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EVOLUCIÓN RECIENTE DE LAS DISPARIDADES ECONÓMICAS TERRITORIALES EN AMÉRICA LATINA: ESTADO DEL ARTE, RECOMENDACIONES DE POLÍTICA Y PERSPECTIVAS DE INVESTIGACIÓN

Luis Mauricio Cuervo González




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D. De la relación entre crecimiento y disparidades económicas territoriales

Como acaba de verse en la sección precedente, hasta hace relativamente poco tiempo se aceptaba que las disparidades económicas territoriales no constituían un problema de política económica sino solamente de política social. La aceptación general de este planteamiento derivaba, en buena medida, de la inexistencia de argumentos teóricos sólidos o de pruebas empíricas robustas que permitieran sostener algo diferente. Hoy en día, por el contrario, se han divulgado estudios econométricos en donde se demuestra que existe una relación estadística entre crecimiento económico y disparidades territoriales. Adicionalmente, algunos ensayos y algunas investigaciones empíricas aportan argumentos y evidencia empírica, no tan contundente como la primera, que sugiere también una relación entre estas disparidades y la estabilidad del crecimiento económico. En estas circunstancias, además de ser un indiscutible problema social y probablemente político, las disparidades económicas territoriales podrían entrar también en el campo de los problemas de política económica por afectar tanto los ritmos de crecimiento económico como su estabilidad.

1. Los patrones históricos de la concentración espacial

Como se vio en el capítulo II, desde sus orígenes, la teoría económica regional y urbana ha estado interesada en entender y explicar por qué la actividad económica tiende a concentrarse espacialmente. Como resultado de esta búsqueda ha identificado la presencia de un permanente juego de fuerzas concentrativas y desconcentrativas que modelan y regulan el tamaño de las ciudades, la estructura de las redes urbanas y explican los ciclos propios de la evolución de la economía en el territorio. Desde tiempo atrás, trabajos como el de Williamson (1965), ratificados posteriormente por Wheaton y Shishido (1981), establecieron una relación curvilineal entre desarrollo económico y concentración urbana. De acuerdo con estos trabajos, las etapas iniciales del desarrollo se acompañan de niveles crecientes de concentración urbana hasta alcanzar un punto de saturación, después del cual, el desarrollo se acompaña de un estancamiento y de un descenso en estos niveles de concentración.

Al interior de esta problemática, América Latina se ha destacado por ser un subcontinente con muy altos niveles de concentración urbana. Algunos han sugerido la existencia de una patología social llamada “macrocefalia urbana” aunque no han establecido una relación directa entre estos “excesos” de concentración y dificultades específicas de crecimiento o de estabilidad económica. No obstante, estudios históricos comparativos de largo plazo (Cuervo, 1990) han establecido las singularidades del proceso de primacía urbana latinoamericana. Estos estudios establecen la existencia de una función cronológica primacial que tiene características generales: en

El concepto de primacía hace referencia a la relación entre la primera ciudad de cada país y el resto de su sistema urbano, generalmente caracterizada por la existencia de una gran preponderancia demográfica, económica y social de esta primera urbe nacional. La constatación de esta preponderancia, no obstante, no equivale a reconocer ni a sugerir la existencia de una patología social urbana, como sí sucede en el caso del empleo del término de macrocefalia.

cada país, el inicio de la fase de crecimiento primacial coincide con el arranque de la industrialización, tiende a desacelerarse con el tiempo y alcanza un máximo a partir del cual los niveles de primacía urbana descienden. Adicionalmente, este proceso posee una gran inercia y duración, manifiestas en la prolongada duración de la fase concentrativa (110 años promedio para el caso europeo) y en su poca sensibilidad a los cambios y shocks económicos.

