitudes medias y altas. Segundo, las economías costeras tienen por lo general ingresos más altos que las interiores” (Gallup et al., 1998, p.4).

En efecto, con respecto a lo primero, los 72 países tropicales del mundo agrupan un 41% de la población mundial y poseen un ingreso per cápita promedio que es la tercera del que poseen los países no tropicales. Con relación a lo último, el carácter costero de los países:

“Si tomamos regiones como los Estados Unidos, Europa Occidental, y la zona temperada del Este Asiático que están a unos 100 km de distancia máximo de la costa, agrupan apenas un 3% del área habitada, 13% de la población mundial, y por lo menos un 32% del Producto Bruto medido en unidades de paridad en poder de compra” (Gallup et al., 1998, p.5).

Adicionalmente, los países sin salida al mar, diferentes de los localizados en Europa, tenían un ingreso per cápita que apenas representaba la tercera parte del correspondiente a los países no europeos con salida al mar.

En estas condiciones, las regiones de riqueza mayor y pobreza extrema poseen características geográficas muy peculiares. Los 23 países más ricos están en el hemisferio norte temperado, poseen salida al mar y son no socialistas, mientras que los más pobres se sitúan en el área subsahariana, principalmente tropicales y con una alta concentración poblacional en el interior (Gallup et al., 1998, p.9).

Con la intención de explicar si estos patrones reflejan relaciones de causalidad entre geografía física y desarrollo, Gallup et al. (1998) retoman algunas consideraciones propuestas por la teoría económica.

“Smith ve la geografía como el acompañamiento crucial a las instituciones económicas en la determinación de la división del trabajo” (Gallup et al., 1998, p.13).

El impacto económico de la geografía es sentido a través de las posibilidades de acceso a la navegación marítima y fluvial, con su impacto sobre los menores costos de transporte y la ampliación en las áreas de mercado, facilitando la especialización del trabajo.

No obstante, las ventajas geográficas se han transformado a lo largo del tiempo, a medida que se han dado las transformaciones tecnológicas. En las civilizaciones más tempranas las ventajas geográficas provenían principalmente de la productividad agrícola, más que del acceso a los mercados. Se entiende así que Europa del Norte no haya podido ser densamente poblada antes del descubrimiento de tecnologías apropiadas, tal como el arado metálico y los instrumentos para el derribamiento de los grandes bosques. Para el siglo XIX, por su parte, los altos costos de transporte del carbón determinaron que la cercanía a sus yacimientos se constituyera también en una ventaja geográfica para el desarrollo.

“En síntesis (…) los pensadores de vanguardia identificaron cuatro áreas mayores a través de las cuales la geografía puede jugar un rol fundamental y directo sobre la productividad económica: costos de transporte, salud humana, productividad agrícola (incluida la crianza de animales) y proximidad y control de recursos naturales (incluyendo agua, minerales, depósitos de carbón, etc.)” (Gallup et al., 1998, p.16).

Una primera exploración econométrica se hizo para determinar el peso de los costos de transporte. Ante la ausencia de información directa sobre estos costos, se utilizó una medida indirecta: los estimativos del FMI sobre márgenes CIF/FOB por países en el comercio internacional. Este coeficiente se puso en función de la distancia a las áreas centrales de la economía mundial y de la accesibilidad del país al comercio marítimo, incluyendo una variable dummy para los países no europeos sin salidas al océano:18

“Como era de esperarse, hay una penalidad derivada de la distancia a los centros económicos y por el hecho de no tener salida al mar. Cada mil kilómetros incrementan el margen CIF/FOB en un punto porcentual y la característica de no tener salida al mar, incrementa este mismo margen en 11,1 puntos porcentuales. (…) Incidentalmente, si se hace la regresión entre el margen CIF/FOB y la proporción de la población dentro de un margen menor de 100 km. De distancia a la costa (Pop 100km), también encontramos un efecto negativo” (Gallup et al., 1998, p.31).

África posee la más grande proporción de población interior y esta situación se empeora considerando que el sistema fluvial de este continente confronta barreras insuperables que impiden la entrada de navíos marítimos hacia el interior. Esta condición, por ejemplo, aleja a un grupo importante de países pobres de aprovechar sus ventajes en costo y abundancia de mano de obra pues:

“como lo demuestran Radelet y Sachs (1998), casi todos los países con éxito macroeconómico en la manufactura de exportación trabajo-intensiva posee poblaciones casi totalmente dentro del margen de 100 km de la costa” (Gallup et al. 1998, p.32).

Las relaciones entre geografía y productividad son investigadas a través de tres vías:

1. Los porcentajes de población urbana

“El estimado de una regresión simple para 149 países desarrollados y en desarrollo en 1995 muestra que las regiones con mejor acceso al mar son también las más urbanizadas, dado que están más cerca de las economías centrales” (Gallup et al., 1998, p.32).

2. La prevalencia de enfermedades infecciosas

Se investiga el impacto de la malaria, cuya principal área de influencia se sitúa en el trópico.