América Latina comparte los rasgos de este patrón general, no obstante, los valores de ciertos parámetros claves (pendiente y nivel máximo alcanzado) de la función cronológica son diferentes. Al momento de iniciar la industrialización, los niveles de la primacía son muy semejantes en América Latina y Europa.23 No obstante, en la fase de crecimiento de la primacía, la intensidad del proceso, medida a través de la pendiente de la curva, es muy superior en América Latina. Esta diferencia determina que los niveles máximos alcanzados en algunos de los países latinoamericanos en donde la primacía demográfica da señas de empezar a ceder (como en México

o en Argentina) haya alcanzado valores que pueden hasta triplicar los máximos históricos alcanzados por los países europeos.

2. El costo de las disparidades económicas territoriales: el crecimiento

La peculiaridad y el carácter inédito de la primacía latinoamericana queda claramente establecido aunque no queda demostrada una posible relación entre éstas y el patrón de crecimiento económico latinoamericano (Cuervo y González, 1997). Esta demostración es aportada por Vernon Henderson (2000) quien incursiona en esta medición y obtiene resultados específicos que estiman el costo económico impuesto por excesos (o defectos) de concentración, es decir, por niveles por encima (o debajo) de un patrón histórico establecido a través de una medición econométrica.

La hipótesis empíricamente contrastada por Henderson (2000), y estadísticamente no rechazada es expresada de la siguiente forma:

“En la estimación, la concentración urbana tiene una relación compleja con el crecimiento, tal y como anticipa la literatura más conceptual. De acuerdo con lo esperado por la literatura sobre aglomeración urbana, se puede hablar de un mejor grado de concentración urbana que significa que tanto muy bajos como muy altos niveles de concentración son malos. No obstante, tal y como Williamson-Hansen anticipan, estos excesos o defectos de concentración se definen en función del nivel de desarrollo. Inicialmente, partiendo de niveles bajos de ingreso, crece el nivel de mejor concentración. A partir de un nivel más alto de desarrollo, el nivel de mejor concentración alcanza un máximo a partir del cual comienza a descender con el crecimiento del ingreso. Finalmente, esperamos que el nivel de mejor concentración urbana decrezca con el tamaño del país, si las otras condiciones se mantienen constantes” (Henderson, 2000, p.14).

Utilizando información de crecimiento económico y concentración urbana para una muestra de 80 a 100 países y lapsos de cinco años entre 1960 y 1995, se obtienen los siguientes resultados:

“La tabla 3 indica que el nivel del mejor valor de primacía aumenta con el crecimiento del ingreso hasta unos US$4,900 y posteriormente desciende. Sin embargo, para un amplio intervalo (US$1,800 a US$8,100), el mejor valor cambia poco. Las pérdidas debidas a los excesos de primacía descienden hasta cuando el nivel de ingreso del país alcanza los US$3,000 y posteriormente aumentan hasta alcanzar su máximo en los rangos de ingreso medio de US$5,000 a US$10,000, antes de descender moderadamente. (…) Un resultado clave es que las pérdidas de ingreso, en cualquier nivel del ingreso, debido a la concentración excesiva es substancial. Las estimaciones puntuales sugieren pérdidas en crecimiento anual (porcentual) del ingreso cercanas a un 1,5. Con tasas anuales de crecimiento porcentual del ingreso promediando algo más que dos, éstas son pérdidas muy altas. Visto de otra forma, estas pérdidas son de magnitud semejante al efecto sobre el crecimiento de un aumento unitario de la desviación estándar del capital humano o de la tasa de inversión. Esto sugiere la validez de las preocupaciones por las pérdidas potenciales de recursos nacionales debidas a la excesiva concentración urbana” (Henderson, 2000, p.16-17).