“La extensión geográfica de la malaria está determinada principalmente por la ecología de los parásitos (diferentes especies de malaria Plasmodia) y de los vectores (diferentes especies de los mosquitos Anófeles). La malaria fue controlada desde 1945 en las zonas temperadas y en los ambientes subtropicales en donde el medio de soporte de la enfermedad era más frágil” (Gallup et al., 1998, p.33).

Una regresión simple de la intensidad de la malaria por zonas ecológicas muestra que es más fuerte en el trópico y menor en el subtrópico, a lo cual se agrega un claro efecto subsahariano.

Entre paréntesis se colocaron los valores del estadísticos t, debajo del coeficiente respectivo. N es el número de observaciones.

N = 148, R2 = 0,74

3. El clima

“nuestros estimativos en Gallup (1998) sugieren que la agricultura tropical sufre de una menor productividad de entre un 30% y un 50% comparada con la de las zonas temperadas, después de controlar, tan bien como fue posible, los insumos utilizados” (Gallup et al., 1998, p.34).

Teniendo en cuenta las anteriores relaciones generales, Gallup et al. (1997), explora el peso explicativo de la geografía tanto en los niveles como en las tasas de crecimiento del ingreso per cápita.

“Comenzamos con la especificación más simple, planteando el logaritmo del nivel de ingreso per cápita en función de tres variables geográficas: (i) Tropicar, el porcentaje de territorio en el trópico geográfico; (ii) Pop100km, la proporción de la población que vive a una distancia no mayor de 100 km de la costa, y (iii) Ldistancia, el menor logaritmo de la distancia con respecto a Nueva York, Rotterdam o Tokio. (…) En todas las tres regresiones estimadas, reportadas en la tabla 2, el producto es una función positiva de Pop100km, y negativa de Tropicar y Ldistancia. La magnitud de estos efectos tiende a crecer con el tiempo, tal como se esperaba” (Gallup et al., 1998, p.36).

Para investigar las relaciones entre geografía y tasas de crecimiento económico se parte de una ecuación semejante a la de Barro y Sala-i-Martin (1995a), con datos de crecimiento entre 1965 y 1995, a la cual se le agregan las mismas variables geográficas ya explicadas.

“Tropicar y Pop100km son altamente significativas y del signo esperado. Los países tropicales, dadas otras condiciones constantes, experimentan una pérdida de 1,1 puntos porcentuales por año de crecimiento económico. Los países interiores (Pop100km = 0) experimentan 1,2 puntos porcentuales de menor crecimiento económico que las economías con acceso al mar. Un hallazgo muy interesante es que Ldistancia no es significativa” (Gallup et al., 1998, p.39).

Utilizando estos resultados, el autor hace una descomposición de las tasas de crecimiento de los diferentes continentes en comparación con las del Sudeste Asiático, para determinar el peso explicativo de los distintos factores. Los resultados son muy reveladores, especialmente para América Latina en donde se pone en evidencia que su pérdida de crecimiento es en nada atribuible a desventajas de su geografía física.

“Hacemos una contabilización estadística de la desviación del crecimiento de cada región con respecto al del Este Asiático durante el período. En el caso de África, se estima que los factores de salud y geografía reducen el crecimiento económico en 3 puntos porcentuales por año, más que los factores de educación y de política. En Asia del sur, la geografía es moderadamente importante (-0,8 puntos porcentuales por año), mientras en América Latina, las variables de salud y geografía explican casi nada del rezago con respecto al Este de Asia” (Gallup et al., 1998, p.44).

Una última exploración interesante realizada por el estudio de Gallup et al. (1998), investiga las relaciones entre la geografía y la ubicación de la población. Esta exploración sirve tanto para determinar la gran inercia en la dinámica de ubicación de la población, como el peso que la geografía tiene en la explicación de la lógica de la distribución espacial de la población. El ejercicio econométrico realizado revela varios patrones muy claros: la cercanía de ríos internos y navegables es un muy importante predictor de la ubicación demográfica, aún más que la cercanía a la costa; la calidad del suelo y disponibilidad de agua son factores explicativos de la densidad poblacional; esta densidad es mayor en la ecozona media temperada; la altitud tiene distinto significado en el trópico y en las zonas temperadas pues mientras que en el primero ejerce una función de atracción demográfica, en el segundo opera en un sentido opuesto; la malaria, curiosamente, está positivamente relacionada con la densidad poblacional; hay una tremenda persistencia en las densidades de población relativas aunque con el tiempo se tiende a una cierta uniformidad en estas densidades; Eurasia tiene las más altas densidades mientras el mundo nuevo (las Américas, Australia y Nueva Zelanda) tienen densidades relativamente bajas (Gallup et al., 1998, p.49). En este caso vuelve a aparecer una especificidad propia del caso de América Latina:

“América Latina es la única región con una más alta concentración de la población en las costas que cerca de los ríos” (Gallup et al., 1998, p.50).


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