En términos más puntuales, los resultados de Henderson confirman la posición particularmente desfavorable de América Latina, dada su tendencia a hacer parte del grupo de países con concentración excesiva. De un total de 72 países examinados, 30 poseen niveles de concentración satisfactorios, 24 poseen niveles excesivos, 16 con concentración excesivamente baja y 2 sin un patrón identificable (Henderson, 2000, p.19). La distribución de los países latinoamericanos en los diferentes grupos es bastante sugestiva pues de un total de 14, sólo 3 entraron (Bolivia, Ecuador y Colombia; cerca de un 30% del total de países latinoamericanos) en el grupo de concentración satisfactoria, 11 (Argentina, Chile, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay) en el de excesiva concentración y ninguno en el de concentración muy baja. Mirándolo de otra forma, el peso de América Latina en cada grupo es también bastante significativo pues en el de concentración satisfactoria representa apenas un 12% (3 de un total de 24), mientras que en el de concentración excesiva alcanzan a ser casi el 50% (11 de 24) (Datos extraídos de Henderson, 2000, cuadro 4, p.36).

3. El costo de las disparidades económicas territoriales: la estabilidad

Investigaciones recientes han explorado las relaciones entre disparidades territoriales y estabilidad en el crecimiento. En este caso existe una tradición y una argumentación teórica menos sólida que en el caso del costo de las disparidades sobre el ritmo de crecimiento. Hay, por tanto, menos claridad acerca del sentido de la causalidad o de la dimensión del costo económico implicado. No obstante, vale la penar revisar la evidencia parcial obtenida, para dejar un planteamiento preliminar de esta relación.

Antes de examinar los planteamientos y resultados obtenidos, vale la pena resaltar la relevancia de esta relación para el caso latinoamericano en donde, de forma semejante a la concentración espacial de la población, el subcontinente muestra una inestabilidad económica relativa significativa. Esto significa que, además del interés por dilucidar las relaciones generales entre estabilidad y disparidades, éstas tienen particular relevancia para América Latina.

“Basándose en correlaciones, podemos identificar dos grupos de países: Bélgica, Francia, España, y Holanda, y Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. Podemos resaltar que las desviaciones estándar son considerablemente más bajas que para los países latinoamericanos. Esto es un indicador de que los ciclos económicos de los países desarrollados son menos volátiles que los ciclos latinoamericanos” (Cerro y Pineda, 2002, p.91).

En algunos casos se han aportado argumentos y evidencia empírica a favor de una asociación negativa entre volatilidad económica y concentración espacial de la población, o entre cambios económicos abruptos y detención o reversión de procesos de convergencia económica territorial, o, simétricamente, entre dispersión territorial de la población y la actividad económica y estabilidad en el crecimiento. Como es visible, la estabilidad opera en algunos casos como causa y en otros como consecuencia de las disparidades territoriales. Para Gaviria y Stein (2000, p.18):

“la volatilidad en el PIB parece aumentar la tasa de crecimiento de la población en las grandes ciudades. Los efectos son notables y significativos en todos los casos. Una diferencia de cuatro puntos porcentuales en la volatilidad (más o menos equivalente a las diferencias en las volatilidades medias de los países de la OCDE y los del sur del Sahara) estará asociada con al menos tres puntos porcentuales por década de incremento en el crecimiento demográfico de las principales ciudades. El crecimiento económico promedio aparece también acelerando la tasa de crecimiento demográfico de las principales ciudades, implicando que saltos bruscos y temporales en el crecimiento pueden provocar migraciones masivas hacia localizaciones centrales donde presumiblemente está tomando lugar el grueso de la actividad generadora de crecimiento”.

Andrés, Boscá y Doménech (1998, p.252), sugieren que los países de menor desarrollo tienden a ser más vulnerables a los cambios inesperados en los parámetros de la actividad económica y que esta característica estaría a la base de la detención o reversión de procesos de convergencia económica entre países.

“En un trabajo anterior (Andrés, Boscá y Doménech, 1995) sugerimos otras explicaciones. Los países menos avanzados de la OCDE exhiben fluctuaciones cíclicas con mayor frecuencia que los países más avanzados. Por tanto, parece que los choques macroeconómicos podrían haber tenido un efecto mayor en las estructuras económicas productivas más frágiles dentro de la OCDE, lo que acabaría con el período de rápida convergencia. Por ello, la asimetría surge en este contexto porque es posible que la misma variable (la inflación, por ejemplo) tuviese consecuencias diferentes en los países ricos y en los pobres.”

Resulta legítimo utilizar este hallazgo para hacer una analogía con la estructura económica territorial al interior de los países y pensar, a manera de hipótesis, que los cambios rápidos en los parámetros del desenvolvimiento económico afectan más que proporcionalmente a las regiones de menor desarrollo relativo. Si esta analogía se aceptara y si la hipótesis se comprobase se obtendría la conclusión lógica de que aquellos países con mayores niveles de heterogeneidad económica territorial, es decir con mayores disparidades, presentarían procesos de crecimiento económico menos estables.

Finalmente, Montenegro (1996), estudiando el caso colombiano al interior de América Latina, propone que una de las explicaciones de la mayor estabilidad macroeconómica relativa de Colombia está relacionada con su diversidad regional y el relativamente mayor equilibrio en la distribución territorial de la población y de la actividad económica.

Empieza por establecer la mayor estabilidad relativa del comportamiento económico colombiano.

“Mediremos la inestabilidad económica por medio de la desviación estándar del crecimiento del PIB y la tasa de inflación. El gráfico 1 registra la tasa promedio de crecimiento del PIB en la mayoría de las economías latinoamericanas, para el período comprendido entre 1970 y 1992. El gráfico muestra claramente que Colombia presentó la menor inestabilidad, medida por la desviación estándar del PIB, que lo coloca en una categoría muy superior, en términos del promedio de crecimiento per cápita, por encima de países como Brasil, Chile y México. El gráfico 2 muestra sobre el eje horizontal la desviación estándar del PIB, al igual que en el gráfico anterior. Ahora, en vez de la desviación estándar, en el eje vertical se muestra el coeficiente de variación de la tasa de inflación. (…) De acuerdo con éste, Colombia fue sin lugar a dudas, la economía más estable en el contexto de América Latina durante el período 1970-1992” (Montenegro, 1996, p. 66).

A continuación, muestra su mayor nivel de desconcentración espacial de la actividad económica.

“Basándonos en los últimos censos de población obtenibles, construimos un Índice Gini para los diez más grandes conglomerados urbanos de 19 países de América Latina (…). Estos gráficos indican, sin lugar a dudas, que, tomando en consideración la población, Colombia es el país más descentralizado de América Latina, seguido de Brasil y Venezuela” (Montenegro, 1996, p.77).

Para terminar, se realizó un ejercicio econométrico para establecer la relación estadística entre volatilidad económica y grado de descentralización espacial de la población, obteniendo una relación inversa (a mayor descentralización, menor volatilidad) y un resultado estadísticamente significativo.

“En resumen, el nivel de segmentación regional, dado por el índice Gini poblacional, se encontró altamente significativo en las tres ecuaciones del modelo de volatilidad. Este resultado es muy significativo, ya que tiende a sostener la idea de que los factores estructurales también explican la volatilidad económica de América Latina” (Montenegro, 1996, p.83).

En conclusión, las disparidades económicas territoriales evolucionan cíclicamente con respecto al crecimiento. Adicionalmente, los países que se desvían significativamente de ese patrón esperable, bien sea por exceso o por defecto, asumen costos en términos de posibilidades de crecimiento. Por otra parte, parece existir una cadena de interrelaciones y causalidades mutuas entre disparidades económicas territoriales y estabilidad de los patrones de crecimiento económico. Tanto en uno como en otro caso la posición de América Latina en el contexto internacional es bastante desfavorable, implicando que sus altos niveles de desigualdad territorial le imponen costos económicos significativos en términos de intensidad y estabilidad del crecimiento económico. De acuerdo con esto, las disparidades territoriales latinoamericanas podrían estar jugando un papel adverso en el desarrollo económico y productivo del subcontinente y requerirían de un tratamiento específico dentro de los objetivos de la política económica.


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